Las montañas

De niña siempre me dieron miedo las montañas de Hebra.

Los cuentos de fantasmas y monstruos sucedían en Hebra, una región habitada por antiguos espíritus ancestrales, cargados de maldad.

Los sheikah tenían sus teorías al respecto. Decían que era muy probable que el espíritu de Ganon estuviese enterrado en el corazón de la cordillera, helado, esperando el momento adecuado para despertar y desatar el caos. Quisieron fabricar un enorme artefacto mecánico para romper la roca y penetrar en el corazón de la montaña, pretendían horadar y averiguar si había algo que desenterrar ahí. Pero padre no se lo permitió. Decía que era un gasto absurdo, y que no había nada en realidad que diferenciase esas montañas de todas las demás, nada más que las supersticiones y los cuentos de viejas. Aun así, aprobó una expedición sheikah a la montaña en busca de pistas. Uno de los enviados, nunca volvió de allí. Impa me lo recordaba de vez en cuando, siempre me amenazaba con llevarme a excavar esas montañas si no cumplía con mis demás obligaciones de princesa en el castillo. "Se lo diré a tu padre, verás cómo no pone pegas."

Así que, por todo esto, esas montañas siempre me dieron miedo. Cuando me tocaba viajar a ciudad orni, era inevitable que la sombra de la inmensa cordillera apagase un poco mi ánimo. Es como cuando brilla el sol, alto en el cielo, y una nube negra surge de la nada y oscurece el día. Ese es el efecto que tienen en mí.

Y con todos esos recuerdos de mi niñez me encaminé hacia la región de Hebra con Lobo y Link, paso a paso, sintiendo cómo el perfil de las rocas elevadas como cuchillas ensombrecían nuestro camino. Él me aseguró que sólo las vamos a bordear, nuestro destino final es la Estepa, pero para bordearlas hay que cruzar un paso de montaña, en la base de la cordillera.

"¿Va todo bien?", preguntó Link. Caminaba delante y me miró de soslayo, por encima de su hombro.

Moví la cabeza afirmativamente y él se dio por satisfecho (creo).

Seguimos avanzando mucho más, Link ya me advirtió que este viaje sería más cansado que los otros. Había subidas y bajadas, y caminos pedregosos. Cada vez hacía más frío y cuando nos adentramos por el paso montañoso, apenas nos daba el sol. Me estuvo enseñando cómo poner esos pinchos en las botas de invierno, por si había hielo y necesitábamos clavar bien cada paso y así no deslizar y sufrir un accidente. Padre jamás me habría permitido viajar por un lugar así, así que esto ha sido una nueva aventura. Ha sido como hacer realidad una de mis amenazas en una de las muchas discusiones que tuve con él:

"Si no me dejas ir a la excavación me escaparé."

"Un día irás a buscarme a mis aposentos y no me encontrarás por ningún sitio."

"No quiero seguir estudiando esos estúpidos rezos."

"Aprender más sobre tecnología ancestral no es malo."

"No necesito ningún escolta, me las arreglo muy bien yo sola."

Esto último terminó convirtiéndose en justo lo contrario, cuando a padre empezó a molestarle que Link y yo nos llevásemos bien y nos fuésemos solos.

"Sólo hemos ido a dar una vuelta, no hemos matado a nadie por hacer eso."

"Él no tiene la culpa, he sido yo la que ha insistido en ir hasta allí."

Y un largo etcétera. Se me encoge el corazón al pensar todo el tiempo de mi vida que he empleado en discutir con padre. Ha habido más palabras tensas que amables entre nosotros, y ahora ya no puedo arreglar eso. Habrá muchas cosas que podré llegar a ser en esta vida, pero también hay otras que no podré ser jamás. No podré ser una buena hija, por ejemplo.

Tras casi un día entero de caminata, supliqué a Link un descanso. Él estaba dudoso, prefería avanzar mientras hubiese luz del día, su plan era atravesar cuanto antes la falda de Hebra para buscar un buen campamento y pasar la noche. Pero le dije que me dolían mucho las piernas (era verdad) y él cedió para tomar un pequeño tentempié, pero sin llegar a encender la hoguera ni nada por el estilo.

"¿Vas bien con las botas, te hacen daño?", me preguntó, al ver que me las estaba ajustando.

"Me estoy haciendo a ellas. Pero teniendo en cuenta que es el primer día que las llevo, son muy cómodas. ¿Tú qué tal? ¿Te duele el costado?"

"Es un rasguño, ya te lo dije. No siento ya ningún tipo de dolor."

Recordaba el manotazo del hinox y la negra herida que Halthred y su padre curaron. ¿Habría hinox en Hebra? Al pensarlo, me di cuenta de mi enorme ignorancia sobre la región. Al temerla y verla como un lugar de fantasmas y espíritus del mal, jamás la había estudiado con el mismo interés que otros rincones de Hyrule.

"Estaba acordándome de cuando padre nos regañaba por alejarnos un poco del castillo, ¿te acuerdas? Si nos viese ahora…"

"Nunca habíamos llegado tan lejos como ahora."

"Nunca."

"Puedo llevarte más lejos aún. Yo escalé la cara norte de estas montañas."

"¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?"

"Había un santuario sheikah."

Durante un rato me quedé pensativa. Supongo que él tenía que estar ahí, en todos esos núcleos ocultos en el corazón de nuestra tierra, preparándose.

"Link, ¿hay monstruos como bokoblins o algo así en estas montañas?"

Él me miró de reojo y después curvó los labios en una sonrisa. Le sale una especie de hoyito diminuto cerca del labio cuando hace eso. Y… me parece muy tierno su hoyito.

"¿Tienes miedo? No debes tener miedo."

"No es miedo, es curiosidad. Conozco poco estas montañas."

"Hay sobre todo lizalfos", dijo él mientras daba un trago en su cantimplora y luego me la ofrecía a mí, "escupen hielo y son difíciles de ver en la nieve. Pero el verdadero monstruo es la montaña. Es lo que puede derrotarte, el aire helado, las horas sin sol. Ese es el enemigo."

"¿Cómo te las apañaste tú solo en esas montañas?"

"No lo sé", se encogió de hombros, "como siempre, supongo. Tenía una misión que completar y eso me hacía concentrarme para salir cuanto antes de ahí."

Levanté la cabeza y vi la sombra del pico más alto de Hebra, cayendo como si fuese el mismo Ganon sobre nuestras cabezas.

"Donde sí hay muchos monstruos es en la Estepa", añadió, "ese lugar está plagado de centaleones."

Me miró de reojo y se sonrió, antes de dar otro trago a su cantimplora.

"¿Intentas asustarme o qué? No me preocupan los centaleones."

"No intento asustarte, pero tendremos que pensar en algún plan para evitarlos o liquidarlos. Adoran el frío de la Estepa. Pueden ver en la oscuridad, como los gatos, y las llanuras y espacios abiertos son su territorio favorito. Pueden alcanzar a sus enemigos corriendo con sus fuertes patas en apenas unos segundos. Son letales, y con este frío es difícil combatirlos."

"Ya pensaremos en algo."

Justo en ese momento apareció Lobo. Llevaba todo el día alejándose y acercándose a nosotros. Llegó dando saltos, era muy cómico, le encantaba correr hasta perder las patas para deslizarse en la nieve y hundir el hocico dentro. Después se sacudía agitando la cabeza y poniendo el pelo de punta. Me hace reír, es muy gracioso ver cómo disfruta este clima frío. Al oír cómo me reía vino dando saltitos hacia mí, y me puso las patas encima para intentar alcanzar mi cara con un lametón. Es tan gracioso que siempre consigue que me derrita con él.

"Ey, has estado todo el día fuera, ¿eh? ¿Has cazado algo? Lobito guapo, te quiero."

Abracé a Lobo, tenía el pelaje húmedo por culpa de la nieve. Pero como tiene una mata de pelo tan espesa dudo mucho que pase frío.

"¿Lobito guapo?"

Miré a Link y estaba observándonos, ceja arqueada.

"Es una forma de hablar. Es un buen chico, le encanta divertirse en la nieve, ¿verdad que sí, mi Lobito?"

"Bueno, es hora de seguir el camino."

Link puso fin de golpe a nuestro descanso. Yo no tenía ningunas ganas de moverme, pero entendía que era necesario atravesar el paso y buscar un refugio, como él había planificado.

Link empezó a caminar a zancadas, como si de repente le hubiese entrado la prisa. Un par de veces Lobo se acercó a él dando saltos, sólo quería jugar un poco, pero Link siguió avanzando, implacable.

"¿Estás enfadado por algo?", le pregunté. Podía seguirle el paso a duras penas.

"No."

"Pues pones una de tus caras raras."

"¿Qué caras raras?"

"Esas que pones cuando hay algo que te inquieta. Frunces el ceño, das pasos largos, no quieres jugar con Lobo, no intentas fastidiarme ni siquiera un poco…"

Link ablandó el gesto para sonreír de medio lado.

"Caras raras. Anda, vamos a darnos prisa o se hará de noche."

Tenía razón. El sol cayó rápido en el horizonte y un frío terrorífico empezó a soplar montaña abajo. Aceleramos el paso los tres, y esta vez avanzamos ligeros y juntos, como una piña.

Era noche cerrada cuando llegamos al final del paso de montaña y nos topamos con la inmensidad helada de la Estepa. Empezó a nevar, con mucha fuerza. Link dijo que no tenía sentido encender una hoguera, así que invertimos toda nuestra energía en montar la tienda cuanto antes, en un lugar poco expuesto al viento, bajo unos pinos con las acículas tan cubiertas de nieve que era imposible saber si eran blancos o en algún momento habrían sido verdes.

Fue mucho más difícil de lo habitual montar la tienda, y Link me enseñó cómo amarrarla bien para protegerla del viento y del frío. Una vez estuvimos seguros de que aguantaría sin problemas, nos metimos dentro y nos quitamos las botas. Link sacó las mantas y algo de carne en salazón. No me supo a mucho, la verdad, añoraba nuestras noches alrededor de una hoguera, la tranquilidad de las aves nocturnas y el canto de los grillos. Sin embargo, esa noche el único sonido era el de la tormenta de afuera. Link encendió una vela pequeña para evitar estar totalmente a ciegas, y mientras cenábamos se oía el viento azotando de vez en cuando los bordes de la tienda.

"Mataría por un té caliente.", dije, frotándome las manos y echándome la manta por encima.

"Estaremos unos días así, hasta que lleguemos a una pequeña aldea que hay en la Estepa. Allí hay cabañas, agua caliente y algo de tranquilidad. Mientras tanto, tendremos que viajar así. Habrá noches de frío y oscuridad como la de hoy."

Pegué un par de mordiscos más a mi cena y después desistí. No me apetecía seguir comiendo aquel trozo de carne seca y dura y me dolía el estómago.

"¿No comes más?", me preguntó. Él se había comido toda su ración. Yo le ofrecí lo que quedaba de la mía, pero él la envolvió cuidadosamente y la guardó de nuevo. Link devora casi cualquier cosa con ansias, pero no aquello, y eso significaba que la comida era realmente mala.

"A lo mejor mañana no hay tormenta y podemos encender un fuego y tomar algo caliente antes de salir a enfrentarnos a los centaleones."

Link dio una carcajada y yo también me reí con él. Espero que tenga un plan para lo de los centaleones, ya en serio. Después dio un soplido a nuestra vela y nos quedamos en oscuridad, a mis ojos les costó un poco acostumbrarse a eso, y desde luego los tenía abiertos de par en par, no tenía nada de sueño.

"Ahora es importante que invirtamos toda nuestra energía en generar calor y que no se escape de la tienda.", dijo Link.

"La verdad es que hace un poco de frío.", reconocí. Mis pies y manos no terminaban de calentarse y tenía la punta de las orejas y la nariz como un cubito de hielo.

Él empezó a removerse en sus mantas, en su lado de la tienda, estaba forcejeando para sacarse la túnica y la camisa interior.

"¿Qué haces Link?"

"Yo también tengo frío. Estas son mantas de piel con plumas orni", túnica fuera, "deberías saber que se conserva muchísimo mejor el calor sin toda esta ropa que con ella puesta." Camisa interior fuera, y con un ágil movimiento, sus pantalones aparecieron por abajo, se los sacó por los pies en un suspiro. "Ahora tú."

"¿Qué? Yo no."

"¿Es que no te enseñaron nada los sheikah? Pasabas horas y horas con todos esos tutores y ni siquiera te enseñaron lo que hay que hacer para no morir de frío en una montaña nevada."

"Por supuesto que me enseñaron eso y otras cosas.", refunfuñé. Él siguió inmóvil, esperando más reacciones por mi parte.

"Adelante, si no, te helarás de frío."

"¿Y tú cómo sabes tantas cosas de lo que hay que hacer en una montaña? ¿No dijiste antes que cuando viniste aquí intentaste pasar lo más rápido posible hasta completar tu misión?"

"Yo recibí entrenamiento de caballero. Nos enseñaron muchas cosas, entre otras, que hay que quitarse la ropa para que el calor no se pierda. Seguro que los sheikah no te dijeron nada de eso."

"Está bien", suspiré, "pero no mires, mira hacia otro lado."

Link soltó una carcajada que retumbó en toda la tienda.

"Zelda, estamos totalmente a oscuras, ¿crees que tengo visión nocturna como los centaleones?"

"Mira a otro lado, Link.", repetí, recalcando cada palabra.

Él resopló y se giró de lado, con la cara enfrentada a la pared de la tienda. Yo aproveché para quitarme la ropa como un rayo. Después me acurruqué en la manta, hundiéndome dentro hasta la barbilla.

"¿Notas el calor?", preguntó él tras un rato.

"Sí."

Volvió a girarse y esta vez podía intuir su perfil, de cara al techo de la tienda.

"¿Qué más cosas no te enseñaron los sheikah sobre supervivencia en la montaña?", preguntó, sin ocultar la sorna en la pregunta.

"No tratábamos estos temas como algo principal. Pero es evidente que hay que aprovechar bien el calor humano y que no se disipe en otros tejidos, es termodinámica básica."

"Cierto, de llegar a ser necesario, el contacto y el calor humano es la única solución."

"Sí, supongo que las relaciones físicas pueden ayudar a generar calor."

No tenía ni idea de por qué la conversación se había desviado hasta tal punto, pero no estaba dispuesta a que siguiese tratándome como si no supiese nada de la vida.

"Oh, oh. No me refería a eso", dijo, volviendo a reírse, "me refería a compartir calor humano estando más cerca como durmiendo juntos, por ejemplo. Pero eso que planteas suena mucho más interesante."

"No he planteado nada", por suerte no podía verme, pero si había algo que me hiciese entrar en calor era la vergüenza que estaba sintiendo en ese preciso instante, ¿cómo diablos me había metido en ese jardín yo sola? , "sólo he comentado un dato evidente sin más, mantener relaciones ayuda a generar calor, sí, supongo… y será eso lo que hará que al haber más calor pues cueste más disiparlo y es al final un método de supervivencia."

La verdad, no sabía ni lo que estaba diciendo, sólo quería que Link cerrase el pico y ambos pudiésemos fingir que dormíamos y que yo jamás había mencionado el sexo estando semidesnudos dentro de una tienda de campaña. Jamás, jamás. Simplemente no había sucedido.

"Tranquila, no hay por qué seguir hablando de esto. Tal vez no es un tema apropiado."

¿Qué demonios se había creído?

"No me incomoda en absoluto, puedo hablar de cualquier tema."

"Ya, pero tú no… Tú siempre has estado muy protegida del mundo y… Además, tus tutores te dirían que es un tema indecoroso para una dama como tú."

"No necesito meter la mano en el fuego para saber que me quemaré, ¿no? Pues con esto es lo mismo. Lo he estudiado lo mismo que he estudiado otras cosas.", repliqué. "Hay que saber de todo."

"Este tema en particular no es como la termodinámica. Puede que lo pudieras husmear en uno de esos libros tan gordos que siempre tenías a mano, sí, seguro que lo hiciste porque siempre estabas leyendo, pero… no es lo mismo."

"Tú lo sabrás mejor que yo. Así que no tengo mucho más que decir."

La idea me generaba bastante amargura. Y era una batalla perdida, desde luego. Sabía que los caballeros tenían escarceos amorosos desde muy pronto, desde su etapa de entrenamiento. Y sabía lo que solía pasar. De nuevo me vinieron a la mente mis doncellas y sus historias en el Cuco Gigante.

"No te creas, yo-

Justo en ese instante entró Lobo como un vendaval en la tienda. Se sacudió la nieve y nos salpicó a ambos, pisoteándolo todo. Después trató de echarse encima de mí.

"Lobo, no… estás chorreando como un perro mojado. Ve con Link, anda."

"¿Cómo que ve con Link? ¿Qué ha pasado con eso de te quiero Lobito, Lobito guapo?", se mofó Link, soltando una carcajada.

Empujé a Lobo hasta que se quedó en el hueco que había entre Link y yo.

"Está mojado y lleno de nieve", respondí, "cuando se seque un poco podrá volver a acurrucarse aquí."

"Ven conmigo, amigo. Yo no te voy a echar, espero que aprendas esta lección."

"Oh, no hay que dramatizar tanto. Dormiréis bien juntos, generaréis más calor."

"Muy bien. Cuando sientas envidia de nuestra termodinámica, no te dejaremos acercarte."

A la mañana siguiente desperté y vi a Link medio destapado, con una pierna echada por encima de Lobo. Aproveché que ambos estaban dormidos para salir y anotar todo esto en el diario. No sé si quiero indagar más en la experiencia sexual de Link porque, sea cual sea, es infinitamente mayor que la mía y eso me pone muy nerviosa. No porque vaya a pasar nada, creo, o… no lo sé. No sé si él querría que pasase algo porque aún no entiendo del todo qué es lo que espera o siente por mí. Pero él es un chico después de todo y… seguro que piensa en ello. Claro que lo hace. ¿Y si está esperando que pase algo? ¿Qué tendría que hacer yo? Si apenas nos hemos agarrado la mano y dado un par de abrazos atropellados… ¿Tendría que intentar acercarme a él de otra manera? Ni siquiera nos hemos besado nunca. ¿Y si está esperando que lo haga? ¿No debería mostrar él algún interés? Hasta ahora no ha mostrado interés de ese tipo, sí cierta necesidad afectiva, pero… no lo sé.

Al lado de la tienda, mientras Link y Lobo duermen, preparada para ir a la caza del centaleón de la Estepa,

-Zelda B.