AQUI LES TRAIGO MI NUEVA ADAPTACIÓN ESPERO LES GUSTE

Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor


Capítulo Veinticuatro

Edward

Afortunado, dice el doctor. No me siento especialmente afortunado. Mi mejor amigo me disparó, mi novia no me ha visitado desde que sucedió hace tres días, y me estoy quedando ciego.

Admitiré que la bala que entró en mi lado derecho y solo causó un daño mínimo a mis intestinos sin golpear ningún otro órgano importante es bastante asombroso.

Aparte de eso, la mierda apesta ahora mismo.

He llamado a Bella una y otra vez y le he enviado mensajes de texto varias veces al día, pero todavía así no he recibido respuesta. Sé que estaba devastada al saber que yo estuve casado y que tenía una hija, pero me gustaría tener la oportunidad de explicárselo.

—Mayor Cullen, ¿cómo se siente hoy? —El Dr. O'Leary, mi cirujano me pregunta entrando en mi habitación con un portapapeles en las manos.

—Bien, me gustaría irme a casa.

—Creo que podemos arreglar eso. Creo que es seguro decir que no se va a producir una fuga en otro lugar que no sean los intestinos y que parece que se está recuperando bien. ¿Cómo está su visión?

El Cuerpo de Marines sabe lo de mi vista. Después de un examen completo en el momento de ingresarme, el médico sabía que algo andaba mal, y yo tuve que admitirlo. Es un secreto que he guardado durante diecisiete años, desahogarme fue un alivio, pero las repercusiones empezarán pronto. La gente hablará, no me ascenderán y tendré que dejar de trabajar por completo.

—Igual —respondo.

—Bien. Bueno, si no hay nada que le retenga aquí, le daré a su enfermera las órdenes de alta y podrá seguir su camino.

Él tiene razón. Ya nada me retiene aquí. Mi ancla se ha ido. El Cuerpo de Marines ha sido mi hogar y mi familia durante tanto tiempo que no tengo ni idea de cómo voy a funcionar en el mundo civil.

—Gracias.

—De nada, Mayor, ¿cómo lo está llevando? ¿Tiene un terapeuta con quien hablar de su vista?

—No, estoy bien. He tenido diecisiete años para prepararme para esto. Las cosas están preparadas. —¡Qué chiste! Sí, mi casa es a prueba de ciegos y tengo un perro de servicio en camino, pero mi verdadero mecanismo de afrontamiento salió de mi vida hace tres días. La mujer de impresionantes ojos de diferentes colores, que canta como un pájaro se ha ido.

—Si necesita algo, búsqueme. Sabrá donde encontrarme —dice.

—Lo haré. Gracias de nuevo, doc.

Sonríe, la sonrisa que yo odio. A la que le he estado temiendo durante años. Es la sonrisa que dice: "A este tipo le dieron una mano de mierda en la vida, me alegro que no fuera a mí".

Treinta minutos después, una enfermera me ha quitado la intravenosa y me ha dado instrucciones estrictas para que me vaya a casa a descansar y me lo tome con calma. Ninguna de las cuales planeo hacer. Necesito encontrar a Bella y explicarle por qué no le conté lo de Tanya y Katie. Quiero que sepa por qué las dejé y rezo para que lo entienda.

Salir del hospital es una mierda. Quiero tener la cabeza despejada cuando hable con Bella, así que rechazo la oferta de la enfermera de una última dosis de analgésicos. Marcus está esperando en la acera, fuera de la entrada principal, pero oigo que me llaman por detrás.

—Mayor Cullen, señor.

—Capitán Call.

—No sabía que hoy te daban el alta.

—Yo tampoco, aunque me alegro de estar fuera de aquí, sin embargo. ¿Cómo se están acomodando tu prometida y tú?

—Genial, gracias por preguntar. Ella dará a luz en cualquier momento, nos estamos emocionando.

—Eso sí que fue un movimiento, especialmente cuando está tan avanzada.

—Sí, la vida militar… —Se encoge de hombros.

Hago algo que nunca hago y le doy una palmadita en el hombro.

—Eres un hombre afortunado, Capitán Call, no lo olvides nunca.

Él asiente, pero sus ojos expresan lo mucho que entiende. Nos conocimos en California en Camp Pendleton hace unas semanas. Cuando me dijo que lo iban a trasladar, nos conocimos un poco y nos enteremos que él es el nieto de Marcus. Un mundo pequeño.

Estoy seguro que Marcus le puso al corriente de lo que pasó con Riley. Call aprecia su vida, es un hombre feliz y eso se nota.

—Será mejor que no te retenga, el abuelo está esperando. —Señala con la cabeza hacia las puertas donde Marcus está golpeando con el pulgar el volante.

—Sí, no quiero hacerlo enfadar. Cuídate, probablemente te vea pronto. —Te vea pronto se queda atascado en mi garganta, pero él no se da cuenta.

En el auto, Marcus se aleja de la acera y entra al estacionamiento sin una palabra. En el camino, me echa una ojeada y toca el botón del limpiaparabrisas cuando unas gotas de lluvia golpean la ventanilla. Mirar por la ventana delantera a través de un punto gris en el centro de mi visión es desconcertante. Prefiero ir en la parte de atrás, pero Marcus dice que le hace sentir como un chófer. Lo cual es, pero también es un orgulloso Marine retirado que odia el hecho de que está envejeciendo.

—Edward, tengo que hablarte sobre Bella.

—¿Has sabido algo sobre ella? He estado llamándola…

—Ella no contestará. Ha habido algunos serios desarrollos desde que fuiste hospitalizado. No quería mencionarlos hasta que estuvieras mejor.

Suena ominoso. Tengo esa sensación de mierda que tienes cuando alguien dice tenemos que hablar.

—¿Qué está pasando? ¿Volvió a Nueva York? —Odio preguntar, pero necesito saberlo porque si lo ha hecho, yo iré de viaje.

—No, sigue en Forks, pero está en mal estado.

—¿Riley?

—Más de lo que puedas imaginar. Lleva tres días encerrada en casa y no abre la puerta. Las luces se encienden y apagan, y la he visto a través de las ventanas, está bien, pero no quiere hablar con nadie.

—¿Lo admitieron en un hospital psiquiátrico? ¿Está molesta por su crisis nerviosa?

—No, está en la cárcel bajo vigilancia para evitar suicidio. Ella le envió un mensaje de que no quería volver a verlo ni saber nada de él, y él amenazó con suicidarse.

No me sorprende después de todo lo que pasó, pero, ¿por qué se estaba recluyendo ella?

—Siento como si estuvieras tratando de decirme algo más grande, Marcus. ¿Qué es? Escúpelo.

—Creo que tienes que intentar hablar con ella. No abrirá a nadie, ni a Sue, ni a su compañera de piso de Nueva York, a nadie.

—¿Su compañera de piso está aquí?

—Sí, contacté con ella y le envié un billete. No podía pensar en nadie más, ya no le queda familia ahora.

—Entonces, ¿hay más pero no quieres decírmelo?

—Sí, desafortunadamente, hay mucho más, pero es ella quien debe contarlo, no yo.

—¿Cómo lo sabes?

—La policía se puso en contacto conmigo cuando no pudo conseguir que ella devolviera las llamadas. Riley no dejaba de exigir verla. Ella le envió a su compañera un mensaje pidiéndole que le dijera a la policía que había terminado con su hermano.

—Llévame a ella.

—Sí, señor.

Todo parece tan normal cuando ingresamos en la entrada de Riley y Bella. El cortacésped de Riley está colocado en el lateral de la casa donde lo dejó hace una semana, su camioneta en el camino de la entrada y el columpio de su porche se balancea en la brisa.

Huele a lluvia, tierra y flores. El aire húmedo cuelga pesadamente a mí alrededor cuando salgo de la camioneta.

—No tienes que esperar. Tengo la llave de ambas casas, estaré bien.

—Llama si necesitas ir a algún lado, estoy a cinco minutos.

—Gracias, Marcus, por todo. —Marcus fue el responsable de llamar a los SWAT y asegurarse que Tanya y Katie estuvieran a salvo. Tiene muchos contactos para ser un hombre de setenta años y cuando llama, la gente escucha. Fue uno de los primeros marines que conocí cuando me uní al Cuerpo. Puede que yo no lo hubiera logrado si no fuera por su áspero aliento.

—De nada. Buena suerte. —Él asiente hacia la casa y yo cierro la puerta y lo veo alejarse.

Entro en la casa con la llave que mi mejor amigo me dio hace años. Mi visión en declive combinada con las cortinas cerradas en la sala de estar y la falta de luz me hacen imposible ver.

Sé que hay una lámpara en una mesa a unos cinco pasos, pero me detengo cuando mi pie cruje en lo que suena como cristal. Me arde el costado y estoy un poco mareado, necesito sentarme. Uso la linterna de mi teléfono para iluminar el camino al sofá, pero no puedo moverme. Los cristales rotos cubren el suelo, cada cosa decorativa, cada fotografía o baratija está rota. Pequeños muebles han sido lanzados contra la pared, y los cojines y almohadas han sido rebanados con un cuchillo y vaciados de su relleno. Parece que el FBI revisó la casa buscando algo.

Uso mi linterna para guiarme a las escaleras recogiendo y tejiendo entre los escombros lo mejor que puedo. Cuando me agarro a la barandilla subo las escaleras con precaución. No sé qué está pasando aquí, pero sorprender a Bella parece una mala idea en este momento.

Arriba encuentro la puerta de su habitación abierta, y alumbro el interior.

—¿Bella? ¿Estás aquí dentro? Soy Edward, tenía una llave, así que entré.

Nada. Escaneo la habitación y la encuentro en mejores condiciones que la parte de abajo, pero no a Bella.

Con mi mano en la pared para guiarme, me muevo por el pasillo hasta la puerta de Riley. Su habitación está destruida hasta el punto de no poder reconocerla. Entro y digo el nombre de Bella antes de encender la luz del techo. Me sorprende que la bombilla siga de una pieza. Tiene que ser la única cosa en la habitación que lo está.

Este no es el lío que dejarían los investigadores. Este es el caos de alguien que está furioso.

Me abro camino a través del dormitorio y tirada en el suelo sobre una cama de fotos de familia rotas, está mi Bella. Un par de tijeras está en el suelo a unos centímetros de su mano abierta y la ropa de Riley está destrozada por todas partes.

Me agacho a unos metros y veo que sus ojos están abiertos pero no se mueve. Mis puntos están tirando y arden, pero ignoro el dolor y me concentro en esta frágil versión de la mujer que amo.

—Bella, cariño, soy Edward. —No hay respuesta, ni siquiera un parpadeo. Me levanto lo suficiente para acercarme y arrodillarme junto a sus piernas. Sólo está vestida con una camiseta sin mangas y bragas, y tiene vetas de sangre en la cara y brazos.

—¿Estás herida? Cariño, tienes sangre en las manos. ¿Puedo mirarlas?

Nada. Extiendo la mano y toco la suya. Se está congelando, ha estado tumbada por mucho tiempo. Levantando su brazo, hago lo mejor que puedo para buscar heridas con mi visión periférica y encuentro cortes menores, probablemente por romper todo lo de la casa. Su otro brazo está igual y la sangre en su cara parece de haberse pasado la mano por la mejilla.

No debería en mi condición pero deslizo un brazo bajo sus piernas y el otro alrededor de sus hombros y la levanto en mis brazos. Siento un punto de sutura, tal vez dos, estallando y hago una mueca de dolor.

Puedo sentir el calor de mi sangre filtrándose de mi incisión, pero necesito sacarla de esta habitación.

La llevo a su habitación y la acuesto en su cama. Está flácida y sin vida, y si no tuviera los ojos abiertos estaría buscando su pulso. Tanteo alrededor y encuentro una lámpara que ha sido girada de lado en la mesa al lado de la cama. La enderezo, ajusto la pantalla y la enciendo.

Presiono mi mano contra la mancha húmeda en mi camisa y como ella está prácticamente en coma, entro en el baño y agarro una toalla para mantener la presión sobre mi herida.

Cuando vuelvo, me subo detrás de ella y nos tapo para calentarla. El aire acondicionado debe estar a cinco grados aquí y ella está helada.

Después de una hora más o menos, la siento relajada y trato de hablar con ella de nuevo.

—Bella, cariño, ¿puedes decirme qué pasó aquí? ¿Hiciste tú todo esto?

—Sí. —Su voz es ronca y silenciosa, pero al menos está hablando.

—¿Cuánto tiempo estuviste tirada en el suelo?

—Desde que me dijeron que era él.

—¿Quién es él, nena? ¿Te refieres a Riley?

—El hombre del teléfono.

—¿Un hombre te llamó? ¿Cómo se llamaba?

—Policía.

—¿Llamaron para decirte que Riley está en la cárcel? ¿Es por eso por lo que estás tan molesta?

—No. Espero que se pudra allí para siempre.

—Lamento que estés pasando por todo esto. ¿Es Riley la razón por la que destruiste la casa? Hiciste un trabajo bastante minucioso, debo decir.

—Quería quemarlo todo, pero le tengo miedo al fuego. —El sonido de su voz hueca me oprime el corazón cuando pienso en ella perdiendo a sus padres en el incendio de una casa. Ha soportado tanto en su corta vida, se merece felicidad, se merece algo más que yo.

Nos quedamos en silencio por un rato y creo que se ha dormido cuando su voz silenciosa rompe el silencio.

—Te amo.

Yo lucho contra el impulso de gritar gracias, Dios, pero ella me devuelve a la realidad con su siguiente pregunta.

—¿Por qué las abandonaste? ¿Cómo pudiste dejar a tu esposa embarazada de tu hija en un país devastado por la guerra y nunca mirar atrás?

—Miré hacia atrás todo el tiempo. He lamentado no haber sido parte de la vida de Katie todos los días durante los últimos seis años, pero pensé que estaba mejor sin un padre ciego que no ama a su madre. Tanya y yo nos casamos antes que se enterara de lo de mi vista. Cuando se enteró que no era el billete de oro a Estados Unidos que creía, perdió el interés. Nunca nos amamos, nos casamos por el embarazo, y eso es todo.

—Ni siquiera te quedaste para verla nacer.

—Sabía que la amaría desde el momento en que la viera y Tanya no me quería allí. Ella tenía muy claro que sólo quería apoyo financiero cuando se trataba de Katie.

—¿La habías visto antes de esta semana?

—No en persona. Envío dinero y Tanya me envía fotografías todas las semanas. Tengo un álbum de fotos en casa.

—¿Tanya no quería que te quedaras?

—No. Quería venir a Estados Unidos, pero viajar cuando estaba tan avanzado su embarazo, no era una opción. Encontró a alguien más al que usar, ahora también están divorciados.

Se queda callada por un momento.

—Gracias por contarme todo.

—Siento no habértelo dicho antes, no estaba orgulloso de mi decisión de dejar que Tanya criara a nuestra hija sola, pero ella insistió. Tomé el camino fácil por una vez en mi vida y todavía me avergüenzo de ello.

—Hiciste lo que pensaste que era lo mejor en ese momento.

—Lo hice.

Conociendo la verdad, Bella presiona más en la curva de mi cuerpo y cubre mis brazos con los suyos tirando de ellos más apretados alrededor de su cuerpo.

—¿Estamos bien?

—Sí, estamos bien.

—¿Quieres hablar de lo que pasó aquí?

—No, pero tienes que saberlo. —Está temblando en mis brazos. Le froto los suyos tratando de calentarla, pero no creo que sea el frío lo que la hace temblar.

—Riley no se volvió loco, está loco. Siento que el Riley que conocí y amé nunca fue real. Era tan diferente cuando llegué a casa.

—Cambió mucho después de tu llegada. No recuerdo que fuera tan sobreprotector cuando estabas en la universidad, pero entonces no lo conocía tan bien y no te conocía a ti en absoluto.

—No. Edward, esto pasó mucho antes que yo volviera de Nueva York. No puedo creer que nunca lo viera. Siempre pensé que era protector conmigo porque nuestros padres murieron… —Comienza a llorar. La volteo para que me mire y ella entierra la cara en mi pecho y llora, y los sollozos sacuden su cuerpo.

No tengo idea de qué está hablando, pero si me perdonó por mantener en secreto a Tanya y Katie, la consolaré durante el tiempo que ella necesite. Le acaricio el pelo y le susurro al oído palabras reconfortantes cuando llora más fuerte.

Cuando se calla, se aleja, deslizando sus manos a cada lado de mi cara para girarla hacia un lado para que pueda verla mejor.

—Él está enamorado de mí, Edward. Mi propio hermano de sangre es un pervertido que está enamorado de mí. Él no estaba tratando de ser protector por la preocupación de un hermano. Quería follarme y casarse conmigo y tener hijos conmigo. Está enfermo, me enferma, me hace querer destrozar todo lo que ha tocado.

Odio esta casa, odio su maldita camioneta en la entrada, la maldita cortadora de césped y las flores…

Ella está llorando de nuevo y todavía sigo parado en que Riley quiere follarla. ¿Cómo diablos sabe ella algo así? Debe haber malinterpretado una nota, una carta o algo así. Esto no puede ser cierto. Él es Riley, un capitán de los marines, mi mejor amigo y vecino, el hermano mayor de Bella.Él sólo es un chico normal.

—¿Cómo te enteraste de esto?

—Él… —Traga un suspiro entre sollozos— le dijo a la policía que me amaba y que necesitaba verme. Le dijeron que dije que no, y se asustó y empezó a hablar de una habitación en el sótano que era una prueba de lo mucho que me amaba.

Me acerco a la mesilla de noche y agarro un montón de pañuelos.

Ella los toma y se suena la nariz.

—¿Qué habitación?

—Es enfermizo, Edward,él está tan enfermo. No quiero ir allí de nuevo. Dejé la puerta abierta, puedes mirarla si quieres.

—No te voy a dejar. ¿La habitación prueba lo que dice la policía?

—Oh, Dios, sí, es horrible. Hay fotos mías por todas partes. Algunas cuando estoy durmiendo, otras cuando estoy trabajando en el jardín, corriendo, cocinando, duchándome, y no sólo recientemente. Hay videos y fotografías de cuando vivíamos en Inglaterra. Ha estado así desde siempre.

Mi mente está acelerando. La ha estado acechando, siempre. Probablemente es el que le estuvo enviando los videos. Quería asustarla para que volviera a casa y evitar que se hiciera famosa para poder tenerla toda para él. Y cuando yo empecé a acercarme, él envió algunos más para mantenerla asustada, esperando que se recluyera y escondiera. Ahora todo tiene sentido.

—¿Encontraste alguna de las imágenes de la noche que saliste en Nueva York?

—¿Qué? No, oh, Dios mío. —Cierra sus ojos absorbiendo lo que estoy sugiriendo—. Fue él, ¿verdad? Envió los videos. ¿Crees que alguien me drogó? Quizás haya más videos del resto de esa noche, podemos ver si…

—¿Quieres ver eso? Quiero decir, si sucedió. —Soy un firme creyente de que es mejor dejar algunas cosas en el olvido, pero si ella no puede seguir sin la verdad, lo entenderé.

—No lo sé, parte de mí quiere saberlo, pero estoy tratando de lidiar con muchas cosas en este momento. No creo que haya espacio en mi cuarto de duelo para eso.

—¿Cuarto de duelo?

—Sí, una vez estuve en un terapeuta que me dijo que pusiera todas mis penas en una habitación en mi cabeza y que me ocupara de ellas de una en una.

—Déjame ayudarte a lidiar con algunas de ellas. Estoy aquí para ti, no voy a irme a ninguna parte, nunca.

Ella parpadea sus ojos hinchados y tristes mientras considera mi oferta.

—Hay más, más que contar.

—Estoy escuchando.

—Riley fue el responsable del incendio que mató a nuestros padres. Escribió sobre ello en un diario que encontré en su horrible habitación. Me deseaba tanto que mató a nuestros padres para tenerme. Y cuando nos mudamos aquí para vivir con la tía Mary, él también la mató. Le puso algo en la bebida que le causó el infarto.

Fue él, lo hizo todo, los mató a todos.

—¿Admitió eso en un diario?

—Sí, y a la policía.

Dios mío, ¿qué ha hecho? ¿Quién es él? He estado viviendo al lado de un psicópata. He estado trabajando, bebiendo y viendo fútbol los fines de semana con un hombre trastornado. Me siento estafado y engañado, pero sólo una fracción de la cantidad que Bella debe estar sintiendo.

Su vida entera no es lo que ella pensaba que era. No me extraña que intentara voltear la casa del revés. Él eliminó a todos los que la amaban, a todos los que veía como una amenaza.

—No puedo creer que nunca viera… Ni siquiera sé qué signos exhibiría una persona así.

—Yo tampoco, y soy su hermana. Su carne y su sangre.

—¿Qué le va a pasar ahora?

—No lo sé. No creo que el Reino Unido extradite a criminales, y no sé cómo será acusado de crímenes que cometió hace tanto tiempo en otro país.

—Pero lo admitió, ¿verdad?

—Sí, pero estoy segura que alguien dirá que es inestable. Tan jodidamente inestable…

—Nena, lo siento. Sé que no ayuda en absoluto decirlo, pero estoy y estaré aquí de la manera en que tú quieras que sea, para siempre.

—¿Para siempre? —pregunta.

—Para siempre —prometo.

—Eres todo lo que me queda.

—Soy todo lo que necesitas.

—Eres incorregible —afirma Bella.

—¿Y tu punto es?

—Amo lo incorregible. —Sonríe.

—Y yo te amo a ti —le digo, con ternura.


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