Tras un momento de pánico en el baño, por fin Marinette y Adrien comparten una muy buena noticia, que no tardan en compartir con Julián y Mariya. Plagg en el fondo, es un kwami dulce y tierno, pero eso es una faceta que solo Tikki conoce a la perfección. ¡GRACIAS POR LEER!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. Assassin's Creed es del mismo modo, propiedad de UBISOFT. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras.
Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos y a resistir como mejor podamos.

Abróchense los cinturones y no salgan a buscar el bicho

Puede haber spoilers de la tercera temporada.


MIRACULOUS CREED

Capítulo 25: Cerrando ciclos…

Departamento de Marinette.

Sábado, 19:35 hrs.

Plagg se mordió el labio y miró hacia el moisés. Minnie lloraba, pero en su experiencia era un llanto para llamar la atención y no porque le estuviese pasando algo serio. No perdió tiempo de volar hasta ella para entretenerla un poco.

—Yo me encargo, cachorro. ¡Tú ve a tu novia!

Esto lejos de tranquilizar a Adrien, lo asustó incluso un poco más. Para nadie era un misterio que Plagg adoraba a Minnie, pero no digamos que solía tener esas actitudes con ella, al menos no tan así. El kwami solía conversarle con cariño, la arrullaba, calmaba, le hacía compañía, en las noches se aseguraba que estuviera respirando y últimamente con los fríos que estaban haciendo, hasta la arropaba un poco, pero… hacía todo eso solo si nadie lo veía. El que se ofreciera abiertamente a ver a Minnie fue casi una señal de fin de mundo.

—Gracias.

No digamos que Adrien se iba a cuestionar tal cosa. Si algo le había enseñado la vida, era a tomar las oportunidades que se le cruzasen por delante con las dos manos y ciertamente que no iba a despreciar el ofrecimiento de Plagg. Luego le conseguiría un enorme trozo de camembert, pero ahora que le habían dado la oportunidad de concentrarse en Marinette, no la iba a desperdiciar. Rápidamente se agolpó contra la puerta del baño e intentó abrirla.

—¡Marinette! ¡¿Estás bien?! ¡MARINETTE!

—¡Se desmayó! Está bloqueando la puerta, ¡No podrás abrirla! —explicó Tikki pálida del susto.

—¡¿Pero está bien?! ¿Puedes ver si se golpeó o algo, Tikki? —quiso saber Adrien mientras insistía en forcejear contra la puerta— ¡MARINETTE!

Tikki apretó los dientes y volvió a atravesar la puerta. Flotó hasta Marinette, quien estaba sobre su costado en el suelo, efectivamente bloqueando la puerta. La revisó con urgente minuciosidad y con alivio descubrió que, contra todo pronóstico, no se había golpeado contra el lavamanos. No era un baño muy grande y dicho artefacto ocupaba más espacio del necesario: encima tenía las esquinas en ángulo y Marinette ya se había golpeado en varias ocasiones. La puerta insistía en agitarse, señal clara que Adrien sí quería entrar al baño, pero no podía. Tikki volvió a atravesar la puerta, aunque no sin antes ver el objeto que Marinette tenía en la mano…

—¿Adrien? Marinette está bien, no parece que se haya golpeado… respira bien, solo… muy desmayada… Está apoyada contra la puerta, no vas a poder…

Lejos de responderle con palabras, Adrien intentó abrir la puerta por la fuerza tal como si no le hubieran explicado que no se podía, ¡Tikki apenas le había dicho que eso no iba a ser posible! Pero ahí lo tienen porfiado como mula de carga. La kwami intentó detener a Adrien, preocupada por Marinette, pero en ese momento Plagg, murmurando pestes entre dientes, se adelantó a la jugada, atravesó la puerta al interior del baño, fue directo al botiquín y tras trajinar unos segundos, sacó la botella de alcohol desinfectante que había allí. No digamos que era lo óptimo, pero podría servir. Voló hasta donde estaba Marinette, destapó la botella y se la acercó a la nariz.

—Vamos Coccinelle… ¡Hora de despertar!

La puerta había dejado de agitarse. Adrien en esos momentos tenía la oreja pegada a la madera y escuchaba con atención por cualquier sonido. Tikki volvió a entrar al baño y flotó hasta ellos. ¡Aaaw! Ahí estaba su calcetín apestoso, tratando de hacer reaccionar a Marinette, mostrando esa gentileza que rara vez dejaba salir a menos que estuviera en plena confianza. Sin perder tiempo, besó la mejilla de Plagg y flotó hasta el rostro de su portadora, a quien comenzó a acariciarle las mejillas.

—Marinette… vamos…

—Hmpf…

La joven por fin arrugó la nariz y abrió los ojos. Estaba pálida y tras fijarse en como Plagg cerraba la botellita, despabiló un poco. Le dolía la cabeza, tenía sed, y sentía como si la hubieran metido y sacado de la lavadora de ropa. Se incorporó poco a poco y tras sonreírles con susto, levantó la prueba que todavía tenía entre sus dedos para apreciarlo mejor. En silencio. Los kwamis la miraron atentos y le dieron su espacio, mientras le rodaban varias lágrimas por las mejillas. Tikki comenzó a comerse las uñas, y Plagg se adelantó un poco para acariciarle la nariz a la joven heroína de París.

—Todo va a estar bien, Coccinelle. Mi cachorro no te va a dejar sola —le dijo con una ternura que parecía muy fuera de lugar en él.

Marinette ocultó sus ojos tras su flequillo, pero sonrió con delicadeza, mientras se abrazaba a sí misma y se limpiaba los ojos con las manos. Quizás habrá pasado así varios minutos, con Adrien al otro lado de la puerta verde de la preocupación, pero esperando paciente que saliera de su sorpresivo encierro. Minnie ya no se escuchaba llorando de fondo. Marinette se puso de pie y se miró en el espejo, antes de girar sobre sus talones y salir corriendo del baño, ni bien abrió la puerta, pasándole por el costado a Adrien sin dar ninguna explicación.

—¡Ma princesse!

—¡Cinco dame!

Perplejo, Adrien se pasó las manos por el cabello, despeinándose de los nervios. Estaba aliviado de ver a su novia moviéndose por sus propios medios, pero ¿Qué diantres le estaba pasando? No tuvo de otra sino seguirla.

—¡Marinette!

Ignorando a Adrien, que hasta lloraba de preocupación, Marinette se fue derecho hasta su escritorio. Comenzó a rebuscar entre los papeles que estaban ahí en busca de los resultados de los exámenes que le había pedido el psiquiatra y cuyos resultados los tenía con ella desde al menos desde el lunes pasado. Su psicólogo la había derivado a un médico al considerar que iba a necesitar apoyo de medicinas para tratar su depresión y ansiedad, y el especialista, antes de recetar nada, le había mandado a hacer una serie de estudios para poder prescribirle un tratamiento adecuado. Marinette sabía que por defecto también debían haberle pedido un examen de GCH entre esos estudios, sobre todo porque confesó tener novio, por los que rápidamente comenzó a revisar sus resultados…

… y los encontró. ¡¿Por qué diantres no los había revisado antes?! Ni siquiera por curiosidad, simplemente fue a tomarse las muestras y luego se olvidó del asunto. Días después fue a buscar los resultados y al llegar a casa, dejó el sobre ahí mismo sobre su escritorio sin darle mayor importancia, más ocupada como estaba con la investigación de Papillón. Como no la habían llamado del laboratorio para advertirle de ninguna anomalía relevante en sus resultados, aunque francamente si llamaron no prestó atención, todo pasó al fondo de sus prioridades. Simplemente iba a dejar que la psiquiatra revisara sus resultados y ya, lo que no iba a pasar sino hasta el próximo martes. ¡Se había tardado en reagendar una nueva cita con ella!, por lo que de no ser por las aprensiones de Tikki, todavía no se daría por enterada.

—Ay…

Ma lady… ¡por favor dime algo! —suplicó el gato.

Marinette ignoró a Adrien. No podía despegar los ojos de sus resultados. ¡Oh sí! Ahí estaban, claros como el agua. Suspiró de sorpresa y rápidamente comenzó a sacar cuentas mentales, ayudándose con los dedos… hacía una semana que se había tomado los exámenes… eso le daban entonces unas nueve semanas… más o menos cuando… casi la habían akumatizado…

Mon Dieu! —pensó Marinette mientras se tapaba la boca, estupefacta ante la extraña coincidencia— ¡Sí que le salen a la primera! —hizo un puchero y sintió como los ojos se le hinchaban con lágrimas. Se volvió hacia Adrien sin saber ni qué decirle—. ¡Tengo que tener cuidado con este hombre! O me voy a llevar de gatos…

—¿Marinette?

La voz de Adrien sonaba muy angustiada. Marinette lo miró por encima del hombro incluso derramando más lágrimas. Hizo un puchero y se limpió con el revés de las manos. En ese momento notó como uno de los Kwamis, Plagg sospechaba, puso la prueba casera en sus manos. Adrien la estaba mirando fijo y cada vez más asustado, y no dejaba de susurrarle cosas dulces sin sentido para hacerla reaccionar y que le contase qué le pasaba, mientras le acariciaba los brazos e intentaba acortar la distancia entre ambos. Aprovechó ese momento para abrazarlo con fuerza… sintiendo un alivio enorme cuando en vez de ser rechazada, correspondieron su gesto con fuerza.

—Me tienes asustado, ma princesse… ¿me vas a decir qué te pasó sí o no? —susurró a su oído con mucha aprensión. Ya había derramado algunos lagrimones incluso— Sea lo que sea, seguro que podemos hacer algo…

—Estoy muy asustada, mon minou.

—¿Más que yo? ¡Al menos tú sabes de qué asustarte! Yo no sé… ¡por favor dime algo!

Marinette lo soltó para mirarlo a la cara y le entregó la prueba que acababa de hacerse. No hacía falta ser un genio para saber de qué se trataba y la sorpresa en el rostro de Adrien fue instantánea y como si le hubiera golpeado con un saco de ladrillos en el estómago (hasta retrocedió dos pasos), pero no tardó en ponerse a dar saltitos y a irradiar felicidad por todos los poros, lo que expresó en el abrazo más fuerte de su vida.

—¿No estás enojado conmigo? —preguntó Marinette desde las profundidades de aquél abrazo.

¡¿ENOJADO YO?! ¡NO! ¡VAMOS A SER PAPÁS! Tu padre va a matarme, PERO SEREMOS PAPÁS. Minnie va a tener hermanitos. ¡LA MEJOR NOTICIA DEL…! —fue entonces que Adrien la soltó de súbito, como si fuera metal al rojo, señalándola con un aterrado dedo. Se puso pálido como espectro de cementerio, cuando todos los hechos ocurridos desde el viernes hasta ese momento volvieron a cruzarle delante de sus ojos como si se tratara de una película… con la banda sonora de Psicosis— ¡Tengo Que Llevarte Con Un Médico!

Marinette en ese momento se largó a llorar, solo para ser abrazada de nuevo por Adrien, sintiéndose mucho más contenida que la vez anterior. Compartía las mismas preocupaciones de su pareja y le preocupaba que algo pudiera pasarle al bebé. Si bien le habían dado paliza y media, que sí la habían hecho vomitar bastante, no sentía como si estuviera a punto de perder al pequeñajo, aunque era mejor prevenir, considerando que nunca había estado embarazada, por lo que no sabía qué era normal y qué no. Tikki, quien se deshacía en llanto, trataba de atajar sus lagrimitas en vano, mientras Plagg parecía mirarlo todo aburrido, pero manteniéndose muy cerca de su Sucrette, presto a apapacharla de ser necesario.

—Esos dos empalagan —se quejó Plagg rodando los ojos— Pero al menos están juntitos y con cachorro en camino. ¿Estás bien Sucrette?

—Emocionadísima y preocupadísima… pero feliz…

—Bien. —Plagg se le acercó coqueto y tuvo la oportunidad de frotar su nariz con la de Tikki— sugiero un queso con galletas para celebrar. ¿Vienes? Así dejamos tranquilos a esos dos.

Tikki, quien ya estaba mirando feo a Plagg, suavizó el rostro y le sonrió con ternura, aceptando la manita que le ofrecía su compañero. Pronto ambos kwamis flotaron a la cocina y desaparecieron en la alacena, dejando a la pareja en paz.

Antes que pasaran cinco minutos, estaban llamando por teléfono a alguien y antes que transcurrieran media hora… Henry Miller hacía acto de presencia en el pequeño departamento.


Guarida asesina.

Día siguiente. Domingo, 19:48 hrs.

—¡¿Qué les dije?! ¡QUE SE CUIDARAN! ¿Y qué es lo que NO hacen? ¡Cuidarse! —reclamó Julián más contento que enojado, tras darles con una chancla a la pareja y procediendo a darles un abrazo de oso— ¡VOY A SER TÍO DE NUEVO!

—¡Agreste! ¿Repoblando la tierra? ¡QUÉ ALEGRÍA! —Mariya no perdió oportunidad en abrazarlos a los dos— ¡Par de tontorrones irresponsables y enamorados!

Julián y Mariya eran los primeros que se enteraban, aparte del médico que había ido a revisar a Marinette al departamento la noche anterior ni bien se hubieron calmado. Henry no tuvo mucho que confirmar, los resultados estaban a la vista y no solo en la prueba casera sino también en los exámenes de laboratorio que Marinette se había tomado en los días anteriores. Eso sí, en vista de las circunstancias, los sometió a los dos a un examen físico riguroso y pidió nuevos estudios antes de recomendarle a Marinette un gineco-obstetra que pudiera atenderla y al que no fuera necesario mentirle respecto de sus golpes.

Sí la mandó a hacer reposo y le ordenó a Adrien que la consintiera, entre otras cosas.

Antes que pregunten, sí, Henry era un médico asesino y el ginecólogo que recomendó era asociado a la hermandad, y no era la primera vez que lo veían. Por eso no fue necesario inventarse ninguna historia para explicar los machucones que ambos tenían producto de sus andanzas.

—¿Cuánto tienen de embarazo? Estaban como conejos, así que no me extraña que estén de encargo, pero siempre es una noticia feliz. —preguntó Mariya, quien parecía vibrar de contento.

—¿Tienes que ser tan gráfica, Mariya? —siseó el gato.

—¿Acaso Mariya miente? —preguntó Julián muy burlón.

—No, pero agradecería un poco de discreción de parte de ustedes, que me hacen sentir incómoda —reconoció Marinette, roja como un tomate.

—¡Ya escucharon a mi mujer! —exclamó Adrien cruzándose de brazos— Y tenemos nueve semanas. —añadió con tímida ternura.

Julián y Mariya intercambiaron miradas, decidiendo en ese momento que dejarían de hacerles bromas a estos dos por su saludable vida de cama, solo para no seguir incordiando a Marinette. A Adrien que lo partiera un rayo, pero al menos era de cariño.

—¿Nueve semanas? —Julián sacó cuentas mentales— ¡Vaya que no perdieron el tiempo! —el asesino se volvió hacia Marinette— ¿O sea que tienes este bollo en el horno de ANTES de tu épica borrachera?

—¡No me la recuerdes! —Marinette se llevó las manos a la cabeza— Mon Dieu! ¡Soy una madre horrible!

—¡Uno tiene que saber tratar a su novia! —exclamó Adrien con orgullo, sacando pecho incluso. —Henry ya le dijo que no debería haber problema, pero de todos modos se lo diremos al ginecólogo mañana… —explicó con calma. Minnie, quien estaba en sus brazos, observaba todo con ojos pispiretos.

—Vamos a sentarnos que me tienen que contar todo como se enteraron. ¡Guárdense los detalles íntimos! Pero cuenten todo.

Mariya tomó a Minnie en sus brazos y se las arregló junto con Julián para arrear a la pareja a la mesa, en donde se sentaron los cuatro junto con la peque en el regazo de Julián. Nuevamente la rusa se las arregló para servir y poner sobre la superficie tres vasitos de vodka y un vaso de leche a una velocidad cómica y sin derramar una sola gota. Adrien besó a Marinette en la mejilla, le acercó el vaso de leche a su novia y tomó su vaso para brindar.

—¡Tvoió zdorovie! —exclamó alzando su vaso en alto, siendo imitados por todos casi al mismo tiempo, excepto por Minnie, quien señaló los vasos con una manita.

—¡Así se brinda! —exclamó Julián contento, tras beberse el vodka de un sorbo— Los dejo solos un día y hasta regresan con polizones en el cuerpo. ¿Cómo estuvo el sábado?

—Y luego les contamos como estuvo el nuestro. —anunció Mariya, mientras se acomodaba en la silla.

Las desventuras del día viernes había dejado a todos exhaustos. Por regla general se habrían juntado casi de inmediato a comentar sobre la reciente misión, pero casi sin ponerse de acuerdo decidieron darse un día de descanso todos, para así poder descansar mejor y tener la mente más clara a la hora de hacer el análisis correspondiente. Marinette tomó a Minnie de los brazos de Julián y la instaló en su regazo, acunándola mientras Adrien se despatarraba en su silla, suspirando cansado. Todos en aquella mesa tenían la impresión de que habían pasado años y no apenas dos días desde lo ocurrido en la Montparnasse.

Tenían que atar ese cabo suelto, por cierto.

—¿Por dónde empiezo?

—Interrumpieron nuestra investigación en la mansión Agreste, nos secuestraron, escapamos de la Montparnasse, luego detuvimos a Papillón. Nos enteramos de que Tomoe Tsurugi vengó la muerte de Kagami y…

—… que estás con nueve semanas de encargo. —terminó Mariya— ¿Y los detalles?

No había muchos detalles que contar que no pudieran averiguar por otros medios, pero de todos modos Adrien y Marinette les explicaron a Julián y Mariya sobre ellos y lo sucedido después tras la captura de Papillón.

En verdad aquél fin de semana había estado muy acontecido y no por ser domingo la intensidad había bajado. Eran muchos los cabos sueltos y no podían quedar a la buena de Dios. La policía había estado esa mañana al departamento para hablar con Adrien y así notificarle que su padre estaba arrestado y sobre los motivos que los habían llevado a eso. Sin embargo Adrien no mostró mucho interés por el destino de su Gabriel y que en lo que a él le concernía, todo lo que le pasara se lo había buscado. Asimismo, fueron sorprendidos con la noticia que Emilie estaba con soporte vital en el hospital, lo que los tomó con la guardia baja: ni en un millón de años se lo hubieran imaginado. Llevaban años pensando que estaba muerta y creyeron que solo su cuerpo estaba preservado, no que estuviera con vida. Adrien no había querido pensar en su madre no por desafecto, sino porque ya consideraba ese tema como algo superado. Aún así se le atenazó la garganta con la noticia y tuvo que enfrentar la realidad. Concurrió con Marinette ese día al hospital a verla, para enterarse de su desmejorada condición y si había algo que hacer.

Lamentablemente no había nada que hacer por Emilie.

Tuvo que contactar a su tía Amelie para que pudiera verla, quien había tomado el primer tren que pudo y cruzado a Francia para ver a su hermana. Se tardó casi tres horas en llegar al hospital, hasta donde se fue directo desde la estación del tren. Había viajado con Félix, a quien no veía desde hacía años, por lo que se generó una agridulce reunión familiar. Emilie no tenía buen pronóstico y desde que la habían sacado de aquella heladera su condición solo empeoró cada vez más. Ya se había reunido un comité de médicos discutiendo su caso y habían quedado en esperar un día más para ver como evolucionaba antes de considerar desconectarla.

Amelie y Adrien estuvieron de acuerdo que si ese momento llegaba, lo mejor sería no seguir alargando la agonía de Emilie. Félix y Marinette los apoyaron.

—¿En serio no hay manera de que tu maman se recupere, mon poté? —preguntó Julián muy entristecido.

Non. Ya de milagro aguantó hasta ahora, pero los médicos dudan que pase del miércoles…

—¿La van a desconectar? —preguntó Mariya con suavidad. Adrien asintió, con la vista fija en su vaso. Julián le sirvió más vodka.

—Bebe eso que estás entre hermanos… y novia.

Chaton… —comenzó Marinette mientras le ponía la mano en el hombro— Al menos vas a poder despedirte de ella.

—¡Salud por eso, que no todos tienen esa oportunidad! —Mariya tomó un sorbo de su vaso, el que regresó ruidosamente a la mesa— Al menos supiste qué había sido de tu madre después de tantos años.

Todos volvieron a brindar, esta vez con más solemnidad. Marinette sintió un nudo en la garganta mientras observaba a su gato, notando la enorme melancolía que le crecía en sus ojos. Supo que luego lloraría cuando regresaran a la privacidad del cuarto que ahora compartían, y sinceramente no lo culpaba. Era momento de apoyarlo y contenerlo, tal como él hacía con ella.

—¿Qué va a pasar con la empresa de tu padre? —preguntó Julián.

—Mañana hay reunión extraordinaria del directorio para ver qué hacen con la empresa; Me invitaron. —rezongó Adrien no muy contento—. Sinceramente no quiero pensar en ello… además… —el gato se inclinó hacia Marinette— Ma lady tiene mañana cita con el ginecólogo y quiero ir con ella.

—Solo si te portas bien, mon minou —le coqueteó Marinette, mientras ocultaba su sonrisa tras un sorbo de su vaso de leche— y de ahí iremos a decirle a mis papás la noticia.

—Uuuh. Monsieur Dupain te va a matar, mon poté. Es panadero: ten miedo. —se burló Julián mientras hacía el gesto de ahorcamiento.

—Mi papa no le hará nada al padre sus nietos si sabe lo que le conviene —gruñó Marinette—

—¡AGÚUUUUUU!

Minnie en ese momento se revolvió incómoda, estirando sus manitas y dando algunas patadas para acomodarse mejor. Marinette la acunó mejor en otra posición para que pudiera ver mejor a los demás y al mismo tiempo no cansarse mucho. Adrien le prestó atención lo suficiente como para asegurarse que no se largaba a llorar o que no patease a Marinette (ya había sufrido demasiadas patadas), pero la dejó en brazos de ella, lo que la beba agradeció. Estaba despierta, tranquila y feliz chupando su mano.

—¿Qué va a ser de Nathalie Foissard? —preguntó Mariya entrecerrando los ojos— Es Mayura después de todo.

Adrien y Marinette intercambiaron miradas y suspiraron. Algo habían comentado al respecto y habían llegado a una decisión, que todavía tenían que comunicarle a la misma Nathalie. No podían ignorar el hecho que tanto en su identidad civil como en su alter ego, había ayudado a Papillón en sus comienzos, incluso causando tantos estragos como él. Conforme pasaron los años no se la había vuelto a ver e incluso, gracias a ese alejamiento que tuvo de Gabriel y a su negativa de querer devolver el miraculous o de ayudarlo en sus planes, se había evitado que Ladybug tuviera que pelear contra dos villanos en vez de uno.

Además… se notaba que Nathalie había enmendado su camino y que ahora luchaba por reparar sus errores. Su marido estaba al tanto de sus luchas y estaba dispuesto a ayudarla a superar esto. La idea era que recibiera algún castigo por sus acciones, pero no dar aviso a la justicia. Adrien todavía tenía que poner la situación en conocimiento del Templo de los Miraculous, pero esperaba que siguiera su línea de pensamiento, tal como les explicó a Julián y Mariya, quienes le escucharon con atención y apenas sin interrumpir.

—Eres un buen guardián, mon poté. —dijo Julián muy solemne— Esperemos que te hagan juicio en el Templo. ¿Y qué pasará con Wang Fu?

—Su Han vino por él poco después de su akumatización. —explicó Mariya muy seria— Supuso que ustedes dos estarían muy ocupados lidiando con el control de daños tras lo de la Montparnasse y luego con lo de Papillón, así que nos dijo que te dijéramos que Wang Fu ya está en el Tíbet.

—Mientras más lejos mejor —gruñó Marinette— Espero que esté bien y recapacite, pero que ni se me acerque. ¡No quiero saber más de él ni quiero que mis hijos sepan que existe!

—¿Hijos? —preguntó Mariya.

—¡Minnie y el pequeño que espero! —aclaró la catarina.

—¿Ven porqué amo a mi mujer? —preguntó Adrien con orgullo, antes de carraspear y proseguir— Espero lo mismo, pero eso ya es cosa de los ancianos del templo —añadió Adrien cruzándose de brazos. —Por cierto: tengo ganas de repasar la tour Montparnasse esta noche. ¿Vienes Julián?

—¡Momento! ¿Cómo que repasarla? —ladró Marinette irguiéndose en su asiento. Mariya se largó a reír— ¡¿Con Lo Que Nos Costó Salir De Ahí El Viernes Y Quieres Volver?! ¡¿Cuál Es Tu Problema, Gato?!

—¡Nada! Solo quiero cataclismear aquí y allá la estructura y quizás arruinar la flota vehicular, nada grave, pero que sí los desanime de tomar represalias contra nosotros. —la mirada de Adrien se ensombreció de pronto— O mejor la destruyo y ya. No los quiero cerca de mi familia.

—Sabes que la reconstruirían de nuevo.

—Pero les costará un dineral y no será inmediato.

—Me gusta como piensas. ¡Cuenta conmigo! —dijo Julián— Yo evacúo a la gente del turno noche, tu destruyes el lugar.

—¡¿Y No Me Van A Invitar?! —preguntó Marinette molesta. Minnie, en apoyo de su madrina, los miró feo a todos.

—Ufff. Kraken también se anota.

Esto hizo palidecer un poco a Adrien y su aprensión se reflejó en seguida en su rostro, pero Julián y Mariya la miraban con más calma. Era evidente que el gato no la quería en la misión ni de chiste, pero Marinette se veía lo bastante decidida como para ir de todos modos, les gustara o no, con o sin permiso. Mariya bebió un sorbo de su vodka antes de dejar el vaso en la mesa.

—Entre los tres cuidamos a la catarina.

—Mi tía Claire se puede quedar con Minnie.

—¿Están Hablando En Serio? —chistó Adrien de pronto.

—¡Agú! —exclamó la peque como apoyando a su madrina.

—¡¿Et tu, Minnie?! —exclamó Adrien, con drama, apoyando su mano sobre su corazón.

—¡No se diga más! —exclamó Marinette, dándole el bajo a su vaso de leche— ¿A qué hora salimos? —preguntó con calma y más decidida que nunca.

Adrien se quedó en silencio un buen rato, pero al cabo de unos instantes, tuvo que ceder.

—A las 21:45 es buena hora.

—¡No se diga más pues!

Continuará.

Por

Misao–CG

Publicado el jueves 30 de julio de 2020


¡NO HAY ADELANTO DEL PRÓXIMO CAPÍTULO!

Es el último…


Notas finales: Yyyyy… falta no más un solo capítulo y me pongo a trabajar en el siguiente, sí la musa así lo dispone. Tengo la impresión de que este capítulo resultó más corto que lo usual, pero bueno. Al menos las cosas ya regresaron a una suerte de ritmo y solo tendrán que incorporar a Hugo en las rutinas.

LO QUE ME RECUERDA… Lean el fic Apariencia y Realidad de Abby Lockhart1, que me está dejando calva del estrés. El Gabriel que aparece ahí me asusta.

Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, estoy aprendiendo esto del uso del guion de diálogo y salí más cabeza dura de lo esperado, así que un poco de paciencia en lo que aprendo. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!