Disclaimmer: Hey Arnold no me pertenece, es propiedad de Craig Barttlet. Yo sólo escribo sobre ellos sin ánimo de lucro.

Hola a todos... ha pasado algún tiempo...

Lamento no haber podido continuar subiendo los capítulos de esta historia... o de las otras que tengo en proceso... pero como Beatricerodarte tan dulce y atinadamente acotó he tenido demasiado trabajo con las regulaciones de la nueva normalidad... y algunos otros cambios a nivel personal. Sin embargo, agradezco mucho el apoyo de todos ustedes... gracias Mercedes por tu paciencia y por releer la historia. Les seré sincera, he reescrito los próximos capítulos, pero he de darles las buenas noticias de que ya tengo terminada esta historia... ahora podré subir los capítulos con mayor facilidad porque ya están escritos. Estoy pensando en publicar dos veces por semana... en fin, estos meses de espera no fueron en vano. Algo más, este capítulo lo dividí a la mitad porque eran más de 20000 palabras, así que el viernes tendrán el resto.

De nuevo, disculpen la larga espera y gracias por continuar siguiendo la aventura en la que los he embarcado.

He aquí la continuación jóvenes, disfruten ;)

El clima invernal de aquella mañana obligó a Gerald a buscar con su brazo, ya que aún tenía los ojos cerrados, cualquier cosa en la cama que pudiera brindarle abrigo... ¿Por qué se le ocurrió dormirse sin playera? con el frío que había seguramente le daría un resfriado si no se cubría pronto.

Giró sobre sí mismo, aun buscando su manta, cuando una punzada en su cabeza detuvo sus movimientos. Le dolía horrores, como si la noche anterior hubiera consumido demasiado alcohol, pero estaba seguro de que no fue así... intentó evocar sus memorias, sintiendo cómo su estómago se contraía al recordar que estaba siendo chantajeado por su ex novia y que Helga se había besado bajo el muérdago con cierto rubio en el que no quería pensar.

Se imaginaba que luego de la presencia de los Heyerdahl en la cena, Arnold se estaría regodeando, creyendo que tenía libre el camino al corazón de Helga.

El pensamiento lo hizo abrir los ojos, decidido a levantarse y buscar algo con lo que pudiera cubrirse de la brisa invernal para salir a buscar a ese cabeza de balón y dejarle saber lo que opinaba respecto a su boba sonrisa de triunfo que tan fuera de lugar había estado cuando acompañó a Helga afuera de la casa Johanssen al terminar la velada. Pero al ver las cortinas y la alfombra de la habitación, esos pensamientos pasaron a un segundo plano en su mente... Aquella no era su habitación.

¿Cómo terminó en un cuarto que no era suyo, sin camisa, y con ese dolor de cabeza como si alguien le hubiera dado un golpe?

Al respirar profundamente, un olor a fresas lo inundó, haciendo que identificara la habitación en la que estaba. Después de todo, no era la primera vez que despertaba en esa cama.

-Vaya, vaya... El bello durmiente se despertó sin necesidad de un beso- escuchar la familiar voz de su mejor amiga se llevó la tensión que se aferraba a cada parte de su cuerpo, por lo menos le estaba dirigiendo la palabra con normalidad, y después de lo que le hizo en nochebuena, era más de lo que se esperaba de ella, mucho más, aquello entraba en la definición de milagro navideño seguramente. La rubia le dirigió una mirada interrogante, el silencio luego de su comentario se había prolongado demasiado, ella temió haberlo molestado… después de todo, Phoebe dejó muy claro que no la quería cerca de él, y conociéndolo, Gerald seguramente querría complacerla -¿Responderás algo o sólo te quedarás pasmado mirándome como si fuera la primera vez que me has visto?- espetó intentando llevar algo de normalidad a su mañana de navidad.

-¿Qué?-Reaccionando, el moreno carraspeó un par de veces y se irguió un poco en la cama, pretendiendo que su lapsus momentáneo de incredulidad nunca sucedió -Quiero decir...No te decepciones tanto, Pataki. Aún puedes venir y dármelo- intentó bromear, esbozando una sombra de lo que era normalmente su usual sonrisa ladeada. La rubia lo miró con una ceja alzada, dejando la bandeja que llevaba sobre el buró y sentándose en la cama, junto a él.

-¿Estás bien? Te ves del asco- Gerald soltó un sonido de protesta, pero no pudo evitar que su sonrisa se transformara en una de verdad... Helga y su humor matutino era algo a lo que se había habituado con los años, incluso lo había aprendido a disfrutar, y, aunque inconscientemente, la noche anterior había estado aterrado de perderla y nunca escucharla de nuevo burlándose de él.

-Estoy como me veo, te lo aseguro- respondió, llevándose una mano a la cabeza al sentir una punzada de dolor en la nuca. Otro quejido abandonó sus labios -Siento como si un tren me hubiera pasado encima- Gerald intentó sentarse más derecho, notando de nuevo el dolor en la parte posterior de su cabeza.

-Casi aciertas- la divertida expresión en el rostro de la rubia sólo confundió más al pobre moreno, a quien le estaba costando un poco seguir la conversación -Con todo el escándalo que hacías anoche en la cocina, Melissa y Timberly entraron... y tu hermana te reventó un jarrón en la cabeza- los ojos de Gerald se abrieron al máximo... sobre todo porque lo último que recordaba de la noche anterior, si se esforzaba, era estar comiendo pizza con Harold en el hospital... no... Aquello era un error... recordaba nítidamente al rubio besando la frente de la chica que reía junto a él, algunas horas después de haberle roto el corazón.

-¿Qué... qué dices?- tartamudeó el chico, parpadeando un par de veces.

-En su defensa, ella no sabía que se trataba de ti- la rubia se encogió de hombros, en un gesto que intentaba quitarle importancia al acontecimiento y continuó -Olvídalo zopenco... te traje algo de jugo y una tostada. Me parece que necesitas vitamina C para la pequeña resaca que seguramente tienes luego de esos tragos en la cena de nochebuena- la rubia tomó el vaso de jugo de naranja y se lo pasó a Gerald, observándolo en silencio mientras él lo bebía.

-¿Qué ocurre? ¿Le pasó algo a mi rostro?- aunque bromeaba, de pronto la expresión del moreno se volvió muy seria -Ahora que lo pienso, podría ser una posibilidad, debería buscar un espejo- y cuando intentó ponerse de pie, su dolor de cabeza apareció de nuevo, manteniéndolo en su sitio.

-Criminal, Geraldo… Tu rostro está igual que siempre- se las arregló para responderle mientras reía al ver genuina preocupación en su amigo -No te miraba por eso- fue el turno de Gerald para alzar una ceja.

-¿Entonces?... -una idea cruzó por la mente del moreno -No me digas que estuvimos juntos y no lo recuerdo porque no me lo perdonaría nunca- pidió tan rápido que a Helga le tomó un par de segundos asimilar lo que había dicho, pasando de la confusión a la vergüenza en cuestión de centésimas de segundo. Le soltó un puñetazo en el brazo al desafortunado atolondrado que se había ido de lengua.

-¡Por supuesto que no! Volviste con Phoebe ¿recuerdas?- y para ser justos, aunque lo recordaba, para él no significaba nada... sólo el acontecimiento que había arruinado su vida -Yo nunca les haría eso- murmuró la rubia, su semblante ensombreciéndose. El moreno sintió remordimiento, deseaba poder decirle que aquello no era verdad, que él ya no estaba interesado de esa manera en la oriental, pero el dolor de cabeza y la sequedad de su boca le complicaron hablar antes de que Helga lo hiciera -En fin... quería hablar contigo sobre lo que dijiste anoche- Gerald desearía recordar qué dijo la noche anterior para poder sostener esa conversación en igualdad de condiciones, por lo que él sabía, bien pudo haber confesado su desliz con Melissa, que no se acordaba de nada.

-¿Anoche?- Helga pareció percatarse hasta ese momento de que el moreno genuinamente no recordaba sus palabras de la noche anterior, luego de que entrara a la cocina.

-No es nada... olvídalo- el sonrojo en las mejillas de la menor de las Pataki puso muy nervioso al moreno... ¿Qué había ocurrido para hacer ruborizar así a la Gran Helga G. Pataki? -Sólo quiero que entre nosotros las cosas no sean raras...- ¿Por qué serían raras?, se preguntó de nuevo el moreno. La rubia suspiró -Será mejor que vaya a ayudar a Melissa con la mezcla de los waffles- la chica se levantó dispuesta a volver al comedor con el resto de la familia, pero Gerald tomó del brazo a Helga y tiró de él hasta dejarla de espaldas sobre la cama, con la expresión de sorpresa decorando sus facciones, mientras él se sentaba a horcajadas sobre ella y la miraba tan fijamente que la rubia sintió que la temperatura de la habitación aumentaba un par de grados.

-¿Qué fue lo que te dije anoche?- Helga se sentía petrificada ante la intensidad que emanaba de la mirada del moreno, sintió su corazón acelerarse y sus mejillas enrojecer ante el fugaz recuerdo de aquella habitación de hotel en Seattle donde habían estado en la misma posición pero con muchas menos prendas entre ellos.

-¡Gerald, Helga! La pandilla ya ha empezado a llegar... bajen a recibirlos- la voz de Jamie O. les llegó autoritaria, congelándolos en el sitio. El moreno se giró incrédulo a observar la reacción de la rubia que sólo sonrió con disculpa en la mirada.

-No pensaste que Timberly, Melissa o yo fuimos capaces de cargarte hasta mi habitación, ¿o sí?- Gerald enrojeció en aquel momento, claro que lo pensó, creyó que Helga había encontrado una forma de llevarlo a cuestas y que como su habitación estaba más cerca de la cocina que la suya, por eso lo había dejado en su cuarto. Su hermano mayor seguramente también fue quien lo había cambiado a sus pantalones del pijama... La expresión de derrota del chico no tenía precio...

Helga estalló en risas que llegaron hasta la estancia.

-Vaya, parece que Pataki se divierte mucho con algo... o alguien- comentó Rhonda ácidamente, Phoebe junto a ella la fulminó con la mirada. Claro que entendió la indirecta de la pelinegra, pero qué se suponía que respondiera si seguramente se reía con su novio... Soltó un bufido frustrado, era la preparatoria de nuevo, Rhonda y sus seguidoras porristas solían molestarla con ese tipo de comentarios todo el tiempo.

-No engañas a nadie, Pheebs. Sólo te haces daño... es demasiado obvio que Gerald no podrá mantenerse alejado de Helga- comentó Nadine, de pie a la izquierda de Rhonda y poniendo nerviosa a la oriental con su comentario.

-Imagino que Helga te contó que le pedí mantener su distancia de mi novio... no me importa lo que crean, sé que ella lo hará... fuimos mejores amigas mucho tiempo, ella sería incapaz de lastimarme a propósito- sintió la necesidad de aclararlo más como un acto desesperado de auto convencimiento que probarles a las chicas que estaban equivocadas, aunque ella fue tan consciente como las otras dos de que su tono no había demostrado seguridad en lo que proclamaba.

-Oh... Phoebe... Phoebe... Phoebe... nuestra pequeña e ingenua Pheebs...- Rhonda pasó un brazo sobre los hombros de la oriental, negando con su cabeza como si lamentara algo -esa es la razón por la que perdiste a Gerald la primera vez... cuando se trata de tu hombre, no debes confiárselo ni a tu sombra. Sobre todo si es del tipo malagradecido que no comprenderá que hiciste todo ese montaje e inventaste todo ese engaño por su propio bien y termina contigo sólo porque no es tan listo como tú y es incapaz de ver que lo protegías- aunque Rhonda hablaba desde su experiencia personal con Harold, proyectándose un poco en la situación de Phoebe, la oriental definitivamente se identificó con sus palabras.

-¿De qué hablas? ¿Habló Gerald contigo?- nerviosa, la oriental retiró el brazo de Rhonda de sus hombros y se alejó algo alterada.

-Si Gerald hubiera hablado con nosotras ¿Qué nos habría dicho?- la sospecha en la mirada de la unigénita Lloyd puso aún más nerviosa a la oriental, que respondió que no sabía de lo que hablaba con una voz ligeramente más aguda de lo normal, o eso creyeron los perros, que por su timbre, seguramente fueron los únicos que le entendieron.

-Rhonda, basta. Está cambiando de color- acotó una preocupada Nadine. En ese momento, Sheena y Agatha se unieron al trío, acababan de llegar y al verlas en la estancia, pensaron en acercarse a saludar, aunque Agatha en realidad esperaba sacar de sus casillas a Nadine un poco, sólo para pasar el rato, su mañana de navidad no estaba siendo especialmente memorable.

-¡Feliz Navidad! O como muchos otros dirían, ¡Feliz Saturnalia!- Rhonda y Phoebe miraron a Sheena como si le hubiera brotado una extremidad adicional en ese momento frente a ellas… Nadine ni siquiera notó a su efusiva amiga, la fastidiosa sonrisa de superioridad de su prima la mantuvo distraída de su saludo.

-Nadie diría eso- bufando, Rhonda movió airada su cabello por sobre su hombro y se alejó del lugar, dejando a una confundida Sheena detrás.

-¿Se va por algo que dije?- Phoebe se sintió un poco aliviada con la partida de la antigua reina del baile, así que sólo abrazó a la chica de cabello rosa, en agradecimiento por alejar a la nube gris en su mañana de navidad -¡Vaya! No pensé que te daría tanto gusto verme- Sheena intentó soltarse del abrazo que la oriental le daba sin tener éxito con su cometido, así que giró un poco el cuello hacia su prima e intentó pedir su ayuda –Hey… Agatha… has que me suelte- pidió mientras señalaba hacia la nuca de la pelinegra y susurraba, deseando evitar que ella lo escuchara. Pero la aludida sólo la ignoró y continuó incordiando a la rubia –Hey… Agatha… Agatha… Agatha… A-ga-tha- finalmente, la chica se giró con una expresión homicida en el rostro, fastidiada con la insistencia de su prima.

-¡¿Qué?!- gritó, sobresaltando a Phoebe que soltó a Sheena -¡Dime qué es lo que quieres!- pidió, visiblemente alterada, haciendo sonreír a Nadine. Sheena miró a Phoebe a su lado, libre del abrazo en el que había estado capturada, y sólo se vio capaz de rodar los ojos.

-Nada, Agatha. Olvídalo- Agatha lanzó un grito frustrado, acompañándolo del lanzamiento de sus brazos hacia el aire.

-Queridas, pasen al comedor, el desayuno está servido- La invitación de la madre de Gerald no pudo ser más oportuna y las chicas se apresuraron a ocupar un lugar en la mesa, Phoebe guardándole sitio junto a ella a Gerald.

Los waffles pasaron alrededor mientras poco a poco el resto de la familia Johanssen y amigos llegaban. Cuando Gerald y Helga finalmente bajaron, todos estaban desayunando, Phoebe le dedicó a la rubia una mirada de desdén mientras el moreno ocupaba el lugar que la pelinegra le había apartado, dejando a Helga sentada entre Brian y Sheena.

-Hey... Brainny... me sorprende que te hayas apuntado al gotcha- intentó iniciar una afable conversación con el castaño, para distraerse de la animosidad de su antigua mejor amiga y tratar de resolver la tensión que prevalecía entre ellos, pero el chico sólo le dedicó un monosílabo que se escuchó más como un gruñido y continuó engullendo los waffles en su plato.

-Creo que será divertido Helga- Lila, al otro lado de Brian, buscaba aligerar el ambiente entre el par de amigos, que se notó enrarecido en cuanto el de lentes decidió ignorar la presencia de la rubia.

-¿Bromeas? ¡Claro que lo será!- afirmó una alegre Sheena, que disfrutaba de su taza de té y que no se dio cuenta de las miradas que recibió por haber alzado tanto la voz.

-¿Cuántos seremos? Porque obviamente habrá que definir capitanes de equipos, ¿no?- Rhonda se sumó a la conversación -Y esto no sería divertido sin algo de competitividad de por medio... digamos... una apuesta- por alguna razón al decir aquello, miraba a cierta rubia retadoramente.

-Me parece que finalmente dices algo divertido princesa, ¿Qué te gustaría perder?- una risa superior abandonó los labios de la Wellington Lloyd.

-Me encanta que sigas creyendo que la magia existe pequeña Helga- la rubia hizo ademán de querer levantarse a soltarle un golpe, cuando cierto chico rubio de buen corazón intervino.

-Rhonda, no tienes que hacer de una perfecta cita de juegos entre amigos, una apuesta sin sentido que sólo traerá tensión al grupo- Arnold, sentado entre Lila y Marcy, sintió la necesidad de calmar los ánimos.

-Oh, ¿en serio, Arnold? Eso es lo que traerá tensión al grupo- no pudo evitar añadir Gerald, sentado frente a él.

-¿Por qué lo dices en ese tono?- el rubio frunció el entrecejo, reconocía que Gerald había usado el sarcasmo con él, lo que no entendía era el contexto, porque parecía insinuar que él era el responsable de las tensiones entre los miembros de la pandilla.

-Creo que Gerald se refiere a cierta chica sentada a la mesa que no deja de ir por ahí amenazando a otros con ventilar asuntos que no son de su incumbencia- la sutileza de Melissa al intervenir no pasó desapercibida, por extraño que pudiera parecer, que fuera tan específica quizás le jugó en contra.

-Oh, no, Melissa. Yo creo que Gerald se refiere a cierta chica que va por ahí besándose con novios ajenos- le respondió Phoebe, y Helga tuvo la decencia de enrojecer, a diferencia de Agatha que sólo le sonrió ufana a Nadine, Sid encontró de pronto muy interesante el fondo de su vaso de leche con chocolate.

-En realidad Pheebs, yo creo que las tensiones de este grupo vienen de la distancia que hemos permitido que crezca entre nosotros… y no sólo me refiero a que vivamos en ciudades diferentes… si no a una distancia emocional- aportó Lila, malentendiendo el sentido que sus amigos imprimían en la conversación y haciendo sonreír a Brian.

-Pues yo creo que lo que Gerald quiso decir…- comenzó a opinar Stinky, cortado por un muy molesto moreno que se ponía de pie abruptamente.

-Gracias Stinky, pero creo que Gerald es perfectamente capaz de hablar por sí mismo y explicar lo que quiso o no decir- el segundo hijo de los Johanssen se crispó en cuanto vio a cierta rubia reír -¿Se puede saber qué te pasa Pataki?- no había sido su intención sonar tan demandante con ella, pero su casa parecía un circo esa mañana y todavía se sentía dolido de que no quisiera contarle lo que pasó la noche anterior.

-Bueno… es que… hablaste de ti en tercera persona- Stinky y Sid rieron con ella, y Rhonda esbozó una mueca melancólica al pensar en Harold, si él estuviera con ellos, seguramente se reiría con esos tres, aunque los demás no encontraran la gracia en el comentario.

-Creo que deberíamos hacer la apuesta- escuchar a Eugene congeló la escena, no sólo por lo que sugería, sino porque el pelirrojo rara vez tomaba la iniciativa en el grupo, solía ir con la corriente.

-¡Ya llegó por quien lloraban!- y el momento se rompió como delgado cristal cayendo de 10 metros de altura al duro y frío asfalto… Mary los miró a todos confundida, no entendía sus expresiones, ella sólo estaba ahí para darles la mejor mañana de navidad de sus vidas

¿Qué tan seguido iban a un campo de gotcha sólo para ellos y con balas ilimitadas sin costo alguno?

Y lo único que recibía era esas expresiones en blanco…

Casi como volver a la primaria…

De nuevo experimentaba esa sensación de que veían a través de ella, como la canción de Mr. Cellophane que canta Amos Hart a Roxie en el musical de Chicago cuando la policía se la lleva detenida y él grita, corre y hace aspavientos para ser notado pero Roxie sólo… Oh… seguramente el que ahora uno de los primos de Gerald la tomara del borde de su abrigo con sus pegajosos dedos llenos de mermelada de frutos rojos, ensuciándolo, podría servirle de referencia para decir que en realidad no era transparente…

-¿Tú nos llevarás al campo de gotcha?- le preguntó el hijo menor de Peter Johanssen.

-¡Un momento jovencito!- intervino Trisha -¿A usted quién le dijo que podía ir?- el niño se aferró con más fuerza al abrigo de Mary, que sólo inhaló profundamente, intentando calmarse, sólo se trataba de una mancha cualquiera, no tenía por qué armar una escena.

-Pero mamá…- protestó el pequeño –Timberly irá- se quejó, haciendo que su prima se convirtiera en el centro de atención de la familia.

-Bueno… sí iré, pero es porque tengo experiencia en este tipo de juegos y soy más grande que tú- John sonrió de lado.

-Vaya, entonces nadie se quedará a tener una guerra de bolas de nieve en el vecindario con este bobo hermano mayor- inmediatamente el moreno soltó a Mary y fue hasta donde su hermano, gritando que él se quedaría.

-Por lo visto aún no deciden quiénes irán- comentó la castaña, todavía incómoda de no estar recibiendo la atención que había esperado.

-Nosotros iremos- afirmó Jamie O., tomando por la cintura a su esposa, que pareció atorarse con lo que bebía y tosió un par de veces, pero antes de poder protestarle, Olga Pataki afirmó que ella también acompañaría a su hermanita bebé, para disgusto de Helga.

-Genial, entre más, mejor… deberíamos ir camino al campo si queremos aprovechar la luz del sol- Phoebe haló a Gerald consigo y, acercándose a Mary, le preguntó acerca de las medidas de seguridad con las que contaba el negocio de su padre. El moreno se giró un poco, lo suficiente para ver detrás de ellos al trío de oro, Lila, Rhonda y Nadine conversando, con Rex casi pegado a la pelinegra y a su izquierda, Eugene, Sheena y Agatha que parecían divertirse con algo que Sid y Stinky les contaban… Helga iba en la parte de atrás del grupo, con Timberly, Sasha y, aunque un poco alejado de ellas, Brian… su hermano aún no se levantaba de la mesa, pareciendo discutir algo de seriedad con Melissa… pero a la otra persona que esperaba ver no la vislumbraba.

-¿Buscándome, Gerald?- sobresaltado, se giró nuevamente, junto a Mary y Phoebe, Arnold y Marcy lo miraban con una ceja alzada.

-Si Shortman tiene razón y lo buscabas tan compulsivamente con la mirada, teniendo a tu novia a un lado… creo que podría apoyarte para tener el valor de confesarle que él es tu crush- el moreno miró a Marcy como si fuera la primera vez que la veía.

-¿Insinúas que tengo sentimientos… románticos… por Arnold?- la incredulidad en la voz de Gerald era irrisoria, el rubio necesitó cubrirse para poder disimular la pequeña risa que se le escapó.

-No es tan descabellado, yo lo pensé un par de veces durante la básica- comentó Mary, haciendo notar a los otros tres que ella y Phoebe estaban muy pendientes de su conversación, logrando que ambos chicos se sonrojaran –En fin… ¡dividámonos en los autos!- se apresuró a anunciar. En cuanto la castaña se alejó, seguida por Sid, Stinky, Sheena y Agatha, Gerald se giró a Marcy, preocupando a su, una vez más, novia; al verlo tan molesto.

-Escucha Kornblum- la aludida se cruzó de brazos y alzó una ceja divertida con el intento de intimidación del chico –Si vuelves a…- la chica lo interrumpió, crispando más sus nervios.

-¿A qué, Johanssen? ¿Ofrecerte mi apoyo incondicional? Cielos… algunos se vuelven desagradecidos con la edad- Arnold en aquel momento no pudo mantener su estoico exterior y comenzó a reír, llamando la atención de cierta rubia.

-Tú no me estabas ofreciendo apoyo… te burlabas, y además ¿me acabas de llamar viejo? Tenemos la misma edad- se quejó el moreno.

-Gerald… no inicies una pelea en navidad… estoy segura que las intenciones de Marcy eran genuinamente buenas y…- Phoebe trataba de calmar el ánimo encendido de su novio, pero cuando la chica que inició aquello soltó un sonido de risa contenida, no hubo nada que la oriental pudiera hacer para evitar esa discusión.

-¡Lo sabía! ¡Sí te estás burlando de mí!- le apuntó con un dedo, que Marcy despreció con un movimiento de mano, Arnold ya no reía, veía a Gerald aguantando la molestia que crecía dentro de él, Kornblum lo escuchó, aconsejó y acompañó cuando necesitaba a alguien de su lado y no toleraría que nadie, ni siquiera su mejor amigo, le pusiera un dedo encima.

-Claro que me burlo, ¿Qué esperabas? ¿Qué fuera amable contigo? ¡Já! Helga es mi amiga, cretino… y tanto ella como Phoebe se merecen a alguien mejor que tú… ¿Qué digo? Hasta Arnold se merece a un chico mejor que tú para amar- el rubio soltó un "Sí, eso" antes de entender realmente lo que su amiga volvía a insinuar. Gerald parpadeó perplejo un par de veces, no se esperaba esas palabras de Marcy… no habían compartido muchas, pero las suficientes para poder decir que eran cordiales entre sí.

-No es necesario que me defiendas, Marcy- el grupo de cuatro se giró para encontrarse de frente con Helga, la rubia sonreía, claramente complacida de que su honor fuera defendido así por su amiga –Lo que había entre el pelos de borrego y yo es agua pasada… sólo somos amigos… aunque coincido contigo… Arnold puede encontrar un chico mejor que este- el rubio se quejó de la burla hacia su persona y, en un gesto cariñoso, golpeó su hombro con el de la rubia. Phoebe observó de reojo cómo Gerald apretaba los puños y su mandíbula, como cada vez que quería golpear a alguien pero tenía que contenerse.

-En realidad, concuerdo con Kornblum- volvió a hablar el Johanssen. Marcy alzó una ceja, escéptica ante lo que oía.

-Ah, ¿sí? ¿Concuerdas en serio con lo que dije? Porque mayormente quería ofenderte, así que…- dejó la frase incompleta, encogiéndose de hombros, y Gerald tuvo que respirar profundamente para calmarse lo suficiente para continuar hablando.

-Claro que concuerdo… no he sido la persona del año ni nada que se le acerque remotamente- empezó diciendo, pero volvió a ser interrumpido.

-No, no lo has sido para nada- cuando la oriental notó que los chicos la observaban, se percató de que habló en voz alta –Oh, lo siento amor- sonrió avergonzada al moreno… Gerald no pudo evitar enternecerse con el desliz de su novia, y sonrió conciliador.

-Descuida, sé que no he sido la mejor versión de mí mismo- hizo contacto visual con Helga –pero, ¿Quién sí lo es?- la rubia esbozó una media sonrisa… hasta que el moreno fue interrumpido de nuevo.

-Yo lo soy- Rhonda los miraba desde su auto, con Nadine como copiloto y Rex, Lila y Brian en el asiento de atrás –Yo soy mi mejor versión cada maldito segundo de cada maldito día… ahora… si les parece bien al grupo de inadaptados sociales, queremos llegar pronto al gotcha para poder dispararles pintura a sus perezosos traseros ¿Quieren?- y acelerando, la unigénita Lloyd dejó una estela de humo detrás que hizo a Arnold y a Marcy toser.

-¡Aaargh!- se quejó Helga -¿Por qué siempre tiene que ser tan odiosa?- Phoebe asintió.

-Ha sido así desde preescolar… algunos sólo empeoran con la edad- los chicos se miraron entre sí con complicidad y rieron divertidos.

-¡Hey, ustedes! ¡Feliz Navidad!- Phoebe supo exactamente quién era el dueño de esa voz antes de girarse, y la expresión en el rostro de Gerald sólo se lo confirmó.

-¡Park! Rayos chico listo, en qué bella nave te mueves… en serio- Helga se subió al Mercedes del oriental ante la atónita mirada del moreno que no entendía lo que estaba sucediendo.

-En realidad, fue un regalo de mi padre luego de que lo encontré con su amiga francesa… no quiere que mi madre lo sepa- la rubia lo miró negando con la cabeza.

-Ya no digas otra cosa, Park… es navidad y me deprimes… En fin, ¿Vienen o qué?- Marcy no esperó a que Gerald y Phoebe salieran de su estupor y se subió al vehículo, seguida por Arnold –Genial… ahora sólo falta mi hermana mayor para irnos… ¡Oh, ahí está!- Olga fue la última en entrar al auto, mientras Helga no paraba de sonreírles a la pareja –Espero que lleguen con bien, aunque no creo que lo hagan antes que nosotros… porque si no se dieron cuenta… Park conduce un maldito Mercedes- Phoebe no lo soportó más.

-¿Qué significa todo esto?- exigió, mirando al chico al volante que parecía divertido con la reacción de ambos en la acera.

-Déjame explicártelo… sé cuánto les agrada Park… especialmente a ti, Pheebs… y noté que por un descuido olvidamos invitarlo al Gotcha… pero no se angustien, lo llamé ayer luego de que dieron la noticia de su regreso como pareja… ¿No será esta la mejor navidad de la vida?- el sadismo con el que Helga sonreía sólo enfureció más a la oriental, mientras que Gerald no podía dejar de felicitarla mentalmente por esa pequeña revancha contra ellos por haberle soltado una bomba de esa forma la noche anterior, sin previo aviso. Ya se le hacía extraño que esa mañana hubiera sido tan normal con él luego de lo que sucedió durante la cena. Park arrancó, con una confundida Olga que no paraba de preguntar qué había sido ese intercambio entre su hermanita bebé y la mejor amiga de la infancia de su hermanita bebé.

-¡Oigan! ¿Los llevamos?- Jamie O. en la camioneta de los Johanssen, con Timberly, Melissa y Sasha sentadas en la cabina y la parte de atrás libre, les indicó que subieran y por fin pudieran dirigirse a su destino.

Después de un silencioso viaje en el que ambos se encontraban notablemente incómodos, finalmente llegaron a lo que parecía ser el destino fijado… y para su sorpresa, Iggy los saludó efusivamente, acompañado de una chica de cabello cobrizo que no paraba de sonreír.

-Cielos Iggy… han pasado un par de años, supongo… No sabía que estabas en Hillwood- le regresó el saludo un menos enérgico Gerald.

-¿Qué puedo decir? No importa cuánto insista, mi mamá no supera su temor a viajar en aviones… así que si quiero pasar las festividades con ella, siempre tengo que volver al viejo Hillwood, ¿Sabes? Escuché que vives en Londres ahora- el moreno asintió, sintiendo a la oriental tensarse junto a él por la alusión –Eso es genial… ¿Cómo funciona eso para ti y Phoebe?- el castaño pareció notar que no era un tema del que sus amigos quisieran hablar al desviar la vista a lados opuestos –Pero qué tonto de mí, ¿Les presenté a Lucy?- la chica que lo acompañaba les saludó tan efusivamente como Iggy, a pesar de ser la primera vez que se veían.

-¿Trajiste a tu nueva novia a jugar con tu ex novia, Iggy? ¿En serio? Qué poco elegante- Rhonda se sumó a la presentación, incomodando a la pelinegra que en un acto reflejo se sujetó a Gerald, como solía hacer cuando necesitaba calmarse… Los demás comenzaron a bajar de los vehículos y reunirse en el punto en el que Iggy le ponía los ojos en blanco a la Wellington Lloyd como si hablara con una exasperante niña pequeña.

-No es tu asunto, Rhonda- le riñó Sheena. Nadine miraba al par confundida, ella creía que Lila e Iggy habían vuelto, sino, ¿Con quién se mensajeaba en nochebuena?

-Oh, vamos…- intervino Sid- Pedirle a Rhonda que no se entrometa en la vida de Lila y Nadine es como pedirle que done a la caridad uno de sus abrigos de Miuccia Prada- el silencio de sus amigos, y sus miradas, le decían al de gorra verde que quizás no debió revelar que conocía el nombre completo de la diseñadora –Y antes de que lo pregunten, sólo lo sé porque Harold lo sabía… y ahora todos sabemos por qué- y señaló a una sonrojada Rhonda que lo fulminó con la mirada.

-Sí… no acabé de entender por qué ocultaste que eras novia de Harold, Rhonda- comentó Nadine, su amiga pelinegra se giró airada.

-No estamos discutiendo ese tema, Nadine… hablamos de lo descarados que son algunos hombres trayendo al campo de gotcha a la actual y a la anterior… como Sid, por ejemplo… Agatha no tiene por qué estar aquí…- Mary protestó, argumentando que era su amiga y ella había sido quien organizó la salida para empezar, pero Rhonda sólo la ignoró -…o podríamos mencionar también a Gerald… Phoebe y él volvieron y continúa pululando alrededor de Helga como una polilla atraída a una polvorienta y desgastada trama de luz- ante la comparación, la rubia rodó sus ojos, al igual que el moreno, en un movimiento sincronizado que parecía ensayado –Pero el peor de todos… eres tú Iggy… trayendo a esa chica a una reunión en la que sabías que Lila estaría- continuó reclamando, aunque la pelinegra sabía que su amiga pelirroja estaba ahora con Brainny (situación que escapaba por completo a su comprensión), Iggy había sido alguien importante para Lila, y ella sabía perfectamente bien que no podías ser indiferente a tu pasado con tanta facilidad.

-¿Hablas de Lucy?- la dulce voz de la sureña distrajo a la unigénita Lloyd de su diatriba. No había notado que el grupo entero la observaba.

-Ah- acotó elocuentemente cuando se vio interrumpida –así que ese es su nombre- y con toda la dignidad que pudo, fingió limpiar una pelusa de su blusa y le dedicó una mirada de desdén a Iggy.

-Sí. Es mi amiga… una amiga en común con Iggy… ¿Te molesta que la hayamos invitado?- la inocencia que desprendía la imagen de la pelirroja derritió el corazón de la presuntuosa chica, que terminó por guardar silencio.

-Creímos que era la novia de Iggy- comentó Stinky, aliviado de que no hubiera más drama en la pandilla, porque la tensión en el aire podría ahogarlos si estuvieran en un espacio cerrado.

-Y Rhonda… muy acertadamente… creyó que ayudaría a aligerar el ambiente mencionando a todas las ex parejas de la pandilla- añadió Sheena, con un tono de reproche en la voz.

-No fue ni la mitad de los que han estado juntos de todos nosotros- Agatha sonrió fingiendo ingenuidad, ganándose un zape de parte de su prima, que sólo pudo pedir por paciencia para sobrellevar la insidiosa personalidad de su familiar.

-Bueno… deberíamos ir al campo de gotcha, ¿no? Venimos a dispararnos con bolas de pintura y no con indirectas mal disfrazadas- comentó Marcy, aburriéndose con el tema de conversación que eligieron los presentes.

-¿Y dónde está?- preguntó Eugene, mirando alrededor y dándose cuenta de pronto de dónde estaban –Oh. Por. Dios- el pelirrojo comenzó a respirar de manera extraña, captando la atención de sus amigos.

-¿Qué sucede Eugene?- preguntó Rex, y Stinky soltó un pequeño grito agudo.

-Stinky, ¿Tú gritaste? casi me dejas sordo- se quejó Park, intentando destapar sus oídos abriendo y cerrando la mandíbula.

-No sé si fui yo… ¿Ese grito se escuchó parecido a este?- y volvió a gritar, sobresaltando a otros que lo rodeaban.

-¡Sí!- le espetó Helga con el ceño fruncido, ¿Por qué ninguno de sus conocidos era normal?

-Entonces sí fui yo- afirmó Stinky, crispando los nervios del resto.

-Pero por qué gritaste- preguntó Sid.

-¿No reconocen el nombre de la calle?- Mary suspiró derrotada, no esperaba que ellos conocieran el rumbo.

-¿A-re-ca?- silabeó Phoebe… el nombre no le decía nada, pero por la reacción de Eugene, Stinky, Sid, Gerald, Olga y Jamie O, había algo de lo que se estaba perdiendo.

-¿Por qué nos trajiste aquí, Mary?- se apresuró a preguntar Sid, temblando.

-¿Qué es "aquí" que los tiene tan nerviosos?- no pudo evitar preguntar una dudosa Melissa.

-Me están poniendo nerviosa- se quejó Sheena.

-¿No saben lo que sucedió en los condominios de la calle Areca?- la incredulidad en la voz de Stinky era casi acusatoria.

-Criminal, Stinky… si supiéramos, no estaríamos como tontos preguntando- respondió una alterada Helga, odiaba cuando se ponían así y lamentablemente, se imaginaba lo que estaba por suceder.

-¿No pueden sólo decirnos de qué va todo esto?- pidió Park, exasperado.

-¡No!- protestó Olga –mi hermanita bebé va a asustarse mucho- la pandilla se rio en cuanto Helga enrojeció mientras forcejeaba con la otra Pataki para soltarse de su abrazo.

-Además… ¿Quién se sabría la historia completa?- comentó Jamie O, y cómo un solo organismo, la pandilla se giró a mirar a Gerald, como esperando que algo más sucediera.

-La historia de los asesinatos en la calle Areca tiene la misma edad que el guardián de su leyenda… Gerald… tú que conoces mejor que cualquiera de nosotros los sangrientos acontecimientos… cuéntala al resto y hazlos salir de detrás de esa cortina de ignorancia- con la elaborada introducción de Sid… el moreno sintió que no podía hacer otra cosa que compartir con el grupo lo que sabía.

El caso de los múltiples homicidios ocurridos en un sector de condominios en construcción sobre la calle Areca fue todo un reto para la policía del distrito este de Hillwood, la falta de información dada a los medios de comunicación sólo apuntan a un crimen tan visceral y grotesco, que nuestro propio departamento de justicia quiso sepultarlo para evitar dañar la sensibilidad del público general. Lo único que consiguió es que se especulara cada vez más sobre los crímenes… de hecho… se ha especulado tanto al respecto que hay demasiadas versiones de esta leyenda… Lo único que se repite en cada una de esas versiones es el trágico desenlace. La versión más común coloca a los trabajadores de la construcción de la privada de condominios número 127 sobre la calle Areca en una noche de sábado como cualquier otra, tuvieron que hacer tiempo extra porque el principal inversor, y arquitecto de todo el proyecto, quería que la fecha de entrega de las casas se adelantara un mes… No era una petición normal, y muchos trabajadores sintieron sospecha ante la repentina premura de su capataz… pero el dinero era bienvenido en sus hogares y les ayudaría a llegar al final del mes sin pasar hambre o dejar que la sufrieran sus familias…

Ese fatídico sábado, uno de los trabajadores se detuvo a mitad de una excavada con la pala congelada en el aire y los ojos casi saliendo de sus cuencas al mirar un punto fijo en uno de los andadores del fraccionamiento… sus compañeros se detuvieron para averiguar qué era lo que su amigo observaba, pero sólo consiguieron sentir que el corazón caía a sus pies y que el estómago le subía a la garganta. Un hombre, vestido de payaso, caminaba hacia ellos con una escopeta en las manos y tantas balas a lo largo de su cintura que podría haber sido proveedor del ejército.

Los cazó como si se tratara de simples bestias, a cada uno de la veintena de hombres que honradamente buscaban llevar pan a su mesa. Y al terminar su noche de horror… simplemente se colgó en una de las casas en obra negra. Nadie entiende sus motivaciones, nadie identificó nunca al único cuerpo que no tenía por qué estar en el lugar de la masacre, el único cuerpo que no tenía una bala dentro de él sino que encontraron balanceándose en un cadencioso vaivén que parecía burlarse de su propia obra. Al día de hoy, nadie sabe quién usaba el traje de payaso o por qué decidió terminar con la vida de todos los trabajadores de la construcción, ni una sola persona se ha acercado al lugar pero las risas, los gritos y los disparos aún se escuchan rebotando en las paredes de las construcciones a medio terminar de la privada 127 de la calle Areca.

El fin.

-Es la tontería más grande que he escuchado- afirmó Helga, cruzada de brazos y con una expresión ufana en el rostro –A ver chico listo… si nadie ha venido a la privada, ¿Cómo es que escuchan que dentro de las casas hay risas, gritos y disparos? Además, que nadie sepa quién lo hizo después de veinte años me parece un pésimo trabajo policíaco… deberías hablar de eso con tu padre- Gerald la miró con fastidio.

-Yo no inventé la leyenda, Helga. Fue un crimen real- Sid y Eugene asintieron efusivamente para dar énfasis a las palabras del moreno que no parecían convencer a Helga.

-Creo que recuerdo haber leído algo sobre eso en el periódico- comentó Olga, pensativa, intentaba recordar qué tanto sabía sobre esa noticia.

-En cuyo caso… ¿Por qué el traje de payaso?- preguntó Jamie O.

-¿Esa es tu pregunta, en serio?- le dijo Timberly –Yo quisiera saber por qué estamos aquí, creí que iríamos al gotcha- se quejó la morena, cruzándose de brazos.

-¿Asustada, pequeña Johanssen?- se burló Agatha.

-¡A mí no me asusta nada! Y mucho menos una historia que contó Gerald- el hermano de Timberly la miró con reproche.

-Típico caso de "matar al mensajero", ¿no, Gerald?- preguntó Stinky, colocando un brazo sobre su hombro, haciendo a Phoebe apartarse del moreno un poco al interponerse entre ambos. Helga sonrió.

-Creo que Tim hizo la mejor de las preguntas- habló la rubia -¿Qué estamos haciendo aquí Mary?- y la pandilla se giró a la castaña, que se esforzaba por pasar desapercibida.

-¡Ah, claro! Ahora sí me prestan atención, ¿no?- protestó mientras golpeaba el piso con su pie derecho.

-¿Podrías responder la pregunta? Todo esto empieza a ponerme algo nerviosa- se quejó Sheena, que ya se abrazaba a sí misma. Eugene posó una mano en su antebrazo, esperando conseguir reconfortarla, la chica sólo le sonrió de pasada, volviendo a enfocar su mirada en la castaña que empezaba a notarse más nerviosa que ella misma.

-No me hagas invitar a la vieja Betsy a esta reunión de navidad- amenazó Helga, intentando que la chica de una vez por todas hablara.

-¡Está bien! ¿Quieren saber qué hacemos aquí? Se los diré… El campo de gotcha de mi padre es… el conjunto de condominios abandonados de la calle Areca… donde ocurrieron los asesinatos de la historia de Gerald- el sonido de un trueno sobresaltó a todos, haciendo que un avergonzado Rex se disculpara por el tono de su teléfono para la entrada de mensajes. El grupo de jóvenes adultos no sólo se alteraron, estaban histéricos, hablaban al mismo tiempo y tuvieron que impedir que Helga y Rhonda se abalanzaran sobre Mary. Luego de casi una hora, por fin el histerismo cedió lo suficiente para que Lila pudiera preguntar por la razón de la omisión de aquel insignificante detalle al invitarlos –Si se los hubiera contado, ¿Habrían venido?- la castaña supo que no era una pregunta inteligente, sobre todo cuando sus amigos parecieron alterarse de nuevo.

-¡Por supuesto que no!- respondieron al unísono Melissa, Olga, Rhonda, Nadine y Sheena.

-Podríamos dejar que Mary nos explique sus razones, al menos le debemos eso- intentó conciliar la situación Arnold.

-¿Bromeas cabeza de balón?- le increpó la menor de las Pataki, bufando por la nariz, alterada.

-Ella tuvo un gesto dulce con nosotros, Helga- intentó apaciguarla el rubio.

-Sí, qué dulce… nos trajo al sitio de múltiples asesinatos y un suicidio en la mañana de navidad… olvidé agradecerte, Mary- reclamó Rex, haciendo aspavientos, con una respiración profunda.

-Aaah… quizás… aaah… se comportan un poco… aah… dramáticos- las palabras de Brainny consiguieron silenciar al grupo por un momento –los asesinatos… aah… sucedieron hace… aah… un par de décadas… aah… y el culpable… aah… está muerto… aaah… ¿A qué le… aah… temen?- habiendo asestado un golpe al orgullo de muchos de los presentes, Mary finalmente tuvo la oportunidad de explicarles lo que estaba ocurriendo. Les habló del arquitecto que había invertido todo lo que tenía en aquellos condominios porque iniciaba una familia y necesitaba las ganancias que el proyecto le dejaría, de cómo luego del crimen, la policía había declarado durante cinco años el sitio como escena del crimen y por lo tanto, propiedad del gobierno… de cómo al serle devuelto, no hubo forma de hacer con la privada nada que le ayudara a recuperar algo de lo invertido y que los habitantes del distrito se negaban a siquiera pasar cerca del lugar porque le temían.

-Fue mi idea… hace un par de años yo le di la idea a mi padre de convertir los condominios en un campo de gotcha… creí que sería divertido, pero las supersticiones de las personas han impedido que mi papá pueda recuperar lo que invirtió en el equipo para los jugadores y las adecuaciones del lugar para poder servir como espacio recreativo- Agatha abrazó a su amiga cuando notó que se le quebraba un poco la voz al hablar de su progenitor –Fue por mí que mi padre adelantó la fecha de la entrega de los condominios… fui prematura… lo que significó cuentas del hospital que no fueron previstas, como la incubadora… y pensé que… bueno… que si todos ustedes venían y disfrutaban de un buen rato aquí, eso haría que lo recomendaran y otras personas también vendrían- la inocencia en el razonamiento de la chica enterneció a los demás… Olga se unió al abrazo, y jaló a Helga, que se vio obligada a participar… pronto, Melissa, Timberly, Sasha, Lila, Nadine, Sheena, Phoebe, Eugene, Arnold, Stinky e Iggy, compartían un abrazo grupal.

-No puedo creer que sean tan cursis- se quejó Sid.

-Puedes unirte si quieres- le respondió Arnold y Brian lo tomó del brazo y lo acercó a los amigos que continuaban abrazados para poder sumarse.

-¿Eso significa que jugarán gotcha en el 127 de la calle Areca?- la pregunta de Gerald hizo que todos se soltaran y balbucearan, dudosos de qué decir al respecto.

-¿Por qué no?- comentó Jamie O -¿Cuántos que conozcas pueden decir justamente eso?- y poco a poco la pandilla comenzó a ceder ante la idea de pasar un buen rato, omitiendo todo el tema de los asesinatos de su mente… censurándolos deliberadamente.

Unos minutos después, los ánimos habían ido apaciguándose. Lucy le había comentado a Lila que estaba impresionada con el variopinto grupo al que pertenecía, y finalmente conoció a Brian, de quien había escuchado muchas cosas.

Se decidió que se dividirían en dos equipos y jugarían bajo las reglas de capturar la bandera, en vez de sólo vagar descontando miembro a miembro al equipo rival. Hubo cierta riña al momento de decidir a los capitanes, pero al final nadie comentó nada cuando Rhonda se impuso como líder del primer equipo y nominó a Helga para liderar el segundo.

-¿Qué hay de la apuesta, rubiecita?- el tic nervioso del párpado izquierdo de la menor de las Pataki le regresó en cuanto escuchó el mote que la pelinegra le había puesto en secundaria.

-¿Otra vez con eso, princesa? ¿Por qué esa obstinación en perder algo contra mí?- la pelinegra ya tenía una respuesta preparada cuando su mejor amiga las interrumpió.

-Son conscientes de que no se están insultando, ¿verdad?- ambas capitanas parpadearon como si la chica les hablara en otro idioma –Rubiecita y Princesa suenan en realidad como sobrenombres cariñosos si me preguntan a mí- algunos rieron y otros comentaron que era una observación que ya les había cruzado la mente pero que decidieron mantener para sí mismos. Helga se abrazó a sí misma, cerrando más su abrigo acolchado y la bufanda de punto que llevaba encima, dedicándoles una mirada enfurruñada que cierto par de chicos encontró tierna.

-Como sea… ¿Qué tienes en mente?- habló de nuevo Helga, retomando el tema y haciendo a Rhonda esbozar una sonrisa.

-Si mi equipo gana… tú harás que Harold vuelva conmigo- las mandíbulas de los presentes cayeron un poco ante esa declaración… ¿No era eso el equivalente a que Rhonda admitiera que necesitaba a Helga para recuperar a su novio?