Notas: ay, no sé qué decir, por lo general ocupo este espacio para disculparme. Bueno, lo usaré para agradecer su apoyo y comentarios, a toda esa gente que ha estado desde el principio o se unió a mitad del camino y todavía sigue conmigo, gracias, los amo mucho.

Me he olvidado de subir los archivos de mis otros fanfics corregidos y también de este fanfic, estaré trabajando en eso, es que me da mucha paja las vueltas que hay que hacer aquí :'u. ¿Hay una app? Si hay, ¿se puede editar?

Capítulo XXX

El arte de morir

{O de cómo la gente enfrenta el inevitable fin.}

Ron escuchó la voz constante y suave de Harry. Les estaba explicando a grandes rasgos lo que se necesitaba, desde su perspectiva, para ser un buen duelista: "alternar entre hechizos poderosos y simples. Los encantamientos simples sirven para desestabilizar a tu oponente y los poderosos para causar daño. No subestimes al enemigo, no te sobreestimes. No tengas piedad, no van a ser piadosos contigo. No te distraigas incluso cuando crees que has vencido, nunca te confíes, elimina las distracciones, socava las emociones fuertes. Siempre mantén la seguridad, incluso si por dentro te estás muriendo de miedo. Llegar sin un plan es factible, pero no seguir hasta el final sin uno. Es esencial usar el entorno físico y ser consciente de él".

Cedric añadió uno que otro comentario cuando tuvo oportunidad, la mayoría fueron ejemplos. Harry asintió ante cada sugerencia e instó a los otros a que tomaran notas. Los gemelos también hablaron de sus aventuras, eran expertos en huir o voltear las cosas a su favor, desviar encantamientos, modificar hechizos o crear distracciones eran unas de sus tantas especialidades.

El resto de su reunión fue una búsqueda grupal de posibles combinaciones de hechizos y encantamientos que podían ser usados en una pelea hipotética con oponentes de diversa experiencia, talento y potencia.

Draco fue el más vicioso, sin embargo, nadie lo detuvo. Harry tenía una sonrisa perpetua estampada en el rostro mientras escuchaba las sugerencias nada inofensivas de maldiciones que no eran ilegales. Hermione recomendó pociones que en pequeñas dosis causaban daños considerables, la mayoría de ellas inoloras e incoloras, sin embargo, también habló sobre las contraindicaciones.

Los demás escucharon con diferentes grados de atención. Ron ensució su pergamino en varias ocasiones, no obstante, no prestó atención a las manchas. Hermione le dijo en algún momento que no perdiera tiempo preocupándose por eso y que se dedicara a anotar lo que consideraba importante de una clase para que su tarea se hiciera más rápido. Nadie más que él iba a ver sus escritos, así que sólo tenía que poner su energía en hacer ensayos a entregar que no presentaran el mismo problema.

Draco, Hermione o Harry siempre encontraban nuevas formas de reducir su carga de trabajo, como si supieran que su flojera y torpeza nunca se iban a terminar y estuvieran resignados a que necesitaba más motivación o caminos simples. No eran condescendientes, sino amorosos de una manera en la que su familia nunca fue.

A veces era difícil no ser el más brillante, no era Percy o Charlie, quienes aparentemente heredaron toda la inteligencia de la familia. Ni tampoco era tan perspicaz como Ginny y Bill, que siempre hallaban la forma de resolver cualquier problema que se les ponía enfrente. Los gemelos obtuvieron carisma e imaginación sin fin, se olvidaban de lo que no les gustaba e iban por lo que amaban. Se tenían el uno al otro sin importar qué pasara.

Miró de nuevo su pergamino con manchas y su letra dispersa, luego alzó su cabeza y notó que Harry lo contemplaba con una expresión afable, como si supiera lo que pasaba por su cabeza. O no. Quizá no entendía ni la mitad, pero sabía que algo lo molestaba.

—Hablemos después —dijo Harry al cabo de unos instantes en voz baja.

Ron asintió.

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(El arte de morir)

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Después del club de estudio, Draco y Hermione todavía fueron a la biblioteca para seguir con sus estudios. Draco rara vez dejaba a Hermione ir sola y Ron lo apoyaba, sabían que existían posibilidades de que Pansy o cualquier otra chica desagradable quisiera intimidar a su amiga en multitud mientras transitaba los desolados pasillos o se perdía en los estantes más alejados en búsqueda de libros cada vez más complicados. No era algo que le hubieran comunicado a Harry porque eran conscientes de lo impulsivo que era al tratar con asuntos relacionados a Granger. Era indiscutible que la persona que más amaba a Hermione era Harry, no iban a competir por ese lugar, porque la forma en la que esos dos se querían era dulce y pura, no existía nada del egoísmo o ganas de acaparar que Draco o él sentían.

Harry llevó a Ron hasta su habitación, aprovechándose de que Zabini rara vez se encontraba allí y prefería visitar los cuartos de otros alumnos. Potter tiró dos almohadas sobre el piso alfombrado, cerca de su cama. Incitó a Weasley para que tomara asiento. Ron aceptó la invitación. Harry se sentó a su lado, recargando su espalda en el colchón, flexionó sus piernas y las abrazó y luego suspiro de alivio.

—¿Qué va mal? —cuestionó Harry.

Ron hubiera deseado que su amigo se fuera por las ramas como era su costumbre. Pronto se dio cuenta de que a lo mejor fue al punto por preocupación.

—En estos días... —Ron no sabía cómo continuar. Se tomó su tiempo para ordenar sus pensamientos—. No lo sé, he arrastrado cosas. A principios de año pensé que alguno de ustedes sería prefecto. Tienen las notas y todo eso.

—Umh, ahora que lo mencionas, olvidé que existía ese puesto. Me parece más una presunción que algo útil, es un gasto de tiempo, no es como si aprendieras algo nuevo patrullando. Hermione estaba aliviada y creo que Draco sólo fue infeliz porque le encanta ser la estrella más brillante del cielo —dijo Harry—. ¿A lo mejor nos descartaron por mi culpa? Hago muchas locuras.

—En mi familia ha habido varios prefectos. Que yo no recibiera el puesto parecía obvio para todos. Siempre lucen sorprendidos cuando llega el fin de año y mis calificaciones son decentes, suponen que no soy capaz de lograr un buen aprovechamiento —explicó Ron—. Sé que todos me quieren, pero a veces, entre tantos hermanos, no hay ninguna novedad en tus logros, siempre hay alguien que lo hace mejor.

Harry dejó escapar un poco de aire en respuesta. Le permitió seguir hablando sin apresurarlo o decirle que exageraba. Ron lo contempló con los labios estirados, formando una perfecta línea, no por amargura, sino porque estaba controlando sus expresiones.

—No tengo ningún talento que me distinga, soy el último hijo varón y el que menos ha logrado. Es como si fuera un extra. —Weasley volvió a quedarse en silencio. Todavía siguió mirando a Harry, que se quedó ahí como un oyente, alentándolo para que se tomara su tiempo.

Pensó en Draco, definiendo el encanto de Harry como extraño. No era dueño de una belleza impactante, pero entre más lo veías, más te agradaba. Poseía una cara con rasgos dulces y un aura apacible. Hermione suponía que lo que hacía más y más atrayente a Harry era su personalidad, puesto que, a pesar de que presumía su físico con seguridad y era cierto que tenía atractivo, la realidad era que su habilidad para leer a la gente y hacerla sentir bien era su mayor fortaleza. Sabía cuándo retroceder y cuándo imponerse. Tan absurdo como sonara, entendía su lugar a pesar de su arrogancia.

Por eso Ron nunca pudo sentirse verdaderamente animoso hacia Harry que los acunaba como si fueran pequeños pajarillos que todavía requerían calor constante. Era diferente de Draco, que heredó la hermosura innegable de su madre y aprendió a ser tan orgulloso como su padre, que era guapo de manera clásica, inteligente y heredero de una reputación manchada por la magia negra, pero todavía respetable.

Hermione también destacaba a su manera, siempre lideraba las listas de calificaciones, poniéndose en la cima una y otra vez. Sabía sobreponerse a las críticas después de que se desahogaba.

—Incluso entre nosotros, soy el que menos aporta —dijo Ron en voz baja, de repente. Si el silencio no abundara en la habitación, Harry no lo hubiera oído.

Los hombros de Harry se desplomaron. Sonrió con desconsuelo, sintiendo el dolor de Ron en su voz.

—¿Soy un poco desconsiderado? Me estoy quejando de mi familia contigo, cuando vives en un orfanato. Esto es patético, Hermione me golpearía si estuviera aquí —continuó Ron.

—Está bien. A diferencia de la mayoría, perdí la esperanza y los deseos de un núcleo familiar tradicional desde pequeño. Me agrada mi cuidadora, los niños que viven conmigo no son tan insoportables y no creo que cambiaría la forma en la que crecí porque gracias a eso, soy la persona que soy hoy. —Harry miró a Ron con sus brillantes ojos verdes.

—Bueno.

—Las personas son expertas en descartar los problemas de los otros con la letanía de que hay gente que "libra batallas de verdad, padece más y no está llorando o quejándose". A veces simulan un concurso de quién sufre más. Es como si no tuvieras el derecho de que algo te preocupara o te enojara. No puedes esperar que el mundo entero llore por la comida, el dinero o una casa. Mira a Draco, vive en la riqueza y todos los días está sometido a la presión de cumplir con expectativas ridículas, preguntándose si su padre lo quiere y por qué su madre sólo puede mandar cartas cariñosas disfrazadas con cortesías. —Harry estiró una de sus manos para revolver el cabello de Ron, en un gesto acogedor y fraternal, luego se retiró—. Hermione lo tiene todo, de manera aparente, pero sigue luchando para controlar su personalidad nerviosa y su temor de no ser nadie. Es algo más psicológico.

Ron asintió. Entendía el punto.

—La verdad es que sí existe quién se ahoga por cosas insignificantes, pero sólo puedes ser espectador. Es mejor ignorar que atacar, la cortesía puede ahorrarte disgustos y problemas. En cualquier caso, eres mi amigo, así que, si algo te preocupa, si es importante para ti, entonces merece ser tomado en cuenta o tratado —dijo Harry.

Las lágrimas se juntaron en las esquinas de los ojos de Ron, pero se negó a llorar. Se quedó callado, controlando su respiración.

—En retrospectiva, incluso los gigantes, pueden ser pequeños. No importa que tan grandioso sea alguien, en el gran esquema de las cosas, sigues siendo un ser efímero que sólo va de paso —siguió Harry—. No gastes tu tiempo pensando en todo lo que no eres, he estado ahí y puedo decir que no es divertido, mejor preocúpate por lo que sí eres. Sé que tienes muchos sueños, pero espero que sepas que no todo lo que cosechas tendrá frutos.

Ron se inclinó hacia Harry y recargó su frente en el hombro de su amigo. Inhaló con problemas porque su nariz se tapó, su pecho se contrajo y había un nudo en su garganta que no se iba.

—Eres un buen niño, Ron. Sigues aquí, con este grupo de inadaptados, conmigo, sabiendo que puedes perderlo todo porque mi posición y la de Draco es precaria. Ellos, Hermione y Draco, te aman porque han visto eso —terminó Harry.

No reanudaron la conversación. Harry sintió que su manga su humedecía y que Ron temblaba, sin embargo, fingió que no veía nada. Aunque le dolía la espalda porque tenía que mantener una posición incómoda, no se movió ni se quejó. Tenían una o dos horas antes de que Draco y Hermione regresaran.

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(El arte de morir)

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Ron no lo vio venir. Días después, cuando la gelidez abandonó su cuerpo, se dio cuenta de que nunca se imaginó a sí mismo desahogándose con Harry. La noción mencionar sus complejos, esos que se extendían sobre su cuerpo y espíritu como parásitos destinados a matar de la forma más lenta y dolorosa, era uno de sus más grandes temores.

Se preguntó si Harry entendía que todas sus inseguridades salieron a flote por la relación que mantenía con Draco y Hermione, que lo que venía gestándose de repente explotó cuando se dio cuenta de lo que lo hacía diferente de ellos, si sabía que su llanto fue porque sintió que nunca sería suficiente.

Si Hermione hubiera tenido la sangre más pura, si Draco hubiera tenido la sangre más impura, si él no perteneciera a una familia con el estigma de ser traidora, ¿qué hubiera pasado?, ¿volverían a enamorarse? ¿Volverían a lidiar con años con la confusión de quererse los unos a los otros? ¿Y no sería aún más utópico un mundo en donde la sangre no definiera las relaciones?

La brecha social, la diferencia de conocimiento y personalidad, la inexperiencia, la inseguridad, todo se arremolinaba a su alrededor como un tornado dispuesto a destruir sin clemencia. Ninguno de ellos se enfrentó a la toma de decisiones difíciles hasta ese momento, sin embargo, no faltaba mucho para que tuvieran que elegir entre transitar caminos devastadores y yermos o volver a la seguridad de lo conocido.

Harry no volvió a preguntarle nada, pero encontró una nota en su libreta de apuntes del club de estudio que decía: "la única pelea que no puedes perder, es la que luchas contra ti mismo". Reconoció la letra prolija e inclinada sin problemas.

Hermione, como siempre, tenía razón. Harry sabía cuando retroceder y hacer sentir bien a la gente.

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(El arte de morir)

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De repente, el tiempo pareció alentarse. Entraron en rutina, ignorando a Dolores Umbrigde que, con el respaldo del ministerio, empezó a presionar y obtener más influencia en la escuela. Obtuvo el título de Alta Inquisidora y Harry comentó que lo único que debería juzgar e investigar era la forma de enseñar mejor, dejar de ser una horrible persona y ser menos estúpida, Hermione lo golpeó con el periódico por grosero, pero no refutó la declaración.

Umbrigde comenzó a invadir las clases de los profesores para evaluarlas. Para disgusto de Snape y McGonagall, no podían echarla a patadas. Harry se divirtió viendo la expresión de profundo odio en la cara del profesor de pociones.

La profesora Trelawney tuvo la mala suerte de ser una víctima del nuevo sistema de calificación. Umbrigde intentó despedirla después de mucho acoso, no obstante, los profesores y Dumbledore llegaron para salvarla, fue tal en espectáculo, que todo Hogwarts se enteró de lo sucedido.

Sin embargo, nadie, ni el mismo director, pudo detener una serie de decretos que surgieron, cada uno más estricto y restrictivo que el anterior. Ron estaba seguro de que Harry y Hermione no se iban a tomar las cosas con calma. Aunque parecía que Hermione era la más rígida, el tiempo le mostró que cuando algo no le gustaba, se tomaba muy enserio la idea de desmantelarlo.

Draco siguió siendo llamado por Umbrigde para que "reportara" cualquier cosa extraña. Algunos alumnos de Slytherin se aliaron a la profesora de defensa y empezaron a observarlos más de cerca, ansiosos por verlos caer.

En el club de estudio, Cedric habló sobre lo que sabía de la situación. El ministro estaba presionando a Dumbledore porque el director tenía más influencia que él, se sentía amenazado debido a una reunión que ocurrió a principios de año en la que sólo participaron personas con cargos altos. Nadie sabía a ciencia cierta cuáles fueron los temas que se trataron, sin embargo, debieron de ser delicados porque no se filtró ni una sola palabra.

Luna les informó que su padre era dueño de una revista, Draco bufó ante la mención y Hermione alzó una ceja. Harry y Ron se mantuvieron tranquilos, los demás mostraron diversas expresiones de desconcierto, no obstante, la dejaron seguir sin interrumpirla.

El quisquilloso, revista desprestigiada por los temas excéntricos que abordaba, no podía ser la mejor publicación que el mundo mágico vio. Pero Luna mencionó que su padre, Xenophilius Lovegood, escuchó de ciertas criaturas que uno de los temas tratados era un posible regreso de Voldemort y por eso el ministro creía que Dumbledore quería quitarlo de su puesto, bajo el supuesto de que era una persona que no podía lidiar con tal amenaza.

No siguieron la conversación después de eso, tenían mucho que pensar.

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(El arte de morir)

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A finales de noviembre, Harry fue llamado por el director Dumbledore. Ron, Draco y Hermione lo esperaron sentados en uno de los sillones más cercanos a la entrada de la sala de estar. Se quedaron en silencio, mirándose los unos a los otros cuando se aburrían. Hermione jugueteó con los anillos de su mano derecha, parecía que en cualquier momento se iba a levantar y correría en círculos. Fue Draco quién le dio un apretón en el cuello para que se diera cuenta de que se estaba estresando y que necesitaba relajarse.

Pasaron dos horas antes de que Harry volviera. Se veía igual de tranquilo que cuando se fue, pero, después de casi cinco años, Ron era consciente de los niveles de compostura que era capaz de mantener Harry. Fue testigo del aplomo e indiferencia que se reflejaban en los ojos de Potter cuando lo acorralaban y sabía que no podía retroceder.

—Parece que alguien los intimido, ¿por qué no le dicen a su querido rey quién los molestó? Se hará cargo de esos ingratos —dijo Harry.

Hermione se desinfló en segundos, harta de los comentarios extravagantes de Harry. Draco rodó los ojos con desánimo, como si se cuestionara por qué seguía siendo amigo de Harry Potter.

—¿Qué te dijo el director? —cuestionó Ron, estaba más curioso por la situación que molesto por las peculiaridades de Harry.

Potter se dejó caer en un sofá con pereza, emitió un ruido desánimo antes de empezar a contarles lo sucedido.

—Me ha dicho que es probable que en estos días la gente del ministerio presione con más fuerza. Quieren tomar el control de Hogwarts para quitarle poder al director. Como dijo Luna, ha habido peleas internas por la incapacidad de Fudge para lidiar con asuntos verdaderamente importantes. Algunos simpatizantes del director han muerto en estos días y Voldemort dejó huellas como advertencia, sin embargo, no muchos creen en el retorno del Señor Oscuro o no les interesa sacarlo a la luz —explicó Harry—. Si salto a conclusiones precipitadas, la caza silenciosa de Umbridge contra nosotros ahora tiene más sentido, si ella le sirve al ministro, debe de estar buscando pruebas o hechos que deformar y mostrarle a la gente que no se puede confiar en ningún tipo de héroe, sino que poner sus esperanzas en el gobierno es la mejor opción.

—¿Es una especie de guerra política? —preguntó Draco—. Arruinar la imagen de Dumbledore y volverlo una especie de inútil o loco, reducirá su credibilidad y cualquier cosa que diga, no será tomada en cuenta.

—Arruinar la imagen de Harry es una precaución —agregó Hermione—. No importa si estás del lado del director Dumbledore o no, si decides salir a apoyarlo por intereses personales, todavía serías capaz de inclinar la balanza, porque, aunque en el pasado Rita Skeeter hizo todo lo que pudo para sacar chismes de ti, todavía no logró la gran cosa debido a tu victoria y a que nunca hablaste directamente con ella.

Harry asintió.

—El director también dijo que Lucius Malfoy está encabezando la campaña de Fudge.

Draco enderezó la espalda y respiró de forma ruidosa. No miró a nadie, ni expresó su desazón, pero era obvia la mortificación que sentía.

—Es probable que el ministerio gane. El director dijo que ya se está preparando para que lo persigan bajo cargos falsos. Me ha llamado para advertirme —terminó Harry.

—¿Eso es todo? —inquirió Hermione.

—No, pero todavía no deseo informarles sobre lo demás, es un asunto personal y me gustaría analizarlo antes de comunicárselos. —Harry inclinó su cabeza hacia un lado y curvó su boca en una sonrisa.

Ron, que se mantuvo en silencio cerró los ojos con diversión. Entre más examinaba a Harry más se daba cuenta de lo agresivo y manipulador que era de una forma prudente y discreta. Decía lo que creía conveniente y usaba su actitud consentida para salirse con la suya. Estaba feliz de que ellos rara vez fueran sus objetivos, quizá debido a la existencia de Tom Riddle, apenas tenía tiempo para juguetear con sus mentes o divertirse a costa suya.

—En fin, sigamos siendo discretos, tenemos que acelerar el aprendizaje de duelo en el club de estudio. Toda esta nueva información es un ave de mal agüero —dijo Harry.

Hermione y Draco asintieron sin pensarlo. Ron hizo que sí con la cabeza luego de unos instantes, Harry lo contempló con suavidad, Weasley sintió que su corazón daba un vuelco. A veces se preguntaba qué tanto sabía el otro y qué tanto elegía ignorar.

—Me alegra que estés mejorando, Ron. —Harry se puso de pie, dando por terminado su informe.

Ron suspiró. Posiblemente era bueno que Hermione y Draco no fueran hábiles previendo lo que ocurriría en treinta o cuarenta pasos a futuro y juzgar la personalidad de otros a fondo. El lenguaje corporal de Harry decía que las cosas que no reveló no eran tan inofensivas. Se sobó el pecho con ansiedad.

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(El arte de morir)

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En la primera semana de diciembre la familia Weasley recibió malas noticias. Arthur Weasley murió por causas desconocidas. Todo lo que el público sabía era que fue asesinado en el Ministerio de Magia cuando estaba a punto de regresar a su casa. Ron fue llamado en medio de la noche por Severus Snape para que lo siguiera y se pusiera en contacto con su familia adolorida.

Draco y Harry lo acompañaron hasta la salida de la sala común. No podían hacer nada más, Snape les ordenó con una mirada que regresaran a su cama.

Ron dejó de percibir sus alrededores, por primera vez, desde que nació, escuchó un zumbido en sus orejas que bloqueó cada palabra y ruido, incluso el que producía su respiración. No supo cuando llegaron a la oficina del director, en qué momento Molly se arrojó a sus brazos y lloró diciéndole que su padre estaba muerto. Su cuerpo se volvió un cascaron glacial, vacío y sin sustancia. Sostuvo por instinto la figura desastrosa que se aferraba a él porque parecía ser el más integro. Sus hermanos sollozaban o se miraban los unos a los otros con pena.

Ron parpadeó antes de abrazar bien a su mamá y darle el consuelo que se merecía. Su dolor podía esperar, ya había hecho esto antes, lo haría de nuevo. Palmeó la cabeza de Molly, se dio cuenta de que ahora era un poco más alto que ella.

De repente recordó a su padre afable, al hombre que se inclinaba sobre la mesa por horas y observaba un pato de hule como si fuera una maravilla, que siempre tenía palabras amables e intervenía cuando sus hijos estaban aburridos de ser regañados o no querían ser castigados. Recordó al hombre que cedió su comida cuando los tiempos se volvieron demasiado difíciles y que pasó noches enteras haciendo trabajo extra para comprarles regalos en navidad.

Todas las memorias que creyó perdidas en el tiempo volvieron. Los aplausos, los gritos, las horribles canciones, Arthur Weasley cargando a Ron para que alcanzara la flor que quería de un árbol especialmente alto. Su padre sonreía con tanta fuerza, pensó. Qué difícil sería seguir adelante sin poder haberle dicho "adiós" y "te amo".