CAPÍTULO 23

A Edward le molestó saber que quien había enviado las flores fue Jacob, pero lo que más le enfureció fue enterarse que días después al envío del ramo, comenzaron a llegarle numerosas llamadas y mensajes. Llamadas y mensajes, que Bella ni contestó ni respondió, pero en los que dejaba claro, sobre todo en los mensajes, que no la había olvidado y que quería recuperarla.

—La próxima vez que te llame y esté yo presente contestaré la llamada, creo que debo dejarle unas cuantas cosas claras a ese imbécil. —Habló Edward mientras removía la ensalada para mezclarla.

Se encontraban en su piso preparando la cena. Habían acordado reunirse allí a la salida del trabajo.

—Creo que lo mejor es seguir ignorándole.

—Bella, no voy a dejar que te acose.

—Es que... No sé qué pensar, no me imagino que puede estar pasando por su cabeza. No le he vuelto a ver, no he hablado con él... —Explicó Bella terminando de poner la mesa.

—Pero no se resigna a perderte, lo demostró la noche del cine. Ha dejado a la chica esa... Leah..

—Más bien ella le ha dejado a él.

—¿Y tú como sabes eso? —Preguntó llegando a su lado.

—Me la encontré en el supermercado hace unos días. —Confesó mordiéndose el labio

—¿Y no me lo has contado por...?

—Porque no le di importancia: chocamos con los carros, hablamos, me pidió perdón y me dijo que había terminado con Jacob.

—¿Solo eso?

—No, también me dijo que me veía muy feliz. —Confesó abrazándole por la cintura— Y eso se debe a ti.

Edward sonrió y se volteó para besarla.

—Aun así, no has conseguido convencerme. La próxima vez hablaré con él, y ahora… ¡A cenar! No vale la pena perder el tiempo pensando en quien no lo merece.

Cenaron tranquilos, con el ruido de la televisión de fondo. La vista de Isabella se dirigía de manera involuntaria hacia la puerta del apartamento que siempre permanecía cerrada, aquella que Edward le dijo que usaba de trastero y que ella nunca se atrevió a abrir, pero que después de todo lo acontecido sospechaba que guardaba algo más. Llevaba días con una duda que abrasaba su interior y cuya respuesta estaba decidida a obtener.

—Edward, este apartamento... ¿Vivías aquí con ellas? ¿Con Tanya y Ness? —Preguntó tímidamente.

No habían vuelto a tocar el tema desde la fiesta, quería darle tiempo y que fuese él quien decidiese hablar de nuevo, pero ese interrogante se agitaba en su interior.

—Sí. —Respondió mientras continuaba cenando.

—Entonces... ¿No fue solo una buena oportunidad inmobiliaria? —Preguntó recordando el día en el que visitó por primera vez su casa e hizo referencia a lo grande que era para una sola persona.

—Lo fue, eso es cierto, pero no fue eso solo lo que me atrajo de él. —Explicó mirándola fijamente— Al principio, lo alquilamos porque estaba bien de precio, pero al poco tiempo el dueño nos comunicó que abandonaba los Estados Unidos y necesitaba deshacerse de la propiedad. Coincidió con el embarazo de Tanya por lo que decidimos comprarlo. Nos lo dejó por un valor mucho menor del que tenía en el mercado, así que no te mentí.

Bella asintió ante su respuesta.

—Esa habitación... ¿Era la de Ness? —Preguntó señalando con la cabeza la puerta.

—Sí. Cuando pude volver aquí... Tuve que hacer algunos cambios. Emmet se encargó de desmontar los muebles y embalar sus cosas, todo está en cajas. No tuve el valor suficiente para deshacerme de ellas. —Su voz se quebró con esas últimas palabras— Mi madre se ocupó de mi dormitorio: donó los muebles y los sustituyó por unos nuevos. Mantuvieron las fotografías, pero era demasiado dolorosas verlas por lo que también las guardé.

—Una vez me dijiste que tenías un piano que ahora se encontraba en casa de tus padres.

—Lo trasladé allí. Ocupaba mucho espacio y no le daba uso

—¿No has vuelto a tocar desde…?

—Por placer no. En la escuela lo hago por obligación y siempre son piezas pequeñas, aunque normalmente intento utilizar la guitarra. —Edward tragó saliva antes de continuar—. Por las noches, solía sentarme con Ness en mi regazo y tocar algunas piezas, eso le relajaba bastante y conseguía que se durmiese.

—Debió ser una niña maravillosa. —Bella esbozó una sonrisa triste intentando imaginarse la imagen por él descrita.

—Lo era.

—Y tú, tuviste que ser un buen padre.

—Lo intenté, con ella era fácil.

—Y volverá a serlo, serás un padre estupendo, Edward, lo sé. —Habló Bella acariciando su mejilla.

—Lo dudo mucho, no me planteo volver a tener hijos.

Las palabras de Edward cayeron como un balde de agua fría sobre Isabella que no pudo evitar clavar sus ojos en él. Esa afirmación implicaba muchas cosas.

—¿Nunca? —Titubeó al preguntarlo.

—Nunca. —Aseguró con voz firme.

—Eso es mucho tiempo Edward. ¿Pensabas decírmelo algún día? —Preguntó algo tensa.

—No ha salido el tema. Hasta que tú apareciste en mi vida lo tenía claro, no quería volver a pasar por eso.

—¿Y ahora?

—Ahora…. Dudo por momentos, no lo tengo claro. —Confesó pasando sus manos por su rostro confundido— Sé que es egoísta por mi parte pedirte eso, pero no estoy preparado, ni siquiera sé si algún día lo estaré.

—Tampoco pensabas volver a enamorarte.

—Y mírame ahora, —Sonrió— He perdido la cabeza por una preciosa morena de ojos color chocolate. —Bromeó pellizcando su nariz.

—Yo si quiero ser madre en un futuro, Edward. Sé que ahora no estamos en ese punto, pero quiero que lo sepas. —Bella jugueteó con un trozo de lechiga en su plato, ni siquiera se atrevió a mirarle a los ojos mientras hablaba pues temía ver su reacción.

—Creo que lo mejor será hacer como hasta ahora, dejarnos fluir, llevar nuestro propio ritmo y ver donde nos lleva. Tú lo has dicho, no estamos en ese punto y en un futuro... ¿Quién sabe? Lo mismo cambio de opinión o… cambias tú.

Isabella asintió haciendo que un pequeño brote de esperanza creciese en su interior. Al parecer ese nunca que había pronunciado minutos atrás no era tan definitivo.

—Sabes que puedes hablarme de ellas cuando quieras, ¿Verdad? De Ness, Tanya, el accidente... No quiero que te guardes todo eso para ti.

—Lo sé, pero aún duele.

—Yo... He estado pensando y.…, no sé, ¿No te has planteado pedir ayuda?

—¿Ayuda? ¿Te refieres a un psicólogo? —Preguntó enarcando una ceja.

—O un terapeuta.

—Ya lo tuve en su día y no sirvió para nada. Lo mío, Bella, se llama duelo. Hay personas que lo superan antes, otras después y otras no lo hacen nunca.

—Puede que en ese momento no estuvieses preparado o que esa persona no fuera el profesional adecuado.

—No, y vamos a dejar el tema, por favor. No quiero hablar más de ello. —Pidió levantándose de la mesa y llevando los platos sucios a la cocina.

—Está bien, como quieras. —Aceptó resignada Isabella.

No estaba de acuerdo con él, lo suyo no era solo un duelo, pero al parecer, él no quería verlo. Solo esperaba que con el paso del tiempo abriese los ojos y se diese cuenta de ello.

Después de esa cena no volvieron a tocar el tema.

Las llamadas de Jacob continuaron para desesperación de Bella y enfado de Edward, pues ella se negaba a que respondiese y hablase con él. Sin embargo, la situación estalló de manera precipitada cuando Jake se presentó en la librería.

Alice se encontraba organizando algunos pedidos cuando Isabella le observó entrar. Caminó decidido hacia el mostrador sonriendo de manera descarada.

—¡Buenas tardes, Bella! —Saludó cómo si nada

—¿Qué haces aquí, Jacob? —Preguntó sin poder ocular su desconcierto

—¿Esa es manera de tratar a un cliente?

—Tú y yo sabemos que no estás aquí para comprar nada.

—Siempre has sido muy lista, Bella. ¿Te gustaron mis flores? —Jacob esbozó una sonrisa inocente intentando parecer…seductor.

—Muy bonitas e inapropiadas, al igual que tus llamadas.

—Veo que no te pillo en buen momento, pareces algo molesta.

—Lo estoy. No entiendo que pretendes con todo esto. Estás fuera de mi vida, Jacob.

—Todas las parejas pasan por crisis, Bella. Esto ha sido un pequeño tropiezo en nuestra relación, debemos solucionarlo. —Explicó intentando tomarle las manos.

—Esto no es una crisis, lo nuestro se acabó. —El tono de voz de Bella fue tajante y la forma en la que se apartó de su contacto también.

—¡Déjate de tonterías, Bella! ¡He terminado con Leah!, Vuelve a casa, hablemos y solucionemos esto.

Isabella salió de detrás del mostrador para enfrentarle.

—¡Tú no la dejaste, fue ella quien te dejó a ti! —Bella observó como la sonrisa desaparecía de su rostro—. Ella misma me lo dijo y por tu expresión veo que es cierto.

—Bella...

—No, mira Jacob, es la última vez que te lo digo: ¡No quiero verte!, ¡No quiero saber nada de ti!¡Deja de llamarme, de buscarme! —Gritó enfurecida— ¡Haz tú vida y sé feliz! Yo…. ya lo soy sin ti.

Jacob sintió esas palabras como puñales y no pudo ocultar su enfado.

—¿Con ese tipo? —Preguntó escupiendo las palabras.

—Con Edward sí, él es mi presente y mi futuro y tú... Formas pare de mi pasado, no me hagas odiarte ni ensombrecer los buenos recuerdos que nos quedan.

—¡No vas a dejarme, Bella! —Exclamó furioso agarrándola por los brazos.

—¡Suéltame, Jake! —Se quejó intentando deshacerse de él.

—¡Yo te amo!, ¿Es que no lo entiendes?

—¡Pero yo no! —Gritó Bella.

En ese momento, alertada por las voces Alice salió para ver que estaba ocurriendo.

—¿Qué pasa aquí? ¿Qué haces? ¡Suéltala ahora mismo! —Pidió la pelinegra.

—¡Tú no te metas! —Amenazó a Alice para después mirar a Bella y seguir forcejeando—. ¡Vámonos!

—¡No me voy a ningún lado! ¡Suéltame! ¡Me haces daño Jake! —Se resistía Bella al ver como él continuaba sujetándola por las manos.

Bella ni siquiera le sintió llegar, todo ocurrió demasiado rápido: en tan sólo un segundo Jacob pasó de estar de pie a acabar tirado en el suelo con Edward encima.

—¡No la toques, Idiota! —Gritó Edward asestándole un puñetazo en el rostro.

Jacob sonrió aún con él encima, se limpió la sangre que emanaba de su nariz y le retó mirándole a los ojos.

—La he tocado y mucho, durante años, antes que tú. Su boca, sus pechos, su...

—¡Maldito cabrón! —Gritó volviendo a golpearle.

—¡No, Edward, para! —Sollozaba Bella ante la situación, intentando hacer que parase.

—¿No la oyes? No quiere que me pegues. —Se burló.

—Y yo no quiero que te acerques a ella, ¿Entiendes eso? —Le zarandeó por la camiseta aun en el suelo.

—¿Es tu perrita? ¿Eres su dueño?

—¡No, soy su novio!, ¡El hombre que la cuida sobre todo de cabrones como tú! ¡Así que más vale que no la llames que no la busques porque te las veras conmigo! ¿Me escuchas?

Jacob le empujó para quitárselo de encima. Se levantó y se sacudió la ropa. Le dirigió una mirada cargada de odio antes de dirigirse a Bella.

—Tú te lo pierdes, Bella. Él, no es mejor que yo.

—¡Vete Jacob! —Dijo Bella.

Al ver que permanecía allí quieto intervino Alice.

—¿Es necesario que llame a la policía?

—Si quieres que denuncie a este tipo, hazlo. —Sonrió de manera chulesca.

—¡Lárgate antes de que te lleves un ojo morado a juego con la nariz rota! —Amenazó Edward.

—¡Adiós, Bella! ¡Espero que pienses en mi cuando folles con él!

Edward intento abalanzarse de nuevo sobre él, pero entre Alice y Bella consiguieron frenarle a tiempo. Edward se deshizo de su agarre y se volteó para comprobar como estaba Isabella que frotaba sus muñecas doloridas.

—¿Estás bien? —Preguntó acariciando su rostro para después comprobar la zona que ella estaba acariciando: estaba enrojecida y probablemente saldrían moratones.

—Sí, esto no es nada. ¿Y tú?

—Yo estaré bien siempre que tú lo estés. —Confesó abrazándola.

Isabella aceptó el gesto y se aferró a él apoyando su cabeza en su pecho. Intentando calmarse y cobijarse en su calor. Observó la espalda de Jacob alejándose por la calle. Esperaba que ahora sí, Jacob hubiera desaparecido de su vida para siempre.

¡Hola! ¿Qué tal todo?

Pues parece que Jacob ha salido de la vida de Isabella para siempre y que poco a poco ellos van avanzando en su relación.

Espero conocer vuestras opiniones en los comentarios.

Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.

Nos leemos como cada martes en el grupo de Élite Fanfictión y EL viernes en el nuevo capítulo.

Saludos

Un abrazo muy fuerte para todos.