Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece
CAPÍTULO 23
El silencio reinó en la habitación. Emma y Sakura pasaban la mirada de la anciana a Eva, mientras ellas dos se observaban fijamente, la primera con una sonrisa en el rostro, y la segunda con expresión de seriedad. Unos cuantos segundos pasaron, antes de que una fuerte carcajada resonara en la recámara.
―¡Eso es lo más ridículo que he escuchado en mi vida! Yo, hermosa y perfecta, madre del idiota y feo de mi primo. Lo siento, pero mis hijos serán como yo, no mis contrarios.
―El alma no tiene nada que ver con el cuerpo, muchacha ―explicó Cassandra―, y no es necesario tener mis dones, para darse cuenta que tu vínculo con él es tan fuerte, como el que solo una madre puede tener con su hijo.
―Eres mi suegra ―balbuceó Sakura, con una sonrisa bailando en su rostro.
―¡Cállate, Sakura! ―ordenó Eva, bufando―. Esto no tiene sentido. ―Miró entonces a Cassandra―. Usted no puede saberlo.
―Dime algo, ¿crees en la reencarnación? ―preguntó la señora, que aún no había apartado la vista del hermoso rostro de Eva.
―Sí, claro que creo, es solo que…
―Es como aquel que se afama de pertenecer a una religión, e incluso, menosprecia a otros por no hacer lo mismo, pero nunca va a la iglesia. ―La anciana chasqueó la lengua, y negó con la cabeza―. El alma de este joven quedó con un asunto pendiente en su pasado, algo que debía concluir, y según lo que sabemos hasta el momento, era algo muy importante. ―Miró a Sakura y le sonrió con ternura, haciéndola sonrojar―. Cuando nuestras almas quedan con asuntos pendientes, no somos enviados solos a nuestra nueva vida.
Alguien que nos amó mucho, y con el cuál teníamos una gran conexión espiritual, nos acompañará, para continuar protegiéndonos. »Kopján, como dice Sakura que se llamaba Sasuke, fue enviado con la mujer que lo amó más que a su propia vida, que estaba dispuesta a cualquier cosa por evitarle sufrimientos, y que falló en su misión, o al menos, eso consideró al saberlo muerto.
En esta vida, no solo está para continuar con esa tarea, sino también, para que su alma pueda estar en paz consigo misma, por no haber podido salvar a ese ser amado. Esa mujer era su madre. Esa mujer eres tú, Eva. ¿Acaso no has sentido toda tu vida, que tu primo y tú, han compartido un vínculo mucho mayor, que el de dicho parentesco?
No sé cómo eran de niños, pero puedo apostar a que tú eras su sombra, a pesar de que, si no estoy mal, eres menor que él; que preferías estar con él, que con otras niñas de tu edad, y a él le pasaba lo mismo. »Siempre han sido uno solo. A donde uno mira, el otro también; si uno es feliz, el otro disfruta el momento; y si uno sufre, el otro se desgarrará en llanto. Y más que esa cercanía, puedo decirte que toda tu vida has deseado protegerlo; incluso, cuando eras una niña indefensa, lo mirabas y lo veías como alguien vulnerable, que necesitaba de tu cuidado y supervisión. Tanto es así, que solo tú conoces los secretos más oscuros de su corazón, y estarías dispuesta a pagar por ellos, a pesar de que no te pertenecen.
―Se enderezó en su asiento. Sus ojos se tornaron intensos, y su mirada revelaba que estaba completamente segura de sus afirmaciones―. ¿Algo de lo que he dicho te suena familiar? Por primera vez en toda su vida, Eva se había quedado en realidad sin palabras. La mujer segura de sí misma, que a nadie le temía, y que estaba tan acostumbrada a dar órdenes, como a respirar, le había llegado el momento en que alguien la tomó con la guardia baja. Su rostro mostraba un sinfín de emociones que la embargaban, mientras su boca se encontraba levemente abierta, intentando pronunciar frases que no llegaban. Su tez se tornó roja hasta el escote, el pecho le subía y bajaba con agitación, la mandíbula empezó a temblarle, y una lágrima rodó por su mejilla. Bajó entonces la cabeza, y se quedó en silencio.
―Eva ―susurró Sakura. La joven negó con la cabeza, y se levantó de la cama. ―Emma, necesito estar sola. La rubia asintió, se dirigió a la puerta, y la abrió para ella. ―La siguiente habitación es la de Marcus. No vendrá hasta tarde, así que no hay problema. Eva asintió, y se dirigió hacia el lugar señalado. Por algunos minutos, después de que Emma cerrara la puerta de nuevo, nadie pronunció palabra, hasta que ella misma rompió el silencio, abruptamente.
―Si Sasuke fue enviado con Eva, que era su madre, Sakura con quién…
―Con Naruto ―respondió Sakura con firmeza, sin sorprenderse en lo más mínimo por sus propias palabras.
―¿Quién es Naruto, niña? ―preguntó Cassandra. Sakura la miró, y en sus ojos comenzaron a asomar las lágrimas.
―Es mi… ―Iba a decir «mejor amigo», solo que imágenes de los momentos que había pasado al lado del chico, llegaron a su mente, y la silenciaron: los ratos tristes y los felices, las risas y las lágrimas, las bromas, los abrazos, las palabras de cariño y aliento, el incondicional apoyo, y los sentimientos que sentían el uno por el otro.
Recordó también las visiones que había tenido sobre su anterior vida, y aunque en ellas no vislumbró a algún hombre, aparte de Kopján, sabía que tenía un hermano celoso, que no gustaba mucho del muchacho que ella amaba. Una risita escapó de sus labios, y sacudió la cabeza con diversión. No estaba sorprendida. Siempre supo que tal como Eva y Sasuke, ellos dos compartían un vínculo muy fuerte, que le hacía sentir que lo conocía de toda la vida. Levantó la mirada y aseguró con voz firme―: Mi hermano. Naruto es mi hermano. Cassandra asintió y sonrió.
―Ya vas entendiendo, niña. Así es mejor para ti.
―¿Sabes qué le pasó a Eva? ―preguntó Sasuke, mientras le quitaba a Sakura la blusa. Era un ritual que tenía todas las noches, no había lujuria en el acto, solo ternura y cariño. La desvestía por completo, y le colocaba el pijama, para luego de conversar sobre los sucesos del día, dejarla desnuda de nuevo, hasta la mañana siguiente.
―¿Por qué lo dices? ―preguntó la chica con recelo, levantando los brazos. Luego de que abandonaron la casa de Emma, Eva no pronunció palabra alguna. Sakura intentó hacerla hablar, manifestándole su preocupación por su estado; sin embargo, ella solo respondía con una sacudida de cabeza, y una media sonrisa, que apenas llegaba a mueca. Comprendió que lo mejor era no molestarla más, necesitaba pensar, y más que todo, asimilar tan gran descubrimiento; por lo que decidió dejarla en paz. Una vez llegaron a la mansión, la mujer se despidió rápidamente, y se fue sin más demora. En definitiva, quería estar sola.
―Cuando llegó a la oficina, luego de pasar la mañana contigo, se mostró muy extraña.
―¿En qué sentido? ―Sabes que yo la quiero, y ella a mí, pero no es una mujer que se caracterice por ser cariñosa, y eso es lo que más me desconcertó. Entró a mi oficina, corrió hacia mí, me abrazó con fuerza, y cuando se separó, estaba llorando. Te juro que pensé que algo malo le había sucedido, hasta que me sonrió, me besó en la frente y luego en las mejillas, como si tuviera años de no verme; y por último, me dijo que me amaba con toda su alma.
―¿Y qué hiciste? ―Le dije que yo también ―respondió, encogiéndose de hombros, indicando lo obvio. Sakura sonrió y lo abrazó por la cintura, apoyando el rostro en su abdomen.
―Ella está perfectamente. Creo que nunca ha estado mejor.
―Eso espero. Aunque me gusta la Eva tierna, prefiero a la caprichosa y malcriada. Esa al menos no me llena el rostro de babas. Sakura rio fuertemente, y Sasuke la secundó. Ella también se había emocionado con el descubrimiento, por lo que no perdió tiempo en llamar a Naruto, para decirle que lo amaba.
―Yo también te amo, princesa. ¿Estás bien? ¿El imbécil ese te hizo algo? Sakura había soltado una risita, y sacudido la cabeza.
―No, solo quería decírtelo. El chico se había tranquilizado al escucharla reír, y luego de conversar un rato, se despidieron. El muchacho también había deseado protegerla en aquella vida, y había fallado, por eso se comportaba con ella de esa manera en el presente, no queriendo perderla de nuevo. Sasuke la vistió con una bata larga de seda, color blanco perla, con encaje en el extremo del escote, y se acostó a su lado, desnudo.
―Nena, quiero proponerte algo ―dijo, mientras jugueteaba con el encaje del escote de la bata, que ya dejaba ver el inicio de uno de sus pezones. Sabía que esta no duraría mucho tiempo cubriendo su cuerpo. Sakura le rodeó los hombros con un brazo, haciéndolo apoyar la cabeza arriba de su pecho.
―Aunque me preocupa cuando tomas decisiones arbitrarias, más me asustas cuando me preguntas. Sasuke levantó la cabeza, y la miró a los ojos.
―¿No confías en mí? La chica frunció los labios, y movió la cabeza de un lado al otro, como sopesando la respuesta.
―No mucho, pero te escucho. Él se la quedó mirando por unos segundos, por lo que ella entendió que se había tomado su respuesta de forma literal. Estaba dolido. Agachó entonces la cabeza, y lo besó en la frente, para alejar sus miedos.
―Era broma, confío plenamente en ti.
―No deberías ―afirmó en tono serio, y recostó de nuevo la cabeza―. Te he hecho cosas horribles, he amenazado a tu familia, y lo peor de todo, es que no me importaría cumplir mis amenazas, si en algún momento decides que te has cansado de mí. Soy peligroso para ti y los que amas, Sakura. No deberías confiar en mí. Sakura suspiró, y deslizándose en la cama, quedó al mismo nivel de él. Le tomó el rostro entre las manos, y lo hizo mirarla a los ojos.
―Tú estás en ese grupo de personas que amo, y tus amenazas ya no me asustan en lo más mínimo, ya que si algún día te llego a dejar, será porque he muerto. Christopher se estremeció ante la mención de la última palabra, cerró los ojos, y gimió con angustia.
―No vuelvas a decir eso. Yo moriré primero, así debe ser.
―Eso no lo sabemos ―afirmó la chica, acariciándole la mejilla―. Lo único de lo que estoy segura, es de que te amo, y que jamás me alejaré de ti. No podría. Sasuke la contempló por un rato, como si tratara de buscar atisbos de engaño, o miedo en su expresión, y solo encontró el amor que ella sentía por él.
―Eres mía ―afirmó de forma posesiva. ―Sí, lo soy. Solo tuya. Lo sabes. Juntó sus labios a los de él, y lo besó apasionadamente. Lo deseaba, lo amaba, y quería demostrárselo, así como él lo hacía cada vez que podía. Sasuke la abrazó por la cintura, la acercó a su cuerpo con delicadeza, y bajó la mano, pasando por las nalgas y los muslos, para comenzar a subirle la bata de seda, acariciándole la piel, sensibilizándola al punto de que un estremecimiento la recorrió, y la hizo gemir en medio del beso.
El gruñido que se escuchó, fue seguido por el sonido del desgarre de la tela. Sasuke había tomado uno de los tirantes de la bata, y lo haló con tanta fuerza, que la tela cedió ante el ímpetu de un amante hambriento, del cuerpo de su mujer.
―No sé para qué me vistes, si luego me arrancas la ropa.
―Me gusta sentir la emoción de desenvolver, cada noche, el regalo que Dios me ha dado ―confesó Sasuke, al tiempo que repartía besos en el níveo cuello. Sakura sonrió, y lo abrazó más fuerte. No tenía palabras con qué responder a esa hermosa declaración, y sabía que a él le bastaba con el amor que ella le profesaba. Lo empujó entonces por el pecho, haciéndolo caer sobre su espalda.
Sasuke la miró desconcertado, incluso con un deje de temor, que desapareció cuando la vio levantarse la bata hasta la cintura, y sentarse sobre sus caderas. Era una visión perfecta la que se mostraba ante él: el cabello color chocolate, le caía desordenado sobre los hombros, enmarcando un hermoso rostro, que parecía salido de la más perfecta fantasía; un provocativo seno se hallaba totalmente expuesto, sobre el encaje desgarrado, mientras el otro asomaba tímidamente tras la delgada tela.
El resto de la bata la tenía enrollada en la cintura, dejando ver unas delicadas y firmes piernas, a cada lado de sus caderas, y los brazos extendidos, apoyándose sobre su abdomen. Era una visión salvaje y provocativa, que incitaba a la lujuria y al desenfreno; y al mismo tiempo, era como una aparición angelical, pura y delicada, que merecía besos y caricias tiernas, que le procuraran un placer tan infinito como su belleza. El ángel provocador habló por fin.
―Esta idea me la dio Angie. Sasuke soltó una fuerte carcajada, y tomándola por la cintura, la ayudó a acomodarse sobre su erecto miembro, gimiendo los dos al tiempo.
―Ella me cae muy bien ―declaró Sasuke con una sonrisa.
―No imagino por qué. Los dos rieron, al recordar que esas líneas, ya habían sido pronunciadas con anterioridad. Sakura apoyó las manos en el fuerte pecho de su esposo, y levantó las caderas, para dejarlas caer rápidamente. Sasuke jadeó y movió su cuerpo, para iniciar la apasionada danza.
―¿Esto es peligroso para el bebé? ―preguntó Sasuke entre gemidos. Sakura negó con la cabeza, y se agachó para besarlo de manera hambrienta y necesitada. Fue ella quién le hizo abrir los labios, e introdujo la lengua, para poder saborear su boca. Le encantaba su sabor, le fascinaba deleitarse con la textura y el olor de su piel, y sobre todo, con la deliciosa sensación de lamerlo, y probar con su propia lengua, lo exquisito de su cuerpo. Recordó entonces la vez que había saboreado su erecto miembro, y degustado esas gotas que brotaban, gracias a su inexperta, y a su vez, ansiosa boca. En lo que podía considerar como una iluminación de Afrodita, le tomó el lóbulo de la oreja, y se lo chupó con fuerza.
―Quiero volver a saborearte, y esta vez, beber de ti ―susurró en su oído, y como respuesta, obtuvo un fuerte gruñido de placer, al tiempo que embestidas más rápidas y fuertes, que ella recibió gustosa. Los gemidos invadieron la habitación. Sasuke la tenía asegurada por las caderas, mientras que ella las movía a un ritmo que lo hacía cerrar los ojos, y perderse en el placer que su esposa le proporcionaba.
Así era como la había soñado desde el día en que la conoció, y como la había añorado, incluso, antes de que eso llegara a suceder. Para Sakura, era la forma de demostrarle cuánto lo amaba y deseaba, aunque para Sasuke , significaba mucho más. Él no era consciente de su vida pasada. El nombre de Kopján no significaba algo en su mente; sin embargo, su alma dictaba algo muy distinto. El que su esposa, su mujer, le hiciera el amor de esa forma, implicaba que él le pertenecía, y que ella lo reclamaba como tal.
Era como ella le demostraba que eran uno solo, por propia decisión, y no porque él la obligaba con amenazas o fuerza bruta. Así lo reconocía como su esposo, y le reafirmaba que era suya en cuerpo y alma, de igual forma, como él lo era también de ella. Sasuke no sabía de Kopján ni Erzsébet, pero cuando el empresario hacía el amor con su esposa Sakura, Kopján convertía en su mujer a Erzsébet.
Sin importar los nombres, eran hombre y mujer, dos cuerpos adorándose, mientras sus almas se reconocían. Los movimientos continuaron rítmicamente. Él entraba en su totalidad, y luego salía hasta un punto, para volver a embestirla con firmeza, ayudado por ella, que parecía saltar sobre sus caderas, provocando que un golpeteo se escuchara por toda la habitación, acompañado de los sonidos que emitían sus bocas. Un idioma que solo los amantes lograban entender. Luego de que el placer estalló en cada uno, al mismo tiempo, y sus gritos resonaron en las paredes, se tendieron uno frente al otro. Ella con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios, a diferencia de él, que observaba embelesado su rostro.
―¿Qué me querías proponer? ―preguntó Sakura sin abrir los ojos. Sasuke la besó en la mejilla, y luego en la punta de la nariz.
―Quiero que aprovechemos las fiestas para irnos de luna de miel. Sakura abrió los ojos y lo miró, sorprendida. «¿Me está preguntando, o me está avisando?». ―Pensé que la estábamos viviendo. Él sonrió, y la besó en los labios.
―No, nena. Di que sí, y te mostraré lo que es una verdadera luna de miel. «¡Me está preguntando!».
―Me gusta la idea ―dijo, cerrando los ojos de nuevo, y acomodándose contra el pecho de su esposo―. ¿Por cuánto tiempo? ―Hasta que te canses de tenerme dentro de ti ―respondió Sasuke, con voz sugerente.
―Entonces, comienza los trámites para que Kendal sea el nuevo presidente de UchihaWorld ―ordenó, y levantó la cabeza para besarlo en el cuello.
―Me gusta esa idea. Ya quiero empezar. Los preparativos para la real luna de miel comenzaron al día siguiente. La idea de Sasuke era que viajaran el lunes 18 de diciembre, a donde no había querido revelar, por mucho que Sakura le insistió, incluso a Eva, que le respondía que no quería morir tan joven y bella. Sasuke se dedicó a reuniones de trabajo, una tras otra, hasta altas horas de la noche, para poder dejar finiquitado el cierre de fin de año, y así, enviar a todos a vacaciones, sin dejar algo importante para los dos primeros meses del año siguiente; por lo que Sakura solo pudo verlo hasta el domingo por la tarde, cuando ya todo estaba listo para el viaje.
La orden era que Ron y Naomi se quedaran en la mansión, mientras que Sam y Leo serían transportados a una propiedad en Escocia, en donde habían nacido, porque los días que siguieron a la llegada de los perros, fueron un completo infierno. Los empleados mantenían un ojo sobre los gatos, y otro sobre los perros. La mansión Gillemot era tan grande, que al menos les permitía el respiro de asegurarse, de que los cuatro, no se encontraran en el mismo piso.
Cuando los gatos eran sacados a las terrazas, los perros eran entrados a la gran casa, y todas las puertas a las que podrían tener acceso al exterior, cerradas. De todas maneras nada de eso pudo impedir, que un par de veces, se escucharan aullidos de dolor, y gritos de empleados, que corrían a salvar la piel de los perros. Sakura intentó por todos los medios, convencer a Sasuke de llevar a Naomi al viaje; alegó que ya la había dejado sola mucho tiempo, y no quería que ella se sintiera rechazada.
―Ha pasado toda su vida experimentando el rechazo, unos meses más no le hará daño. Lo único que había salvado a Sasuke de una agresión física, era que la conversación se desarrolló por teléfono. Al final, Sakura no tuvo más que acceder, cuando él alegó que cuando salieran, Naomi tendría que quedarse sola todo el día, y eso en definitiva, no le agradaba en lo más mínimo. Aunque Sakura esperaba pasar las festividades con su madre, al pedirle que viajara a Londres, la mujer la tranquilizó, aconsejándole que no perdiera el tiempo con ella, pudiéndolo pasar con su esposo.
―Cariño, hemos pasado muchas navidades juntas, y estoy segura que vendrán muchas más, pero ahora, la vida te está brindando la oportunidad de iniciar un matrimonio como debe ser, de pasar tiempo de calidad con tu marido, y de reafirmar su relación. Toda pareja debe tener tiempo a solas, y el que ustedes tuvieron, no fue precisamente el de un matrimonio normal, por lo que sé. ¡Ve y diviértete! Yo estaré bien, Jason me acompañará. Con Naruto no fue tan fácil. Habló por treinta minutos sobre lo peligroso que era, que una mujer embarazada, hiciera un viaje de este tipo. Preguntó varias veces por el destino, por qué tenían que tener una segunda luna de miel, a solo unos meses de la primera, y gritó enfurecido, cuando Sakura le respondió que la primera no les había bastado.
―¡Te quiere alejar de todos! ¡Te quiere para él solo!
―Mi vida… ―No me digas «mi vida» porque no lo soy, ya no. ¡No valgo nada para ti, desde que conociste a ese imbécil! Sakura se acercó y lo abrazó, sin perder la sonrisa en los labios. Si antes le aguantaba los regaños, y los extensos sermones que le daba, desde que descubrió que él había sido su hermano en una vida pasada, cuyo vínculo sentía incluso desde mucho tiempo atrás, soportaría de él todos los berrinches que deseara hacer. Ella lo quería, incluso cuando se ponía en plan de padre maniático.
Luego de abrazos, pucheros, y uno que otro beso en la mejilla y la frente, el chico no tuvo otra opción que acceder, porque sabía que ya no tenía autoridad sobre la mujer casada, aunque él aseguraba en voz alta, que siempre la tendría. Otra discusión fue con Sasuke, cuando en una de las llamadas, le pidió que fueran primero a visitar al tío Alex.
―No voy a comenzar mi luna de miel visitando al viejo.
―Solo será un par de días, Sasuke, nada más.
―¡Dije que no! Si quieres verlo, tendrás que esperar a que regresemos. Sakura frunció el ceño al celular. Quería visitar al tío Alex, para poder pasar unos días con él, antes de las fiestas, y lo conseguiría, así fuera en contra de la voluntad de Sasuke.
―Te lo voy a decir de esta forma: o visitamos al tío antes de iniciar la luna de miel, o sencillamente, no hay luna de miel. Cortó la llamada, y comenzó a contar los segundos. Solo llegó hasta cuatro.
―¡Solo dos días! ¡Dos malditos días! Sakura sonrió abiertamente.
―¡Te amo!
El lunes llegó, y el auto se dirigía hacia Londres, para de ahí, dirigirse en tren hacia la residencia de Alex Stone. El viaje podía hacerse en helicóptero, pero Sakura se negó rotundamente a subirse de nuevo, por lo que Sasuke la complació, con un recorrido por tierra. El anciano se mostró encantado cuando Sakura lo llamó, para pedirle permiso para visitarlo; sin embargo, refunfuñó cuando le informó que no iría sola.
―Imagino que a dónde va la bella, la bestia la sigue. ―Fueron las palabras de aprobación del hombre. La Comitiva Real los seguía en otro auto, y cuando los edificios de la ciudad comenzaron a atisbarse, y los verdes campos quedaron atrás, Sasuke se acercó a Sakura y le susurró al oído.
―Esta noche te voy a hacer gritar bajo las narices del viejo. Sakura lo miró con los ojos muy abiertos, y el rostro enrojecido.
―¡No serías capaz! Sabes que él casi no duerme, y podría oírnos. Sasuke negó con la cabeza, manteniendo una sonrisa coqueta en los labios.
―Nos enviará a la habitación más alejada de la suya, y ni se acercará por esa área. Te lo aseguro. Ya verás cómo lo vamos a disfrutar. Será como si tuviésemos dieciséis años, y me metiera en tu habitación por la ventana, para hacerte el amor, mientras tus padres duermen.
―Tengo diecinueve.
―Y yo treinta. Se acercó, y la besó de tal forma, que no le quedó duda alguna de que, por muy grande que fuera la residencia de Alex Stone, el hombre no podría dormir en toda la noche.
