CAPITULO 45
SLOW POISON
— Estoy aquí como solicitaste. ¿Y bien?
Draco aguardó en silencio el tiempo exacto para que Theodore se viera más interesado. De un tiempo acá, comenzó a notar que Nott era muy vanidoso. No es que no lo fuera antes, pero al menos lo disimulaba con aquella postura seria. Ahora, era todo menos serio. Draco podía jurar que parecían brillarle los ojos cuando sabía que alguien quería pedirle algo.
Él tomó aire. Si Nott era vanidoso, Draco era orgulloso. Pero por la forma en la que había vivido últimamente estaba comenzando a reconsiderar muchas cosas. Demasiadas. Una de ellas era aceptar que su influencia tenía límites. Y la otra era aceptar que no podía hacerlo todo él solo.
—Fui yo —dijo directamente.
Draco había aprendido que para ganarse la atención de Nott tenías que hacerle creer que había algo que tú sabías y él no, pero dándole indicios de que lo podías compartir con él. Una especie de juego de tira y afloja. Aburrido y una pérdida de tiempo, sin embargo, aunque no lo admitiría jamás en voz alta, se le estaban acabando las ideas.
— ¿Tú…? —Murmuro en tono grave— ¿fuiste…?
A Draco, eso lo sorprendió. Theodore de pronto ya no parecía relajado, si no alerta. Inclusos sus ojos parecían haberse puesto sombríos de pronto.
—La Chica Bell —dijo rápidamente— yo le di el collar maldito.
Y de pronto, como si nada, Theodore bufaba como si estuviera aburrido. Su sombría expresión desapareció al instante— Merlin. Eso ya lo sé —dijo sacudiendo la mano— ¿Podrías ir al grano?
—Quiero que…
—Necesito —le corto Theodore.
— ¿Qué?
—Necesito —repitió Theodore— esa es la palabra con la que inicias una petición. El "quiero" es demandante y te recuerdo, Draco, que no estás en posición de demandar nada.
Draco apretó las manos en puños y se tragó su indignación— Necesito que Bell sea obliviada. Pudo haberme visto antes de haberla maldecido...
Theodore volvió a bufar— Ese es TÚ problema.
— ¿Mí problema…? —dijo enfadado.
—Matthews me reporto que te negaste a que te ayudara a pulir tu Imperio —Nott se encogió de hombros— te doy ayuda al alcance de la mano, pero no tienes la decencia de aceptarla por tu gran ego —dijo dándole una mirada condescendiente— ¿Qué esperas de mí, Draco? ¿Qué te saque de líos cada vez que cometas una estupidez?
Draco apretó las manos en puños— Hablas de ego, pero de todos modos no estás negociando conmigo solo porque infla tu ego el que yo te esté pidiendo algo —Dijo riendo con ironía— No se trata de un maldito favor. Eres un convenenciero maldito, eso queda muy claro ¿Por qué mejor no me dices que quieres a cambio de lo que necesito?
Lo que paso luego, Draco no podía detallarlo con claridad, pues primero Theodore se quedó muy serio, imperturbable, pero luego, sencillamente se encogió de hombros y se miró la mano enguantada. No, no iba a ayudarlo. Nott solo estaba jugando. Draco estaba arriesgando la vida en su misión y Nott solo quería divertirse jugando con él.
—Para comenzar, algo de respeto no estaría mal —respondió por fin.
Draco hirvió de indignación.
Negó con la cabeza— Tú no quieres respeto, quieres que te lama los pies. Vete a la mierda Nott —murmuro mientras caminaba rápidamente hacia la salida de aquella aula abandonada.
—Igualmente —dijo en medio de una sonrisa— salúdame a Lucius cuando termines en Azkaban.
Draco se paró en seco. Azkaban, el lugar donde podría terminar si acaso alguien probaba que el uso el maleficio Imperio.
—Deberías pedirle eso a tu padre —le contesto antes de poder detenerse.
De alguna manera, eso logró que Theodore soltara una carcajada.
Draco apretó los puños de nuevo, también sus dientes. Maldito fuera todo. El castillo, su padre, su familia, sus desleales magos, la loca de Bellatrix, incluso Voldemort. Todo aquello que tuvo algo que ver con su situación actual, teniendo que suplicar por ayuda a quien siempre detesto.
— ¿Qué quieres? —preguntó Draco de nuevo, volviéndose hacia Nott.
A su espalda, el mago tenía una sonrisa malvada en la cara y se acercaba a paso jovial y campante. Le palmeo el hombro cuando paso por su lado— Buena suerte, Draco —dijo mientras se marchaba.
Star se dio cuenta del cambio de inmediato y supuso que seguramente Greengrass había comenzado a moverse.
Había pasado de modo similar, antes.
Cuando Theodore reapareció luego de semanas de estar ausente, lo primero que hizo fue retornar el dominio, pero para ello fue implacable y sus métodos dolorosamente cuestionables. Condenas sin audiencias, maleficios Imperio por doquier, secuestros, amenazas, órdenes de tortura… muertes con solo levantar una mano y apuntar con el dedo…
Sin embargo, esa actitud inicial era monótona. Era como si siguiera un manual de instrucciones. Cuando ella estuvo frente a él cuando juró, Theodore siquiera la miró. Eso había sido lo primero que llamó su atención. Y no era la única ocasión. Aquella ocasión, él actuaba siempre del mismo modo: Breve, serio, implacable.
Era casi como si ahorrara sus palabras y acciones. Casi.
Fue por eso que comenzaron los rumores acerca de que Theodore podría estar bajo el maleficio Imperio. Demasiada monotonía para alguien que usaba más palabras que la fuerza.
Star también lo llegó a creer, sin embargo, hubo un evento que la hizo dudar.
Para acabar con la desobediencia de una familia cercana al Dominio de Carlson, entre los cuales había unos sobrinos suyos, Theodore le ordeno al mago usar su vínculo para obligarlos a salir en plena madrugada antes del ataque.
—Pero señor Nott… —había dicho el mago, a quien todo el mundo consideraba el más amable y pacífico de todos entre los ambiciosos magos que eran cabeza de familia en el Dominio—… Mi vínculo es con una rama menor.
—Oblígalos a salir —había repetido Theodore, indolente— alguien de esa familia debe jurar a mí.
—El señor Nott lanzo su advertencia —completo James, siempre cerca de Theodore— la cabeza de los Braun decidió ignorarla, por tanto él y los que lo siguen son traidores. El señor Nott está siendo amable para considerar perdonar a los que permanezcan leales.
Ahora que lo pensaba bien… James era quien repartía las amenazas, siempre desde la espalda de Theodore y este solamente se ocupaba de mantener una mirada indolente, fría e intimidante sobre los demás magos.
—Pero… —había dicho Carlson, dudoso.
Star había tenido compasión entonces. Carlson había sido de los primeros en jurar a Theodore, lo había hecho poco después de Darke, quién había llegado con él a la casa del Norte. Star aún recordaba como el adulto mago decía estar más tranquilo ahora que Theodore había vuelto, pues seguramente se resolverían las cosas políticamente y que eso era un alivio.
Su cara en ese entonces había sido de esperanza. En ese momento era una máscara de terror. James se había acercado al mago y le susurro algo que Star ni nadie alcanzo a oír, sin embargo, luego de eso, Carlson había accedido y con un encantamiento hizo lo que le ordenaron: Sacar a parte de aquella familia por la fuerza del vínculo.
Cuando los magos salieron, apenas media docena, antes de que nadie hiciera o dijera algo, Theodore había levantado una mano, la señal para que la primera línea se acercara hasta él. En ese momento quien los dirigía era un mago llamado Pavel, a quien Theodore miró a los ojos mientras hablaba.
—Quiero que las defensas de esa casa caigan.
Pavel no dudo ni un instante, hizo una señal y cinco magos dieron un paso al frente, se ubicaron en extremos de la propiedad y con una especie de maleficios conjuntos, pronto un gran poder mágico fue desatado. El sonido fue ensordecedor, pues las defensas de la casa resistieron el ataque, eso duró al menos unos quince minutos. Luego, las defensas de la casa cayeron.
Star creyó que en ese momento Theodore ordenaría una intrusión.
— ¿Nos preparamos para ingresar? —había preguntado James.
— ¿Señor? —había preguntado Pavel, apareciendo a su lado.
—Que sea aplastada —había murmurado Theodore— hasta los cimientos.
James se había quedado con la boca abierta, mientras que Pavel solo hizo una venia y había desaparecido tan rápido como llegó. El resto solo quedó confundido, al menos hasta que la destrucción comenzó.
El estruendo fue como si truenos estallaran a metros de ellos, el suelo incluso temblaba y el viento podría arrojarla al suelo si perdía un poco de equilibrio. Luego de eso, la casa cedió. Si alguien grito, nadie los hubiera podido escuchar con tanto ruido. Luego, no suficiente con eso, Theodore volvió a levantar una mano llamando al resto de la primera línea.
—Que solo quede una mancha en el suelo —había dicho.
Alguien de la primera línea dio un paso al frente y antes de cualquier reacción, arrojo fuego maldito sobre los escombros, luego otro se le unió. Luego otro y otro. El grupo de Pavel hizo lo mismo. Pronto la oscura madrugada se llenó de luces anaranjadas, aire caliente y olor a quemado.
En ese momento fue que Carlson habló— Señor Nott, pido permiso para llevar a mis sobrinos a mi dominio y mantenerlos en custodia hasta el momento en que juren a usted —murmuro mientras evitaba mirar hacia la familia que aún se recuperaba de haber sido forzados por el vínculo.
Theodore siquiera los había mirado cuando contesto.
—No —había murmurado sin mirarlos.
—El señor Nott… desea que sean testigos de lo que sucede cuando no escuchan sus advertencias —había complementado James, pero menos autoritario que al inicio, aún asín tuvo que alzar la voz frente al ruido que hacía el fuego infernal extendiéndose sobre las ruinas que intentaban desaparecer.
A parte de Star, solo otros tres magos de la primera línea no se unieron. Uno de ellos murmuro muy despacio una especie de súplica a Merlin. Star, gracias al fuego, pudo ver brillar lágrimas contenidas en los ojos del otro.
Ella intento acercase a Theodore en ese momento y pedirle que detuviera eso, pero James le había cortado el paso de inmediato y le había murmurado palabras que ella no había alcanzado a entender, pues otra cosa la distrajo.
Theodore estaba de pie, envuelto en aquella monstruosa capa que había acostumbrado llevar a todos lados. La amatista en su oreja brillaba y su algo largo cabello era movido por el viento. Estaba de pie, mirando en primera fila como una casa ancestral de una antigua familia y los miembros mismos eran reducidos a nada gracias al fuego. Y con horror, Star pudo ver una sonrisa en su rostro.
Fue luego de eso que Star había decidido que algo iba mal con Theodore la primera vez y había conspirado con Greengrass después. Mientras lo hacía, Theodore solo era peor y peor. Ya no tan monótono, pero si más cruel. Ahora que sus memorias estaban completas, tenía certeza de que la actitud de ese entonces y la de ahora eran abismalmente distintas.
El Theodore de entonces era monótono, de pocas palabras y ella solo le había visto sonreír aquella ocasión, y situaciones parecidas… eventos horribles. Había rumores entre la primera línea acerca de que Theodore guardaba fascinación por el fuego maldito, llegando a susurrar incluso que seguramente era un pirómano; cosa que, dolorosamente, era algo que también se rumoraba en la escuela en los anteriores años, pero como era Malfoy quien expandía esos rumores nunca le dio importancia.
Sin embargo, el Theodore de ahora era distinto. Sonreía y hablaba mucho, era indolente y descarado. Demasiado ególatra, demasiado vanidoso. Un completo presumido. Pero aun así, continuaba siendo cruel, quizá en menor medida que antes, pero su crueldad permanecía allí guardando la excusa de que "es divertido".
El cambio sucedió poco después de que ella rompiera ese frasco en la casa del Norte. Uno de los frascos que contenían las memorias que los legeremantes lograron arrancar de la cabezas a Theodore.
Star se sujetó la cabeza y se la presionó con las manos. El recuerdo llegó como una puñalada en la sien, y se sentía como si alguien retorciera el cuchillo.
"Se resistió demasiado" había dicho James, cansado, "Un poco más y…"
"¡Basta!" se dijo a sí misma.
Últimamente, hacer eso le funcionaba para que esos recuerdos no la atormentaran como antes. Se pasó la mano por la cara e intento calmarse.
Vio el comportamiento, había notado el cambio. Era como un deja vu al comportamiento de antes. Seguía siendo perturbador y siniestro, claro, pero había algo más allí. Algo acerca de las viejas costumbres que tenía Theodore. Las cosas que antes hacía, dejo y ahora parecía comenzar a retomar.
Theodore solía apreciar el paisaje, sea cual sea. Donde hubiera una ventana o una vista panorámica, el solía acercarse allí y mirar hacia la nada, perdido en sus pensamientos quizá. Una vez, durante quinto año, Star le preguntó porque hacía eso.
—Mi padre me enseñó que un mago listo debe apreciar el paisaje. Yo creía que era simple estrategia… pero con el tiempo comencé a pensar que era más acerca de control y su ausencia… un medio para recordar lo pequeño que soy comparado con nuestro alrededor, que no puedo controlar todo lo que veo. Creo que ese recordatorio me ayudaba a tener bajo control mi propio ego.
Con esa respuesta, Star lo había admirado más de lo que ya lo hacía.
Actualmente era un recuerdo lejano, sin embargo, ahora él estaba allí, en la torre de Astronomía… apreciando las cosas de nuevo. Star quería creer que era un cambio bueno… pero cuando le pregunto a Theodore porque hacia eso, la respuesta no fue la que esperaba.
—No es tu asunto, Matthews —había contestado molesto.
Star se preguntó que lo había molestado, así que miró con atención hacia el grupo de alumnos que volvía de Hogsmade… y claro, allí estaba Granger, junto a Potter y Weasley.
Granger en especial, con un brazo entrelazado al de Weasley. Star se preguntaba cómo es que nadie notaba que alguien les miraba tan atentamente.
Star suspiro. Luego de la primera semana en la que Theodore actuó indolente ante esa situación, pensó que su plan estaba saliendo relativamente bien. Siendo honesta consigo misma, tanta pasividad de Theodore la ponía algo nerviosa, pues esperaba otro tipo de reacción de su parte.
"Al menos no hará algo cruel" se dijo a sí misma "y se ve bastante centrado" pensó mientras notaba que a Theodore no se le movía una sola expresión en el rostro. Hasta parecía aburrido.
Era como si finalmente Granger le hubiera dejado de importar.
Star sabía que desde siempre Theodore tuvo una especie de fijación con la impura; solo que antes lo disimulaba, pero que indolente cómo era ahora, seguramente no pararía y tampoco había nadie que pudiera convencerle de dejar de hacerlo. Así que si no podía hacer que Theodore se aleje de ella, al menos podría hacer que Granger sí lo hiciera.
Star uso Imperio e hizo que alguien cercano a la impura deslizara la poción de amor que compro de contrabando para que ella se fijara en Potter... y aunque todo salió mal y terminó de alguna manera encantándose con Weasley... el resultado era el esperado: La impura lejos. Además, Theodore era lo suficientemente orgulloso para no buscar la atención de alguien que le repelía.
Star creía que eso arreglaría un poco las cosas. Además de que la hacía sentir menos culpable con Theodore.
Pero claro, sus acciones… solo empeoraron todo.
¿Por qué demoraba tanto?
Theodore bufó. La había visto bajar desde el sendero que conducía hacia el Castillo hacía unos minutos. No venía sola, claro, al menos Krum era un caballero en ese aspecto y…
Rodó los ojos.
"Retiro lo dicho" pensó.
Theodore se dio vuelta y se apoyó contra el lateral de una de las rocas del camino, donde había estado apoyado leyendo el pergamino que le había llegado antes de ver a Granger y a Krum bajar hacia el Castillo. Se suponía que los Durmstrang no podían entrar al Castillo a esa hora, así que suponía que Granger bajaría sola y la interceptaría para hacerle su pedido, sin embargo no contó con que ambos se decidieran salirse del camino y ponerse a darse besos.
¿Qué hacer ahora?
Theodore se volvió hacia la pareja y con mirada crítica pensó que eso era tonto.
Lo entendía de alguien básico como Krum, ¿Pero Granger?
Sacudió la cabeza y decidió irse, pero entonces llegó Petro, el mago Irlandés, para interrumpirlo, lo cual era hasta divertido de ver. ¿Por qué las caras vergonzosas? Después de todo, estaban al aire libre, en donde todo mundo podía verlos. "Tontos" pensó decepcionado mientras fijaba la mirada en Granger.
Theodore había ajustado sus oídos con magia y escucho como Petro le decía a Krum que debían de volver al barco. Se marcharon, quizá no tan rápido como deberían. No tan rápido como la impaciencia le demandaba. Granger aún estaba suspirando y mirando por donde Krum se perdió, algo que le hizo rodar los ojos una vez más
—Por fin —dijo para llamar su atención, asustándola, pues se dio vuelta de inmediato.
Incluso ella parecía buscar su varita, lo cual era divertido porque sabía que ella no la tenía a mano. Pero cuando ella le vio la cara, su actitud cambió, pareciendo tranquilizarse casi de inmediato. Esa actitud le había confundido ya que después de todo, él podría atacarla si quisiera. No era sensato bajar la guardia tan pronto, menos sin la varita a mano.
Ella incluso le reclamo el haberla asustado.
Un reclamo… como si estuviera en posición de reclamar algo, con aquella expresión de corrección y confianza. Granger era extraña a su modo y…
— ¿Qué tienes allí? —le dijo de pronto, acercándose a ella y llevando su mano enguantada al rostro de la chica frente a él, levantándole el mentón. Sangre. Había una pequeña mancha roja en un tono más encendido que el de sus labios, casi como si fuera una… ¿herida?
Theodore frunció el ceño, de pronto molesto.
— ¿Acaso Krum es un salvaje? —preguntó con desaprobación.
— ¿Q-Qué? —ella tartamudeo una pregunta como respuesta.
"Si, eso precisamente" pensó aún enfadado "No hay otro modo de llamarlo". Acento el pulgar cerca de la comisura de su labio, haciéndola reaccionar al leve dolor.
"¿Cómo dejas que alguien te haga esto?" preguntó, pero no en voz alta. Theodore la libero y ella de inmediato se llevó la mano a la cara, poniéndose roja al instante.
—Tienes algo de sangre allí —le murmuro él.
—No me di cuenta —contesto ella mientras se presionaba el labio con la toalla.
"Me pregunto por qué" pensó mientras hacía una mueca. Luego él sacó su varita y luego de unas cuantas florituras la acerco al rostro de la chica frente a él para darle un toquecito y curarle esa herida. Guardo la varita y nuevamente llevó una mano a su mentón para revisar que no hubiera alguna otra en su rostro, incluso le miro el cuello, como si estuviera buscando imperfecciones en su piel pálida, y como no encontró ninguna, se sintió satisfecho… lo cual por un instante le descoloco.
¿Y que si las tenía? Eso sería problema de Granger.
Pero por un instante le miró a la cara. Visto desde tan cerca como estaba, sus ojos enormes, mirándolo fijamente. Sus mejillas teñidas de un fuerte tono rosa y sin las imperfecciones de antes en su rostro. Limpio.
—Ahora se ve mejor —murmuro mientras asentía.
…
Theodore abrió los ojos, mirando el techo del dormitorio en la mazmorra, levemente irritado y no entendía exactamente por qué era eso así.
Se levantó y siguió la rutina de siempre. Pociones, ducha, ropa… aunque esta vez no era el uniforme de la escuela. Era ropa de fuera. Ese día tenía un permiso para salir fuera del Castillo.
La coartada era que se trataría la maldición que pesaba aún sobre su brazo derecho, pero la verdad era algo más espinosa. Espinoza y podría volverse interesante, dada la situación.
Se saltó el desayuno y salió directamente de los terrenos del castillo, una vez estando un pie fuera de los terrenos del Castillo, activo el traslador que le proporcionaron para su viaje. Theodore apareció en un jardín perfecto y bien cuidado. Camino hacia la entrada y por los ventanales laterales distinguió las infinitas chimeneas del salón principal.
La gran puerta estaba abierta de par en par. James estaba en la entrada, esperándole, al igual que otros magos de la primera línea. Esta vez eran de la facción de McGrath. Se acercó en silencio y todo mundo le abrió el paso para dejarlo entrar.
Le gustaba eso, la ceremonia y el respeto. Las miradas bajas. El sometimiento implícito que le debían los suyos y…
Cuando miró a uno de los soldados que escoltaban la entrada, este de inmediato aparó la vista, con el lenguaje corporal y nerviosismo de alguien que desea que dejes de mirarle. Quería bufar, sin embargo…
"¿Qué pasa contigo?" recordó que ella le dijo antes de alejarse como si le hallara repulsivo de algún modo, eso le puso de mal humor en ese mismo instante.
¿Me tienen miedo? Pensó mientras miraba a los ojos a cada mago presente. Le temían, pero no se alejaban. No podían, ese era su trabajo. "Aunque seguramente si de ellos dependiera…"
"Tonterías" pensó brevemente y dejo escapar todo su discurso interno y de pronto ya todo quedo olvidado. Como si nunca lo hubiera pensado en primer lugar.
Avanzó hasta el interior del lugar, Serafina estaba esperando de pie, en el salón principal y junto a ella, su sobrino, Raphael Magellan. El chico mantenía la mirada altiva, pero su nerviosismo era evidente.
—Señor Nott, lo estábamos esperando —dijo Serafina con ceremonia.
—Por supuesto —dijo Theodore— es lo mínimo que tienen que hacer luego del fiasco en Hamburgo.
La boca de Serafina era una dura línea, pero se mantuvo firme. Su sobrino, por otro lado se removió nervioso.
—Por favor, sígame al estudio —dijo ella de inmediato.
Theodore miró hacia la sala. Allí había más magos, todos ellos nerviosos, pero con solo verlos sabía que habría todo tipo de rumores más tarde cuando él se fuera. Serafina era la cabeza, pero cuando le ordenaron tener un segundo a quien cederle el control de la Red Flu a futuro, escogió a un sobrino joven e inexperto con poco apoyo interno, en lugar de algún de la hilera de primos y tíos mayormente calificados; eso, sin contar a las miembros femeninas de aquella familia, quienes habían estado seguras de que ella cediera el título a otra mujer. Serafina jugaba con fuego y eso lo sabía todo el mundo.
Por otro lado, eso a Theodore, de cierto modo, le divertía. La gente hacía cosas demenciales a veces… y al final… al final, todo el mundo tenía que responder. Mientras más grande el pecado, mayor al ofrenda para ser perdonado.
El pasillo que conducía al estudio estaba desierto, pero James le acompaño en silencio hasta la puerta. Seguramente tenía intenciones de entrar, pero Theodore le detuvo con solo una señal. Le miró de reojo un instante. Era una pieza importante en su maquinaria de control del Dominio, pero no había razón para involucrarlo tanto, menos si iba a usar uno de sus más altos aces bajo la manga. Edward, por otro lado…
Theodore entró. Serafina a su espalda, seguido de cerca por su sobrino.
—Serafina… —murmuro Theodore— Estoy seguro que todo tiene una explicación.
—La hay —dijo ella de inmediato, ofreciéndole ocupar el sillón principal.
—Y un culpable.
Serafina dudo un instante— Lo que paso fue un brote involuntario, eso que provoco la falla. Un brote involuntario…
—Es cosa de gente joven. Raphael —dijo mirando al muchacho, no debía tener más de quince años. Solo dos años menor que él mismo— ¿Tienes algo que decir?
—Fue mi error, señor Nott —dijo el muchacho, valiente de su parte, había que reconocerlo, pero estúpido.
— ¿Tu error? —Preguntó— ¿Acaso tienes siete años? Los brotes involuntarios son de niños. Tú no eres un niño, ya no desde que Serafina te nombro.
—Asumiré la responsabilidad…
—La responsabilidad —murmuro Theodore, desviando levemente la mirada hacia Serafina— doce personas sufrieron desparticiones. Hay rumores de que un brazo llego de Hamburgo a Suecia. ¿Cómo vas a lidiar con eso?
—Eso fue un rumor, lo verificamos —dijo Serafina.
Theodore sonrió— Que ustedes lo verifiquen no importa. Todo Hamburgo leyó ese titular hoy por la mañana ¿Qué crees que va a pasar? ¿Hasta dónde crees que esa noticia va a escalar? ¿De qué sirve tener la Red Flu instaurada si todo el mundo tiene pánico de usarla? —tanto Serafina como el muchacho se quedaron callados— La responsabilidad… es subjetiva justo ahora.
— ¿Subjetiva? —pregunto Serafina.
—Tienen suerte de que el Ministerio de Hamburgo tenga una fuerte oposición. Les echaremos la culpa a ellos, diremos que fue sabotaje. Me aseguraron que plantaran pruebas si es necesario… a un costo razonable y claro, las compensaciones a las víctimas saldrán de la bóveda de los Magellan. Hay que mostrarse solidarios en estos casos —dijo bufando— eso claro, de periódicos para afuera, ahora… los responsables reales… están bajo este techo.
—Sigue siendo mi culpa y… —comenzó a balbucear Raphael Magellan.
—De lo único que tienes culpa, Raphael, es de no ganarte a tu gente en el tiempo adecuado —dijo agitando la mano— y de Serafina por sobreprotegerte.
El muchacho frunció el ceño— No entiendo…
—Mejor que no —dijo Theodore— ahora, sal. Serafina te pondrá al corriente luego.
Raphael miró de Theodore a Serafina, cosa que le comenzó a molestar demasiado. Él le había dado una orden ¿Por qué miraba a Serafina?
—Fuera —mascullo.
Serafina le miró significativamente, y con una venia el joven mago por fin se marchó.
—Es joven —dijo Serafina de inmediato.
—Eso no es excusa. Yo también soy joven y eso nunca fue una excusa —le contesto aún enfadado. Entonces, recurrió al vínculo con Serafina y al instante podía sentir su aflicción inmediata. Miedo. Simple y llano miedo— ¿Creen que soy estúpido? —le dijo duramente— ¿Acaso crees que no puedo ver un engaño frente a mis narices? ¿Un brote involuntario de magia? Ridículo. Lo que tú tienes es una facción dentro de tu familia que quiere destronar a ese niño antes de que tome el título. Tu propia gente los ha saboteado y tú intentas ocultarlo.
Serafina inspiro con fuerza— Solo el tiempo necesario para aplastarlos de la manera adecuada. Siempre has dicho que hay mantener la entereza a toda costa. Esta es la manera.
—A toda costa —repitió— a toda costa… —mascullo— Engañando incluso a tu sucesor. Ese niño es un crédulo o un estúpido. Y no sé cuál es peor.
—Es un buen muchacho. No tiene por qué tener que lidiar con cosas como estas. Aún. No mientras yo siga aquí —murmuro Serafina— ¿Por qué crees que quieren deshacerse de él? —Le dijo con voz suave— Los mayores convenencieros siempre quieren deshacerse de la gente buena si no pueden tenerlos bajo control.
Theodore sacudió la mano— Mientras tú te preocupas por los sentimientos de ese niño perdemos credibilidad en el continente. Que ese niño sea un dechado de virtudes no sirve en el mundo real, Serafina. Crees que le haces un favor, pero todo esto es estúpido.
—No lo es. No lo es en absoluto.
—Claro que no —murmuro— seguro que no —dijo presionando con fuerza sus manos en puños— Cerrando filas solo entre ustedes. Ese niño no tiene hermanos y solo un padre que fue desterrado en aquel tiempo cuando los Magellan intentaron traicionar mi familia. Para mi… solo un traidor en potencia si se le da la oportunidad —dijo con amargura— ¿Un buen muchacho? Seguro. Uno que hará todo por la única persona que le da la mano, la única persona que le está protegiendo contra todo. Incluso contra el terrible Theodore Nott.
Serafina se veía escandalizada y su miedo se disparó, lo que le dio a Theodore la certeza de que iba por ese camino.
— Ya puedo imaginar que haría ese buen muchacho agradecido por ti si hubiera algo que quisieras pedirle.
—Yo no haría…
—Lo harías. Lo has hecho antes y algo me dice que volverías a hacerlo.
—Soy leal —dijo ella poniéndose de pie y llevándose la mano derecha sobre el corazón, el modo en que juraban los magos— soy leal. Lo juré.
— ¿Hasta qué punto?
—No hay punto —murmuro Serafina— soy leal. Siempre lo seré.
Y Theodore, mediante el vínculo, pudo sentir que eso era verdad.
—Pero me has fallado —dijo entrecerrando los ojos— prometiste que nunca fallarías. Que nunca harías que creyera que podrías ser una traidora. Y hoy eso ha sucedido —Theodore hurgó en el bolsillo y sacó dos frascos pequeños y los sostuvo entre sus dedos.
El miedo de Serafina de pronto era dolor.
—Sabías que esto iba a suceder —dijo Theodore.
Theodore lanzó los frascos en el aire y con un movimiento rápido de varita, estos estallaron hasta volverse nada en el aire, suave polvo de vidrió dando sus últimos destellos antes de perderse.
La cara de Serafina era una mezcla de estupefacción y algo más que no podía distinguir. El sentimiento que podía identificar por el vínculo, por otro lado… tan parecido a... Theodore lo silenció al instante antes de darse cuenta y se dijo a sí mismo que todo era aburrido, el pensamiento fugaz desapareció tan pronto como había llegado.
—Esto no pasara de nuevo —le dijo duramente a Serafina— Porque tú sabes que haré si llega a suceder otra vez.
—No, Señor Nott —dijo ella con la voz débil.
Theodore salió de allí y se encontró con James en la puerta y lo siguió sin que él se lo pidiera. Siempre hacía eso. Siempre. Era molesto. No, todo allí se sentía molesto.
Desvió el camino y en lugar de ir hacia el jardín, camino hasta la sala de las chimeneas de Serafina. Tomó polvo flu en una enguantada mano y se volvió a James antes de entrar en una de ellas.
—Iré a la Casa del Norte. Solo.
—Pero Theodore… tu seguridad… —comenzó James.
—Es la casa del Norte. Nadie puede atacarme allí.
Y sin esperar respuesta, se perdió en una llamarada de fuego azul.
Entre un parpadeo y el siguiente, el familiar salón con terciopelo rojo en todos lados apareció frente a sus ojos. Salió de la chimenea y camino hacia las escaleras. Por el rabillo del ojo pudo notar que la elfina de la casa miraba desde una de las esquinas de uno de los pasillos.
Theodore subió peldaño a peldaño, pensando en nada, solo avanzando. Cuando llegó al tercer piso, se deshizo de su capa arrojándola al suelo y caminando hacia uno de los sillones que daban a la ventana. Se sentó allí y espero.
Edward apareció solo un instante después.
— ¿Me necesitabas?
—Quiero que pongas un ojo sobre los Magellan. Quiero saber si Raphael contacta a su padre en secreto.
—Eso es imposible —murmuro Edward.
Theodore se volvió hacia él, molesto— Si vas a soltar una melodramática historia acerca de que…
—Fue desterrado hace más de diez años, murió hace como cinco. Eso está incluso en el registro del Ministerio.
Theodore frunció el ceño. Tendría que verificar esa información con las otras fuentes.
— ¿Desde cuándo lo sabes?
—Desde que supe que sería sucesor de Serafina. El padre era un traidor, me preocupó que el nuevo líder de una familia como la de los Magellan pudiera ser un peligro, así que lo investigue a fondo —dijo llanamente— siempre me preocupe de minimizar el peligro para ti. Jamás hubiera dejado pasar un detalle así.
Theodore se llevó una mano al mentón, pensativo.
— ¿Puedo preguntar algo con libertad? —murmuro Edward.
—Adelante.
— ¿Quién te lo dijo? Acerca del padre del muchacho…
— ¿Importa?
—No mucho —dijo Edward despreocupadamente— No tanto. Solo una preocupación ambigua… ya que el resultado de eso, es que llegaste a pensar en que Serafina podría estar planeando algo en tu contra…
Theodore frunció el ceño. Eso tampoco le gustaba.
—Si me permites opinar…
Theodore sentía que le podía comenzar a doler la cabeza— Habla ya.
—Theo… ¿No crees que fue demasiado?
Estaba distraído, pero esas palabras hicieron que se centrara de nuevo— ¿Demasiado? —Preguntó— ¿Desconfiar abiertamente de una actitud sospechosa es demasiado?
—No hablo de la sospecha —contesto el mago mientras se llevaba las manos a la espalda— si no del castigo… —murmuro muy bajito— sabes lo que esas memorias significan para Serafina. Tú sabes, corregir es importante… acorralar no lo es tanto. Ser %$$%#"%$W$
Theodore se froto la sien. Bla, bla, bla. Siempre lo mismo. Siempre igual. Todo el mundo hablaba pero nada tenía sentido. Todos estaban mal. Todos. Volvió la mirada hacia la ventana y se distrajo con el paisaje frente a él.
— ¿No te preocupa? —Preguntó de pronto Greengrass.
Theodore, sacado de la pequeña ensoñación en la que ingreso se volvió a él de inmediato.
— ¿Qué cosa?
—El karma —murmuro Greengrass.
Theodore alzó una ceja— Creencias Muggle —murmuro— ¿Crees que debería preocuparme por creencias Muggle?
Edward se miró las uñas— Suena sensato —dijo en un murmullo— ¿Puedo hacer otra pregunta?
Theodore quería rodar los ojos. Se volvió hacia Edward y le miró detenidamente. Un mestizo, por tanto no podía tener el vínculo con él, si no, al menos tendría una idea de que es lo que pasaba por su mente. Le pareció divertido desde siempre, pero debajo de la superficialidad, la habilidad de volverse necesario y los chistes malos, podía notar el muy ligero y cuidadoso modo en que era meticuloso. Meticuloso y calculador. Theodore suponía que el resto era fachada para ser no tomado en serio por sus enemigos. Con él siempre se mostraba obediente y servicial, pero poco a poco notaba como se iba inmiscuyendo más de la cuenta. Eso podía volverse problematico más adelante.
—Habla.
— ¿Hay algo que te esté molestando?
—No —dijo de inmediato— ¿Por qué?
—Porque pareces molesto últimamente.
Theodore se tomó su tiempo para contestar— No es tu asunto —dijo por fin.
...
Serafina había desterrado a tres magos la siguiente semana y escucho acerca de una especie de purga en su territorio y muchos cambios en la administración de su casa. Bueno, al menos eso decía el pergamino que le llego esa tarde.
Las cosas se habían puesto interesantes últimamente, entre ellas, la más escandalosa: La pelea de Potter contra Draco en el baño de prefectos, donde los rumores decían que Potter ataco a Draco a traición. Por supuesto, nadie esperaba que Potter fuera expulsado, pero si le molesto que ni siquiera fuera castigado. A él le quitaron la varita por un mes por menos que eso, las reglas de la escuela era realmente un desastre. Miró hacia la mesa de los Profesores y contemplo al responsable de los favoritismos y volvió a sentir la necesidad de tomar su varita y atacarlo. Sería un suicidio, claro, pero ganas no le faltaban.
Theodore de pronto se echó a reír de sí mismo. ¡¿Atacar a Dumbledore?! ¿De dónde había salido esa idea tan estúpida? Sacudió la cabeza por el rabillo del ojo no pudo evitar notar que el trío dorado llegaba al comedor. Theodore se puso de pie poco después y salió del comedor sin mirar atrás.
Paso poco después, luego del segundo partido de Quiditch de la temporada. Estaba leyendo en la biblioteca cuando lo oyó, el evento vergonzoso de la semana. Weasley, dando un espectáculo luego de haber sido útil por una vez en su vida ayudando a su equipo a no perder. Y claro, al parecer también se consiguió una empalagosa novia. Al parecer iniciaron apenas termino aquel partido y comprobó en el desayuno del día siguiente esos rumores. Daban risa solo de mirar.
Y Granger no estaba por ningún lado. Theodore asumía que seguramente estaba por ahí, escondiéndose de la realidad. Parecía sensible en esos aspectos, pero seguro lo superaría pronto. "Es buena superando cosas y fingiendo que nada sucede" pensó, pero el pensamiento burlesco no lo fue del todo.
"Como sea" se dijo.
Salió temprano del gran comedor y se paseó por los baños del tercer piso primero y luego por la biblioteca, pero no había señales de la desaparecida chica. Theodore bufó, quería restregarle en la cara que había echado su tiempo a perder con Weasley lo más pronto posible. Se cruzó de brazos y se preguntó dónde estaría y se le ocurrió el último lugar donde no había buscado. Estaba saliendo de la biblioteca cuando se encontró frente a frente con el espectáculo del comedor: Weasley y compañía.
— ¿De verdad? —decía la chica.
—Sí —le contestaba Weasley— va a ayudarme con la tarea de encantamientos.
—Sé que es tu amiga pero…
—Oh, vamos —dijo Weasley en medio de una risa— Hermione podría ser mi hermana. Crecimos prácticamente juntos. No estés celosa —le dijo presionando una de sus mejillas.
"Merlin" pensó Theodore rodando los ojos, pero de todas maneras, de inexplicable buen humor de inmediato.
Salió de la biblioteca inadvertido y camino hasta el séptimo piso y pronto estuvo de pie ante la pared que estaba en frente del tapiz de Barnabas el chiflado, esperando a que la enorme puerta se materializara. Por supuesto, ¿en donde más se escondería ella?
Cuando comenzaron a usar la sala de Menesteres en conjunto para leer y estudiar cosas juntos a principio de año, era su propio espacio privado en el casillo, donde nadie los molestaba. En las últimas semanas, Theodore había sido el único en usar ese espacio, pero luego de los eventos del día, que ella huyera allí era lo esperado ¿Por qué a donde más iría? Potter era su amigo, pero también de Weasley. Si ahora lo odiaba, no podría decírselo a Potter… y si quería venganza (por supuesto que seguramente la querría) era a él a quien recurriría.
Cuando entró, el ambiente era extraño. Olía a humo. Ella estaba allí, claro, pero estaba agachada sobre algo: Su juego de ingredientes para pociones.
Theodore primero frunció el ceño. Le había dicho a Granger hacía un tiempo que si quisiera usar sus ingredientes le dijera primero, pues los tenía guardados bajo encantamientos… que seguramente ella rompió, pues definitivamente esos eran los ingredientes.
"Sumémosle hurto a la lista de agravios" pensó cruzándose de brazos.
— ¿Qué se supone que estás haciendo? —le pregunto, aun quedándose de pie a su espalda.
—La dejare calva.
— ¿Qué?
—Si no es bonita ya no la querrá.
Theodore se quedó momentáneamente con la boca abierta, completamente descolocado— Ya no la… ¿Qué?
— ¡Que si ya no es bonita ya no la querrá! —dijo ella, poniéndose de pie y encarándolo. Su pequeño rostro, vuelto una máscara de furia, agitando un dedo frente a él, pero luego volvió a agacharse para seguir concentrándose en el caldero.
Theodore entrecerró los ojos— ¿Y por eso asaltas mi baúl de ingredientes? No seas infantil —dijo negando con la cabeza— Y objetivamente hablando, no creo que este con Brown porque es bonita. No lo es tanto —dijo encogiéndose de hombros.
— ¿Sus dientes entonces…? —Pregunto ella de pronto— Si los pierde…
Theodore descruzo sus brazos, inevitablemente soltó una risa— Wow —dijo— ¿En serio importa tanto? Que terrible. Weasley tiene novia ahora.
— ¡No es verdad!
—Pues dile a Weasley que no bese a la que no es su novia —dijo burlón.
— ¡Cállate!
—No —dijo Theodore enfadado de pronto de nuevo— tú cállate. Y deja de hacer eso, el acónito esta en alta demanda hoy en día.
Theodore se agacho prácticamente frente a ella con serias intenciones de quitarle la planta de las manos, pero ella se echó hacia atrás muy rápido, alejándose de inmediato y sacando su varita para apuntarle.
—No me toques —le dijo muy seria.
Theodore se quedó congelado un instante, sin poder creerse la actitud de ella y enfadándose aún más. Con la mano enguantada le dio un manotazo a la varita que ella sujetaba— A mí no me apuntes con una varita —dijo mientras estiraba la mano hacia el acónito que ella había soltado— esto es mío, no tuyo. Todo lo que estás desperdiciando aquí es mío.
Ella apretó los dientes y se puso de pie de inmediato— Bien —le dijo— quédatelo —camino hasta donde estaba su capa, colgada de una silla y se la puso rápidamente— de todos modos tengo que irme —dijo casi cantarinamente— tendremos una cita de estudios. Quiero ver a la tonta de Lavender ser tan buena como yo.
— ¿En serio iras? —preguntó él, incrédulo.
—Claro que sí, lo prometí —dijo ella con una sonrisa y las mejillas arreboladas.
—Y tú no dejarías plantado a nadie. Ya.
—No, no lo haría.
"Mentirosa" pensó con rencor.
—Weasley dijo que eres como su hermana —le dijo con crueldad— yo mismo lo escuche. No importa que hagas, incluso siendo mejor que Brown no te notará. Pierdes tu tiempo.
Granger se quedó muy quieta y seria— Esas son tonterías —contesto de inmediato.
— ¿Qué demonios estas dicen…?
Pero ella ya le había dado la espalda y se iba caminando hacia la entrada, enfadándolo todavía más.
"Nadie me da la espalda a mí"
Theodore sacó su varita y con una sola floritura lanzó un encantamiento a la puerta, sellándola. Granger primero miró hacia él y parecía enfadada, sin embargo, luego camino de todas maneras a la puerta e intento abrirla, primero forzándola y luego comenzó a darle patadas, para sorpresa de Theodore. Nunca alcanzó a ver esa faceta violenta en ella. Eso no estaba bien. No estaba nada bien.
Luego, ella sacó su varita y reconoció el encantamiento bombarda de inmediato. Theodore prácticamente corrió hacia ella y la sujeto de la muñeca.
— ¡¿Qué demonios estás haciendo?! —le gritó. Estaba demasiado cerca de la puerta como para lanzarle un bombarda. Una completa locura.
— ¡No me toques! —Le gritó tirando de su mano para liberarse y lo consiguió— No te me acerques. No quiero estar aquí. Tengo que ir a la biblioteca. Lo prometí. Lo prometí y tú estás arruinando todo. ¡Todo! —dijo alzando su varita en ese instante.
Theodore estuvo muy tentado a tomar su varita también, pero en su lugar levanto las manos, siguiéndole el juego— ¿Ah sí? ¿Estoy arruinando tus preciosos planes?
— ¡Si! —Dijo ella errática— Debía estar allí a las diez, pero tú ¡Tú!
Theodore se encogió de hombros— ¿Las diez? —dijo inocente— Pero Hermione, son las once.
Hermione, aterrada, miró automáticamente al gran reloj de la pared mientras Theodore aprovecho ese momento de distracción para sujetar su varita con fuerza y lanzarla lejos. Solo hizo un chasquido cuando cayó en algún lugar de la habitación.
—Basta —le dijo.
Ella reacciono de inmediato, intentando pegarle en la cara como había hecho con Malfoy aquella vez en tercer año. Theodore lo esquivo por poco, pues le tomo totalmente por sorpresa. Le sujeto la mano de nuevo y ella intento golpearlo con la otra, pero Theodore le sujeto de la muñeca también.
— ¡Basta! —le gritó, sin saber exactamente que más hacer.
Ella forcejeo y lo hizo con bastante fuerza, obligando a Theodore a empujarla contra una de las paredes y aprisionarla contra estas para evitar que se siguiera moviendo, además de impedirle que le diera patadas, pues recibió al menos dos de ellas. Estaba totalmente fuera de sí.
— ¡Basta! —volvió a decir.
Hermione se resistió, maldijo, grito y finalmente suplicó.
—Suéltame —dijo totalmente desesperada— Tengo que irme. No va a perdonarme, no va a perdonarme —dijo con la voz rota y aun intentando liberarse del agarre de Theodore, pero él la tenía muy bien sujeta— Por favor, por favor suéltame. No hare nada, lo juro. Dijiste que eras mi amigo. Lo dijiste…
Theodore, quien ya había quedado completamente lívido cuando ella comenzó a suplicar de pronto, pues nunca la había visto así antes, no sabía exactamente que hacer— Granger… cálmate.
—No —dijo ella cada vez más lastimeramente— no… no quiero esto… No le agradas ¿Qué va a pensar de mi si me ve así?
—Granger…
—No me toques —dijo moviendo su rostro hacia un lado y luego otro— No me toques. Suéltame. ¡Suéltame! ¡SUELTAME!
—Está bien —dijo Theodore— pero antes quiero que me mires durante un momento.
Hermione se quedó estática al instante— ¿Vas a soltarme?
—Si —dijo Theodore— pero primero quiero que me mires y luego te soltaré.
— ¿Lo prometes?
—Sí —dijo siguiéndole el juego— promesa de amigo —le susurro.
Hermione alzo la cabeza y entre todo el caos que era su cabello, Hermione Granger le miraba por un ojo color miel. Ella alzó la cabeza y le miraba sin parpadear, los labios le temblaban y sus ojos parecían no estarle mirando.
La boca de Theodore era una dura línea.
—Quiero verlo, por favor. Solo quiero verlo —ella murmuro— Suéltame.
Theodore en ese momento soltó una risa incrédula por lo ridículo que sonaba las palabras que salieron de su boca.
—No quiero.
Hermione entorno los ojos, pero no pudo replicar una sola palabra, pues impensablemente, Theodore la estaba besando en la boca. Ella tardo algunos segundos en responder. Hermione se resistió, se retorció y finalmente lloro. Theodore sintió sus lágrimas en los labios, fue cuando dejo de besarla.
Aun sin soltarla, vio como Hermione se deshacía en llanto, mascullando lastimeramente acerca de que ahora ella no tendría nunca "Su amor" pues ahora estaba sucia.
En ese momento Theodore la soltó, Hermione pareció quedarse sin fuerzas en las rodillas y se dejó caer en el suelo, aun apoyada contra la pared para seguir llorando desconsoladamente. Theodore solamente sacó su varita y la apuntó con su varita.
—Desmaius —murmuro.
Ella se dejó caer en el suelo en ese mismo instante.
Theodore tomó aire con fuerza y se acuclillo frente a ella. Eso, era claramente poción de amor.
…
—Mi cabeza… —fue lo primero que ella dijo cuando despertó, conscientemente al menos.
Llevaban allí prácticamente todo el día y ya pronto sería la hora de la cena.
Hermione se había despertado tres veces, todas ellas asistidas por Theodore, quien primero hacía lo posible por calmarla y lograr que fuera obediente para beberse el antídoto que a duras penas logro preparar. No era precisamente un pocionista estrella.
Ella siempre despertaba confundida, luego parecía recordar lo que él hizo, se ponía histérica y luego volvía a llorar exigiéndole que se aleje de ella, pues no tenía la fuerza para hacerlo ella misma. Cada vez, él le explicaba que estaba bajo los efectos de una poción y que el solamente quería curarla de eso, pero ella no paraba de llorar, haciendo que Theodore tuviera los nervios de punta por eso.
— ¿Qué pasó? —pregunto esta vez calmada y sonando sensata.
Theodore la miró con los brazos cruzados y los ojos entrecerrados. Su nariz estaba roja y sus ojos algo hinchados. Su rostro entero rosa y la mirada cansada. Se veía lastimera.
—Alguien te dio amortentia —dijo de golpe.
Hermione se quedó momentáneamente lívida, se sujetó la cabeza con ambas manos y luego de un suspiro trato de levantarse. Theodore quiso acercarse a ayudarla, pero ella no le dejo. Le hizo un alto con la mano y se puso de pie sola.
—Voy a ir a la enfermería —murmuro con la voz ronca.
Theodore hizo una mueca— Has lo que quieras.
Hermione se dio vuelta y murmuro con desgana algo parecido a un "gracias". Mientras buscaba algo con la mirada, seguramente su mochila, pues él se aseguró de dejarle la varita a la vista y cerca para que ella pudiera tomarla.
Theodore se alejó y solamente caminó hasta el espejo en el fondo de aquella sala, se acercó a la mesa donde aún estaba su caldero y comenzó a ordenar los ingredientes que uso. Por el rabillo del ojo vio como ella, que ya se había colgado la mochila en el hombro, la dejaba en el suelo, se volvía hacia él y se cruzaba de brazos mientras le miraba ceñuda.
— ¿Por qué hiciste eso? —Pregunto Hermione.
— ¿Qué hice? —pregunto fingiendo inocencia— ¿Ayudarte? ¿Darte una poción para curarte?
—Tú sabes de que estoy hablando —dijo molesta— ¿Por qué lo hiciste?
Él bufo, rodo los ojos, pero vio a través del espejo que ella no se iba ni se acercaba, solo seguía mirándole como si esperara algo.
Theodore se volvió hacia ella y también se cruzó de brazos— Bueno, yo tampoco lo sé —respondió por fin.
Y realmente no lo sabía. Ya la había besado antes y no era la gran cosa…. Sin embargo, esta vez estaba tan enfadado…
"Qué tontería" pensó.
Se llevó una mano al mentón, pensativo— Quizá me pareció divertido —dijo más para él mismo que para contestarle a ella.
—No parecías estar divirtiéndote, parecías molesto.
Él se encogió de hombros— Puede que eso también.
— ¿Por qué?
Él le miró ceñudo—Pensándolo bien, quizá no era molestia ni diversión, si no pena ajena —dijo con una mueca— por lo patética que te veías corriendo detrás de Weasley y lloriqueando porque se lio con Brown. Querías dejarla calva y tirarle los dientes. Patética.
Ella jadeo— Eso no debería importarte.
— Realmente no me importa —dijo encogiéndose de hombros y volviendo hacia la mesa para seguir guardando sus cosas.
— ¿Entonces por qué? —insistió Hermione.
A través del espejo pudo ver como ella componía una expresión extraña, en realidad, parecía triste, algo que de alguna manera lo puso de los nervios y más molesto.
— ¿Qué quieres? ¿Una revelación impresionante? ¿Una confesión increíble? —dijo dándose vuelta y enfrentándola, enfadado de nuevo— No es algo tan complejo como eso. Solo me pareció que es algo que yo quería hacer y lo hice, es todo.
Él dejo de mirarla y siguió ordenando las cosas de la mesa, pero se dio cuenta de que aventaba los frascos con fuerza y se detuvo en seco. Si estaba molesto. Y ahora todavía más… y en el gran orden de las cosas Granger debería estar molesta también, no triste. De nuevo se volvió hacia ella, pero ahora avanzo hasta estar a pocos pasos de ella y sin quitarle los ojos de encima. Ella no se movió en absoluto, como si estuviera dispuesta a enfrentarlo
—Sí. Es cierto —murmuro, más para sí mismo que para ella— yo quería hacerlo —dijo mirándola ahora— y es todo lo que puedo decir de mi parte. Pero ¿y tú? ya que estamos hablando de esto ¿Qué hay de ti? Deberías estar indignada y marcharte dando un portazo, no quedarte parada allí y mirándome con ojos tristes.
Ella frunció el ceño— Estás loco
Hermione negó con la cabeza y murmuro algo más, se volvió hacia la puerta e hizo el intento de abrirla, pero la mano de Theodore no la dejo, pues aplasto la puerta por encima de su cabeza.
— ¿Y ahora porque el afán de salir corriendo? Solo haces que me sienta más curioso —dijo él agachándose hacia su oído— ¿Dime Granger, que quieres? Te quedaste a escuchar mi pantomima y ahora quiero escucharte hablar. ¿Qué quieres tú?
Ella se giró y le dio la cara. Theodore entreabrió los labios e inclino la cabeza a la derecha no perdiendo detalle de sus expresiones, llevo una enguantada mano a la barbilla de Hermione y con el pulgar se atrevió a acariciarle el labio inferior. Ella quedó paralizada, con los ojos entornados… completamente afectada, pero sin alejarse ni gritándole que no la tocara.
Entonces, Theodore por fin entendió por qué estaba tan molesto. Fue por el rechazo. Ella ni siquiera quería que se le acercara y cuando lo hacía ella se alejaba; en cambio a Weasley…
"¿Celos?"
—No te vayas a asustar —dijo despacio, apartando el enojo y concentrándose en como ella lo estaba mirando.
Para él era común ser admirado, Theodore era muy vanidoso y lo sabía bien, pero Hermione prácticamente la única que no se inquietaban cuando se le acercaba tanto y de esa manera, al menos así había sido hasta que alguien la había envenenado con Amortentia.
Ella le reclamó el motivo por el cual la beso, no por el beso en sí.
Esa diferencia abría un mundo de posibilidades que había estado ignorando.
— La verdad… —le dijo bajito—…es que a mis ojos pareces inocente la mayoría del tiempo. Puede que de alguna forma eso me guste. Además, tú me diste bastante atención últimamente, atención que no le das a nadie y de la nada ya no lo hacías, pero luego vas y persigues a otra persona de manera tan patética. Nada propio de ti y eso fue molesto. Realmente fue muy molesto —dijo acercándose un poco más— Puede que tal vez por eso me haya puesto bastante celoso.
Ella no apartó la vista ni se movió un milímetro, los ojos entornados— ¿Celoso?
Theodore bajo la mano por su mejilla hasta llegar a su nuca— Tal vez. No estoy seguro —dijo haciendo una mueca— pero ahora mismo estoy curioso. Sé que besaste a Krum, pero ¿Soy la segunda persona que te ha besado?
Hermione, paralizada y cohibida respondió— Si —dijo despacio mientras, Theodore comenzó a pasar sus dedos entre su cabello desordenado.
—Lo suponía —dijo acercándose a ella, agachando la cabeza— entonces ¿Quieres que te bese ahora? Porque yo quiero.
Hermione entreabrió los labios, posiblemente insegura, pues agacho el rostro. La mano de Theodore se puso rápido bajo su barbilla y la obligo a mirarlo— Mirada al frente —dijo mientras se acercaba aún más a ella, sus narices rozándose— Cuando te avergüenzas tu rostro se vuelve rosa. Es bonito.
Él la beso. Ella correspondió.
No fue algo atropellado, no como cuando ella estaba bajo los efectos de la poción, ni esas veces en la Torre de Astronomía. Esto era diferente y definitivamente mejor.
No supo cuánto tiempo paso, solo reacciono cuando les falto el aire y tuvo que romper el beso.
Theodore la miraba desde arriba. No se movió de donde estaba, ni dijo nada. Solo la miraba fijamente. Hermione estuvo a punto de agachar la cabeza… sin embargo… en lugar de eso, levanto la mirada y al parecer decidió que quería ser atrevida, pues con una mano dio un tironcito de la corbata de Theodore haciendo que sus rostros estuvieran cerca de nuevo. Sus labios volvieron a rozarse.
—Otro —murmuro ella sobre sus labios y con los ojos cerrados.
Theodore no lucía sorprendido, es más, era como si lo esperara. Como si fuera lo más natural del mundo, porque claro, ella era una mandona nata. Él no se dio cuenta, pero sonrió
—Claro —dijo también por encima de sus labios y la estaba besando de nuevo… quien sabe por cuánto tiempo.
Hola de nuevo!
Acá vengo yo, con un nuevo capítulo. Siempre prometo los Lunes pero luego me da algo y publico entre semana jajajaja
Lo siento mucho :(
Sin embargo, publico hoy porque si no lo hago ahora, lo pasare al lunes y no se me hace justo. No quiero alargar demasiado las publicaciones, menos en este punto de la historia :3
Ah, cosillas varias, recapitulando:
-Acá vemos uno de los eventos que dieron pie a los rumores aterradores a los que deje guiños en los anteriores cap, de cuando Theo recien estaba de vuelta y fue cruel para recuperar el control de las familias.
-Lo de la piromanía... pues Theo usaba fuego maldito cada que podía porque era bueno en eso, y Draco odiaba su talento y le llamaba piromano... sin embargo, eso no quita el echo de que a él si le gustaba el fuego maldito :s. Recoerdemos que Theodore tenía un arsenal de maleficios y leía mucha magia tenebrosa, ademas de que desde antes lo mostre interesado en los maleficios imperdonables. Y que decir de la tortura, cuando le maldijeron el brazo por primera vez, Theo mando a Edward a conseguir información... y Edward dijo que parecía una prueba, pues el solamente conseguiría eso torturando. Y eso era algo que Theodore sabía.
-Y la parte final... :3
El siguiente cap será brutal :D
Gracias por leer :D
PD: En estos días me pongo al día con las respuestas a los comentarios :3
PD2: Oh, oh, el título viene de una cancion que me encanta. Slow poison, de la banda the bravery :3
