Capítulo veintiséis: Reencuentros y desencuentros

"Nos dijimos tantas veces adiós, que despedirnos significaba reinventar un nuevo reencuentro"

-Elvira Sastre

PARA Lagen, PORQUE TU BELLO COMENTARIO ME DEJÓ UNA SONRISA BOBA TODO EL DÍA Y PORQUE CAUSAR MINI-INFARTOS CON ESTA HISTORIA ES LA META Y NO EL CAMINO 3

Era de noche, la luna en cuarto creciente y el viento helado del Norte combinado con la nevada formaba una tormenta.

No podía oler nada,

No podía oír nada,

Pero… había algo, él había sentido algo que lo forzó a salir del confort de su sueño y enfrentarse a aquella tormenta de nieve. Allí, hacia el Este, atravesó todo el bosque hasta llegar casi al límite del Bosque Blanco. Detuvo su carrera sin aliento muy cerca de su objetivo.

Habían huellas,

Habían huellas de pies humanos,

Habían huellas de pequeños pies, como los de una mujer.

Su corazón se aceleró, él conocía aquél lugar.

Un gran tronco hueco, unos arbustos cubriendo la entrada. Podía ver luz en su interior. Él avanzó con pasos dudosos, temía estar soñando y que aquello no fuera cierto. El hueco era pequeño, así que volvió sobre sus dos piernas y se arrodilló sobre la fría nieve para adentrarse.

Así, doblado sobre sí mismo, como si estuviera rezando -o dando las gracias al Cielo- fue que la volvió a encontrar a ella.

-Amor mío. -dijo ella.

Estaba acurrucada frente a él, pegada a la madera cálida y absorbiendo algo de su calor. Ojos cerrados, piel pálida… una manta delgada cubriendo su cuerpo.

-¿Eres tú? -necesitaba saber que no se estaba volviendo loco- Ángel, ¿en serio eres tú?

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas sonrojadas, sus párpados se elevaron y él palideció al ver sus cuencas oculares vacías.

-Necesito que me ayudes, amor… -rogó ella- Necesito de ti una vez más, lo siento.

Sakura había dicho cosas,

Había descubierto cosas,

Sabía cosas.

Se acercó a la ventana, Fuuma estaba de vuelta.

-¿Cómo está todo fuera? -quiso saber ella.

-Hay muchos de ellos en un gran edificio. -dijo el zorro- Tiene banderas, custodia y muchos demonios entrando y saliendo.

-El Palacio de Elíseo, lo sabía. -masculló ella- ¿Está el señor demonio?

-Y un siervo. -asintió- Él estaba dando órdenes a los que entraban y salían.

Sakura entró en ese preciso instante, Fuuma dejó de hablar.

-¿Sabías que Mirko tiene su nariz bien metida en el gobierno de Francia? -le preguntó sin rodeos, aquello no podía ser casualidad.

La tomó por sorpresa, Sakura se quedó a medio camino y ella supo que su prima estaba al tanto de eso y mucho más.

-Tengo que preguntar. Después de todo, estamos hablando de Gia. -fue su advertencia- ¿Cuál es tu misión aquí?

La bruja retrocedió un paso y ella supo que era algo serio, era algo importante, y aquello en serio le hizo picar la curiosidad. La necesidad, casi, imperativa.

Pero Sakura se mantuvo en silencio, supo que no podía hablar y que, de seguro, tampoco quería mentirle.

-Le pediste a Paz información sobre el doctor, ¿recuerdas? -entrecerró los ojos- No sé que tanto sabe Paz, pero yo lo encontré aquí, en Francia, hace varios meses. -le confirió- Me dijo… cosas. Interesantes cosas, las cuales me abrieron los ojos. Ojos con los cuales pude notar pequeños detalles que antes no.

-…Paz no sabía lo de Francia. -admitió- O, al menos, no lo mencionaron en el informe que me dio. -tragó saliva- Estaba tratando de crear nuevas especies, ¿verdad? Híbridos.

-Tratando. -asintió- Y acertando. -escupió- Joel encontró una osa preñada que fue fertilizada por él, y hay más. Hay cachorros, inclusive.

Las mejillas de la bruja se encendieron, estaba en llamas.

-¡¿No le bastó con todo lo que ya tiene que quiso crear algo nuevo?! -exclamó con furia- ¡Con lo que me hizo, con lo que te hizo a ti!

No supo por qué, pero quiso compartir algo más con ella.

-El doctor dijo que…, con sus investigaciones y pruebas, podía lograr engendrar un feto. -compartió con ella- Que, ahora, él podría lograr un hijo con éxito… que el feto sería estable, que tendría… éxito.

Tal vez, se le ocurrió, se lo estaba diciendo porque ella también era una posible incubadora. El doctor había dejado ver que el proyecto había iniciado para que ella, Luciana, diera a luz a pesar de ser estéril.

Ella no era tonta.

Ella también sabía cosas.

Ella había aprendido cosas junto a Aaron y lejos suyos.

Él jamás tuvo hijos, pero había tenido una pareja estable por siglos y ésta jamás parió. ¿Coincidencia?

-¿Él alguna vez te mencionó que quería que fueras la madre de sus hijos? -preguntó, dejándola helada- Porque… a mí siempre me dijo que era perfecta para darle herederos… Pero luego te atrapó a ti también, así que…

Y no, a ella tampoco le hacía gracia.

Sakura vomitó, allí a sus pies. Su garganta hizo fuerza, sonidos de estrangulación, y ella soltó un líquido pastoso verde con grumos.

Estaba dirigiéndose a la enfermería, Sila le había pedido su ayuda con el inventario, cuando notó las señales.

El sonido de una campana de viento.

La risa de niños jugando.

El olor a incienso.

-¿…Cara? -inquirió a la nada, deteniéndose a mitad de camino.

Llamas de fuego azul se encendieron y lo guiaron, la última se encendió frente a la puerta de una de las habitaciones del tercer piso. No sin estar cauto, abrió la puerta y se abrió paso.

-Cara, ¿eres tú? -inquirió a la oscuridad, la habitación estaba vacía.

No pudo oír nada, pero reconoció el aroma de la menta y supo que había tenido razón; Cara estaba allí.

-Cuánto tiempo, viejo amigo. -saludó una voz femenina en perfecto inglés- Aunque… los años no parecen tener efecto en ti. -se rió.

Eriol sonrió.

-Podría decir lo mismo de ti, Caraline. -sonrió el mago- Enciende las luces para que pueda ver tu dulce sonrisa una vez más, por favor.

Las mismas llamas azules que lo guiaron fueron las que se encendieron en la habitación, revelando la figura de una joven mujer con grandes ojos amarillos y labios pintados de coral. Llevaba un vestido negro de satén y una sonrisa amistosa, parecía rondar en los finales de sus veintes.

-Había oído que estabas de vuelta, tenía que cerciorarme por mi cuenta. -le guiñó un ojo- Ya sabes, tomar el té o algo más fuerte.

-Por los viejos tiempos. -asintió él, sonriente.

-Por los viejos tiempos. -aceptó ella- ¿Sabes? Creí que iba a encontrarte en China. -observó la decoración ausente y la inmobiliaria austera- Cuando oí tu nombre por allí, no pensé que sería para involucrarte en problemas en África.

La sonrisa se borró del rostro del mago, Cara se percató de inmediato.

-…vine a ponerte en aviso, viejo amigo. -admitió la maga- Te lo debía,… por los viejos tiempos. -hizo una mueca agridulce, Eriol asintió en aceptación.

Se redujo tanto en tamaño que podía pasar por un pequeño pichón, surcó los cielos con tranquilidad y montó un puesto de observación.

Pía vivía en un complejo con un gran jardín, alejada de la ciudad. Tenía rejas altas y dos Teques haciendo rondas de vigilancia, algunos esbirros por aquí y por allá. Habían perros, también. Tres, de hecho. No entró ni salió nadie de allí, observó un hombre salir por la tarde a barrer el suelo del exterior.

Sus ojos se iluminaron, el Pilar del Cielo necesitaba entregar el mensaje de apoyo al Instituto. La alianza debía parecer sólida, estrecha.

El cielo se nubló, Evan no quiso que el sol fuera testigo de lo que estaba a punto de suceder.

-Por la sangre que él derrama, camina la Virgen pura y santa, y un ángel la acompaña. -comenzó a orar el Pilar, sus ojos brillando.

El viento comenzó a sacudir las nubes, éstas corrieron deprisa por el cielo.

-Sus lágrimas limpian su rostro, el agua se lleva las impurezas. -siguió recitando.

Fue entonces que los perros comenzaron a ladrar y los Teques a impartir órdenes a los esbirros, el señor entró rápidamente al complejo dejando olvidada su escoba y recogedor.

-Ella tiene un alma impura, el agua que se derrama de los cielos se llevará todo de ella. -casi sentenció él- Se lo llevará todo, todo.

Un rayo partió el cielo en dos, el trueno se dejó oír unos segundos antes de que la lluvia torrencial se abriese paso en picada. Evan descendió junto a la lluvia, su capa se pegó a su cuerpo y se arrancó la máscara del rostro mientras se abría paso al complejo. Un rayo descendió de los cielos y abrió la reja para él.

-¡Tenemos un intruso! -escuchó informar a uno de los esbirros.

-¡Todos a las puertas, es el Pilar de arriba! -ordenó uno de los Teques- El nuevo Pilar, todos tengan cuidado.

El otro Teque estaba reteniendo un perro con cada mano, los frenaba del cuero de su lomo mientras todos se colocaban al frente del complejo a modo de formar una barrera entre él y Pía.

-¿Qué buscas aquí, Pilar de arriba? -preguntó el otro demonio de alcurnia, el tercer perro siendo retenido por él.

-Me ordenaron entregar un… mensaje. -respondió él, su cabello blanquecino pegándose a su rostro y su cuello debido a la lluvia helada- Vine a cumplir aquella orden.

Los esbirros observaron, no sin nerviosismo, a los Teques, quienes parecían estar a cargo de la seguridad del complejo hogareño de la señora de señores.

-¿Un mensaje, eh? -inquirió e primero, el que se cargaba dos perros- ¿Traes una carta o qué? -espetó con rudeza- Apuesto a que lo traes escrito con tus crayolas, niño.

Él jamás había tenido crayolas, había dibujado con pintura hecha a base de bayas y frutos del bosque. Pero no, él entendió la burla para nada bien disimulada.

Evan sonrió, él ya no era un niño.

Se deshizo de su capa, sus manos poseían largas y afiladas garras y sus ojos jamás dejaron de brillar.

-Bien. -escupió el primer Teque- Que así sea.

Y ambos largaron a los perros exiliados. Evan saltó, lanzó plumas afiladas como navajas, y los perros chillaron de dolor.

-Tsk.

Los Teques le hicieron una seña a los esbirros para que éstos actuaran como la siguiente defensa mientras que los perros se retorcían e intentaban arrancar las plumas de su cuerpo. Sin embargo, las plumas del halcón parecían tener espigas, como un anzuelo, y tiraban de la piel si tratabas de retirarlas.

Esquivó a los esbirros, no era mal luchador, como cualquier bestia del Zoológico, pero evitaba el confrontamiento directo y prefería actuar desde la distancia, desde los cielos. Se movió como las olas en el mar, fluyó entre esbirro y esbirro en medio de la lluvia.

Otro rayo, uno de los perros chilló con más fuerza y él olió la carne quemada.

-¿Cuándo vas a rendirte, Pía? -inquirió él, sabiendo que ella podía escucharlo claramente desde el interior de su hogar- La alianza jamás se detendrá, no dejará que continúes con esto.

Otro rayo, el trueno retumbó prolongadamente y el aguacero tomó más fuerza.

Evan saltó, arrojó otra tanda de afiladas plumas y el viento comenzó a soplar con fuerza, un pequeño mini tornado cargado con sus plumas se dirigió hacia la residencia de Pía y él se mantuvo en los cielos.

La señora que mantenía Alemania salió de su residencia a una velocidad envidiable, un movimiento de su muñeca y cinco esferas negras engulleron el tornado con plumas filosas y todo. Sus ojos parecían dos perlas negras y su cabello verde musgo se alzaba alrededor de su rostro enfadado.

-Así que los cielos enviaron a su Pilar hasta mi hogar. -escupió ella.

Una plataforma blanca se formó debajo de los pies de Evan, quien se acuclilló en ella mientras lo mantenía en el aire.

-Soy Evan, el Pilar del Cielo, quien representa al Cielo en la nueva mesa. -declaró él- La mesa no tolerará el comportamiento de los señores demonio, mucho menos el legado de Aaron y su control en el mundo.

-¿Ah sí? -se carcajeó ella- Quiero verlos corrernos de la jugada, mocoso.

Un rayo más, Evan desapareció pero el aguacero permaneció por algunas horas más.

Tania y Marco estaban preparando sus cosas para marcharse, la caja de panecillos que resguardaban las cargas para dinamitar los túneles se encontraban en la mesa y a la vista cuando Kelian se apareció allí.

-¿Están listos ya? -inquirió, sorprendiendo a ambos brujos.

-¡Por Dios! -chilló Tania- ¡Casi me matas de un susto, Kelian!

-El plan cambió, pero cumpliremos la misión a como dé lugar. -asintió Marco mientras se colocaba un cigarrillo entre los labios- ¿Vienes a observar?

Él negó, se acercó a la mesa y tomó uno de los explosivos.

-¿Dónde está el segundo grupo? -inquirió.

Marco observó a Tania, la bruja se mordió la lengua y se dio la vuelta para seguir empacando. Él dio una calada antes de responder.

-Llegan pronto, tuvieron que salir por un encargo. -respondió sin titubear- Deben de llegar en media hora, tenemos que colocar las cargas. -le hizo una seña a su compañera, quien le tendió un mapa- Tenemos las zonas divididas en dos grupos. -le lo ofreció y él lo aceptó- Voy con Sakura, Tania va con el chico y el peluche. -otra calada- Explotamos la carga, el peluche activa la alarma en la Torre y nos abrimos paso en los túneles en medio del caos. -explicó- Listo eso, vamos por el Primer Ministro y lo asesinamos. -dejó caer el cigarrillo al suelo y lo apagó con la suela de sus zapatos- ¿Tienes pensado participar, entonces?

Kelian observó el mapa, catorce puntos estaban marcados. Habían cargas de más, por si necesitaban una salida forzada.

-Tomaré los túneles con Shaoran y el peluche sonará la alarma en la Torre. -ordenó- Tania y tú deben permanecer juntos, irán con Sakura por el Primer Ministro; el señor y el siervo de aquí están con él, nosotros iremos lo más deprisa que podamos para darles refuerzo. -enrolló el mapa y lo conservó.

-¿Qué hay en los túneles? -interrogó, curiosa- No hacemos algo como esto todos los días, ¿qué hay abajo? -insistió.

Marco no dijo nada, pero observó a Kelian en busca de alguna respuesta. Estaban arriesgando mucho en aquella ocasión, no saldrían sin daños colaterales y ambos lo sabían.

-No lo sé. -admitió, medio mentira y medio verdad- Pero, lo que sea que haya allí, madre lo quiere. -les dijo- Y se lo daremos.

Gritos, cristales rotos y golpes se oyeron en el cuarto contiguo y Shaoran y Kero entraron sin dar aviso previo.

-¡ESPERO MORIR ANTES QUE ESO! -exclamó Sakura mientras se alejaba de los cristales esparcidos por el suelo.

Ella se encontraba alterada, con nervios a flor de piel y cuerpo tembloroso. Luciana, en cambio, lucía tan impoluta como siempre.

-Antes que llegar a eso, vamos a erradicarlos de una vez por todas. -prometió ella- Saldaremos todas las deudas ese día, así que espero que estés preparada cuando llegue el momento. -advirtió- Tengo que irme. -avisó- Cuídate… -lo observó a él- Cuídense, Gia no confía ni en su sombra, no se fíen de ella.

Y se esfumó dentro de un portal junto con el zorro demonio que solía llevar consigo últimamente.

-¿Qué rayos fue eso? -gruñó el guardián- ¡¿Qué sucedió?!

-…nada. -desestimó, tratando de calmarse- No importa, tenemos que irnos. -pasó una mano por sus cabellos despeinados y lo arregló lo mejor que pudo- No perdamos el tiempo.

Sakura mantuvo la mirada baja y pasó junto a él, saliendo del cuarto. Él la detuvo, ella tardó unos segundos en dirigir su mirada hacia él.

-¿Estás bien? -quiso asegurarse Shaoran- No te ves bien, Sakura. -dijo él con cuidado.

-No. -asintió ella- No estoy bien, pero no importa. -dijo- Porque hace mucho tiempo que no estoy bien, así que eso no va a detenerme ahora. -soltó entre sientes- Vámonos, tenemos una misión que cumplir.

Y se escapó de él.

-¿C-cómo? -tartamudeó mientras acariciaba su rostro- ¿Qué sucedió? Yo… -cerró los ojos, recordó todas las noches llenas de pesadillas- Moriste, vi tu cuerpo… Tú moriste, Ángel.

Ella lo observó sin verlo realmente, disfrutando de sus caricias.

-Yo morí, sí… -asintió- Estuve sola por tanto tiempo en medio de una oscuridad solitaria, hacía frío, tenía… miedo. -admitió en voz baja- Nunca más volvería a verlos, a ti o a Jonás. A nadie.

Matt la abrazó con fuerza, acarició sus cabellos. Ella estaba helada, su cuerpo desnudo a penas cubierto. Estaba en los huesos, tan ligera como una pluma.

-Después de lo que pareció una eternidad, sentí un frío distinto. -siguió relatando- Sentí la nieve, la manta cubría mi espalda y caminé a ciegas. -sonrió brevemente- No sabría decirte cómo, pero yo supe que estaba en el Zoológico… en el Bosque Blanco, y llegué aquí.

Parecía todo tan irreal, una trampa para bobos.

-¿Cuánto… tiempo ha pasado? -quiso saber ella- ¿Cuánto ha pasado desde que morí?

Tragó saliva, todavía no podía creer que ella estuviera frente a él.

-…pronto cumplirá un año. -respondió- El primero.

-¿¡Un año!? -soltó entre dientes- ¿Sólo un año?

Ella parecía enfadada, de repente, lo cual llamó la tención de la bestia.

-Se sintió como un siglo en medio de la oscuridad. -gruñó, palpando sus cuencas vacías- El limbo de las almas, ni siquiera fue como un descanso… Sólo un año. -repitió, enfadada.

Él la tomó por el mentón, volvió a observar sus cuencas vacías y lamentó no poder hacer nada por ello. Los ojos de Ángel habían sido ajenos, y ahora habían pasado al siguiente Pilar. No podría recuperar la vista, él tampoco podía sentir en ella los poderes del Cielo.

-No posees aroma alguno. -le comentó él- Éste cuerpo, ¿qué es éste cuerpo?

Ella llevó una mano hacia la manta, su ceño se frunció.

-Ahora que lo mencionas, este cuerpo no se siente como el mío… -murmuró- Tampoco se siente como cuando volví la primera vez en un cuerpo ajeno. Es… frío, a penas y lo siento. -levantó una mano hacia el rostro de él, lo palpó. Sus dedos escanearon su rostro, hasta que llegó hasta sus labios- Muerde. -pidió- Muérdelo, ¿de qué está hecho este cuerpo? -quiso saber.

Tragó saliva, no quería dañarla si a penas la había recuperado. Hace tantos años, él había estado dispuesto a probar su carne para saciar su hambre en un invierno desierto y precario, donde la comida escaseaba. Tomó su mano y la besó, no se atrevió a morderla. En cambio, acercó su nariz hacia su cuello y olfateó.

Agua nieve, el polvo de la manta roída y nada más pudo percibir. Ni siquiera un aroma propio o del lugar de procedencia previo al bosque. Acarició su muñeca, sentía un pulso constante y tranquilo. Colocó la palma de su mano derecha sobre su pecho, allí había un latido.

-Matt, muerde. -insistió- Este no es mi cuerpo, yo ya morí. -le recordó con dureza- Hay un nuevo Pilar, ¿no es cierto? -disparó la pregunta- Mis ojos no están, pero el Cielo jamás los dejaría ir. Lo siento, ya no soy el Pilar de arriba.

Tomó aire y asintió. Sin embargo, ella no lo pudo ver.

-Sí… -verbalizó su respuesta- Hay un nuevo Pilar, ellos le dieron tus ojos.

-…claro. -asintió ella- Es el ciclo, alguien debía tomar mi lugar.

Hubo silencio, el fuego de la pequeña fogata consumía las ramas delgadas haciendo crujir la madera.

De un segundo a otro, ella tomó sus mejillas con sus pálidas manos y lo acercó a sus rostro.

-Yo estoy muerta, este no es mi cuerpo, amor mío. -le recordó con voz rota- Esto está mal, esto está mal.

Él también la tomó por las mejillas, le dio un ligero beso.

-Malo es que tú hayas muerto a manos del diablo. -dijo él- ¿Esto?... Esto no está mal.

Ángel comenzó a llorar, él no lo entendía. Habían leyes que regían el mundo, normas que debían seguirse. Muerte y vida eran sagrados, debían ser respetados. Ella había muerto una vez ya, su padre quiso hacerle un regalo al darle la vida, pero sólo rompió reglas y tabúes. Nadie debía volver una vez muerto, sin importar cuán larga o corta haya sido su vida. Ahora, ella había sido devuelta a la vida una segunda vez.

-…esto está mal. -repitió ella entre lágrimas- Matt, esto no es correcto.

Pero su amado y su hijo, como su familia, no pensarían igual. Ella hubiera deseado tener más tiempo junto a ellos, pero esta no era la manera.

Tomoyo estaba bajando las escaleras cuando Eriol chocó contra ella, casi caen los dos cuesta abajo.

-¡Tomoyo, te encontré! -exclamó con alivio- Necesito hablar contigo, ahora.

Ella asintió, él no tardó mucho en tomar su mano y guiarla a una habitación vacía.

-¿Qué sucede? -inquirió, extrañada- Pensé que estarías con Sila.

-Una vieja amiga me encontró antes de que pudiera llegar a la enfermería. -explicó- Qué bueno que lo hizo, porque me dijo cosas. -entrecerró los ojos- Cosas muy interesantes.

Ella pestañeó, sorprendida.

-Ana no estaba en París, o al menos no lo está más. -le informó- Está en Alemania, y ya sabemos con quién, ¿verdad?

Los ojos de ella se encendieron.

-Pía y Ana, otra vez. -bufó.

-Una cosa más. -advirtió- Hubo una subasta en Oslo, dicen que Pía estuvo allí con otros señores pero que alguien llegó de improviso y quemó el edificio por completo. -hizo una pausa- Con fuego de sol, las llamas están siendo controladas pero no ceden.

-Justo como en el Aviario. -soltó entre dientes ella.

-Igual que en el Aviario. -asintió él- Paz otra vez está moviéndose.

-Nosotros también. -mordió ella- La última vez que Ana y Pía estuvieron reunidas, Kaios vino a saludar a Amads. Una nueva tanda de siervos podría llegar a Arabia, necesitamos tomarla antes de eso. -afirmó, convencida- Tenemos que cerrar las fronteras, desplegar centinelas y debemos… hacernos cargo de Kaios ahora mismo. -llevó una mano hacia su frente, todo se estaba moviendo más pronto, todo se estaba apresurando- Tengo que tomar Arabia mientras Ana esté fuera, antes de que pueda volver.

Él asintió, de acuerdo.

-Y tenemos que decirle todo esto a Melek ya. -chilló, apresurándose hacia la salida.

Sin embargo, con un pie fuera de la habitación, ella se volvió de repente y besó a Eriol. Apresurado, pero con gratitud. Lo tomó por sorpresa, cabe aclarar.

-No sé qué haría sin ti, Eriol… -murmuró, sonriente- Gracias.

Y volvió a apresurarse fuera antes de que él pudiese decir algo.

Marco abrió la puerta segundos antes de que Shaoran pudiese golpearla, se quedó con los nudillos al aire.

-Casi salgo a buscarlos, novatos. -comentó, estaba bloqueando el paso al departamento- ¿Pudieron con el encargo o se perdieron?

Sakura, que no se encontraba para juegos estúpidos, lo apartó de la puerta de un empujón y se abrió paso. Kelian estaba recostado junto a la venta, a metros de la única puerta con acceso, sus ojos caramelos estaban sobre ellos.

-Novatos, dices. -gruñó Sakura, tomando la estúpida salida que Marco les ofreció- El camino no está limpio, pero podemos tomar una ruta alterna. -observó a Tania, ésta estaba sentada en el sofá con mala cara- Tenemos que movernos, ¿has venido para echar una mano, Kelian?

-Gia no quiere fallas, vine para asegurar el éxito de la misión. -asintió él, ella se mordió la lengua y se sentó junto a Tania- Shaoran y yo iremos a los túneles con las cargas, ustedes tres van directo al Palacio de Elíseo. Tu guardián, a sonar la alarma.

-¿Nosotros dos pondremos las cargas? -inquirió Shaoran.

-Y eliminamos a cualquiera que esté allí abajo. -afirmó- ¿Por qué? -entrecerró los ojos- ¿Tienes algún problema con ello?

Shaoran observó a Sakura, ella lo observó también pero no dijo nada. Debían hacerlo, él mismo se lo había dicho antes.

-¿Cuándo comenzamos? -inquirió él.

Pero fue Marco el que respondió.

-Los estábamos esperando a ustedes. -sacó un cigarrillo, se colocó su chamarra y Tania lo siguió.

Sakura se levantó, también, pero antes de partir le entregó a Shaoran una carta Sakura.

-Cuídate, Li. -pidió ella.

Él asintió, ella siguió a Marco y Tania mientras Kero salía del edificio junto a ellos para, luego, tomar su propio camino por separado.

-Yo tomaré los puntos del Norte, tú toma el Sur. -indicó mientras partía el mapa a la mitad y le entregaba sus objetivos señalizados- ¿Listo para esto? -le preguntó antes de marcharse.

-…claro. -asintió- Vamos.

Kelian marchó primero, Shaoran aprovechó su punto ciego para observar cuál carta le había entregado Sakura.

No era Esperanza, ya no. Pero era Yue, y el significado para él fue el mismo.

Sakura no le había enseñado cómo prever la ruta del Aviario, sería tonto dejar pasar un comodín como ese y Luciana no pensaba que ella fuese tonta. Le recordó que el plan de ruta podría haber cambiado luego de que Collette Pratt lo recompusiera y lo devolviera a los cielos. Mañana mismo estaría sobre Nueva Zelanda. Para ser exactos, ella debería poder encontrarlos sobre Otago.

-¿Nos vamos? -quiso saber Fuuma mientras dejaban atrás su mesa en un lugar de comida.

-Parece que algo grande va a suceder aquí… -observó ella mientras se desviaba en una esquina para no ser vista por un esbirro- Arriesgué mucho al venir aquí, no lo van dejar pasar si me entrometo en esta guerra. -masculló- Además, estamos hablando de Gia. -escupió- Vamos a dejarle esta. -le comentó al zorro- Tomaremos la próxima, habrán muchas más.

El zorro demonio asintió, ya tenían su cuota de problemas lleno aquel día, no podían levantar sospechas o enfadar al Infierno.

Los dos desaparecieron, nada más podían hacer allí.

La cosa se puso seria cuando fue su padre quien bajó al acuífero, él se levantó de su lugar en el suelo y asintió a modo de saludo.

-¿Qué significa esto? -fue su pregunta- ¿Qué haces aquí abajo, perdiendo el tiempo?

A decir verdad, se tomó más tiempo del que pensó.

-Estoy haciéndole compañía a Camille. -le hizo ver mientras señalaba detrás suyo- No estoy perdiendo el tiempo, padre.

-Tsk. -el lobo bufó- Deja de decir estupideces, debes rotar en las patrullas fronterizas. -le recordó- Muévete de inmediato, Kamuy. -ordenó y se dio la vuelta, esperando que acatara al instante.

-No.

Pero su hijo se plantó en el suelo y se negó, por primera vez en su vida, a seguir una orden del jefe del clan.

-Y sí. -agregó- Oíste bien, dije que no voy a moverme.

Su padre detuvo su marcha, no se volteó a verlo cuando volvió a hablar.

-Kamuy. -espetó con voz autoritaria, con tono de reproche- A esa bruja le diste de tu sangre, la sangre de Sköll. -no fue una pregunta, Kamuy tampoco se atrevió a responder. ¿Qué había dicho o hecho Camille en su ausencia?- Ella decidió quedarse en la Zoológico, juró protegerlo y salvaguardarlo… ¿Tienes una idea de lo que hubiese sucedido si ella se hubiera puesto en nuestra contra?

-Lo mismo que sucedió cuando usted se puso contra ella, padre. -le recordó- No soy tonto, me di cuenta. -espetó entre dientes- No sé lo que ella le dijo, tampoco qué le dijo usted, pero… Lo presionó. -observó él- Camille lo puso nervioso y por eso usted jamás actuó en su contra.

Regino se dio la vuelta de un salto, sus ojos envueltos en llamas.

-¡Esa bruja! -espetó como si se tratara de un insulto- Tú y tu predilección a ponerte del lado de cuanta hembra te pase junto.

-¡Padre! -rugió, ofendido por el tono y la forma de insultar a Camille.

-¡Ésta es tu manada, yo soy tu padre y tu alfa! -le recordó, altivo e imponente- ¡Deberías responder ante mí y no ante una forastera! -dio dos pasos al frente, su pecho inflado y su cabeza altiva- Responder por el Pilar era una cosa, pero la bruja-

-Su nombre es Camille. -escupió- Deberías recordar su nombre, porque fue la que nos salvó a todos nosotros de la guerra. -le recordó.

-Esa bruja está envolviendo hilos alrededor de los cuellos de todos, para luego tirar y movernos como marionetas a su antojo. -le dijo- Y yo no seré otro tonto que caiga ante ella, será mejor que recuerdes a qué bando perteneces, Kamuy…. -le advirtió- El Bestiario es para las bestias, y sólo una bestia puede dominarlo. -escupió el suelo- Esa bruja no será una bestia ni una domadora aquí… Recuérdalo, recuérdaselo.

Regino salió de allí a toda velocidad, no le extrañó a Kamuy que su madre entrara por la misma entrada diez minutos más tarde.

-¡No puedo dejarla sola, ¿lo ves?! -le gruñó a la loba- Ya lo sabía yo, mi padre podría intentar matarla. -observó el agua tranquila- Camille es un obstáculo para él, una contrincante…

-Tu padre odia perder. -asintió ella, asomándose junto a él a la orilla- Esta bruja tuya podría ponerlo en jaque… tal vez ya lo hizo. -mencionó con misterio- Ve a la frontera. -ordenó de repente.

Él bufó, al parecer su madre no comprendía.

-Ve. A. La. Frontera. -repitió ella, esta vez mientras lo observaba a los ojos- Al Norte. -agregó- Yo me quedo aquí, tú ve y vuelve cuanto antes. -sugirió- Si de verdad la quiere muerta… -volvió a observar el fondo del acuífero- Nada podrá detenerlo.

-¿Q…qué? -se extrañó por su orden- ¿Qué sucede con el Norte? -quiso saber, preocupado por su familia política- ¿Qué pasó?

Su madre no dijo nada por algunos segundos, desesperándolo con cada segundo extra que sucedía.

-Sólo te informo. -respondió al fin- Ve, te están esperando.

Algo reticente, se marchó a toda velocidad. Si su madre le decía que ella se quedaba cuidando a Camille, ella lo haría tal cual. Su padre jamás la dañó, aunque… ella jamás se puso en su contra, tampoco. ¿Se atrevería su padre a pasar sobre su madre si planeaba eliminar a la bruja…?

No quiso pensar en ello, sólo aceleró el paso para volver lo antes posible.

Su madre no lo dijo, pero debían ser Matt o Jonás quienes esperaban por él. Su madre tenía a las lobas de su lado, le eran leales y, de vez en cuando y cuando era necesario, actuaban bajo su mando. Así como algunos lobos jóvenes. Después de todo, ella se pasaba cuidando de la salud y bienestar, así como las necesidades de las parturientas y sus crías. Su madre, al contrario de la matriarca del Norte, no tenía bajo su cargo la educación de los cachorros del grupo. Su padre encargaba a los lobos más viejos hacerlo, creía en la sabiduría de los más viejos.

No se equivocó en su suposición, era el cachorro albino quien lo esperaba.

-Jonás, ¿dónde está tu padre? ¿Qué sucedió? -inquirió mientras observaba los alrededores, en busca de su primo hermano.

-No lo sé. -le confesó el cachorro- Papá dijo: trae a tu tío. -informó mientras se daba la vuelta para liderar el camino- Dijo que yo tenía que buscarte y volver a mi cueva, con mi abuela.

Su sobrino era un cachorro obediente y bien portado, contrario a su tía Luciana.

Por otro lado, ¿en qué cosas estaría metido Matt?

Jonás detuvo la marcha cuando el gran lobo azabache se acercó a ellos para recibirlos, Kamuy se adelantó.

-¿Me puedes decir qué está pasando? -lo apresuró, no tenía tiempo que perder- ¿Por qué enviaste a Jonás? -murmuró, más discreto- Sabes que mi padre-

-Ven conmigo. -ordenó, interrumpiendo su palabrería- Jonás, vuelve con la manada. -le ordenó- Quédate con tu abuela, pórtate bien.

No tuvo que decirlo dos veces, el cachorro se marchó.

-¿Qué demonios, Matt? -gruñó mientras lo seguía- ¡Dime ya, demonios!

Pero Matt se lo enseñó sin advertencia previa.

-¿Kamuy? -escuchó una voz familiar- ¿Eres tú, Kamuy?

Allí estaba Ángel, una ciega y semidesnuda Ángel. Con el cabello sucio y desnutrida, en sus huesos casi.

-¿Qué. Mierda. Es. Esta? -retrocedió con temor y sorpresa, observó a su primo a la espera de una explicación- ¿QUÉ CARAJOS, MATT? -terminó explotando.

-Cálmate, ¿quieres? -pidió entre dientes- Necesito tu ayuda.

Desde 1953, el gobierno de Arabia Saudita estaba impuesto por un primer ministro, el cual era rey. Esto es porque, allí, era la monarquía la que regía el rumbo del país.

-¿Te he dicho hoy que estás hermosa? -se burló su caballero- Preciosa, pareces una reina.

Ella lo observó con el ceño fruncido y las mejillas sonrojadas, él la sacaba de quicio incluso con un halago.

Los señores demonio mantenían contacto con los jefes de Estado de sus tierras, algunos mantenían un contacto más estrecho que otros.

-Cierra la boca si no vas a decir nada inteligente, Amads. -recomendó Melek- Ponte serio, hombre.

Tomoyo estaba contenta de tener a Melek a su lado, esta sería la primera vez que hacía algo de este estilo. Y tenía que ser en un país no libre, con pena de muerte y mujeres oprimidas… ¿Dónde se estaba metiendo?

Todos estaban vestidos con túnicas, ella y Melek con los rostros y el cabello cubierto mientras eran escoltadas. Melek con Omar y ella por Eriol y Amads. Estaban en Raid, por abrirse paso al Palacio Real al-Yamamah y hablar con el jefe de Estado. Estaba altamente custodiado, nada que el encanto de sus ojos amatistas no pudieran resolver.

Colocó a todos los guardias y personal en estado de transe, al igual que con el esbirro en Egipto. Amads guio el camino, siendo que él, con Kaios en su cuerpo, había visitado el palacio en ocasiones pasadas.

-No será un hombre fácil de tratar. -advirtió, aunque era algo que todos sabían- Y tú eres mujer.

-Ana es mujer también. -gruñó ella, aunque sabía que él sólo mencionaba un hecho y no un reclamo.

-Ana es un demonio. -escupió su caballero- Y los demonios asesinan.

Ella detuvo el paso, fue cuando Melek la instó a retomar el ritmo.

-Tomoyo también. -le recordó ella, un hecho que nadie debería de olvidar- Y morir por su mano será lo más cercano a Alá que tendrán ellos, andando. -ladró.

Ana tenía Arabia en sus manos, su nariz metida en la política y la economía, aunque no en la justicia. Conseguía los tratos clandestinos con Europa y Asia, le daba un buen porcentaje al rey y todo se mantenía en la oscuridad. Si ella quería manejar Arabia, debía obtener el apoyo del rey, así podría ganar derechos sobre la población sobrenatural y mejores tratos. Acabar con los almacenes y la trata, la esclavitud y recuperar terreno.

Desde que había vuelto a Arabia, con los mestizos, se había estado preparando para aquel momento. Si bien tomó la decisión luego del ataque de Kaios, ella sabía que, si comenzaba a tomar riendas en el asunto, empezaría con Arabia.

Porque los mestizos eran su alianza primera y más leal.

Porque Arabia había sido el inicio de todo.

Porque, así, tal vez Amads saldaría su cuenta de una vez por todas.

El primer ministro era un hombre de estatura mediana y entrado en los cuarenta y tantos. Con barba canosa, anillo relucientes y ojos oscuros.

-Buenas tardes, primer ministro. -saludó, sus ojos brillosos- Lamento interrumpir de esta forma y con estos modos… -se disculpó mientras Omar y Amads cubrían las ventanas, Eriol se quedó cubriendo la puerta mientras ella y Melek quedaban frente al escritorio del rey- Pero, creo que estará de acuerdo, la ocasión lo amerita.

Melek arrojó las túnicas que cubrían su cabeza rapada y su cuerpo, alzó su brazo demoníaco y avanzó dos pasos.

-Señor, estamos aquí para informarle los cambios que atravesará el país en el futuro inmediato. -espetó la general- El dominio de la señora Ana y su séquito demoníaco será depuesto, el Puente, aquí presente, administrará los asuntos que Ana llevaba. -le informó sin lugar a cuestionamientos- Ella, apoyada por los mestizos de África y parte de Asia, tomará el lugar de Ana.

-Así es. -asintió, tratando de no delatar su nerviosismo- Y he venido aquí, con usted, por respeto y educación. -le dijo ella- Si bien los asuntos del mundo sobrenatural no le corresponden a los humanos, entiendo que los señores demonio se entrometen en la política y economía de sus tierras.

-Así es como es que funciona el mundo, sí. -escupió el hombre- ¿Usted pretende cambiar los modos? -inquirió con burla e incredulidad- Es usted una niña, una mocosa, por lo que sé.

-Más respeto, viejo. -escupió Amads- Estamos aquí por las buenas, pero bien podríamos hacerlo por las malas…. -le recordó, en advertencia- Toma la diplomacia, mantente con vida. -le recomendó- Podríamos matarte y poner a uno de los nuestros en tu lugar, hacerlo pasar por ti. -se jactó.

-Podríamos hacer muchas cosas más divertidas que estar perdiendo nuestro tiempo con usted. -afirmó Melek- Pero estamos aquí, ¿verdad?

-Tsk. -escupió- Ana sigue con vida, Kaios está a solo unos kilómetros. -les recordó con altanería- ¿En serio creen que podrán tomar Arabia? -inquirió con diversión- Ana lleva aquí más de trescientos años, ustedes ni tres minutos. -señaló la puerta- Vayan, vuelvan del agujero de donde salieron.

Amads la observó, a la espera.

-Córtale una mano. -sugirió ella.

-¿No cree lo que le decimos? -entrecerró los ojos, intentó verse intimidante.

-Córtale los pulgares. -volvió a sugerir, sonriente- No te cree, lo sabes… Te subestima.

Él suspiró, ella se mordió la lengua.

-Podré ser humano, pero tú eres una cría. -dijo- Sé acerca de ti, sé que ellos tienen planes. Que él tiene planes.

-Yo también tengo planes. -le confesó.

-Córtale… la garganta. -fue su sugerencia final, la cual expresó en tono cantarín.

-Yo también… -una flecha de luz se materializó en su mano- Tengo planes.

-AAAAAAAHHHHHH.

-Roma no se construyó en un día. -le recordó- Tampoco sin algo de sangre derramada.

Observó la sangre que alcanzó salpicar su mano, había apuñalado la palma del primer ministro de Arabia Saudita; nadie respiró, temerosos de interferir en el momento.

-Tendremos comunicación directa. -le hizo una seña a Melek, ella dejó el teléfono sobre el escritorio del rey- Se acabaron los tratos por debajo de la mesa, la fortuna que amasó con todos ellos debería bastar para usted, sus hijos y futuros nietos. -le advirtió con autoridad- La minería y el petróleo, los contratos serán revisados y, hasta entonces, se detendrán. Manejará la ley y la justicia de los humanos, yo la de los no humanos. La política exterior y la economía serán supervisadas, no se aceptarán contratos con-

-¡MALDITA PERRA! -rugió, sosteniendo la herida para detener la hemorragia.

-¡Calla! -Melek lo abofeteó- Y escucha, presta atención.

-Si no acata las condiciones, lo depondré y escogeré un heredero que sí acate los términos. -advirtió ella- Arabia Saudita está ahora bajo mi jurisdicción… le recomiendo no sublevarse.

¿En qué se estaba metiendo?

Se dio la vuelta, Eriol le abrió la puerta y ella envolvió su cabeza nuevamente con la tela fresca.

Era el inicio de una revolución, ella haría justicia.

-Que el mundo se cuide. -sonrió- Porque el Puen Tum está de nuevo para mantener el orden.

Sí, eso esperaba.

Tania había comprado una paleta de camino al edificio en el cual el primer ministro y casi todos los esbirros del país, Marco adquirió una nueva cajetilla de cigarrillos y ella declinó la oferta.

-Estamos a punto de dar vuelta París. -le recordó ella a la bruja blanca- Uno de nosotros, por no decir todos, podría morir en la siguiente hora.

-Cada uno toma la batalla final como quiere. -fue la respuesta profunda de Marco, un cigarro ya en su mano- ¿Tú y tu compañero cómo lo hacen? Nosotros-

-Nosotros disfrutamos de una cena deliciosa o, quizás, un rico postre. -dijo ella mientras disfrutaba de su dulce de cereza- Sexo. -le sonrió- Un dulce. -le enseñó el propio- Nunca sabrás cuál será la última vez.

Ella hizo una mueca, demasiada información sobre dos extraños. Se detuvo para sentarse en una banca y comenzó a quitarse sus zapatos, traía consigo unos patines y debía ponérselos, no quedaba mucho camino para llegar al objetivo. Debía ser un trabajo rápido, limpio y certero. Los esbirros eran la parte sencilla, pero Mirko estaría allí dentro con quién sabe qué más sorpresas.

-Eso es verdad. -asintió mientras ataba las agujetas- Nunca sabrás… cuál será el golpe que termine con todo. -los observó a ambos- O de parte de quién. -tomó sus zapatos, los descartó en un depósito de basura- Salto. -llamó y las alas aparecieron junto a sus patines- Veloz, Viento… es hora. -sacó unas antiparras de su abrigo y se las colocó- Nos vemos… tal vez.

Se alejó de ellos, escuchó el grito de Tania y, lo que seguramente era, un pataleo para Marco. Ella aceleró rumbo al edificio donde residía el primer ministro, los parisinos se apartaban de su camino en la acera, su cabello se agitaba con el viento y la velocidad.

Habían cuatro esbirros en la entrada, seis más cerca de allí, como una pared de respaldo para la seguridad. Ella se detuvo a dos calles, un minuto más tarde la alarma estaba sonando.

Debido a los actos de terrorismo que atravesaba el continente, de los cuales París no estaba exceptuado, habían instalado una alarma que daba aviso a la población en general. Primero, sonaban las sirenas, similares a las que daban aviso a los bombarderos en las guerras. Luego, un mensaje pregrabado con instrucciones en general.

-Este no es un simulacro. -advertía- Ciudadanos, deben alejarse de zonas de riego y mantenerse a salvo donde las fuerzas policiales indiquen. Esto no es un simulacro, se dio a conocer un acto terrorista.

Luego, ella enviaba el anzuelo para alejar a la población.

-Vamos, Espada… -murmuró mientrasEspada tomaba la forma de una pistola en su mano. Ella se colocó en medio de la calle.

Pum, pum, pum.

Y comenzó a disparar hacia distintos puntos aleatorios, siempre cuidando de no herir a nadie pero sí de dar una falsa idea de que aquella sí era la intención. Necesitaba algo más ruidoso, Fuego ya se había separado de ella dos calles atrás y debería estar explotando autos.

PUM, PUM, PUM, PUM.

Las personas comenzaron a gritar y huir despavoridas, se agolpaban por las prisas y varios derramaron una que otra lágrima ante la idea de poder morir.

No, aquella misión no fue satisfactoria, no era la idea de un plan bien elaborado que tenía. Sin embargo, era todo lo que tenían.

-Maldición. -escupió antes de darse la vuelta y volver a deslizarse rumbo a su objetivo.

-¡Es ella! -gritó uno.

-¡Es la bruja, vamos!

Apuntó a Espada, Veloz le dio impulso y ella disparó.

-¡Ah!

Disparó, disparó y disparó. Vio objetivos, no rostros, y ella dio en el blanco en cada ocasión.

En

cada

maldita

ocasión.

Cuatro abajo, ella saltó las rejas y la recibió una lluvia de agujas, se cubrió con el brazo y disipó con Viento las restantes. Derribó otros dos antes de que las bolas de fuego comenzaran a llegar de todas partes. Escudo resistió, pero no sería así ante cada ataque.

-¡Ya llegamos! -chilló Tania, llegando con un arco blanco inmaculado y flechas de energía entre sus dedos. Parecía un maldito ángel, a ella le repugnó.

Tania era una bruja blanca, obtenía sus poderes de la naturaleza sin necesidad de derramar sangre y entregar sacrificios. No era una virgen, tampoco una santa, y, por ende, no debería sentirse mejor que nadie. Había asesinado, claro que sí, pero sólo seres que se lo merecieran. Sin embargo, no parecía tener incidentes con poner civiles inocentes en peligro.

-¡Tsk! -Escudo volvió a salvarla de ser rostizada, ella debía moverse y dejar de exponerse al descubierto.

Se dio vuelta cuando escuchó pasos, muchos pasos.

-Diablos… -murmuró Marco a su lado, una espada descansando sobre su hombro y un cigarrillo entre sus labios- Eso es un ejército numeroso.

Una veintena de esbirros, seguramente Mirko trajo los de Bélgica y el resto de Francia. Todavía no se habían escuchado explosiones, lo cual significaba que Kelian y Shaoran no habían comenzado siquiera… Lo cual quería decir que necesitaban seguir comprándoles tiempo.

-Sí… -estuvo ella de acuerdo- Diablos.

Guardó a Espada en su cintura, llamó a Flecha y Disparo para matar el tiempo fuera en lo que Fuego regresaba junto a Espejo con Kero detrás. Ella quería volar el edificio, derribar los muros para que sus enemigos no tuvieran otra oportunidad que enfrentarla. No podía usar a Tierra y replicar un terremoto, los túneles estallarían en cualquier momento y ella no podía apresurar aquello. Se escondió detrás de un puesto de seguridad, los proyectiles comenzaron a volar en ambas direcciones y necesitaba guardar fuerzas para su verdadero enemigo.

-Martin está dentro. -le informó Marco, escondiéndose junto a ella- No podremos contra los dos si viene junto con Mirko.

-Vendrán juntos, porque ellos saben que es así. -escupió ella.

-No es el objetivo acabar con el señor y el siervo de este país. -le recordó- Los túneles, el primer ministro… esos son.

-¡Ve y díselos a ellos, Marco! -gruñó.

-¡Oigan! -rugió Tania- ¡Algo de profesionalismo por aquí, eh!

Era… como gelatina, como goma de mascar. Lo controlaba con sus manos, como la fuerza de la luna guiaba las olas. Ella barrió los cuerpos, formando un sendero de sangre. La protección se arremolinó alrededor de sus piernas mientras ella caminaba al frente y al centro.

Ventanas se abrieron en el segundo piso, varas afiladas fueron disparas hacia la bruja que se atrevió a acercarse al edificio.

-¡Rayos! -escupió la castaña, maldiciendo el pronto y certero baño de sangre.

La masa rodeó a Tania, parecía una muñeca dentro de una esfera de nieve, nada pudo tocarla. Las varas no lograron perforar su defensa, cayeron junto a ella, sobre el suelo, y allí quedaron.

-…increíble. -se le escapó de entre los labios.

-Esta es… la defensa absoluta de Tania. -asintió Marco, compañero de la bruja blanca- Tania Betancourt, descendiente de Sabina Betancourt, la cuarta hija de Gia.

Claro, un regalo de la santa madre. ¿Cómo no? Ya se le hacía familiar actitud molesta. De tal madre, tal hija.

Antes de la balacera, antes de la alarma terrorista y antes de que Sakura comenzara a moverse, Shaoran se encontró frente a una gran decisión: ¿Cuánto valía la vida?

La vida de un desconocido, la sangre de un inocente, alguien que no tenía nada que ver con él.

Tal vez no eran santos,

Tal vez pecaron,

Pero… ¿No lo hacemos todos?

¿Cuándo una vida vale por encima de otra?

¿Quién lo decide?

-Shaoran.

Él no, eso de seguro.

Había colocado ya tres cargas, la cuarta debía ser colocada en la conexión de gas del edificio de apartamentos, donde habían varias familias ajenas a su mundo.

-Tengo que hacerlo. -le dijo- El túnel… necesitamos lo que sea que haya allí.

-¿Lo vale? -inquirió Yue- No eres un asesino.

-¡Díselo a Gia! -masculló él, revisando el perímetro para colocar la carga sin llamar la atención.

-Podemos ahorrarnos la sangre, puedo ayudarte. -comentó- Rompe la conexión, da aviso al encargado del edificio y estará vacío para cuando detones la carga. -se apresuró a explicar su plan- Lo mismo en la escuela, el protocolo para evacuar tomará quince minutos. Veinte, máximo.

Era un buen plan, corrió contra reloj para llegar a tiempo con las cargas restantes.

-Esto no asegura que nadie saldrá herido. -le hizo ver él.

-No, seguramente habrán heridos y, tal vez, muertos… -aceptó- Pero, al menos, hiciste lo posible por reducir esos números al mínimo.

Estaban saliendo de dar aviso a la escuela, rumbo al último punto, cuando la alarma comenzó a sonar.

-Este no es un simulacro. -advertía- Ciudadanos, deben alejarse de zonas de riesgo y mantenerse a salvo donde las fuerzas policiales indiquen. Esto no es un simulacro, se dio a conocer un acto terrorista.

-¡Rayos! -escupió, la caja de panecillos casi vacía entre sus manos.

La gente comenzó a dispersarse, a correr, y él debió empujar a varios para llegar a su último punto. Ahora, debía encontrarse con Kelian a diez calles de allí.

Rápido! ¡Toma un cuerpo, el que sea, y coloca la carta sobre su pecho! -ordenó el guardián- ¡Volará las cargas pronto!

¿Cuánto

vale

la

vida?

Tomó a un hombre, llevaba traje gris oscuro y portafolios, el cabello color arena y los ojos marrones claros. Lo tomó por las solapas de su saco, la empujó contra la pared sucia de un callejón y le estampó la carta de Yue en su pecho.

-…lo siento.

Yue tomó el contenedor, las cadenas de Sakura se había desvanecido dos meses atrás y él se liberó de su forma de carta para tomar posesión del cuerpo. Tez blanquecina, ojos grisáceos y cabello largo y sedoso; aflojó la corbata del traje y soltó el portafolio.

-Esto está mejor. -murmuró para sí- Mucho mejor.

-¡Vámonos! -gritó él- ¡No nos queda tiempo!

Ambos comenzaron una carrera alocada en medio de una multitud caótica, oyeron sirenas policiacas y observaron ambulancias. No pudieron oír los disparos, pero sí sentir las presencias en movimiento en el Palacio de Eliseo, donde el primer ministro, el señor de Francia, el siervo de París y muchos esbirros se encontraban. Kelian los estaba esperando sentado sobre el capó de una camioneta, un dispositivo de largo alcance en su mano izquierda.

-¿Has podido cumplir? -inquirió, sus ojos analíticos sobre los de él.

¿Quién

decide

quien

vale

más?

Asintió.

-…bien.

Y Kelian detonó catorce cargas explosivas, fue visto como un acto terrorista que se cobró treinta y ocho heridos y cinco muertos. Unos adolescentes en la escuela, una madre con sus niños en el parque y un anciano profundamente dormido en su departamento.

-Entraremos, síganme.

Todos huyeron del epicentro de las explosiones, ellos tres fueron los únicos que corrieron directamente hacia una de ellas. Fue la del parque, una carga que Kelian colocó. Saltaron y cayeron dentro del hoyo, paredes hechas de piedra y cubiertas de moho, sin iluminación alguna.

-¡Rápido, ya vienen! -gruñó el mago.

Shaoran escuchó muchas pisadas, palabras ininteligibles y a penas podía ver la espalda de Kelian. Los túneles tenían muchas bifurcaciones, pasaron junto a algunas de las aberturas en el techo producto de la dinamita que utilizaron y el ruido de las sirenas y el caos era igual de atronador en cada uno.

Yue se detuvo, la luz de sus flechas dirigiéndose hacia la retaguardia.

-Ya están aquí… -corrigió el guardián de la luna.

Él retiró su espada del sello y se puso en guardia, eran cinco esbirros.

-Vaya, vaya... -comenzó a burlarse uno de ellos- Si es Rolvsson. -escupió mientras daba dos pasos delante, junto a la flecha de luz que aterrizó en el suelo empedrado del túnel- El hijo de mami, el perro más fiel de la señora Gia… Ahora sé que no puedo dejarlos avanzar.

Rolvsson, Shaoran se esforzó por guardar aquel apellido en su memoria. El apellido de Kelian, el más misterioso de los niños de Gia, así como el más leal.

-Saber quién soy y creer que puedes detenernos… -espetó el mago- Madre siempre obtiene lo que quiere.

Yue y Shaoran se observaron de soslayo, el túnel era estrecho y a penas cabían ellos dos lado a lado. No podían desatar una pelea allí, debían despejar el túnel, capturar el objetivo y volver como refuerzos al Palacio de Eliseo.

-Guardián, elimínalos y danos alcance. -fueron sus órdenes- Andando, Shaoran, no estamos lejos del-

-¡Perro bastardo!

Pero Yue comenzó a disparar flechas y él tuvo que volver a correr tras Kelian, de vuelta a la oscuridad.

-¡Ayuda! -bufó- ¿En qué diantres estás metido ahora, Matt? -señaló el hoyo en el árbol, bajó la voz para decir lo siguiente:- ¿Qué significa eso?

Matt frunció el ceño, no le gustó para nada el término que utilizó para referirse a su amada.

-Eso es Ángel. -gruñó, dando un paso al frente, más cerca del lobo del Desierto- Y necesito tu ayuda para sacarla del Zoológico.

-¿¡Qué!? -espetaron Kamuy y Ángel a la vez.

-Nadie puede enterarse de su regreso. -les hizo ver a ambos- Necesito sacarla, ponerla a salvo con alguien de confianza.

-Alguien… de confianza. -hizo eco ella, pensativa.

Kamuy retrocedió dos pasos, había un lockdown definitivo en el Zoo y Camille era la única con la llave para abrirles la puerta.

-Cami sigue sumida en un sueño profundo, no sé cuándo vaya a despertar. -confesó- Lo siento, ella es la única que podía abrirte la puerta.

Pero aquello no pareció desanimar a su primo político, lo cual lo hizo sospechar de que no lo había llamado para pedir ayuda a Camille.

Entonces, ¿quién? Sólo Camille y los Pilares, así como el Puente, podían abrir agujeros entre planos. Jairo había abierto la puerta con un hechizo de Collette, quien poseía la misma firma mágica Pratt de Camille. Luego de aquellas cinco personas, la única opción era…

-No. -negó, adivinando sus planes- Ya no está aquí, se marchó hace días. -entrecerró los ojos- ¿O a caso…?

-Ella se marchó, pero dejó detrás una forma de hacer contacto. -le confesó él.

-¿Y tú confías en ella? -escupió, incrédulo- Por favor, en serio estás desesperado, Matt.

Y aquello era cierto.

Observó a la mujer ponerse de pie, sus piernas temblorosas como gelatina y sus ojos a ciegas mientras daba pasos indecisos hacia ellos dos.

-Gia dejó el Zoológico, estamos casi seguros de que ella se robó a los gatos de Felis. -espetó, tratando de convencerlo, de que desista de tal locura.

-¿Y qué hay con eso? -lo cortó sin dudar- Esos gatos no pertenecían al Zoológico ya.

-¿¡Qu-qué dices!?

El lobo borgoña se sorprendió de tal comentario. ¿Era idea suya? ¿O Matt estaba justificado la acción de Gia? Era el Infierno, su aliado, quien quería devuelta todos los exiliados para desarmar al enemigo. Gia jamás fue amiga, pero nunca antes le había dado razones al Zoo para ser enemigos hasta que se llevó a los gatos. No era propio de Matt expresar su opinión sobre temas tan controversiales, solía seguir órdenes e intervenir por sus aliados y amigos nada más.

Entonces, ¿qué significaba esto?

-Oye… -lo llamó, rogando en su interior estar desvariando por su auto confinamiento en el acuífero- Dime que no lo hiciste, colega. -sonrió, una sonrisa tensa y nerviosa- Dime que no es lo que creo, Matt.

La forma endeble de Ángel logró llegar junto al lobo medianoche, sus pequeñas y frágiles manos se aferraron a su pelaje mientras Matt lo observaba a él en silencio.

No dijo que sí, pero tampoco lo negó.

-… Matt. -murmuró, temeroso de oídos ajenos atentos a su reunión furtiva- Si se enteran que la ayudaste a tener a los gatos, Jonás y tú serán exiliados.

-Yo jamás afirmé tal cosa. -dijo, seguro y sin titubear.

-¡El exilio será el castigo más leve, podrían matarlos a ambos! -exclamó, furioso por tal insensatez- ¿Qué estabas pensando? ¡Jonás ya perdió a su madre, por Dios santo!

Estaba enojado, Kamuy estaba furioso. ¿No se suponía que Matt era el listo entre ellos dos? Actuar para Gia era una navaja de doble filo, la madre de lo sobrenatural no tenía amigos ni aliados.

-…Matt, ¿qué has hecho? -fue Ángel la que preguntó en aquella ocasión.

-Hice lo que tenía que hacer. -declaró con firmeza- Nada más, nada menos. -se volvió hacia su primo- Ahora Jonás podría tener devuelta a su madre, ¿vas a ayudarme o vas a interponerte en mi camino? -lo retó- …no confío en nadie más aquí, Kamuy. -agregó.

-Amor mío… ¿qué estás haciendo? -oyó el lamento de la rubia- Esto está mal.

Sí, tal vez estaba mal. Pero, en comparación con pecados cometidos en el pasado, no estaba tan mal.

-…conozco un lugar. -respondió luego de unos minutos de pensarlo- Volveré en la noche, nadie puede verla aquí.

Volví, bebé (:

Debo admitir que me encuentro más atareada en cuarentena que antes en mi vida normal, creer o reventar. Entonces, encontrar un momento para escribir es difícil.

Lagen, aquí solo hay sorpresas bebé ;D Espera dos o tres capítulos más y tendrás algunas respuestas.

Volvió Ángel, porque la tercera es la vencida y todavía no decido si se queda o se va, pero causará algunos bellos desastres antes de que pueda partir.

Hablando de traumas mentales, ¿alguna vez dejaré juntos a Sakura y Shaoran sin problemas?... Sigan la historia, pero nunca dije que sería un cuento de hadas.

Tomoyo en modo queen de Arabia es mi Tomoyo favorita, adoro cuando aparece y se empodera de todos.

Próximamente: la historia de hijo más leal de Gia, Kelian Rolvsson.

Los amo, manténgase a salvo 3