Hola a todos!
Primero quiero agradecerles a todas las personas que mandan comentarios y a los que leen anonimamente tambíen el seguir esta historia :3 Me hace feliz saber que llega a muchas personas y que gustan de la misma.
Les traigo un nuevo capitulo y con este podriamos decir que estamos entrando ya al inicio del fin. Las cosas se complicarán aún más y pues...hay que ver que hacen nuestros protagonistas XD
Ahora si a leer, que lo disfruten!
DESESPERANZA
Sábado por la mañana.
Todavía no amanece cuando asomo los ojos por la ventana, no logro ver mucho porque de hecho no hay tanto que ver, solo la calle trasera del edificio, una avenida estrecha que conduce a un callejón al final. Lo único con un poco de vida es el jardín trasero de la casa del otro lado de la carretera, sin embargo, ahora luce gris gracias a la falta de sol.
Esa ventana de guillotina no es una de las características que hagan el departamento precisamente increíble, pero su discreta posición que daba luz a la habitación con la suficiente discreción como para que ninguna mirada se colara dentro, era otro motivo por el cual insistí a Sesshomaru en elegirlo pese a que él prefería otra opción. De cierto modo me sentí conectada con el apartamento, suena tonto, lo sé, pero así fue. Tal vez por ese motivo ahora estaba recelosa con la idea de que se vendiera-Jakotsu me había enviado un texto anunciándome que alguien lo llamó a la redacción para preguntar-; aspiré hondo decidiendo que eso lo arreglaría al volver del viaje.
Corrí las cortinas asegurándome que el seguro estaba echado, entonces noté el inconfundible jaguar negro, estaba sucio de las salpicaderas con lodo, pero eso no fue lo que me anudó el pecho. Sesshomaru estaba recargado en la carrocería, cubría la mitad de su rostro con gafas oscuras –que pese a la luz grisácea lo hacían ver guapísimo- y aun así supe que miraba hacia donde yo estaba. A saber si me notó del otro lado del cristal desde esa distancia o si simplemente estaba ahí.
Despidiéndome.
Esa fue mi impresión, Sesshomaru sabía que me iba de viaje un fin de semana pero que en nuestra situación sonaba como si se tratara de un viaje permanente. De cierto modo así debía ser.
Al volver tendría que hacer todo lo posible para evitarlo como él lo hizo antes de que mi inmadurez (y las sensaciones que despierta en mí) me traicionaran. Tenía que admitirlo: desde que nos liamos en el salón de clase todo comenzó a irse a pique de nuevo.
Fue culpa mía ya que él ni siquiera me dirigía la palabra.
Todo tenía que cambiar, me dije. Dos días debían ser suficientes para iniciar los que me esperaban al lado de Kohaku.
Me mordí los labios apoyando la palma en el cristal esperando que Sesshomaru no pudiera ver mi expresión.
-Kohaku.
Me volví a mi prometido, fresco como una lechuga jugaba con las llaves de su auto. Todavía teníamos que pasar por Aome.
-Vámonos.
Asentí soltando las cortinas.
El susurro del aire acondicionado me reconfortó más que la propia brisa artificial. Olía a café además, lo cual me recordaba constantemente que no hacía mucho amaneció.
En el aeropuerto me despedí de Kohaku con un fugaz beso algo torpe porque yo llevaba mi neceser en manos y él me rodeó los hombros rápidamente. Me sentí avergonzada de modo que intenté compensarlo con una sonrisa que él no correspondió. Seguía molesto por mi escapada de la casa de la abuela Kaede. Y yo no podía culparlo.
Aome también estaba un tanto evasiva conmigo, sospeché que esperaba el momento ideal para atosigarme con preguntas sobre una aventura antes del matrimonio o alguna otra idea novelesca. Shippo llegó más dormido que despierto, balbuceó un "buen viaje" tallándose los ojos; no me le acerqué porque seguro que también estaba enfadado. Tal como el departamento, arreglaría eso luego. Mizuki había llegado con él como es natural. Me lanzaba miradas ansiosas que comenzaban a exasperarme.
¡Tampoco fue para tanto!
La cereza en el pastel había sido Ayame cuya expresión incómoda se acentuó cuando Koga le pasó el ticket de registro de su equipaje. Se dieron un beso sobrio y ella tuvo que prometerle por todos los santos, cielos, apóstoles y ángeles que iba a estar en contacto todo el fin de semana.
No dije nada sobre su intensidad controladora porque no estaba en posición. De hecho, no estoy en posición de nada.
El burbujeante sonido de un refresco al ser destapado llamó mi atención, miré a la rubia a mi lado bebiendo una coca cola, todavía no me decía nada y yo ya estaba arrepintiéndome del viaje de amigas. Se suponía que debería haber griterío, chillidos, chismes y flirteos con algunos turistas que no volviéramos a ver jamás.
En lugar de eso solo había silencio para las cinco. A estas alturas hubiese preferido gastarme todos mis ahorros para conseguirle boleto a Eri y Tsuyu, solo para tener dos casi completas extrañas (en el caso de la pelirroja) para fingir que nada ocurría durante el vuelo y el viaje completo. Pretender que nadie estaba enojado conmigo.
Fastidiaría a mi prima con mi falsa animosidad y seguro hubiese terminado por confundir a la pobre enamorada Tsuyu al gastar todas mis energías en sacarle su historia de amor con Amari.
Pero eso ya no era posible. Solo estábamos nosotras cuatro.
Me acomodé en el asiento para fingir que dormía, que no me ardían las manos por verificar que Sesshomaru no me buscaba.
Si me sentía lo suficientemente fuerte al llegar a las islas Phi Phi cambiaría mi número de teléfono.
Sábado al mediodía.
El momento del interrogatorio femenino nunca llegó, ni al aterrizar, tampoco al buscar el equipaje y mucho menos al reclamar nuestra reservación.
Vaya que las chicas se lucieron esta vez. Tengo que preguntarles si los Youkai no tuvieron que ver en esta especie de "regalo pre nupcial".
Compartiríamos habitación para vivir una pijamada de cuarenta y ocho horas, el frigo bar estaba lleno de gin-tonics enlatados y cerveza; chocolates congelados que, de estar afuera, se harían líquido gracias al intenso calor.
No obstante que la idea era olvidarnos de todo y vacacionar en temporada baja, Mizuki y Ayame revisaban móviles constantemente enviando textos a sus respectivos novios. Las únicas que no lo hacían éramos Aome, y asombrosamente yo, la flamante amiga comprometida. Sí había hablado con Kohaku cuando entramos al hotel para avisarle que estaba todo en orden, como él me lo pidió que hiciera. Nuestro intercambio de instantáneos fue seco casi obligatorio.
Quise darme una bofetada, si quería arreglar la situación con Kohaku tenía que poner de mi parte y no darle por su lado en su justificado enfado.
Empero, aunque me devanaba los sesos pensando, no salían palabras y preferí dejarlo para después.
La azabache olvidó su mal humor cuando abrió la puerta corrediza hacia la terraza, respiró el aire caliente que desprendían las dunas a unos cuantos metros del hotel y dio saltitos hasta el equipaje para meterse en esos trozos de tela que ella llama bikini.
Su cambio de actitud me relajó, Aome es la única con la suficiente desfachatez para hacer preguntas y regañarme, Mizuki le daba vueltas al asunto porque seguía creyendo que yo era una especie de víctima y Ayame simplemente lo dejaba estar porque confiaba en mi madurez. No obstante, la atmósfera relajada que se extendió como por arte de magia-efecto Phi Phi, supuse-me devolvió un poco de tranquilidad, en parte porque no quería dar explicaciones y otra porque por mi cabeza pasaron muchas series de televisión donde la mujer próxima a casarse se escapa con su amante unos días antes de la boda. En unos casos solo tienen una última aventura, un idilio apasionado sin ropa de por medio…y en otros, la situación solo se complica más. ¡Cómo si Sesshomaru fuera a aparecerse en la fila de abordaje para secuestrarme hacia un destino incierto o a pedirme…que no me case!
Me estremecí ante mi propia idiotez y decidí que no respondería el móvil a menos que se tratara de Kohaku o mis padres.
-¿Te vas a quedar ahi?
Volví el rostro sobre el hombro sin despegar los brazos del barandal caliente de la terraza; Aome estaba de pie en medio de las cuatro camas individuales, metida en su diminuto traje de baño y con el largo cabello suelto.
Miré a su costado, Mizuki se negaba firmemente a ser despojada del camisón morado que le llegaba hasta arriba de las rodillas. Ni enterada estaba de cómo era su bañador; Ayame perdía las esperanzas y los argumentos sobre nadar sin "esa cosa", también la pelirroja estaba preparada aunque cubierta con shorts.
Aome me dijo algo más, se me ocurrió otra broma pesada acerca de su impaciencia y Hojo, pero de nuevo me abstuve, esa era todavía peor.
Viajé rápidamente los ojos por la amplia habitación, estaba fresca en contraste con el clima bochornoso, las maletas estaban desperdigadas por el piso y sencillamente no quise estar en ningún otro lado.
-Solo quería ver—dije volviendo mis pasos al frente—Nunca había estado en las islas Phi Phi—admití rebuscando mi traje de baño—Por cierto, ¿vas a llevarte eso, Aome?
La morena se miró sin comprender.
-Se te ven los rollos—agregué con afán de fastidiarla. Ella me arrojó su playera.
-Bueno tengo algo que se me nota que no es mi enorme torpeza—se vengó señalándose los pechos.
Le saqué la lengua infantilmente (aunque quise hacerle una seña obscena).
-Esa sería Mizuki si se quitara esto—Ayame alzó el dobladillo del camisón de la morena, quien dio un salto atrás, ruborizada.
Reímos al tiempo y supe que mis amigas me habían perdonado.
Sábado por la madrugada.
No podía dormir, el calor era sofocante y las sábanas se me pegaban al cuerpo. Ahora comprendo la aversión de Sesshomaru al clima cálido.
Gruñí mirando hacia la cama a mi costado, donde dormía Mizuki. Ella parecía cómoda, claro, acostumbrada a andar tapada hasta el cuello pese a estar a cuarenta grados afuera.
Kim y Ayame también dormían aunque ellas más por borrachera que por verdadero cansancio. La azabache si conoció a alguien en ese antro a donde fuimos a parar luego de una larga estadía en las paradisiacas playas Phi Phi. Era la primera vez que iba y ya me había enamorado del lugar.
Volvería sin dudar. Y el trío del que soy amiga también ahora que hemos decidido juntar nuestros ahorros para viajar en yate para el siguiente año. Dejarnos soñar todos.
Ninguna hizo el comentario sobre lo diferente que serán mis circunstancias el próximo año, pero estuve segura que cruzó su mente.
Pasamos casi todo el día en la playa, paseando, protegiéndonos de los inclementes rayos de sol, bebiendo cerveza y tequila (cortesía de Shippo); ignorando un par de invitaciones de playistas en trusa y enfocándonos en divertirnos al estilo "solo chicas".
Gracias al cielo ninguna mencionó a dónde escapé, ni Mizuki que era la única que podría estar enterada.
Nos bañamos en las suaves aguas del mar, respiré su aroma salado y me sorprendí de mejor humor. Le envié varios textos a Kohaku enterándome que Shippo había elegido este mismo sábado para la despedida de soltero.
No dejé que ese desconocimiento mío, o la falta de comunicación, arrollaran mi buen humor y le desee que se divirtiera mucho.
Me acordé de esa chusca imagen de Kohaku con un gorrito de fiesta rodeado de un montón de personajes- invitados- y la sonrisa inundó mi rostro. Debo admitir que de todos, el más gracioso resultó Kohaku (con su gesto indiferente), el más tierno Miroku con su sonrisa gentil y profundos ojos negros. El despreocupado, Shippo claro (hasta lo imaginé bailando y todo).
Quien sabe, puede que hasta Hojo estuviera invitado.
Dejé de imaginar cuando descubrí que estaba riéndome…y que el alcohol había hecho de las suyas.
Ya estaba borracha.
La siguiente parada fue un club donde las tres con compromisos bailamos entre nosotras (y le sacamos de encima un sujeto a Mizuki), Aome se la pasó en grande tallándole los pechos a un tipo. Me abstuve de molestarla, otra vez, así que no le mostraré el video que alenté a Ayame a grabar. Quien sabe, si me hace enojar se lo podría enseñar a Hojo.
Yo, me movía automáticamente, como fuera de mí. Me vi disfrutar de unos tragos y algo de libertad, ir deshaciéndome del estrés que había estado carcomiéndome desde hacía meses. Lejos del origen de toda mi desesperación. Quería desahogar la tensión que ni el sexo podría curar.
Y cuando hice ese tipo de analogías me detuve porque pensaba en Sesshomaru Taisho y entonces debía iniciar con el proceso de relajación.
Me removí sobre las sábanas mirando el reloj de mi móvil, eran las cuatro de la mañana; hacía apenas media hora que volvimos.
Me deslicé fuera de la cama resignada a que no dormiría pese a lo cansado o mareada que me sintiera. Corrí la puerta y salía a la terraza.
El viento caluroso golpeó mi cara dejándole una extraña sensación arenosa, era natural dado la cercanía de la playa. Me senté en una de las sillas reclinables, junté las rodillas al pecho y me dejé llevar por el sonido de las olas al removerse perezosamente.
Era agradable estar en calma por una vez después de todo ese tiempo de cruel expectación y ansiedad creciente.
Ahí, en la terraza, me reafirmé que las islas son preciosas. Un lugar paradisiaco, aislado de la civilización, pero agradable. O tal vez era yo deseosa de un cambio de aire.
¡No volvería a oponerme a un viaje planeado por Aome! A lo mejor hasta se lo agradezco. Me reí quedito echando una mirada a los cuatro cuerpos que dormitaban.
Mañana una de ellas tendrá la resaca del año, otras dos darán informes a sus novios y enviarán fotos (menos Mizuki, que a lo mucho aceptó sacarse el camisón pero usando una playera más corta). Y luego estaba yo.
¿Debía pedir una bitácora entera de lo ocurrido en la fiesta de soltero de Kohaku?
No. El whats app sin mensajes nuevos de él me confirmaban que estaba pasándola de lujo como para que se lo arruine con exigencias celosas; además, él tampoco me ha solicitado los por menores. Todo va bien.
No he pensado en Sesshomaru en todo el día hasta ahora que la noche se cierne sobre mí más oscura que nunca. Cálida y salada.
Aspiré hondo dejándome llevar por el relajante sonido del mar, rezando porque mi consciencia arrastrase con mi confusión y todos los sentimientos encontrados como el mar al arrancar conchitas de la arena.
"Sesshomaru". Su rostro circunspecto mirándome desde la avenida me hace estremecer recordándome que todo lo que las aguas del mar arrastran lo devuelven en cuestión de tiempo.
Me muerdo los labios y casi escucho su grave voz diciéndome que voy a lastimarme. Tiemblo porque descubro que quiero llorar, que una parte de mí se ha aferrado tanto a sus palabras en el bungaló que comienzo a perderme de nuevo. Y no quiero que pase. No quiero volver a creer que estoy enamorada de él.
Me encojo llevándome una mano al estómago. Las hojas de las palmeras sisean entre ellas, me fuerzo solo a pensar en el presente, en la silla donde estoy echa un ovillo, mis amigas, las islas y Kohaku.
En que Shippo no le mencionó ni la vez que Sesshomaru fue a mi departamento ni que no es la primera vez que lo ha visto salir de ahí (o dentro), tampoco que me vio antes de huir de mi propia fiesta, echa un manojo de nervios. Es su amigo, su hermano de otra madre. Pero también mío.
Kohaku, pienso, sobreponiendo su sonrisa confiada por encima de la cínica de Sesshomaru.
Aprieto el cuerpo haciendo memoria de mis momentos junto a Kohaku, acaricio el anillo de compromiso en mi anular izquierdo. Y así, arrullada por el sonido del mar, me voy quedando dormida.
Me despierta el sonido hueco de mi móvil al vibrar contra la mesa de plástico, me voy desperezando de a poco, siento los miembros engarrotados debido a la incómoda posición. Los huesos se me entumen gracias a que la temperatura bajó aunque se siga sintiendo calor. No debí salir solo en bragas y camiseta. Está comenzando a amanecer.
El sonido me espabila porque es molesto. Me bajo de la silla y alcanzo, a tientas, el celular.
Me tambaleo medio dormida hacia la puerta, con intenciones de entrar a la habitación y recuperar mi sueño debajo de la delgada cobija.
La barrita superior me indica que tengo dos llamadas perdidas, y ahora mismo está entrando una de…Bankotsu. Frunzo el ceño porque contestarle va contra mi exclusiva lista de personas a las que voy a atenderle una llamada. No obstante a mi confusión, elijo apretar la tecla verde porque es raro que el primo de Kohaku me llame y además porque tiene rato esperando. Me sorprende que no haya saltado el buzón.
-¿Sí?—pregunto al llevarme el celular a la oreja.
-¡¿Rin?!—se oye inquieto. Me preocupa al instante y me detengo antes de correr el cancel.
-Hola, Bankotsu—balbuceo, intranquila.
-Tienes que volver—habla rápido—Miroku ya ha comprado el boleto, te enviaré los datos. ¿Puedes llegar al aeropuerto en veinte minutos?
Tardo un segundo en procesar todo lo que me está diciendo, concluyendo que realmente no está diciéndome nada.
-Bankotsu… ¿qué pasa?—suplico.
-Kohaku—dice como toda respuesta. Se me escapa el aliento.
Lo siguiente que dice resuena lejano en mi cabeza, cobrando fuerza hasta que logro comprenderlo. Tengo que sostenerme del marco de aluminio para no caer.
Domingo al mediodía
El viaje de regreso fue simplemente insoportable, todos los trámites le agregaron niveles considerables a mi desesperación. Discutí con una sobrecargo sobre el uso prohibido de celulares durante parte del viaje y estuve a punto de sufrir un colapso nervioso.
Cuando recibí la noticia de Bankotsu apenas revisé de quienes eran las otras dos llamadas (Shippo), volví a la habitación, me metí en unos shorts y playera; hice un huracán dentro de la habitación hasta hallar mi cartera y salí buscando un taxi. Mis amigas no terminaron de espabilarse totalmente pese a que me llamaban constantemente, exigiendo una explicación a mi actitud.
No tenía tiempo que perder así que les dejé con mi equipaje y partí al aeropuerto. Ya Mizuki se enteraría a través de su novio y les avisaría a las demás.
Todo parecía ajeno cuando bajé del avión, quien me recogió fue Sango pero no supo darme razones sobre Kohaku. Perdí la cuenta de las veces en que me pidió que tratara de calmarme mientras conducía el auto de Miroku hacia el Shikon no Tama. El sol nos pegó de lleno a la cara a través del parabrisas.
Pasaban de las once de la mañana.
No comprendía de donde salía tanto descaro de la muchacha porque lo que me pedía era sencillamente imposible. ¡Hablamos de Kohaku, santo cielo!
Le exigí a Sango que me dejara en la entrada de emergencias (ya ella podría aparcar luego), resbalé en el suelo encerado del nosocomio cuando apenas crucé las pesadas puertas de cristal que se me hacen bien conocidas. Ni mi torpe carrera me hizo desistir. Tengo que saber cómo está.
Alguien me ordenó que no corriera pero no hice caso.
-Taisho—balbuceo a la recepcionista—Kohaku Taisho. Soy su ami…prometida...prometida—alcanzo a decir mientras señalo mi anillo de compromiso.
-¡Rin!—la voz de Shippo retumbó en la recepción. Me volví buscándolo aceleradamente hasta que lo encontré, se acercaba a mí a grandes pasos, a su lado Bankotsu alzó la mano sin dejar de hablar por teléfono.
Ignoré las miradas de reprobación a nuestro alrededor, miré fijamente a Shippo sin articular palabras pero esperando una explicación al fin.
Las manos me temblaban y tenía la boca seca.
Mi amigo terminó la distancia sepultándome en un abrazo consolador; no puedo evitar notar el ligero aroma a licor que emana y supongo que es el motivo por el cual no le han permitido llegar más allá de la recepción.
-Shippo—gemí asustada. No, esto que siento es pánico real. ¿Por qué me abraza de esta forma? Tiemblo con más fuerza.
-Rin, perdóname —ruega.
-Shippo—repito, ansiosa luchando por zafarme. Me mira a los ojos y veo en sus pupilas culpa verdadera.
-No pude evitar que se fuera—musita, se muerde los labios. Él también vibra.
Me siento débil. Las manos de mi amigo evitan que caiga de rodillas, ahora él está llamándome. Estoy llorando.
-Rin, respira—interviene Bankotsu de pronto a nuestro lado.
-Kohaku…-boqueo.
-Está estable por ahora. Salió de cirugía hace dos horas—me informa y aunque quiero patear a Shippo por no empezar por ahí, solo tengo espacio en mi pecho para una sensación. Alivio.
-Tengo que verlo—digo rápidamente.
-Lo arreglaré con Miroku—responde Bankotsu. Frunzo el ceño y él parece comprender—No pueden haber más de tres personas en sala de espera y ya están mis tíos y él.
Asiento mientras él se aleja con su móvil.
Shippo me conduce hasta la silla que antes él ocupaba, me apoyo contra su hombro mientras él cierne el brazo sobre mí.
-Lo siento, Rin—repite.
-¿Qué pasó?—inquiero. No puede ser que sea su culpa.
Sus orbes verdes se ensombrecen.
-Estábamos en la fiesta que le organizamos —suspira con pesadez—Todos habíamos bebido mucho y…-le cuesta hablar—No sé por qué pero Kohaku discutió con Miroku.
Frunzo el entrecejo.
-Lo sé—suelta un risa amarga—Ni siquiera sé por qué discutieron . Kageromaru dijo que los oyó hablar sobre sus padres, la boda…—se remueve, torturado—Luego…Miroku dijo que era mejor si se iba y se fue del departamento.
Reparo en que me tiemblan los labios tanto como el resto del cuerpo y no he parado de sollozar.
Shippo continúa sin que se lo pida.
-Kohaku estaba muy tomado, Rin—se tensa—Fue tras su hermano y yo no pude hacerlo desistir…-suena a disculpa.
Me llevo una mano al pecho presintiendo que viene la peor parte.
-El ikon quedó destrozado del lado del copiloto—dice al fin. El corazón se me estruja y tengo la necesidad de abrazarlo, él me corresponde y me hace sentir como en los viejos tiempos.
-Él…él…-me cuesta hablar.
-La ambulancia lo trajo rápido y entró a cirugía. Tal vez hoy mismo lo bajen de cuidados intensivos—hay un timbre de miedo que se cuela en su esperanzada frase.
Le he mojado la camisa con mis lágrimas.
-Miroku…-balbuceo—Miroku lo atendió—quiero escuchar que es así porque mi futuro cuñado es un genio. ¿Quién mejor que su hermano para salvarle la vida a Kohaku?
Shippo niega con una especie de recelo en el rostro.
-Miroku se enteró del accidente hasta que trajeron a Kohaku—explica, toma aire y me mira fijamente cuando prosigue—Su tío estaba de guardia cuando llegamos.
El corazón se me anuda.
-Fue a piso de emergencias en cuanto los paramédicos bajaron a Kohaku de la ambulancia. Pidió hacer la intervención—torció los labios, levemente contrariado. Luego suspiró y sonrió ligeramente.
Me tengo que morder los labios para disimular su vibración.
-No dudó ni un segundo, Rin—murmura como sorprendido.
Sus palabras esconden un trasfondo macabro pero significativo, lo comprendo de inmediato y el corazón se me encoje con una punzada que no se identificar si es alivio o miseria.
Me cuesta pasar saliva.
Shippo me acaricia el brazo con la mano mientras yo imagino a Sesshomaru vestido con el uniforme de cirugía, posiblemente salvándole la vida a su sobrino. Al hombre que se casará con la mujer a la que alguna vez se le escapó decir que quería.
-Es su sobrino—me atrevo a decir, como explicación suficiente.
Por fortuna ya no hay necesidad de más explicaciones porque Naraku Taisho cruza el lobby hasta nosotros, su rostro demacrado demuestra que lleva varias horas sin descansar, sumamente preocupado.
A decir verdad, no me sorprende que él haya hecho el intercambio para que yo pueda subir a ver a mi prometido. Kikyo debe haber acampado en el pasillo e Miroku no se despegaría de su hermano por nada del mundo.
Por eso es todavía más raro que hayan discutido.
Mi futuro suegro me saluda con un murmuro antes de dirigirse hacia la cafetería, Shippo me incita a ponerme de pie.
-¿No vas?
Él niega con tristeza.
-No puedo subir hasta que no apeste a borracho .
Creo que le di la razón antes de trotar hacia el elevador.
El rostro de Kohaku está cubierto a medias por la mascarilla de oxígeno que le provee de vida hasta que el efecto de la anestesia desaparezca. Su pálida piel está amoratada, lastimada.
Está también conectado a un aparato que mide su frecuencia cardiaca y al suero que pasa gota a gota por el catéter hasta su vena. Se lo he cambiado cuando se llenó de sangre y también me he dado el lujo de permanecer con él ahora que lo han sacado de cuidados intensivos.
Es cuestión de tiempo para que despierte.
Me pasé el resto de la tarde con él, no tengo apetito y sospecho que no volveré a tenerlo hasta que despierte. Acaricio su mano con los dedos, ya comienzo a odiar el pitido del cardiofrecuenciador, lo que es irónico dado que con mi profesión voy a pasar rodeada de ese sonido durante mi vida entera.
Una vez en habitación, su familia puede reunirse sin problemas por el espacio aunado claro que dos médicos que trabajan ahí han movido sus influencias para permitir la muchedumbre que espera que Kohaku nos explique en qué rayos pensaba al conducir ebrio. Sus padres, Miroku, Shippo y yo hemos estado ahí, mientras que Bankotsu, Hakudoshi y su prometida Shiori, Kageromaru, Inuyasha (que me miró de manera extraña al llegar) y hasta Nazuna Youkai han ido y venido.
No me sentía con ganas de dar explicaciones a mis amigas así que dejé que Shippo se hiciera cargo para explicarle a Mizuki y ella les informara. ¿Cómo iba a contarles del accidente si apenas yo podía con eso? Bastante duro fue hablarlo con mis padres y la abuela Kaede, a quien hice desistir de venir al hospital con todos mis primos a cambio de enviarme a Hojo apenas saliera del trabajo.
No había visto a Sesshomaru, solo escuchado por terceras personas (Kikyo y Miroku) su sorprendente diligencia y rapidez de respuesta cuando se metió en la sala de urgencias.
Tenía que agradecérselo.
-Rin, querida—Kikyo me habló desde el sofá de la esquina. Yo alcé los ojos de Kohaku para mirarla—Debes comer algo.
-No tengo apetito—repuse.
-Tienes que comer—insiste—Mi esposo me trajo algo hace rato pero tú no has comido nada desde que llegaste.
Tiene razón, además ya son las seis de la tarde.
Asiento, tal vez Shippo tampoco haya comido y podamos ir juntos.
-Estará bien—promete mirando a su hijo. Me esfuerzo por sonreírle.
Afuera están Miroku y Shippo, supongo que Naraku anda por ahí. El hermano mayor se apresura a tomar mi lugar cuando salgo de la habitación.
-Tengo que ir por Mizuki al aeropuerto—anuncia el rubio antes de que yo abra la boca.
Mientras camino por los corredores repaso el informe completo que me pasó Bankotsu sobre el accidente, saltándome las partes legales que no entiendo, Kohaku condujo en nivel tres de estado de ebriedad, furioso con su hermano (por un motivo que no sabía aun pero que era suficiente para que Naraku no le dirigiera la palabra a su primogénito); en la intercepción del boulevard principal se pasó un semáforo en rojo y el vehículo que venía en perpendicular se lo llevó hasta el muro de contención. Los paramédicos tardaron diez minutos en sacarlo entre la lámina doblada, los vidrios y a pared. El mismo tiempo que tardó Shippo en seguirle los pasos hasta el sitio del accidente.
Ni idea de quien llamó a emergencias pero todos los que queremos a Kohaku lo agradecemos. Shippo desconocía el seguro médico pero sabe que aquí trabaja su hermano así que indicó a la ambulancia que lo trajeran. Luego, Sesshomaru se hizo cargo.
Tarde me di cuenta que había llegado hasta su oficina y me cosquilleaban las manos. Aspiré hondo y por primera vez en toda mi vida desee que Inuyasha estuviera ahí.
Entré sin llamar, ahí estaba Sesshomaru masajeándose las sienes.
-¿Qué?—preguntó sin abrir los ojos.
Apreté los labios cerrando la puerta. Llevaba la bata puesta (nunca lo hace en su oficina), la corbata colgaba del perchero. Se veía cansado.
Me daré el lujo de decirle que lo conozco lo suficiente como para saberlo, o deducirlo por su aspecto. No creo que haya ido a casa en varias horas. Tal vez un día entero.
-Gracias.
Abrió los ojos de golpe mirándome. Pasó un momento de silencio hasta que él se puso de pie. Sabe a qué me refiero, lo sé, empero siento la necesidad de seguir hablando.
-Operaste a Koh…
-Es un Taisho—replica. Parece ligeramente ansioso.
Asiento. Yo ya sabía que ese era el motivo. Sesshomaru no era malvado y tampoco era como si salvara a su enemigo o rival de amores. Suena ridículo pensarlo siquiera.
No quería presionarlo porque ya me dio la respuesta y le he agradecido. Debo irme.
Asiento sin saber que más decir, pedirle que me avise si decide algo con respecto a la salud de Kohaku me ha sonado cruel. No sé por qué. No debería sentirme así.
Voy a abrir la puerta cuando él vuelve a hablar.
-Come algo.
Me encojo, no me gusta sentir que se preocupa por mí. Trato de sonreírle.
Oigo un suspiro pesado y sus pasos al acercarse, aprieto la perilla tratando de huir de él. Apoya la palma en la puerta y evita que la abra.
Retrocedo percibiendo el temblor de mis piernas, acordándome de él mirándome en la madrugada, apretando la mandíbula y los brazos contra el pecho.
-Actúas como si me tuvieras miedo—dice, molesto. Sé que me estoy comportando infantil, pero ya no me molesta.
Me abrazo a mí misma y él se aparta para dejarme salir.
-Miroku se encargará a partir de ahora—avisa. Alzo los ojos a él, me está mirando fijamente también, de la forma con la que parece atravesarme el alma.
-Yo…-carraspeo—Lamento haberte ido a buscar al bungaló. No quería molestar.
Le hace gracia pero no ríe pese a que esperaba oírlo reírse de mí y ordenarme que madure. Oigo mi corazón martillearse contra las costillas, comenzar una fiesta.
Demonios, Rin.
-Si vas a disculparte es por lo último que deberías hacerlo—se inclina a mí y aunque no parece ser su intención, su voz se torna seductora.
En esta distancia identifico su incipiente barba, su voluminoso labio inferior, las ojeras que me fascinan…Y reparo en lo mezquina que soy si estoy embelesada con este hombre mientras mi prometido permanece anestesiado luego de sufrir un accidente.
Tal vez Sesshomaru quiere retomar una conversación pendiente que alguna vez tuvimos (entre lágrimas y sarcasmo), pero yo estoy cansada. Y sé que él también.
-Supongo que no he madurado—resoplo derrotada. No quiero pelear.
Sus pupilas se ensombrecen.
Si no salgo de ahí voy a vencerme a la tentación, lo sé, mi mente turbándose me lo indica, también mis piernas de goma y la repentina necesidad de no sentirme desnuda emocionalmente ante él. Es incómodo, patético, vergonzoso.
Sesshomaru abre la puerta para mí y espera a que salga, una vez que lo hago me vuelvo a él apretando mis brazos contra las costillas para no cometer una locura. No quiero seguir en un juego que me está lacerando las mismas heridas ni mucho menos recibir otra especie de rechazo maduro-comprensivo-moral.
Pero no me voy.
-Lo que dijiste…en el bungaló…
-Era verdad—exclama lacónico. Inexpresivo.
Tiemblo de pies a cabeza, se me va el aliento.
Sesshomaru se acerca el paso que nos separa, sujeta delicadamente mi mejilla y deposita un beso en mi frente. Su hálito huele a menta. Cierro los ojos porque su cercanía ha traído el aroma de cítricos mezclado con el de su desodorante.
Este contacto no es propio de él. Le asquean ese tipo de besos, él es de beso lascivo, posesivo, que abre el mejor sexo del mundo.
Sesshomaru se aparta, me encojo porque me supo a una despedida. Por fin para ambos. Un descanso que en realidad me asusta demasiado.
Me obligo a odiarlo en ese momento pero no lo logro.
Me mira esperando que me vaya y lo hago, giro los talones para volver por donde llegué pero me detengo abruptamente ante el par de asombrados ojos negros que nos miran casi con acusación.
Y ahí mi mundo vuelve a caerse.
Chan chan chan!
¿De quién creen que son esos ojos negros?!
Los descubrieron? Wow, esto se pone cada vez mas intenso. Me gustaría saber su opinión asi que dejenme sus comentarios :3
Les mando besos y abrazos y nos leemos en el siguiente
