Palabra: tragedia.
El lago Asui
When enemies are at your door I'll carry you way from more
If you need help, if you need help
Your hope dangling by a string
Ill share in your suffering to make you well, to make you well
Give me reasons to believe,
That you would do the same for me
Gone, Gone, Gone, Phillip Phillips
Después del ataque, Shouto no puede dormir. Se acurruca a un lado de Katsuki, pero el sueño no llega.
«Bien», por si atacan de nuevo.
Con todo y todo, sabe que Yamada está haciendo guardia, vigilando el sueño de Shinsou, que se niega a dormir en un templo dedicado a los lobos. Los gatos tienen sus supersticiones.
Pasan horas y se sume en una especia de letargo en done está consciente de no poder dormir, pero tampoco quererse mover. Está alerta. Ve el momento exacto en el que atsuki abre mucho los ojos, como si estuviera sorprendido o asustado.
No hace ningún ruido.
—¿Estás bien? —pregunta.
Katsuki da un respingo. Izuku, a su lado, agarrado a uno de sus brazos, que usa como almohada, ni siquiera lo nota.
—Carajo, princesa, creí que te habías dormido.
—No puedo. —No es una queja, pero en su voz, sale como una.
—Estoy bien —aclara Katsuki—. Por cierto.
—¿Seguro?
—Sí, Shouto, seguro, sólo… —Suelta un bufido. Habla en murmullos para no despertar a Izuku y el príncipe es consciente de que nunca jamás lo había oído hablar tan calmado—. Vuelve a dormir.
—Era un sueño —adivina Shouto.
—Sí. Vuelve a dormir. No te lo voy a contar.
—No tienes que contármelo, Katsuki.
Hace demasiado que Shouto no tiene pesadillas. O, al menos, no pesadillas que duren realmente. Sabe despertarse. Para un niño con terror por su padre, aprender a despertarse y a ahuyentar los malos sueños fue una cuestión de supervivencia.
Sabe lo que le hubiera gustado en esos momentos. Más que Touya escondido en su habitación, cambiándose las vendas, siempre alejando, siempre preguntándole si tenía deseos deseos propios. Lo sabe y nadie nunca lo hizo por él.
—¿Puedo abrazarte, Katsuki?
El otro intenta parecer indiferente, apartado de todo eso, pero Shouto puede ver la vulnerabilidad.
—Si quieres —responde—. No se atrevas a despertar a Izuku.
Así que, acostados como están, Shouto lo envuelve en sus brazos como puede. Le sorprende que su respiración no esté agitada, que la controle tan fácilmente.
—No tienes por qué contarme nada —vuelve a decir, para asegurárselo—, pero, en cualquier caso…
—Lo sé. Cállate —dice Katsuki.
Se quedan un rato en silencio. Shouto mueve las yemas de sus dedos en el pecho de Katsuki, pero no intenta nada más. No quiere presionarlo a hablar, si no quiere.
—Es sólo. Argh. No lo vas a entender.
—No te estoy juzgando, Katsuki —asegura y es cierto. De alguien que tiene pesadillas a alguien más que tiene pesadillas, no puede juzgar.
—Los salvajes dicen que si matas en contra del honor, los muertos van a perseguirte —dice Katsuki. Shouto, por supuesto, no entiende, así que espera una explicación—. No es honorable matar a un caído. No es honorable no darle la oportunidad de defenderse. Todos tienen derecho a pelear por su vida.
—¿Todos? —pregunta Shouto.
—Todos —responde Katsuki—. Son las leyes de nuestro mundo y las seguimos. Si no, los muertos te persiguen. Es sólo… una creencia. Como creer en Nana Shimura. Pero he creído eso toda mi vida, así que ahora el maldito Pico de Pájaro me persigue. —Carraspea—. Chisaki, quiero decir.
»Era él o Izuku.
—Hiciste lo correcto —murmura Shouto.
—No estuviste allí, no puedes saberlo. —Katsuki gruñe, parece molesto—. El caso es que… eso creo, ¿sabes? En las muertes honorables, en no tener que matar a nadie por la espalda. En ser lo suficientemente fuerte como para jamás recurrir a eso. Pero…, por Izuku… o por ti, volvería hacerlo. Aunque todos los muertos me persiguieran. —Con la mano que tiene libre, porque Izuku, todavía dormido, no la tiene aferrada—.Usualmente los mantengo a raya. Concentrarme en algo ayuda. Pero a veces, sólo a veces, aparecen.
Frunce el ceño.
—No te estoy juzgando, Katsuki.
Oye un gruñido.
—Intenta dormir —le dice Katsuki—. No tenemos un día fácil frente a nosotros.
Al final, está seguro de que es él quien se duerme primero. Katsuki no vuelve a despertar. Lo despierta el sol de la mañana y el sentir que pierde algo, un punto de apoyo. Abre los ojos y se da cuenta que es porque Katsuki se incorporó.
—No… Espera.
Todavía tiene la voz muy adormilada e intenta extender un brazo para agarrar a Katsuki, que sólo está sentado.
—Shouto, no… espera…
Pero al final Katsuki se rinde y se acuesta mirándolo y le pasa una mano por la mejilla.
—Princesa —murmura y a Shouto apenas si le cabe en la cabeza que tenga su voz también pueda ser tan tranquila y anclarlo al suelo.
Es él quien se acerca buscando los labios de Katsuki, pero es Katsuki quien inicia el beso. Siempre lo hace de la misma manera: con tanta seguridad que Shouto se ahoga, con tanta fuerza, que Shouto siente que pierde todas las suyas. Pero también siempre acaba adecuándose a su ritmo, más lento, pausado, tranquilo. Es diferente a cómo se besa con Izuku: todo dientes, lengua y una pasión hambrienta. Shouto lo fuerza a la tranquilidad, a la delicadeza. Y Katsuki se lo cumple. Cada vez.
—Princesa —repite, al separarse—. Tienes que despertar.
—¿E Izuku? —pregunta Shouto.
—Con Shinsou —dice Katsuki—. Creo. Dijo que Aizawa iba a ir a cazar algo para tener desayuno. Vamos. —Vuelve a incorporarse, y es vez agarra la capa, que está puesta sobre ellos a modo de cobija—. Levántate.
—No puedo creer que despiertes tú primero que…
—Princesa…
—No voy a pararme nunca si sigues diciéndome así.
—¿Qué? ¿Te gusta? —Katsuki se inclina un poco sobre él, sin realmente volver a tumbarse—. ¿Princesa?
—Katsuki…
Le gusta.
Cierra los ojos y busca a tientas uno de los collares de Katsuki para jalarlo hacia él. Se tiene que incorporar un poco, apoyándose en el codo de su brazo libre, pero alcanza sus labios. Katsuki le da gusto y lo besa. Más lento que las veces anteriores, tomándose el tiempo de sentir sus labios.
—Princesa, tienes que levantarte —le dice cuando se separa.
Lo jala con él para que se incorpore.
—Shouto…
—No, Katsuki, sigue…
—¿Princesa?
—Por favor.
Abre los ojos y se encuentra la sonrisa a medias frente a él; acerca sus dedos a los labios de Katsuki y los roza. No puede mantener los dedos allí, porque Katsuki se pone en pie y le tiende una mano.
—Vamos.
Es un problema que no pueda mantener las manos apartadas de ninguno. Tampoco de Izuku.
Al menos cuando nadie los ve.
Con público es más cuidadoso, más precavido. Izuku y Katsuki tienen menos vergüenza que él, como si quisieran compensar por todos los años de malentendidos a sus espaldas. Shouto es diferente. Le enseñaron a nunca mostrarse vulnerable y le cuesta demasiado la idea de que alguien lo vea sin la coraza de príncipe —aun cuando ha renunciado a ella—. Con Izuku y Katsuki no hay problema.
¿Pero el resto del mundo?
Quitarse las costumbres aprendidas en la corte es muy difícil.
Agarra la mano de Katsuki que lo ayuda a levantarse. Después de buscar el chaleco y ponérselo, lo sigue hasta la entrada del templo. Yamada ya está allí y canta algo. Katsuki pone los ojos en blanco al oírlo, pero no dice nada. Se acerca a Izuku, que sonríe —aunque Shouto puede adivinar los nervios en su rostro—, y se sienta a su lado. Shouto lo hace a un lado de Katsuki.
—Aquí los gatos de muchas colas son especialmente considerados de mal agüero —le está diciendo Izuku a Shinsou—, pero tampoco son una desgracia. La gente los evita pero… Nadie los corre ni…
Shinsou tiene los brazos cruzados sobre su vientre. No tiene nada con qué cubrirse la espalda, pero es obvio que intentó que la bufanda gris que tiene puesta le cubriera algo.
—En el sur somos la muerte, representamos la muerte —espeta Shinsou—. Sobre todo en las ciudades de la Alianza Libre.
Tuerce la boca y no agrega nada más.
—Me alegra que Aizawa te rescatara.
El gato bufa.
—Izuku, déjalo en paz —espeta Katsuki—. ¿Qué se supone que haremos ahora? Que un grupo de mercenarios puede sentir el báculo.
Como siempre, Katsuki no da vueltas.
—Seguimos sin saber dónde están. —Yamada interrumpe su canción—. Shota piensa que quizá el báculo podría guiarnos, pero…
—No puedo controlarlo bien y no sé hacerlo —sigue Izuku—. Lo intenté pero… —Alza la mano que todavía no tiene cicatrices y se las enseña. Corrección, ya tiene una. En el dedo de en medio—. No funcionó.
Katsuki es quien le agarra la mano más rápido. Parece un gesto brusco, pero Shouto puede ver la delicadeza con la que se la acerca para verla bien.
—Izuku…
—Lo sé, Kacchan. Dije que tendría más cuidado, ¿no?
Sonríe y en su gesto se adivina un «ya que». Katsuki envuelve la mano herida entre las suyas y Shouto no aparta la vista.
—Podemos preguntarle a las mujeres del agua —sugiere Shinsou.
Katsuki alza las cejas.
—¿Los gatos no comen peces? —pregunta, sin pizca de tacto.
Por supuesto, el gato se ofende.
—¡No mujeres del agua! ¡Y conozco a las del lago Asui! —Alza las garras, como si fuera a alcanzar a Katsuki, pero Izuku funge como escudo y no lo rasguña—. Queda a menos de dos horas y ellas pueden localizar a todo el mundo. Sienten el agua. Saben que se mueve por sus tierras porque el agua está en todos lados.
Así que ese es el plan cuando Aizawa regresa con una presa y desayunan. Se ponen en camino hasta el lago Asui. Shouto nunca lo ha visto, pero Katsuki e Izuku hablan maravillas de él. Al parecer Mitsuki los llevó de niños una vez, pero nunca vieron a las mujeres del agua, porque no suelen confiar demasiado en los seres humanos. Hay muchas historias de cazadores en el pasado como para que se muestren ante el primero que pasa. Shouto se contenta con escuchar las historias, porque Izuku siempre está dispuesto a contar todas las que sabe.
La preocupación que lo ahoga se va desvaneciendo un poco. No se va completamente porque existe alguien en el mundo que puede sentir el báculo y todavía está el asunto de su hermano. Touya. Pero lo empuja todo hasta el fondo de su mente, porque hasta que no estén frente a las mujeres del agua no sabrán gran cosa.
Ve a Izuku colgarse de la espalda de Katsuki y gritarle «Kacchan» y reír y no sabe cómo pueden hacerlo en esas circunstancias. Los ve de lejos un momento, hasta que Izuku vuelve por él y está sonriendo.
(Shouto quiere ahogarse en la curva que forman sus labios).
Un rato después, cuando va caminando a un lado de Katsuki, se le sale lo que piensa.
—No sé cómo puede…, no sé. Hacerlo. Sonreír de esa manera. Sabiendo que lo persiguen.
Katsuki sonríe de lado.
—Es porque estás tú —responde—. ¿Sabes por qué lo arrastré hasta el palacio del reino Todoroki, Shouto?
Niega con la cabeza.
—Porque era el ser más miserable del mundo conocido cuando desapareciste.
—Te tenía a ti —rebate Shouto.
—Pero no a ti. Déjalo ser. Su felicidad nunca rompió a nadie.
No le queda más que darle la razón cuando Izuku vuelve sobre sus manos y busca la mano de Shouto y luego la de Katsuki y camina entre ellos.
Cuando llegan al lado Asui, el primero que se acerca es Shinsou, el gato. Shouto se queda viendo su espalda. No puede quitársela de la mente desde la noche anterior. Tantas cicatrices. Shouto sólo las ha visto en prisioneros condenados a muerte del reino Todoroki.
—Ey, princesa. —Katsuki se recarga en su hombro un poco y se acerca a su oído—. No mires tanto, que lo vas a deshacer.
Shouto aparta la mirada.
—Lo siento.
—Sólo digo. No parecen gustarle.
—No sabía que tenías corazón, Katsuki.
Se encoge de hombros.
—Si buscas con atención.
Shinsou no se mete al agua. Se acuclilla a un lado de ella. Su cola se mueve, no parece muy cómodo. Maúlla un poco.
Aparece una mujer del agua. De cabello verde, largo, sedoso, que parece amarrado por abajo. Habla un poco con ella y luego le hace una seña a los tres que se acerquen. Aizawa y Yamada se quedan detrás, por el momento.
—Ella es Tsuyu —les dice—. Y de ustedes no me sé sus nombres así que…
Izuku es el primero en alzar una mano y hacer un gesto a manera de saludo.
—Izuku.
—Katsuki. —Él no intenta nada, ni una mueca, para parecer más amable.
—Shouto —dice el príncipe.
—Están buscando a un grupo de mercenarios —explica Shinsou—. Nos atacaron ayer y tenemos razones para creer que no andan lejos.
—Necesito una explicación más detallada, Shinsou. —La mujer del mar sonríe y se acerca más a la orilla. Entonces Shouto alcanza a ver su cola. Las escamas son color verde oscuro, del mismo color que su cabello.
No se cubre el pecho con conchas, como en la mayoría de las pinturas que hacen sobre ellas. Shouto evita mirárselo, aunque no sabe por qué. Ni a Katsuki ni a Izuku parece extrañarles eso.
(Puedes huir de la corte, pero no sacártela de las venas).
Shinsou alza las cejas y los mira a ellos.
—Hay… una bruja —dice Shouto—. Una bruja nos atacó ayer. Y alguien… alguien con magia de fuego —sigue—. Quizá eso funcione, ¿no? No sabemos cuántos son.
—Y un nigromante —agrega Izuku—. El agua las ayuda a detectar la magia, ¿no?
Asui asiente.
—Eso puede funcionar. —Se lleva una mano a la cara y uno de sus dedos descansa en sus labios en gesto pensativo—. Sí, puede funcionar.
Ahora vuelvo.
Se quedan en la orilla. Izuku es el primero en quitarse las botas y meter los pies al agua, pero Katsuki no tarda en imitar su ejemplo con el único propósito de tirarlo al agua y hacer que se moje. La cola de Shinsou se eriza y se aleja unos pasos, para evitar el contacto con el agua. Shouto sólo mete un poco los pies a la orilla, con cuidado.
Cuando la mujer del mar, Tsuyu, vuelve, Izuku está completamente empapado y Katsuki lo está sólo a medias.
—Hay un grupo que parece coincidir con la descripción —anuncia, cuando Katsuki aún está intentando tirar a Izuku. Los dos se quedan quietos—. Demasiada hierba quemada —explica—. Sentimos cuando… bueno, el agua… de las raíces. No lo entenderían. También demasiada grande tirada. Un poco más al sur… no muy lejos… de…
Sus ojos se abren mucho.
—¡CORRAN!
Y es lo último que dice antes de tirarse al agua.
Es inmediato. La nube negra que se abre ante ellos los toma completamente desprevenidos. Izuku se precipita hasta la orilla para agarrar el báculo, pero tropieza con una piedra y cae al suelo. Aferra el báculo con la orilla de sus dedos. Shouto desenvaina la espada, pero antes de poder reaccionar, una figura está sobre Izuku.
Es Touya.
Las cicatrices. Los ojos. Está convencido de que es Touya.
Izuku intenta contrarrestar la magia de fuego y por un momento lo logra.
Hasta que aparece la bruja y un hombre lagarto. Y alguien más. Y Shouto deja de poder contarlos.
Intenta acercarse a Touya, pero no puede. La bruja y su risa y sus dientes afilados lo detienen. Aizawa está más lejos, él y Yamada intentan quitarse de encima a un hombre lagarto y una mujer que manipula el metal.
—¡Touya!
El grito le desgarra la garganta.
Y el hombre alza los ojos.
Azules, iguales a los de Enji Todoroki. Shouto no tiene dudas. Conoce esos ojos a la perfección, los ve mirándolo desde el alfeizar de la ventana cuando era niño. Son los ojos de Touya Todoroki.
Hay una pizca de reconocimiento y entonces, otro grito.
—¡KUROGIRI!
Izuku se distrae. Shouto ve el momento exacto en el que ocurre, cuando un hombre con un sombrero alto lo ataca por detrás y Touya lo agarra por el cuello. La nube negra se abre y Shouto recuerda lo que es ser comido por ella. La oscuridad y la nada.
—¡IZUKU! —grita.
Katsuki se da cuenta.
Todos los demás empiezan a desaparecer entre los portales y es claro que su único objetivo era Izuku.
Shouto adivina lo que va a pasar antes de que ocurra. «¡No!» Corre en la dirección de Katsuki sin saber si va a detenerlo o a alcanzarlo. Todo ocurre con una lentitud pasmosa ante sus ojos y lo único que puede hacer es extender una mano que no alcanza a Katsuki. «¡No lo hagas!», quiere gritar.
No quiere volver a quedarse solo.
Y en lo hondo, sabe que Katsuki no se va a quedar esperando.
También sabe que es el único que puede llegar a tiempo, antes de que el portal se cierre. Shouto intenta impulsarse con hielo, pero las explosiones de Katsuki son más rápidas y lo ve perderse en el portal antes de que pueda alcanzarlo.
A él se le lanza el gato encima.
Pero ya no importa.
El portal ya no está ahí, las nubes negras se han ido.
—No puedes ir tras ellos —le dice el gato—. Es misión suicida.
—Suéltame. —Cuando el gato no lo hace, Shouto se revuelve tanto que casi lo tira al piso, sólo aprovechando que es más pequeño que él—. Suéltame —repite.
El contacto lo quema.
Cae de rodillas en el suelo.
Katsuki ni siquiera miró en su dirección. Lo entiende. Él tampoco lo habría hecho. Si uno de los dos hubiera estado en peligro y él hubiera estado más cerca, se habría lanzado sin pensar.
—¿Estás bien? —pregunta Aizawa.
—Shota… —La voz de Yamada es triste. No tiene nada que ver con su alegría usual—. No creo que…
—Ileso, me refiero —dice Aizawa. Le alza la barbilla y lo obliga a verlo—. Shouto, concéntrate. Necesito que te concentres primero. ¿Estás ileso?
Shouto asiente.
Apenas tiene rasguños. Nada grave. No está sangrando.
«Izuku, Katsuki».
Intenta ponerse en pie, pero Aizawa se lo impide.
—Respira —le dice—. Eso es lo primero que tienes que hacer. Respirar.
Es consciente de que Shinsou y Yamada lo están viendo con expresiones medio preocupadas, pero no le importa.
—No tenemos… tiempo… tenemos que…
Una voz los interrumpe.
—Es menos de un día de viaje —dice Tsuyu asomándose a la orilla del lago Asui—. Al sur. —Señala la dirección—. Tienen un refugio. No sé cómo sea porque el agua no… puede… Lo siento. Lo siento.
Shouto la mira sin cambiar de expresión.
«Respira, Shouto, respira».
Inhala, exhala.
Al sur. Izuku y Katsuki están al sur. Van a rescatarlos. Ellos fueron a rescatarlo a él. Ahora es su turno. Apenas si es consciente de que está llorando. Aizawa no lo abraza, no cuando nota la manera en la que rechaza cualquier contacto como si fuera un hierro ardiente. Pero se queda cerca. Y no deja de pedirle que respire.
«Respira, Shouto».
Allí, a la orilla del lago Asui, Shouto llora por primera vez frente a alguien que no es Katsuki y que no es Izuku.
Alza la vista al cielo y, aunque no tiene ninguna ofrenda, le pide algo a Nana Shimura.
«Cuídalos, hasta que llegue el día en que ninguno esté en peligro». Lo piensa un momento y se corrige. «No. Cuídanos».
Va a rescatarlos. Así que también tiene que pedir por sí mismo.
Notas de este capítulo:
1) Qué difícil fue escribir este capítulo, caray. Sobre todo por el ritmo. No es cualquier cosa mantenerlo cuando sabes que va a pasar y tus personajes están felices y blissfully unaware. Este capítulo marca el inicio del clímax de la historia y es la puerta al final.
2) Tsuyu Asui no se me había ocurrido al principio, pero hace como diez capítulos que pensé que podía ser una sirena. Y sí, aquí no se llaman sirenas sino mujeres del agua. Ya saben, coas de escribir fantasía. No me resisto a las sirenas. Que además aquí viven en un lago y no en el mar. Aunque seguro hay más en el mar (me imagino a Nejire siendo una).
3) Los capítulos que siguen son para conocer a la liga de villanos más a fondo. Jé. Bueno, y para otras cosas.
Andrea Poulain
