Cuando las hebras plateadas estuvieron en el pensadero, en la superficie del líquido se reflejó una cama con sábanas blancas cobijando a un Severus herido. Harry tocó la superficie con su varita y se sintió casi mareado al ser transportado a ese lugar. Dentro de las memorias se encontró en el interior de una habitación vieja con piso y paredes de madera. Se vio a él mismo acariciando el cabello de un Severus postrado en cama, con el cuello vendado, y atendiendo al convaleciente. Severus se movió incómodo y trató de hablar.

—No puede hablar —lo detuvo ese Harry sentado en la cama de Severus—. Nagini destrozó su cuello —le explicó—. Estamos escondidos, bien por el momento —seguía ese Harry con voz tranquilizadora. Beba —ordenó tibiamente mientras le acercaba un vaso de agua.

Severus miró del vaso a ese Harry y de nuevo al vaso. Se movió para sujetar éste e hizo un gesto de dolor en el cuello. Ese Harry dejó el vaso de nuevo en el buró junto a la cama y ayudó a Severus a incorporarse. Le acercó de nuevo el vaso y el hombre bebió.

—Perdimos Hogwarts —siguió ese Harry explicando—. Vol… ya-sabe-quién ganó. No entiendo qué pasó —dijo ante una mirada del otro—. Vi los recuerdos que me usted me dio, fui a mi muerte, me atacó pero no morí. Me fingí muerto y él me llevó hasta el castillo; allí dijo que había vencido y… tantos de ellos le creyeron. Cuando dejé de fingir para atacarlo, hubo mucha confusión en los que habían creído al mago. Los mortífagos aprovecharon para atacar primero y mataron a muchos. Fui contra Vol… contra ya-sabe-quién pero muchos mortífagos me rodearon y ya no estaba peleando sólo contra él. Los mortífagos obligaron a los estudiantes a atacar también, a probar que en verdad se habían unido a ellos. Murieron… ¡Oh, Merlín! Cuántos murieron —paró para tomar un profundo suspiro calmante—. Él tomó Hogwarts. Es su base de operaciones ahora.

Severus se apuntó al pecho él mismo. Ambos Harrys entendieron que era una pregunta.

—Nos dispersamos, lo encontré a usted en la cabaña y estaba vivo. No pude dejarle allí de nuevo. Nos reunimos brevemente en Grimmauld Place donde la señora Pomfrey lo curó; pero nos encontraron en seguida —suspiró pesadamente—. La Orden está destruida, o casi. Quedamos muy pocos: McGonagall, la señora Pomfrey, Percy y Arthur Weasley, tú, yo… Aún no sabemos quiénes más sobrevivieron, o si lo hicieron.

El Harry en los recuerdos de Severus cerró los ojos para contener las lágrimas y comenzó a decir algo más. No pudo escuchar qué más le decía aquel a Severus mientras sentía un remolino conocido que lo llevaba a otro recuerdo.

De nuevo era un lugar hecho de madera, sin decoraciones y con pocos muebles. De inmediato le pareció la sala de la misma cabaña que había visto en el recuerdo anterior. Frente a una chimenea encendida había un sillón individual y una silla sencilla de madera.

Sentado en el sillón Severus estaba quitándose las vendas del cuello y dejaba a la vista una horrible herida, casi curada, que le cubría desde el cuello hasta la clavícula. No por primera vez vio la carne desgarrada en varios lugares del cuello, hombros y espalda; la serpiente, desde luego, se había ensañado con el mortífago, pero la herida en estos recuerdos era mucho peor que la que Harry besaba frecuentemente. La puerta se abrió sin cuidado para dejar entrar a ese Harry, más desaliñado que nunca, leyendo una carta en pergamino. Severus lo miró jalar la silla para sentarse frente al fuego, sin decir nada.

—Es de la Orden —mencionó ese Harry.

—¿Qué dice? —preguntó la voz desgarrada de Severus mientras el hombre acercaba la mano a la herida, como si le costara trabajo hablar.

—No han encontrado más miembros de la Orden —comenzó ese Harry con los ojos clavados en las palabras—. También dice que hay movimiento en Hogwarts y que creen que Vold… que ya-sabe-quién está preparando un gran ataque; pero no saben si a muggles o a magos —se interrumpió para seguir leyendo—. Que van a tratar de investigar.

—Yo debería estar ahí —gruño Severus fastidiado—, enterándome de esas cosas para poder prepararnos a tiempo.

—A penas se está recuperando, profesor. Si Vol… ese-tipo se entera que usted está vivo…

—No hay muchas posibilidades de que no lo sepa, Potter —espetó Severus mientras señalaba la marca tenebrosa en su brazo como si le recordara que podría hacerlo.

—Por el momento creerá que no pudo fallar en su ataque. Esa ventaja no es algo que podamos arriesgar, profesor. Vol… ese-tipo trató de matarlo para hacerse con la fidelidad de la Varita de Sauco, si sabe que usted está vivo se enterará que no ha tenido el poder completo de la varita y lo que hará sólo para desquitarse... Lo matará por creer que tendrá más poder al hacerlo y usted morirá para nada. Todos contamos con que Vold… ese-tipo no sepa que puede tener más poder.

—¿De qué habla, Potter?

—Las varitas tienen lealtades, me lo dijo Ollivander.

Severus asintió como si fuera conocimiento común y corriente.

—Draco desarmó a Dumbledore, dueño de la Varita de Sauco, y se hizo con la lealtad de tal antes que usted… obedeciera la orden del director. Después, yo desarmé a Draco y la lealtad de la varita cambió a ser mía. Si tan sólo pudiera tener yo esa varita… —dijo con algo muy parecido a como sonaría la ambición.

—No, Potter —cortó Severus—. El Señor Tenebroso te venció en Hogwarts, la lealtad de la Varita de Sauco le pertenece a él.

El pánico que mostró el Harry dentro de los recuerdos de Severus duró un segundo antes que el semblante cambiara a la más profunda desazón.

—Tiene razón, profesor —dijo apagadamente—. Tengo que decírselo a la Orden. No pueden seguir con este plan.

Mientras ese Harry se levantaba apresurado, la escena cambió de nuevo entremezclándose con otra que en un segundo cobró definición completa.

La sala era la misma, pero se notaba el paso del tiempo en las cartas apiladas a un lado de un nuevo sofá y los libros apilados sobre la chimenea. También en la herida de Severus, ésta ya estaba cerrada aunque la piel se viera aún tierna. Severus estaba leyendo y haciendo anotaciones en los márgenes de cada hoja. Harry recordó justo las anotaciones en el libro de pociones del Príncipe Mestizo y sonrió antes de ver entrar su figura en aquella sala. Teniendo ambas manos ocupadas en cargar dos grandes libros, ese otro Harry cerró la puerta de la sala con un pie.

—La Orden no pudo hacerse con el resto —le avisó a Severus mientras le entregaba la carga.

—Gracias —respondió Severus con un tono amable que sorprendió al Harry que veía los recuerdos.

Severus hizo una anotación más en el libro que ya leía y lo cerró para comenzar uno de los nuevos. Mientras tanto, ese otro Harry se sentó cerca del fuego y comenzó a leer una de las tres cartas que sacó de la ropa. Se acercó, recorriendo la memoria sin miedo a interactuar con ella, deseando saber qué estaba escrito en aquellas cartas o, al menos, quiénes habían sobrevivido. Al acercarse lo suficiente, encontró esas hojas vacías de palabras pero al él de aquellos recuerdos reaccionando a lo escrito. Se preguntó si esas palabras no las podía ver porque Severus jamás había leído el contenido de éstas. Mientras esperaba que el recuerdo le mostrara la importancia que tenía al estar presente, se acercó a Severus para verlo hacer una anotación en el margen del nuevo libro.

Fue entonces que se escuchó a él mismo gritar. Severus y él voltearon a ver al Harry del recuerdo y lo vieron sujetándose la frente con fuerza. A la altura de la cicatriz.

Severus se levantó de inmediato y estuvo a su lado en seguida.

—Es Volde… —ese Harry se detuvo a tiempo de decir el nombre mientras gruñía su dolor.

Vio a ese Harry aferrarse a los brazos de Severus como si aquello fuera lo único que podía hacer para no caer en la inconsciencia. Y, de primera mano, sabía que así era.

—Oclumancia, Potter —ordenó Severus secamente pero en sus ojos se notaba la preocupación.

Mientras ese Harry gruñía y jadeaba sobre sus rodillas en el piso, Severus lo miraba esperando con los ojos clavados en ese Harry.

Los gritos, los jadeos y el esfuerzo de contenerlos, todo paró intempestivamente mientras aquel levantaba la mirada con sorpresa y pánico.

—Él lo sabe —susurró—. Sabe dónde estamos y sabe que usted está vivo.

Severus se puso de pie de inmediato arrastrando a ese Harry del brazo con el movimiento.

—Tenemos que irnos —anunció apresurado, casi asustado.

—Los libros —dijo ese Harry mientras se dirigía a los de la chimenea.

—No hay tiempo —lo detuvo Severus.

Ambos salieron de aquella cabaña para revelar un bosque de árboles jóvenes. La noche era oscura sin luna que iluminara.

Una porción del bosque se iluminó en verde dándoles un segundo para reaccionar. Por muy poco esquivaron la maldición dirigida a ellos.

Ese Harry sacó la varita para enfrentar a los atacantes, Severus lo jaló por el brazo y corrieron.

—¿Por qué huimos? —se quejó ese Harry rabioso.

—Silencio —ordenó Severus en un susurro tajante mientras veía a todos lados.

Como si hubiera descubierto algo que Harry no, Severus comenzó a correr hacia un punto del bosque, jalando a ese Harry por un brazo y luchando contra el joven. En un paso más aventó al mago hacia el frente, furioso por la pelea que les restaba velocidad y lanzó un hechizo a la cabaña que habían abandonado. Un gran fuego comenzó a arder en la madera de la construcción mientras ese Harry gritaba por lo que dejaban atrás. Severus lo empujó para que corriera de nuevo y corrió también, dándose cuenta que la luz del fuego había iluminado a tres enemigos.

Utilizando los pocos segundos que había ganado con la sorpresa de sus enemigos, Severus corrió por el bosque sin separarse demasiado de ese otro Harry, y a veces llevándose la mano al pecho; como si le doliera por el esfuerzo.

Pareciendo a gusto con la oscuridad que volvía a cubrirlos y con la varita lista, Severus apuntó a la negrura del bosque y lanzó una maldición. Un grito delató a uno de los perseguidores y ese Harry se lanzó hacia éste dejando a Severus atrás y furioso. Cuando Severus alcanzó de nuevo a ese Harry, lo vio enfrentado a un mortífago; ambos presentando una amenaza mutua con su varita. Dos mortífagos más aparecieron para cercarlos y Severus se puso de espaldas a ese Harry.

—¡Avada Kedavra! —sonó la voz de ese Harry y el mortífago que amenazaba cayó al suelo así de rápido.

La impresión que los tres restantes se llevaron los detuvo por un segundo.

Un segundo grito de esa misma voz sonó con la maldición Cruciatus. De inmediato, ese Harry volteó la atención al restante. Tan rápido como el más vicioso de los mortífagos, ese Harry atacó al oponente logrando matarlo también con la maldición imperdonable.

Ese Harry se acercó al mortífago torturado, lo tomó por el cuello de la capa y lo golpeó un par de veces, entonces lo alzó del suelo con violencia y comenzó a interrogarlo a gritos, torturándolo cada vez que no respondía suficientemente rápido. Demasiado aturdido para responder, o negándose al fin a ello, el mortífago recibió la muerte por la varita del mismo Harry que parecía perdido en su venganza.

Mientras veía a ese Harry matando a sus enemigos, el que veía los recuerdos sintió como si estuviera ejecutando él cada maldición. Y, como si Voldemort le hablara de nuevo en la mente, escuchó palabras que sentía haber escuchado antes: "Cuantas más maldiciones uses, más cerca estarás de mí".

Con ganas de vomitar ante esa sensación de recordar algo propio, entre un grito desesperado de ese otro Harry y un llanto rabioso, la escena cambió como las otras.

Severus y ese Harry ahora estaban escondidos en la depresión hecha por un río vuelto riachuelo. Las raíces de un árbol viejo los ayudaban a protegerse y a ocultarse. Ese Harry estaba sentado sobre el suelo con las ropas desgarradas en varias partes, abrazando sus rodillas y temblando fuertemente. Severus lo veía con la mueca que recordaba de sus días de estudiante, pero ahora no le parecía tanto "odio" sino un severo gesto de resentimiento. El hombre se veía cansado. Ambos saltaron ante el sonido de una rama quebrándose y se pusieron en guardia de inmediato.

Ese Harry se levantó de su escondite para buscar la fuente del sonido y comenzó a temblar aún estando de pie.

—Basta, Potter —gruñó Severus—. Tenemos que irnos.

El otro no hizo caso mientras seguía buscando algo entre las sombras de la noche. Cuando el temblor en su cuerpo lo llevó al piso, se abrazó de nuevo el cuerpo y pegó la espalda en la tierra de la depresión.

—Hace mucho frío —dijo ese Harry con voz distante.

—No hace frío —devolvió Severus con desdén, frunciendo el entrecejo y acercándose al más joven.

Ese Harry saltó sobre él mismo y se encorvó hacia un lado para vomitar. Severus terminó su camino hacia él, limpió el estropicio con magia y jaló a ese Harry para ponerlo en marcha.

Esta vez se descontroló por el cambio de escenario. Era un bosque, de nuevo, pero los árboles eran tan diferentes a los anteriores como la iluminación. El sol brillaba en el cielo y dejaba manchas de luz en la tierra cubierta de hojas. El sonido de pisadas en hojas secas lo alertó de inmediato y volteó a su espalda para encontrarse a un Severus fastidiado y caminando de un lado para otro. Ese Harry lo alcanzó segundos después, ambos rostros se veían demacrados. Aquello le recordó de inmediato ese año en el que buscaba Horrocruxes con sus amigos.

—No podemos seguir haciendo esto —cortó Severus el silencio—. Necesitamos un lugar fijo para permanecer.

—Así viví cuando cazaba Horrocruxes con Hermione y Ron —espetó ese Harry frustrado.

—¿Sin un techo bajo el cual dormir? ¿Sin pociones para curar heridas? ¿Sin más comida que las plantas de alrededor? ¿Sin poder prender una fogata decente? —se burló Severus furioso—. Me sorprende que hayan sobrevivido, Potter.

—No… —refunfuñó ese Harry—. Pero si nos quedamos en un sitio nos va a encontrar de nuevo —dijo cobrando valor.

—Esto nos va a matar antes que nos encuentre el Señor Tenebroso —estalló Severus frustrado—. Esta vez va a tener que hacer un esfuerzo y practicar todo lo que no practicó en Oclumancia, señor Potter

—¡No puedo! —estalló ese Harry también—. Estoy negado para eso y lo sabe. No sirvo para proteger, sólo para actuar.

—Pues va a tener que cambiar eso —amenazó Severus.

—Ok, lo cambio y mientras tanto, ¿qué? —gritó ese Harry—. ¿Qué nos descubran de nuevo?

Severus agrió el gesto ante el tipo de respuesta y se preparó para responder.

—Los dos sabemos que fue mi culpa que nos encontraran —interrumpió ese Harry—, ¿cree que no lo sé?, ¿cree que estoy orgulloso por ello?

—Tampoco lo veo haciendo algo para corregirlo —ladró el hombre con furia.

—¡Lo estoy haciendo y no te gusta! —lanzó furioso e indignado—. Para ti sólo soy un estúpido no importa lo que haga o deje de hacer. No tienes que decirlo —interrumpió por segunda vez cuando el otro parecía querer hablar—, lo veo en tu cara cada vez me miras. Sé lo que piensas de mí, me lo has dejado claro desde siempre.

—En principio —cortó Severus con tono gélido—, y aunque me duela en cada parte del cuerpo tener que aceptarlo, no lo considero estúpido. Arrogante, inmaduro, bravucón, insufrible, irresponsable, imprudente y más sí que lo considero; pero no estúpido.

—Por mi culpa casi nos matan —masculló ese Harry con la mirada clavada en el piso y viéndose miserable.

—¿Qué hizo para que así sucediera? —preguntó Severus petulantemente.

—Dejar que nos encontraran, no cerrar mi cabeza a Voldemo…

Severus lo interrumpió con un aspaviento amenazante.

—No, Potter. No fue culpa de la conexión lo que casi me mata de nuevo. Lo que casi nos mata fue que, simplemente y como siempre, usted no obedeció órdenes. Le dije que se apresurara, le dije que se callara, le dije que se escondiera. ¡Pero no! ¡El gran Harry Potter no tiene porqué escuchar a nadie! En su arrogancia cree que sabe defenderse y enfrentarse a quien sea, incluso a los mortífagos; cuando en verdad no tiene idea de cómo se comportan o porqué. Cree que es suficientemente poderoso como para derrotar a cualquier enemigo sólo por su varita, su nombre y su cicatriz, y sin siquiera saber a qué se está enfrentando. No, Potter —sentenció secamente—; que nos descubrieran no fue el peligro, el peligro fue y sigue siendo su arrogancia. El "Gran Harry Potter", tan acostumbrado a que todo el mundo mágico se sacrifique por usted, tan acostumbrado a llevarse la gloria del trabajo de tantos otros. No, Potter; si morimos, es usted el que nos va a matar y sin necesidad de usar maldiciones imperdonables. Egocéntrico, caprichoso, arrogante muchacho; no ha madurado a pesar de su pasado.

El contundente ataque verbal dejó a ese otro Harry callado en su furia y retraído sobre sí mismo.

El Harry de los recuerdos pasó tanto tiempo callado, abrazando sus rodillas y escondiendo el rostro entre ellas, que el Harry que veía todo creyó que aquel momento terminaría pronto. Tenía que hacerlo, necesitaba que terminara pronto. Aunque supiera que estaba viendo los recuerdos de las llamadas fantasías de Snape… de Severus; este recuerdo en particular lo hacía sentir más que incómodo.

Aunque no sentía el odio de antaño a los ataques del profesor, ya no podría después de lo que sucedía entre ellos, cada palabra cortaba como si se las estuviera diciendo a él y no al Harry que existía sólo dentro de la mente de Sna… de Severus.

—Es como ir tras esa maldita pelota dorada —susurró el Harry sentado en el suelo del bosque, como si todo cobrara sentido por primera vez en su vida.

A esas palabras, el Harry que los veía prestó una atención especial. Habiendo alguna vez escrito algo parecido, ahora que este Harry lo decía se preguntaba si dos Harrys diferentes habían llegado a la misma conclusión. Siendo que Severus había vivido estas experiencias años antes que él escribiera una carta parecida…

—¿Qué pelota dorada, Potter? —preguntó Severus furioso.

—Maldita sea, Snape, ¿no lo ves? Mi posición en Quidditch es buscador y nunca me había dado cuenta que se pareciera tanto a mi vida como en este maldito momento —gritó frustrado—. Mi vida es un jodido partido de Quidditch —rió histérico.

—Explíquese antes que piense que ha perdido la única neurona que tenía —mandó Severus—. Y cuide su vocabulario —amenazó.

Ese Harry vio a Severus con un brillo casi de locura en los ojos, pero asintió y compuso ligeramente su gesto.

—Tanto en mi vida como en el juego me puedo cegar a los peligros y a las repercusiones sólo para estar atrás de un objetivo. En el aire, no tengo que ver lo que sucede, sólo concentrarme en la snitch y confiar en que otros me protegen. Mientras son otros los que pelean y se lastiman para protegerme, desvían las cosas para que mi camino esté lo más despejado posible hacia esa maldi… hacia ese objeto brillante que busca alejarse.

—Felicidades —respondió Severus con ácido en su tono—, sólo le llevó nueve años entenderlo. ¿Le llevará otros nueve entender que toma las peores decisiones posibles?

Ese Harry lo miró con odio renovado.

—Siempre eres tan injusto —rezongó tras unos segundos.

Severus arqueó una ceja con fastidio.

—Su sentido de la justicia y el mío son radicalmente diferentes, Potter.

—Tu forma de justicia es darle ventaja a Slytherin en todo —se burló ese Harry—, y desquitarte conmigo.

—Cuidado, Potter; comienza a sonar hipócrita —amenazó lentamente el mayor—. Escuchó tres o diez comentarios de la casa de Slytherin y en seguida decidió que eran sus enemigos. Nunca le interesó conocer más de las serpientes, nunca le interesó entenderlas; o a cualquier otra casa, ya que estamos en eso —completó—. Slytherin no le tuvo en la mira desde que fue seleccionado para Gryffindor pero usted redujo toda una casa, a más de un par de cientos de personas, a la enemistad que mantuvo con el joven Malfoy. Juzgó a tantos por unos pocos, ¿esa es su justicia? Lo que usted llama "justo" por supuesto nunca va a satisfacer a una serpiente acostumbrada, como estamos, a que nos condenen por sus miedos pueriles. "Si le hace sentir mal consigo mismo, seguramente debe provenir de Slytherin" —se burló Severus cruelmente—. Se sacrificaron por usted. Una y otra vez las personas a su alrededor se sacrifican por usted, ¿esa es su justicia? Usted no sobrevivió, lo salvaron. Hace juicios sin conocimiento, toma riesgos y se vanagloria tomando decisiones que afectan a más de uno y el resto tiene que intentar sobrevivir a las consecuencias de esto ¿esa es su justicia? Y sí, soy parcial a mi casa; como todos lo somos… o lo fuimos. Como Minerva con Gryffindor —ladró Snape—. Y no es que Minerva haya sido expresamente justa con usted; también ella lo favoreció en más de un par de ocasiones por la parcialidad a su casa.

—No lo hizo —arguyó indignado.

—Lo hizo el buscador más joven de no sé cuántos años en la historia de Quidditch.

—Sí, pero…

—Le regaló su primera escoba de juego —interrumpió secamente.

—Sí, pero…

—Le regaló puntos a su casa por motivos que nada tenían que ver con Hogwarts. Encontró excusas para no expulsarlo en tantas ocasiones.

—¡Usted era el único que me quería expulsar! —explotó ese Harry.

—Se merecía cada una de las expulsiones que pedí para usted. Y me hubiera ahorrado tener que estar protegiéndolo a pesar de usted mismo, además de todo lo que tenía que hacer —concedió en mal tono—. Espiar consume mucho tiempo y energía, ser profesor consume mucho tiempo y energía; proteger a un mocoso desagradecido, irreverente y corto de entendederas fue, además, tortuoso.

—Eso no fue mi culpa —ambos Harrys gritaron a coro.

—Pero igual le benefició —sentenció Snape.

—¡Por eso no puedo ponerlo en peligro! —dijo ese Harry con la voz afectada por el abuso verbal—. Ha hecho por mí más de lo que debería. Más de lo que era justo y, aunque usted sea de Slytherin y lo "justo" no le guste, yo quiero creer en la justicia.

—La justicia que a usted le conviene, querrá decir —se burló Severus.

—Sería más seguro para usted que nos separáramos —aseveró ese Harry cuadrando los hombros.

—No duraría más de dos días vivo sin mí, Potter.

—Eso no lo sabe —gruñó entre dientes.

—Oh, de nuevo se equivoca —comenzó gélidamente y arqueando una ceja—. Estoy completamente seguro de que aún tengo que mantenerlo con vida —terminó con resentimiento.

—No uses mi vida como excusa —le gritó ese Harry—. Claramente tienes mucho en contra de ella. ¿Sabes lo que es justo? —espetó con burla—. Que digas de una vez qué quieres. Dímelo y acabemos con esto —gritó enfurecido.

—Le prohíbo que me hable con semejante familiaridad, Potter —cortó Severus secamente.

—¿Eso es lo que quiere? —retó ese Harry con burla tiñendo la pregunta.

—¿Qué parte de "un lugar fijo para permanecer" escapa a su comprensión de mis deseos expresados? —soltó con calmo e hiriente sarcasmo.

—Está bien, Snape —dijo ese Harry derrotado, frotándose la cara y reacomodándose los lentes—, usted gana. Decida dónde quiere que permanezcamos, haga lo que quiera, juegue el partido y, cuando sea el momento, sólo apunte a la snitch para que yo corra tras ella como un perro.

Ese Harry y Snape, ambos viéndose derrotados de formas distintas, comenzaron a desenfocarse con el bosque. Cuando sintió el siguiente remolino que indicaba saltaría de un recuerdo a otro, no estaba completamente seguro de que quisiera seguir viendo aquello. No después de lo que había escuchado en este.