Capitulo 46
Junio de 2011…
Hacía un par de meses que Hermione había vendido la casa y se había mudado a la de sus padres, donde la mimaban y cuidaban, hasta que diera a luz. No le faltaba de nada y todos esperaban ansiosos el nacimiento de los mellizos. Cuando el médico le adelantó que esperaba dos bebés, tuvo que reconocer que se agobió un poco, pero a los minutos se le pasó y ahora estaba encantada.
A pesar de lo afortunada y dichosa que se sentía, seguía faltándole algo muy importante. No había dejado de pensar ni un solo día en él, lo extrañaba muchísimo y cada día que pasaba, lo necesitaba más a su lado. Cuando decidió regresar, estaba casi convencida de que así podría sacarlo de su corazón, pero había comprobado que no conseguiría olvidarlo nunca. Aquel hombre se había acomodado en su alma y no tenía intenciones de irse. Y mucho menos cuando sus hijos nacieran y se lo recordaran a cada momento del día. "Ojalá sean tan guapos como él.", había deseado en infinidad de ocasiones.
Aquella noche, fue a pasear en unas calles que hay donde había pequeños comercios con Harry y los demás habían ido muchas veces, y los muggles no podía entrar. Hechiceros, brujas que leían el futuro, expertos en rituales especiales para esos días, vendedores de amuletos y piedras preciosas, tarotistas, habían sido colocados a lo largo del bonito paseo de la ciudad, haciéndolo un escenario único.
Todos los años le gustaba ir allí por el buen ambiente que reinaba en el lugar, pero ese año todo aquello le transportaría a unos meses antes, cuando descubrió el poder de la magia en su propia persona. No pudo evitar pensar en la hechicera, aquella mujer que le había dado el amuleto de su destino y que, con él, le había transportado a otra época, viviendo momentos que nunca olvidaría. "En cierto modo, ella ha contribuido a esto." Pensó tocándose la abultada barriga con lágrimas en los ojos.
Recordando lo que hablo con su padre esta mañana…
—Hermione, ¿sabes ya qué deseo vas a pedir?
—No voy a pedir ninguno este año, mamá —afirmó sacando el papel en el que había escrito algo con tinta verde. Su madre la miraba atónita—. Más bien, quiero agradecerle a alguien lo mejor que me ha dado la vida.
—¿Es para el padre de tus hijos? —preguntó su padre intrigado.
—Así es papá, aunque nunca lo llegue a saber, me ha dado la mayor felicidad que una persona puede sentir.
—¿Sigues decidida a no intentar buscarlo?
—Sí papá, no tengo ningún dato de él, es imposible encontrarlo, no es poner el GPS y ya está. En el mundo mágico las cosas van diferentes. Aunque es lo que más me gustaría —se sinceró con una punzada de dolor en su corazón.
Durante media hora y tras haber quemado sus deseos en la hoguera, estuvo paseando por el rastro, parándose para mirar todos los puestos que había. De vez en cuando tenían que detenerse y sentarse en algún banco que encontraban a su paso, pues la barriga de Hermione ya pesaba demasiado y sus hinchados pies le dolían bastante.
Observaba con ilusión a las madres que paseaban con sus bebés recién nacidos y se secó unas lágrimas furtivas que escaparon de sus ojos. En unas semanas, si todo salía bien, ella se vería en la misma situación y la idea le emocionaba y encantaba a partes iguales.
Su mirada se clavó en un puesto que aún no habían visitado pero que llamó muchísimo su atención. Su mente voló a unos meses antes y reconoció la similitud entre el puesto que tenía delante de sus ojos y el que fue de la hechicera. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al pensar que podía tratarse de ella.
"No puede ser, eso es imposible. Yo misma la vi morir."
Aunque conociendo el poder de la magia, pero, sobre todo, el poder de la abuela de Abril, podría esperar cualquier cosa, hasta que hubiera resucitado. El corazón se le heló cuando vio salir, de aquel puesto improvisado con retales de telas, a una señora con los mismos rasgos que la Hechicera. Su cabeza dejó de funcionar en el mismo momento en el que la anciana clavaba sus claros ojos en ella y le sonreía como si la hubiera reconocido. Hermione se olvidó del dolor de pies que sentía en ese momento y caminó hacia la mujer, para poder comprobar sus sospechas. Pero justo cuando iba a llegar a su lado, un grupo de personas se interpusieron en su camino y al mirar de nuevo hacia el improvisado puesto, la anciana había desaparecido. Miró para todos lados y no la encontró. Finalmente, temerosa, apartó las telas que hacían la función de puerta y entró.
Allí dentro estaba aquella mujer, esperándola sentada en una silla de forja, mirándola con un brillo especial en el rostro y una sonrisa que le resultaba muy familiar. Sin duda no era la mujer que vio, esta mujer tenía los ojos más claros que los de la abuela de Abril y la nariz más chata, aunque el resto de rasgos, eran similares.
Observó las piedras y amuletos que había sobre los estantes y su corazón se paró en el momento en que vio un colgante idéntico al que le había regalado la mujer.
—¿Te llama la atención ese relicario? —Hermione no podía creerlo. Ella le había dejado el colgante a Abril, y ahora estaba en aquel lugar, delante de sus ojos. No tenía la menor duda, era el suyo—. No hace falta que te explique qué significa, ¿verdad?
—El relicario de mi destino —susurró con lágrimas en los ojos—. ¿Quién es usted? —preguntó muy nerviosa, clavando sus ojos color avellana en ella.
—¡Hermione! —saludó invitándola a sentarse. La señora tenía una voz muy dulce y pausada—. Te estaba esperando.
—¿De qué me conoce? —preguntó—. ¿Qué quiere de mí? ¿Quién es usted?
—Ya me habían hablado de lo impaciente que eres —rió la anciana—. Mi nombre es Amelia. —Hermione se quedó igual que antes, seguía sin saber quién era aquella mujer. No había conocido a nadie con ese nombre en la época a la que viajó—. Sé que no me conoces, pero quizás si te digo otro diferente, acabes sabiendo quién soy. ¿Te dice algo el nombre de Abril?
Hermione sintió como su corazón se revolucionaba y su respiración se entrecortaba al escuchar aquel nombre. Claro que sabía quién era Abril, había sido alguien demasiado importante para ella y nunca olvidaría.
—¿Eres su hija, su sobrina o alguna amiga?
—Nada de eso —chasqueó la anciana—. Soy la tataranieta de Abril y la única heredera de este poder.
Hermione abrió los ojos y la boca muchísimo ante aquella noticia. Nunca se lo hubiera imaginado.
—¿Qué… qué hace aquí usted? ¿Qué quiere de mí? —tartamudeó.
—Empecemos por el principio. Yo no vengo a buscarte explícitamente de otra época como hizo la abuela de Abril, yo pertenezco a la misma que tú, querida. —Hermione se sorprendió mucho al conocer esta información—. Abril dejó una herencia muy importante a su familia, del relicario que ha llamado tu atención al entrar. Era el mayor tesoro que ella tenía, primero porque su abuela lo había elaborado para proteger a su familia y al portador de ese colgante. ¡Nunca habrá en el mundo una piedra similar a ese! Y, en segundo lugar, una persona realmente significativa para ella se lo había regalado y ella lo guardó durante años. El día en que enfermó gravemente y la muerte se empeñó en llevársela junto a ella, Abril llamó a su hija mayor y le entregó una carta. —Hermione sintió una punzada de dolor al conocer la noticia de que Abril había fallecido y tuvo que secarse las lágrimas con un pañuelo. Amelia, tras consolar a la mujer que tenía delante, sacó un papel descolorido por el paso de los años y lo puso encima de la mesa, ante la atenta mirada de Hermione.
—Esta letra no puede ser de ella, Abril no sabía escribir.
—Efectivamente —asintió la mujer—. En cambio, Abril tenía varios hermanos, entre ellos dos hermanas gemelas que eran las más pequeñas.
Hermione estaba con la boca seca.
—Una de las dos, nunca llegamos a saber cuál, escribió esta carta que fue dictada por la propia Abril. Ellas habían sido ayudadas por un hombre cuando la hechicera murió.
—Ese hombre era un tal, Tom Riddle —recordó con lágrimas en los ojos.
La mujer la miraba atentamente observando cada reacción de Hermione, que parecía encontrarse en un estado de shock y muy apenada al recordar a todas aquellas personas que tanto significaban para ella. Aunque lo que más le angustiaba era saber que ellos ya habían fallecido. Sintió una fuerte opresión en su pecho y sin poder evitarlo, volvió a llorar con el corazón roto en mil pedazos. Hubiera sido capaz de dar su vida entera para salvar la del hombre al que amaba, sin embargo, ella no había podido estar con él.
Hermione pudo saber, gracias a Amelia, que varias personas se habían enterado del relicario tan poderoso que poseía Abril y habían intentado robárselo. Ella, asustada por poder llegar a perderlo, decidió esconderlo en un lugar donde nadie pudiera encontrarlo y en su lugar, le pidió a su hermana que escribiera en una nota algunas claves para que sus sucesores dieran con él.
—La hija de Abril, mi bisabuela, nunca supo qué querían decir aquellas claves y apenada, en su lecho de muerte, se lo entregó a su vez a su progenitora, mi abuela. Ésta se enamoró de un hombre y al viajar a este país, ni siquiera se preocupó por el colgante. Lo mismo hizo mi madre que, además, no creía en la magia, como recordaras era una Squib.
La tradición estaba prácticamente perdida, pues las generaciones anteriores a Amelia no habían intentado buscarlo. Pero ella era diferente y desde pequeña, le había llamado la atención todo lo relacionado a la magia. Era raro porque en su casa ni siquiera se hablaba de aquellos temas.
—Una tarde, estaba sola en casa y buscando entre las pertenencias de mi madre algo con lo que poder entretenerme, encontré un cofre pequeño que estaba guardado bajo llave. Nadie sabía lo que contenía, ni siquiera mi padre. Conseguí dar con la llave gracias a mi intuición y al abrirlo, me encontré varias hojas de un libro arrancadas y esta nota —dijo señalando el papel que había puesto anteriormente sobre la mesa y que tenía escritas las claves para encontrar el amuleto.
La mujer se levantó, cogió un cofre de plata y sacó una hoja arrugada. Hermione las sostuvo entre sus manos y se quedó muy impresionada cuando ante ella tenía varias de las páginas de los libros de la hechicera que Abril había guardado, todas ellas relacionadas con el relicario.
Hermione miró por primera vez la nota.
"Si el amuleto quieres encontrar, a un lugar abandonado llegarás.
Es un lugar demasiado importante para mí, pues muy feliz fui allí.
Camina, camina, camina y al fin de tu camino, lo que buscas hallarás."
—Mi esposo y yo decidimos restaurar la cabaña y la convertimos en nuestro hogar hasta que hace unos meses, él falleció. —La mujer asintió con tristeza.
—Lo siento mucho, Amelia. ¿Por eso ha regresado?
—No exactamente. Hace unas noches, la "hechicera" como tú la llamas, se me volvió a presentar en sueños y me encomendó una misión muy importante. Tenía que viajar hasta Londres para llevarla a cabo y ahora que estoy aquí, quizás me instale hasta los últimos días de mi vida.
—Espero verla entonces más a menudo por aquí. Ha sido un placer hablar con usted y me alegra mucho que haya encontrado el relicario. ¿Puedo cogerlo un momento?
Hermione quería volver a sentir entre sus manos aquel colgante que había cambiado su vida. La mujer asintió y ella lo quitó del estante y lo acarició con sumo cuidado. Cerró los ojos y por su mente aparecieron, a cámara rápida, todos y cada uno de los momentos vividos en aquella época. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas sin poder controlarlas y las ganas de regresar a aquel lugar se volvieron insoportables.
—Hermione, me explico la otra noche que vendrías a verme y que debía darte la oportunidad de rectificar tu destino. Hermione, si lo deseas, puedo hacer que regreses. Esa es la misión que me ha traído hasta ti.
—Yo… no lo sé —dudó llorando desconsoladamente.
Hermione estaba muy bloqueada por todo lo que acababa de conocer y más aún porque aquella mujer le hubiera dado la oportunidad de regresar. Se tocó la abultada barriga con las manos mientras sopesaba, con dificultad, todas las posibilidades. Si regresaba nadie podía asegurarle que podría estar junto a Riddle pues él seguramente estaría casado con Mariene, pero si se quedaba en su época, siempre se quedaría con la duda de no saber qué podía haber sucedió entre ellos. Era consciente de que su vida no tenía sentido en aquel lugar, se había arrepentido de haber regresado cada uno de sus días. Sin embargo, ahora que volvía a tener la oportunidad de elegir su destino, volvía a estar indecisa. La anciana, al ver la confusión en su rostro, la invitó a que se sentara nuevamente. Quería ayudarla a elegir.
—Querida, coge el relicario con tu mano derecha y apriétalo fuerte, lleva tu mano izquierda a tu pecho, justo en el lugar donde tienes tu corazón.
Hermione obedeció intentando recuperar su respiración. La anciana le invitó a cerrar sus ojos con fuerza y a no abrirlos hasta que ella se lo dijera. Amelia se colocó detrás de ella y apoyó su esquelética mano sobre la cabeza de Hermione.
En el momento en el que la anciana le tocó el pelo, varias imágenes pasaron por su mente. Eran tan reales que ella creyó que las estaba viviendo en ese mismo momento.
Riddle estaba tumbado en su cama, abrazado a un pañuelo de seda que Hermione olvidó en su casa el último día que lo vio.
Hermione quería acercarse a él y acariciarlo, volver a sentir su piel. No sabía qué le había ocurrido, pero sintió la necesidad de consolarlo.
—Está pensando en ti, te echa de menos y desea que regreses —dijo Amelia tras ella. Las lágrimas de Hermione ya habían vuelto a invadir su rostro.
—Sería un gran padre para tus hijos, de eso nunca tengas dudas. Los amaría sobre todas las cosas y nunca permitiría que nada ni nadie os hicieran daño. Tom Riddle, lo cambiaste Hermione.
Hermione no podía parar de llorar, intentaba acercarse a aquel hombre, pero era imposible, ella solo estaba siendo una mera espectadora " Como si fuera un pensadero". Se sentía impotente y en cada imagen que aparecía ante ella, Hermione tenía más claro que deseaba volver. Necesitaba tocarlo, abrazarlo y volver a aspirar su olor.
Tom se levantó de la cama y fue hasta la ventana para mirar a través de ella.
Ella quería gritar, decirle que lo echaba de menos y que lo amaba con todo su corazón, pero las palabras no podían salir de sus labios, estaban sellados.
—¿Qué quieres Hermione? —preguntó Amelia a sus espaldas, Hermione seguía con los ojos cerrados, observando al hombre que amaba—. ¿Has decidido ya lo que deseas hacer? —la chica se quedó muda—. ¡Dímelo querida, y tu deseo se concederá! Pero esta vez, ya no habrá marcha atrás.
Holaaa mis queridos lectores/a ya se acerca el final de la historia :P veremos que decide Hermione si regresara con Tom Riddle. Gracias por votar y los ánimos.
