Capítulo XXVIII


Harry se despertó y vio que la mañana ya estaba avanzada, buscó sus anteojos y se los colocó. No creyó que Draco estuviera aun en la cama, más al moverse; sintió ese peso conocido y amado sobre su pecho, igualmente sintió las cosquillas que el cabello rubio le hacía en su barbilla.

El moreno besó el cabello y unos murmullos incomprensibles se escucharon desde el receptor de la caricia.

–Draco, se nos hizo tarde. Las niñas y sus abuelos ya deben estar, incluso hasta almorzando.

–... –No hubo respuesta.

El de ojos verdes se preguntó si levantarse era una buena idea. Tenía un tiempo que no disfrutaba de estar así con su esposo y que mejor sabiendo que Remus y Lucius estarían al pendiente de sus trollcitas.

Harry se acomodó y bajó lentamente una de sus manos por la silueta del rubio. Llegó hasta el trasero de este y lo apretó. Una risita se escuchó...

–Eso si es buena idea...

–Entonces si me escuchaste. –reclamó Harry.

–Sí; pero no estaba interesado en levantarme. Ahora sigue con lo que estabas.

El de ojos verdes bajó el pijama del rubio y amasó los glúteos de este. Draco se removió y consideró que debía cooperar, así que se alejó un poco y desabrochó la parte de arriba del pijama de Harry.

Las manos del Malfoy se colaron dentro de la prenda para delinear ese torso trabajado que tanto adoraba de su esposo.

Los besos no se hicieron esperar, entre la pareja...

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Clare mordió su tostada y sin dejar de mover sus pies le preguntó a su hermana:

–¿Por qué nos habrán dejado solas?

Teresa dejó su tenedor con fruta y vio a su gemela.

–No estamos solas. Están Tiny y los otros, además nuestros papás y abuelos están durmiendo.

–Nosotros no dormimos tanto tiempo. –se quejó la menor.

Teresa frunció levemente el ceño y agregó:

–Ellos ya son mayores, necesitan más descaso. Así que a portarnos bien.

Clare cedió y es que respetaba mucho a su hermana y deseaba ayudar de ese modo a su familia.

Los elfos atendieron a las niñas. Clare ya no preguntó más. Sin embargo Teresa debía reconocer que los adultos ahora si estaba tardando. Y es que Tiny las acompaño a su salón de estudio para que su primer profesor privado les diera clase.

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En la ducha. Lucius recorrió la espalda de su licántropo con jabón. Remus disfrutó de los mimos de su pareja y sonrió...

–Lucius, hacía...

–Mucho tiempo. Ya nos debíamos un tiempo a solas.

–Definitivamente. Y eso que esto sería ya solo un baño.

–Debemos compensar el tiempo perdido.

–Por supuesto.

Confirmó Remus inclinándose y ofreciéndose al rubio. El patriarca se alineó detrás del rubio trigo y fue entrando en este.

Al estar completamente dentro de su amante; Lucius se tomó un momento para cubrir de besos el cuello y espalda de este. Luego lo acercó, enroscando un brazo en su cintura.

Los movimientos fueron lentos; Lucius deseaba compartir esa intimidad con Remos, pero no quería excederse y lastimarlo y es que ambos se levantaron ansiando estar con el otro y en eso ya llevaban toda la mañana.

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El profesor se despidió en la chimenea de sus pupilas y le pareció extraño que no hubiera estado un adulto, a pesar de que fue atendido del mismo modo como todos los días de clase.

Al tomar los polvos para viajar, vio que los abuelos y padres de Teresa y Clare llegaban al mismo tiempo.

El maestro se despidió y se retiró; afortunadamente, pues de ese modo no fue testigo de los rostros avergonzados de los cuatro adultos, cuando Clare los abrazó y chilló emocionada:

–¡¿Ya no están tan cansados?! ¡Nos portamos bien!

Draco se cubrió la boca con las manos. Harry...

–¡Oh por Marlín! –se lamentó.

Remus sonrió y se rascó la nuca.

–Sí, descansamos bien mi amor. Gracias.

Teresa sonrió levemente muy ufana. Clare en brazos de su abuelo Lucius, comenzó a platicar acerca de su día. Teresa se agarró de la mano de Harry y caminó con él. Draco murmuró:

–No puedo creerlo padre... a tu ed...

–Ni una palabra hijo o te desheredaré. –respondió el patriarca Malfoy.

–...

Draco no terminó la frase, no obstante sonrió divertido. Harry en su sencillez, acotó:

–Yo quiero ser como ellos a su edad.

–Cállate Potter.

Regañó Draco con las mejillas más que rojas.

Teresa al ver a sus abuelo y padres riendo, se dijo que no era tan malo estar solo con Clare y los elfos algunas veces.

La familia tomó un almuerzo tardío y las niñas fueron merecedoras de unos pastelillos. Debía estar listas, pues esa tarde llegaban los demás a entrenar, era su turno de recibirlos en la Mansión.

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Irene correteaba en el jardín antes de que Severus la llamara...

–Hija, tu padre te espera...

La niña volteó y el pocionista sonrió. Ella entró corriendo y Sirius en la sala sostenía un sobre:

–¡Llegó! ¡Mi carta llegó!

Sirius entregó el sobre y la niña lo abrió. Los pelinegros suspiraron, su niña ya había crecido.

Irene leyó el pergamino y soltó una risita al ver la firma de Severus como Director de Hogwarts. Ella fue hasta la chimenea, deseaba contarle a su mejor amiga.

Severus exhaló y preguntó:

–¿A qué edad crees que se avergüence de ser hija del Director?

Sirius abrazó a su pareja y lo arrulló:

–No seas pesimista Sev. A lo mejor eso nunca sucede.

–... Black eres tan crédulo.

El animago no respondió; pues definitivamente el confiaba en su hija.

Severus se soltó del Black y llamó.

–Irene, hija, ya vamos a comer. Verás hoy a Teresa.

La niña salió aun luciendo exultante. Y se unió a sus padres para comer.

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Theodoro guardó su último pergamino y llamó:

–Deneve, ya nos vamos; que debemos pasar por tu tía Hermione.

Charly llegó llevando de la mano a su hija. Theo al verlo se sorprendió:

–¡¿Llegaste temprano?!

El exdomador sonrió y besó a su esposo.

–El secretario que elegiste es muy eficiente y logró ahorrarme tiempo. Quiero ir con ustedes.

Deneve alzó los brazos y el pelirrojo la alzó. Ella no era muy efusiva, según Charlie, muy parecida su esposo y como éste; cuando deseaban ser mimados no se detenían en pedirlo, a pesar de la vergüenza que les daba.

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Fred, su esposo e hija decidieron vivir con Molly y Arthur, construyendo una extensión –bien hecha– en la Madriguera; después de todo no deseaban dejar solo a los mayores, además Dudle se encontró más cómodo con sus suegros cerca de él y de su familia.

Fred vio que su esposo e hija entraban por la puerta de la tienda y Helen corrió hasta él. George llegó y cargó a su sobrina.

–Oye Trollcita, ¿Qué comes?

Helen se pasó el bocado y respondió:

–Abuelita Molly hizo pay de nuez de Cornualles.

George besó la mejilla de Helen y bromeó:

–¿Me dejaste por lo menos una rebanada?

Helen rió divertida y negó. Fred abrió la boca impresionado. Dudle entregó una canasta.

–Trajimos la comida. No dejen nada. Y George... –Su cuñado volteó– Molly hizo dos pays, conoce a la glotona de su nieta.

George bajó a su sobrina y agitó la mano en dirección de ella y su padre. Al salir estos por la puerta George vio a su gemelo.

–Qué te parece si comemos y los vas a alcanzar.

–¿Estás seguro?

George asintió. Fred palmeó la espalda de su hermano. Fred trataba de pasar tiempo con su gemelo, eso desde que Angelina desapareció; todos sabían el motivo y George cayó en depresión, antes de que se enfocara en Helen; la alegría inocente de la niña le devolvió la esperanza y las ganas de vivir.

...

Las niñas corrían tras el Patronus. Era el veloz ciervo de Harry; no obstante algunos más les salían al encuentro entre los matorrales y árboles. Varios de los adultos estaban participando y es con las seis niñas entrenando era necesario de ese modo.

Hermione estudió abogacía, no obstante su siempre presente curiosidad la llevó a no dejar sus investigaciones y siguió colaborando con Theodoro y Severus. Los tres se separaron en diferentes áreas del gran bosque Malfoy y ahí fueron tomando notas.

El ciervo de luz se detuvo abruptamente y Teresa junto con Irene que llevaba la delantera, se detuvieron. Teresa vio a su alrededor:

–Llegamos a las barreras de la Mansión.

–Por eso se detuvo.

Teresa se colocó en posición e Irene la imitó del otro lado, a una voz ambas atacaron y entre saltos y giros lograron acorralar al Patronus que por muy agila que fue o logró ganar contra ese dúo.

–Listo. Esperemos a las otras. –pidió la Potter.

Irene guardó su varita/espada y se sentó en una roca.

Teresa se acercó a ella:

–¿No estás nerviosa de lo que dirán los otros si ven tu varita?

Irene negó.

–No. Sé que soy diferente, y no lo voy a ocultar.

–Ya. Me asombras.

–¿Tú te pondrías nerviosa?

–No... Por mí.

–Clare no se siente diferente a las otras niñas.

–Lo sé.

–Como sea, aun les faltan tres años. Y cuando vayan yo estaré ahí.

–Definitivamente ¿has pensado en que casa quedaras?

–Oh, estoy segura.

–...

–Seré Slytherin.

–¿Es innegable?

–Sip. Amo a mi papá Sirius, pero no me veo en la casa de los leones.

–Creo... que me siento igual.

–Ves ¿Cómo no podríamos ser de la misma casa?

Los gritos y carreras se escucharon y las mayores vieron llegar a las otras cuatro.

–Acabamos con todos. –dijo muy ufana Helen mostrando sus músculos.

Miria avanzó serena y sacó un pergamino.

–Helen una nutria y una urraca.*

–¡De mi papá!

Miria vio feo a su prima que la interrumpió, más luego continuó:

–Clare, un lobo, un gato, un abraxan y un ciervo**. Deneve, Un dragón y un Jack Russell Terrier***. –Miria guardó el pergamino y concluyó:

–Yo, dos Grimm y ¿una comadreja? ****

Helen alzó la mano brincando sobre sus pies.

Teresa movió la mano, para darle permiso de hablar.

–Papi siempre dice que tiene miedo de no poder protegernos porque no tiene magia, pero mi abuelito lo convenció que si me había tenido a mí, definitivamente poseía magia... y ha estado practicando con él. Logró hacer su Patronus, y hoy deseaba enseñárselo a todos.

Las niñas se sorprendieron. Miria luego vio a las mayores.

–Ese fue el informe.

–Lo que me pregunto es ¿Cómo pudiste hacerlo tan rápido? –dijo Teresa.

Irene asintió, estando de acuerdo con la mayor de las Potter.

Miria simplemente se encogió de hombros, a ella le agradaba tener todo en orden y llevar la cuenta de cuantos y cuales obstáculos fueron quitados del camino, no le dio ningún trabajo.

El ciervo desapareció en ese momento y las niñas regresaron hacia el jardín de la residencia y con los adultos.

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Hermione llegó al último y con los otros comentaron, antes de dar los resultados.

–Fue una estrategia, las pequeñas, detuvieron a las distracciones, dejando que Teresa e Irene fueran tras el ciervo de Harry, ya que lo colocamos como el yōma principal. –relató Theodoro.

Draco codeó a su esposo...

–Eres un yōma malo...

Harry se sonrojó. Severus rodó los ojos y mencionó:

–Pues si bien ellas no parecen muy serias, yo creo que el que se organicen es muy importante.

–Me preocupa que sigan contando con Irene. –mencionó Sirius.

Severus estuvo de acuerdo.

–Ciertamente, siempre son Irene y Teresa, pero ahora que Irene se va a Hogwarts no sé cómo afectará eso a Teresa.

Lucius se cruzó de brazos preocupado y Remus palmeó el brazo de este:

–Probablemente nuestra nieta se adapte.

–Eso me temo. –acotó Draco– De por sí, mi hija mayor no es muy cercana a las otras niñas, ahora sin su mejor amiga... temo que actúe muy individualista.

–Siempre se sintió mayor que las otras pequeñas. –explicó Harry.

–De cierto modo lo es. –opinó Dudle.

–Pues sí, más con Clare solo se lleva por unos minutos. –expresó Draco.

Hermione lo pensó un poco y agregó:

–Rafaela mencionó algo... ¿no? Digo, advirtió que ellas eran especiales, más igualmente aceptó que el llamado de esa noche llegó desde Teresa.

El grupo se quedó un instante en silencio; por supuesto el gen de mando lo tenía la mayor de las gemelas y si bien Clare guiaba algunas veces a sus amigas, era más del modo natural de pedir las cosas como Harry.

–Lo veremos más adelante. –terminó Severus.– Por el momento recibámoslas, miren...

Y si las niñas caminaban ya en su dirección riendo y jugando entre ellas.

Helen corrió a los brazos de su papá, celebrando:

–¡Lo lograste pa!

Y al darse cuenta de que hablaba la hiperactiva niña, todos felicitaron a Dudle. Harry se acercó a su primo y lo felicitó:

–Felicitaciones Dudle.

–Gracias Harry, no lo hubiera podido lograr sin ti y sin el apoyo de mi familia, sobre todo de mi suegro, fue tan paciente y nunca dudó...

Fred abrazó a su esposo y besó su mejilla.

–Por eso tomó esa forma tu Patronus.

Dudle asintió. El grupo continuó conversando, entrando a merendar a la casa.

De ahí a que las grandes noticias de los Black fuera revelada por un exultante Sirius no pasó mucho. Los abrazos y congratulaciones siguieron. No todos los días una de las nenas de la nueva generación recibía su carta de Hogwarts e igualmente tampoco todos los días Severus Snape estaba gestando.

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Dae veía con asombrosa curiosidad como la novata ya se codeaba en habilidades con las guerreras mayores. El Inefable sonrió ante el gran futuro –que en su opinión– le deparaba a Priscila.

...


*Hermione: Nutria, Fred: Urraca.

**Remus: Lobo, Theo: Gato, Lucius: Abraxan y Draco: Ciervo.

***Charlie: Dragón y Ronald: Jack Russell Terrier.

****Severus y Sirius: Grimm y Dudle: una comadreja –como su suegro.

...


Muchísimas gracias a Ana Luisa, susigabi y Lunatica Drake Darck.