Narrado por Candy
Él me besa suavemente, me odio, debí mantenerme molesta más tiempo, pero él derriba todas mis barreras cuando me mira con sus preciosos ojos del color del océano ¡Vamos Candy eres muy débil! Me digo a mí misma, es que no puedo dejar de idiotizarme cuando lo tengo cerca, aún así trataré de seguir con mi plan, si piensa que por haberle entregado mi cuerpo, le da el derecho de creerse mi dueño y presumirlo ante todos, está muy equivocado, solo espero mantenerme firme y no terminar sucumbiendo a sus encantos.
- ¿Candy? ¿Me escuchas? -
- Ah no no - respondo atontada.
- ¿En qué pensabas Pequeña Pecosa?-me toma de la barbilla y de nuevo me estremezco por su voz... cuanto odio cuando me desarma así, Candy por Dios debes ser fuerte.
- Es que tengo hambre- respondo lo primero que se me viene a la cabeza, aunque es cierto, yo siempre tengo hambre.
- Yo también Pecas, salgamos a comer- Salimos rumbo al salón de té.
- Estos trenes tienen mucha clase - le digo admirando el lugar.
- Sí son los mejores de América, cuando hagamos la gira, será en estos que recorreremos casi todo el país, son casi tres meses viajando y quiero que vayas conmigo, será algo así como la luna de miel que no tendremos, aunque te prometo llevarte a Escocia y a París cuando la guerra termine -
- Terry ¿en serio?- él asiente.
- Uy que emoción, será muy romántico regresar a Escocia y revivir ese maravilloso verano- recuerdo soñadoramente nuestro primer beso ¿cómo olvidarlo? Aunque ahora que lo pienso él estaba nervioso ese día, se quedó atontado como generalmente lo hago yo, fue por eso que me robó el beso y yo lo terminé golpeando.
- Terry, lamento lo que pasó, en ya sabes, nuestro primer beso, no sé porqué te golpee, es que no me lo esperaba, fue mi primer beso ¿sabes? Y no me lo había imaginado así, sino más romántico, lo siento, de verdad, te debía esta disculpa - le digo con palabras atropelladas.
- Candy ¿en serio fue tu primer beso?- me mira incrédulo.
- Sí ¿porqué lo preguntas? Es obvio - le digo mientras tomo mi limonada.
- No Pecas, no es obvio, pensé que el jardinero te había besado - él toma su té caliente entre sus manos.
- Se llamaba Anthony y no, nunca me besó, éramos solo unos niños y nunca se dio el momento-
- Candy quieres decir que.. - él se queda pensativo aunque sé muy bien lo que está pensando.
- Sí, tú has sido el único hombre que me ha besado y que me ha hecho el amor- él me mira enternecido.
- Gracias Pecas, me siento muy afortunado -sus ojos color azul zafiro chispean, mientras mi estómago revolotea, mmm está usando todas sus armas conmigo y lo peor es que le están dando resultado.
- Yo también me siento muy afortunada - le respondo y él sigue mirándome intensamente.
- Candy, ¿puedo preguntarte algo sin que te enojes? -
- Depende-
- Bueno, ¿porqué le diste una carta al Elegante?-
- No es asunto tuyo, Terry - le contesto pero él me mira inexpresivo, tendré que contarle... con su imaginación ya debe estar pensando que era una carta de amor.
- Bueno te lo diré, era una carta de Annie, decidió romper su relación con él, no solo por lo que pasó anoche, sino porque decidió ir a la Universidad de Florida con Paty, así que quiere darse un tiempo para pensar y definir sus sentimientos-
- ¿Quién lo diría, la tímida al fin con algo de amor propio?-
- ¡Terry! -
- Es cierto Candy, ella siempre se veía muy enamorada de él, en cambio el trato del Elegante siempre ha sido despreocupado, él sabe que la tiene a sus pies y no la valora-Terry tiene razón, los quiero tanto a ambos, que no noté que no eran felices juntos.
- ¿Entonces estuviste con ella temprano?- ya me extrañaba que no me haya preguntado qué hice en la mañana y ahora lo está haciendo muy sutilmente.
- Si quieres saber que fue lo que hice temprano, te lo diré, desayuné con ella y con Paty y luego fui al Hospital a poner mi renuncia y a despedirme de mis compañeras y de los pacientes, fueron todos muy amables conmigo, los extrañaré - le contesto melancólica.
- Candy, puedes hacer lo que quieras con tu carrera de enfermera, trabajar o hacer una especialización, quiero que sepas que amo lo que eres y no trataré de cambiarte nunca - soy muy dichosa por tener a un hombre como él, que siempre me ha amado por ser yo misma.
- Gracias Terry, lo pensaré, aún no sé qué haré- le sonrío feliz.
- Vamos al salón de música, Pecas - me dice, hay muchos curiosos viéndonos, aunque yo me puse un sombrero que tapa parte de mi cara y Terry lleva su abrigo, bufanda y boina, parece que alguien nos ha reconocido.
- Sí vamos- me toma de la mano, llegamos hasta la salita de música, hay solo una pareja, de una edad parecida a la nuestra, ya sentados en el piano, así que nos acomodamos en un sillón que está al lado de la ventana.
- Pecas ya que estamos hablando del pasado ¿cómo es eso que te fuiste del colegio detrás mío y sin dinero? - me mira interrogante.
- Es cierto Terry - me sonrojo - ya no me sentía bien estando en ese colegio, así que tome mi maleta y me fui caminando, pero me subí a una carreta que me llevó en dirección equivocada al puerto, así que pasé varias aventuras, dormí en un granero, trabajé cocinando y me vine de polizón en el barco, hasta que llegué a América -
- Jajaja- Terry se ríe escandalosamente, pero de repente se pone serio, me abraza muy fuerte y mete su cara en mi cabello, suspirando.
- Sabes que me hubiera muerto si algo malo te hubiera pasado... - me dice en un susurro. - Candy yo de verdad lamento haberme ido sin hablarlo contigo primero, no tuve el valor, así que solo te lo expliqué en esa pequeña carta... - suspira- estaba seguro que me dirías que te irías conmigo y aunque eso era lo que realmente deseaba, no tenía dinero ni una vida que ofrecerte, mi plan siempre fue convertirme en actor y apenas tuviera una paga decente, traerte de Inglaterra para que te casaras conmigo - su declaración hace que mi piel se erice y me dan muchas ganas de llorar, una sola lágrima cae por mi rostro, recordar el barco alejarse siempre hace que mi corazón se parta en miles de pedazos.
- Vamos Pecas no llores - me abraza y me mira directo a los ojos.
- Lo siento, no lo puedo evitar, verte partir en ese barco fue muy doloroso y cada vez que lo recuerdo me dan ganas de llorar - él me abraza más fuerte.
- Perdóname, te prometo que nunca más me alejaré de ti- me dice muy cerca de mis labios, lastimosamente no podemos besarnos en un lugar público, esta hipócrita sociedad, no le veo nada de malo en besarse, pero con solo rozar nuestros labios todos se escandalizarían.
- Vamos al camarote Candy-
- No te pases de listo Terry, hice una promesa y la cumpliré - le respondo molesta.
- Que mal pensada que eres Pecosa, yo decía yo a la mía y tú a la tuya, pero al parecer tienes una mente muy sucia Señorita - me dice sonriendo de lado.
- ¡Terry! - me sonrojo, en realidad tiene razón yo lo supuse, es que me muero porque me haga el amor, mejor hubiera inventado, no sé, que escribiera en un papel 100 veces "No hablaré de mi intimidad con Candy" pero yo y mis grandes ideas ¿en qué momento se me ocurrió mantener la castidad tres semanas? Ahora no sé si el castigo es para él o para mí.
- Aunque podríamos ir a mi camarote a besarnos, ¿eso sí está permitido, cierto? -me mira bromista.
- Mmmm bueno sí pero no sé-
- ¿Acaso no confías en ti, Candy?-
- Claro que confío en mí - Dios, soy una mentirosa.
- Vamos entonces- nos vamos tomados de la mano, ay no Candy no aprendes... vas a necesitar pensar en otra cosa, mmm en Sor Gray o en la tía Abuela, sí tengo que distraerme con algo.
Entramos a su camarote y él se sienta en la cama y toma fuerte mi brazo atrayéndome hacia él.
- ¡Terry!- lo regaño, está tentándome demasiado.
- Vamos Pecas serán solo unos besos, nada de qué preocuparse- me dice insinuante muy cerca de mis labios, inmediatamente siento un cosquilleo en la lengua y trago saliva.
- ¿Qué pasa Candy, te pongo nerviosa?-
- ¡Engreído! - le respondo para ocultar la verdad.
Él se ríe y comienza a besarme suavemente, siento un escalofrío que me cruza por todo el cuerpo, toma la cinta de mi cabello y la suelta, desarmando mi peinado, al parecer le gusta mucho suelto, dejaré de hacerme estas coletas de niña, ya es tiempo de crecer, eso Candy sigue así, pensemos en todos los peinados que debes hacerte, siento como su mano toca mi hombro, Candy debes usar tu fuerza de voluntad, me insisto, él sigue besándome pero ahora lo hace más apasionadamente, de mi estúpida boca sale un gemido, voy a sucumbir, así que paro el beso y me levanto rápido.
- Terry me voy -
- Pecas, quédate - me dice muy sensualmente.
- No, Dorothy está sola, pediré la cena en el camarote para comer con ella, estoy muy cansada, casi no dormí ayer y muero de sueño - en realidad sí estoy exhausta, apenas pegué el ojo anoche.
- Yo tampoco dormí nada anoche, pero ven quédate solo un rato más- me tiemblan las piernas.
- Un beso más - le digo ¡uy Candy eres débil! Ya lo habías logrado, ahora estás de nuevo en la tentación.
- Entonces que valga la pena - me dice mientras que arrastra a la cama y me acomoda hasta quedar sentada encima de él, Dios no, siento su erección justamente en mi punto de placer y me besa directamente en el cuello, mi desobediente zona íntima comienza a contraerse y unas ansias de que me llene toda me comienzan a enloquecer. Recuerdo mi promesa, no Candy no puedes hacer una promesa por tres semanas y no aguantar ni un día. Me armo de valor y me levanto.
- Candy... ven, no me dejes así dos días seguidos - me dice mientras toma su masculinidad por encima del pantalón. Se ve enorme, que desperdicio... ¡Candy concéntrate! Mi voz interior está arruinándome.
- Hasta mañana, te prometí un solo beso- le guiño un ojo y le tiro un beso volado, jamás me acercaría de nuevo, estoy segura que no resistiría la tentación.
- Adiós Pecosa despiadada - me dice cuando cierro la puerta, ¡uff estuvo cerca! A este paso no cumplirás tu autocondena ni una semana y estoy siendo positiva.
Continuará...
Hagan sus apuestas chicas
¿Cuánto tiempo más creen que le durará la castidad autoimpuesta?
