Unos meses después, era junio y había quedado con Rei en el bar de siempre, mi tercer año de carrera había terminado por fin y estaba de vacaciones.
Mi amiga llevaba todo este tiempo hablando con Touya a través de mensajitos, el día que se conocieron él le había pedido el teléfono y se dedicaban a hablar sin parar desde entonces.
A mí me seguía extrañando que el rarito de Touya fuera así con ella, pero no me preocupaba porque Rei ya se había enfrentado a locos peores.
A mitad de nuestra primera cerveza su teléfono empezó a sonar.
Rei miró la pantalla y se puso algo roja, cosa rara en ella.
-¿qué pasa?- le pregunté.
-na... nada, enseguida vuelvo- dijo mi amiga y salió del local a toda prisa.
Me encogí de hombros y seguí charlando con Hien y el resto de sus amigos.
Al rato me acordé de Rei y miré el reloj, era raro que estuviera tardando tanto en volver.
La llamé a su teléfono pero no respondió, eso me preocupó así que decidí salir a buscarla.
Una vez en la calle empecé a dar vueltas por los alrededores del bar, no creía que mi amiga se hubiera ido muy lejos y menos cuando aún le quedaba la mitad de su querida cerveza por beber.
Al girar una esquina en una calle poco transitada me encontré con una imagen que sería difícil de olvidar.
Touya tenía a Rei aprisionada contra una pared y ambos se besaban con mucha pasión.
Me quedé bloqueada unos segundos hasta que no pude controlarme más y se me escapó una carcajada.
Dejaron de besarse y me miraron, la cara de Touya era todo un poema y la de mi amiga no podía estar más colorada.
-por mí no os cortéis- dije imitando a Touya aquella vez que nos vio a Shaoran y a mí en actitud cariñosa dentro de la piscina.
Les guiñé un ojo y di media vuelta para volver al bar mientras pensaba en que esos dos eran tal para cual, los locos se atraen entre ellos.
-mi primo... besando a una chica... ¿en mitad de la calle? ¿en serio? ¿estás segura?- me preguntó Shaoran por tercera vez.
Asentí y le di unas palmaditas en el hombro.
-los vi con mis propios ojos, créetelo-.
Él sacudió la cabeza sin dejar de sonreír.
-tu amiga tiene que ser irresistible para que Touya haya hecho algo así-.
-lo es- contesté sonriendo.
-mmm... tal vez me equivoqué al pasar meses intentando que me perdonaras y debería haberme acercado a ella- dijo Shaoran con una sonrisa traviesa.
Le di un codazo tan fuerte en la barriga que tuvo que ahogar un grito.
-¡joder, estaba bromeando! ya sabes que no me interesa nadie más que tú- añadió atrapándome entre sus brazos y tirándome al sofá.
Nos quedamos ahí riendo y hablando de lo imprevisible y raro que era Touya.
-Rei es tan imprevisible como el fuego, tal vez combinen bien juntos- dije mientras le acariciaba el pelo.
-nosotros sí que encajamos bien- susurró Shaoran atrapando mis labios con los suyos.
Las ganas de hablar desaparecieron, en cambio las ganas de arrancarnos la ropa empezaron a aumentar de forma exponencial, cada vez más rápido.
Eso de que viviera solo era peligroso, ahora podíamos volvernos locos cada vez que nos apetecía sin tener que preocuparnos por dónde ir o quién podría llegar antes de tiempo y pillarnos.
Además, Shaoran ya había terminado la carrera y estaba trabajando en una empresa local, a pesar de la insistencia de sus padres para que entrara en la de su familia él no había querido hacerlo.
No ganaba mucho dinero pero era suficiente para poder seguir viviendo en ese apartamento sin problemas.
Y yo no podía alegrarme más de poder estar a solas con él siempre que quería, teníamos mucho tiempo perdido que recuperar.
Shaoran me levantó con sus brazos y me llevó hasta la mesa del comedor.
Al sentarme ahí empezamos a desnudarnos el uno al otro sin dejar de besarnos en ningún momento.
Escuché mi vestido caer al suelo y apreté mis piernas alrededor de él.
-espera- dijo Shaoran dejando de besarme.
Me dedicó una mirada pícara y me empujó hasta que quedé totalmente tumbada en la mesa.
Se acercó a mi cuello y fue bajando dejando un camino de besos y mordiscos.
Siguió bajando mientras se libraba de mi ropa interior cuando se iba encontrando con ella.
Intenté controlar mi respiración pero fracasé estrepitosamente cuando noté los labios de Shaoran entre mis piernas.
Recé para que sus vecinos no estuvieran en casa y que nadie estuviera escuchando mis gemidos.
Después de conseguir que me estremeciera hasta el infinito sentí los besos de Shaoran volviendo a subir por mi cuerpo.
Cuando llegó hasta mi oreja lo escuché decir -me encanta cómo te pones cuando te hago eso-.
-eres un pervertido- susurré mientras recuperaba el aliento.
-eso ya lo sabías- dijo besándome el cuello.
-sí... pero yo también lo soy- añadí sujetándolo y haciéndolo girar de manera que quedé encima de él.
Le besé unos segundos en los labios y empecé a descender por su cuerpo dejando mordiscos y besos por todas partes como había hecho él.
Ahora yo quería escuchar gemir a Shaoran.
Agosto, el verano estaba terminando y se acercaba el comienzo de mi último año en la facultad.
Ya me quedaban pocos días libres que disfrutar con mis amigos y con Shaoran.
Hacía poco que había tenido una cita doble con Tomoyo y Eriol, estuvo bien aunque Eriol y Shaoran se dedicaron varias miradas de odio, todavía no se llevaban del todo bien a pesar de que ya llevábamos juntos seis meses.
Rei me había confesado que se había enamorado de Touya sin darse cuenta y cada vez que los veía juntos me dedicaba a molestar a Touya con comentarios indecorosos, era muy divertido poder vengarme por todas las miradas extrañas que él siempre me había echado cuando me veía con Shaoran.
Ellos dos también estaban juntos desde el día que los pillé dándolo todo en la esquina de una calle.
Levanté la vista, por fin había llegado a los jardines del triunfo.
Otra vez quedaba allí con Shaoran dos veces en semana porque me había pedido que le enseñara todo lo que había aprendido en el tiempo que estuvimos separados.
Se negaba a reconocer que era porque quería conseguir vencerme, pero muy a su pesar todavía no lo había logrado aunque sabía que al final terminaría siendo tan bueno como yo.
Después de hacerlo caer al suelo por quinta vez se rindió y nos sentamos en un banco a beber un poco de agua.
-tengo que contarte algo que no te va a gustar-.
Vi a Shaoran fruncir el ceño al escuchar mis palabras.
-hoy me han llamado y me han ofrecido un trabajo, empezaría dentro de una semana-.
-¿un trabajo? pero si todavía no has terminado la carrera- dijo Shaoran extrañado.
La universidad de Tomoeda tenía una bolsa de empleo donde metía los datos de los mejores alumnos para que cualquier empresa pudiera revisar nuestros perfiles y ofrecernos prácticas o contratarnos.
-lo sé, pero se han ofrecido a pagarme el último año de carrera y a la vez trabajaré allí a media jornada hasta que acabe, una vez graduada me harán un contrato muy bueno-.
Shaoran puso cara de sorprendido.
-oportunidades como esa no salen todos los días, Sakura-.
-tienes razón, por eso estoy pensando que voy a aceptar-.
-¿y por qué has dicho que no me iba a gustar? no le veo nada de malo- respondió Shaoran encogiéndose de hombros.
Suspiré y lo miré a los ojos.
-el trabajo es en un laboratorio de Australia-.
Su cara palideció y se quedó callado.
-todavía no he dicho que sí porque antes quería hablar contigo... hay varias cosas que podríamos hacer para que tu y yo...-
Shaoran se levantó interrumpiéndome.
-mejor hablamos de eso mañana, ahora debo irme-.
-¿te vas? ¿en serio?- pregunté sorprendida, no esperaba que reaccionara tan mal.
-sí, debo hacer algo. nos vemos mañana-.
Me besó fugazmente en los labios y se marchó.
Yo me quedé allí sentada un minuto alucinando, después me marché a casa pensando en que tal vez necesitaba tiempo para asimilarlo.
Al día siguiente hablaría con él, todavía no sabía qué hacer pero no quería que volviera a pasar lo mismo que cuando Shaoran se fue a China.
No supe nada de Shaoran hasta por la tarde que recibí un mensaje.
Shaoran!: "¿puedes venir a mi apartamento?"
Ni le contesté, salí a la calle y caminé hasta el edificio donde vivía esperando que no me encontrara con algo malo al llegar.
Llamé al timbre y me empecé a poner nerviosa en el ascensor, con su reacción de ayer temía por lo que fuera capaz de decirme.
Encontré la puerta de su apartamento abierta, al entrar se escuchaba ruido en su cuarto así que fui hacia allí con el corazón en un puño.
Cuando entré, el suelo estaba lleno de cajas de cartón en las que Shaoran estaba metiendo todas sus cosas.
-¿pero qué estás haciendo?- pregunté acercándome a él.
-me voy contigo-.
Abrí mucho los ojos sorprendida.
-¿cómo dices?-.
Shaoran siguió guardando sus cosas, me fijé en que tenía varias maletas en la cama que estaba llenando con su ropa.
-ayer dejé mi trabajo y este apartamento, me iré contigo a Australia y buscaré otro empleo allí-.
Tuve que sentarme de la impresión y él se sentó a mi lado.
-¿qué pasa, pensabas que iba a dejar que nos separásemos otra vez?- preguntó acariciando mi mejilla.
-yo... no sé, creía que al final entrarías en la empresa de tus padres-.
Shaoran puso los ojos en blanco.
-eso hace mucho que no me interesa y lo sabes-.
-pero... ¿y tus padres? ellos están esperando a que cambies de idea-.
Una sonrisa torcida apareció en sus labios.
-pues que sigan esperando-.
Yo también sonreí y le dije -esto es una locura-.
Él se encogió de hombros y me dedicó una sonrisa traviesa.
-no tanto, al final íbamos a terminar viviendo juntos tarde o temprano-.
Pestañeé varias veces algo confundida.
-¿vamos a vivir juntos?-.
Shaoran levantó una ceja.
-no me voy a ir hasta allí para no vivir contigo-.
No me esperaba que estuviera tan dispuesto a venirse conmigo, tenía pensado proponerle pasar el primer año separados y mientras yo intentaría encontrar otro trabajo en Japón o él buscaría uno en Australia hasta que alguno de los dos lo encontráramos... pero tenía bastantes dudas de que quisiera alejarse tanto de su familia.
Rodeé su cuello con mis manos y lo besé profundamente durante unos minutos.
-a mis padres no les va a gustar la idea- dije al apartarme mirándolo a los ojos.
-ya tienes veintiuno, si te vas de casa tendrán que aguantarse... además va tocando que se enteren de que estamos juntos ¿no crees?-.
Los dos nos reímos algo nerviosos.
-entonces voy a llamar ya al laboratorio para decirles que acepto- dije levantándome y sacando mi teléfono del bolsillo.
Shaoran me atrapó entre sus brazos y me lo quitó tirándolo a la cama.
-primero tenemos que despedirnos de este apartamento- susurró empujándome contra la pared.
Se me escapó una risita y enredé mis dedos en su pelo mientras le mordisqueaba los labios dando paso a una sesión de despedida de apartamento muy intensa.
Me alegraba saber que, pasara lo que pasara, Shaoran no volvería a alejarse de mí nunca más.
Próximamente el epílogo, espero que os haya gustado.
