Capitulo 40 – Elsa – Disfraces.

Intentó que aquel día fuese de los más desocupados que puviese. La fiesta de Ruby era un día de semana, y quiso desocupar un poco su agenda para poder asistir sin preocuparse demasiado del trabajo. No fue su idea en lo absoluto, Anna insistió en que debían relajarse un poco, de todas formas, ni siquiera se tomaban vacaciones. Y el argumento de la pelirroja era 'La compañía no va a derrumbarse porque llegas tarde o te vas unas horas mas temprano', y si, era un argumento muy lógico.

Salieron temprano del trabajo, y fue Anna la primera en correr a ducharse mientras ella arreglaba unos pendientes que no podía dejar de lado. Subió al cuarto cuando dejó de escuchar el agua correr. La vio salir del baño con una toalla en su cuerpo y una sonrisa maliciosa en su rostro. La vio moverse de un lado a otro, sacando un colgador negro. Pensó en un principio que era uno de los trajes que la pelirroja había llevado a la tintorería, pero no. Ahí estaba su maldad.

Se lo tendió, sonriéndole.

"Luego te pones esto, sorprendeme."

Levantó una ceja con confusión, sin saber realmente si había algo malo o algo bueno dentro de aquel protector negro. Dio un suspiro. No podía negarse ante la mirada de Anna, y sus buenas habilidades de convencimiento que había adquirido con los años.

Se duchó y secó su cuerpo. Abrió el protector y miró dentro.

No. Era malo.

"No pienso usar esto, Anna."

"Por favor, al menos pruébatelo."

Escuchó desde el otro lado de la puerta.

Soltó otro gran suspiro y procedió a sacar las prendas y a empezar a ponérselas. No era para nada su estilo. De hecho, era algo que no elegiría usar. Guantes negros hasta arriba del codo. Ropa ajustada con apariencia de cuero. Un cuello alto muy vampírico. Tomó los cuernos de cerámica que estaban en el fondo de la bolsa, muy bien hechos debía admitir.

¿Era un demonio?

Ladeó el rostro sin entender del todo su disfraz.

No le quedaba mal la ropa, pero realmente se sentía incomoda en ella.

Soltó un tercer y último suspiro y salió del cuarto de baño, primero abriendo levemente la puerta para que la pelirroja no pudiese verla.

"Esto es demasiado."

"Oh, vamos, muéstrame."

Ya afuera se mantuvo con la mirada gacha. No quería siquiera mirar a la chica a los ojos, obviamente había malicia cuando escogió aquel traje.

"Vaya, oh. Estas muy hermosa, no es que no lo seas, pero vaya, es un cambio muy grande, pero te ves espectacular."

Levantó la mirada ante aquellas palabras honestas de la pelirroja, la cual tenía sus ojos pegados en su cuerpo, observándola de arriba abajo. Tenía una sonrisa llena de orgullo ante su decisión.

"Tienes unas botas negras que quedarían perfecto."

Dijo luego de un rato, y ahora si se dedicó a mirarla, a mirar el disfraz de su contraparte.

"¿Y tú…? ¿Es una broma?"

No pudo evitar soltar una risa incrédula al fijarse por completo en la ropa de la chica.

Era una monja.

No una demoníaca como solían ser las monjas en esa época del año. Solo era una monja común, y por su cara de malicia, no era para nada como una monja común.

Se cruzó de brazos, negando.

"¿No se te pudo ocurrir algo más hereje, Anna?"

La chica soltó una carcajada, golpeando el aire con su mano.

"¿Qué dices? ¡Esta idea es genial! Una monja y un demonio, suena bien para mí."

Negó nuevamente con el rostro, y se fijó en la gran cruz que colgaba de su cuello. Frunció el ceño de inmediato, recordando cierta información.

"¿No era Ruby una persona religiosa?"

Los turquesas la observaron, mientras agarraba la cruz con una de sus manos.

"Si, de hecho, ella me prestó esta cruz. ¿No es genial?"

Se acercó un poco a ella, observando el objeto, el cual parecía de plata con grabados muy elegantes. La miró a los ojos, intentando comprender la situación, que parecía muy fuera de lugar.

"¿No se enojará si vas así? Es un poco…grosero ante una persona religiosa."

Anna rio una vez más, mirándose en uno de los espejos, arreglando su túnica.

"Ella sabe de qué me vestí, Elsa, y vamos, es religiosa por su familia y por lo que le pasó a su madre, pero no es como que sea hiper religiosa de las cavernas, de todas formas, está saliendo con una chica. Son tiempos modernos."

Anna se levantó de hombros y fue al armario en busca de aquellas botas que acababa de mencionar. Negras de cuero. No las solía usar, pero combinaban bien con el traje. La chica le sonrió, notando su clara molestia. No quería ir así, era demasiado vergonzoso.

"Solo será una noche, va a ser divertido."

Iba a negarse, realmente no le agradaban las fiestas, aunque gracias a Anna le parecían más cálidas de lo que creía. Y como la chica le decía, ahí iban a estar sus amigas. A esa altura de la vida debería estar acostumbrada a ese tipo de reuniones, siendo ella quien tenía reuniones con desconocidos prácticamente todos los días de la semana.

Ya sin nada más que hacer para evitar su destino, prefirió sentarse y comenzar a maquillarse.

"¿Crees que esta fiesta ayude a Weiss y a Ruby?"

Alejó la mirada de su reflejo para ir donde la pelirroja, siguiendo su voz, la cual estaba en la cama, mirando su teléfono. Se le veía seria, y no la culpaba. Ruby era su amiga, y no estaba pasando por buenos momentos, y ella misma era amiga de Weiss, y sabía que ella estaba tan confusa y atrapada en su pasado que hacía todo más complicado. Entendía eso.

"Weiss fue manipulada por tantos años que no es de sorprenderse que perdiera su propia identidad."

Sus palabras sonaron tal vez más duras de lo que creyó, porque notaba tristeza en los ojos turquesa.

"Ruby lo sabe, pero no importa cuanto lo intente, cuanto intente ayudarla, nada parece servir."

Terminó de arreglarse y caminó a la cama para sentarse al lado de la menor, y tomó una de sus manos.

"No hay nada que podamos hacer, solo apoyarlas incondicionalmente. Sé que Weiss quiere cambiar, por Ruby, ambas se aman, podrán superar esto."

Anna soltó un fuerte suspiro más similar a un gruñido que a cualquier otra cosa.

"En serio, ¿Que les pasa a ustedes, las chicas lindas? ¡Siempre tan difíciles!"

Soltó una leve risa y besó la mejilla pecosa.

"Es parte de nuestro encanto."

Anna también rio.

"No puedo negar eso."

La fiesta iba a ser en un local que habían arrendado, en un sector acomodado. Obviamente Weiss había elegido el lugar, ya que no permitiría que Ruby celebrase su cumpleaños en un bar de mala muerte. Lo decidieron hace mucho, así que no sabía bien si habían hablado lo suficiente en los días anteriores.

Solo esperaba que Ruby no estuviese tan desanimada, era su fiesta después de todo.

Anna se ofreció para manejar, y luego de un rato la miró con el ceño fruncido.

"No se te ocurra volver a beber así, o esta vez realmente harás que las chicas se enfaden."

Solo pudo soltar un leve 'lo siento'. Aun se avergonzaba de aquello. La mano de Anna llegó a su pierna, y le dio una leve sacudida. Su mirada siempre atenta al camino.

"Está bien, no estoy enfadada, solo que no quiero que las cosas se compliquen aún más."

Sonrió al darse cuenta de cuanto había crecido aquella chica. Tomó su mano con la suya, y a pesar de estar enguantada, podía sentir su calor.

"No pasará de nuevo, lo prometo."

Pudo ver una gran sonrisa en el rostro de la pelirroja. Le dio una mirada rápida. Y por un segundo se vio opacada por la madurez en sus facciones. Realmente Anna no dejaba de crecer ni un solo día.

"Esa es mi chica."

Entraron al lugar, luego de unos minutos de viaje. Ya estaba oscuro del todo, pero el local tenía luces en varios sectores, lo que parecía darle un toque elegante y divertido. No le costó encontrar a Ruby, la cual estaba cerca de la entrada, recibiendo a los invitados. Captó de inmediato una mirada pensativa en su semblante, que cambió drásticamente cuando Anna le dio un grito, llamando su atención.

No diría nada al respecto.

"¡Ahora eres una adulta!"

Anna abrazó a la pelinegra, colgándose en sus hombros y dándole unas palmadas. La chica solo soltó una risa, notablemente avergonzada. Se acercó y la saludó.

"Ahora estás en el bando de las mayores."

Le dijo, y esta soltó un suspiro de alivio.

"Esperé este día con ansias."

Ruby soltó un suspiro y una risa agotada luego de decir esa afirmación. Sabía que había tenido incontables problemas con personas que la trataban mal por su corta edad.

Mientras ambas menores conversaban, aprovechó de enfocarse en la ropa de la cumpleañera, la cual constaba de un traje de lo que parecía ser de caperucita roja. Sabía que la chica tenía cierta afición con las capas y con todo lo que cayese de sus hombros, y aquel disfraz iba muy bien con ella, y su amor a los cuentos infantiles. Había unas orejas sobre la capucha en su cabeza, así como una cola bajo su falda, así que al parecer el lobo se comió a la caperucita, o la caperucita al lobo, era difícil de saberlo.

"¡Oh! Diana y Akko ya llegaron. Vengan."

Ruby pareció recordar de la nada, y empezó a guiarlas entre la gente. No había mucha gente, pero si más de la que creía, ya que la pelinegra no parecía ser muy buena con las habilidades sociales, pero habían venido amigos desde su isla y desde la academia solo para verla. El lugar estaba oscuro, pero no lo suficiente para no distinguir a las personas. Había luces de colores revoloteando, y mesas con comestibles en varios sectores. La música que sonaba era moderna y bastante enérgica. Había también adornos de Halloween en algunos lugares.

Era realmente diferente a lo que estaba acostumbrada, muy por el contrario, Anna parecía estar en su hábitat natural.

Pudo notar a Akko agitando su brazo en el aire. Parecía divertida. Tenía puesto un disfraz de bruja, incluso había una escoba apoyada en una de las mesas cerca de ella. Se veía cómoda con su conjunto, aunque el sombrero puntiagudo se tragase su frente ante sus movimientos bruscos.

No notaba a Diana, y le extrañaba que no estuviese cerca de la castaña.

No, ahí estaba. No la había reconocido.

Jamás imaginó ver a esa chica estoica vestida con un traje de enfermera. Lucía incomoda, pero le quedaba realmente bien. Quizás ambas habían tenido la mala suerte de que escogiesen el traje por ellas, y eran buenas pero malas decisiones. Ambas se veían bien, pero a costa de una vergüenza enorme.

Diana le dio una mirada, que la hizo salir de su ensimismamiento. Lucía molesta e indignada.

"Intercambio de disfraces."

Llevó una de sus manos a sus labios, intentando contener su risa. Luego se le acercó y soltó un suspiro pesado.

"A la próxima nos vengaremos."

Le dijo a la menor, señalando su propio atuendo. Diana se cruzó de brazos, asintiendo.

Agradeció que Anna fuese lo suficientemente empática para no despegarse de Ruby, y tampoco dejaba de hablar. Eso era bueno. Parecía ser que la pelinegra se iría a un mal lugar si se quedaba sola. No lo dudaba.

Weiss no estaba ahí.

No tenía que ser adivina para notar que Ruby estaba pensando en la heredera. Sus ojos siempre brillaban sin tapujos con la presencia de la chica, y sin ella, parecía algo perdida en sus pensamientos. Lo ocultaba muy bien, le daba el mérito, pero seguía siendo una situación muy inquietante.

Akko no parecía notar aquello, era completamente ajena y parecía ser del tipo de chica que no entendía, pero el simple hecho de ser tan natural y hablar tan natural, era de más ayuda.

Miró su teléfono.

No había respuesta al mensaje que le había mandado a Weiss hace unas horas.

¿Vas a ir?

Tenía que hacerlo, tenía que decidir.

Sintió la mirada azul en ella, y miró a la dueña, la cual parecía preocupada. Negó, respondiendo aquella pregunta silente.

Las cosas no saldrían bien.

No para Ruby.


Upsis.

Hola de nuevo. Sé que disfrutaron el capitulo anterior pero lamento traerles la dura y triste realidad. Hice unos dibujos de este capitulo hace mucho tiempo y deben estar por ahí en mi instagram personal. En papel probablemente. Quizas haga una encuesta o algo así para ver cual historia debería subir, tengo tres que están escritas a medias, y así me obligaría a terminarlas pronto. Y de hecho, es una Whiterose, una Elsanna y un Diakko, no me había dado cuenta.

Espero estén todos bien con todo lo que está ocurriendo, cuidense.

Capitulo siguiente: Weiss – Regalo.

Nos leemos pronto.