HOLA MIS BELLAS!

Aquí os traigo el final de este fic. Por fin... (ruede de ojos)

Aprovecho a pediros otra vez disculpas por la tardanza en publicar... MIL VECES, LO SIENTO.

Espero que sea de vuestro agrado. A mi me ha encantado escribirlo.

*NOTA AL FINAL DEL CAPITULO, QUE SEGURO OS GUSTARÁ ;-)


CAPÍTULO 36


Ya llevaban cerca de tres años de exhaustivo entrenamiento y los avances de Bella eran todo un logro. Logro para Carlisle como su maestro y para la propia vampira. Estaba consiguiendo en cuestión de meses, lo que normalmente se conseguía en años.

Carlisle avanzó en su entreno, haciendo a Bella aventurarse entre la gente sola; él se quedaba por los muelles a una distancia prudencial, y siempre bajaba acompañado de Jasper, para otear el estado de ánimo de la joven vampira. La cual mantenía la compostura en todo las primeras semanas, cuando la familia se reunió en Isla Esme, donde Bella estaba más alterada, no había vuelto a tener ni el más mínimo fallo.

Bella ya tenía casi cuatro años como vampira, y entre todos comenzaban a hacer planes para su próximo destino.

Hasta que un día, Carlisle los reunió en el salón para proponer lo que todos estaban deseando: Irse de la isla y comenzar una nueva aventura.

- Familia, ha llegado la hora de que nuestra Bella, salga al mundo real. – Todos abrieron los ojos con entusiasmo. - Esta vez, no empezareis en el instituto. Bella está todavía algo verde, como para meterse en un aula llena de adolescentes – Carlisle soltó una risita. – Lo haremos como más adultos, así ella podrá ir relacionándose, pero de una forma más paulatina. – Explicaba – Si todo va bien, yo creo que, en un par de años más, podríamos probar a comenzar como siempre. Para asentarnos en un sito durante tiempo.

- Si, yo también creo que es lo mejor. – Apoyó Jasper – Podemos dedicarnos a viajar, y que Bella vea el mundo a través de sus nuevos ojos – el vampiro sonrió a Bella, la cual le devolvió el gesto, con mimo.

- Ummm… ¡viajar! – Exclamó ella, sumamente emocionada.

- Si… será divertido – Apoyó también Rose, ilusionada ante los nuevos planes.

- En unos días cumples los cuatro años, - tomó la palabra Carlisle – Tengo una prueba decisiva para ti. Si la pasas, el día de tu cumpleaños, será el día en que nos vayamos. – Bella abrió los ojos, expectante, llena de intriga.

- Lo justo sería que fuera Bella la que decidiera el primer sitio. – Comentó Emmet, el cual ya tenía a Bella agrazada.

- Elige un sitio bonito… donde haya mucho que ver – Pedía Rose.

- Y a ser posible, muchas tiendas de moda – Alice brincaba como un cervatillo.

- Uff… No sé… - Aunque Emmet la tenía abrazada por detrás, apoyando su pecho en la espalda de la chica, ella no se estaba quieta de la emoción. – No sé… decir algún sitio… Echarme una mano – se inclinó de hombros, pero su rostro reflejaba el entusiasmo que sentía.

- El mundo es grande – Rió Jasper. Bella asintió con un enérgico movimiento de su cabeza.

Bella comenzó a repasar el mapamundi en su aventajada mente vampírica. Hasta que recordó algo que vio en la televisión hacía pocos días.

- Ya lo tengo… ¡Cuba! – Abrió los ojos con gran emoción. – El otro día salió un reportaje diciendo que se preveía una bajada de sol, dentro de un par de semanas…

- ¡No! – Gritó Alice. – Ahí, no… - Todos la miraron sorprendidos por su salida de tono.

- ¿Por qué? Cuba estaría bien – protestó Rose.

Bella y Alice hicieron contacto visual. A Bella le quedó claro porque a Cuba no.

- Edward está ahí. – Sentenció Bella. Alice suspiró, agachando la cabeza. – Pues… - suspiró muy profundo - Dejarme pensar otro sitio, ¿ok?

El salón se sumió en un silencio sepulcral. Todos miraron para Bella, consternados; y todos sabían, que Bella necesitaría unos momentos a solas para asumir esa noticia inesperada de Edward.

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Del cual hacía dos años y medio que no sabían su paradero; había mandado algunas cartas, felicitando las navidades y poco más.

Eran conocedores que Alice y él, mantenían cierta comunicación, de la cual ella no soltaba prenda.

-Si quieres saber de él, escríbele tu misma… Tienes su número de móvil. No lo ha cambiado – Alice le había dicho esas mismas frases a Bella, varias veces, con la misma cara de suficiencia.

Muchas, muchísimas veces había tenido el móvil en la mano, dispuesta a escribirle.

Como una adolescente, todas las noches, a la misma hora, miraba su conexión de wasap, pero él la tenía oculta.

Una vez, según pulso su nombre y la pantalla de conversación se abrió, él también se puso en "línea". En ese momento, Bella podía haber jurado que su corazón dio un latido de la emotividad. Se quedó mirando el estado de Edward, emocionada por pensar que estaban "unidos" por su "estado" de wasap.

Al cabo de un minuto, Edward se desconectó y a ella le invadió un desasosiego similar al que había tenido cuando él se fue. Sumiéndola en un estado de tristeza.

Haciendo un gran esfuerzo, Bella no volvió a mirar más su estado. Estaba empezando a agobiarse y a obsesionarse.

Y ahora, sin querer, sabía dónde estaba. Aunque distaban más de seis mil kilómetros, ella había supuesto que se habría decidido por otro tipo de destino, mucho más lejos.

Bella se fue a la zona donde Edward la había atrapado mientras corrían, el día que se sinceraron. Era una zona muy alejada de la casa, a la orilla del mar, y desde ese día se había convertido en su sitio de pensar, su sitio especial por ser donde se besaron por primera vez desde que ella se había convertido; y aun ahora, tras más de dos años, le parecía que podía reconocer su olor.

Cerró los ojos, llenando su mente de la fragancia del vampiro que la enloquecía, y sin darse cuenta, comenzó a pensar en el día en que él se fue…

Flashback

A los dos días de la competición entre Edward y Bella, y su declaración mutua, él se fue.

Habló primero con Carlisle, y una vez se llevó a Bella al entrenamiento, se despidió de la familia.

Todos se quedaron descompuestos, ya que no parecía haber tanta tirantez entre él y Bella, como para que Edward optara por irse.

- Ambos necesitamos tiempo. Sobre todo, ella – Suspiró lastimero – Tiene miedo; me tiene auténtico pavor – gesticuló con los ojos, apesadumbrado – Sus sentimientos son completamente contradictorios. Por un lado, me ama – Sonrió melancólico – y me desea, pero por otro, sigue con el miedo a sufrir… Los recuerdos humanos la tienen confundida. Necesita tiempo… y debo ser yo quien se lo de.

- Pero Edward… - Rosalie y Esme lo miraban desconcertadas. – Solo necesita eso, tiempo…

- Si. Y voy a dárselo. – Su voz no admitía réplicas – Estando yo aquí… Y yo mismo necesito un poco de tiempo.

- La prueba de fuego es esa… Si te echa de menos – Alice se acercó a su hermano y apoyó la mano en su hombro. – Pero debes ponerte una fecha, un tope. Puede que dentro de 100 años os superéis por completo, - lo miró indicándole que no estaba de broma – Pero no puedes esperar de forma indefinida.

- Hermano – Emmet se acercó a Edward y copió el gesto de su hermana, apoyando su enorme mano en el hombro de Edward - Esto no es una cuestión de querer más o menos, a uno o a otro… Pero creo que haces bien. Ahora es el momento de Bella, de que se sienta arropada. – Ambos asintieron – Te quiero y te echaré de menos, Edward.

- Yo a ti también, Emmet.

Ambos se fundieron en un gran abrazo fraternal.

El resto de la familia también fue despidiéndose de Edward con abrazos y palabras de cariño.

Tampoco sería para siempre… Ni siquiera serían demasiados años; tal como dijo Alice, se marcaría un tiempo y volvería.

Entonces, se vería lo que pasaba.

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Cuando esa noche, Bella regresó con Carlisle de su entrenamiento, captó, sin falta del don de Jasper, que algo había pasado.

Toda la familia estaba sumida en un estado de tristeza más que palpable.

Justo cuando iba a preguntar qué ocurría, un "clic" sonó en su cabeza:

Edward

- ¿Dónde está Edward? – preguntó, notando como su innecesaria respiración se agitaba, sacudiéndole el pecho con violencia.

Alice y ella hicieron contacto visual, y solo por la forma de mirarla, Bella sabía lo que pasaba:

Edward se había ido.

- ¿Se ha ido? – Preguntó en un susurro, con la mirada perdida.

- Si. Esta mañana – Respondió Alice. – Me pidió que me despidiera de ti, en su nombre; no quería hacerte sentir mal y pasar un momento incómodo… - Alice no pudo seguir hablando, ya que la reacción de Bella los dejó asombrados.

La vampira se dejó caer al suelo de rodillas, gimiendo y agarrándose la cara con las manos.

- ¡Bella! – Exclamaron todos.

- ¡NOOOO! Noooo…. Edward… Edward…. – Gritaba desconsolada.

Emmet se tiró a su lado, y la abrazó para consolarla. O por lo menos, intentarlo.

- Tranquila Bella… ¡Shu! Tranquilízate nena… - Le susurraba el vampiro, completamente anonadado.

- No… - Gruñó; el pecho le subía y bajaba con violencia, y se notaba la cara desencajada. – Esto es mi culpa… La que tenía que irse, era yo. Yo, que quería la unión familiar, he sido la causante de que se haya roto… - Tomó aire, porque, aunque era imposible, sentía que se ahogaba.

- Bella… Por favor… Tu estás aquí por méritos propios. Te queremos. – Intervino Esme, como "madre" sabía que era su deber intentar calmar a su hija más joven.

– Desde que aparecí en vuestras vidas, no he hecho otra cosa más que causar dolor a tu familia – La mirada de Bella estaba opaca; vacía y rota de dolor.

Carlisle se acercó a ella, y la zarandeó por los hombros, consiguiendo así, que Bella se calmara de su ataque de histeria.

- Mírame bien, Isabella… - le habló muy serio – Tu no has roto nada. Es cierto que entraste en nuestra familia por Edward, pero ya te lo dije una vez, - la miró fijo a los ojos – Tu solita te ganaste el amor de todos. Eres una Cullen por méritos propios.

- Bella – Esme se acercó a ellos, y acarició un brazo a Bella – Tu no lo sabes, porque no conoces toda, toda nuestra historia, pero no hemos estado siempre todos juntos. – Bella frunció el ceño. – Rose y Emmet, cada ciertas décadas, les gusta rememorar su boda, con la luna de miel incluida – la matriarca les lanzó una mirada dulce a los nombrados – Y su viaje suele alargarse en el tiempo… - si giró hacía ellos - ¿Cuánto tiempo fue la última vez? – Les preguntó.

- Dos años… un poco más – Respondió Rose. Bella pestañeó sorprendida.

- Alice y yo, - intervino Jasper – También nos separamos un par de veces.

- Desde que te conocimos, ninguno se ha separado. Estábamos demasiado tristes, como para estar lejos de la familia. – Añadió Emmet.

- Y Edward sabes que estuvo varios años, en su "juventud", lejos de Esme y de mí. – Carlisle atrajo la atención de Bella en cuanto nombró a Edward – él no se había separado más. Solo una vez que se quedó unos meses acabando un master, mientras nosotros nos asentábamos en un sitio nuevo… - Carlisle suspiró, cansado – ¿Ves? Tu no has roto nada

FIN FLASHBACK

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Para poder pasar mejor el dolor de la pérdida de Edward, Bella le pidió a Carlisle que potenciara los entrenamientos; necesitaba soltar "adrenalina" y mantener la mente ocupada al extremo.

Carlisle lo meditó, pero solo tardó unos segundos en decir que eso sería lo mejor para Bella, para que tal como ella le había dicho, tuviera la mente completamente ocupada, así que comenzó a llevarla al límite de sus capacidades. A parte de ocupar su mente, Bella quería potenciar sus entrenamientos para inmunizarse de los humanos cuanto antes; de esa forma, podrían irse de la isla.

Era un sitio paradisiaco, pero ya empezaba a resultar algo tediosa.

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Pocos meses después, fue cuando Carlisle se arriesgó a llevarla entre humanos. Bajaron a Río, y eligió calles que no estuvieran demasiado concurridas; se tomaron de la mano y pasearon.

Ese ejercicio lo hicieron muchas, muchas veces.

El primer día que lo llevaron a cabo, a Bella le duró el ardor de la garganta durante días, pero tenía un propósito, que era dejar la isla y poder ir a un nuevo destino; a una ciudad. Así que se tragó la ponzoña y aguantando el dolor, siguió con los nuevos ejercicios.

Poco a poco, esos entrenamientos fueron dando sus frutos, y eso le trajo resultados y "premios". Carlisle fue delegando en otros miembros de la familia, el acompañar a Bella. Hacían exactamente lo mismo, se tomaban de la mano, y caminaban.

El primero que la acompañó fue Jasper; tras unas cuantas veces, donde comprobó que Bella se dominaba, Emmet fue el encargado de bajar con ella a "pasear".

Esas clases intensivas, la mantenían ocupada, casi podía sentirse hasta agotada, pero a cada logro que conseguía, Edward entraba en su mente.

"Si estuvieras aquí… podríamos celebrarlo juntos. Estarías tan orgulloso de mí…"

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Ahora era consciente, de cuanto lo amaba. No había dejado de hacerlo nunca; ni cuando se sintió tan despechada al irse él de Forks, dejándola de aquella manera.

Siempre tuvo claro que lo amaría por siempre, pero ahora, tras su marcha, fue aún más consciente.

Él siempre había estado ahí, esperándola. Amándola…

En cuanto Carlisle diera el visto bueno de que estaba preparada para poder convivir entre humanos, no esperaría más. Se reunirían y ella le diría lo muchísimo que lo amaba, y que quería empezar una eternidad con él.

Eso la hizo tener su objetivo aún más claro. Lucharía hasta que ese ardor de su garganta se fuera. Debía ser más fuerte que sus instintos para poder salir de esa isla, y comenzar "todos" juntos en un sitio nuevo.

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ACTUALIDAD.

El día de "la prueba decisiva", había llegado, y Bella necesitaba de su ejercitado autocontrol para estar quieta y no dar saltos.

- Bien… - le dijo Carlisle a la puerta de casa – Quiero que sepas, que, si no lo consigues, no pasa nada. Seguiremos practicando hasta que estés lista.

- Vale… Vale – contestó atropellada.

- Tranquila… - rió él – Se que estás ansiosa por saber de lo que se trata, pero quiero que te entré en tu linda cabecita, que esto, es una prueba que se hace tras años de ser convertido… No con apenas cuatro, y menos de tres de ejercitación.

- ¡Ufff…! – resopló – me estás poniendo nerviosa.

- Sí, lo sé. Perdona – se disculpó. – La prueba empieza por ir en lancha hasta el continente. – Bella frunció el ceño, ya que siempre iban a nado. – Vamos a actuar como humanos, desde el principio.

A cabo de cuarenta, eternos, minutos, llegaron a los embarcaderos de Río. Esa noche habían bajado bastante más temprano, por lo que había gente por allí; los pescadores que recogían de su jornada, e incluso algún turista.

- Respira, Bella… Embébete de su olor. Tú eres más fuerte que ese ardor en la garganta. – Recitó el patriarca. Bella cerró los ojos y, respiró profundo.

Tragó varias veces, controlando el ardor.

"Tú puedes, puedes hacerlo. Eres fuerte"

Se repetía como un mantra.

Abrió los ojos y miró para Carlisle sintiéndose relajada.

- Podemos comenzar. Estoy controlada.

- Lo sé… Tienes los ojos ambarinos – Le sonrió orgulloso.

- Vamos, pues… - Bella le tomó la mano, como hacían siempre. Pero Carlisle no se movió.

- Hoy no… - ella frunció el ceño, confundida. – Vas tu sola. – Abrió los ojos, perpleja.

Carlisle le soltó la mano y le dio un tierno beso en el dorso.

– Mézclate entre la gente, pasea como una turista. – Bella sintió un escalofrío. – Pero la prueba de fuego, es que debes pararte en uno de los puestos, y comprar una bolsita de frutos secos, pagarla, intercambiar alguna palabra con quien te lo sirva, despedirte, y traerme esa bolsita… como prueba – Le alzó las cejas. Bella hiperventilaba - Se que podrás. Confío en ti. – la miró directo a sus ojos, mostrándole confianza. – Estás preparada.

- Y si… ¿Y si pasa algo? – Preguntó con un hilo de voz.

- Si llegara a pasar, me encargaría de cubrirlo. – Bella jadeó - Emmet y Jasper están avisados, en alerta por si "ese" algo llegara a pasar. Y, nadie te lo tendría en cuenta. Ellos, han tenido fallos, y siendo más maduros que tú. – Bella respiró hondo, tragándose el miedo. - ¿Lista? – Asintió.

Carlisle le indicó por donde tenía que ir. En la ruta, debía pasar por una de las calles más céntricas, donde los lugareños salían a la calle a beber y festejar, la cual estaba llena de pequeños puestos; varios de frutos secos. Esa era la zona "peligrosa".

- Te esperaré en los muelles, donde dejamos la lancha, ¿de acuerdo? – Bella respiró profundo dos veces, y asintió enérgica.

- Lo haré. – Carlisle asintió.

- Toma. – Carlisle depositó en su mano unas monedas. – Para pagar las nueces, más una propina. Los lugareños están acostumbrados a que los turistas les dejen unas monedas de más.

Se dieron un afectivo abrazo, y se despidieron.

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Bella comenzó a caminar tranquilamente entre la gente, callejeando. La sensación era controlable, incluso cuando se metió de lleno en el barullo de personas. Era más el miedo que la sed. Cuando se percató de ese detalle, sintió como todo su organismo se relajaba.

Eligió uno de los puestos, donde atendía una señora mayor y un chico jovencito.

- Hola, quería una bolsita de nueces, por favor – pidió con voz suave.

- Claro, señorita. – La anciana, comenzó a rellenar una bolsa con el pedido.

El chico que acompañaba a la señora, se quedó embobado. La belleza de Bella lo había dejado completamente aturdido.

- ¿Está de visita? – le preguntó la señora.

- Sí, soy invitada de unos amigos.

- Y, ¿le está gustando Río?

- Si… muchísimo. Es una ciudad, mágica. – la anciana sonrió complacida por la respuesta y le tendió la bolsa de nueces.

"Despacio Bella… No le arranques la mano"

Con movimientos controlados, Bella tomó la bolsita y le puso en la mano las monedas.

- Muchas gracias, señorita. Espero que siga disfrutando de su estancia. – Tal como había dicho Carlisle, a la señora le había gustado la propina.

- Hasta… Hasta luego… seño-rita – Tartamudeó el chico. Bella le sonrió, y notó como el pecho del chico subía y bajaba con violencia.

"Cuando le cuente esto a Rosalie, tendremos risas para una temporada"

Bella iba sonriendo ante su pensamiento, deseando contarle a su hermana esto. Pero más le hacía sonreír el ver que había pasado la prueba. Solo debía cruzar unas calles más, y unos metros después, estaría Carlisle esperándola en los muelles.

Aunque era de noche, esas calles principales estaban bastante iluminadas con farolillos, por lo que no pasaba desapercibida y muchos hombres comenzaron a fijarse en ella. No la molestaba, al contrario, tal como le había dicho Rose, su ego se veía alzado viendo como esos hombres la devoraban al verla.

"Si supierais que la que podría devoraos soy yo…" Pensó sarcástica.

Por lo que decidió salirse de la zona más concurrida. Fue degustando el sinfín de aromas que esa ciudad afrodisíaca la brindaba, despidiéndose de ella, hasta que un aroma "extraño" entró en sus fosas nasales, alertándola:

Una vampira, si no se equivocaba en su olfateo determinando el sexo, andaba cerca. Su rastro era extremadamente reciente. Y estaba mezclado con otro aroma, más débil, pero fácilmente reconocible: otro vampiro.

Justo cuando iba a girarse para ir al encuentro de Carlisle y alertarlo, otro aroma, tremendamente familiar, la hizo detenerse:

Edward.

Edward estaba cerca. Y estaba solo.

"Edward…2

Se quedó plantada, sin saber qué hacer.

¿Seguía el rastro o iba en busca de ayuda?

En ese momento maldijo no llevar su móvil encima.

¿Y si no había peligro? ¿Y si venían juntos?

Algo le decía que no.

Ella no había peleado nunca, solo Jasper le había dado alguna clase, y muy por encima.

"Joder, Bella… ¡No te paralices!"

Justo cuando decidió ir por Carlisle, ya que no estaba lejos de su posición, escuchó un alboroto de voces discutiendo. Los pelos de su nuca se pusieron de punta, advirtiéndole. Y de pronto, un ruido seco como de golpe fortísimo se escucho, paralizándola.

"¡Dios mío… Edward!"

No lo pensó más y rastreó el olor de "su" vampiro.

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En menos de un minuto llegó a la posición donde el olor se hacía más fuerte, era un claro dentro de un bosquejo, bastante lejos de las casas de labranza; ella había estado allí muchas veces, al inicio de sus entrenamientos.

Cuando se adentró en el claro, pudo distinguir los olores de los dos vampiros extraños y el de Edward.

- Vaya, vaya… Eres buena rastreadora – Una voz femenina, sonó a sus espaldas, mientras caía de uno de los árboles que rodeaba el claro.

Cuando tuvo a la fémina a la vista, los ojos de Bella se abrieron hasta el infinito ante el reconocimiento:

- Victoria – Susurró, en un jadeo.

- La misma. ¿Pensabas que me había olvidado de ti? – Le preguntó mirándola felina.

- Ahora soy una vampira, no hay delito.

- No… ya no puedo usar la baza de acusarte a los Vulturis, pero tengo otra que va a dolerte mucho más – Su sonrisa era espeluznante.

A unos pasos de Victoria, el otro vampiro que había olfateado Bella, salió a la luz. Fuertemente sujeto, llevaba a Edward a rastras.

- ¡Edward! – Gimoteó Bella horrorizada.

Le había hecho una especie de llave con el brazo alrededor del cuello y con el otro tiraba de uno de sus brazos en una posición imposible.

Bella dio un paso en su dirección, y el vampiro tiro del cuerpo de Edward. En el silencio de la noche pudo distinguirse el sonido de su cuerpo resquebrajarse.

- No… ¡NOOOOO! – Bella retrocedió el paso andado. Miró hacía Victoria con ojos suplicantes, inyectados en pánico – Por favor… No le hagas nada. Por favor… - suplicó. - ¿Qué quieres? Mi familia tiene dinero…

- ¡jajajajaja! – Su risa maléfica resonó como salida del mismísimo infierno. - ¿En serio piensas que me puedes pagar con dinero? – Victoria la miró seria con ojos envenenados. - ¿Puedes devolverme a James con dinero?

Bella jadeó. No lo recordaba; los Cullen habían matado a su pareja, a James, por intentar cazarla. Aquel fatídico día del partido de baseball.

- Siempre se pierden recuerdos humanos en la transformación… Compruebo que la muerte de James, para ti, no significó nada. Como nada va a significar para mi la muerte de Edward. – Los ojos de la vampira destellearon con maldad.

- Noooo… Noooo… - El pecho de Bella subía y bajaba con violencia. – Mátame a mí. Ese era tu plan desde el principio. Suéltalo, por favor… - Suplicaba. – Era a mi a quien querías. Por favor…

- Vaya, vaya… debes amarlo más de lo que supuse. – Gesticuló, fingiendo que pensaba – No te ha costado nada dar tu vida por la de él… Ahora… - suspiró - ¿Qué voy a hacer? ¿Riley? – Giró su mirada al otro vampiro, el cual seguía sujetando a Edward.

- Victoria… Ya tenías el plan elaborado, no te entretengas. – Le contestó de malas formas; más bien le gruñó. Victoria giró la cara, con molestia.

Y ahí es donde Bella vio una posibilidad.

Ese otro vampiro, Riley, estaba nervioso; podía sentir su miedo. Eso solo quería decir que él sabía que, si Edward se soltaba, tenían las de perder.

Tenía que formular un plan; algo que le diera a Edward una oportunidad de deshacerse de la cárcel de los brazos del tal Riley.

"Sin tan siquiera pudiera escucharme… Piensa, Bella… piensa. ¡Alice!"

Se concentró y visualizó en su mente lo que ocurría. Estaba segura de que ella lo vería y alertaría a Carlisle.

Pero no podía arriesgarse, ya que los segundos pasaban y Victoria no iba a esperar mucho más, sobre todo por lo nervioso que estaba su compañero. Necesitaba hacer tiempo.

Bella se dejó caer de rodillas, dejando a Victoria pasmada.

- Por favor… No me voy a resistir. – murmuró. Edward gruñó, menándose encolerizado – Prefiero que me mates a mí.

- Me lo pones demasiado fácil – Victoria la miró con una ceja alzada.

- Él – señaló Bella a Edward con un movimiento de su cabeza – sufrirá mi pérdida. Eso es lo que quieres, - alzó la cara – venganza… Pues aquí me tienes de una maldita vez. ¡Hazlo! No alargues más está ejecución. – La increpó, alzando la voz.

Victoria se quedó descolocada. Supuso que Bella rogaría por la vida de ambos, o que se intercambiaría por Edward, pero parecía que deseara la muerte.

- Mucha prisa tienes en que acabe con tu existencia – murmuró con sospecha.

- Ellos me convirtieron a traición – Edward se quedó atónito – Yo no lo tenía claro. Solo lo hacía por ellos… Yo no quería esta vida… Así que, me haces un favor. – la miró y le dedicó una tímida sonrisa. – Te pido que acabes con mi calvario… Nos haces un favor a ambas.

- No… - Victoria negaba con la cabeza, angustiada – Esto no está saliendo como ideé. No me lo puedes poner tan fácil. – Estaba nerviosa. Estresada.

Bella agachó la cabeza, en señal de rendición, eso enfureció a Victoria, que era lo que Bella quería; distraerla y que cometiera un fallo.

La vampira se acercó a ella, completamente enfurecida, y se inclinó para alzarle la cabeza. Tanto tiempo planeando y esperando este momento, y ahora se lo ponía tan fácil… Eso no le daba ninguna satisfacción.

Justo cuando Victoria bajó su brazo para coger a Bella del pelo y alzarle la cabeza, esta, previendo ese movimiento, agarró su brazo con gran fuerza, y, dando un giro en el aire, la abrazó por la cintura. Tiró de su brazo, hasta tenerlo completamente bloqueado.

- ¡Ahhhh! – chilló la pelirroja.

- ¡Suéltalo o le arranco el brazo de cuajo! – Le gritó Bella a Riley, intentando mantener sus nervios bajo control.

Riley miraba para Victoria perplejo. No esperaba que los acontecimientos diesen un giro así y no sabía qué hacer.

- Suéltalo – Silbó Bella cual serpiente.

Apretó su agarre y el brazo de Victoria comenzó a ceder, llenando la noche con el ruido del mármol rompiendo.

- ¡AAAHHH! – Chilló.

Riley, que debía querer a Victoria, al ver como iba a ser amputada, aflojó el agarre de Edward, y este aprovechó la ocasión para liberarse, cambiando las posiciones. Ahora él era el que tenía a Riley sujeto como una cárcel.

Pero Edward no lo pensó, apretó hasta que separó el cuello del vampiro, lanzando ambas partes lejos la una de la otra.

- Noooo…. – Gruñó Victoria.

- ¿Pensabas qué ibas a ganar? Me jodiste la vida durante años… Por tu culpa sufrí lo inmedible… No sabes cuánto te odio. – Le dijo con la voz tomada por la ira y completamente enajenada.

Bella tiró y le arrancó el brazo, lanzándolo lejos.

- ¡Ahhh! – Chilló Victoria con dolor.

- ¿Duele? Pues esto no es nada con lo que te voy a hacer… zorra vengativa. – Le escupió con asco. Y tiró del otro brazo, despacio, haciendo a Victoria sufrir.

- Bella… Tranquila. – Edward estaba a unos pasos de ellas; alzó las manos en señal de calma, y dio un paso, despacio. – Estoy bien. No seas como ella, Bella.

- Isabella – La voz de Carlisle llenó el ambiente. – No. Los Cullen, no hacemos eso.

- Pero ella… ellos… iban a matarnos… No viste lo que estaban haciéndole a Edward – Gritó con la voz tomada. – Pagará por todo. Ahora soy como ella, puedo hacerle frente y yo voy a ser quien acabe con esto de una puta vez. – Soltó encolerizada.

- Remátala Bella. – La picó Emmet, con un orgullo más que patente en su voz.

Bella giró la cara, y toda la familia estaba allí. Pero en ningún momento aflojó su agarre sobre su víctima.

- Déjame… Suéltame… Sigues siendo igual que cuando humana… Débil y manejable. – Le soltó Victoria.

- Estas muy equivocada… - Siseó Bella. – Solo respeto a mi clan… A mi familia. Tu jamás sabrás que es eso. Y por respeto, voy a acabar contigo de forma rápida.

A Victoria no le dio tiempo a replicar, ya que Bella apretó el agarre contra su cuello, y de un golpe certero, le arrancó la cabeza.

- Haz los honores – Emmet, con una enorme sonrisa de orgullo, le tendió un mechero.

Alice y Jasper juntaron los trozos de ambos vampiros, y Bella lanzó el encendedor; en un segundo se formó una nube violácea, y un olor almizclado llenó el ambiente.

Emmet iba a abrazarla, pero Bella lo miró con disculpa, alzándole una mano.

- Este abrazo, tiene dueño – Emmet asintió con una sonrisa cómplice y a la par dulce.

- Cómetelo Bella – le dijo él. Ella le alzó las cejas, en señal afirmativa.

Recorrió la distancia que la separaba de Edward en una centésima de segundo, poniéndose delante de él.

Alzó la mano y le acarició el cuello, por donde había asomado una línea, cuando Riley había estirado.

- ¿Estás bien?

Edward la miró fijamente durante un segundo y deslizando sus manos por su cara, la besó. Un beso suave, de los que hacen que no tengas sentidos para nada más que para la otra persona. Dulce, cálido. Chupando los labios del otro, degustándolos. Pasando la lengua, despacio.

De esos besos que te calientan la sangre.

- Ahora sí. – Respondió una vez se separó de Bella.

- No quiero que vuelvas a irte… - le dijo ella con la respiración aún agitada por ese beso.

- Solo con una condición – Bella abrió los ojos, expectante – Que tu tampoco te vuelvas a ir. Que pases la eternidad conmigo, de una santa vez. – Bella sonrió, enseñando su perfectísima dentadura.

- Eso es fácil de prometer… - Pasó sus brazos por el cuello de Edward, y lo besó. Un beso suave, y rápido. – Empecemos ahora.

- Para siempre. – Ambos asintieron. – Te amo… desde el primer día.

- Te amo… Nunca dejé de hacerlo. – A Edward le brillaron los ojos; estaba enamorado, y ya no tenía porque seguir maldiciéndose por ello.

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65 años después…

- ¿A Forks? – Preguntó sorprendida Rosalie. – ¿Otra vez? – Frunció el ceño.

- Hace 75 años que nos hemos ido… La gente que podría reconocernos, ya ha fallecido. – Explicaba Carlisle, el cual ya estaba preparado para las quejas de su hija.

- Estamos bien aquí, pero bueno… ya es la tercera vez que nos hemos mudado, y hay gente que empieza a especular. – Comentó Alice.

- Llevamos casi diez años en Inglaterra. Y hemos viajado muchísimo – Esme sonrió, ya que eso había sido idea de Bella.

- Siiii… va a ser interesante volver a Forks – Bella comenzó a dar saltos de entusiasmo. Rose rodó los ojos.

- Eres imposible… - se quejó la rubia, pero no pudo evitar reírse.

- Quien sabe si me cuelgo de un jovencito en el Instituto de Forks… - Alzó las cejas, hacia Edward, el cual la miró con los ojos entrecerrados.

- Ah, ¿sí? – ella asintió, poniendo cara de angelito. – ¿Quieres que te recuerde porque no necesitas "colgarte" de un chiquillo? – Bella se inclinó de hombros, haciéndose la inocente.

Edward la agarró de un brazo y la subió a su espalda; sin darle tiempo a réplicas, se la llevó al bosque que había detrás de la casa de campo que tenían arrendada.

La bajó de su espalda, y sin darle casi tiempo a Bella a poner los pies en el suelo, su ropa se había volatilizado.

La sujetó por la cintura y por el cuello, y la besó con tanta pasión, que un humano hubiera sufrido un infarto.

Su propia ropa no tardó en desaparecer.

Ambos, piel con piel, comenzaron a tocarse ansiosos. Parecía que dos manos era poco para poder acariciarse todo lo que necesitaban.

Se hicieron el amor como dos recién enamorados. Con la pasión que envuelven los primeros años de relación.

Que llevaran 65 años juntos, para ellos, era poco. Necesitaban la eternidad para seguir amándose.

Porque las cenizas de un amor, siempre están ahí; esperando a ser revividas. Y ellos hacían renacer la llama de esas cenizas todos los días.

Para siempre.

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- FIN -

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Bueno, chicas... espero, de todo corazón, que os haya gustado esta historia. Y este final.

Tengo sentimientos encontrados, como habitualmente me pasa... Por un lado estoy encantada de ponerle el FIN, pero por otro... me da una pena terrible. Fue una historia que me gustó mucho escribir.

La verdad que tenía pensado haberla acabado hace mucho tiempo, pero... el día a día, no nos permite dedicarle todo el tiempo que quisiéramos a este hobby.

OJALÁ ME DEJÉIS UN COMENTARIO, UNA OPINIÓN SOBRE QUE OS PARECIÓ EL FINAL.


EN UNOS DÍAS, PUBLICARÉ UN NUEVO FIC. UNA NUEVA TEMÁTICA, UNA NUEVA TRAMA Y NUEVA RELACIÓN ENTRE NUESTROS PERSONAJES.

OS ADELANTO EL TÍTULO: """LA PROTEGIDA"""