Capítulo 33

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-Así que Emma… esta Emma. Es la misma Emma que se casó con Regina antes de que transformara en la reina malvada?-. Preguntó David mirando incrédulo a Red.

-Si… el amor que compartían estas dos era algo inmenso… el que Snow pidiera ese deseo egoísta fue al final de cuentas lo que dio inicio a la reina malvada-. Dijo la morena de mechas rojas.

-No entiendo… Snow me contó algo de un chico de establo. Nunca mencionó a ninguna Emma. Ni cuando le pregunte por qué había elegido ese nombre para nuestro bebé.

-Si a mi también me contó, que había revelado un secreto de Regina y por eso habían matado a su novio Daniel. Pero nunca dijo como fue…

-Le contó a la madre de Regina que ésta amaba a otro no a su padre-. Escucharon una voz nueva.

-Maléfica!-. Dijo Red acercándose a abrazarla.

-Como… nunca te vi en la ciudad antes-. Dijo Jack.

-Si bueno… estaba encerrada en las minas, en mi forma de dragón. Al romperse la maldición volví a la normalidad. Aunque hay algo que no me cuadra-. Dijo extrañada.

-Porque estabas en las minas? Que no te cuadra?-. Pregunto Richard.

-Estaba en las minas porque un idiota que no quiero nombrar pero que estoy mirando-. Mirando fijamente a David –Me metió un huevo en el estomago, por lo tanto no pude volver a mi estado natural, y no contento con eso, provocó que mi hija fuera lanzada a este mundo. Cuando oí que Gina iba a lanzar la maldición oscura para llegar aquí, le pedí que me trajera. Pero claro! imposible tener un dragón en el exterior no?. Lo que me extraña es que ella bajaba siempre a visitarme, pero un día de la nada ya no volvió a ir.

-Espera… tienes una idea de porque lanzó la maldición?-. Pregunto Jack.

-La versión oficial o la verdadera?-. Pregunto la dragón y al ver lascaras confusas añadió –En la versión oficial, era para traer a todos a un mundo sin magia quitándoles sus finales felices, para vengarse de de Tontanieves y blablablá. La verdadera versión… para buscar a Emma.

-Entonces aún recordaba…

-Recordaba? Acaso olvidó algo?

-Al parecer olvidó toda su vida con Emma y de paso a nosotros-. Dijo Red.

-Por que haría algo así? Vendió su alma al diablo, literalmente para poder encontrarla-. Se quedó pensando la dragón –A menos… a menos que nunca la encontrara… o que la encontrara muerta.

-No Emma no está muerta. La Emma que…-. No alcanzó a terminar cuando se abrió la puerta de la habitación y la morena salió.

-Maléfica?-. No podía creer que estuviera aquí. No recordaba haberla visto durante la maldición.

-Hola hermanita-. Dijo un tanto emocionada.

-Hermanita? Desde cuando somos hermanas tu y yo?

-Realmente no recuerdas…-. Dijo la dragón desanimada.

-Porque todo el mundo sigue diciendo eso?-. Preguntó exasperada y siguió caminando hacia la salida.

-A donde va?

-Donde Rumple-. Dijo la rubia y la dragón se volteo a mirarla. No se había dado cuenta de que estaba también ahí. –Yo si te recuerdo, cuñadita-. Le sonrió.

-Emma!-. Ambas compartieron un gran abrazo –Al fin!. Co… como te encontró?

-Henry me encontró-. Dijo y al ver el ceño confuso de la dragón solo dijo –Los chicos y red te pueden explicar mejor quien es, tengo que ir con Regina-. Dijo encaminándose a las escaleras –Cuiden de Henry por nosotras!.

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"Porque tardan tanto"-. Se preguntó por centésima vez desde que salió del comensal. "Ya deberían de es… oh al fin!"

-Dime como despierto a Henry!-. Dijo la morena en cuanto entró.

-Que les tomó tanto tiempo queridas?

-La absurda imaginación de miss Swan-. Dijo Regina cruzando los brazos sobre su pecho.

-Adivinaré… le contaste su relación y no te creyó-. Dijo mirando a Emma. A lo que esta solo suspiró y afirmo con la cabeza.

-Tú también?!

-Esa es exactamente la reacción que tuviste cuando descubriste de donde provenía tu amada Emma.

FLASHBACK.

Llevaba ya diez años en este mundo sin magia. Y aún no podía encontrar información sobre Emma Swan.

Cada día se volvía más insoportable. Todos los días iguales. Uno tras otro. Una constante y agonizante rutina.

La única diferencia en sus días era cuando bajaba a las minas y pasaba tiempo con maléfica. Aunque era muy complicado hablar con un dragón. Prácticamente solo hablaba ella y Mal sentía con la cabeza o gruñía.

Hablaba de todo y de nada a la vez. Principalmente del curso de las investigaciones que llevaba el investigador privado que contacto fuera de Storybrooke, el cual tenía como misión encontrar tanto a Emma como al bebé de Maléfica. Esta última investigación era la más complicada. Puesto que la bebé no tenia nombre ni ninguna descripción física para diferenciarla, excepto por el dúo con el que cayo a través del portal. Pero de ese par tampoco se sabía nada.

El investigador dijo que Emma Swan no estaba en ninguna base de datos, ni archivo, ni nada. Como si no existiera. Pero Regina le exigió seguir buscando.

Acabada de volver de una visita a Mal, cuando al llegar a su oficina escucho su teléfono. Se apresuró a contestar.

-Diga?

-Señora Mills, habla Jake Malcovich, le tengo noticias.

-Que a encontrado?

-A Emma Swan-. El simple nombre de su amada se robaba el aliento. Al fin, después de tanto tiempo.

-Donde está?

-Se encuentra en Phoenix. Pero no concuerda con la descripción que me dio.

-No concuerda? Que quiere decir?

-Le enviaré toda la información, así como unas fotografías. Es todo lo que encontré. Es la única Emma Swan que eh podido encontrar.

-Está bien y en cuanto a la pequeña?

-Me estoy acercando. Encontré un orfanato donde dos mujeres con las mismas descripciones físicas que me dio, dejaron una pequeña niña hace casi once años. Le informare en cuanto encuentre algo.

-Bien-. Dijo colgando y acercándose a la maquina de fax.

Su ceño se frunció inmediatamente en cuanto comenzó a leer la poca información de Emma Swan.

-Esto esta mal… es imposible que sea una niña de diez años… espera que?-. Volvió a mirar la fecha de nacimiento. –Imposible-. El mismo día y el mismo año que Storybrooke fue creado. Cogió la foto que Malcovich le había enviado. Los mismos ojos, el mismo pelo, la misma sonrisa… podía fácilmente ver a su Emma en esta niña. Pero no podía ser su Emma. Esta era la hija de los encantadores. Siguió leyendo hasta la parte donde aparecía información policial. Era breve pero con información contundente.

LA PEQUEÑA EMMA SWAN, DE DIEZ AÑOS, AFIRMA HABER ESCAPADO DE SU ÚLTIMA CASA DE ACOGIDA, EN LA CUAL ERA ABUSADA FÍSICAMENTE POR LOS NIÑOS MAYORES Y SU MADRE DE ACOGIDA, SEGÚN DICE HA ESTADO VIVIENDO EN LAS CAYES DURANTE MESES, HASTA HOY QUE SE A HACERCADO VOLUNTARIAMENTE PARA VOLVER AL SISTEMA.

Recordó que su Emma le había contado exactamente la misma historia. De pronto recordó aquella vez cuando Rumple la vio por primera vez.

-Eres Emma verdad?-. Dijo el diablillo

-Como… eso no es de tu incumbencia.

-Oh claro que lo es… ella no debería de estar aquí, aún no…

-Como que aún no?

-Tú no eres de aquí-. Dijo riendo –Tú eres de un mundo sin magia… como hiciste para llegar aquí?-. Interrogó

-Tú que sabes?-. Preguntó Emma.

-Yo sé… tengo el poder de ver… el futuro, y ustedes no deberían haberse conocido, no hasta dentro de varios años, pero tomando en cuenta que el que estés aquí y mis visiones no hayan cambiado quiere decir que no interfieres, por lo que dejaré que hagas o que quieras, al menos por el momento.

Fue ese mismo día que le cambio del sexo. Rumple sabía.

FIN FLASHBACK.

-Llegaste aquí exigiéndome respuestas sobre si la niña de diez años y la chica del bosque encantado eran la misma y yo te dije que si. En ese tiempo me respetabas al menos un poco como padre… pero supongo que con la poción olvidaste también nuestra relación de padre e hija.

-Que poción?-. Preguntó Emma. Al mismo tiempo que Regina volvía a negarlo como padre.

-Si soy tu padre!. Lo descubrimos juntos poco antes de que promulgaras la maldición! Y estuve contigo durante los diez primeros años. Hasta que descubriste que la razón de todo el sufrimiento de tu amada esposa Emma, eras tú misma. Ni siquiera te importaba que fuera la hija de tu peor enemiga. Sufriste terriblemente al saber eso. En este momento te duele saber que por ti Emma creció siendo huérfana no? Y ni siquiera la recuerdas. El dolor era insoportable cuando la recordabas… -. Dijo Rumple, sus ojos llenándose de lágrimas. Emma lo miraba incrédula. Estaba diciendo la verdad –Dejaste de salir de casa. Dejaste de venir a cenar conmigo, dejaste de visitar a maléfica. Abandonaste la búsqueda de su bebé, dejaste de comer… te estabas dejando morir lentamente. No podía verte acabar con tu vida así. Por lo que entré a tu bóveda. Oculté la mayoría de las cosas que tenias de Emma, algunas están aquí otras en mi casa. Preparé una poción de olvido e hice que te la bebieras… olvidar tu dolor te devolvió a la vida. Y aunque volviste a odiarme… prefería eso a verte morir. Lamento haber echo lo que hice con Henry-. Dijo mirándolas a ambas –Después de todo es mi nieto y si, lo sé desde el momento en que nació, es por eso que lo encontré para ti-. Dijo mirando a Regina –Es lo que esperaba cuando les di aquel regalo, el pequeño siempre estuvo en mis visiones.

-Si sabias que era tu nieto por que maldecirlo?-. Preguntó Emma.

-Solo está durmiendo… no es la misma maldición en la que estuvo Blancanieves. En esta Henry no sufre ningún daño ni nada. Solo duerme, a la espera de que sus dos madres le despierten con un beso de amor verdadero. El amor de madre es el más fuerte y el más puro. Y la diferencia del amor de madre con el de dos enamorados, es que éste es Irrompible.

-Haber empezado por ahí-. Dijo Regina dándose la vuelta para irse.

-Espera-. Dijo Emma –Como… como fue que llegue al bosque encantado en primer lugar?

-Mmm, que estabas haciendo antes de llegar?

-Me estaba ahogando-. Dijo y Rumple frunció el ceño pensando.

-Que pensabas mientras te ahogabas.

-Mmm no se… recuerdo pensar que no podía estar muriendo de esa forma y desee con todas mis fuerzas encontrar alguien que me amara de verdad-. Terminó mirando a Regina.

-El agua es un conductor-. Dijo Regina. –Pero necesitarías tener magia y aún así es casi imposible de traspasar mundos.

-Pero ella tiene magia-. Dijo Rumple.

-Claro… el producto de amor verdadero.

-Enserio?-. Dijo la rubia.

-El agua, la magia, el anhelo y la desesperación fue lo que te llevo a tu amor verdadero-. Dijo mirando a ambas. Regina elevo una ceja incrédula pero no dijo nada, en cambio se volteó nuevamente hacia la puerta.

-Una última pregunta!

-Ahora que?-. Dijo Regina –Por si lo olvidas, hay que despertar a Henry-. La rubia volvió a mirar al oscuro.

-Como hago para que recuerde?

-Eso no es relevante ahora mismo-. Dijo exasperada Regina.

-Beso de amor verdadero-. Dijo simplemente el diablillo.

-Pero… la beso yo o me besa ella? Funciona si no me recuerda? Acas…

-Besa primero a Henry y ya luego bésala a ella-. Dijo perdiendo la paciencia.

-Vale… ya me voy!.

-Emma!-. La llamó cuando estaba a punto de cerrar la puerta tras de si. –Trae a mi hija de regreso-. La rubia solo asintió y echo a correr nuevamente detrás de la morena.

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-Así que Emma resultó ser hija tuya y de Nieves-. Dijo Maléfica a David.

Los dos estaban sentados en la barra de la cafetería bebiendo whisky.

-Deberían haber visto a Nieves cuando las descubrió besándose en la tienda. Estaba fuera de si. Completamente trastornada. Comenzó a decir que Regina no debía de amar a nadie, que era su madrastra, que estaba con su padre, que lo que tenia con Emma era antinatural y blablablá-. Comento Rubi llenando sus vasos y uno para ella también. Granny, Richard y Jack estaban con Henry.

-No entiendo. Que es lo antinatural?... que dos personas se amen?-. Dijo enfadado David. No podía entender la mente cerrada de Nieves.

-Intente hacerle entrar en razón que estaba siendo egoísta. Le pregunte que si acaso Regina no podía ser feliz y me contestó que no. Saben que más me dijo?, que dejara de llamarla Nieves, que no éramos ni JAMÁS seria amiga de una campesina como yo, y que debía de llamarla "princesa Blancanieves"… en ese momento fue cuando le pidió el deseo al genio-. Dijo Red tristemente.

-Que fue lo que pidió exactamente?-. Pregunto David.

-mmm Bueno, el primero fue que enviara a Emma al lugar de donde venia y que se olvidara de Regina.

-Dios.

-El segundo fue y cito Que Regina, padre y yo volvamos al castillo, y ninguno de estos campesinos mugrientos recuerde nada de esta bochornosa situación-. Terminó de decir la loba imitando la voz altanera de Nieves.

-No puedo creer que haya sido tan egoísta-. David le agarraba la cabeza con las manos. Como pudo hacer todo eso y seguir haciéndose la inocente cuando la verdadera mala del cuento era ella y no Regina?.

-Bueno había un fallo en ese deseo-. Dijo Mal y los otros dos la miraron. –Ninguna magia puede revivir a los muertos… Regina me contó que cuando aparecieron en el castillo, en efecto aparecieron los tres en la sala del trono. Pero el maldito de Leopold estaba muerto. Y bien muerto. Con dos lanzas enterradas atravesando su cuerpo, que lo mantenían de rodillas y en su frente escrita la palabra "violador". Tenía signos bastante claros de haber sido torturado. Llevaba muerto al menos unos días.

-Violador… Emma dijo lo mismo-. Dijo Red.

-Es porque lo era, nadie sabe quien lo torturo… pero todos festejaban en silencio que al rey lo hubieran matado. No era muy conocido su fetiche con las chicas jóvenes que llegaban al castillo.

-Que asqueroso hijo de puta-. Dijo David –Por qué Regina se casó con él?

-Ella no quería… fue obligada por su madre. Ella mató a su novio, días antes de la boda cuando Regina intento huir con él. Cora se enteró gracias a Tontanieves-. Dijo Mal.

-Yo le hice esa misma pregunta Nieves… ella dijo que había sido ella la que le pidió a su padre que desposara a Regina. Que quería que ella fuera su madre-. Red tenía unas inmensas ganas de llorar, si hubiera detenido a Nieves de pedir esos deseos, nada de esto hubiera pasado. Pero volviendo a analizarlo, lo más probable es que Emma nunca hubiera nacido y si eso no pasaba, tampoco hubiera llegado al bosque en primer lugar y sería un constante bucle. Que perra era el destino. Todo esto debía pasar. No se podía hacer nada.

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-Regina espera!-. Dijo la rubia intentando seguirle el paso.

-Que quieres que espere!-. Dijo sin detener su caminar. De pronto se detuvo bruscamente cuando Emma se puso frente a ella bloqueándole el camino.

-Tan terrible es imaginar que estas casada conmigo?-. Dijo intentando que su voz no sonara rota.

-No… no es… uhg-. Suspiró- No es eso, ni siquiera eh pensado es eso. Todo el mundo parece que sabe más que yo, las lobas me defienden, incluso parece que hasta encantador lo hace, tu dices que estoy casada contigo, Rumple dice que yo aceptaba el hecho de que es mi padre biológico y yo lo único que tengo en este momento en la cabeza… es despertar a mi hijo. Lo único concreto y real en mi cabeza, es él-. Dijo cansadamente mirando los ojos tristes de la rubia –Pero analizándolo detenidamente no… no seria tan terrible estar casada contigo-. Dijo con una pequeña sonrisa.

-Enserio?-. Dijo Emma levantando la mirada sin querer emocionarse demasiado.

-Si… hemos estado viviendo juntas estas semanas… no eres tan irritante como pareces-. Dijo riendo levemente y Emma se contagió de su risa –Enserio… me cantabas?-. Preguntó curiosamente a lo cual Emma asintió con la cabeza.

-Si… todas las que les eh cantado a Henry y a ti hasta ahora-. Dijo acercándose a la morena y cogiendo sus manos –Ya se había vuelto una especie de tradición entre nosotras igual que la forma en que nos hacíamos promesas… Prometido-. Dijo enganchando sus meñiques –Sellado-. Juntando sus pulgares.

-Copiado-. Siguió Regina cuando deslizaron palma con palma.

-Pegado con saliva-. Terminaron ambas con la palma en sus frentes.

-Esa es la forma en que Henry y yo hacemos nuestras promesas-. Comentó la morena –Nunca supe de donde lo había sacado-. Una pequeña lágrima escapó de sus ojos.

-Supongo que tu inconsciente mantuvo eso de recuerdo-. Dijo con una sonrisa colocando su mano en su mejilla limpiando la lágrima.

-Crees que pueda recordar?-. Preguntó cerrando sus ojos. Emma juntó sus frentes aún con sus manos en sus mejillas. La morena se aferró a su chaqueta de cuero rojo.

-Eso espero… pero si no… siempre podremos crear nuevos recuerdos-. Le besó la frente y se separó de ella, cogiéndola de la mano la condujo al hostal de la abuelita –Vamos a despertar a nuestro hijo.

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Llegaron al pasillo fuera de la habitación de Henry, encontrándose con los chicos fuera.

-Ya recuerda?-. Preguntaron ambos poniéndose derechos cuando las vieron llegando cogidas de las manos.

-No, aún no-. Dijo tristemente Emma y los chicos nuevamente se desanimaron.

-Quienes… quienes son ustedes?-. Preguntó tentativa la morena. Si no recordaba nunca entonces debía hacer lo que Emma dijo y crear nuevos recuerdos.

-Yo soy Jack Grady majestad-. Dijo asintiendo con la cabeza el castaño.

-Y yo soy Richard Doller-. Dijo el rubio con una sonrisa.

-Un gusto, y por favor solo díganme Regina.

-Esperen… sus apellidos aquí son los mismos que en el bosque encantado? Porque del tiempo que nos conocimos jamás supe sus apellidos-. Preguntó Emma.

-Si son los mismos-. Dijo Jack riendo.

-Nunca se te ocurrió preguntarnos nuestros apellidos-. Dijo Richard.

-Ustedes tampoco se les ocurrió decírmelos esa vez que nos conocimos!

-Si… bueno. Tampoco estaban los ánimos como para presentarnos apropiadamente-. Dijo Jack con una mueca. A lo que Emma y Richard solo asintieron.

-Encontraron una forma de despertar al pequeño?-. Preguntó Granny saliendo de la habitación de Henry.

-Si! Resulta que esta maldición se rompe como cualquier otra maldición de sueño-. Dijo Emma y los chicos y Granny se le quedaron mirando esperando que continuara.

-Un beso de amor verdadero-. Terminó Regina, y los tres se le quedaron mirando con una sonrisa. –Que?

-Siguen terminando la frase de la otra…-. Dijo Granny con una mirada adorable. Regina nunca la había visto así, y menos que esa mirada se dirigiera a ella precisamente.

-Será mejor ir a despertar a Henry-. Dijo con el rostro extrañado.

-Ya no te asustará que te mire así cuando recuerdes-. Dijo la anciana antes de cerrar la puerta dejándolas solas dentro.

-Granny te adora-. Dijo Emma evitando reír de la cara asustada de Regina.

-No me digas que era cercana a la anciana.

-Así es! Como si fueras su hija-. Contesto la rubia acercándose a un costado de la cama.

-Increíble-. Ironizo la morena colocándose al otro lado y mirando los rasgos dormidos de su hijo. De pronto se le ilumino la ampolleta con una pregunta. –Emma… quien es el padre de Henry?

-Uf… esa pregunta lleva a miles de otras preguntas y a una historia muy… interesante-. Dijo sonriendo.

-Que historia?-. Su curiosidad era enorme. Siempre se había preguntado a quien había sacado esos hermosos ojos marrones verdosos.

-Se remonta al bosque encantado. No voy a empezar mi historia con el típico "había una vez…" pero fue la noche de tu fiesta. Tu decimo octavo cumpleaños.

-Fue una fiesta muy aburrida… mi primer cumpleaños como reina-. Dijo tristemente mirando sus manos.

-Si, terriblemente tediosa, yo ya te había hecho una fiesta solo para nosotras. Ahí te cante la primera canción. Todo junto a ti. Ese era el titulo. Pero esa noche después de la fiesta… Rumple vino a tu alcoba y me vio. Fue la primera vez que nos veíamos, pero ahí analizándolo ahora, el ya sabia quien era yo, quien seria… ahora en el presente, dijo algo que el que yo estuviera ahí aun no interfería con el futuro que el veía. Entonces te dio un "regalo" según él.

-Que regalo?

-Un pene.

-¿Cómo? Disculpa ¿que?.

-Si… eso mismo dije yo cuando caíste de rodillas quejándote de dolor y luego me dijiste ¡Que me puso un pene!-. Dijo riéndose mientras que la morena se sonrojó.

-Como… dios!

-Al principio tuvimos miedo… inventamos un montó de escusas para que no estuvieras con el… desgraciado ese. Pero cada ves que nos besábamos el pequeño Gino quería jugar y…

-Gino?

-Si-. Dijo encogiéndose de hombros tratando de no romper a reír. –Tú tenías miedo de tocarme… bueno, no es como si no hubiéramos tenido sexo antes pero… no querías lastimarme con Gino, así que… yo te ayude, te aseguré que no me lastimarías… en fin. Tuvimos… bastante diversión. Era algo completamente nuevo para ambas. El pequeño Gino desapareció poco antes de que yo fuera succionada de vuelta a mi tiempo. Y lo demás ya te lo conté. Desperté en el lago Tempe. Me enteré del embarazo cuando estaba en la cárcel.

-E… eso… eso quiere decir que…

-Eso quieres decir… que Henry es tu hijo biológico Regina. Tuyo y mío-. Dijo sonriendo con los ojos llenos de lágrimas.

-Es mi hijo!-. Dijo llorando de felicidad.

-Si!-. Emma estaba riendo entre lágrimas –Deberías haber visto su cara cuando le conté que eras su madre biológica también.

-Él lo sabe?-. Preguntó asustada.

-Si, y está increíblemente feliz-. Le cogió una mano con la suya y la otra le acariciaba la cara Henry –Teníamos una operación para hacer que recordaras. O en tal caso, que yo te reconquistara.

-Te amo mi pequeño príncipe-. Dejo salir Regina entre lágrimas y risas. Le acaricio el cabello y se acercó a besar su frente mientras Emma hacia lo mismo.

-Te amo Henry-. Dijo la rubia. Y ambas lo besaron al mismo tiempo. Creando una onda expansiva de magia doble. Que recorrió el cuerpo de todos los habitantes del pueblo.

De pronto Henry tomo una gran bocanada de aire y abrió sus ojos, al mismo tiempo que se habría la puerta, por la que entraron Granny, Jack y Richard.

-Mamás!-. Dijo el niño emocionado, sentándose en la cama.

-Henry!-. Gritaron ambas abrazándolo y llenándolo de besos haciéndolo reír.

-Lo han despertado!-. Dijo David que acababa de llegar junto con red y Maléfica.

-Emma…-. Dijo Regina y la rubia volteo a mirarla viendo en sus ojos el brillo de reconocimiento. La rubia no esperó más y la beso.

-Me recuerdas!-. Dijo en cuanto se separaron, quedando con las frentes unidas.

-Justo cuando besé a Henry!-. Dijo la morena riendo. No podía con la felicidad. Había encontrado a su esposa y ésta no la odiaba por ser la causante de su sufrida vida. Henry era en realidad su hijo. Y estaba rodeada de las personas que la amaban y la volvían a recordar.

-Mamá recuerdas? Mamá soy tu hijo! Tu hijo biológico!-. Gritó Henry extasiado.

-Si cariño! Lo sé!-. Dijo agarrándolo y uniéndolo a un abrazo triple con Emma.

-Hijo biológico?-. Se preguntaron los demás que presenciaban la escena.

-Cosa del pequeño Gino-. Dijo Maléfica sonriendo. Y estallando en carcajada ante la mirada extrañada de los demás.

Al fin la familia estaba reunida.