Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto II: Adolescencia (Infierno)

Escena 15:Entre nosotros dos hay tres.

En aquella isla de invierno, frente a una fogata y rodeados por el ambiente festivo que definitivamente no debía tener lugar, dos hombres se encontraban bebiendo y charlando tranquilamente. Luego de un rato en silencio, meditando internamente acerca de sus intereses y otras cosas en común, uno de ellos suspiró y bajó la cabeza, frustrado.

-¿Como está ella? - el mayor de ellos volteó a ver al otro y la repentina caída de ánimo que presentaba- estás así por ella, ¿Cierto?

El más joven se volteó, sorprendido y apenado, echando un vistazo hacia un lado para ver si alguien estaba escuchado: - Solo estoy un poco preocupado.

- Es fuerte e inteligente. Estará bien- Shanks aseguró , muy en el fondo deseando creer lo mismo debido al conocimiento que tenía de lo imprudente que la muchachita podía ser.

- Es que no lo está. Tú llevas muchos más años que yo sin verla...Luffy y ella han crecido mucho, pero mientras el se vuelve más fuerte y decidido, ella tambalea, lo noté la última vez que la vi...

- Todavía no puedo creer que se convirtiese en una marine- reflexionó el pelirrojo dando un largo trago a su botella de alcohol.

No le gustaba imaginarse a la chica pequeña y debilucha enfrentando al gran y despiadado mundo, uno que estaba muy en contra de ella.

- El abuelo prácticamente quería obligarnos y aunque Ler nunca mostró ninguna inclinación hacia...Nada- el pecoso miró al cielo, donde las estrellas eran apenas visibles y sonrió- un día simplemente decidió que era lo correcto...Que sé yo, tú sabes cómo es esa tonta.

- Lo sé- hubo algo en el tono de voz del Capitán Pirata que atrajo la atención de Ace y le provocó un sentimiento en el pecho que no le resultaba del todo agradable.

-Cuando éramos niños, ella estaba muy obsesionada contigo- esta vez, la mirada de Ace hacia el adulto fue insistente, como si quisiera decir o saber algo más después de pronunciar aquello.

Shanks ignoró el hecho de que, repentinamente, el muchacho parecía demasiado interesado en como se sentía el respecto a ella, lo que despertó el interés en el.

Luffy muchas veces lo llamó "Capitán entrometido".

- ¿Ah sí?...- el pecoso trató de mostrarse indiferente, pero se mantuvo atento a la sonrisa de lado del hombre mayor mientras hablaba.- ¿Ya no?

Ace frunció el ceño, sorprendido por el descaro del hombre. Luffy y Ler, acostumbrados a tratar con el solo habrían alzado las cejas y hecho una mueca porque el hombre había sido considerablemente decente hasta ese momento.

- No estoy seguro.

- Es una niña muy enamoradiza, ¿Sabes? Probablemente dejó de verme de esa forma para desviar su atención hacia alguien más.

La molestia en el rostro de Ace fue palpable, así como un gruñido que casi le saca una carcajada a Shanks.

- Tenía 5 años, supongo que es normal que se sintiera así hacia ti - justificó el moreno automáticamente- incluso Luffy, quiero decir, los dos estaban obsecionados contigo.

- Luffy no estaba enamorado de mi. Te lo aseguro. - afirmó Shanks sonriendo ampliamente viendo al pecoso tener una discusión interna consigo mismo.

- Tampoco Ler- respondió el menor de forma brusca. Y allí estaban las provocaciones del mayor haciendo mella en el contrariado Ace.

- Oh, lo estaba, la pregunta es si aún mantiene esos sentimientos...

- No. - le cortó el pecoso moviendo las manos y logrando que finalmente, el sinvergüenza más experimentado se echara a reír.

Con seguridad podía afirmar que el estaba enamorado de ella. Y de cierta forma, a el no le molestaba - quizá porque no imaginaba lo que esos dos estuvieron haciendo aún como niños-.

- ¿Cómo lo sabes?

- Porque la conozco.

- Yo también.

- Ha cambiado.

- ¿Porqué luces tan molesto?- Shanks cedió un poco y decidió dejar de jugar con el- ¿Acaso te gusta?

Ace abrió los ojos sorprendido, avergonzado, obligándose a si mismo a negar con la cabeza con rapidez.

- Claro que no, esa idiota solo es...Mi hermana.

El pelirrojo alzó una ceja: - Es normal que te sientas atraída hacia ella, es una chica cercana a tu edad que creció junto a ti.

Shanks aún recordaba esa esencia que tenía la niña y que muchas noches le había preocupado al pensar que mientras ella crecía, proporcionalmente ello crecería también.

- Las mujeres no son lo mío- Ace hizo un gesto restándole importancia al asunto, como si pudiera excusarse del rincón en donde había ido a parar a manos del adulto.

El pelirrojo dudó que aquellas fuesen las palabras correctas para decir, pues el muchacho era tan atractivo que incluso había notado como algunos de sus hombres se sentían atraídos hacia el.

Siendo aún tan joven y nuevo en esa parte del mar, ya tenía una reputación de galán bastante respetable. Desprendía una escencia diferente a la de Ler, pero igual de llamativa y peligrosa.

Exótica.

Echó su cabeza hacia atrás y se preguntó si era cuestión del destino. Juntar a dos personas con las características y la sangre de un dragón y su enemigo natural no era la mejor idea de todas. Shanks no sabía que en realidad, aquello era algo más que simples casualidades, pero tampoco podía llamarle destino, al menos no en ese momento.

Aún así, Shanks estudió al avergonzando e invadido por la negación Ace, que seguía eumerando una serie de razones del porque Ler no le interesaba "de esa manera", entre ellos, ser una mujer.

- Para ser un reconocido mujeriego, parece como si no te agradaran.

El muchacho se encogió de hombros: - No son mi principal interés. No me molesta estar con una, pero tampoco tengo la necesidad de estarlo.

El pelirrojo ahogó un gemido. Como hombre , consideraba que la mejor creación era la mujer. Sin embargo, el muchacho había proclamado que su mayor interés eran lograr sus objetos.

Al notar que sus palabras eran perceptibles a una interpretación oscura, Ace se corrigió:

- Solo quedé bastante traumado con Ler y Dadan. Son casi el único contacto femenino que tuve mientras crecía.

- Y Makino.

- Y la bella Makino- aseguró el menor, viéndolo a los ojos con algo que ni el pelirrojo, con todos sus años y experiencia, pudo decifrar.

Shanks miró al hombre joven -pues, era muchísimos años menor que él- suspirar con fuerza y cerrar los ojos, como si tuviese una lucha interna.

Entonces lo supo. Ace no mentía.

- Oh- dijo, sin saber realmente como formar una oración coherente para consolarlo. Entendía muy bien cómo se debía estar sintiendo el muchacho.- lo siento mucho. En verdad no te gusta.

Ace volteó a ver al Pelirrojo con una ceja alzada, tomó otra botella de alcohol e hizo una mueca dejando de lado su incomodidad: -¿Entonces si me crees?

Shanks estuvo apunto de emitir únicamente otro sonido, pero decidió apiadarse de el.

- Estás enamorado de ella.- Y no, no lo estaba tomando del pelo.

Repentinamente los colores se le subieron en el rostro y se sintió avergonzando, con la obligación de negarlo todo con gestos radicales en sus manos y escupiendo el alcohol que recién había decidido tomar.

- Estás equivocado, no estoy enamorada de ella- para el pecoso decir aquellas palabras era fácil, pero distinguir su propia voz al decirlo, por el contrario, no lo era. Se desconocía.

Era incapaz de admitir en voz alta sus sentimientos por ella, pero también era lo suficientemente hombre como para aceptar que existían. Se preguntó entonces porque tenía la responsabilidad moral de negarlo frente a Shanks.

Quizá era la mirada de sus ojos o que hubiese enderezado su espalda más de lo normal, quizá era que hubiese dejado de beber y el aura adquiriese una vibra particular, pero se sentía como un novio yendo por la mano de su novia hasta un padre peligroso.

Porque a los ojos de Ace, Shanks era algo así como una figura paternal para la chica. Había tardado años en aceptar que Ler solo tuvo un enamoramiento infantil por el hombre y que al crecer lo olvidaría para darle lugar en su corazón a alguien más -a el-, o eso se había empeñado en decir frente al mayor.

- ¿Ah no?- el cuerpo de Shanks se había inclinado levemente hacia el. Claramente no le creía, pero quería presionarlo por alguna razón.

Aquella razón eran los sentimientos que él mismo había tenido por la niña cuando aún era mal visto tenerlos.

-No- repitió el pecoso, nervioso- no se de dónde sacas eso.

- Mientras hablabas de las tonterías de Luffy y como Ler se veía arrastrada por ellas- hizo una pausa, pensativo, con una sonrisa que no pasó desapercibida para Ace- tu tono de voz, mirada y hasta tu respiración fue diferente. Luces como un idiota enamorado.

De no ser porque se encontraban festejando y acababa de agradecerle por lo que hizo por sus hermanos, Ace reflexionó que le habría pateado el culo a aquel viejo por llamarle idiota y presionarlo tanto.

- Ya te lo dije. Es mi hermana. Obviamente tengo un cariño especial por ella- se excusó desperezandose y esquivando el contacto visual.

Shanks suspiró, miró al muchacho y luego al cielo.

Se preguntó que tenía Leriana para atraer personas con las que evidentemente nunca podría estar.

Si ella de verdad estaba tan maldita para acabar con alguien como el.

Se preguntó si ella le correspondía al muchacho.

Se preguntó porque su corazón saltó al hacerse esa pregunta.

- ¿Cuánto tiempo? - preguntó esta vez, confundiendo al moreno. El pelirrojo sonrió otra vez, en esta ocasión, de una forma condescendiente- ¿Cuánto tiempo llevas enamorado de ella?

Por fin Ace, desde que el mayor sacó a relucir el tema, decidió mirarlo directamente a los ojos. Fue una batalla donde cada uno intentaba averiguar los pensamientos del otro. Y de una forma honorable y silenciosa, ambos decidieron ceder un poco.

- Toda la vida- confesó finalmente el pecoso, tomando un trago profundo a la botella, sin romper el contacto visual- la he querido desde el primer día en que el viejo la llevó a las montañas con Luffy, porque solo entonces, con ellos, sé que empecé a vivir. - Shanks asintió con la cabeza levemente y brindó con el. Luego de un silencio, el muchacho continuó - me refiero a la mía. Supongo que esa es nuestra diferencia.

El pelirrojo río con fuerza, admirando las agallas del menor al darle un golpe directo como ese.

Atractivo, joven, confiado y despreocupado, nadie podría conocer con exactitud la agudeza mental e inteligencia que podía llegar a tener el hijo de quién un día, fue su capitán.

- Supongo que si- admitió, dándole la razón mientras dejaba la botella en el suelo y con su única mano se arreglaba el cabello- yo la he querido toda la vida también, claro, la suya.

Benn golpearía al hombre si escuchase lo que estaba diciendo, si después de tantos años, pudiese mirarle a la cara y gritarle de frente que lo sabía. Siempre supo que había algo en la conexión de el pelirrojo y la pequeña que no era nada sano ni moral.

Qué Shanks la había dejado un día con el sentimiento latente de que en un mañana, no podría hacerlo.

- ¿La has visto? - un poco más cómodo después de soltar el peso de sus secretos, Ace se recostó en una roca grande, deprimido- ella nunca volvió a Foosha.

Shanks miró a Ace de forma significativa, reflexionando: - No. No creo que quiero verme otra vez. Estoy seguro de que no está muy contenta- suspiró con desgano, luego analizó al muchacho que denotaba preocupación en su lenguaje corporal- pero he escuchado acerca de ella.

Demasiado obvio, el pecoso se volteó con rapidez hacia el, esta vez esperanzado: - ¿En serio? ¿Sabes dónde está? He preguntado por acá pero nadie parece conocerla.

El pelirrojo bufó. - Definitivamente no vas a encontrar nada, nadie la conoce aquí- Frunciendo el entrecejo, Ace manifestó su confusión, a lo que Shanks continuó- me refiero a este lado del mar.

- ¿A este lado del mar? Pensé que Ler...

El mayor negó con la cabeza, dando otro trago: - Te falta mucho por recorrer, muchacho. Si vas tras ella, tienes que saber que está demasiado lejos...pero tal vez no sea tan difícil, cuando llegues, escucharás sobre ella casi de inmediato.

- Así que se ha hecho un nombre más allá de este mar, eh...- Ace se sentía contrariado por el orgullo que le causaba la chica y por la preocupación de pensarla tan lejos y sola.- pero si es fácil encontrarla, ¿Porqué no la has buscado tu?

El pelirrojo alzó una ceja y se mantuvo pensativo por un rato. Se había hecho la misma pregunta por años.

-Ya te lo he dicho. Creo que ella no desea verme - Ace decidió omitir que conocía tan bien el corazón de la marine que sabía, era todo lo contrario- y realmente no es tan fácil de encontrar, pero si la buscas bien, supongo que irá a tu encuentro. He escuchado que tiene una especial inclinación hacia los novatos.

- ¿Novatos? - al pecoso no le gustó nada aquella revelación.

- La gente cambia, Ace. No puedo asegurarte que todo lo que se dice de ella es cierto, pero tampoco puedo darte la certeza de que sea la misma chica que conociste un día.

- Estoy seguro de que lo es...- el joven parecía perdido en sus pensamientos, ajeno a la mirada del hombre que sonreía débilmente.

De pasar algo, porque sabía que pasaría, esos dos la tendrían difícil a la vista del pelirrojo.

- Aún así no te preocupes, se que ella está bien - quiso agregar, que lo estaría a menos que el muchacho la alcancase y pusiese su vida de cabeza- y lo estará. Es fuerte- se abstuvo de hacerle saber que la mayoría de las personas en aquel mar eran más fuertes de lo que él nunca había conocido- no va a rendirse. No lo hagas tú tampoco.


- ¿Vas a llorar ahora? - el hombre respiró con fuerza, apoyando su mejilla en su mano, mirando significativamente a la chica.

- ¿Porque lloraría? - preguntó ella con una sonrisa débil, flanqueando levemente en su tono de voz al responder. Escondiendo su tristeza, se concentró en el zumo de naranja que el hombre le había entregado porque ya había bebido demasiado, según el.

- Porque tienes exactamente esa mirada que tenía el cuando hablábamos de ti- comentó el pelirrojo dándole un trago a su botella de alcohol, porque era un adulto- y a diferencia de el, no te empeñas en negar o esconder tus sentimientos.

- Es difícil esconder que amas a alguien cuando prácticamente chantajeas a uno de los hombres más peligrosos del mundo por ese alguien- ella se rió bajito y levantó su vista- es solo que...No sabía que me estuvo buscando, jamás me dijo que habló contigo.

- Creo que le avergonzaba. Supongo que sintió que era como pedirme la bendición o algo para estar contigo.

- ¿Y tú se la diste? - Leriana removió su bebida con la pajilla deseando que fuese alcohol y conteniendo las ganas de reír al imaginarse al pecoso en aquella situación.

Para ella era imposible pensar que un día, Ace estuvo dispuesto a recorrer todo el mar para encontrarla y ahora, a hacer lo mismo solo para no verle la cara.

No lo culpaba.

Incluso ella misma odiaba verse reflejada en el espejo, la sensación de salir a la cubierta y notar como todos la miraban y murmuraban.

Shanks, por otro lado, al conocerla de pies a cabeza , se abstenia de hacer cualquier gesto o dirigirle una mirada que denotara la preocupación que sentia por ella, o el interés por su historia.

Su verdadera historia.

La trataba, le hablaba y la tocaba como si no hubiesen un millón de preguntas rondandole la cabeza, como si no sintiese lástima o curiosidad por ella, una que gracias a Benn conocía.

El viejo vice capitán ya le había contado acerca de la reacción del pelirrojo por el incidente.

Y aún así, cuando ella le dió su versión de los hechos, no escarbó más allá de donde ella le dejo entrar.

- Habría sido poco honorable hacerlo.

-Oh, y tú eres un hombre increíblemente honesto.

- Lo soy. Le dije donde buscarte y como hacerlo, pero jamás le dije que estaba de acuerdo.


- Se que tus sentimientos por ella son reales, pero no creo que sean...Adecuados.

Ace alzó una ceja, dejando la diversión de lado y miró al hombre:

- ¿Adecuados?- el pecoso se mostró a la defensiva.

Shanks no se ofendió por el gesto, si no que comprendió que aquello era lo mínimo, incluso sin haber escuchado lo que tenía que decir.

- No te diré que no eres bueno para ella por quién eres. Es ella quien no es buena para ti. Leriana es una bomba y tú eres, fuego- notando que el calor a su alrededor se intensificaba, sonrió y agregó- literalmente. Tu quieres ser libre y hacer tu propio nombre. Sabes muy bien que ella nunca lo será y lleva muchísima historia detrás.

- No es muy alentador de tu parte decirlo y aunque lo fuera, para mí no sería de interés si ella realmente quiere estar conmigo...Pero si tu en serio le tienes aprecio, deberías haber intentado ayudarla con eso- mirando hacia atras, a la banda del mayor, Ace hizo un ademán molesto, irritado, con las palabras apenas escapándose de entre sus dientes- eso es lo que planeo yo.

- Debería, pero no.

- Pensé que la querías , como yo. Tienes muchísimas más oportunidades, y aún así...

- Escuchame, Portgas. No voy a ayudar a Ler porque ella no quiere ser ayudada. Ella no estaría dónde está si no es por una buena razón, pero no está obligada a hacerlo. Todos tenemos elección. Siempre hay una opción.

Siempre.

- Y yo no soy la mejor opción para ella.- concluyó, mirándolo a los ojos.

- Definitivamente no- aseguró el pelirrojo, sosteniendo la mirada.


- Estoy sorprendida - admitió ella con algo parecido a un puchero marcandole el rostro. Su bebida casi habiendo desaparecido en su totalidad de su vaso.

- Yo también, pensé que iba a golpearme. Es muy impulsivo- comento el pelirrojo logrando que la chica formase otra mueca, disgustada - lo sé, Ler... tiene suerte de que al menos tú tengas un poco más fría la cabeza.

La realidad es que Ler era un poco peor que el.

- Ese idiota solo sabe meterse en problemas.

- Y tu eres uno andante.


Shanks entró en la habitación cerrando la puerta tras de sí de forma inmediata, pero suave. En aquel momento Leriana estaba viéndose al espejo, tocándose las vendas que le rodeaban el torso, viéndose el rostro que alguien más eligió especialmente para ella, lleno de hematomas y rasguños.

La joven cerró los ojos mientras se acariciaba cada herida en su piel con suavidad, reflexionando que ninguna le dolía tanto, ninguna era lo suficientemente dañina para distraer el verdadero dolor en su pecho. El vacío en su estómago le recordaba que aquel no era un sueño. Que todas las veces en que se despertó gritando durante los dos últimos días, corriendo, llorando, pidiendo que fuese mentira, habían sido su realidad.

Se sintió por primera vez, en mucho tiempo, pequeñita nuevamente. Miró sus piernas, igual de dañadas, y se sintió vulnerable. Se miró a sus ojos llorosos y se dió cuenta que nunca habían llorado de verdad hasta ese día.

Que solo se está preparando.

- Les dije que estoy bien- habló finalmente. La garganta le dolia por gritar tan fuerte y tantas veces, incluso había sangrado en alguna ocasión- físicamente no es nada que no pueda soportar.

Aunque su corazón estuviese roto en mi pedazos.

El pelirrojo la miró a través del espejo, como un reflejo de los años en su infancia donde tenían que utilizar aquel objeto para comunicarse. Ler parecía perdida, desorientada, adolorida y el la comprendía, le permitió seguir aferrada a aquel simbolismo que le hacía sentirse como alguien diferente.

Era como si estuviese muerta, pero Shanks debía recordarle que hoy, más que nunca, estaba viva.

- Y ya comprobamos que lo estás- respondió el, acercándose prudentemente a ella hasta que solo unos pasos los separaron. El hombre se fijó en la tonalidad púrpura y verde a lo largo de su cuerpo, el vendaje y la sangre seca que era más difícil de lavar por la complejidad de sus heridas. Se preguntó que habría pasado si no se hubiese ido aquel día.

Tal vez Ler pensara lo mismo. Tal vez no habría llorado de la forma en la que lo hacía ahora.

- Entonces...- la ex marine no quería ser grosera, ni estar sola, porque lo sentía irremediablemente en el corazón. Que todo lo que había querido, soñado y amado un día se había ido para siempre. La compañía de alguien más le hacía no perderse en sí misma, no enloquecer- ¿Me estás dando de alta?

El pelirrojo negó inmediatamente con la cabeza. Ella se extrañó.

- Se que probablemente quieras ir tras de Luffy y saber cómo está el...- la morena apretó los labios y le miró a través del espejo, con ruego y tristeza, con miedo- pero sé que estará bien, el está buenas manos- si ella confiaba o no en el, no lo demostró, solo se abrazó a si misma y miró al suelo, seguramente pensando en su hermano menor- por eso no puedo dejarte ir.

- Estaré bien, dijiste que no hay nada demasiado grave, ¿No? Y si no quieres verlo, déjame en algún puerto, yo lo encontraré...

- No, Ler. No se trata de eso. No puedes hacerlo. No así.

- Discúlpame. Sé que tú me salvaste...- tragando la saliva que se le había acumulado en la garganta, Ler ladeó su cuerpo, dudosa de como proceder- Nos, salvaste, pero...No puedes determe.

- Yo no. Pero además del hecho evidente que juntarlos los pondría en riesgo...El si- dijo finalmente soltándo todo el aire que contenía en sus pulmones.

El pelirrojo notó la extrañeza de ella, la confusión marcada en su rostro cuando el le apuntó. El la miró significante un momento sin estar seguro de cómo reaccionaria ella.

El no había reaccionado de la mejor forma tampoco.

- ¿Él? ¿De que demonios hablas?- la joven se volteó completamente hacia el y lo miró a los ojos.

Shanks se pasó la mano por el cabello con frustración. Le preocupaba como pudiese tomar aquello con el estado mental tan débil que tenía en ese momento, pero no podía esconderselo más.

Era extraño que no lo supiera.

Y si lo supiera, probablemente se lo habría dicho.

Y no habría ido a la guerra.

Y no habría hecho todo lo que hizo.

Pero por alguna extraña razón del destino, quizá ella no lo sabía.

Quizá , en serio , por la mirada de sus ojos, nunca lo supo.

Y por capricho de los dioses, habría sobrevivido.

A la pregunta que el mundo había hecho, ella había elegido responder que sería una única posibilidad entre millares, la única positiva, y la que resultaría de todo el desastre que habían montado.

Se aseguró de que la voz sonase firme, serena y segura antes de hablar, porque incluso el quería echarse a reír por la incredulidad de la revelación.

Aunque dados los últimos acontecimientos, reír sería una falta de respeto.

- ¿Qué? Capitán, me está poniendo nerviosa- avisó ella.

El pelirrojo la miró nuevamente por largos segundos que a ella le parecieron una eternidad.

Entonces, el hombre abrió su boca y habló con claridad.

- ¡CAPITÁN! ¡KUZAN ESTA AQUÍ!

Leriana ignoró el gritó del exterior, concentrándose únicamente en las palabras del pelirrojo, y tras un momento, se echo a reír. Shanks pensó que ella estaba loca, pero a Ler, simplemente no le importó.