Capitulo 41 – Weiss – Regalo.

Vio el mensaje de Elsa una vez más, pero no lo respondió.

No quería. No se sentía con la fuerza ni la decisión suficiente para siquiera poner la mínima afirmación o negación.

¿Qué estaba haciendo con su vida?

Era la hija de uno de los empresarios más exitosos del mundo, dueño de una de las compañías más grandes y de las más controversiales. Su familia había tenido riquezas y reconocimiento desde que nació, desde que su abuelo se dedicaba por completo a hacer crecer el emprendimiento de la minería, lo cual logró con creces.

Luego su padre tomó aquello y lo destruyó. Tal vez su abuelo no era un santo, pero su padre seguía siendo un monstruo, el cual convirtió lo bueno en malo, y lo malo en algo aun peor.

La empresa creció, ¿Pero a costa de qué?

Sufrimiento de miles.

¿Y quién era ella?

Solamente era la sombra de su padre. Criada bajo las más estrictas enseñanzas, construida con un objetivo claro. Sellando su destino. Una niña mimada que casi siempre obtuvo lo que quiso, ¿Qué es lo que quería? No, no lo quería realmente. Nada de lo que había obtenido era algo que ella quisiese.

Era lo que el mundo le decía que quería.

No tenía identidad.

No era nadie.

Era solo una réplica. Un títere. Un muñeco.

El auto se detuvo. Podía escuchar la música salir por las paredes de aquel lugar. Sin duda había sido una excelente elección. El conductor abrió la puerta para ella, y le tendió la mano, para que pudiese tomarla. Esta vez sí necesitaba ayuda.

¿Se había liberado?

No, no estaba segura.

¿Había decidido?

No, no estaba segura.

Analizar la situación parecía ser su pan de cada día, pero ya estaba harta. Estaba harta de hacer de todo un plan perfecto. Incluso en ese segundo parecía buscar estrategias. No quería más.

Caminó por la parte trasera del lugar.

Tenía mucho que perder.

Si.

Podía perderlo todo.

¿Qué era todo?

No dudó en silenciar la música. En tomar un micrófono, y caminar sobre ese pequeño escenario.

El dj la miraba atónito, estando a solo unos metros de ella.

Lo ignoró.

No le importaba él, o el resto de personas ahí.

Solo le importaba Ruby.

Ruby.

Dijo su nombre una sola vez, y pareció que todos voltearon en su dirección. Los nervios empezaron a tomar parte de su cuerpo, pero se controló.

La había visto.

No era difícil, su disfraz era tan 'Ruby' que era imposible que fuese alguien más. Sus ojos plateados miraban en su dirección, con sorpresa, con dudas, con preguntas.

La había lastimado tanto, desde un inicio, la había utilizado por su propio beneficio.

No era diferente de su padre.

No, ahora lo era.

Era diferente.

"Antes de conocer a Ruby, mi vida parecía ser perfecta. Cuando ella apareció, empecé a cuestionarme tantas cosas. Estaba dividida. Y me di cuenta de cuan vacía había sido mi existencia, y de cuan lastimada estaba. Del daño que fui victima sin saberlo."

Ruby no quitaba sus ojos de ella, y no lo dudaba. Estaba hablándole, y sobre todo estaba vestida de esa forma. Podía entender su confusión y sus ansias de entender a que venía todo aquello.

"La lastimé mucho, por todas mis dudas, por vacilar, por temer por el futuro incierto. Pero toqué fondo, y no puedo seguir así. Ruby es lo único en mi vida que de verdad he querido, que he elegido por mí misma. Es una idiota que me hace sentir completa a pesar de estar tan vacía."

Todo estaba en silencio y la única persona que se movía era la pelinegra, la cual caminaba hasta ese pequeño escenario, que solo se levantaba medio metro del suelo. Parecía hipnotizada. Aunque esa era su idea. Era una atracción innata que tenían la una con la otra.

"Quiero decir ante todos los presentes que esta idiota temeraria es de las personas más justicieras, más amables y confiables que existe. Y que estoy orgullosa de ella, y de cuanto ha crecido."

Se bajó de la tarima, y fue como si las manos de la chica la recibieron de inmediato, tomando las suyas. Todos parecían atentos a lo que pasaba, pero en esa situación, solo tenía ojos para Ruby, y sabía que era reciproco.

Se había puesto un vestido de novia.

"Feliz cumpleaños, Ruby, y te prometo que seré la mejor compañera y novia que podrías tener."

No sabía si los demás habían escuchado, pero la música empezó a volver progresivamente. Solo podía mirar a Ruby, la cual tenía sus ojos llorosos y sus manos temblorosas. Siguió sosteniendo aquellas manos, intentando controlar o apaciguar los temblores. Dio un paso más cerca de ella, como si la poca distancia entre ellas siguiese sin ser suficiente para su gusto.

"Siento todo el daño que te causé."

Pudo escuchar una risa temblorosa por parte de la menor.

"Sabía que estabas asustada, sabía por lo que estabas pasando, y del miedo que tenías. Podía notar que te aterraba ser como el resto de tu familia."

Cerró los ojos, escuchando el sonido de la música como si estuviese tan lejano. Las palabras de Ruby sonaban claras y precisas, y lo eran. No era tan idiota, podía darse cuenta, y además habían hablado un par de veces sobre aquello. Sin mucho detalle. Sin mucho ánimo. Sin mucha conciencia.

"Me aterran muchas cosas y seguirán aterrándome. Y aunque me carcomía el hecho de ser una Schnee y terminar lastimándote, sin embargo, el huir de esos pensamientos terminaron dañándote aún más. Tu nunca me has visto como mi apellido, y eso me hizo darme cuenta de cuan especial eres."

Ruby le sonrió, sus ojos libres de lágrimas, pero seguían brillando con emoción. Sus manos tampoco temblaban, y, de hecho, ahora estaban ambas en sus hombros. Con ese gesto de apoyo perpetuo que le daba desde el comienzo.

"Tú eres Weiss, y no importa que te haya pasado cuando joven, cuanto daño te hayan hecho, cuanta manipulación hayas sobrevivido, eso no define a la persona maravillosa que tengo frente de mí. Intentaron controlarte, pero no lo lograron."

Sonrió y asintió, quedándose sin palabras.

Ruby la dejaba sin palabras.

Rodeó el cuello de la menor con sus brazos, y pudo sentir los brazos ajenos en su cintura, abrazándola con firmeza. No recordaba la última vez que se había sentido así de cómoda, pero era fácil adivinar que, si se había sentido de forma similar, también había sido con la pelinegra.

Luego de unos momentos se separaron, mirándose.

"Realmente lo siento, Ruby."

La chica negó de inmediato, una sonrisa triste en su rostro.

"Yo fui ingenua. Me alejaste una y otra vez y yo te seguí, sin retroceder. Siempre me dices que soy solo una niña, que aún me falta por vivir, y es cierto, pero también he perdido mucho en mi vida, y no estaba lista para perderte, sobre todo cuando te a-"

Ruby se detuvo. Sus labios se cerraron de manera inmediata. Frunció el ceño al verla tan indefensa. Tan triste. Tan desolada.

No dudó.

Tomó las mejillas de la chica frente a ella, y la besó. Pudo sentir la sorpresa en la pelinegra, sus músculos tensarse, su cuerpo temblar en confusión. Pero el beso fue correspondido.

Había tomado una decisión.

Se alejó tan solo un centímetro, mirándola fijamente a los ojos. Determinación, eso quería mostrarle y al parecer su mirada pudo reflejar aquel sentimiento sin problema.

"También te amo, Ruby."

Los ojos ajenos volvieron a llenarse de sorpresa, y a humedecerse poco a poco. Mantuvo su rostro entre sus manos, sin querer soltarla, sin dejarla. No quería que desapareciera, que se alejase, no estaba dispuesta a eso. Sintió un regocijo tremendo al finalmente decirle sus sentimientos, los cuales había guardado en lo más profundo de su interior, así como Ruby intentaba contenerlas, a veces sin éxito.

Ya no importaba.

Ya no tenía tanto miedo.

La mierda de su familia seguía en su cuerpo, en su humanidad, en su existencia, pero esta vez sería diferente. Esta vez iba a luchar contra el estigma. No era como los otros Schnee. Era diferente. No iba a dudar más. Ruby le daba calidez a su vida, y ese apoyo era suficiente para hacerla seguir adelante, sin rendirse ante las cadenas de su árbol genealógico que la detenían constantemente.

Iba a creer en esa persona humanitaria que Ruby veía en ella.

Iba a sacar a su padre del trono, y le arrebataría todo lo que por derecho le pertenece.

No se iba a conformar con dirigir un departamento en la empresa, no, iba a ir a lo más alto. Tal vez llevaría tiempo, pero lo lograría. Ya tenía estrategias para aquello, y pensaba ponerlas a prueba paso a paso hasta conseguir las recompensas necesarias.

Ruby le dio una gran sonrisa, y de inmediato sintió su pecho calmarse ante las situaciones que meditaba en su cabeza.

"Haremos esto juntas, lo lograremos."

No pudo evitar sonreír.

Ruby era la persona para ella, la persona perfecta en su vida.

Se besaron una última vez.

Parecía que todo el mundo a su alrededor volvía a tener vida. La música volvía a sonar con la misma intensidad. El bullicio volvía a formar parte del escenario. Todo parecía normal. Todo estaba bien.

Sintió unas manos en su espalda y dio un salto en respuesta.

"¿Besaste a la novia sin una ceremonia? Me decepcionas, Ruby."

Anna estaba a su lado, lanzándole una mirada acusatoria a Ruby, con falsa indignación. La acusada solo pareció esconderse más en su capucha, para nada cómoda con toda la atención recibida, aunque fuese su cumpleaños, donde evidentemente era el centro de la atención.

Elsa estaba parada al lado de la pelinegra con su postura cordial, y le dijo algo que no pudo escuchar, pero si escuchó el chillido de Ruby y el sonrojo imitando el color de su capa.

Sintió los ojos turquesa mirándola, así que volteó para enfrentarla. Anna tenía consternación en sus facciones. Diana y Akko también estaban cerca, y la pequeña idiota tenía rostro de que no entendía nada de lo que ocurría.

"¿Todo bien?"

Anna finalmente habló, solamente para que ella escuchase y asintió en respuesta, mirando a Ruby, la cual estaba balbuceando cosas sin sentido a la mayor del grupo.

"Todo está perfecto."

Escuchó un suspiro por parte de la pelirroja, y una mueca de alivio en todas sus facciones. Sus ojos chocaron con los de Diana, y ella de inmediato asintió, y entendió aquel gesto como una felicitación silenciosa. Asintió de vuelta, devolviendo el gesto.

Su corazón golpeaba fuerte en su pecho, pero ahora asumía que era de felicidad.

Esa era su pequeña nueva familia, y se alegraba tanto de tenerlas.

Se cruzó de brazos, mirando a ambas rubias, analizándolas, y ambas se percataron de la acción. Sus caras evidentemente avergonzadas.

"No puedo creer que se dejaran engañar por sus idiotas."

Diana se cruzó de brazos, intentando parecer que este hecho no le importaba, pero se le notaba en su rostro. La castaña tomó uno de los brazos de la rubia, y sus ojos carmín chocaron con los suyos, en defensa de su novia.

"¡Pero le queda muy bien!"

Escuchó una risa de la pelirroja que estaba aún a su lado, y vio como Diana ponía sus dedos en el tabique de su nariz, parecía irritada y avergonzada. No la culpaba. Miró a Elsa, esperando un comentario por parte de ella, la cual solo permanecía inerte con sus brazos frente a su abdomen. Cuando sus miradas conectaron ella solo se levantó de hombros.

"Anna fue muy insistente."

La escuchó decir, y no dudó en acercar su mano a una de las trenzas pelirrojas que estaba a solo unos centímetros de ella. Le dio un tirón, escuchando una queja por parte de la agredida.

"Estos perros insistentes. Realmente necesitan ser amaestrados."

No se dio cuenta, pero los brazos de Ruby la rodearon en cosa de un segundo, no sabía si era un abrazo o un ataque para que soltase a su amiga, pero funcionó. Sintió su cara arder.

"¡Yo no te obligué a vestirte así!"

Ruby gritó, generando risas en el grupo, pero ella no dijo nada.

Solo se quedó ahí, disfrutando de la cercanía.

Ese era el futuro que quería, con la gente que quería.


Awww, ¿Final feliz? Si.

Sé que van a extrañar el drama y lo pedirán a gritos.

¿Como están todos? Yo triste y feliz porque mi novia está de cumpleaños pero no puedo verla :( Al menos se que leer esto le hará feliz. La extraño mucho.

Capitulo siguiente: Diana – Tensión (sexuaaaaaal)

Queda un poco de fiesta para el próximo y situaciones divertidas.

Nos leemos pronto.