Capítulo 22
No volvieron al palacio hasta el día siguiente. Naruto quería asegurarse de que Hinata estuviera bien descansada antes de transformarse de nuevo y volar una distancia tan larga. Por supuesto, una vez que le enseñó a transformarse de nuevo en su forma de dragón, el dragón de Naruto tenía otras ideas… las cuales implicaban persecución y captura.
Era bien entrada la noche en el momento en que aterrizaron y Hinata estaba débil por la fatiga. Tan pronto como aterrizaron en su balcón, Naruto la tomó en sus brazos antes de que ella colapsara en un charco en el frío suelo de piedra. La llevó al baño, donde la lavó suavemente antes de ponerla sobre la cama. Hinata recordaba muy poco de esto.
Era tarde por la mañana antes de que Hinata despertara con unos golpes en la puerta exterior del conjunto de habitaciones que compartían ella y Naruto.
Apenas tuvo tiempo para conseguir una bata de seda antes de que las puertas se abrieran y entraran trotando Sakura, Temari, Ino y Hanabi con sus respectivas nuevas mascotas Simbiosis.
—¡Buenos días!— dijo Hanabi alegremente mientras ponía una bandeja llena de comida sobre una mesa baja. — Pensamos que estarías hambrienta.
—No, ¡querías una excusa para averiguar lo que pasó!— dijo Sakura con una sonrisa mientras tomaba una pieza de fruta de la bandeja y la mordía. —Maldita sea, tienen algunos buenos frutos aquí.
—Entonces, ¿nos dices todos los buenos y jugosos detalles? ¿He oído que freíste a Madara? ¿Cómo hiciste eso? — dijo Ino mientras colocaba otra bandeja con las tazas y una gran jarra de algo que olía sospechosamente parecido a café en otra mesa pequeña.
Temari no dijo una palabra, pero se acercó a una silla y se sentó en silencio, mirándola con curiosidad. Hinata miró a las mujeres que habían sido más como sus hermanas.
Aceptando una taza de café de Ino y un plato de comida de Hanabi, se dejó caer sobre los mullidos cojines del sofá y tiró de sus pies desnudos bajo ella.
Apartándose el pelo de la cara, tomó un sorbo de café antes de responder
—Me transformé, puedo convertirme en un dragón.
Hinata esperó a que la noticia de lo que acababa de decir penetrara en las mujeres sentadas a su alrededor. Miró a cada una por debajo de sus pestañas mientras bebía más de su café. Ino y Sakura la miraban con la boca abierta, Hanabi tenía una sonrisa tortuosa llena de picardía en su cara, y Temari la estudió con una expresión en su cara que no podía definir.
—¡Eso. Es. Tan. Genial!— dijo con entusiasmo Hanabi levantando la voz mientras su excitación crecía. —¿Cómo lo hiciste? ¿Puedo hacerlo yo? Oh. Mi. Dios. Tengo que ser capaz de hacerlo. ¡Podría empujar totalmente a Konohamaru de su siempre amorosa mente de mierda! Oh Hinata, tienes que enseñarme. ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor!
Las otras tres mujeres miraron de Hanabi a Hinata. De repente, una pequeña risa llenó el aire seguido de risas incontrolables. Todos los ojos se giraron sin dar crédito de donde las risas venían.
Temari se secó los ojos tratando de evitar reírse
—Oh Hinata, por favor, enséñanos. Me gustaría ser capaz de dar a otra persona el infierno y estoy segura de que podría pensar en cientos de formas diferentes de hacerlo en la forma de un dragón.
Pronto, todas las mujeres se reían e inventaban formas en que podrían empujar a los hombres a la locura por el cambio entre ser humano y dragón y el uso de la Simbiosis.
Hanabi fue la más creativa, pero a Temari se le ocurrió la más tortuosa.
Cuando Naruto entró en la habitación un par de horas más tarde encontró a las cinco mujeres histéricas. Tuvo una mala, muy mala sensación sintiendo que él y sus hermanos estaban en problemas.
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Naruto miró a Hinata, asegurándose de que estaba cómoda antes de acercarse a hablar con su hermano Sai. Era la primera vez que habían cenado con otros machos desde la transformación de Hinata y el primer celo de su dragón. Sabía que otros machos serían capaces de percibir lo que estaba ocurriéndole al dragón de Hinata y podrían inquietarse. Hinata era muy sexual, mucho más que las mujeres normales Bijuu. Su dragón lo era aún más ahora que estaba pasando por su primer celo y enviaba feromonas dejando a otros machos saber que era sexualmente activa.
Normalmente, las mujeres pasaban por su primer celo a una edad temprana y las mujeres mayores ayudaban a guiarlas a través de ese proceso, seleccionando a los hombres adecuados para que las mujeres jóvenes disfrutaran con su nuevo despertar sexual.
Dado que las hembras no se reproducirían, excepto con aquellos machos con quienes eventualmente se aparearían, se daba tanto a los machos como a las hembras la oportunidad de probar y disfrutar los unos de los otros.
Naruto no quería que Hinata degustara o disfrutara de cualquier otro varón. Era muy cierto que siendo una verdadera pareja, normalmente ella no querría a ningún otro macho; pero, no estaba seguro de sus sentimientos mientras estuviera experimentando el celo.
Por desgracia, estar en celo significaba que otros machos la desearían. Tenía la sensación de que iba a pasar mucho tiempo luchando contra los machos quienes pensarían que eran lo suficientemente fuertes como para alejarla de él.
No se preocupaba mucho por sus hermanos. Parecían estar muy ocupados tratando de aparearse con las otras hembras que llegaron de la Tierra con él. Era sobre todos los demás guerreros en Bijuu.
—¿Estás bien, hermano? Pareces un poco tenso.— preguntó Sai mientras le entregaba un trago a Naruto.
Naruto entrecerró los ojos viendo como uno de los muchos hombres que estaban comiendo en el enorme comedor del palacio se movió a través de la gran sala para colocarse más cerca de Hinata.
— Hinata tuvo su primera transformación la noche en que se escapó de Madara. Su dragón está en celo.
Sai siguió la mirada de Naruto frunciendo el ceño.
—Ah, esto explicaría el aroma que olí los últimos días.
Los ojos de Naruto se dieron la vuelta para mirar a su hermano.
—¿Podías olerla fuera de nuestras habitaciones?
—Sí.— Sai se rió. —Su olor es muy fuerte. Lo capté tan pronto como estuvisteis de vuelta en el palacio.
Naruto gruñó cuando miró hacia atrás y se dio cuenta de que aquel macho se había sentado junto a Hinata. Ella estaba tratando de deslizarse hasta el final el sofá sólo para notar que otro macho se había acercado y sentado al otro lado de ella.
—No te envidio. Tengo suficientes problemas tratando de controlarme alrededor de la hembra llamada Ino. Es sólo que no entiendo a estas hembras humanas. Le hice saber que deseaba tener sexo con ella y me dijo que podía, cito, 'follarme a mí mismo'. ¡Yo no quiero hacerlo conmigo mismo! Ese es el punto para decirle que quería tener sexo con ella.
Naruto escuchó a medias mientras Sai pasó a discutir algunas de las otras cosas que Ino había dicho que podía hacer su hermano.
Pudo sentir la rabia construyéndose cuando uno de los hombres puso su brazo en el respaldo del sofá en donde Hinata estaba sentada mientras que el otro tomó su mano y la llevó hasta su boca para presionar un beso en sus nudillos.
Naruto tuvo suficiente cuando aquel brazo en el respaldo del sofá se movió y cogió un mechón de pelo de Hinata para olerlo. Sintió el rugido de su dragón, mientras el calor comenzaba a construirse en su interior.
Hinata tiró de la mano otra vez tratando de romper el sorprendentemente fuerte agarre de ese hombre (del cual no podía recordar su nombre) que la había estado molestando durante los últimos diez minutos.
¿Dónde está Naruto? Se fue a hablar con uno de sus hermanos hace un rato. ¡Seguramente debería haber regresado, a estas alturas!
Hinata se inclinó hacia adelante mientras el otro hombre, que se llamaba Kiba, puso su brazo sobre el respaldo del sofá. Estaba tratando en vano de moverse lejos del barbudo que estaba frotando sus dedos a lo largo de su hombro.
Cuando él se acercó y agarró una porción de su cabello, le hizo falta todo su control no darle un codazo en el intestino. Una cosa era que Naruto pusiera sus manos sobre ella y otra muy distinta que lo hicieran otros hombres.
Cuando Míster 'no-recuerdo-su-nombre', comenzó a lamer sus nudillos, tuvo suficiente. Poniéndose de pie, comenzó a alejarse sólo para encontrarse atrapada entre los dos hombres, uno delante y otro detrás de ella.
—Por favor, alejaros.— pidió Hinata en voz baja sintiéndose muy incómoda a medida que más hombres comenzaron a moverse a su alrededor.
—¡Moveos o morid!— gruñó Naruto mientras se abría camino en el creciente círculo de hombres que estaba rodeando a Hinata.
Naruto envolvió su brazo alrededor de Hinata, gruñendo a aquellos hombres.
—¡Mía!
Kiba dio un paso adelante.
—Ella está en celo. De acuerdo con la ley, cualquier hembra en celo está disponible para cualquier hombre que la desee para satisfacer sus necesidades.
Naruto empujó a Hinata a su espalda.
—Ella es mi pareja verdadera y no está sujeta a las leyes de una mujer sin pareja.
Otro macho gruñó
—Quiero follármela. Compártela con nosotros, como es nuestra costumbre.
—¡Nunca!— gruñó Naruto mientras su cara comenzó a alargarse cuando medio-cambió a su forma dragón.
Otro macho se acercó al sofá y agarró a Hinata de la cintura, tirando de ella hacia arriba y delante de él.
Hinata gritó y trató de asirse a Naruto cuando un par de enormes brazos la agarró por detrás. Naruto dio la vuelta saltando sobre el sofá y dando un puñetazo en la cara de ese hombre.
—¡Mía!— rugió más fuerte.
De pronto, Hinata se vió rodeada por los otros cuatro hermanos de Naruto y, para su sorpresa, también por Hanabi, Sakura, Temari e Ino. Hanabi había agarrado un par de tapaderas de ollas y estaba manteniéndolas delante de ella, Sakura e Ino habían agarrado cada una un juego de cuchillos de la mesa y adoptado una pose defensiva, mientras Temari se enderezó con los brazos a sus costados y los pies ligeramente separados. Lo que daba miedo era la expresión de su rostro, como si estuviera pidiendo a aquellos hombres que le dieran una excusa para patear sus culos.
— Naruto, será mejor que ella saque el infierno fuera de aquí hasta que se termine.— dijo Shikamaru en voz baja, sin apartar los ojos de Temari.
Entonces, Shikamaru gruñó hacia Temari.
—Trae tu culo aquí junto a mí ahora, Temari.
Naruto se movió lentamente hacia las enormes puertas dobles, gruñendo y mostrando sus dientes a cualquier hombre que se moviese hacia él y Hinata. Empujó suavemente a Hinata detrás de él hasta que ambos estuvieron fuera de la puerta.
Una vez que estuvieron fuera de la habitación, Naruto se volvió, recogió a Hinata en sus brazos y empezó a correr hacia su suite llamando a su Simbiosis para que se preparase para ambos. Azotando la puerta detrás de él, puso a Hinata hacia abajo y cerró la puerta.
—Empaca algunas cosas. Necesito llevarte lejos de aquí por un par de semanas.— dijo Naruto sombríamente mientras se movía hacia su dormitorio.
Hinata se quedó en aturdido silencio por un momento antes de seguir a Naruto. Su mirada le siguió mientras se movía de un lado a otro entre su armario y los cajones de la cómoda, observándole mientras empujaba artículos al azar en una bolsa grande. Parecía furioso mientras caminaba rápidamente de lado a lado murmurando maldiciones entre dientes.
—¿Qué demonios acaba de pasar allí?— preguntó Hinata en voz baja.
Los tendones en el cuello de Naruto sobresalieron mientras luchaba por controlar su rabia.
—Estás en celo.
—¿Estoy en qué?— preguntó Hinata con asombro.
Naruto miró a Hinata, su rostro ablandándose ante la mirada de sorpresa en su rostro. Se acercó a ella y le dio un beso en los labios.
Olfateando profundamente, no pudo contener el ruido sordo de la respuesta de su dragón por ella.
—Estás en celo, Elila. Hueles tan condenadamente bien que todos los machos quieren follarte.
—¿Me puedes oler?— chilló Hinata.
—Oh, sí. Y también puede olerte cada macho dentro de un radio de un kilometro. El primer celo es el más intenso, pero eso no importaría, todavía estarían todos queriendo follarte tanto como yo lo deseo en este momento.
Naruto gimió en silencio mientras presionaba su caliente erección contra la palma de la mano de Hinata.
Hinata se ruborizó a un rojo brillante
—¿Podían olerme?— susurró, cerrando sus dedos alrededor de la dura longitud de Naruto.
—Sí. Tengo que llevarte lejos de aquí hasta que haya terminado, de lo contrario, me veré luchando con todos los machos en este palacio.
—Oh.
Continuará...
