Capitulo 45
Finales de Diciembre…
Hermione llegó a San Mungo muy nerviosa. Era su segunda revisión con el doctor y si todo iba bien, podría ver en el monitor a su pequeño que ya estaría mejor formado. O por lo menos eso le había dicho el doctor en la primera visita.
Estar en la sala de espera era un verdadero suplicio para ella, viendo a todas esas parejas de magos que acudían a aquella cita ilusionados. No podía evitar pensar en Tom y en lo mucho que le hubiera gustado que él la acompañara también a sus revisiones. No había minuto del día en el que no pensara en él y con lo sensible que estaba por culpa del embarazo, se pasaba el día con el pañuelo en la mano. Cualquier motivo era bueno para que ella se pusiera a llorar.
El corazón de Hermione se aceleró en el mismo momento en el que la enfermera dijo su nombre. No podía controlar sus nervios, necesitaba saber que todo iba bien para poder respirar tranquila.
El doctor le preguntó qué tal había pasado aquellas semanas. La futura mamá le comentó que las náuseas eran menos frecuentes, pero no habían desaparecido. El doctor la tranquilizó diciéndole que era normal y que a muchas mujeres las ganas de vomitar la acompañaban durante todo el embarazo. La invitó a colocarse sobre la camilla, con las piernas en alto y Hermione supo lo que venía a continuación. Llevaba esperando aquel momento con mucho entusiasmo varias semanas y por fin iba a ver a su pequeño por primera vez.
Desde el momento en el doctor dijo un hechizo con la varita, una imagen salió de la punta de esta, Hermione no pudo dejar de llorar. El latido del corazón se escuchaba muy fuerte y a la vez muy rápido y Hermione se preocupó por ello.
—¿Esos latidos que se escuchan son su corazón? —preguntó sin apartar los ojos del monitor, con lágrimas en los ojos por la emoción. El médico asintió—. ¿No parece que late muy deprisa?
—Es normal señorita, a ellos siempre les late el corazón más rápido que a nosotros. No te preocupes porque eso está bien. ¿Has venido sola o está tu marido esperando ahí fuera?
—Soy madre soltera, he venido sola. ¿Ocurre algo? —El pánico se apoderó del cuerpo de Hermione cuanto vio que el gesto del doctor cambiaba a uno más serio—. Por favor, dime que mi hijo está bien. —Las lágrimas de Hermione en ese momento eran de terror.
—No te preocupes mujer, ya le he dije que todo está bien. Pero hay algo que no sé si será buena o mala noticia.
—Dígame lo que sea —levantó un poco la voz nerviosa.
—Enhorabuena, porque como bien intuí en la primera consulta, estás esperando mellizos.
Hermione sintió como el sillón en el que estaba sentada se movía, pero en realidad era su cuerpo que temblaba nervioso. No sabía si reír o llorar. Nada más recibir la noticia, se agobió muchísimo al pensar en el trabajo doble que tendría con dos bebés iguales. Sin embargo, cuando pensó el lado positivo, todos los miedos de una madre primeriza, más aún siendo de dos, se esfumaron. Sería doble trabajo, doble gasto, pero también doble alegría.
En ese mismo momento supo que aquella noticia era la mejor de su vida. Se sentía plena y rebosante de felicidad. Su vida había cambiado y aunque estuviera de nuevo en su época y lejos de Riddle, siempre tendría ese sentimiento hacia él. "Aunque él nunca llegará a saberlo."
—¿Mellizos? —preguntó su madre, cayendo en el sofá por la impresión.
—¡Felicidades cariño! —dijo su padre abrazó a su hija con lágrimas de felicidad en los ojos. Su madre seguía asimilando la noticia.
—Estoy muy contenta. Al principio tengo que reconocer que me ha dado un poco de miedo, pero ahora la idea me encanta.
—¿Te has parado a pensar en todas las noches que tendrás que pasar despierta y en todo el trabajo que conlleva criar a los dos? —dijo la Sra. Granger estaba muy agobiada por la noticia.
—Mamá, por favor, cualquiera diría que me han dado la peor noticia del mundo. Yo estoy ilusionada y decidida. No me estropees la felicidad.
—Cariño, no estás sola, nosotros te ayudaremos en todo —intervino su padre—. Aunque tu madre ahora esté confundida y sólo piense en lo malo, se alegra también muchísimo. —su padre le regaló a su esposa una mirada acusadora. Sabía que su esposa estaba bloqueada por la noticia que acababa de recibir, pero en el fondo, era la persona más feliz del mundo.
Pasados unos minutos, Abie comenzó a llorar, pero esta vez de alegría. Se abrazó a su hija pidiéndole perdón y asegurándole que a esas dos criaturas que traía en camino no les faltaría de nada.
—Aunque no tenga a su padre al lado, les daremos todo el cariño del mundo. Discúlpame hija, por favor.
Esas Navidades fueron especiales para Hermione y sus padres, estaban muy ilusionados sabiendo que, en las próximas, la familia habría aumentado. Aunque Hermione, en el fondo de su corazón, era consciente de que le faltaba una de las cosas más importantes para ella: y era él.
El Sr. Granger se presentó con dos grandes osos de peluche para ellos y los amigos de Hermione, Harry, Ginny y Ron le mandaron sus regalos. Le regaló unas sábanas para la cuna y más cosas que los padres de ella no llegaban a comprender.
—Mira cariño, he comprado unos osos y cuando sepamos el sexo de los bebés, las bordaré en el color que les corresponda, según sean niñas o niños. Te lo tienen que decir pronto, que tienes que elegir también los nombres y tenemos que comprarle mucha ropa.
—Mamá, no seas antigua. Ya no hay colores para niñas y otros para niños. Perfectamente puedes vestir a una niña de azul y viceversa. Además, no quiero estar todo el embarazo preocupada de elegir el nombre. Lo decidiré
cuando los tenga en mis brazos. No quiero conocer el sexo de mis hijos hasta el día del nacimiento.
—Hija, ¿pero eso como va a ser posible? Tenemos que saberlo antes, es muy importante.
—Mamá lo único que me importa es saber si están bien.
—Ya cariño, eso es lo principal, pero…
—No hay peros que valgan. La decisión está tomada, conoceré el sexo de mis hijos en el momento de su nacimiento.
Aunque en realidad no lo tenía tan claro, en el fondo tenía curiosidad por saberlo. En su cabeza ya barajaba varias opciones y los posibles nombres que quería para cada uno de sus hijos.
Fin de año 1951
La elfa pidió permiso para entrar en la sala donde estaba Riddle sentado frente a la chimenea. Portaba en sus manos la bandeja de plata y sobre ella varias notas. Riddle ordenó que la dejara sobre la mesa sin apenas mirarla. Su humor seguía siendo pésimo y su estado no mucho mejor que el de meses antes cuando Hermione se marchó. Se acercó al estante de licores, se sirvió una copa de alcohol y una a una, leyó las invitaciones a varias cenas y bailes de Fin de Año que organizaban varios magos y aristócratas. Sin necesidad de pensar su respuesta, rompió todas ellas y las tiró al fuego. No le apetecía acudir a ninguna fiesta.
No visitaba a ningún amigo y rechazaba todas las invitaciones que recibía para acudir a encuentros con otras personas. Su gesto huraño no pasaba desapercibido para nadie y aunque todos ya sabían el motivo principal, preferían no acercarse a él para no discutir. Además, él tampoco dejaba que nadie le visitara, sólo a su seguidor más fiel Dolohov y muy de vez en cuando.
Marzo de 2011…
Alejandra una de las mejores amigas de Hermione y amiga de Ginny, que reciente mente por ella se enteró que Hermione estaba embarazada aprovechó ver a su amiga. Tenía muchas ganas tocarle la barriga para sentir a los bebés y ayudarla a elegir todo lo que necesitarían cuando nacieran.
—¡Oh Hermione! Estás preciosa —aseguró Alejandra abrazando a su amiga—. ¿cómo están? —preguntó agachándose para poner la oreja en la barriga.
—Estamos los tres muy bien. Ayer fui a San Mungo y me aseguró que todo está perfectamente.
Hermione necesitaba la positividad y la alegría de su amiga. Sus últimos meses habían sido muy agridulces. Por un lado, estaba contenta y muy ilusionada por la llegada de sus hijos, sin embargo, no podía negar la falta que le hacía Riddle en esos momentos. Empezaba a ser consciente del gran error que había cometido al regresar a su época, pero no había nada que hacer ya. Solo aceptar que así sería para siempre.
Hermione se percató de que un hombre estaba al lado de su amiga y casi se le congela el corazón cuando comprobó que sus rasgos eran muy similares a los de Abraxas Malfoy, el hombre que había conquistado el corazón de Alejandra. Hermione tuvo que hacer un gran esfuerzo. "¡Solo son casualidades!"
—Hermione, te presento a Draco Malfoy.
—¿Esto eh… Draco? sin duda, era su enemigo de la infancia. Después de terminar el colegio y la guerra contra Voldemort no supo más de él.
¡Granger! — dijo Draco secamente.
Su amiga no presto ese pequeño detalle. Sería una historia larga que contar.
Alejandra, durante los días que estuvo fuera trabajando, no se separó de Hermione en ningún momento y un día, decidieron ir a elegir la cuna, el carrito y el cambiador.
—Draco y yo te regalamos el cambiador. ¿Verdad, cariño? —le preguntó a él.
—Sí… —consiguió decir algo incómodo.
Eligieron una bañera-cambiador de madera clara con adornos en naranja y varios cajones debajo, a juego con la cuna que le regalarían sus padres.
—¿De verdad no sabes dónde localizar al padre de tus hijos? —preguntó Alejandra cuando estaban sentados en una cafetería después de la ajetreada tarde de compras en el Callejón Diagon. Draco las miraba intentando seguir la conversación.
—Es como buscar una aguja en un pajar, Alejandra. ¡Imposible!
—¡Anda ya Herm! Algún dato tendrás de él, aunque solo sea su nombre y apellidos. Podrías viajar de nuevo y buscarlo. Si quieres yo misma te acompaño.
—Alejandra, ya te he dicho que eso no va a poder ser. Además, ¿dónde voy yo con esta barrigota? Si ya mismo en vez de andar, tendré que rodar —bromeó sin poder ocultar su gesto de angustia.
—Tiene razón cariño, no la presiones mas —dijo Draco—, Hermione lo miro anonadada, pero luego le mostro una sonrisa de agradecimiento. ¿Seria verdad que Draco había cambiado?
—Ese hombre debería saber que va a ser padre —intervino su amiga de nuevo—. No creo que le guste enterarse más adelante.
—El problema es que no se va a enterar nunca.
—Además —volvió a la carga Alejandra—, te conozco perfectamente y tus ojos me dicen que, aunque hayas pasado con él poco tiempo, ha sido más que suficiente para robarte el corazón. ¿O me equivoco?
Hermione negó apenada, su amiga no se equivocaba y a ella, no podía mentirle.
—Me trató tan bien en mi viaje —explico Hermione—, ahora me arrepiento de haber regresado.
—Con más motivo debes volver y buscar a ese hombre. ¿Es como nosotros o es Muggle?
Eh… no, no, es como nosotros…es un mago.
Más fácil me lo poner Hermione.
—Ya te he dicho que es imposible, nuestros caminos se separaron el día que regresé.
—El destino es muy caprichoso Granger, nunca deja de sorprendernos. Cualquier día puedes volver a encontrártelo. —interrumpió Draco.
—En este caso, no hay forma de que él y yo volvamos a vernos. Te lo puedo asegurar —pensó apenada al recordarlo.
Cada día que pasaba lo extrañaba más y más.
