Candy le respondió, brevemente, aceptando su invitación a Chicago, prometiéndole no volver a llamarle tío abuelo y constatándole que lo sentía más cercano, y expresándole sus ganas de verle.
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"...
A partir de ahora, dejaré de llamarte tío abuelo
¡No hará falta que sufras mi venganza!
Ahora te siento aún más cercano que antes.
...
¡Estoy deseando verte en Chicago!
..."
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La noche anterior a su aniversario, casi no pudo dormir. En su cama, no dejaba de dudar y de planificar como podría, llegado el momento, expresarle sus inquietudes a Albert. Sabía que podría ser complicado con los niños a su alrededor, pero como la intención era que pasaran todo el día allí, esperaba que pudieran encontrar, al fin, la oportunidad. Sin embargo, también temía que la conversación fuera, como siempre, interrumpida o no resultara lo suficientemente clarificadora ¿Cuál sería el mejor modo de afrontarla?
En parte, sentía el miedo de la incertidumbre. Él siempre había sido atento, cariñoso y protector con ella. No podía decir que su actitud, hacia ella, hubiera cambiado significativamente, más allá de saber quien era de verdad y de que él le fuera mostrando, a cuentagotas, partes de su vida anterior e inquietudes personales, que lo habían convertido en la persona que era. Pero, por otra parte, también era cierto que esa atención, tan continuada, no la mostraba con la misma constancia ni amplitud hacía ninguno de sus amigos o conocidos. Claro que su historia en común era muy singular y no se podía comparar, en absoluto, a la que tenía con los demás... En los pasados meses había podido observarlo en varios eventos, donde él había sido el objeto de atención de femenina.
Entre ellas, había varias damas, de la misma edad que él e, incluso, la propia Eliza, de la que resultaba evidente que huía, en cuanto podía o hacía todo lo que estaba en su mano por desagradarla. Estaba segura de que parte de su insistencia, en que se pusiera a su lado en la foto de la inauguración, se debía a esto mismo ¿Quizás él interpretó su reserva como un rechazo también hacia él y no únicamente hacia la familia Leagan, como fue realmente su intención? Albert le había dicho después, en confidencia, que aquella foto quedaría como recordatorio, para sus socios y cualquiera que tratara con él, de que los Andrew harían aflorar la verdad, siempre que alguien los tratara de estafar o traicionar. La foto tendría siempre un lugar destacado en el despacho donde realizara las negociaciones.
Él volvió a lamentarse de que ella no hubiera accedido en ponerse a su lado. Pero, como siempre, respetaba sus decisiones y podía entender sus propios motivos. Tampoco, en aquella ocasión, habían tenido ocasión de extenderse más porque George lo había vuelto a solicitar su presencia para atender a un asociado. Con el resto de las damas, se mostraba educado y cordial, pero su atención e intención no parecía ir más allá, ni siquiera un leve flirteo de cortesía, al contrario de lo que sí había observado en Terry con Eliza, en Escocia, tras rescatarla del lago, o de Archie, con ella misma, antes de empezar a festejar con Annie.
Si intentaba hablar con él, nada más llegar, y él no sentía igual ¿Sería capaz de pasar el resto del día con tranquilidad? ¿Cómo evitar la incomodidad? ¿Cómo asegurarse de poder conservar la compostura y su amistad? Candy se sabía afortunada por haber sido correspondida en sus anteriores amores, pero, precisamente por eso mismo, el miedo a un posible malentendido y el consecuente rechazo, por muy amable que Albert fuera, era mayor. Pensó que sería mejor dejar la conversación con él para el final del día. Buscar un momento antes de regresar. Si se daba el caso, su regreso al Hogar sería, como siempre, su refugio para intentar...
Dio otra vuelta entre las sábanas, ¡Con Terry había sido tan fácil! Él era cristalino, transparente, sabía lo que había sentido por ella. Él había sido un libro abierto aunque pretendiera lo contrario. Por eso mismo, ni siquiera había dudado de su lealtad con ella respecto a Susana, hasta que lo vio recogerla en la terraza. Comprendió que él jamás se perdonaría a sí mismo si la dejaba. La família de Susana no era adinerada. De hecho, ella había sido su gran esperanza para lograr una vida mejor. Siendo mujer y mutilada, no podría volver a actuar ni trabajar. La carga de los cuidados de su pierna, además, sería demasiada para sus padres. La muchacha tenía demasiados motivos para suicidarse y liberarlos a todos.
Candy tampoco se lo habría perdonado nunca a sí misma ¿Qué clase de enfermera sería si hubiera aceptado aquel sacrificio por algo tan egoísta? La vida de una persona, la pena inconmensurable de unos padres por la muerte de su hija, a cambio de una contingente felicidad ¡No! ¡Ella no sería jamás así! Si había algo más cruel que la pérdida de los padres, era la pérdida de los hijos por parte de estos.
Aquel día, él tomó la decisión correcta, la que cambiaría el resto de su vida y por la que ella siempre lo respetaría con mayor admiración. Y ahora, con el paso del tiempo, aunque el dolor persistía, al igual que el de la muerte de Anthony, ella se enorgullecía de él por ello. Por haber escogido su propio destino con la mayor nobleza. En su mente, repetiría sus nombres por el resto de su vida, acelerándose su pulso, sobrecogiéndola por completo, en el recuerdo de cualquiera de los dos.
Albert, sin embargo, era todo lo contrario... en cuanto a la expresión de sus sentimientos ¡Era un hombre tan complicado! Debía encontrarse realmente al límite para que estos afloraran públicamente. Por otra parte, tenía la misma nobleza que Terry y Anthony, pero su carga era muy superior. No se trataba solo de la vida de una única persona. Sobre sus hombros cargaba la responsabilidad de la vida e imagen de todo un clan y de todos sus empleados. Aquella persona, debía ser el ejemplo a seguir. Uno no puede exigir aquello que no es capaz de ofrecer. No, si quería ser un líder de verdad, al que todos respetaran, secundaran y acataran.
En su interior, Candy, intuía que eso también podía ser la causa que influyera en su aparente contención. Sentir algo más por su hija adoptiva... ¡Podría considerarse una locura!... Aunque no hubiera lazos de sangre, seguía siendo algo que levantaría bastante controversia, como para plantearlo a la ligera. Más, después del modo en que fue presentada ante todo el clan, por tía Elroy, en su adopción... "Los caprichos de William...". Y eso, siempre que en verdad él sintiera algo más, si no resultaban ser solo sus propias imaginaciones de mujer embelesada, de su propia necesidad de estar a su lado, lo que la hiciera percibir mucho más.
Su corazón le decía que él podía temer también a sobrepasarse y enfrentarse a su rechazo. Aquella frase, de casi un año atrás, seguía asaltándola constantemente "¿Acaso es todo lo que quieres decirme?". Candy, desde entonces, valoró qué cosas podían influir en él para contenerlo, en el supuesto que también sintiera más por ella. Y creía habérselas aclarado en su última carta.
Aquella noche apenas pudo dormir... y no sería la última noche en vela. A este paso, aquel hombre acabaría con ella y su pobre corazón.
Continuará...
Referencias a "Candy Candy La historia definitiva", de Keiko Nagita
Pg.136 - Retrospectiva de Candy en su presente con esa persona, recordando la presentación ante el clan en su adopción:
"...Los caprichos de William siempre nos ponen entre la espada y la pared..."
Pg. 288 - Diario de Candy, que deja para que el tío abuelo William lo pueda leer. Líneas respecto a la motivación de su propia felicidad, conversando con T.G. aunque en realidad escribe para ella misma y para el tío abuelo:
"...
Sé que no encontraré mi camino aquí.
Si me quedo, tendré un futuro maravilloso, pero mi felicidad no depende de eso.
Quiero encontrar mi camino yo sola.
Si hay alguien que me ha enseñado a aceptarme, eres tú, T.G., y te lo agradezco muchísimo."
Pg.315 - Retrospectiva de Candy, en su presente con esa persona:
"...
No obstante, no quiero creer que todo fue obra del destino.
Me gusta pensar que el camino que escogemos de forma libre es el resultado de una decisión.
Esto sirve para Terry, para mí... Y también para Alistair."
Pg. 320-321 - Retrospectiva de Candy, en su presente con esa persona - referente a la fotografía de los Leagan en la casa presente de Candy:
"...
En un rincón, hay algunas fotografías enmarcadas. De entre todas, hay una que tiene más importancia que las demás: La imagen que retrata a los Leagan, uno de los clanes de la familia Andrew, y a sus criados.
...
Los Leagan aprovecharon el apoyo de los Andrew para expandir poco a poco sus negocios.
...
En el centro de la fotografía están el tío abuelo William, la señora Lagan, Neal y Eliza.
Cuando tomaron la imagen, el tío abuelo me propuso, riendo, que me colocara a su lado, pero me negué de forma muy educada.
Me sentía mucho más a gusto cerca de Stewart y Mary.
A mi lado está Georges..."
Pg. 344 - Retrospectiva de Candy, en su presente con esa persona - referente a la forma de ser de Albert:
"...
A Albert siempre se le ha dado bien confundirme.
...
No sé cómo explicarlo, pero, en el fondo de mi corazón, sabía que él era diferente.
Quién sabe qué pensaba él...
Es un hombre muy exasperante."
Pg. 378 - Querido Albert - Carta aceptando la invitación a Chicago por el aniversario de Candy, parcialmente reproducida aquí.
