Disclaimmer: Los personajes no me pertenecen, son de la popular caricatura Hey Arnold, del creativo Craig Barttlet. Excepto aquellos que no reconozcan, esos me los he inventado.

¡No creerán esto!

¡He tenido un mes de locos!

Primero, tiré mi computadora mientras corría bajo una lluvia tratando de no mojarme...

Luego, al revisarla, tuvo un daño irreparable en el disco duro y tuvieron que reemplazaron y no pudieron recuperar mi información.

Entonces, la cuenta que de nómina que tenía, la cerró el banco, de un día para el otro, sin avisarme y me quedé sin pago de mi quincena, y obviamente ya me había gastado todo el dinero que tenía en reparar mi computadora... Así que sólo tuve para comer en la semana un tomate, unas varas de apio y leche... En serio... eso había en mi refrigerador, claro, en lo que habría una nueva cuenta y volvían a hacer la transferencia de mi quincena... ¿Mencioné que con la contingencia, he estado paranoica y salir a otro sitio que no sea el trabajo me pone en un estado de ansiedad al nivel de un chihuahua (una raza de cachorros súper adorables pero muy nerviosos)? En fin, casi me vomito de tantas emociones que experimenté formada fuera del banco.

Después de eso, en mi trabajo, se fue la luz mientras estaba en el baño y ordenaron que todos evacuáramos y había una persona tocando con tanta prisa la puerta que se me olvidó subir el cierre de mi pantalón y llegué así hasta el punto de reunión con toda, literal, toda la planta.

Y para rematar mi semana... mientras escribía este capítulo desde cero nuevamente (perdí todo lo que había trabajado estas últimas semanas porque la muy ingenua de mí procrastinó la copia de seguridad de mis archivos en mi drive)... me llegó un olor a quemado y resulta que mi secadora echaba humo, literalmente.

¿Alguna vez han sentido que son el Eugene de su historia? Porque así me sentí... hasta mi familia me dijo que no habían escuchado que a nadie le pasara algo así (sobre todo lo del banco)...

Se los cuento porque la verdad que les he cogido mucho cariño, los veo como buenos amigos y como no puedo contarles esto en una sobremesa luego de una salida casual por café, lo hago por aquí.

Gracias por la paciencia que me han tenido, sobre todo sus mensajes de bienvenida, son maravillosos...

En especial, gracias a Butterturtle90, Mario DV (Besos y abrazos) y Beatricerodarte, sus reviews me emocionaron muchísimo, y no se imaginan cuántas veces los releí a lo largo de estos días, me ayudaron a atravesarlos con dignidad, en serio. Son los mejores.

Rosali Leon, me alegra mucho que te hayas decidido a comentar, bienvenida al barco, te prometo que intentaré que éste no reviva la tragedia de Kate y Leo... Maldita puerta angosta... aunque hay un experimento documentado en vídeo que demuestra que cabían ambos... en fin, divago, supongo que lo que intento decirte es que espero que continúes leyendo la historia y que tus reviews sean algo normal por aquí... me encantaría conocer tus opiniones...

Creo que era todo lo que diría antes de que les dejara leer el capítulo. Estoy más adaptada a mi nueva vida, así que espero escribirles más seguido, sobre todo ahora que arreglé mi compu y me gasté en esto mis ahorros... espero que valga la pena para ustedes... He aquí el capítulo 32 de Chronicles of friendship, love and poetry.

Aquella estaba resultando ser la mejor navidad en cinco años.

Gotcha con amigos en un fraccionamiento abandonado, donde tuvo lugar una serie de asesinatos sin explicación por un payaso que se ahorcó en ese mismo lugar; aderezando el momento con el drama que acechaba a ese grupo desde que los conoció en preparatoria, la oportunidad de fastidiar a la rubia engreída amiga de Rhonda, y ahora, ser testigo del momento en el que la inalcanzable Wellington Lloyd tenía que recurrir a la bravucona de Helga Pataki para recuperar a un chico...

Definitivamente se la estaba pasando a sus anchas, mucho mejor que las navidades en casa de su madre o padre con sus nuevos matrimonios y odiosos hermanastros en la aburrida ciudad de Irving Texas o en la peor ciudad para pasear en un convertible del estado de California, Santa Ana.

¡Ese debería ser el verdadero espíritu de estas festividades!

Ver cómo caen los otrora "Grandes" y qué tan bajo lo hacen...

Literalmente podía sentir la relación inversamente proporcional que existía entre la mortificación del conocido trío de morena, rubia y pelirroja, con su propia felicidad.

-¡Por Dios, Agatha! Esto sería menos surrealista si dejaras de sonreír como psicótica- reclamó Nadine, mientras se abrazaba a sí misma sintiendo escalofríos, que sólo aumentaron cuando Sid intentó calmarla colocando una mano sobre su hombro, no estuvo más de dos segundos ahí, Stinky sujetó ambas manos de su amigo y mirándolo con los ojos llenos de lágrimas, exclamó con voz estr angulada su consternación.

-¿Puedes creerlo Sid?- se lamentaba el chico -Rhonda y Harold terminaron- Iggy y Sid rodaron los ojos, no era la primera vez que Stinky reaccionaba así ante una ruptura en el círculo social que frecuentaban, en realidad, desde su rompimiento con Gloria (con quien estuvo en su relación más larga, casi 3 meses, todo un récord) Stinky no lidiaba bien con el sentimiento de pérdida.

-¡Cállense zopencos!- la rubia se veía bastante intimidante, consiguiendo la atención que esperaba -Y Agatha... Nadine tiene razón, aterra tu sonrisa, quítala- no tuvo que repetirlo, la chica volvía a tener la altanera expresión de siempre en su rostro -Tú debes estar desequilibrada Princesita, si por un solo segundo consideraste siquiera que si el chico rosa finalmente te vio por el ser chupa almas que realmente eres, yo iré a contradecirlo e intentar que sea miserable contigo- Lucy soltó una exclamación de asombro, el aplomo con el que esa joven hablaba y enfrentaba a la pelinegra, de quien emanaba un aura formidable, del tipo de personas que te llevan a hacer lo que quieren sólo por quedarse mirándote demasiado tiempo en silencio... Aun así, la rubia la encaraba y se dirigía a ella con esa insolencia... Lucy Bale la admiraba. Lila tuvo que darle un codazo disimulado para que se mantuviera callada, lo último que necesitaba era que Helga se fijara en ellas en un momento como ese, o peor aun, Rhonda... no... lo que sería peor era que ambas se fijaran en ellas.

-No lo repetiré. Ya me escuchaste- fingió revisar que su perfecta manicura continuara intacta, (tuvo que fingirlo porque obviamente ella sabía que sus uñas continuaban perfectamente pintadas) -Si tan segura estás de que perderás...- dejó la oración incompleta, con toda la alevosía de conocer de primera mano el tamaño del orgullo de la menor de las Pataki.

-¡Já! Ni como broma es gracioso, Wellington. Ya sabes cómo terminará esto. Yo tendré la victoria y tú sólo te mancharás ese pulcro rostro- Helga se cruzó de brazos, con la seguridad de haber dicho la última palabra, pero un Lloyd es siempre quien tiene la última palabra.

-Decidido entonces. Si pierdes, harás lo que te pedí, y si no... puedes pedirme cualquier cosa- la rubia la miró rabiosa, había aceptado una apuesta que no quería ni necesitaba... pero algo en su periferia izquierda captó su atención. Phoebe aferrándose al brazo de Gerald. Y contrario a lo que pudo pensar que pasaría, la escena no le provocó celos... bueno, al menos, no solamente celos... si no, le hizo recordar ciertas circunstancias que complicaban la vida de su antigua mejor amiga, y sin meditarlo una segunda vez, siendo lo único que podía pensar que quería obtener de Rhonda, terminó declarando lo que esperaba obtener de esa apuesta.

-Entonces, borra el vídeo con el que chantajeas a Phoebe- Rhonda abrió tanto los ojos que parecieron ir a salirse de su cara para rodar por el suelo hasta los pies de cierta oriental que tenía una imitación muy buena de su compañera.

Los presentes se miraron entre ellos confundidos, en sus miradas podían leerse las preguntas no formuladas que mordían en sus lenguas para retenerlas.

"¿Cuál vídeo? ¿De qué hablaban? ¡Rhonda chantajeaba a Phoebe! ¿Qué le pedía hacer? ¿Por qué Helga pedía eso? ¿Acaso no habían dejado de hablarse? ¿No estaban peleadas? ¿Por qué Agatha volvía a sonreír tenebrosamente?"

Todas ellas eran dudas justificadas, pero ninguno se animó a pronunciarlas en voz alta. Murieron en sus gargantas junto a la tensión que cargaba el ambiente cuando un muy entusiasta Arnold le hizo saber al resto que Mary, Eugene y Marcy traían consigo los equipos, las municiones y las armas que usarían. Hubo un breve momento en que el tema de la apuesta fue dejado de lado, los chicos escogiendo como pequeños en una juguetería la mañana de navidad (en realidad era muy cercano a lo que estaba pasando) Mientras que las chicas armaban un espacio improvisado para cambiarse en los enterizos térmicos que iban debajo de las protecciones. Agatha disfrutaba mucho poniendo a Mary y a Marcy al tanto de lo que había pasado en su breve viaje al auto de la castaña por las cosas del gotcha. Marcy no pudo evitar comentar lo siniestra que lucía su amiga con una sonrisa tan amplia mientras contaba algo tan tenso.

-Marcy, si no aprendes a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, terminarás sola y amargada- las chicas rieron con el comentario, que aunque la de cabello cobrizo tenía claro que no era mal intencionado, ahora sentía como si un puños sostuviera su corazón y aplicara presión en él. Marcy estaba muy familiarizada con esas dos palabras, se las habían dicho muchas veces mientras crecía, era consciente de que no se parecía a la niña de dos trenzas que participaba en la organización de caridades y jugaba al boliche con sus amigas... extrañaba a esa niña ingenua... luego recordaba su verano entre sexto y séptimo grado y volvía a decirse a sí misma que esa versión más "sola y amargada" de sí misma era quien la protegía de volver a vivir algo así. Pero cuando eran sus amigas, las personas más cercanas a ella quienes la llamaban así... dolía. Sin que pudiera evitarlo... dolía.

Helga se acercó a las tres, mayormente para avisarle a Mary y a Agatha que podían pasar al improvisado privado a cambiarse. Ella ya usaba el mono con estampado de camuflage militar en tonos marrones, así que no tenía otra cosa que hacer en esa zona, por lo que pretendía irse inmediatamente después de ver al par caminar hacia Lila y Lucy, hasta que algo en la expresión de Marcy la frenó.

-Kornblum- la llamó, al poder encontrarse con su mirada se dio cuenta de que su intuición no era errada -¿Estás bien?- el nombre de la rubia se escuchó entonces, interrumpiéndola. La menor de las Pataki nunca se enteró del "No" que la castaña alcanzó a murmurar porque Phoebe estaba a su lado pidiéndole hablar con ella -¿Nos disculpas un segundo?- se despidió de Marcy, sin notar la sombra que cubría su aura... sin notar que desaparecía al segundo siguiente cuando ya hablaba con Timberly. Helga giró en su camino tras la oriental, a donde sea que la pelinegra pretendía llevarla, y se encontró con la escena de una adolescente morena riendo divertida y la media sonrisa de Kornblum iluminando un poco su rostro. Eso la tranquilizó lo suficiente para concentrarse en lo que la unigénita Heyerdahl pudiera querer con ella.

La prima de Sheena gritaba frustrada. Estaba por salir con el cierre del traje por debajo de sus pechos y gritar que se iría de ahí, y lo mucho que odiaba ese estúpido juego. Los enterizos eran unitalla, y como siempre con ese tipo de ropa, tenía el mismo problema que había tenido desde su último año de secundaria. Odiaba que esa parte de su cuerpo la definiera, odiaba más que ella misma permitió que sucediera. Sacaba ventaja de su cuerpo. De conocer el efecto que podía tener en el género opuesto, si ellos jugaban con ella porque se veía como una muñeca, entonces... ¿Por qué no podía ella hacerles lo mismo? La mayoría del tiempo el tamaño de sus pechos la enorgullecía, la hacía sentir poderosa y le daba razones para sentirse superior a otras chicas. Pero en la soledad del probador de una tienda o en ese burdo intento de imitación de uno, no podía evitar desear que sólo se esfumaran.

-¿Todo bien, Agatha?- le preguntó Lila dulcemente, desde el otro lado de la manta que habían colocado de un auto al otro.

-¡Sí!- gritó sintiendo su voz temblorosa, y no solo su voz... también sus manos... ¿Por qué no sólo se iba de ahí? ¡Ah, claro! Porque no tenía otro lugar mejor en el que estar, y se la estaba pasando genuinamente bien, más que eso, se estaba divirtiendo. Sobre todo luego del drama que se zurcía alrededor de Phoebe, Gerald y Helga. La noche anterior escuchó a la reciente-no-tan-reciente pareja discutiendo fuera del hospital y el giro que le daba a los eventos la apuesta de Helga, sólo adornaba más su regalo de navidad. El hilo de sus pensamientos se cortó en cuanto el pecoso rostro de cierta amable sureña se adentraba en su espacio personal y la observaba con sus enormes ojos de ciervo impresionable -¡Aaaah!- soltó un agudo grito -¡Sawyer, ¿Acaso no conoces la palabra privacidad?!- la pelirroja la miró como si la cosa no fuera con ella, y terminó entrando por completo al reducido espacio.

-¿Qué sucede Agatha?- para horror de la aludida, la mirada de la pelirroja parecía desviarse a la piel expuesta que su problema con la talla del traje dejaba al descubierto.

-¡Oh por Dios, pervertida! Deja de mirarme así- pidió cubriéndose con ambos brazos y girando el rostro para tratar de disimular su sonrojo.

-Lo siento, no me malinterpretes- se apresuró a explicarse, un tono similar al que cubría las mejillas de la prima de Sheena, cubría las de ella también -Es sólo que me sorprendí un poco... son hermosas- la chica no sabía si escandalizarse o sentirse halagada con el comentario de Lila, que no se detuvo y continuó hablando -entré porque no entiendo qué te está tomando tanto tiempo, pensé que podría serte de ayuda- la joven apartó su cabello negro con destellos púrpuras, confundida sobre cómo reaccionar ante una de las mejores amigas de la chica a la que molestaba en preparatoria y terminó metiéndose con su novio... ¿Por qué estaba Lila siendo tan amable con ella?

-Es sólo que...- Agatha suspiró, no estaba acostumbrada a dejarse ver vulnerable frente a otras personas, ni siquiera su familia, pero tampoco se le ocurría qué hacer con su predicamento y Lila había sido la única en ofrecer ayuda, así que... qué más daba -el cierre no sube más allá de mis costillas- la mirada de Lila viajó una vez más hacia la piel expuesta y sólo pudo soltar un "Oh"... la pelinegra casi se pone a gritar de frustración, ¿era todo lo que diría?

-Bueno... tengo un top negro en mi bolso- su interlocutora la miró como diciendo "Bien por ti", la pelirroja sólo se explicó sin hacer mención del grosero sonido que su compañera hizo con la boca -Podría traerlo y entonces, lo puedes usar bajo el enterizo y se verá sexy- la idea no era tan mala, así que la joven sólo asintió en silencio, sintiéndose mal por haber dudado de las intenciones de Lila.

Mientras la pelirroja iba a buscar su bolso en el auto de Rhonda, le pareció extraño ver a Phoebe y Helga un poco alejadas, parecían estar hablando de un tema muy importante a juzgar por lo que se dejaba ver desde esa distancia.

-¿Vas a decir algo, hermana? ¿O sólo me observarás toda la mañana?- Helga se frotaba los brazos, esta vez por frío y no por ansiedad o nerviosismo, estaba molesta con la oriental por la manera en la que le comunicó la noticia de que estaba intentándolo de nuevo con Gerald, y esa emoción opacaba un poco a los otros pensamientos que buscaban colarse y que la hubieran puesto nerviosa, como el recuerdo de su pelea antes de la graduación o que Phoebe la vio besar a Gerald... a su ahora novio... y ahí estaba, pensar en ellos como novios, eso sí que traía la ansiedad y el nerviosismo a la superficie.

-Lo que hiciste hace un momento- la rubia frunció el ceño.

-Si estás pensando en agradecerme por pedirle a Rhonda...- Phoebe alzó su mano, deteniéndola justo ahí, con determinación en la mirada.

-Quisiera agradecerte por eso, sí... pero eso implicaría que pienso que lo hiciste sin intereses egoístas y no es el caso- Helga la miró confundida.

-¿Ahora de qué hablas, hermana?- le preguntó, sonando ofendida.

-Si ese fue un intento por verte bien frente a Gerald- la rubia arrojó sus brazos al aire mientras soltaba un grito de frustración.

-¡No puede ser! ¡Está sucediendo de nuevo!- se lamentó Helga, pero lo que dijo no tuvo tanto sentido para la oriental, que intentó preguntarle al respecto un par de veces pero la rubia ya caminaba de un lado al otro, hablando de prisa, casi como si se hubiera olvidado de la presencia de la pelinegra y Phoebe estaba segura de que así era -No puedo creer que una vez más esté pasando por esto, no puedo creerlo, me niego a creerlo... porque, ¿no se supone que ella es la lista? ¿no se supone que es casi prodigio? ¡¿Cómo es que lo está haciendo de nuevo?! Es la escena de la biblioteca una vez más, no puedo creerlo realmente, lo rechazo, desde ya, te digo que lo rechazo- decía sin parar, ni siquiera para coger aire, y la unigénita Heyerdahl hacia su mejor esfuerzo para captar cada palabra pero no estaba haciendo tan buen trabajo descifrando de lo que Helga hablaba -Una va, y claro, como se trata de tu mejor amiga, de la chica que te cuidó, que te protegió y defendió en el pasado, piensas que puedes devolverle algo de eso, que puedes hacer algo igual por ella, pero irónicamente ella no lo acepta, algo que ella hace por otros todo el tiempo, no puede creer que lo hagan por ella o dejar que lo hagan por ella, como si sintiera que no lo mereciera, ¿es un problema de autoestima? porque eres la última persona que creería que tiene un problema de esa naturaleza, porque mírate, es decir, que todos te miren, eres perfecta, eres brillante, y con una figura esbelta y estilizada, con clase, eres amable y luchas por lo que te parece correcto, y tenías a alguien a tu lado que veía todo eso y realmente lo valoraba- Phoebe no lo soportó más, la detuvo sujetándola de los hombros y consiguiendo que la rubia enfocara su mirada y saliera de esa especie de trance en la que se sumía.

-Helga, basta... para... sólo para...- la oriental la miró sintiéndose un poco visceral, no sabía qué tenía esa joven que cada que estaba cerca de ella, sentía que sus emociones intentaban desbordarse de su interior -Por supuesto que tengo problemas de autoestima, creo que de cierta forma todos tenemos algo que nos hace sentir inseguros... y si piensas que Gerald me ve como tú me has descrito... creo que hay algo que debo...- y antes de que pudiera confesar lo que hizo, en un arrebato, la rubia se soltó de su agarre y volvió a hablar de carrerilla.

-¡Lo estás haciendo de nuevo! Siempre asumes que se trata de Gerald- se quejó, Phoebe la miró con el entrecejo fruncido, cansada de que después de la aventura que tuvieron, la rubia se empeñara en negar lo evidente.

-Si no hablabas de Gerald y estabas insinuando que debería considerar seriamente a Park sólo porque se fijó en mí, me conoces menos de lo que pensé... y déjame decirte que invitarlo fue un golpe demasiado bajo, Helga- la rubia soltó un quejido frustrado y llevó sus manos a su cabello, no podía creer que su antigua amiga no comprendiera lo que estaba intentando decirle.

-En serio, ¿Cómo eres tan lista en tantas cosas y tan torpe para lo más evidente? No hablo de ninguno de ellos, hablo de mí. Yo. Yo, Phoebe- la aludida pareció sorprendida con la declaración de la rubia, pero seguía sin entender a dónde iba el rumbo de la conversación, una vez más, sintiendo que al estar cerca de la menor de las Pataki perdía control de la situación -Nos teníamos la una a la otra y yo siempre te he visto así... si me atreví a buscarte ese día en la biblioteca fue porque sabía cuánto amas a Gerald y podía ver que lo perdías, no porque se estuviera fijando en mí o cualquier otra teoría demente que tu cerebro haya armado en torno a tonterías... Tú estabas desilusionándolo, y sentí que si no te lo hacía ver, si no conseguía que abrieras los ojos, lo suyo se acabaría- la rubia se abrazó a sí misma, avergonzada de hablar de ese tema, sobre todo después de lo que había pasado entre el moreno y ella, pero ya estaba harta de la hostilidad que recibía de la pelinegra por sus paranoicas ideas del tiempo en preparatoria -Lo que pasó estas fechas, te aseguro que no fue algo que nosotros hiciéramos premeditadamente... tú te equivocaste y Gerald estaba vulnerable y yo siempre he sido un desastre emocional con cuenta regresiva activada que corre el riesgo de acabar con lo que esté lo suficientemente cerca cuando estalle- Phoebe empuñó sus manos con fuerzas.

-¡No te atrevas!- la rubia se sorprendió del exabrupto de su interlocutora -No te atrevas a escudar tus acciones en esa patética excusa- apretó los labios un momento, intentando contener las lágrimas que ya sentía en el borde de sus ojos -¿También fue por mi bien cuando en tu cumpleaños 16 pasaste con Gerald la noche entera? ¿Era por mi bien cuando lo llamaste a él desde la casa del árbol durante segundo y pasaron la noche ahí? ¿Y fue por mi bien cuando le pediste que no te dejara sola en acción de gracias el año pasado y canceló todos sus planes conmigo por estar contigo? ¿Y todo lo demás que pasó entre una cosa y la otra?- Helga se sonrojó ante el recuerdo de todas esas veces en las que se había sentido sola o rota y había terminado apoyándose en su mejor amigo para poder regresar a una posición erguida sobre sus dos pies luego de caerse durante su vida -Lo que más odio de ti es que no te das cuenta de lo que tus acciones provocan en la vida de los demás- aquellas palabras cayeron pesadas en el corazón de Helga... que Phoebe, la única persona que la había cuidado toda la vida, se sintiera de esa manera respecto a ella -Y lo peor es que sé que es mi culpa que ustedes dos terminaran siendo tan unidos... porque yo te quería tanto que sin darme cuenta te terminé haciendo parte de mi relación también- Helga miraba a su amiga como si fuera la primera vez en mucho tiempo que la miraba realmente, el dolor y emotividad en la voz de la pelinegra la enterneció... tuvo la intención de abrazarla, pero alguien más llegó hasta ellas, interrumpiéndolas.

-¿Todo bien entre ustedes?- Arnold llevaba en sus brazos un abrigo con forro de borrego, de esos que calientan tan bien como si tu alma bebiera un chocolate caliente junto a la chimenea. Helga se odio a sí misma al pensar que el traje y las protecciones del gotcha le sentaban bien al rubio y desvió la mirada, extrañándose al notar a lo lejos a Agatha abrazando a Lila y Brainny como si fueran sus mejores amigos.

-Sí, Arnold. Gracias por venir a asegurarte- respondió Phoebe al darse cuenta de que la rubia no iba a hacerlo -Qué atento de tu parte traer ese abrigo para Helga, es muy caballeroso que recordaras cuánto odia el frío- el chico se notó confundido por un breve instante, Phoebe tuvo que indicarle con los ojos que lo colocara sobre los hombros de la rubia. Había hablado de más, para ella, crecer junto a Helga había sido muy difícil porque constantemente terminaba comparándose con ella... Esa parte de ella, la parte que estaba celosa de a rubia, era lo que menos le gustaba de sí misma y se esforzaba por mantenerla oculta de otros, casi la deja expuesta ante Helga, pero el unigénito Shortman le había dado la oportunidad de terminar con la conversación. Arnold era el recordatorio que Phoebe necesitaba, aunque la rubia tuviera buenas intenciones, aún así, sus acciones provocaron que Phoebe y Gerald se alejaran uno del otro, era más fácil culparla a ella que a sí misma, y era menos descorazonador pensar que si la quitaba de la ecuación podría ser feliz de nuevo con el moreno. Sonrió al escucharla protestar ante las atenciones del cabeza de balón y decidió que bien podría darles tiempo a solas a los dos -Bueno... yo iré a encontrarme con Gerald- Helga se tensó visiblemente, le dejaba un mal sabor de boca ver a Phoebe alejarse sin haber podido aclarar la mente de la pelinegra. Que sus acciones tenían consecuencias en la vida de otros, dijo... no se había parado a pensar en eso ¿Se estaba refiriendo sólo a ella y Gerald o pensó en alguien más mientras lo decía?

-¿De verdad estás bien?- le preguntó el rubio en cuanto se quedaron solos. Y Helga deseó que no hubiera hecho esa tonta pregunta.

-Éramos Pheebs y yo, hablando a solas... Por supuesto que no lo estoy, camarón con pelos- el rubio sonrió con nostalgia, esos sobrenombres habían terminado por ganarse un lugar especial en su propio corazón.

-¿Piensas que vale la pena?- preguntó Arnold mientras evitaba mirarla directamente para no ponerla nerviosa. Vagó la mirada por la escena que sucedía a unos metros de ellos, Sasha había disparado accidentalmente a Marcy, que la perseguía agitando el brazo en el aire y detrás de ella, Timberly corría intentando detenerla y Jamie O. reía a carcajadas, Melissa a su lado riñéndolo por no hacer nada y Eugene y Rex sonreían sin participar activamente en lo que parecía un montaje clásico de una caricatura de los 90... "Haciendo eso parece un anciano cascarrabias" pensó con diversión sobre la chica de cabello cobrizo con una mancha de pintura púrpura en la mejilla. Notó que Helga lo miraba con una ceja alzada de manera interrogante, así que elaboró su pregunta -Todo este tema con Gerald... terminó tu amistad con Phoebe... ¿Y piensas que vale la pena?- había algo en la voz del rubio que hizo pensar a la chica que quizás él se hacía la misma pregunta, si valía la pena que su propia amistad con Gerald hubiese terminado tan mal.

-Gerald me contó lo que pasó en San Lorenzo- murmuró, casi deseando que Arnold no escuchara... la ponía incómoda tocar temas del pasado con él.

-Tu amigo tiene muy buena derecha- comentó, intentando hacer una broma, como el moreno hacía cuando la situación era tensa, pero a él no le funcionó muy bien, porque Helga no se rio, sólo cubrió su rostro avergonzada.

-Criminal, Arnoldo, ese zopenco es un salvaje- se lamentó la rubia.

-Sí, bueno. Después de eso, pasé mucho tiempo pensando que entre ustedes dos...- no pudo continuar, no le gustaba la sensación en el estómago que le daba cada que pensaba en Gerald y Helga juntos.

-Oh por Dios, no- se golpeó mentalmente, ¿Por qué había sonado como si la idea le sonara repulsiva? en realidad habían hecho muchas cosas durante esos días que eran todo menos repulsivo... Quizás la idea de que otros pensaran en ellos como pareja mientras Gerald y Phoebe seguían siendo novios era lo que en verdad la molestaba.

-Sí, lo supe cuando Phoebe me llamó un año después- eso sorprendió a Helga, no sabía que la pelinegra y el rubio mantenían comunicación -Estaba bastante desconsolada... peleó contigo... y eso la destrozó- Helga miró en dirección a la oriental, se aferraba al brazo de Gerald mientras ambos sostenían una conversación con Agatha, Sheena, Sid y Stinky. En realidad, tenía sentido que la pelinegra se sintiera justo como ella se sintió cuando dejaron de hablarse... pero no pensó en cómo se sentiría Phoebe, obnubilada por su propio dolor -Por eso te pregunto si vale la pena- repitió Arnold.

-No lo sé- terminó por soltar en medio de un suspiro. Esa mañana se había propuesto ignorar esos sentimientos que florecían en su interior por cierto moreno que volvía a ocupar el sitio junto a su mejor amiga... Había sido una ingenua por pensar que algo así era posible. Vio a Gerald reír a lo lejos y soltarle un golpe en el brazo a Sid de forma amistosa, Helga sonrió también, sentía que escuchaba la voz del Johanssen diciendo al de gorra verde algo como "Oh vamos Sid, ya madura viejo" y una piedra se formó en su vientre cuando vio la cabeza de Phoebe posarse en el hombro del moreno -¿Cuál es la decisión correcta en una situación así?- Arnold miró dolorosamente a su amor de la infancia, sintiendo impotencia al ver su semblante cubierto por el manto de la soledad.

-¡Hey, Arnold!- gritó Rhonda, agitando el brazo a lo lejos, reunida con el resto del grupo cerca de la entrada al condominio abandonado -¿Vienes?- volvió a gritar. Ambos rubios se miraron en silencio por un breve momento en el que los latidos del corazón de Arnold se aceleraron a una velocidad exponencial. Tragando con esfuerzo, ya que sentía la boca tremendamente seca ante la intensidad que la mirada azulina de la chica emanaba.

-Criminal, Arnold... deja de mirarme como si fuera un cachorrito huérfano que hallaste en la calle. Vayamos a terminar con este juego antes de que anochezca- un escalofrío recorrió a la rubia, que se abrazó a sí misma para intentar menguarlo -Yo no pienso estar aquí sin luz de día, ¿Con lo que ese pelos de borrego ha contado antes? Sí, claro... primero muerta- y al darse cuenta de lo que dijo, miró alrededor como si buscara a alguien para agregar por lo bajo -No lo decía en serio fantasma del asesino payaso- el rubio sonrió enternecido.

-Si tienes miedo, Helga, puedes tomar mi mano- las mejillas de la chica se tiñeron de rojo incandescente en cuestión de segundos.

-¡Oigan! ¿Qué no escucharon?- gritó Jamie O. -¡Ya acércate Helga, que te toca armar nuestro equipo ganador!- el comentario del Johanssen mayor hizo sonreír a la rubia, que se echó a correr sin decir una palabra más a Arnold, apresurado detrás de ella gritándole que se había sonrojado, mientras ella lo ignoraba y se apresuraba a llegar con el resto.

Al ver la escena, Gerald empuñó las manos hasta hacerse daño en sus palmas con sus propias uñas. Phoebe sintió la tensión del joven pero no se sintió capaz de decir nada al respecto.

Helga y Rhonda se colocaron una frente a la otra. Era hora del volado que decidiría quién de las dos empezaría a escoger miembros para su equipo. Eugene era el responsable de arrojar al aire la moneda.

-¡Pido cara!- se apresuró a decir la pelinegra, que sonreía satisfecha. Sid y Stinky soltaron una exclamación de incredulidad, las mandíbulas de Agatha, Lila y Mary quedaron colgando en perfecta sincronización, Nadine se cubrió la boca para ahogar un grito, Iggy, Jamie O. y Phoebe rieron por lo bajo con burla, mientras Marcy soltaba una maldición y Lucy, Melissa, Sasha y Rex miraban confundidos al resto y preguntaban qué ocurría.

-Eres una arpía ¡Yo siempre elijo cara!- protestó Helga. Wellington sólo se arregló el cabello y soltó un ¡Já! incrédulo.

-No hay ninguna regla en los volados que diga que yo no puedo elegir cara, y ya lo hice, así que no hay mucho que puedas hacer al respecto, querida- se burló, enojando a la otra capitana.

-Bien, como sea- de todas formas, Rhonda siempre elegía primero a Nadine, no era una estratega brillante cuando se trataba de juegos deportivos. No había nadie ahí que fuera tan bueno como ella... quizás eso no era del todo cierto... Gerald era mejor que ella, pero sólo porque su padre lo llevaba al campo de tiro desde que cumplió los 13... "Tranquilízate Pataki, si cae cruz, sólo tienes que elegir a Gerald primero, y si cae cara... harás lo mismo, sólo que será después de que Rhonda elija a Nadine... todo estará bien" se decía a sí misma -¡Arroja esa moneda, zopenco!- le gritó al pelirrojo, que con el nerviosismo sólo alcanzó a dejarla caer. Al asomarse, la rubia soltó una maldición mientras su rival celebraba su pequeña victoria.

-Vaya, querida... parece que esto es un augurio de quién ganara esta partida- se ufanó de su suerte.

-Parlotea todo lo que quieras Princesa Lloyd, porque definitivamente ganaré esto. No hay forma de que hable con Harold- replicó, haciendo enfurecer a Rhonda.

-¡Deja de repetir lo que apostamos!- el resto la miró confundidos, ¿Por qué pedía eso? Todos ahí ya habían escuchado la extraña petición de la pelinegra. Rhonda se aclaró la garganta antes de continuar hablando -Bien... como iba diciendo, he ganado, así que elegiré primero...- la rubia la interrumpió, con una desganada actitud, haciendo aspavientos con la mano como quitándole protagonismo a la joven, enojándola más.

-Sí, sí... todos sabemos que dirás el nombre de Nadine- replicó Helga, rodando los ojos. Rhonda era demasiado predecible en su elitista forma de pensar.

-...en realidad- retomó la palabra la pelinegra, captando la atención de los presentes -Elijo a Gerald- el nombre del moreno resonó como eco en la cabeza de la rubia una y otra vez, oprimiendo su pecho.

-¡No!- protestó apasionadamente Helga -¡Gerald es mío!- aunque la rubia lo dijo con una connotación puramente competitiva y en espíritu de la deportividad y sus ganas de vencer a Rhonda... los presentes no lo entendieron tan claramente.

-¿Qué dijo?- preguntó una incrédula Sheena.

-Oh por Dios, la mejor navidad de todas- la sonrisa tétrica de Agatha había vuelto a su rostro, aunque no muchos lo notaron, ensimismados en lo que sucedía en esos momentos.

-Esa tonta- reclamó por lo bajo Nadine, negando con la cabeza y llevando una palma a su frente... "¿En serio no se dio cuenta cómo sonó eso?"

-Ay, mátenme- pidió en un susurro Melissa, que se sentía como avestruz, deseando enterrar su rostro en la tierra. Las palabras de Helga la hacían sentir más culpable, si eso era posible, por lo que ocurría con la chica oriental y cierto miembro de la familia Johanssen.

-¡Eso, chica! ¡Díselo!- gritó un divertido Jamie O. que moría de la risa con el predicamento de su hermano menor.

-Mi hermano no se la merece, es un zoquete- se quejó Timberly, cruzándose de brazos y recibiendo el apoyo de Sasha.

-Escuché eso- reclamó Gerald, él al menos sabía perfectamente a qué se refería Helga, seguramente Rhonda frustró su plan de reclutarlo para su equipo. Ojalá Phoebe hubiera entendido aquello igual de bien.

-Esa mentirosa, descarada, atrevida, cínica- Lila tomó su hombro, en un intento de calmarla, y estar en una mejor posición para detenerla por si acaso se le cruzaba por la mente llevar su disputa a un plano físico.

-No me interesa entre las sábanas de quién juegas, Pataki. Gerald es mi elección, así que estará en mi equipo y ganará para mí- se regodeó Rhonda, haciendo que el momentáneo sobresalto del grupo menguara. El moreno caminó hacia la pelinegra, soltándose del agarre que la oriental tenía sobre su brazo.

-Oye, chico listo- Gerald se giró hacia Helga, con una diversión en la mirada que lo obligó a sonreír entretenido -No vayas a dejármelo muy fácil ¿quieres?- el aludido soltó una breve risa, mientras negaba con un movimiento de cabeza.

-Ni lo sueñes, Pataki- y ampliando su sonrisa añadió -Eres mía- y aunque extendió su pulgar para ponerlo de cabeza en una clara declaración de victoria sobre la rubia, no ayudó esa pícara mirada que sonrojo a la menor de las Pataki y que no pasó desapercibido para un iracundo rubio.

"Lo está disfrutando" pensó con molestia al ver cómo Helga luchaba con la sonrisa emocionada que quería decorar sus facciones, pero el brillo de su mirada no tenía cómo ocultarlo.

-Sigues tú Helga- susurró Eugene, aterrado de interrumpir esa atmósfera de camaradería entre el moreno y la rubia.

-Bien... porque yo elijo a Nadine- la aludida soltó un sorprendido ¿Qué? al mismo tiempo que Rhonda.

-¡No puedes elegirla!- protestó la pelinegra, golpeando el piso con un airado pisotón.

-Oh, pero querida- exclamó Helga, llevándose una mano a su pecho -en tus inmortales palabras "No me interesa entre las sábanas de quién juegas, es mi elección, así que estará en mi equipo y ganará para mí"- recitó la rubia, ufana. La bronceada rubia caminó hasta colocarse junto a Helga.

-¿Quieres volverlo personal?- replicó entonces Rhonda, luciendo sólo un poco desquiciada -Bien, hagamos esto personal- y contra su plan inicial, en el cual elegiría a Nadine y luego a Jamie O., un nombre que nunca pensó que pronunciaría en ese contexto abandonó sus labios -¡Brian!- los ojos de Helga no podían abrirse más, el resto parecía sostener espejos que emulaban su expresión, y Rhonda no podía sentirse mejor que lo que dejarla con ese pasmo le provocaba -¡Brian, ven aquí!- el confundido castaño se dirigió hacia su lugar en el equipo de Rhonda, sin saber bien por qué la pelinegra no había elegido a Arnold, si lo que quería era a una persona importante para Helga en su equipo.

-¡No te atrevas a hacer nada que lo exponga! Sabes que cuando se trata de deportes, la condición médica de Brian...- la rubia se obligó a guardar silencio, su preocupación era tan palpable que tenía a la pandilla sumida en un solemne silencio. Si quería recuperar el favor del castaño, quizás subestimarlo así no era la mejor forma. Brainny miraba a Helga impactado.

-Le importas, Brian- sobresaltado, se giró para encarar a un, varios centímetros más alto, moreno que se ubicaba a su lado -Que eso no te sorprenda. Sabes que eres su mejor amigo- el castaño regresó su mirada hacia una desesperada rubia que lo miraba con una muda disculpa en sus ojos... quizás la había juzgado demasiado duramente.

La cosa siguió por un rato. Helga terminó eligiendo a Lila, Melissa, Timberly, Sasha, Sheena, Park, Phoebe y Olga, en ese orden. Mientras que Rhonda tenía en su equipo a Jamie O., Arnold, Marcy, Mary, Iggy, Lucy, Stinky, Agatha y Sid.

Rex y Eugene no participarían, ya que serían los encargados de subir al cuarto de control, desde donde podrían monitorear a los equipos a través de las cámaras de seguridad y socorrer a quien pudiera salir lastimado. Rex se había ofrecido como voluntario y había insistido en quedarse fuera de todo, ilusionando a Eugene, que pensó que quizás podría ser la razón de ese fervor que el joven imprimió en su petición. La realidad era que Rex estaba aterrado de entrar en un sitio donde habían ocurrido asesinatos sin explicación.

-Muy bien... no son el equipo que planeé... sobre todo tú Sid- el aludido protestó con un "Hey" que fue ignorado por Rhonda -Pero ya está hecho... así que para aquellos que fraternicen con el enemigo o siquiera les pase por la cabeza flaquear por los afectos que le profesen a alguien del otro equipo... voy a meterle un tiro entre ceja y ceja... ¿Entendieron?- preguntó apuntándoles con su arma de pintura.

-No hay necesidad de ser tan agresiva Rhonda- reclamó Arnold, a quien le había picado un ojo con la punta del rifle táctico que llevaba en los brazos la pelinegra.

-¡Muy bien! Estamos por comenzar... el equipo de Rhonda entrará primero a ocultar la bandera- anunció Rex, entregando el pedazo de tela atado a una barra de metal a la capitana del primer equipo que la Wellington había nombrado "Los Fabulosos con Clase" con una pequeña extensión que sólo añadía mentalmente... "y algunos sin tanta Clase y aún menos Fabulosidad" -el equipo de Helga tendrá que esperar aquí los quince minutos que se le ha dado como ventaja al equipo defensor- la rubia bufó con fastidio.

-Sólo porque la princesita escogió Mi lado de la moneda- protestó cruzada de brazos, tener a la Señorita Perfección, a la pacifista Sheena, a una rencorosa Phoebe y a su insoportable hermana en su equipo no era precisamente esperanzador para su objetivo de derrotar a Rhonda... eso la tenía de malas.

-Aww... Pataki, no sabía que eras una bebita- exclamó fingiendo estar enternecida de su rival, sólo avivando la animosidad entre ellas.

-¡Te arrancaré esas falsas extensiones que llevas entre el cabello!- gritó dispuesta a abalanzarse sobre la pelinegra, siendo cogida por la cintura al vuelo por Park.

-Rhonda, déjala en paz. Concentrémonos en nuestro juego- pidió Gerald, sintiendo bilis subir por su garganta al ver al oriental tocando a la rubia.

-Como sea... ustedes me aburren demasiado rápido- Eugene inició la cuenta regresiva, Arnold lanzó una última mirada en dirección de la menor de las Pataki, encontrándose de frente con sus ojos, quedándose sin aliento al ver la disimulada sonrisa que le dedicaba en su dirección. Rojo como un tomate volvió su atención a las puertas que se abrían, siguiendo a su equipo mientras se adentraban en lo que una vez fue la construcción de hogares para familias de Hillwood... un codazo en su costado derecho lo distrajo, al girarse, Marcy lo miraba satisfecha.

-Vaya... parece que alguien se ganó una tímida sonrisa de la capitana del enemigo- pronunció la última palabra imitando a su dictadora personal que llevaba consigo la bandera encabezando al grupo de 11 jóvenes adultos. Arnold rió con la imitación de la castaña.

-¿También lo notaste?- preguntó emocionado, Marcy soltó una divertida exhalación y dibujó una orgullosa sonrisa en su rostro.

-Por supuesto... Quizás no seas Paris después de todo- el rubio no se había sentido más halagado en toda su vida.

-El lugar se ve espeluznante, ¿no creen?- los interrumpió Iggy -Me da ñañaras- se quejó el chico, abrazándose a sí mismo. Y hasta que el castaño lo mencionó, Arnold comenzó a ver en qué clase de sitio entraron.

Era un terreno con casas en obra negra a ambos lados, emulando una calle que tenía cerros de materiales esparcidos erráticamente a lo largo de ella... algunas edificaciones ostentaban graffitis en sus paredes, en otras habían manchas de pinturas, seguramente producto de algún juego como en el que ellos participaban y en otras edificaciones ni siquiera habían paredes. Una capa de nieve cubriendo el paisaje desolado. Al centro, donde Arnold se imaginaba que se suponía habría algún área recreativa para los hipotéticos habitantes del condominio, había un agujero enorme y dentro de él, una retro excavadora había sido olvidada.

-¿Dices que tu papá y tú adecuaron este sitio para volverlo un campo de gotcha?- preguntó escéptico Jamie O. que se esforzaba por no notarse incómodo, aunque la vibra del lugar no ayudaba.

-Sí, claro- exclamó una alegre Mary, respondiendo al moreno -Aunque no teníamos mucho presupuesto, así que sólo nos encargamos de los problemas principales... ya saben... retirar la sangre y esas cosas- pudo ser la soltura con la que la joven mencionó el tema, pero los que la rodeaban no pudieron estar más de acuerdo en lo sobrecogedor que resultó verla y escucharla.

-Recuérdenme por qué accedí a esto- pidió un nervioso Stinky.

-Aaah...- respiró Brian en la nuca del alto chico- porque... aaah... es divertido- se apresuró a responder, asustando a Stinky al toparse con su amplia sonrisa, soltando un grito agudo.

-Dejen de perder el tiempo y avancen... no estamos haciendo senderismo- se quejó Rhonda.

-Doña gruñona ha vuelto- exclamó Gerald, junto a Marcy, haciéndola reír.

-Es la experiencia de revivir la preparatoria para la que me apunté- replicó la castaña, sin notar que Arnold, a su otro lado, los observaba con el ceño fruncido.

-Ni lo menciones, sólo falta que traiga su uniforme de animadora y tendré la urgente necesidad de correr al salón del señor Figgins antes de que note que me volé la primera hora- Marcy rió de nuevo para disgusto del rubio que se sentía excluido por el tema de conversación.

-¿Recuerdas los besos debajo de su escritorio?- preguntó en tono conspirador la castaña, sacando de sus casillas a Arnold.

-¿Cuáles besos? ¿Ustedes se besaron?- eso sería ciertamente el colmo, creía que Marcy era mucho más lista que eso... andarse besando con alguien como Gerald, ¡Já! el moreno no le llegaba ni a los talones.

-¿Qué?- preguntaron los dos -Claro que no- continuó Marcy -Hablamos de los chocolates, el señor Figgins ocultaba los besos de chocolate que le regalaba Phoebe en su escritorio y nosotros, con Helga, solíamos robarlos para comerlos luego del almuerzo- explicó la castaña.

Arnold se sintió muy tonto en ese momento. Quiso que la tierra se lo tragara, sobre todo con la mirada que Gerald le dedicó, había burla y algo más, como al sonrisa de un tahúr que había notado algo que él aún no.

-¡Será aquí!-y al girar, todos los miembros del equipo entendieron perfectamente por qué Rhonda tomaba esa decisión.

La casa del fondo con el graffiti de corona y la palabra "Queen" decorándola era casi poético.