Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
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CHAPTER XXV: Esa clase de mujer.
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Ochako contuvo el aliento por un segundo, intentando comprender todo lo que tenía enfrente. Se congeló en su sitio con el teléfono en su mano, procesando la imagen frente a sus ojos; no podía. Se recostó contra la pared que tenía detrás suyo y cerró los ojos un momento, negando con la cabeza, intentando borrar todo lo que estaba sucediendo. Se llevó ambas manos a su cabeza y jalando de sus cabellos, se maldijo a sí misma.
―Esto tiene que ser una broma… ―Decía por lo bajo. Las ganas de llorar se acumularon en su garganta pero no podía hacerlo, no allí―. Mierda…
Los golpes en la puerta la sobresaltaron, escuchó la voz de Katsuki pidiéndole que le abriera pero ella no podía hacerlo, su cuerpo no podía moverse y menos con la imagen que tenía grabada en su cabeza, martilleándole la existencia.
―Ochako, ábreme ―Seguía diciendo él―. Carajo, Cara de ángel, no resolveremos nada de éste modo. Sal de una puta vez.
―Necesito estar sola, Katsuki ―Respondió en un hilo de voz. No podía salir del depósito tras el restaurante en donde ingresó cuando todo explotó delante de ella.
Volvió a desbloquear su teléfono para encontrarse con la fotografía en donde se la veía a ella con Katsuki, ambos desnudos en el estanque, creyendo estaban solos, disfrutando ese momento juntos. Un sollozo se atoró en sus labios al volver a verse a sí misma desnuda, imaginando que aquella fotografía estaba recorriendo el internet desde el momento en el que fue capturada por algún imbécil que los vio nadando y besándose allí. La imagen enseñaba la espalda ancha de Katsuki, su cabello húmedo, sus brazos sosteniéndola mientras ella se abrazaba a su cuello, sus pechos contra la clavícula del hombre, cubriendo apenas sus pezones.
Se tapó la boca cuando el sollozo se hizo más sonoro al leer todos los comentarios que se encontraban por debajo; se sentía tan avergonzada, tan culpable porque ella permitió que todo aquello sucediera.
Ese día, cuando llegó al trabajo y fue a cambiarse al vestidor como siempre lo hacía, sentía las miradas de sus compañeras sobre sus espaldas, eran como dagas incrustándose en ella, lo sentía y comenzaba a incomodarle. Se giró varias veces a verlas pero éstas no decían nada, sólo intentaban disimular sus miradas poco sutiles. Se hartó de la situación así que se volteó a verlas de frente.
―¿Sucede algo? ―Preguntó curiosa al ver la reacción de sus compañeras pero ellas sólo compartieron una mirada sin saber muy bien qué decir. Uraraka comenzó a preocuparse―. ¿Qué pasó?
―No creíamos que eras esa clase de mujer, Uraraka-san. Sólo eso ―Dijo una de sus compañeras. Aquellas palabras la tomaron por sorpresa.
―¿Esa clase? ¿De qué hablan?
―Es hora de ir a trabajar ―Cambió de pronto el tema otra de las mujeres―. Pero seguro tú no tienes problemas con el horario.
Ochako no entendía ese tipo de comentarios, cuando intentó pedir una explicación al respecto, ellas dejaron el cuarto de vestuarios. Uraraka las vio marcharse con la preocupación latente en su pecho. "Esa clase de mujer", era una frase dolorosa y lo primero que pensó fue en que quizá la noticia de que mantenía una relación con su jefe se había hecho de común conocimiento.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando, su teléfono comenzó a sonar en el bolsillo de sus pantalones, recordándole que no lo había puesto en silencio. Lo tomó deprisa y observó la pantalla verificando que era Mina quien la llamaba.
―¿Tan temprano? ―Se preguntó a sí misma. Aquel día no dejaba de ponerse más y más extraño. Contestó la llamada―. ¿Mina, qué sucede?
―Ochako, lamento ser portadora de malas noticias pero una fotografía tuya está recorriendo twitter. Mira nuestro chat. ―Ochako comenzó a respirar con dificultad ante sus palabras, no podía imaginarse qué tipo de fotografía podía ser causante de tanta preocupación por parte de su amiga pero no esperó a obedecerla; abrió el chat en conjunto con Mina y vio una imagen nueva, la descargó pero no esperó que la dichosa imagen sea ella con Katsuki, ambos desnudos en el estanque de Nagoya. Contuvo un grito―. ¿Ochako, sigues allí? Estoy con Tsuyu, intentamos tumbar la cuenta que la subió pero ya ha sido compartida muchas veces. Haremos todo lo que se pueda para borrarla.
Ochako escuchaba la voz de Mina en el teléfono en su mano, la oía lejana, ajena, todo comenzó a perder nitidez ante sus sentidos, cuya principal atención se centraba en la fotografía, observándose claramente desnuda, su rostro era reconocible, no había dudas que su imagen se había arruinado y no sólo eso.
―No creíamos que eras esa clase de mujer, Uraraka-san. Sólo eso. ―La voz de su compañera diciéndole esas palabras cobraron sentido y comprendió que no sólo vieron su cuerpo desnudo, también asociaron la naturaleza de la relación que mantenía con su jefe.
"Vaya, ahora cualquiera puede trabajar en Towers"
"¿Así que éste es el tipo pruebas que te hacen para trabajar allí?"
"Creí que Towers era serio. No me molesta que no me hayan aceptado".
"Zorra".
"¿Qué tipo de mujer se acuesta con su jefe? Oh, claro, ella".
Y los comentarios continuaban, llamándola con todos los adjetivos, cosificándola, hablando de su cuerpo, de su valía, de su trabajo. Los latidos en su pecho se aceleraron casi con violencia. Sus piernas no se movían, no quería ir a la cocina, no quería encontrarse con la mirada de sus compañeros observándola y viendo aquella imagen vergonzosa de ella, imaginándose los pensamientos que han de tener sobre ella, no quería que la señalen como "esa clase de mujer".
No escuchó la voz de Katsuki llamándola, estaba absorta en su propio colapso nervioso; lo siguiente que sintió fue la mano de su novio tomando su hombro para hacerla girar a verlo. Se sobresaltó al verlo delante suyo y él reconoció el terror en su mirada, rápidamente, Bakugo vio el teléfono en su mano y la fotografía en su pantalla.
―Carajo, ya lo viste… Maldita sea.
―¿Ya lo viste? ―Susurró Ochako sin comprender por qué Bakugo estaba al tanto del asunto. Lo vio apretando con fuerza sus puños, podía leer impotencia en su mirada―. ¿Lo sabías?
―Camie estuvo llamándome desde ayer, no creí que fuese algo importante por eso no contesté. Ésta mañana encontré más llamadas suyas, la marqué cuando dejé el departamento. ―Ochako se alejó de él, dirigiéndose hacia la puerta de salida, no podía estar allí y menos con él, sintió cómo tomó su muñeca para detenerla―. Traté de marcarte, no contestabas. ¿A dónde vas?
―No puedo hacer esto, Katsuki. Yo no… No puedo ir a la cocina ahora. ―Katsuki intentó detenerla pero ella se soltó de él y salió corriendo.
Bakugo maldijo todo lo que conocía, su descuido terminó por dañar a su novia y todo aquel temor que tenía sobre el riesgo de salir con él, siendo su jefe, se volvió realidad. Corrió detrás de ella pero cuando logró alcanzarla, ella ingresó al depósito de alimentos que tenían en la parte trasera del restaurante. Golpeó la puerta con su puño, estaba molesto por todo lo que estaba pasando pero no quería que Ochako lo alejara, no en esos momentos.
―Ochako, ábreme.
―No soy ese tipo de mujer, Katsuki… Yo no…
―¿De qué mierda hablas? ―Preguntó molesto―. Tienes una vida ajena al trabajo, tienes el maldito derecho de hacer lo que se te plazca con quien mierda quieras. Nadie tiene por qué juzgar lo que uno hace en su vida.
Sus gritos se elevaron pero no recibió contestación por parte de su novia por al menos un par de minutos. Él dejó escapar un suspiro cansino, no iba a marcharse hasta hablar con Ochako en forma y estaba decidido a quedarse allí hasta que ella saliera pero entonces, la puerta del depósito se abrió, sorprendiéndolo. Vio a Uraraka en el umbral del sitio, con los ojos húmedos y las mejillas sonrojadas.
―La gente no ve eso, Katsuki. ―Uraraka levantó su teléfono hacia él enseñándole la imagen y los comentarios que la acompañaban―. Ellos sólo me ven a mí. Me ven desnuda y me ven con mi jefe. La gente…
―¿Qué mierda importa lo que la gente piense?
―¡Me van a despedir, ¿no lo entiendes?! ―Ochako lo miró con rabia y tristeza. Las primeras lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, él la tomó por el brazo y la atrajo hacia él para abrazarla―. Todos lo vieron… No querrán contratarme, no después de éste escándalo…
―Cállate y escúchame ―Katsuki se separó de ella para tomar su rostro entre sus manos―, nadie te despedirá. No te pediré que vayas a la cocina, pero no te dejaré rendirte. Yo también aparezco en la puta foto, Ochako, y yo no…
―No termines esa frase, Katsuki ―Dijo Ochako separándose de él―. Cuando una mujer está expuesta de ésta manera, poco y nada les importa si hay alguien más, Katsuki ―Respondió Ochako con una sonrisa triste―. Si tan sólo me hubieses escuchado… Yo no quería hacerlo allí…
―Ochako, no…
―De verdad, Katsuki, no puedo estar aquí. ―Con esas palabras, ella se alejó de Katsuki para caminar de regreso al Restaurante. Él no volvió a seguirla.
En cambio, maldijo con furia porque ella tenía razón. Él no estaba comprendiendo la situación en forma, no se ponía en su posición y él había tenido la culpa; su poca preocupación al respecto, los había arrastrado a esa situación. Su teléfono comenzó a sonar en su mano y por un momento, no pensó en contestar, no hasta que lo tomó en mano para ver quién lo molestaba. Tragó pesado cuando leyó el nombre del dueño de Towers, Tobita Danjuro.
―Tobita-san ―Dijo Katsuki al contestar el teléfono.
―Bakugo-kun, ¿cómo estás? ―La voz de hombre era gentil aunque Katsuki podía percibir cierta tensión en ésta. Claramente, ya estaba al tanto―. ¿Tienes tiempo? Necesito hablar contigo sobre un tema… Delicado.
―Claro. Voy para allá. ―Tras contestar aquello, Bakugo colgó la llamada y guardó el teléfono en el bolsillo de sus pantalones. Su día sólo empezaba pero ya estaba yéndose todo a la mierda.
Caminó de regreso a las instalaciones del restaurante, intentando ordenar un poco su cabeza. Sus pasos se dirigieron directo a la cocina, oyendo a la distancia las voces de sus empleados hablando sobre el tema con que Towers es tendencia en redes sociales; en serio, maldecía todo lo que conocía.
Los demás chefs detuvieron el cuchicheo al verlo de pie en la entrada de la cocina con su ceño más fruncido que nunca; ninguno se envalentonó en moverse aunque fuese un centímetro, el aire podía cortarse con facilidad y todos sabían que acusar a Uraraka Ochako era una cosa, pero otra muy distinta era hacerlo con Bakugo Katsuki.
―Se les paga para cocinar, no para hablar de los demás. Si son conscientes de eso, les recomendaría que se pongan a trabajar, si no quieren perder un dedo o una mano, dependiendo qué tanto estén jodiendo. ―El ambiente se congeló por completo. La mirada rubí de Katsuki pasó de sus empleados para dirigirse a su mano derecha Sato Rikido―. Sato, a mi oficina.
El gran hombre asintió a las palabras de Bakugo, los demás empleados continuaron con sus asuntos una vez el jefe de cocina dejó el lugar, Sato lo siguió de cerca. Katsuki entró a su oficina con tanta fuerza que Sato creyó por un momento que su jefe podría terminar rompiendo la perilla de la puerta. Rikido ingresó después de su jefe y cerró con cuidado la puerta, volteó entonces hacia Bakugo, quien se encontraba sentado sobre el borde de su escritorio, masajeándose las sienes con ambas manos. No había que conocerlo demasiado para saber cuán estresado y molesto estaba.
―Lo sabes, ¿no es verdad? ―Preguntó Katsuki de pronto.
―Si te hace sentir mejor, algunos ya sospechaban sobre tu relación con Uraraka-chan.
―¿En qué parte eso debería hacerme sentir mejor? ―Sato tragó seco. Por más de que Bakugo sea menor a él, sentía el mismo respeto y temor que muchos otros empleados ante la figura imponente que el hombre poseía―. Te llamé porque eres el segundo al mando cuando yo no estoy. Tengo que salir, no espero demorarme demasiado; mientras, encárgate de todo.
―El dueño… ¿La despedirá? ―Preguntó entonces Sato. Bakugo apartó su mirada de la de su empleado; no era el único que pensaba aquello, después de todo, en Towers se mantenía una política estricta de evitar cualquier tipo de relacionamiento que involucre a los empleados del restaurante porque el sitio era conocido como uno de los mejores de Japón.
No podían arriesgar toda aquella reputación por un escándalo. Escándalo que terminó sucediendo y no sólo de manera casual, una maldita fotografía enseñando que las sospechas de sus empleados sobre una posible relación amorosa se entretejía entre el jefe y una de sus chefs, sino en la forma en la que fueron captados: desnudos y haciendo el amor en un lugar público. Bendita suerte la suya.
―Sólo mantén la cocina en orden. ―Respondió y Sato asintió para dejar su oficina.
Bakugo esperó a que su empleado dejara la sala para tomar lo primero que encontró a su disposición, un condenado pisapapel, para arrojarlo contra la pared con furia, destrozándolo en partes. Se llevó sus manos a su frente, intentando serenarse, no podía dejar que lo superara.
No sabía cómo, pero si pudo proteger a Ochako de su abuela, sabía que otro obstáculo más no vendría a cuento.
Ochako llegó al departamento con la respiración agitada, había hecho una marcha maratónica desde el restaurante hasta su departamento porque no podía permanecer más tiempo fuera del único lugar en donde se sentía segura en esos momentos. Se dirigió hacia la cabina de ascensores cuando vio a Mina y Tsuyu acercarse a ella, no la dejaron decir ni una palabra, Mina la envolvió en un abrazo enseguida, rompiendo lo último que poseía de entereza, sus piernas le fallaron por un momento pero sus amigas la sostuvieron sin decir palabra alguna.
Tsuyu presionó el botón que conducía al piso de su departamento y las tres ingresaron a la cabina para marcharse. Ese día no se encontraba bien, tenía un remolino de pensamientos en su cabeza que no la dejaban respirar con tranquilidad; pensaba en sus padres, en si habrán visto la fotografía, en las personas que la conocían, la madre de Katsuki y Shoen, sus compañeros…
"No creíamos que eras esa clase de mujer, Uraraka-san. Sólo eso".
Ochako apretó con fuerza la taza de té que tenía entre sus manos al recordar las palabras de sus compañeras. Katsuki hablaba con tanta facilidad sobre hacer oídos sordos ante este tipo de cosas, pero para ella no era tan sencillo; ser mujer en una cultura como la suya, era en parte el problema.
Su teléfono comenzó a vibrar en el bolsillo de sus pantalones, la sobresaltó un poco pero lo tomó para ver quién la llamaba, era un número desconocido, lo miró por un largo rato intentando descifrar si era conveniente contestar.
―¿Quieres que yo conteste? ―Preguntó Tsuyu al ver su rostro dubitativo. Ochako le dedicó una pequeña sonrisa para negar.
No tenía ganas de hablar con nadie más que con sus amigas,
―¿Puedo ver el contacto? ―Preguntó Mina y Ochako se lo tendió. La llamada había finalizado pero la pelirrosada reconoció el número―. Es Camie.
―¿Camie-san? ¿Por qué me llamaría?
El timbre de su departamento comenzó a sonar llamando la atención de las tres jóvenes, Ochako miró a sus acompañantes para ponerse de pie y caminar hacia la puerta, no disimuló su sorpresa al ver a Camie a través de la mirilla. Ochako abrió su puerta y una pequeña sonrisa por parte de Utsushimi fue lo que recibió al principio.
―Camie-san, ¿qué haces aquí?
―Te estuve llamando. Tsuki me dio tu número ―Inició ella―. Desde ayer por la noche, he estado intentando comunicarme con él pero no contestaba mis llamadas.
―Es por lo de la fotografía, ¿no? ―Camie asintió. Ochako sólo se encogió de hombros, invitándola a pasar.
Tanto Mina como Tsuyu saludaron a Camie quien se acercó a ellas, sentándose en el asiento libre que tenía Tsuyu a su lado. Ochako volvió a su lugar, mirando a Camie aún con duda.
―Sé que sonará extraño, no somos muy allegadas, pero entiendo cómo te sientes. ―Camie estrujó la tela de su falda entre sus dedos al hablar―. Cuando conocí a Tsuki, estaba a la deriva porque me habían echado del trabajo por un rumor que mi propio jefe había difundido… Era de aquellos viejos que te ofrecen oportunidades para ascender a cambio de sexo.
―Carajo… ―Comentó Mina y Camie sólo pudo encogerse de hombros.
―Muchos creen que pueden controlarte por amenazas de ese tipo ―Otorgó Tsuyu―. En la universidad, las quejas de muchas estudiantes a consecuencia del acoso por parte de los profesores u otros compañeros suelen quedar silenciadas.
―Cuando trabajaba en una tienda de ropa, los clientes creían que podían tratarte o acosarte como querían; lo peor de todo, el gerente no se molestaba en escuchar las quejas de las empleadas. ―Acotó Mina encogiéndose de hombros. Una sonrisa triste se formó en sus labios―. Te ven de una manera y creen que tienen el puto derecho de hacer contigo lo que quieran.
―El acoso es real ―Continuó Camie mirando a las mujeres frente a ella―. Casi ninguna mujer está exenta de ésta realidad y cuando fotografías como la tuya son tomadas, todos creen que tienen derecho sobre tu cuerpo o tu persona.
Ochako bajó su mirada a sus manos entrelazadas pensando en todo lo que estaba sucediendo, en cómo su vergüenza se convirtió en indignación y en por qué debían señalarle de esa manera, catalogándola de "esa clase" de mujeres. Estaba molesta, verdaderamente molesta.
Levantó sus ojos hacia Camie, ella al igual que muchas otras mujeres sufrieron ese tipo de consecuencias por no ceder a presiones. Ochako era víctima de la publicación de contenido sobre su persona sin su consentimiento, hablaban de ella con tanta facilidad que comprendía las historias de sus amigas.
―Debió ser horrible que te despidan por algo así. De verdad, no lo sabía, Camie… ―Dijo Ochako―. Entonces, Katsuki…
―Él ya trabajaba en Towers cuando eso, pero aún no tenía el puesto que ahora posee, no ganaba demasiado pero a pesar de eso, me ofreció quedarme con él hasta que consiguiera trabajo. Tú mejor que nadie sabe cuán protector puede llegar a ser.
Ochako sonrió a la mujer delante de ella.
―Por eso entiendo lo que estás pasando y comprendo el miedo que tienes de perder tu trabajo; ayer cuando insistí tanto en hablar con Tsuki fue para comentarles lo que ahora ya todos saben.
―Gracias por ello, de verdad. ―Ochako dejó escapar un suspiro―. Aunque creo que no hay mucho por hacer ahora.
―¿De qué hablas? ―Preguntó Camie.
―Mi relación con Katsuki es el principal problema para que yo continúe trabajando allí ―Explicó Ochako―. Towers tiene una política muy estricta sobre ese tema y ambos lo sabíamos, a pesar de eso continuamos. Debo buscar un nuevo sitio donde trabajar.
―¿Por qué no hablas con Yaoyorozu-san? ―Ochako parpadeó ante las palabras de Utsushimi.
―¿La crítica? ―Camie asintió.
―Es conocida de Katsuki y además, es activista por dar visibilidad a las mujeres en el área culinaria que, aunque a muchos les sorprenda, es un área de trabajo dominada más que nada por hombres.
―No lo sabía.
―Habla con ella, estoy segura que comprenderá tu situación y no dudará en ayudarte; además, Katsuki, sé que te recomendará sin pensarlo dos veces en caso que las cosas no mejoren ―Respondió Camie con una sonrisa. Ochako la correspondió―. Bien, sólo vine a saber cómo estabas. Debo ir a trabajar.
―¿Viniste hasta aquí por eso? ―Preguntó Ochako sorprendida. Camie la miró con confusión.
―¿Por qué no habría de hacerlo? Como te dije, las chicas nos ayudamos. ―Camie le guiñó el ojo con esa gracia tan suya. Ochako se puso de pie para abrazarla, Camie no se apartó de ella.
―De verdad, muchas gracias por tu apoyo, Camie-san. ―Dijo Ochako al separarse de ella para acompañarla a la salida de su departamento. Se despidió de Utsushimi para cerrar la puerta y observar un momento su mano sobre el pomo de la puerta, analizando todo lo que tenía frente a ella.
Todos los días, muchas mujeres son atacadas y acosadas de muchas maneras, tanto en sus trabajos como en otros sectores; ese día, ella supo que fue víctima de algo similar en donde la tildaban de cierta manera por algo que no debió de publicarse. No era su maldita culpa. Frunció su ceño molesta.
Se volvió hacia sus amigas y buscó su bolso de mano para guardar su teléfono y verificar que tuviese todo en orden. Tanto Tsuyu como Mina la observaron con curiosidad.
―¿Qué haces? ―Preguntó Ashido.
―Debo ir a trabajar ―Respondió sencillamente Ochako; sus amigas ya no la veían cabizbaja ni deprimida, algo que las hizo sonreír entre ellas―. Aún no me despidieron, ¿no? Si quieren señalarme, no pienso apartarme pero me gané mi sitio allí y nadie me hará retroceder.
―¡Esa es mi chica! ―Vociferó Mina para levantarse a abrazarla―. Vamos, también debo irme a trabajar.
Las tres amigas dejaron el departamento y Uraraka encaminó sus pasos de regreso a su trabajo, porque Katsuki tenía razón, la opinión de la gente no importaba y hasta que la situación lo amerite, ella seguirá trabajando en Towers. Se embarcó en un viaje dejando a su familia por conseguir cumplir su sueño, se topó con muchísimos obstáculos y a pesar de todo, ella continuó de pie.
No era momento para rendirse.
Tobita Danjuro era un empresario reconocido por su cadena de excelentes restaurantes distribuidos a lo largo de Japón, siendo uno de los mejores Towers, ubicado en el corazón de la capital nipona. Lleva aproximadamente un periodo de treinta años en el negocio de los restaurantes y a sus cincuenta y dos años, era una figura icónica en lo que la empresa gastronómica representaba.
Danjuro tenía un cariño especial por Towers, fue una de los primeros restaurantes que había abierto y lo vio crecer hasta convertirse en lo que era en la actualidad y en parte, aquel prestigio aumentó desde que un joven de veintisiete años lo llevaba adelante. Tobita era visionario y reconoció un potencial feroz en la figura de Bakugo Katsuki desde el momento en el que lo vio trabajando como un simple empleado.
Estaba más que satisfecho en lo que el jefe de Cocina había convertido su querido Towers, confiaba en el joven tanto como confiaba en su propia secretaria, Aiba Manami; por esa razón, aceptaba cuando Bakugo le recomendaba contratar o despedir personal, cambiar el estilo del restaurante o la temática de platillos, sabía del buen gusto y juicio del chico.
Sin embargo, ese lunes se despertó con la noticia de que una fotografía que comprometía de sobremanera a su jefe de Cocina con nada más ni nada menos que una empleada suya. Manami le había enseñado la fotografía esa mañana en su oficina, alegando que estaba causando furor en Twitter, una de las tantas plataformas cuya cuenta, su querida secretaria manejaba.
―¿Saben que se trata del personal de Towers? ―Preguntó inmediatamente Tobita al verla imagen que su secretaria le enseñaba.
La mujer de pequeña constitución y cabello rojizo se encogió de hombros para asentir.
―La imagen de Bakugo-kun es reconocible con facilidad, aunque la mayoría de los comentarios sólo hablan de la mujer ―Explicó.
―Vaya, eso podría costar el prestigio de Towers.
―Eso sin duda.
La noticia le dolió, no podía negarlo; Danjuro Tobita era gentil con sus empleados, principalmente con aquellos que se ganaron su respeto y admiración, por ese motivo, saber que Bakugo había roto la regla de oro de evitar a toda costa relacionamiento con alguien del trabajo, lo hizo enojar bastante.
Volvió a observar la fotografía de Ochako.
―Pobre niña, será difícil mantener una buena imagen con esto ―Comentó. Manami lo miró expectante―. Prepara los papeles de liquidación y la indemnización; no podremos mantener a ésta niña en las instalaciones. Quiero tenerlo todo listo para cuando Bakugo-kun llegue.
―De acuerdo, Danjuro-san.
