Capitulo 44

Noviembre de 2010

Varias semanas después de su vuelta al trabajo, al regresar al ministerio de su jornada laboral, Hermione encontró una lechuza que llevaba en una de las patas una notificación del comité de abogados del ministerio de magia, informándole que ya tenía los papeles del divorcio e invitándola a ir cuando a ella le viniera bien. Después de darse una ducha y cenar algo en la cocina, se sentó en el sofá para relajarse. En ese momento la chimenea se encendió. Era su abogado.

—Vi el mensaje cuando he llegado del trabajo. Muchas gracias por todo, mañana mismo me paso por tu despacho, los recojo y te pago lo que te debo.

—No te preocupes mujer. El abogado de tu ex marido me ha dicho que su cliente deja en tus manos el precio de la casa e insiste en que si no la quieres vender, no es necesario. Él no te va a reclamar nada. Es lo mínimo que puede hacer después de todo lo que ocurrió entre vosotros.

—Es muy amable por su parte, ya lo hablamos la última vez que nos vimos. Estoy decidida a venderla y darle la mitad a él.

Tras despedirse y comerse un yogur, se tumbó en la cama y pensó en Riddle como cada noche, recordándolo con tristeza y sin poder controlar sus lágrimas. Todas las noches soñaba con él y se levantaba por las mañanas, con una sonrisa que le duraba pocos segundos, para dar paso a una amarga tristeza por no tenerlo a su lado. Le quedaba el consuelo de que al menos, podían estar juntos en sus sueños. Sin embargo, la realidad era que cada día que pasaba lo extrañaba más, a pesar de hacer un gran esfuerzo por apartarlo de su cabeza y de su corazón.

El sábado, Hermione fue a comer a casa de sus padres como todas las semanas. Aprovecharía aquella comida para darle la gran noticia que sus padres llevaban un par de meses esperando.

—¡Hija! Dichosos los ojos que te ven, he ido a tu casa varios días seguidos y no estabas.

—Esta semana he tenido mucho trabajo, en el ministerio mamá —respondió algo cansada.

—¿Te encuentras bien? Tienes mal aspecto.

—Sí, no te preocupes.

—¿Qué no me preocupe? Tienes unas ojeras que te van a llegar al suelo y estás muy pálida.

—Qué exagerada eres, mamá —Hermione últimamente no tenía mucha paciencia, por lo que intentó contar hasta diez para no pelear con su madre.

—¿Te has mirado en el espejo?

—No tengo tiempo para nada —elevó la voz molesta—. Por favor mamá, no me calientes la cabeza que no estoy para sermones.

En ese momento entró su padre en el salón y su madre obligó a su marido a que se fijara en el mal aspecto de su hija. Su padre se preocupó por ella al notar su mal aspecto.

—¿Estás comiendo bien, cariño?

—¿Tú también, papá? Estoy perfectamente. Si llego a saber que me ibais a dar la lata, me hubiera quedado en mi casa. —Resopló malhumorada y se sentó en el sillón—. Yo venía a contaros que Ian y yo ya estamos oficialmente divorciados y que vamos a vender la casa, pero vamos, que ya se me han quitado las ganas de daros la buena noticia.

—¡Oh cariño! Eso es maravilloso —aplaudió entusiasmada su madre mientras se sentaba al lado de su hija para abrazarla.

—Me alegro muchísimo cariño. —Su padre cambió el gesto y ahora estaba radiante de felicidad—. ¿Y qué vas a hacer cuando vendas la casa?

—Pues había pensado mudarme con vosotros hasta que encuentre un piso pequeño. Para mí sola no necesito nada más.

—Edison, después de comer sacamos el coche y vamos a casa de Hermione a por sus cosas —gritó entusiasmada.

—¡No mamá, no hace falta! —exclamó irritada por la insistencia de su madre—. Hasta que no venda la casa, me quedaré allí.

El señor Granger intermedió entre su hija y su esposa para que no siguieran discutiendo. Hermione se levantó del sofá rápidamente para ir al baño, aquella mañana se había levantado con el estómago revuelto y con náuseas.

—Ves que te dije Edison, la niña no está bien —le dijo la Sra. Granger a su marido esperando a que Hermione saliera del baño—. Aunque intente disimularlo, no está llevando bien su separación con Ian. Debería venirse a vivir con nosotros y así podemos controlarla. Seguro que no está comiendo nada.

Un fuerte golpe procedente del cuarto de baño alertó a las los Grangers que, rápidamente, corrieron en busca de su hija. Temían que le hubiera pasado algo y sus sospechas se confirmaron cuando encontraron a Hermione, tirada en el suelo, con sangre en la frente.

Sus padres acudieron al hospital más cercano para que atendieran a su hija. Había recobrado el conocimiento unos minutos después de montarla en el coche, pero aun así sus padres se quedaban más tranquilos si el médico le hacía un chequeo. Durante horas estuvieron esperando en la sala de espera, viendo como los médicos entraban y salían de la habitación donde tenían a Hermione. Su madre, preocupada, no hacía nada más que preguntar a las enfermeras, pero la respuesta era siempre la misma:

—Siguen haciéndole pruebas, deben esperar tranquilos, su hija está bien.

Bastante rato después, Hermione salió caminando por su propio pie, algo que tranquilizó a sus padres. Llevaba un apósito en la frente para tapar los dos puntos que le habían tenido que dar tras darse el golpe con el lavabo. Hermione andaba hacia sus padres de manera mecánica, totalmente aturdida y con unas inmensas ganas de llorar. No sabía si de alegría o de tristeza por la noticia recibida. Cuando su madre se acercó a ella, Hermione se apoyó en su hombro y soltó todas las lágrimas que llevaba en su interior. Ahora tendría que buscar la forma de contárselo a sus padres.

"¡No puede ser!" Se repetía una y otra vez, todavía sin poder creérselo, días después en la sala de espera del hospital de San Mungo mientras esperaba para su primera cita, con la doctora.

Tras haberle hecho varias pruebas, la doctora le comunicó en privado que estaba en cinta. Al saberlo sus padres, casi montan una fiesta en el hospital al recibir la noticia por boca de Hermione.

—Este hijo te atará de por vida a Ian nuevamente —había dicho apenada su madre de camino a su casa.

Hermione sabía que aquel hijo solo podía ser de Tom Riddle, "no podía ser… el mismísimo hijo de Voldemort". Los últimos meses de su matrimonio con Ian, la cosa entre ellos estaba tan mal que no habían mantenido relaciones sexuales. El único con el que había tenido relaciones íntimas recientemente había sido con él y no tenía ninguna duda. El hijo era de Riddle. En ese momento, lo difícil era explicárselo a sus padres y asimilarlo.

—El padre de mi hijo no es Ian, mama —su madre la miró atónita y su padre dio un volantazó por la noticia—. Conocí a un chico en mis vacaciones —se excusó.

—¿Tienes novio y no nos lo has contado? —preguntó su madre sorprendida.

—No es mi novio mamá, solo fue un chico con el que compartí mis días ese viaje. Pero regresé y todo se terminó en ese mismo momento —recordó a Riddle apenada, no había sido necesario mentirles a sus padres. Era una verdad a medias.

—¿Se lo vas contar? —preguntó su padre mirándola por el espejo retrovisor.

—No tengo manera de contactar con él —aseguró con todo el dolor de su corazón. "Ojalá pudiera decírselo."

Aquella mañana le había ocultado su primera consulta con él medico a su madre. Pero, prefirió no decirle la fecha e ir sola. Necesitaba tranquilidad y aunque sus padres intentaban dársela, ella no podía evitar sentirse agobiada.

Sentada en la sala de espera, observó a varias mujeres embarazadas acompañadas por sus parejas. Compartían ilusionados aquel momento de sus vidas tan especial y único. Ella no pudo evitar pensar en Riddle, preguntándose en cómo se hubiera tomado la noticia. Una lágrima escapó de sus ojos. Lo extrañaba y lo necesitaba a su lado más que nunca, pero ya estaba aceptando que regresar había sido decisión suya y debía ser consecuente con ello. "Por lo menos me va a dar lo más grande del mundo. Un hijo que me recordará y unirá a él cada día de mi vida"

Una voz detrás de ella hizo que su corazón se revolucionara. Reconoció aquella voz al instante y aunque intentó que no la viera, éste se acercó a ella nada más reconocerla.

—¿Hermione? —preguntó sorprendido.

—Buenos días Ian. ¿Qué tal estas? —Se levantó para saludarlo.

—Muy bien. ¿Estás embarazada? —preguntó directamente.

—¡Ah no! Vengo a una revisión ordinaria. Nada importante —mintió para no tener que darle explicaciones.

—Este es especialista en maternidad, por eso me ha sorprendido.

—Me han dicho que es muy bueno en general y quería que me atendiera él.

—Espero que todo esté bien. —Hermione le regaló una sonrisa —. Mira, esta es María.

—¡Encantada! —saludó la mujer que lo acompañaba.

—Igualmente —Hermione sonrió nerviosa—. Ian muchas gracias por firmar los papeles del divorcio.

—Hermione, es lo mínimo que podía hacer. Sé que te hice mucho daño y aunque ya te pedí disculpas, lo vuelvo a hacer.

—No te preocupes, todo está olvidado. Ahora te deseo —miró a la mujer y rectificó—, os deseo que seáis muy felices. Y enhorabuena porque seguro que vosotros sí estáis aquí porque vais a ser padres, ¿verdad?

—Sí, María está embarazada de un mes y medio. Hoy es su primera revisión y estamos muy nerviosos.

El silencio reinó entre ellos, los dos estaban recordando lo mismo. La primera vez que fueron a su primera revisión juntos, cuando ella estaba esperando un hijo de él, justo unos días antes de perderlo. Era un recuerdo bonito y seguro que hubiera sido maravilloso que ese bebé hubiera nacido. En ese momento ambos estaban sintiendo lo mismo que aquella primera vez, pero con la diferencia de que cada uno esperaba un bebé de personas diferentes.

—Os deseo mucha suerte en el embarazo y que salga todo bien.

En ese momento la enfermera nombró a Hermione y tras despedirse con un escueto adiós, entró nerviosa a su primera cita al doctor como futura madre. Tras revisar bien a la paciente, el doctor la felicitó y tranquilizó ante su miedo de un nuevo aborto.

—Todo está bien, tranquila. En la siguiente consulta, que será en unas semanas, escucharemos el latir del corazón y podremos verlo. ¿Le puedo hacer una pregunta? —Hermione asintió—. ¿En su familia hay antecedentes de mellizos o gemelos?

—Que yo sepa no, ¿por qué lo pregunta?

El médico vaciló unos segundos y finalmente dijo:

—Parece que su tripa está más abultada de lo normal.

—¿Podría ser que estuviera esperando dos bebés?

—Todo es posible. A mí, personalmente, no me gusta hacer un hechizo en la primera consulta, lo descubriremos en la siguiente. Pero tranquila, no es seguro y los embarazos múltiples no suelen ser muy habituales y menos sin antecedentes familiares, en magos.

Hermione salió de la consulta y apenas dirigió la mirada hacia Ian y su novia. A partir de ese día, emprendía un nuevo camino muy ilusionada y sabía que ya nunca volvería a estar sola.