Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Latidos

― Maldita sea, Edward. Tengo media hora esperando.

James siempre siendo impaciente, nos dimos un fuerte abrazo, ignorando su comentario me senté frente a él mirando sin importancia el gentío en el ruidoso bar.

― Tu última salida antes de volverte un padre responsable y sumiso ―se burló―. ¿Qué novedades hay?

Le miré por unos segundos, negando y volví mi vista al concurrido lugar lleno de humo y luces. La camarera no tardó en llegar dejando un par de cervezas heladas en la mesa.

― Eso mismo quiero saber, ¿qué ocurrió entre Kate y tú? ―pregunté más relajado.

Bebió de su cerveza el tiempo suficiente para hacerme olvidar el asunto mientras sus ojos azules se negaban a mirarme.

― Ya, ¿qué ocurrió? ―insistí.

― Nada. No ocurrió nada, me pidió que no insistiese más. Tú hermana acaba de iniciar una nueva relación con su mejor amigo. Ya sabes ―dio otro largo trago a su cerveza― alguien joven más acorde con ella. En fin…

Lo acompañé bebiendo de mi cerveza, ¿qué podía decir? Kate siendo mi hermana no le llamaría nunca que era una perra por traerlo como tonto. Quizás lo era, sería un tema a tratar entre ella y yo.

― ¿Listo para recibir a las pulgas? ―inquirió, su voz volvió a ese tono burlón y castrante.

― Estoy ansioso porque estén en casa ―acepté sonriente tratando de ocultar los nervios que podía sentir ante la idea de que todo fuese un desastre. No tanto por las niñas en casa, sino por nosotros al no poder atender sus necesidades al momento que requieran.

― No puedo creer que estemos aquí compartiendo unas cervezas después de tanto tiempo. Ahora que estás de nuevo con Bella no te dejas ver, cretino. Ya déjala respirar o terminarás por aburrirla.

La burla comenzó otra vez ante la camarera que trajo la siguiente ronda de bebidas y aperitivos y yo pude degustar y saciar mi apetito soportando la mofa de James. Así pasó una hora más hasta que realmente me empezaba a sentir mareado.

― ¡¿Cullen?! ―una palmada en mi hombro me hizo voltear a la voz conocida. Era Emmett McCarty mi antiguo abogado, me puse de pie y le saludé con un gran abrazo.

― ¿Qué haces aquí? ―quise saber.

Él sonrió saludando también a James y sentándose con nosotros.

― La madre de mi hijo se vino a vivir a esta ciudad y tuve que cambiar mi residencia.

― ¿Tienes un hijo? ―preguntó James. Igual a mí me sorprendía la noticia más no hice evidente mi asombro. A decir verdad no conocía nada de McCarty que no fuese su profesionalismo para trabajar.

― Sí, tengo un niño de dos años. Y tres años de divorciado ―nos confesó con una cínica sonrisa―. Festejamos que al fin éramos libres y ella quedó embarazada ―respondió a nuestra pregunta no formulada―. Hoy somos muy buenos amigos, ella está por casarse con un buen hombre y estoy feliz porque seguiré viendo a mi bebé.

McCarty siguió contando su vida y James estaba entretenido con cada revelación. En cambio, yo solo podía imaginar que no hubiese conseguido una amistad con Bella si ella hubiera tenido otra pareja. Con las semanas que tuve que tratarla como amiga era incómodo mantener mis manos alejadas de su piel y aguantar las ganas de besar sus labios, no, no hubiese soportado la idea de verla con otro.

― ¡Pues bienvenido al club de los solteros! ―alardeó James chocando la cerveza con la botella de McCarty―. Aquí estoy despidiendo a éste cretino que ya mañana sus días serán de pañales sucios y vómitos.

McCarty me sonrió levantando su pulgar.

― Es la mejor etapa. Disfruta mucho porque después te tocará correr detrás de cuatro chicas con energía interminable. No se cansan nunca, ahora estoy viviendo esa etapa con Liam, mi pequeño imparable ―expresó McCarty dejando una palmada a mi hombro poniéndose de pie y mirando en todas direcciones del bar.

― Quédate con nosotros ―le pedí― vienes solo, ¿no?

― Estoy buscando a una mujer que tiene semanas que he visto por aquí, no me animo a hablarle ―reveló sin dejar de mirar a su alrededor― creo que todavía no llega.

― Este día no es para hablar de mujeres, festejemos que estamos bien y solteros ―dijo James―. Bueno, tú no ―me señaló.

― ¡Ahí está! ―exclamó McCarty sentándose de inmediato― es aquella que viene llegando.

Volví mi vista a la entrada. Había varias mujeres entrando acompañadas por sus parejas llamando mi atención la pelirroja alta que escaneaba el lugar con sus ojos fieros, detrás de ella y apenas se distinguía Isabella enfundada en un mini vestido de cuero negro, ¡qué diablos! Su maquillaje recargado la hacía verse hermosa y llamativa para la vista lujuriosa de algunos tipos hambrientos de por aquí. Me puse de pie, ¿¡qué mierda hacía Isabella en este lugar!?

― ¡¿Te gusta Victoria?!

Escuché que James inquirió con cierta burla.

En mi caso no sabía si ver el semblante de McCarty o no perder de vista a mi mujer. Opté por lo segundo y me quedé más tranquilo al ver que la pelirroja guió a Bella a una mesa donde las esperaba otra chica que no reconocía. La rubia era igual de menuda que Bella la saludó con un gran abrazo antes de sentarse las tres juntas.

No me podía concentrar en la conversación mientras la mesa a la distancia era ocupada por mi mujer que ni cuenta se había dado de mi existencia.

― No sabía cómo se llamaba ―murmuró McCarty.

Fue cuando le miré dándome cuenta de la mujer que hablaba era Victoria.

― Es una vieja amiga ―dijo James―; ¿quieres que te la presente?

McCarty negó. En un instante observé a James y éste sonreía contemplando su botella de cerveza. Por supuesto que más allá de su sonrisa nostálgica había algo, no dejaría pasar la oportunidad para saber qué sentimientos tenía por la pelirroja.

Me concentré en la mesa donde estaba Bella. Miré que el vestido era muy revelador y sus piernas se exponían muy provocativas sin ella percatarse de las miradas que incluso alguno que otro ponía en su figura. Solo estaba concentrada en lo que estuviese conversando con sus amistades mientras bebía alguna gaseosa.

― ¿Por qué no te unes a Edward?

Volví mi atención a ellos. James me miraba interrogante y McCarty parecía esperar una respuesta.

― ¿De qué hablan? ―pregunté.

― Trata de concentrar tu cabeza en esta mesa, Edward ―pidió James―. Bella está ahí y está pasando una noche con sus amigas, no le importas en lo absoluto en estos momentos.

― James me estaba diciendo que estás empezando un nuevo bufete de abogados. Sería bueno unirnos ―explicó McCarty― ¿qué dices, nos hacemos socios?

Interesado por completo en su propuesta nos sumergidos en una conversación de negocios donde James pasó a seguir bebiendo sin tener idea de qué rayos opinar al no tener un gramo de conocimiento de aspectos jurídicos. La mesa se había llenado por completo de botellas de vidrio vacías fue el momento que volví mi vista a la mesa y Bella no estaba allí.

Froté mi rostro echando un vistazo por todo el lugar, sintiéndome ebrio.

― ¡Oye, Victoria! ―gritó James mirando tras de mí― ¡quiero presentarte a un amigo!

Escuché el bufido inconfundible de la pelirroja al acercarse a nuestra mesa.

― ¿Qué hacen ustedes aquí? ―demandó.

― ¿Dónde está Bella? ―exigí en el mismo tono.

― Estaba en el tocador ―escuché a Bella y me volteé a mirarla. Ella se acercó extrañada por nuestra presencia, envolví mi brazo en su cintura y la acerqué más―. ¿Has estado aquí todo el tiempo?

Asentí. Apretando su cintura.

― Dame un beso ―pedí, para que todos supieras que era mía.

Bella negó con una sonrisa.

― Te dije que me las pagarías ―rezongó al sentarla en mi regazo, sujeté su cara y la besé pese a sus absurdas protestas.

― Éste es Emmett McCarty ―presentó James señalando al hombre junto a mí―. Ella es Victoria.

La pelirroja extendió su mano y saludó de beso a McCarty que se había puesto de pie, ambos eran altos. Emmett era de personalidad tímida y Victoria era una loca compulsiva, no había nada en común ahí que no fuera su estatura.

― Me marcho… ―una voz suave nos hizo voltear al lado de Victoria, era la chica rubia que estaba junto a ellas sonrió nerviosa e hizo un ademán para despedirse.

― ¡Espera...! ―chilló Bella―. Ella es Gabrielle, es una amiga de años que ha vuelto a la ciudad.

La chica volvió a sonreír con mayor confianza y saludó a cada uno mientras Bella iba presentando. Al momento que estrechó su mano con la mía su mirada fue de Bella a Victoria volviéndose cohibida.

― Quédense con nosotros ―invitó James haciendo un espacio para sacar otra butaca.

Las amigas de Bella se acomodaron en cada lugar, dejándola a ella en mi regazo para seguir frotando mis dedos en sus piernas y degustar de la piel expuesta de sus hombros. Victoria siempre tan confianzuda empezó a interrogar a James y McCarty dejando a la rubia de lado, se veía incómoda sin tener tema de conversación con nosotros.

La pelirroja notó la timidez de su amiga y empezó a conversar por ella. Gracias a Victoria descubrimos que Gabrielle estaba tratando de superar una ruptura después de un noviazgo de ocho años, era licenciada en informática y estaba desempleada. Y ahora estaba viviendo con ella después de vivir por años en Utah.

Después de todo pasamos una velada interesante. Nos despedimos con una promesa de volver a salir todos juntos. La pelirroja gruñó por no soltar ni un momento a mi mujer y traerla conmigo en mi auto. Al llegar a casa Bella corrió a ducharse y yo sintiéndome menos mareado vi la oportunidad de una charla pendiente con mi suegro.

Charlie estaba en el pórtico trasero recargado en la baranda de madera fumando un cigarro en el completo silencio de la madrugada.

― No deberías fumar ―dije no muy convencido que fuese la frase correcta para llamar su atención. Él se volvió unos segundos y con una mueca fijó de nuevo su vista en la penumbra del jardín―. Charlie, me gustaría hablar contigo.

Él siguió fumando sin poner su atención en mí, aunque de igual manera sabía que me escuchaba.

― Sé que no soy de tu agrado. Incluso me doy cuenta que mi presencia te irrita ―recargue mis antebrazos en la baranda, al lado suyo―. Quiero que sepas que no le fallaré a tu hija, nunca más.

― Puedes decir mil cosas y nada asegurará que sea cierto ―masculló―. Mi Bella se merece a alguien mejor, y no al tipo que la engañó con otra.

― Tienes razón ―coincidí, ganando su completo interés me miró con su entrecejo arrugado―. Tu hija se merece un hombre cabal, pero por algún motivo ella me eligió a mí, me dio otra oportunidad que no voy a desaprovechar.

Dio una calada al cigarro y se mantuvo en silencio.

― Ambos amamos a Isabella ―mencioné―. No de la misma forma, sí con la misma intensidad. Démosle un poco de paz ahora que las niñas lleguen a casa, te propongo que dejes de lado tus resentimientos para tener un trato cordial delante de tu hija.

― Ves, por esto me molesta tu actitud socarrona. Sueles acomodar todo para hacer sentir mal a cualquiera y victimizarte.

Reí.

― Soy abogado, Charlie, sin querer sale a relucir mi lado elocuente.

― Solo no quiero que la hagas sufrir ―su voz fue seria y algo pastosa― porque ahora que eres padre entenderás que cuando se daña a una hija es estrujarte el corazón y solo deseas destrozar a esa persona con tus propias manos. No creo que sea muy diferente al tener cuatro hijas ―explicó―, en mi caso siempre fue ella, y mi vida entera se volcó en su persona desde su nacimiento, viví cada momento de su vida y fui inmensamente feliz, entonces cuando te llevó a casa lo supe y me caiste mal porque comprendí que me la habías arrebatado, me quitaste a mi niña. Y quise entender que era parte de la vida, y asumí que si ella te quería, te aceptaría con tal de verla feliz… quizás deba intentarlo de nuevo, no sé.

― Es poco probable volver a tratar bien a quien alguna vez hizo llorar a tu hija ―concluyó volviendo al interior.

Me quedé un poco más de tiempo disfrutando del silencio, meditando la forma en que un padre puede amar a una hija. En mi caso eran cuatro chicas, por supuesto que no tenía ninguna intención siquiera de conjeturar una posibilidad de que ellas sufrieran por un tipo. Ese tema quedaría fuera de conversación para siempre.

― ¿Qué te dijo papá?

La voz adormilada de Bella me hizo dar un respingo en la oscuridad. Acostándome en la cama la atraje a mi lado, ella algo perezosa recargó su cabeza en mi pecho.

― Que te ama con su vida ―respondí.

Levantó su cabeza intentando ver mi rostro en la oscuridad.

― Eso ya lo sé.

― Bueno, entonces no vale la pena que te repita lo que ya sabes.

Ella bostezó, acurrucándose en mi pecho .

― Duerme, mi vida. Tal vez a partir de mañana no volveremos a dormir igual.

― Prefiero hacer el amor ―susurró en un gran bostezo.

Sonreí. Mis dedos seguían masajeando su cabeza.

― Estás a punto de caer profundamente dormida, cariño.

― Quiero hacerlo ―volvió a insistir.

Esta vez la llevé debajo de mi cuerpo, besando suavemente sus labios. Ella abrió sus piernas y no me pude resistirme a su invitación descarada.

.

.

Poner cada portabebé en su lugar fue lo suficientemente estresante para hacernos perder una hora y que las niñas se inquietaran y empezarán a llorar.

― Maldito instructivo de mierda.

― Edward, prometiste ser paciente y cuidar tu vocabulario ―recordó Bella en el otro extremo de la camioneta, ella también intentaba asegurar cada portabebé.

― Es solo un cinturón de seguridad y no puedo hacerlo de la forma correcta ―me quejé irritado―; por qué todo tiene que ser tan complicado.

― ¡Lo hice! ―chilló Bella, la observé, tenía una gran sonrisa satisfecha por haber logrado poner el cinturón como era―. Déjame a mí, ahora sé cómo hacerlo.

Puse el chupete de Eileen en su boca y ella guardó silencio complacida mientras daba pequeños masajes en la barriga de Daphne para tranquilizar su mal humor.

De pronto Bella sujetó mi rostro y besó mis labios.

― Vete al volante, yo me encargo de los portabebés.

Tuve un terror absoluto cuando eché andar la camioneta por las avenidas de la ciudad. La calma había vuelto al interior pero, aún así, sentía pánico de que fuesen a despertar y llorasen al mismo tiempo. Mis hijas estaban poniendo a prueba mis nervios y estaba perdiendo de la manera más vergonzosa.

― Todo estará bien, Edward ―animó mi mujer con su hermosa sonrisa y dando un suave apretón a mi mano, entretanto yo seguía mirando por el retrovisor impaciente por llegar a casa.


¡Hola! Aquí estoy de nuevo un poco más tarde de lo normal. Parece que como todo papá primerizo a Edward le ganan los nervios, ¿no creen?

Disculpa por cualquier error ortográfico y/o gramatical que puedan encontrar.

Les agradezco cada favorito, alerta y reviews que me dejan. Ustedes hacen posible las actualizaciones continuas, ¡no lo olviden!

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Iza: gracias por comentar. ALBANIDIA: gracias por cada comentario. Elizabeth Marie Cullen: muchas gracias. Flor Mcarty: gracias. Ximena: gracias. LittlePieceOfMyMind: allí está un poco de Victoria. Vanina Iliana: hola, gracias por comentar. Jade HSos: muchas gracias. Lili Cullen-Swan: gracias por todo. Vane: también extraño comentar, torrespera172: no te preocupes. , Dulce Carolina: gracias. Adriu: saludos hasta Ecuador. Diannita Robles: saludos hasta Monterrey. Lizdayanna: muchas gracias por comentar. Ana: gracias. Pameva: muchas gracias por tus comentarios. Lidia: gracias. Antonella Masen: gracias. cavendano13: hola, muchas gracias. mrs puff: gracias. Rocio: resolviste mi duda :) y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!