Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18


Recomiendo: Conversations in the Dark – John Legend

.

Capítulo 23:

Un caro error

"(…) Tengamos conversaciones en la oscuridad

El mundo está durmiendo

Estoy despierto contigo

(…) Tengo mis ojos en ti

Y dices que no lo vales

Te obsesionas con tus defectos

Bueno, a mis ojos eres perfecta

(…) Nunca intentaré cambiarte

(…) Juro por todo lo que rezo

Que no te romperé el corazón

Estaré allí cuando te sientas sola…"

La sensación de desprotección que le traspasó la médula se asimilaba solo a cuando era muy joven, años atrás, con el martirio de ser el centro de atención de todos en la preparatoria por esas fotos que ella no consintió.

—Aguanté por años la idea de saber que tú me la habías quitado, ¡sabías lo que sentía por Bella! —insistió James—. Siempre fingiendo que eras perfecto. No me creo lo tuyo, tenlo claro.

El corazón de Bella latía con mucha fuerza y la rabia comenzó a apoderarse de ella. ¿Cómo se habían atrevido los dos? ¿Qué clase de hombres eran? A James solo le importaba el que Jacob hubiera conseguido "hacerla suya" como un objeto, molesto e iracundo por no poder usar lo que habían hecho a su favor, porque sabía que era un cómplice de aquel vejamen. Y Jacob, por Dios, había abusado de ella en aquella fiesta, la primera a la que iba, habiendo bebido alcohol sin considerar sus peligros, pensando que él iba a cuidarla como lo habría hecho con él.

Isabella sintió la misma fuerza que le acompañaba junto al dolor y con el té caliente en las manos, se dirigió directamente hacia ellos, dispuesta a enfrentarlos.

—No puedo creer lo que acabo de escuchar —exclamó.

Ambos se dieron la vuelta y levantaron las cejas ante la impresión. La veían tan enardecida que sabían lo que habían causado.

—Bella, nosotros… —comenzaba a decir Jacob, pero ella no escuchaba.

—Después de todo, viví engañada toda mi vida junto a ti —afirmó con los ojos bañados en lágrimas—. Por eso todo el mundo hablaba de mí como si fuera un chiste.

El rostro avergonzado de él era tan notoria y encubridora que Bella se sintió aún más encolerizada.

—¿Cuánto te pagaron tus amigos para difundir las fotos de la hija del jefe de policía?

—Solo fue una suerte de juego, Bella, yo… Estoy muy arrepentido…

—¿Arrepentido? ¿De verdad? ¿Luego de tantos años haciéndome daño?

—No quise hacerlo…

Ella le soltó todo el líquido caliente en la cara, causándole los gritos de dolor. No iba a quemarse, Bella a pesar de todo, no le haría semejante daño, el que ni siquiera se asemejaba al que le había provocado luego de los años.

—Sabías que tenía problemas en mi familia, que necesitaba despejarme en mi primera fiesta… Papá confió en ti, mis amigos confiaron en ti… Y tú… abusaste de mí.

—No lo digas así —suplicó.

—¿Acaso tocar y desnudarme para una fotografía no es abuso? —gimió entre llantos—. Y ni siquiera te importó dejar que los demás me vieran, actuaste como un cobarde mentiroso buscándome hasta pedirme que sea tu novia, fingiste que me apoyabas, ibas a casa de mis padres como si fueras perfecto y… finalmente me casé contigo solo para recibir tus menosprecios. ¡¿Cómo pudiste hacerme tanto daño?! —Lo empujó con todas sus fuerzas—. ¡Y ni siquiera te bastó con hacerlo! Me engañaste, tuviste un hijo con otra mujer y cuando las cosas van bien en mi vida, ¡llegas a estorbarme y provocarme dolor tras dolor! ¿Por qué? —suplicó—. ¡Dime! ¿Por qué no me permites ser feliz? ¡¿Por qué eres tan egoísta?!

Bella acabó tambaleando, nuevamente sintiéndose mareada y dificultada para respirar.

—Bella, por favor, salgamos de aquí —le pidió James, tomándola del brazo.

Ella se soltó con tanta fuerza, que quien tambaleó esta vez fue él.

—No me toques —bramó—. Eres igual de asqueroso que Jacob.

—No abusé de ti, Bella —le aclaró.

La rabia volvió a subirle como la espuma.

—¡Lo encubriste! ¡Sabías lo que había hecho y te quedaste callado durante todos estos años! —gimió—. Eres un sucio y asqueroso maldito, ambos lo son. No quiero volver a verlos, no quiero… no quiero escuchar siquiera sus nombres.

—¡Bella! —gritaron.

Ella trotó con rapidez hacia la salida, sabiendo que los demás estaban mirándola. Cuando pudo tomar aire, los mareos fueron tan intensos que sintió miedo de desmayarse ahí, de pronto temerosa de su cuerpo a la deriva, aterrada de que ellos fueran a encontrarla y hacerle lo mismo. Ni siquiera podía recordar lo que había pasado y entonces se preguntó qué habría pasado si eso jamás lo hubiera sabido.

Era tan angustiante que caminó como pudo hacia la zona central, donde se encontraba el cuartel de policía de Forks. Su padre no estaba de guardia, pero sí la conocían allí. En cuanto entró y vio la cabellera rubia de Jasper, cedió a todo y cayó al suelo.

—¡Bella! —gritó Jasper, su hermano del corazón, corriendo hasta su lado para tomarla entre sus brazos y pedir ayuda a los demás—. ¡Llamen al hospital! Pregunten por el Dr. Edward Cullen.

La recostó en la camilla de primeros auxilios y le tomó la mano, preocupado por verla tan pálida y sudorosa.

—Bells —gimió, tragando de mera angustia.

.

Edward manejó tan rápido como pudo, saltándose rojos y señaléticas que le impedían avanzar. En ningún momento paró. Su corazón bombeaba muy rápido y a medida que se acortaban los kilómetros y metros para llegar al cuartel, el cuerpo se le tensaba aún más. Al llegar, se bajó sin cerrar la puerta del Volvo y se adentró a gran velocidad.

—¡Bella! —llamó, mirando hacia todos lados.

Vio a Jasper saliendo de la sala de primeros auxilios y fue tras él.

—¿Cómo está? —preguntó con la respiración agitada—. Quiero verla.

Jasper no dijo nada, simplemente hizo que lo siguiera hacia la camilla, donde Bella aún se mantenía desmayada. Edward sintió que moría por dentro al verla así y de inmediato se acercó para tomar su mano y acariciarle la frente con cuidado.

—¿Qué pasó? —inquirió con la voz gastada.

—Llegó hasta aquí y se desplomó, parecía muy asustada… Como si algo muy malo le hubiera pasado. —La expresión de Jasper estaba desesperada, como policía sabía que estas cosas pasaban pero… no con Bella. Estaba paralizado de preocupación.

Edward arqueó las cejas y se separó con los ojos llorosos. Sacó su maletín y comenzó a examinarla, intentando actuar como profesional aunque era totalmente imposible. Tomó su presión arterial, la que estaba bajo los límites normales y luego se dedicó a verificar su pulso y saturometría. Estaba taquicárdica. Le pidió a Jasper que los dejaran a solas un momento, así él podría ver detrás de su ropa, temeroso de que algo más pudiera encontrarse. Para cuando cerraba su blusa con el debido respeto, besando su frente en el intertanto, Bella despertó. Edward sonrió ante la alegría de aquello, pero todo mermó cuando notó cómo miraba hacia todos lados, quitándole las manos de su cuerpo como si estuviera… haciendo algo totalmente indebido.

—¡Déjame! —gritó, comenzando a llorar.

—Bella, soy yo —le recordó, acariciándole las mejillas y el cabello—. Mírame, soy yo, Edward.

Ella escuchó su voz y finalmente lo miró, recobrando la realidad. Lo abrazó con mucha fuerza y se puso a llorar con más fuerza.

—Estoy aquí —susurró en su oído—, no me marcharé.

Bella se acurrucó en su pecho y Edward sintió que se empequeñecía, muy frágil y vulnerable.

Él esperó pacientemente a que siguiera sacando todo lo que la mortificaba, pasara el tiempo que pasara, no iba a entorpecerla.

—Te amo, estoy contigo —afirmó una vez más, hundiendo los dedos en su cabello.

Ella alzó la mirada, mucho más tranquila a su lado. Estar cubierta por su consuelo era todo lo que necesitaba.

—Eres el mejor hombre que he conocido —dijo de pronto.

Edward frunció el ceño, pero luego sonrió.

—Intento serlo, siempre.

—Lo eres. Tú nunca me harías daño, jamás me harías sentir inferior, no te reirías de mí, no me dejarías a la deriva, no me engañarías…

—Nunca.

—No me tocarías sin mi consentimiento.

La preocupación se cernió de tal forma en Edward, que acabó separándose un poco para asegurarse de que había escuchado bien.

—¿Qué pasó? —se atrevió a preguntar al fin.

Bella inspiró y lo soltó todo, superada por no poder recordar, atormentada por la idea inequívoca de que había estado rodeada de hombres asquerosos y… porque la idea de saberlo era francamente espantosa.

Cuando Edward escuchó cada palabra, no solo le creyó sin poner alguna duda en su relato, sino que también se levantó de la camilla con la furia clavándole en cada parte de su cuerpo.

—¿Dónde están? —inquirió, tomando su abrigo para ir tras ellos.

—No vayas, por favor, quiero estar contigo —le suplicó Bella, levantándose también.

Todo le dio vueltas.

—Tengo que ir, tengo que agarrarlos y… ¡Y no puedo quedarme de brazos cruzados! —espetó.

—Tengo miedo, no quiero estar sin ti.

Edward bajó los hombros y cedió a lo que su Ojitos Marrones pedía, mirándolo con esa misma vulnerabilidad que lo quebraba en pedazos. Él fue tras sus brazos y la cobijó otra vez, cuidándola de que nunca más volvieran a dañarla como lo habían hecho aquellos miserables.

Jasper entró con una taza de té para su hermana del corazón y ella se lo agradeció. Él, bastante tímido, se quedó a su lado y le comentó que había llamado a sus padres para que estuvieran al tanto.

—Jas —musitó—. Quiero hacer una denuncia.

Edward le tomó una mano, al misma en la que estaba su anillo de compromiso, y se la besó, agradecido de poder hacer lo correcto.

.

Cuando Charlie supo lo que había ocurrido, tanto Jasper como Edward tuvieron que sujetarlo para no ir con su rifle a por ellos. Estaba enardecido, furioso, desesperado y enormemente triste de no haber podido saberlo hacía años atrás. ¿Por qué había permitido que su hija se casara con Jacob? ¿Por qué no notó que aquel maldito era un nauseabundo hombre sin escrúpulos? ¿Por qué? Simplemente… ¿por qué?

Bella estaba en su cama, con Renée tocándole el cabello y arrullándola como cuando era pequeña. Habían estado llorando juntas durante un rato, pero Bella se sentía muy mal físicamente, como si fuera a vomitar, por lo que llorar la desgastaba y prefería aguantarse.

Desde la habitación escuchaban cómo Charlie gritaba al teléfono, con Edward y Jasper también evidentemente enojados. Estaban comunicándose con el departamento de crímenes sexuales, donde el jefe de policía seguía manteniendo mucha influencia.

—No creo que suceda mucho —afirmó Bella, llamando la atención de su madre, quien, en medio de sus pensamientos, se sentía muy culpable de no haber sospechado jamás lo que le había pasado a su tesoro, su única hija—. Pasó hace tantos años, no hay pruebas… Apenas y siquiera puedo recordar.

—Tu padre hará lo imposible porque esto llegue adonde tenga que llegar —le recordó Renée—, esos dos van a pagar, ya lo verás.

—Todo parece tan raro. Estoy tan arrepentida de haberme casado con él, quisiera retroceder el tiempo y no haberme ido, haber cumplido mis sueños mucho antes…

—Lo sé, pero ahora tienes a un hombre maravilloso, con dos mellizos deliciosos y una vida que siempre has merecido, la que estoy satisfecha de verte disfrutar. —Le dio un beso y la arropó un poco más—. Pero ellos pagarán, tarde o temprano.

Tocaron a la puerta luego de un rato. Era Edward, algo tímido luego de explotar junto a su suegro y Jasper.

—¿Molesto?

Bella levantó la cabeza y sonrió con los ojos llorosos. Solo quería abrazarlo.

—Claro que no, cariño. Iré a ver a Charlie y a Jasper, necesitan calmarse un poco antes de que a mi gordito le dé otro infarto y Jasper acabe yendo a casa de alguno de ellos para romperle la cara.

Cuando se quedaron a solas, Edward se sentó a un lado de su Ojitos Marrones y le acarició el rostro con cuidado.

—Sabes que te amo, ¿no es así? —dijo él.

Bella apretó los labios y asintió.

—Y que siempre voy a protegerte cuando lo necesites.

Ella soltó unas lágrimas y Edward bufó, queriendo llorar a su lado. Le dio la vuelta a la cama y se acostó, pasándole el brazo por debajo de los hombros.

—Ninguna mujer debería pasar por esto, ¿sabes? Pienso en Ava… Entiendo mucho a Charlie, está destrozado y muy culpable.

—No debería. Ha sido el mejor papá del mundo —le respondió Bella.

—Me pongo en su lugar y actuaría de la misma forma, así como actué contigo. ¿Por qué algunos hombres son…? —Bufó—. Si tuviera a ambos frente a frente, yo… No podría contenerme, te lo juro, Bells.

—Lo sé —susurró ella—. Pero quiero olvidar por un momento lo que tampoco puedo recordar. ¿Me hablas de algo muy bonito? Quédate conmigo a dormir.

Edward sonrió cuanto pudo y se acurrucó a su lado, abrazándola con fuerza.

—Claro que dormiré contigo —afirmó—. A ver, veamos… —Hizo un sonido con la lengua mientras pensaba—. Ya sé. ¿Qué te parece si hablamos de nuestra boda?

Su sola mención hizo que Bela se sintiera mucho más alegre.

—Está bien. Nuestra boda.

Edward rio.

—¿Dónde la quieres? —inquirió.

—En Disney, ya sabes, con todos esos personajes alrededor.

Él levantó las cejas.

—Vaya… Disney. Va a costarme una reserva allá y con todos los invitados, pero puedo…

—Estoy bromeando —interrumpió ella, carcajeando sin parar.

Edward comenzó a negar y la besó.

—¿De verdad eras capaz de llevarme hasta allá?

—Hasta China si tú quieres.

Bella jugaba con los botones de su camisa, mirándolo siempre a los ojos.

—Lo único que quiero es casarme contigo, no me importa si es aquí en el barrio o en el parque, solo quiero ser tu esposa.

—Y yo quiero que tengas el mejor día de tu vida.

Se encogió de hombros.

—El mejor día de mi vida es cuando los conocí a ustedes.

Edward suspiró y le siguió besando la frente.

—¿Qué te parece si seguimos con los disfraces?

Ella alzó las cejas.

—¿Estás hablando en serio? Porque me encantaría.

Edward le regó un recorrido entre sus labios y su piel.

—Entonces que eso sea. Gracias a esa tienda las cosas se hicieron mucho más amenas para los dos.

En ese momento, Halloween saltó a la cama, provocándole un respingo al temeroso de Edward.

—Y gracias a este gatito hermoso —añadió Bella, rascándole el cuello—, y mis dos mellizos adorables. Gracias por aparecer en mi vida.

Él le dio un beso de buenas noches, viéndola adormilada.

—Quien debería agradecértelo soy yo —susurró—. Te amo.

—Y yo te amo a ti.

Para que ella se quedara dormida, comenzó a susurrarle ideas para la boda de forma suave y tersa.

—Máximo cincuenta invitados, ¿te parece?

—Muy adecuado.

—Serás la novia más hermosa que jamás haya visto.

—Adulador.

—Sencilla pero muy hermosa, serás mi reina y yo tu rey, como en un cuento de hadas.

Ella acabó sonriendo y se acomodó en su pecho, durmiéndose profundamente, al fin en paz. Edward la miró por largos minutos, quizá una hora o menos, apenas y tenía la cuenta del tiempo. Aun así, contemplarla era necesario para él, cada día, cada tarde y cada noche. No quería verla sufrir nunca más. Aunque era una utopía, lo ansiaba y lo imploraba, ella no lo merecía. Bella merecía amor, afecto y calidez, nada más que eso.

Antes de dormirse junto a su Ojitos Marrones, se prometió que, en algún momento, aquellos imbéciles iban a pagarlo todo, lo juraba por Bella y por sus hijos.

.

No se sentía muy bien.

Al levantarse de la cama, tuvo una sensación muy agria en la garganta, lo que por poco la lleva al retrete. Cuando se acomodó a la sensación, temerosa de hacerlo, vio a Edward dormido a su lado, sin pantalón y con la camisa medio abierta.

Sonrió.

—Hola, dormilón —le susurró al oído.

Él pestañeó y se saboreó, para luego mirarla con adoración.

—Siempre estás tan hermosa por la mañana.

Iba a responderle, pero apareció Charlie con una charola inmensa en la habitación, pateando la puerta sin siquiera pedir permiso. Cuando vio a su hija sobre Edward, que no solo estaba hecho un baboso por su nena, sino que tenía una erección matutina flamante y dolorosa, no hizo más que lanzar improperios y alejarse cuanto pudo.

—¡Papá! ¡Debes tocar! —exclamó ella, mirando a su sonrojado Dr. Torpe, quien hacía lo posible por taparse.

—Le juro que no he tenido ningún sueño sucio con su hija.

—Ah, entonces es con otra mujer —reprendió el hombre.

—¡No! —vociferó.

—¡Charlie! ¡Deja a ese hombre en paz! ¡Tú siempre las tienes! —le recriminó Renée, ocasionando que Bella se llevara ambas manos a la cara, más avergonzada de lo que podía imaginarse.

Charlie se sonrojó y acabó carraspeando, ofreciéndoles la charola con abundante comida. Bella se sintió tan atraída al aroma de las tostadas y al huevo, que de inmediato se puso a comer.

—Despacio, cariño, que más tarde debemos poner la denuncia, ¿bien?

Bella dejó lo que hacía y asintió, inquieta ante la situación. Edward le dio un beso en la sien, dándole el valor suficiente para algo que cualquier persona necesitaba, por más tiempo que hubiera pasado y aunque no recordara nada.

Luego de comer, Esme y Carlisle llamaron para asegurarse de que Bella seguía bien luego de la situación. Si bien, Edward no había dicho mucho, ambos sabían que ella estaba emocionalmente vulnerable. Ava y Noah hablaron al teléfono, diciéndoles que los amaban, lo que sin duda sirvió para que Bella sintiera el enorme valor de seguir adelante, con valentía y fuerza.

.

Bella sabía que ser hija del jefe de policía de Forks era una situación ventajosa frente a lo que había pasado. Se imaginó que ese fuera el caso y el estómago le dio vueltas, porque a pesar de todo lo que podría ayudarle, nadie aseguraba que tanto Jacob como James recibieran una pena ejemplar.

—No voy a permitirlo, ¿me oyeron? —exclamó Charlie, enormemente furioso—. Voy a buscar la manera de castigar a esos imbéciles por atreverse a hacerle esto a mi hija —sentenció.

Ella escuchaba detrás de las paredes, manteniéndose serena ante la rabia de su padre. Era evidente que las pruebas jamás serían contundentes, porque en realidad, todo era basado en "lo que había escuchado". Sumado a eso, tener que recibir los constantes mensajes de Lauren queriendo hablar y los intentos de diálogo de Jacob, no era nada fácil.

Aun así, no aflojó su tratamiento de la mañana. Quería seguir mejorando a toda costa, ahora más que nunca.

Cuando el jefe salió de su oficina, malhumorado y muy rojo, ella se levantó de su asiento.

—¿Quieres irte? —le preguntó—. Te ves algo cansada.

Bella asintió, mirando su reloj para calmar el desánimo que le generaba la situación.

—Tengo que volver a la guardería —respondió.

Su papá le besó la frente y con una sola mirada, le hizo entender que encontrarían la forma de, al menos, ensuciar los papeles de aquel par de mugrosos.

—Ve, cariño, ante cualquier situación puedes llamarme.

—Gracias, papá.

Cuando regresó a su nivel, vio a Ava y a Noah sosteniendo los lápices mientras intentaban pintar. Al verla otra vez, corrieron a sus brazos para mostrarle lo que habían hecho. A pesar de que eran algunas figuras amorfas con algo similar a piernas en la misma cabeza, le siguió pareciendo lo más hermoso del mundo.

—¿Y esto? —les preguntó.

—¡Tú! —respondió Ava.

—¡Con nosotos! —siguió Noah.

Bella rio de dicha.

—Está hermoso, ¿es para mí?

Asintieron.

—Bella —llamó el director desde la puerta.

Ella soltó a los mellizos y miró en dirección a él. Se veía muy serio.

—¿Sí?

—Necesito que vengas conmigo a mi oficina.

Asintió y se despidió de ellos, prometiéndoles volver pronto. Aunque, presentía que algo iba mal. Rose salió de su salón y le preguntó entre gestos qué sucedía, a lo que Bella no pudo responder. El director cerró la puerta y posteriormente se sentó frente a ella, poniendo sus dedos entrelazados debajo de su barbilla.

—Siento mucho tener que hacer esto —afirmó—. Eres una de las mejores educadoras que he tenido.

Siguió pestañeando.

—Supimos que hace dos días tuviste un desmayo luego de que te fueras, justo la misma tarde en la que me reuní con el concejo. A pesar de la decisión compartida, quería darte el beneficio de la duda. Aun así, supimos que has comenzado un tratamiento psiquiátrico. ¿El desmayo fue por las drogas?

Bella miró hacia el escritorio, demasiado enojada para pensar con claridad. ¿De verdad estaba diciéndole esto?

—¿Cuándo pensabas comentarnos que tenías una enfermedad mental?

La manera en la que lo decía a Bella le dolía, más que nada por la terrible ignorancia que demostraba un hombre dedicado a liderar una institución educativa.

—Es importante, Bella, trabajas con pequeños menores de seis años.

Cerró los ojos unos minutos para respirar hondo.

—Para lo único que debería importarle mi enfermedad es para asignarme un seguro médico, no por el bienestar de los pequeños, he demostrado la clase de persona que soy y lo profesional que puedo ser…

—Eso era antes de saber que tenías un problema psiquiátrico —afirmó, muy molesto—. Primero, el que mantengas una relación con el padre de dos de tus alumnos hace que la situación sea enormemente grave. El concejo estaba de acuerdo de marginarte de la institución cuanto antes para preservar la imagen correcta de nuestro establecimiento.

—¿Qué?

Bella no podía creer lo que escuchaba.

—Sobre todo si ese padre se trata de uno de nuestros mejores afiliados a la institución educativa —siguió diciendo.

Sentía que le iban a partir la cabeza ante la información que estaba recibiendo.

—Nosotros vamos a casarnos, no es como si se tratara de una… aventura, ¿cómo demonios puede decirme esto? Soy educadora y merezco respeto, lo que haga con mi vida…

—Aun así, tener antecedentes mentales no te hace propicia para el cargo asignado, por lo que voy a pedirte que te vayas. Estás despedida.

Se le bajaron los hombros ante la concluyente respuesta.

—No puedo creerlo —afirmó, levantándose muy rápido—. ¿Qué clase de director es usted y su grupo de ejemplares? ¿Problema mental? ¿Antecedentes? ¿Tiene, acaso, idea de lo que significa estar en terapia? ¿Tiene idea de lo que es realmente vivir con una enfermedad?

—Isabella…

—¡Isabella nada! Lo que he vivido es tan válido como cualquier otra enfermedad. Felicia Doguett, la maestra de primaria, apenas puede caminar con su bastón ¿Cree que es correcto sacarla de su trabajo solo por tener una malformación en una de sus piernas?

—No, pues es…

—¡Claro que no! ¡Porque es una enfermedad!

El director cerró la boca.

—No puede discriminar por las enfermedades, nadie pide vivir con ellas. ¿Acaso quitó a Jeremy de sus clases de educación física cuando le detectaron cáncer de próstata y tuvo que pasar a quimioterapia? ¡No! ¡Porque es inhumano hacerlo! No soy ninguna loca, tampoco le haría daño a ningún pequeño, y aún así me ha sacado porque he comenzado una terapia con un profesional. ¡Tengo Trastorno Obsesivo Compulsivo, señor! Y mi enfermedad merece el mismo trato que cualquier otra. A quien deberían quitar de su cargo es a usted, por sufrir de la peor enfermedad de todas: ignorancia y estupidez.

Se dio la vuelta y le cerró la puerta con fuerza. Sintió muchas ganas de llorar, pero se aguantó todo lo que pudo. Regresó a la sala, se despidió de sus mellizos, prometiéndoles verse en casa, y finalmente se marchó, con Rosalie terriblemente inquieta ante las dudas, siguiéndola para que le explicara qué había sucedido. Aun así, le pidió a su amiga que hablaran más tarde, porque ahora solo quería tomar aire y sí, poder llorar de impotencia.

Sentía que trastabillaba, que las lágrimas le impedían caminar con normalidad y que la rabia la iba a nublar pronto. En medio de la impotencia, sacó su teléfono para llamar a Edward; él era la única persona que quería en ese momento.

—Lo siento, señora, pero el doctor está en medio de una cirugía.

Suspiró ante las lágrimas contenidas.

—En cuatro horas estará libre. ¿Quiere que le deje su mensaje?

—Sí, por favor, dígale que necesito hablar con él.

—Por supuesto, señora Cullen.

Cuando cortó, lloró, pero por primera vez no culpó a su enfermedad por lo que había pasado, culpó a ese director estúpido y a la ignorancia de la gente. Ella vivía sus procesos, no era su culpa, no era una enferma, era una persona que experimentaba un trastorno en su vida que no impedía ni impediría que fuera a hacer las cosas con profesionalismo y a cuidar de los pequeños como si fueran suyos.

Aun así, se sentía impotente, adolorida y tremendamente enojada. Odiaba las injusticias de una manera incontrolable. Y posiblemente, la rabia era aún mayor debido a todo lo que había pasado con Jacob y James, el vejamen que habían ocasionado y la inmensa falta a su integridad, como si no fuera dueña de su propio cuerpo.

Para intentar calmar la sensación del mal día y a la espera de que Edward terminara su cirugía con tranquilidad, decidió ir a su tienda de disfraces. Al menos tenía su negocio, el que estaba prosperando cada vez más.

El viaje duró menos de lo esperado, el camino estaba expedito y la locomoción más rápida de lo normal. Cuando llegó a la tienda, notó que los vidrios expositores estaban rotos. Su corazón se aceleró mientras llegaba a la rápida conclusión: le habían robado. Mientras llamaba a la policía, abrió la puerta para averiguar qué era lo que habían sustraído, viendo sus disfraces rajados, esparcidos por el suelo y uno que otro escaparate roto con saña.

Algo iba mal.

De pronto, escuchó un ruido proveniente de las bodegas, cerca del sótano. Con valentía se acercó, asomando ligeramente la cabeza. Cuando se encontró con una mujer rubia que conocía a la perfección, su indignación se incrementó a pasos agigantados.

—¿Qué estás haciendo aquí, Kate? —exclamó—. ¡Por Dios!

Ella se dio la vuelta, sabiendo que la habían encontrado en pleno acto. Kate soltó uno de los disfraces que había roto a tijeretazos y se alejó cuando pudo.

—¿Cómo has podido? —gimió Bella, viendo su esfuerzo reducido en nada. Lo había destruido todo.

—Esto es lo mínimo que te mereces —le gritó, enardecida y tan furiosa como nunca.

Cuando Kate se había enterado de que iban a casarse, enloqueció por completo. Sus posibilidades de volver con Edward se habían reducido en cenizas. Su única manera de liberar todo el odio que sentía por Bella era destruyendo su asquerosa tienda de disfraces.

—¿Casarse? ¿De verdad eres tan patética?

Bella sintió mucha lástima.

—Creo que quien está siendo patética eres tú. No solo destruyes lo que hay a tu paso, también secuestras pequeños. Edward jamás va a sentir algo por ti más que odio, ¿es que no lo entiendes?

La condescendencia en las palabras de Bella la llenaron de una ira tan grande, que se acercó a ella, buscando intimidarla.

—No te atrevas a acercarte, ya he llamado a la policía y estarán acá. Por favor, basta de hacer daño.

La policía. Oh no.

Kate sabía que algo más a su prontuario haría que sus padres se pusieran furiosos y podría perderlo todo.

—¡Déjame ir! —le gritó, empujándola de la pasada.

Bella intentó mantener el equilibrio, pues la escalera hacia el sótano estaba detrás. Sin embargo, solo bastó que Kate diera un último empujón para que rodara escaleras abajo y cayera inconsciente contra el suelo. Kate se llevó ambas manos a los labios, sabiendo lo que había causado.

Y entonces, huyó.


Buenos días, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Y sí, ya estamos en la recta final. La verdad de Jacob y James golpeó duramente a Bella y también a su familia, todo lo que conlleva la realidad de una mujer abusada sin saberlo es duro. Charlie sabe que, además, el tiempo pasa y la ley no tiene el respaldo suficiente para amparar a las víctimas que tienen que pasar años para hablar o recordar que fueron abusadas. ¿Qué creen que ocurra con ese par de imbéciles? Y bueno, Edward está haciendo todo lo posible por hacerla feliz, con Bella luchando con su enfermedad y con ello, también saber que es discriminada, una situación muy común en las personas que tenemos enfermedades psicológicas o psiquiátricas. Kate, por su lado, hizo algo de forma impulsiva que va a tener que pagar muy caro. ¿Qué pasará con Bella ahora que está herida? ¿Qué pudo sucederle? ¿Qué dirá Edward cuando sepa lo que ha ocurrido? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Aprovecho de decirles que el próximo capítulo estará la próxima semana, quiero dejar los días viernes o sábado para actualizar, obviamente tomando en cuenta qué tan entusiastas están por lo que viene. Háganmelo saber siempre, lo aprecio, lo saben

Agradezco los comentarios de Adriu, Pam Malfoy Black, fernyyuki, DanitLuna, maribel hernandez cullen, llucena928, SeguidoradeChile, Veronica, ariyasy, viridianaconticruz, BreezeCullenSwan, tulgarita, rosycanul10, ale173, Bell Cullen Hall, almacullenmasen, cavendano13, rjnavajas, Coni, Fallen Dark Angel 07, kathlenayala, katyta94, Liliana Macias, Ivette marmolejo, Lore562, Eli mMsen, Robaddict18, Noriitha, stella mio, Tata XOXO, Rero96, freedom2604, Jade HSos, Gladys Nilda, Iza, patymdn, AstridCP, jackierys, Liz Vidal, Cavendano13, Vero Morales, Beth, BellsCullen8, Belli swan dwyer, ELIZABETH, Diana, Pameva, lunadragneel15,Tina Lightwood, valentinadelafuente, krisr0405, Yoliki, Adrianacarrera, Luisa huiniguir, Aidee Bells, ELLIana11, Cris, Brenda Cullenn, LadyRedScarlet, sheep0294, calia19, damaris14, twilightter, monze urie, ROMINA19, Chiqui Covet, NarMaVeg, Milacaceres11039, Beastyle, morenita88, alejandra1987, Marlik, Gis Cullen, Jocelyn, Valevalverde57, PielKnela, Lys92, aliceforever85, Santa, ManitoIzquierdaxd, barbya95, Lectora18, debynoe12, saraipineda44, Heart on winter, Ceci Machin, morales13roxy, MariaL8, Valentina Paez, Tereyasha Mooz, michi'cullen, Andre22-twi, Pancardo, piligm, Joa Castillo, Flor Santana, AnabellaCS, Srita Cullen brandon, miop, Alejandra Va, Twilightsecretlove, Vanina Iliana, Dominic Muoz Leiva, Erika, Melany, martuu341, cary, isbella cullen's swan, Alexandra Nash, CCar, NaNYs SANZ, Smedina, Esal, beakis, A Karina s g, LizMaratzza, Kamile Pattz-Cullen, JMMA, Mela Masen, KRISS95, Saydiss, catableu, Naara Selene, Nancygov, luisita, jenni317, carlita16, Noriitha, YessyVL13, Mayraargo25, Elizabeth Marie Cullen, Jenni98isa, Rosita, lucylucy, bbluelilas, joabruno, lauritacullenswan, Fernanda javiera, GirlFFGale, Ella Rose McCarty, esme575, camilitha cullen, CeCiegarcia, FlorVillu, K, Karla, Eni-Cullen-Masen, D, Rocullen, Salve-el-atun, Duniis, terewee, indii93, AndreaSL, Elmi, Karensiux, AndreaSL, indii93, Salve-el-atun, selenne88, nydiac10, Blanca Idalia, claribel cabrera585, kaja0507, GabySS501, NoeLiia, Marken01, LoreVab, Marken01, somas, Elejandra Solis, alyssag19, DarkMak31, LucyGomez, keith86, LissaPattinsonCullen, Gibel, Mariana, Angelus285, viridiana hernandez1656, Nat Cullen, jupy, Fernanda21, meli899 y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no tienen idea del impacto que tiene su cariño y su entusiasmo, de verdad gracias

Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá

Pueden unirse a mi grupo de facebook que se llama "Fanfiction: Baisers Ardents", en donde encontrarán a los personajes, sus atuendos, lugares, encuestas, entre otros, solo deben responder las preguntas y podrán ingresar

Cariños para todas

Baisers!