Miedo
:(
:::: ::::
Spock sugirió que se reunieran en la cafetería al borde del campus de la sede de la Flota Estelar. Sus horarios habían estado tan ocupados que no habían tenido tiempo de verse, aparte de mensajes breves y largas sesiones informativas con comando. Jim ya estaba sentado en una mesa pequeña, dos tazas humeantes listas, una indudablemente el café con leche preferido de Jim.
"Te ves como el infierno", dijo Jim en lugar de un saludo, entregándole a Spock su té con especias. "Pero es bueno verte".
"También es bueno verte", respondió Spock, tomando nota de las sombras debajo de los ojos de Jim y su gran palidez, todas señales de agotamiento, pero la sonrisa de Jim era genuina. No hizo nada para aliviar la agitación interna de Spock.
"¿Cómo está Senik?".
"Se ha recuperado completamente. Su madre reside con nosotros hasta que los refugiados se trasladen a una colonia adecuada".
"¿Y cómo estás?".
Spock hizo una pausa, sin saber cómo responder. Sentía que tenía sus emociones claramente expuestas en su piel para que todos lo vieran. Incluso su padre lo había reconocido antes de que Spock entendiera completamente lo comprometido que estaba.
:::: ::::
Hace una semana, 2258.42
"Estás experimentando agitación", observó Sarek en voz baja, consciente de los muchos oídos en el puente. "Te aconsejo que encuentres al Sr. Kirk y..."
"No está a bordo de la Enterprise", dijo Spock, temeroso de las palabras que su padre diría a continuación. "Está seguro, en Delta Vega", agregó, obligando a su ritmo cardíaco inestable a bajar a un ritmo aceptable. Jim está a salvo, y ahora Spock tenía el control. Él tiene el control.
Los ojos de Sarek se abrieron imperceptiblemente y abrió la boca para advertir a Spock, pero fue interrumpido por el navegante al timón.
"Capitán Spock, se detectó un acceso no autorizado a la placa de control de la turbina de agua", anunció el Alférez Chekov.
Spock se volvió hacia la consola. "Reproduce el video".
Chekov sacó la información de seguridad y la reprodujo en la pantalla de la consola. Spock sintió su corazón alentarse mientras veía a dos figuras pasar velozmente por las turbinas de agua.
Jim.
No debería ser posible. Debería estar a años luz de distancia. Debería estar a salvo.
"Seguridad, selle la cubierta de ingeniería. Tenemos intrusos en la sección tres de la turbina. Pongan fásers en aturdir".
Spock giró sobre sus talones hacia la estación de seguridad y vio el video desde allí, el escape desesperado de la pareja. ¿Qué haces, Jim?, se preguntó. ¿Cómo estás aquí? Distraído, como estaba, no se dio cuenta de la presencia de Sarek detrás de él.
"¿El señor Kirk está aquí?", preguntó su padre en voz baja, solo para los oídos de Spock.
Spock asintió un instante, no queriendo alertar a la tripulación. "No puede estar aquí", murmuró. Miró atento la pantalla, siendo evidencia de lo contrario.
"Quizás no sea él", sugirió Sarek.
Spock asintió entendiendo. "Un falso Jim". Era poco probable, pero una explicación lógica donde no existía otra. Spock forzó su fuerza mental restante, con la intención de descubrir la verdad del asunto y ordenó al equipo de seguridad que trajera a los intrusos al puente.
Un largo minuto después, dos oficiales de seguridad escoltaron a Jim y a otro hombre, empapados y goteando en el piso del puente. Spock no pudo hablar con el hombre que se parecía a Jim todavía.
"¿Quién eres tú?", le exigió al hombre desconocido.
"Estoy con él", respondió el hombre nervioso, mirando a su compañero.
"Está conmigo", reiteró Jim. Y era Jim, se dio cuenta Spock con un escalofrío de sobresaltado reconocimiento. Incluso desde esta distancia física, los débiles escudos mentales de Spock no podían protegerlo del calor abrasador y la presencia que solo podía provenir de su amante.
"Estamos viajando a gran velocidad", señaló. "¿Cómo lograste llegar a bordo de esta nave?".
"Hey, tú eres el genio, ¿no tienes idea?", replicó Jim.
Internamente, Spock se erizó ante el comentario inusual, pero continuó con calma. "Como capitán interino de esta nave, le ordenó que responda la pregunta".
"Bueno, no responderé, capitán en funciones", respondió Jim y frunció el ceño. "¿Qué harás? Porque eso no te frustra, ¿verdad? Mi falta de cooperación, '¿eso... eso no te enoja?".
¿Enfado? No, la ira sería ilógica. No sentía ira. Confusión, irritación, molestia eran todas emociones que podía sentir girando justo detrás de un fuerte campo de control, amenazando con estrellarse en la superficie. Miedo. Ese era otro sentimiento, una emoción fría e ilógica que congeló las barreras de su mente, haciéndolas frágiles y débiles.
Spock lo ignoró y se volvió hacia el hombre mojado y empapado. "¿Eres miembro de la Flota Estelar?".
"Yo..." el hombre vaciló, mirando a Jim. "Um, sí. ¿Me dan una toalla, por favor?".
"Bajo pena de corte marcial, te ordeno que me expliques cómo fuiste capaz de subir a bordo de la nave mientras se movía en velocidad warp".
"Bien..."
"No le contestes", ordenó Jim con calma, los ojos fijos en Spock.
"Me responderás", replicó, igualando el tono uniforme de Jim y mirándolo a los ojos. No podía ver irritación, miedo o ninguna de las emociones que Spock estaba tratando de controlar dentro del Humano. Solo vio la determinación de Jim. ¿Por qué, Jim? ¿Por qué estás haciendo esto?
"Prefiero no tomar un bando", respondió el hombre mojado.
"¿Qué te pasa, Spock?", preguntó Jim, dando un paso adelante, de repente nariz a nariz con él. "Tu planeta acaba de ser destruido, tu madre asesinada, y ni siquiera estás molesto".
"Si presumes que estas experiencias de alguna manera impiden mi habilidad para comandar esta nave, estás equivocado".
"Y una vez dijiste que el miedo era necesario para el comando. ¿Viste su nave? ¿Viste lo que hizo?".
"Sí, por supuesto que sí".
"¿Entonces tienes miedo o no?".
Por mucho que quisiera, Spock no podía negar el estado precario de sus emociones. El frío miedo se agrandó en sus entrañas, forzando su control a un delgado punto de ruptura. "No permitiré que me des una conferencia sobre los méritos de la emoción".
"Entonces, ¿por qué no me detienes?". Fue eso, el desafío, lo que finalmente hizo la primera ruptura a través de las frágiles barreras de control de Spock, atravesando el frío miedo y encendiendo un deseo, más fuerte, de controlar ese desafío.
"Aléjese de mí, señor Kirk". Su visión se convirtió en un túnel y su audición se volvió menos aguda. Solo podía ver a Jim, solo podía escucharlo. Jim necesitaba estar en silencio, necesitaba obedecer.
"¿Cómo es no sentir enojo o desamor? ¿O la necesidad de no detenerte ante nada para vengar la muerte de la mujer que te dio a luz?", cuestionó, sin prestar atención a la advertencia de Spock.
"Aléjate de mí", advirtió Spock. Si Jim no obedecía, Spock lo obligaría. Tendría la sumisión de Jim.
"¡No sientes nada!", acusó. "Ni siquiera debe ser comprensible para ti".
Spock podía sentir los hilos finales de control tensarse, cerca de romperse.
"¡Nunca la amaste!".
Los últimos hilos de racionalidad se rompieron. Deseo, rabia, miedo. ¿Cuándo se volvieron todos iguales?
No fue hasta que Spock sintió el placer estimulante de la respiración lenta de Jim, el pulso acelerado y la lucha débil, que se restableció cualquier apariencia de compostura.
:::: ::::
En la actualidad…
"Te he hecho daño", susurró Spock, con los dedos alrededor de su taza de té. Las palabras hicieron poco para calmar la culpa y la vergüenza que sentía, pero parecía la forma adecuada de comenzar.
"Dije cosas terribles", dijo Jim, deduciendo correctamente que Spock finalmente estaba hablando de sus encuentros en el puente. "Tienes que saber que nunca quise decirlas".
Spock asintió con la cabeza. "Más tarde deduje que dijiste esas cosas para provocar una reacción emocional, así los eventos podían proceder como lo habías planeado".
"Desearía no haberlo hecho".
"Si hubiera confiado en ti, si hubiera escuchado tu plan para rescatar al Capitán Pike, no hubieras tenido que recurrir a tales tácticas. De todos modos, eran palabras y no me hicieron daño permanente. Sin embargo, nunca debería haberte tocado de esa manera".
Jim sacudió la cabeza. "Ambos perdimos los estribos y nos pusimos físicos, si mal no recuerdo. Prefiero que me asfixien un poco al pellizco vulcano, todos los días, así que por favor toma nota de esa preferencia", bromeó.
"No justifiques la situación, Jim", lo regañó. "Mis decisiones fueron ilógicas y habrían sido desastrosas".
"Ahora estás siendo ilógico. No tienes ese tipo de previsión. La Flota Estelar aún confía en ti. Todavía confío en ti". Jim extendió la mano sobre la mesa, con la palma abierta para extender la comodidad que Spock no merecía.
Spock suspiró. "Esa confianza está fuera de lugar, como he demostrado repetidamente, no soy digno de ella. El hecho de que no hayas llegado a esa conclusión por tu cuenta después de estos eventos solo respalda la conclusión de que somos incompatibles juntos".
"Hicimos un excelente equipo de comando", objetó Jim. "La única forma en que cualquiera de nosotros habría sobrevivido al Narada es si estábamos tú y yo allá arriba".
"No me refería a nuestras comisiones".
Los ojos de Jim se abrieron y su mandíbula se aflojó por un momento. "Estás rompiendo conmigo", acusó. Spock se detuvo un largo momento y asintió una vez. La cara de Jim se puso pálida y se dejó caer en su asiento. "Maldición. No lo vi venir ".
"No te encuentro carente de ninguna cualidad", comenzó Spock, antes de que Jim se riera amargamente, interrumpiendo.
"Por favor, si se trata de una versión vulcana de " No eres tú, soy yo ", perdóname. Me estás dejando en una cafetería. Esto ya no puede ser más cliché".
"Supuse que sería mejor tener una conversación así en un lugar neutral", dijo, aún sin saber cómo responder. Tenía planeado más de su discurso, un argumento lógico con más evidencia de apoyo para presentar, pero ahora que estaba allí con Jim, no podía recordarlo.
"Bueno, no te voy a dejar".
Spock se había imaginado su conversación no menos de 21 veces y había calculado las posibles reacciones de Jim (la justa ira reprimida había ganado con un 32.9% de probabilidad), pero Spock no tenía una respuesta preparada para un rechazo rotundo a terminar la relación.
"No creo que sea una opción", afirmó. Jim lo fulminó con la mirada.
"¿Por qué estás haciendo esto?", preguntó Jim, sus ojos buscando a Spock por las respuestas que no había dado en voz alta. Se encogió internamente, preocupado de que Jim viera la fea verdad de por qué necesitaba que su relación terminara. "¿Qué quieres de mi?".
Sabía que había muchas respuestas a esa inocua pregunta, pero dijo lo que era necesario, para protegerlos egoístamente a ambos.
"Quiero que me dejes".
Notas de la traductora:
:(
Se viene difícil.
