Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.
Capítulo 18.5
"Los corazones pueden romperse. Sí, los corazones pueden romperse. Creo que sería mejor morir cuando eso pasa, pero no lo hacemos." ~Stephen King
ALICE
Secarme el rostro una y otra vez no ayudaba. Nada parecía calmar el dolor o las lágrimas. Estaba sentada al borde de nuestra cama, esperando a mi esposo. Estaba por llegar en cualquier momento y necesitaba ser fuerte por él, pero las malditas lágrimas no paraban de brotar. Cuando la puerta se abrió, rápidamente aparté mis manos y las coloqué a mis costados.
—¿Viste las noticias? Bella y Edward están dementes. Soy famoso, nena… bueno, mi arma y mis manos lo son. ¿Quién hubiera sabido que sería tan fácil…? —Hizo una pausa mientras se quitaba los zapatos y me echó un vistazo—. ¿Qué pasa?
No dije nada, decidiendo acercarme hacia él antes de tomarlo del rostro y besarlo profundamente. Me atrajo hacia él, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuerpo antes de apartarse y sonreír lentamente.
—¿Qué hice para merecer eso así puedo hacerlo de nuevo?
No quería hacer esto. No podía hacerle esto a él. Las lágrimas volvieron mientras me mordía la lengua y el labio. Bella había dicho en la llamada que simplemente lo dijera, que iba a doler sin importar cómo entregara las noticias, pero no quería verlo sufrir.
—Alice, háblame, por favor —susurró, llevando una mano hacia mi mejilla—. ¿Hice algo? Sé que he estado siendo sobreprotector, pero no puedo evitarlo. Me preocupo por ti…
Coloqué un dedo sobre sus labios y respiré profundo.
—Bella y Edward van a volver.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Cariño, Carlisle ya no está —solté y sus ojos se abrieron de par en par mientras daba un paso hacia atrás. Todo lo que me dijeron sale de mi boca entonces—. Orlando intentó hacer matar a Esme y Ethan, pero Carlisle los apartó del camino y… recibió la bala… y jamás volvió a levantarse. Bella…
—¡Detente! —me gritó Jasper e intenté buscarlo, pero me apartó mientras sacudía la cabeza—. ¿Qué estás diciendo? ¿Qué? No… No lo entiendo. Hablé con él y Esme hace unas horas. ¿Por qué dices esto?
—Jasper.
—No, es una locura. Estás equivocada —espetó y me moví hacia él de nuevo, esta vez tomándolo en mis brazos. Él se encontraba tenso—. Estás equivocada.
Su cuerpo comenzó a temblar mientras se aferraba a mí.
—Estás equivocada.
Desearía estarlo. Realmente que sí, porque todo lo que puedo ver es días oscuros frente a nosotros.
¿Cómo pasó esto?
EMMETT
Necesitaba verla. Había pasado todo un día sin él y se sentía como si recién nos lo habían contado. Quemaba pensar en la realidad. Mi garganta se sentía como si se estuviera cerrando mientras que mi corazón se arrastraba por ella, queriendo ser expulsado. Mis ojos dolían, quería arrancármelos, aunque sea solo para aliviar el ardor constante. Bella había llevado a Esme y Ethan a casa, dejándome con Edward y Kain. Ninguno de los dos habló, simplemente estuvimos sentados en nuestra habitación privada en silencio hasta que no pude soportarlo más. Tenía que verla.
Me negaba a irme sin mi padre. Me negaba a dejarlo allí sin nosotros en una caja fría, tirado como si no fuera nadie. No era correcto. Había planeado quedarme en el hospital toda la noche cuando Rosalie llamó por novena vez. Ni siquiera estaba seguro de por qué se habían molestado en dejarle un teléfono, seguro que tenía que ver con Orlando—el maldito bastardo. Le arrancaré los pulmones por el trasero. Mientras más pensaba en él, más pensaba en ella. Tenía que verla, tenía que saber si ella sabía de esto… si fue parte de su plan todo este tiempo.
Edward ni siquiera pareció notar mi salida, estaba sentado con Kain, que estaba de pie a su lado como una jodida roca. Ni siquiera parecía estar respirando. No quería dejarlo solo, pero tenía que saber.
—¡Esme, por favor, detente! —Escuché su grito ahogado mientras caminaba hacia el sótano. Allí, en la cama, estaba Rosalie intentando luchar contra mi madre, que estaba sentada sobre ella. Esta la golpeaba continuamente, sus puños estaban llenos de sangre mientras los embestía contra el rostro de mi esposa.
—¡Perra! Te acepté en mi hogar. A mi familia. Y tú haces esto. ¡Esto es tu culpa! ¡Te voy a matar! ¡Te voy a matar! ¡¿Cómo te atreves?! Hija de puta, te quiero muerta. —La golpeó una y otra vez hasta que finalmente la aparté de Rosalie. Aun furiosa, se resistió en mi agarre y me abofeteó en el rostro. Con lágrimas en sus ojos, me fulminó con la mirada.
—¡Esto es tu culpa! —me gritó, antes de señalar a Rosalie, que ahora tenía un labio reventado, una nariz rota, y la frente cortada—. Tú trajiste a esta mierda, a esta víbora, esta perra maldita, a nuestras vidas, a nuestra familia. Ella nos quiere a todos muertos y está cumpliendo su deseo. ¡Por una vez en tu maldita vida, Emmett Cullen, deja de ser una decepción! Siempre he estado de tu lado, siempre he querido lo mejor para ti ¿y así me lo pagas? ¿Destruyéndome? Ni siquiera puedo verte. Te odio —escupió a mis pies.
—Esme, vamos —susurró Bella, pero ella no se movió. Suspirando, Bella presionó el espacio entre su hombro y su cuello, dejándola inconsciente. Me moví para ayudarla, pero Bella sacudió su cabeza antes de envolver el brazo de mi madre por encima de su hombro y dirigirse hacia la puerta.
—No entiendo. ¿Qué le pasa? ¿Qué está pasando? No he visto a nadie en días. Ni siquiera me han traído algo para comer…
Al momento que habló algo dentro de mí estalló. Mis manos rodearon su cuello antes que mi mente tomara una decisión para moverme. Aferré su cuello tan fuerte como podía.
—Mi padre está muerto, ¿y tú estás preocupada porque no comiste? —le pregunté, sorprendentemente calmo mientras ella se luchaba contra mí. Sus uñas arañaban mis brazos y lágrimas se formaban en sus ojos hinchados. En vez del pavor que había pensado que sentiría cuando este día llegara, una calma innatural invadió todo mi ser. No sentí nada más que la urgencia de quitar este virus asqueroso que ciegamente impuse en mi familia.
—Emmett… no… eres… así.
—No me conoces —dije, sorprendiéndome una vez más por lo inafectado que me sentía en estos momentos. Presionando tan fuerte como podía en su cuello, sentí algo romperse, no dentro de mí como estaba acostumbrado cuando lidiaba con ella, sino literalmente sentí y escuché el quiebre asqueroso cuando dejó de luchar. Su cuerpo se desplomó y observé a sus familiares ojos azules. Difícilmente había una diferencia ahora de lo que era la semana pasada. Ella era fría, muerta y ahora lo veía.
Eso era todo.
Ella ya no está.
Así de simple, nada elaborado, no a manos de Edward o Bella, sino por las mías y no me arrepentía. No sentí remordimiento mientras miraba a su frío cadáver.
—Yo me encargaré, Emmett, ve con tu madre —dijo Bella detrás de mí—. Ella despertará en cualquier momento. Necesita a uno de sus hijos ahora mismo —siguió. Le di a Rosalie una última mirada antes de ponerme de pie.
Bella tomó de mi brazo antes que pudiera salir de la habitación.
—Conseguiremos nuestra revancha. Lo juro, Emmett.
No estaba seguro de cómo responder mientras mi corazón intentaba escaparse por mi garganta nuevamente. Dirigiéndome hacia el cuarto de mis padres, subí las escaleras y era como si alguien físicamente me estuviera arrastrando hacia atrás. ¿Quizás era el alma demente de Rosalie? Quizás simplemente estaba condenado. Entrando al cuarto, observé a mi madre mientras aferraba lo que suponía que era la almohada de mi padre, como si intentara absorber la esencia que dejó allí. Sentándome a un costado de la cama, no contuve las lágrimas.
¿Qué pasaría ahora?
