¡Hola lectores!

He estado a punto de no subir, pensando que era muy tarde, pero que va, de todas formas igual lo leerán en algún momento sjdfns.

Muchas gracias por sus reviews, el otro día hablaba con mi novio de esto (quien me tiene que soportar hablando de Inuyasha y Hanyo no Yashahime constantemente) y de como en un mes la historia ha captado la atención de tantas personas en el mundo y eso me hace muy feliz :3. Ademas, el cap anterior ha recopilado siete reviews! asi que comprenderán que estoy "saltando en una pata" (estar feliz en chileno XD). Muchas gracias a RosasRojas, Naty U, Inukag22, Candy01234, Aida Koizumi, Darkness1617 y un anon, siempre me motivan a seguir escribiendo por ustedes :3.

Si eres nuevo no olvides seguir la historia para recibir notificaciones cuando publique nuevos capitulos! uwu.


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Capítulo 25 .- dos citas bajo la luna.

(Perspectiva de Kagome)

Llegué a casa de Sango poniendo a prueba mi memoria del camino. Una parte de mi se arrepentía por haber sido tan cruel con Inuyasha, yo no lo había besado para probar lo que sentía por él, lo había besado porque tenerlo tan cerca de mi rostro había liberado todos mis anhelos de mantenerlo asi, había extrañado tantos sus besos que me sentía en un síndrome de abstinencia.

Luego de un par de intentos de marcado al número de mi mejor amiga al tercero me contestó por fin.

– ¿Dónde te has metido? Te he buscado por todo el bar, Miroku me ha ayudado. - Sango sonaba preocupada.

– Lo sé, supuse que Inuyasha no podía haber aparecido por si solo en el lugar.

– ¿Te encontraste con Inuyasha?

– Si, ha sido un… pésimo reencuentro. Me voy, compré por internet los pasajes del último bus que sale a Osaka.

– Si esperas por mi puedo llevarte al terminal. Puedo llegar en quince minutos. ¿Vale?

– Vale.

Sango había sido puntual en llegar, Miroku venía a su lado, cuando me vieron sentada en el sofá con mi pequeña maleta a un lado totalmente lista para salir me miraron con preocupación.

– ¿Quieres hablar de ello? – Sango preguntó.

– No realmente. – le sonreí, intentando que el gesto llegara a mis ojos.

– Nuestro plan era… verte de lejos Kag, sólo que los celos controlaron a Inuyasha por unos momentos cuando te vio salir con un chico. – Miroku intentaba justificar a su mejor amigo.

– Mi intención fue siempre alimentarme.

– No pensamos que seguirías hábitos alimenticios de youkai, lo lamento.

– Ya no importa, quizás después de todo las cosas han salido como debían salir. Gracias de todas formas, acepto tus disculpas. – lo miré y él asintió.

– Inuyasha siempre va a amarte Kag, puede ser un idiota testarudo, pero se mantuvo lejos de ti a pesar de que le quemaban las ganas de ir a verte, sólo porque sabía que eso era lo mejor para ti. De verdad está arrepentido por lo que hizo y no ha vuelto a hablar con Kikyo. – Miroku me miró esperando mi reacción.

– Lo sé, creí en su versión de las cosas, si decidí unirme como compañera a él es porque pude darme cuenta de lo mucho que me amaba. Pero no estoy preparada para volver a estar en sus brazos por ahora… no sin pensar en su traición ¿Me entiendes?, cada vez que me toca no puedo evitar pensar en que independiente de como haya sido… se acostó con otra estando conmigo… no quiero fingir que todo está bien entre los dos cuando todo sigue mal. Quizás en un futuro las cosas sean distintas para nosotros.

– Entiendo, y es honesto de tu parte – me sonrió.

Cuando intenté ponerme de pie un dolor insoportable que provino de mi marca me hizo perder el equilibrio mientras nublaba mi mente, ahogué un grito y en el mismo instante sentí a Sango a mi lado, sujetándome. Intenté tocar mi cuello con la mano y miles de pinchazos me recorrieron el cuerpo, cuando miré mi palma, ésta estaba llena de sangre.

– ¡Kag! – Sango usó parte de su camiseta para parar el sangrado. La herida se había vuelto a abrir, eso significa sólo una cosa: Inuyasha se estaba demostrando a si mismo que podía olvidarme. El orgullo me hizo aguantarme el dolor con todas mis fuerzas, no iba a darle en el gusto a esa maldita marca violeta.

– Llamaré a Inuyasha ahora. – exclamó Miroku mientras sacaba su teléfono del bolsillo.

– No va a contestarte. – musité – Lo que sea que esté haciendo, yo misma lo he guiado a ello. Él puede hacer lo que se le dé la jodida gana.

Miroku y Sango me miraron sin entenderme, pero sabiendo lo que significaba esa herida.

– ¿Qué clase de masoquista de mierda es?, en estos mismos momentos debe estar sufriendo el mismo dolor. – Exclamó Miroku - ¿Cómo puede siquiera concentrarse en algo más?

– Si su despecho es más fuerte quizás no le importe tanto. – musitó Sango – Lo siento tanto Kag, quizás Inuyasha no es el hombre indicado para ti después de todo.

– No lo juzgues tanto, sólo está… intentando demostrarme su punto. – Jodida manera de demostrarme que si yo le había dicho mujeriego, él lo sería con ganas.

– Quizás sólo sea un beso, quizás sólo este besando a alguien más, no tiene por qué ser algo más comprometedor ¿no? – Sango habló con desesperación buscando el último atisbo de esperanza para la situación.

– Puede ser, la marca duele sin importar que clase de situación es – Miroku se aferró a la idea.

Era una posibilidad, y me aferré a ella con todas mis fuerzas. Era verdad, Inuyasha era libre de tomar sus propias decisiones, pero rogaba a Kami que sólo fuera un beso de despecho con una desconocida, por favor que se detuviera allí.

El dolor no iba a detenerme esta vez. Me levanté y abrí mi maleta buscando una camiseta limpia para cambiarme en el baño antes de salir. Cuando estuve lista tomé mis cosas y Sango comprendió que era hora de irnos. Miroku nos siguió de cerca. Con las últimas punzadas que me permití sentir decidí que no volvería a pisar Tokio.


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(Perspectiva de Inuyasha)

Seguí besando a Mika sin pensar demasiado en lo que estaba haciendo, cuando bajé a su cuello para trazar un camino de besos el dolor de mi marca se hizo insoportable. Me separé de golpe cuando sentí mi camiseta húmeda y cálida en la zona de mi cuello, ¿Tanto estaba sangrando?

Mika mordió mi labio inferior intentando mantenerme pegado a ella, la empujé suavemente poniendo mis brazos extendidos entre nosotros.

– Espera. – musité. Llevé una de mis manos a la zona que me quemaba y noté como quedaba empapada en rojo. ¿Kagome estaría sangrando del mismo modo? Era razón suficiente para detenerme.

Mika miró mi cuello con pánico al ver la gran mancha roja oscura que se extendía por el blanco. Oh oh.

– ¿POR QUÉ SANGRAS? – chilló mientras se ponía de pie y la veía temblar por unos segundos.

– Tranquila, es una herida que se abre de vez en cuando, no ha cicatrizado bien. – exclamé mientras tapaba el rojo con mi cabello – ¿Puedo usar tu baño?

– S-si… está ahí, la segunda puerta del pasillo a la izquierda.

Caminé a paso rápido y me encerré en la pequeña habitación cubierta de azulejos. Saqué mi camiseta y miré el daño. La marca de Kagome en mi piel, aquella marca que había recuperado levemente sus tonos violetas en el último mes, volvía a estar inflamada, llena de cortes profundos como si alguien se hubiera entretenido haciendo trazos desordenados con una navaja, el dolor sólo me hizo sentir más culpa, y es que sólo estaba ahí para recordarme que había vuelto a traicionarla y de seguro la de ella se encontraba igual de herida. Ella probablemente estaba en estos momentos imaginando lo peor.

Al saber que Kagome planeaba olvidarme, me dejé llevar por mi despecho. Otra vez por mis errores volvía a perder lo más valioso que tenía.

Puse mi camiseta de vuelta, la marca seguía sangrando, pero si salía de ahí lo antes posible no le daba chance de empeorar. Tomé mi chaqueta del sofá y Mika me miró aún en pánico.

– ¿Ya te vas?

– Si, eh, mañana es día de trabajo, debo volver a mi casa.

– Puedes quedarte aquí…– me sonrió mientras refregaba uno de sus ojos con pereza.

– No, ha sido un error venir aquí, un error de grandes proporciones. Lo siento, pero no puedo permitirme tener sexo contigo.

Me miró con ojos heridos y supe que no había escogido las palabras correctas.

– Mira Mika, sé que no tienes por qué escuchar estas cosas, pero estoy tan agobiado que seré honesto contigo. He terminado una relación muy, muy importante para mi hace algunas semanas. Hoy he vuelto a verla y ella me ha rechazado, he venido aquí por despecho y de verdad tenía grandes planes para ti y para mí. Pero no puedo hacerlo, ¿me entiendes? No puedo traicionarla otra vez.

– Pero no cuenta como traición si ya no están juntos – musitó intentando comprender mi punto.

– Es traición si pretendo recuperarla en algún momento. Ya le he hecho suficiente daño y a pesar de que debe estar odiándome en estos momentos, ya no quiero herirla más.

– Afortunada chica. – exclamó mientras sonreía – Bueno, entiendo, el drama con los ex no superados siempre es complicado. ¿Pero podemos ser amigos no?

– Supongo que sí, sólo si prometes no seguir con tus coqueteos ¿bueno? No sé que me depare la vida, no sé si antes de tener a esta chica de vuelta en mis brazos tal vez conozca otras personas o me enamore de alguien más, pero de algo estoy seguro y es que eventualmente en semanas, meses o años, la persona con la que terminaré mi vida será ella, lo demás sólo serán capítulos de relleno en la historia.

Mika me sonrió y asintió. No esperé que realmente dejara de coquetearme, pero de verdad necesitaba una amiga en estos momentos.

– Intentaré no acosarte tanto. – exclamó mientras se abrochaba algunos botones de su blusa.

– Ah, por cierto, ¿Podemos dejar esto… en secreto? Que un jefe bese a su secretaria no es bien visto por los empleados.

– Por supuesto. – me sonrió – Quiero dejar en claro de todas formas, que ha sido el mejor beso que he recibido en años.

– Ajá. – Okey, necesitaba salir de ahí. – Nos vemos el lunes temprano en la oficina.

– Nos vemos – Me abrió la puerta de su casa cordialmente y se despidió con la mano.


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Llegué a mi departamento y me acerqué a la cocina a preparar café. Miroku llegó unos minutos después. Cuando levantó su rostro me miró sorprendido.

– Estás aquí. – exclamó mirándome casi como si fuera un holograma.

– ¿Dónde más podría estar?

– No te hagas el buen chico, Kagome estaba con nosotros cuando su marca la hizo sufrir por varios segundos que se me hicieron eternos mientras su carne se abría de la nada y ella emitía gritos ahogados. La verdad imaginaba que para estas horas estarías cogiéndote a otra chica.

Mierda, esto me comprobaba que su herida había sufrido de la misma manera.

– Lo intenté, pero no pude, sólo alcancé a besarla y mi marca fue lo suficientemente explicita en hacerme entender que estaba mal como para quitarme las ganas de coger, no quería dañar más a Kagome.

– ¿Estás seguro?

– ¿Por qué estaría mintiéndote a ti? Que gano…. Además, ¿Por qué hablas de mi como si fuera un obsesivo compulsivo con respecto al sexo?

– Porque lo fuiste antes de conocer a Kag. – Okey, tenía un punto que no podía rebatir. – Intenté convencerla de que sólo era un pequeño desliz, aunque te tenía cero fe, lo siento.

– ¿Sigue donde Sango?

– No, se ha ido otra vez. ¿Quieres contarme que pasó?, ella no ha soltado palabra al respecto.

– Cuando la seguí ella sintió mi aroma y me encaró. Puede que la acorralara y termináramos besándonos. De pronto recordó la basura que soy y se alejó de mi… Hoy me ha dicho que quiere olvidarme y prefiere que las marcas se borren, me llamó mujeriego y eso me destruyó, así que en la rabia pensé que demostrarle que podía serlo era la mejor opción. – musité mientras intentaba borrar el recuerdo de su cara de odio. – La marca me detuvo en el momento justo.

– Kagome está herida y habla desde el dolor, ¡ha apagado sus emociones! Ni yo me he atrevido a tanto en mis 650 años. Sólo tenías que darle tiempo y ser comprensivo, pero decidiste que era buena idea desquitarte con sexo. – Apoyó su mano en su frente, decepcionado. – Uno no se une por marca a cualquier persona en este mundo, justamente para evitar esta clase de cosas. Si no querías lo suficiente a Kagome, podrías haberla mantenido como una novia más solamente.

– No te equivoques, yo la amo, la amo tanto que el sentimiento me destruye y me hunde cada vez más… ya no quiero sufrir más, estoy cansado de fingir que todo está bien cuando todo está pésimo. – Llevé mis manos a la cabeza intentando sostenerme a mi mismo. – Sé que cometí un error ¿Cuánto más tengo que sufrir por ello?, han sido semanas… ya no puedo aguantarlo más.

Sentí la mano de Miroku sobre mi hombro.

– ¿Planeas seguir luchando por ella?

– No sé si sea lo correcto.

– Por lo que veo este amor sólo te está destruyendo de a poco… Quizás sea mejor dejarle ir.

– Ojalá fuera así de fácil.

– Date el tiempo para superar, para admitir tus errores y aprender de ellos. Tienes apenas 803 años, quien sabe, quizás conozcas a alguien más en el resto de tu vida y te des cuenta de que Kagome llegó a ti para darte una lección y nada más.

– Yo no quiero conocer a nadie más, yo nací para ella.

Miroku suspiró y me palmeó la espalda intentando consolarme, asumí que se dio por vencido con su intento de sacarme adelante.

– Iré a dormir, avísame si necesitas cualquier cosa.

– Gracias Miroku, por creerme.

– Me ha costado, pero aquí estamos. – me sonrió antes de comenzar a caminar hacia su habitación.

Me quedé ahí solo por unos instantes mientras me tomaba el café que había preparado, ¿Dónde estaría Kagome en estos momentos?


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(Perspectiva de Kagome)

El trayecto de vuelta fue aún mas largo que el de ida. Me quedé pensando en las cosas que había dicho y la culpa me invadió. Pensé en las posibilidades para que mi marca se abriera otra vez y a pesar de que intentaba convencerme a mi misma de que él no se había acostado con alguien más, mi mente seguía empujándome a ese pensamiento.

Cuando estuve de vuelta en casa de Kouga durante la madrugada me sentí un poco más liviana, probablemente porque parte de mi amor propio y parte de mi amor por Inuyasha se había quedado en Tokio.

– ¿Cómo te ha ido? – Kouga me habló desde el sofá mientras sostenía un bol con palomitas de maíz.

– Bien, he ido por mi diploma y mi certificado.

– Has vuelto antes de tiempo. – me miró extrañado.

– Ajá, Tokio me ha aburrido. – exclamé dejando mi maleta a un lado del sofá. – No quiero volver más a ese lugar.

– Entonces no tienes por qué volver – me sonrió – ¿Has cerrado tus asuntos pendientes? – preguntó.

– Si, cada uno de ellos.

Subí las escaleras sin ganas de seguir hablando. Mi marca ardía de forma constante como una quemadura profunda. Medité por un momento mis opciones con respecto a ello. ¿Cuánto tiempo tardaría en desaparecer? ¿Sufriría físicamente cada vez que Inuyasha se cogiera a una chica nueva?, no necesitaba un repertorio completo sobre cuantas veces tenía sexo, el tipo era inmortal, yo era inmortal… Imaginarme el mismo dolor para toda la eternidad me hizo estremecer. Me tiré en la cama sin ganas de hacer nada.


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Diciembre, 2014 (4 meses después de la ruptura)

Mientras ordenaba parte de mi nueva casa mi celular me distrajo cuando vibró.

De: número desconocido

"Hola Kag, soy yo, Naoki, el chico extraño que te pidió el número en la estación de metro. He estado meditando durante estos meses si debía llamarte o no, pero me he dado los ánimos para hacerlo. Quizás podríamos salir un día de estos, conozco muchos locales de comida japonesa que te encantarán, avísame, estaré pendiente"

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Releí el mensaje un par de veces, se me hacía extraño recibir mensajes de un chico nuevo después de estar meses recibiendo sólo los de Inuyasha. El tipo que se hacía llamar Naoki de verdad era estúpido como para seguir buscándome.

Marqué el número sin meditarlo demasiado. Su voz ronca pero melódica me contestó al instante

– ¡Kagome! Me has llamado después de todo.

– Si eh, me he quedado pensando en tu invitación. La verdad soy nueva aquí y no tengo muchas amistades, quizás podrías ayudarme con ello después de todo.

– Soy el chico indicado para esa misión. – exclamó del otro lado. Sonreí genuinamente.

No importaba cuanto siguiera amando a Inuyasha, si podía mantenerme distraída, podía con ello. Además, la ventaja de tener cerca una bolsa de sangre para mí y mis habilidades era innegable.


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(Perspectiva de Inuyasha)

Como clásico día lunes, llevaba dos horas sentado en mi escritorio sin poder concentrarme en el trabajo. Mika apareció con un café bajo el marco de la puerta.

– Te he traído un capuccino. – exclamó esperando mi permiso para entrar.

– Gracias, puedes dejarlo aquí en el escritorio.

Se acercó a paso tímido y dejó el tazón frente a mí.

– ¿Cómo te sientes hoy? – preguntó después de un rato, intentando buscar conversación.

– Un poco distraído la verdad, no estoy de muy buen ánimo.

– Ya veo. He estado pensando en invitarte a salir por un rato después del trabajo. – me sonrió y yo la miré extrañado mientras intentaba alejarme un poco más con la silla. – Confía en mí, no intentaré nada, sólo pienso que quizás te haría bien distraerte, tienes cara de mártir.

Suspiré agotado, ella tenía razón. Por un momento medité mis opciones que eran básicamente volver al departamento y dormir hasta el otro día o… escuchar los planes que esta chica tenía para mí.

– ¿Qué opciones tienes en mente?

– Podríamos ver películas en mi casa.

– No, películas no. – demasiados recuerdos y compromiso en un solo panorama. Por un instante apareció en mi mente la imagen del pequeño cuerpo de Kagome acurrucado contra el mío mientras veíamos películas tapados con mantitas.

– Hay una exposición de arte moderna en el museo de Tokio, podríamos ir, fingir que miramos las obras… – eso me hizo reír genuinamente – y después caminar por el parque un rato.

– Eso suena mejor. – exclamé poniéndome de pie.

Me puse mi chaqueta y pude ver que la expresión de Mika era de genuina sorpresa, estoy seguro de que ni ella ni yo esperábamos que yo aceptara su invitación. Después de meditarlo por unos segundos, me di cuenta que vivir en depresión no era una buena idea. No pretendía tener nada más allá que una amistad con mi secretaria, pero si su compañía me distraía del dolor, no tenía por qué alejarla.


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(Perspectiva de Kagome)

Cerca de las siete esperé a Naoki en la estación de metro. Apareció puntual con una sonrisa en su rostro. Traía una chaqueta de jeans y unos pantalones negros, con una camiseta en el mismo color. Ya había llegado, ya no podía arrepentirme y huir.

– ¿Has esperado mucho? – me miró con genuina preocupación. Sus ojos verdes me sonrieron y yo negué con la cabeza.

– No, he llegado hace un par de minutos – respondí.


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Naoki y yo fuimos a un restaurante japonés, mientras mirábamos la carta él fue el primero en hablar.

– ¿Qué haces para vivir Kag?

– Actualmente trabajando de forma independiente, terminé mis estudios de veterinaria hace algunos meses y quise darme un tiempo de descanso antes de comenzar a trabajar. Ahora estoy comenzando con una consulta en mi propia casa.

– Eso es interesante, yo estuve a punto de estudiar lo mismo, luego encontré más de mi gusto la música y me dediqué a ello.

– Música... ¿tocas algún instrumento?

– Soy el guitarrista y voz principal de mi banda – me sonrió orgulloso.

– Wow, ¿qué edad tienes?

– 22 – Sonreí, Naoki era menor que yo sólo por dos años, pero de algún modo me sentía como si hubiera una diferencia abismal.

– Y … ¿qué clase de música toca tu banda?

– Rock – musitó – De vez en cuando tenemos conciertos en algunos bares de Osaka, deberías venir a uno de ellos, quizás te gustaría.

– Suena interesante.

– ¿Te has especializado en algo de veterinaria?

– No por ahora, todas las áreas me agradan, sé que suena demasiado amplio, pero sería feliz pudiéndome dedicar a todas ellas. Especies menores y mayores, cirugías...

– ¿Qué te detiene? Yo creo que eres capaz, sólo depende de ti.

– Y del dinero. – exclamé riéndome – Espero juntar lo suficiente para cumplir mis sueños eventualmente.

Para mi sorpresa la cena con Naoki no había sido tan mala después de todo, ambos teníamos historia y la conversación fluyó sin ningún esfuerzo. Luego de terminar el plato de fondo, me miró y volvió a hablarme.

– ¿Te parece si nos saltamos el postre y vamos a dar un paseo?

– ¿Saltarse el postre? Que clase de monstruo eres para querer saltarte la mejor parte de una comida. – exclamé emitiendo una risa sincera.

– Prometo comprarte algo en el camino, la verdad soy inquieto y no puedo quedarme sentado por mucho tiempo. Además, la noche es de luna llena y podemos aprovecharlo. – me sonrió y yo asentí.

– Tendrás que comprarme mucha comida – mi personalidad de niña pequeña afloraba de vez en cuando para recordarme que a pesar de que llevaba 24 años viva y algunos meses transformada en youkai, mi esencia principal no se desvanecía. Al menos Inuyasha había tenido razón en ello.


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(Perspectiva de Inuyasha)

La visita al museo me había animado, siempre había tenido deseos de ir, pero algo más interesante aparecía y abandonaba el panorama. Mika se entretuvo sacando fotos de cada obra mientras me tironeaba como una niña pequeña, parte de su personalidad me recordó a Kagome por unos segundos.

– ¿Que ves en este cuadro? – me preguntó mientras miraba la obra moderna en contraste con la pared blanca.

Miré con atención los trazos de pintura, y sólo vi eso, trazos. Entrecerré mis ojos un poco intentando concentrarme y de pronto la silueta de una mujer apareció.

– Una mujer, de cabello largo, está de perfil.

– ¿De verdad?, yo no veo nada. – replicó – Quizás tienes más ojo artístico que yo después de todo. – se rió y yo sonreí.

Luego de dar la vuelta completa por la exposición, caminamos por la ciudad y pasamos a un local a comprar café.

– ¿Qué café quieres?, hay de caramelo. – exclamé sin meditar mucho como mi subconsciente había traído al momento las preferencias de Kagome.

– Prefiero de chocolate, el de caramelo es muy dulce. – musitó arrugando su pequeña nariz.

Sonreí con nostalgia y asentí, eso me había demostrado que después de todo… no era la chica que amaba quien estaba a mi lado.

Tomé mi café capuccino concentrado mientras caminábamos por el prometido parque. La noche estaba tan despejada que las estrellas brillaban con fuerza alrededor de la luna llena.

– ¿Conoces la leyenda de la princesa Kaguya? – preguntó mirando a la luna.

– Si…

Dentro de mis años de vida, esa leyenda era una de mis favoritas. Kaguya, la princesa de la luna que había sido encontrada por un par de ancianos, codiciada y deseada por muchos hombres debido a su encantadora belleza. Los guerreros de la luna habían bajado por ella a la tierra y se la habían llevado. El emperador que se había enamorado perdidamente de ella no pudo hacer nada para mantenerla en sus brazos. Sin embargo, antes de partir ella le había dejado una carta y el elixir de la vida. El emperador sin perder esperanzas había enviado a su ejercito a la montaña más alta de Japón con la misión de llegar a la cima y quemar la carta, con la esperanza de que el humo llegara eventualmente a la princesa.

"De que me sirve saber el secreto de la inmortalidad si nunca volveremos a vernos y paso mis días derramando suficientes lágrimas como para flotar sobre su estela"

De pronto recordar la leyenda y el poema habían traído a kagome de vuelta en mis pensamientos. Casi me sentí como el emperador desolado y triste sin su hermosa princesa.

– Siempre me ha parecido demasiado melosa y melodramática, sin embargo, no puedo evitar recordarla cada vez que hay luna llena. – exclamó y yo me sentí ofendido.

– Yo creo que es una leyenda muy bonita. – exclamé. Ella me miró y me sonrió.

– ¿Es que eres un romántico en secreto? – preguntó para luego acercar su vaso de café y beber un sorbo.

– Lo fui en algún momento. – respondí.


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(Perspectiva de Kagome)

– ¿Te gusta la luna? – preguntó Naoki con curiosidad.

– Mucho – sonreí mientras miraba hacia arriba – Siempre he pensado que hay un reino completo allí arriba. – Me concentré en morder uno de los bollitos de canela que le había obligado a comprarme.

– ¿Como en el cuento de la princesa Kaguya?

– Justo así.

– Me gusta mirar el cielo, me recuerda que después de todo sólo somos polvo de estrellas. Allá arriba hay una infinidad que jamás conoceremos. – musitó.

Lo miré por un instante. Naoki estaba a mi lado sonriendo al cielo mientras el brillo de la luna delineaba sus facciones. No podía negar que el chico era apuesto y en definitiva había ganado puntos con el paseo nocturno.

Volví a mirar aquel satélite natural y una idea me tranquilizo. Sin importar cuantos kilómetros hubieran de por medio, al menos de algo estaba segura: Inuyasha podía ver la misma luna que yo y eso de algún modo nos mantenía unidos.

Medité por un momento mi pensamiento y me sentí estúpida recordando al tipo que había decidido olvidarme cogiéndose a alguien más. En un arranque desesperado de mi mente y mi cuerpo por olvidar, tomé a Naoki por los brazos y me estiré para alcanzar sus labios con brusquedad. Caí en cuenta de que era una pésima idea cuando mi marca dolió por mi traición mientras Naoki me miraba como si fuera una ilusión frente a sus ojos.

– Lo siento. – exclamé, alejándome rápidamente de él – He seguido un impulso.

– Esa son la clase de impulsos que me gustan – musitó. Sentí su mano en mi cintura y vi su rostro bajar al mío con una clara intención. Cuando sentí sus labios sobre los míos en una caricia suave esperé por unos segundos que me hiciera sentir algo, que me sacara del letargo, pero nada de eso pasó, sólo ardió mi marca.

Cuando se separó de mi le sonreí y me excusé de querer ir a casa, me sentí cruel por usar un clavo para sacar otro.

Justo antes de dejarlo ir me aproveché de su cercanía para controlar su mente y morderlo cerca de su clavícula. El sabor metálico de la sangre invadió mi boca y sentí como mi cuerpo lo agradecía.

Muchas gracias Naoki, olvidarás esta parte de la noche, incluyendo mi torpe beso. – Exclamé mirándolo fijamente.

El chico pestañeó frente a mí y me sonrió.

– Esta noche ha sido fantástica, gracias por permitirme conocerte Kag, espero se repita pronto.

Le sonreí y entré en mi casa sin darle muchas vueltas al asunto. Antes de dormir revisé mi correo y encontré uno nuevo de mi profesor de la universidad:

"Estimada señorita Higurashi, esperando que se encuentre bien le envío un informe completo sobre la operación de Bizcocho.

El paciente respondió bien a la cirugía, hemos decidido seguir con la quimioterapia por al menos un par de sesiones más para luego darlo de alta. Esto no habría sido posible de no ser por usted. Sus dueños estarán en deuda.

Espero sus problemas hayan sido solucionados. Le deseo sólo éxito en sus metas"

Sonreí, Bizcocho había salido de su complicada enfermedad después de todo y eso me daba suficientes ánimos como para empezar a trabajar de lleno en mi consulta.


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(Perspectiva de Inuyasha)

– Gracias por traerme de vuelta a casa – Mika sólo su cinturón de seguridad y se acercó para darme un beso en la mejilla. – ¿Seguro que no quieres pasar?

– No por ahora, gracias de todas formas.

– Nos vemos mañana temprano. - Mika me miró esperando que cambiara de opinión, no sucedió.

– Nos vemos – le sonreí genuinamente.

Se alejó de mí y abrió la puerta del copiloto, esperé a que abriera la puerta de su casa como todo un caballero y apreté el acelerador.

Para mi sorpresa la salida me había distraído bastante y Mika había cumplido su promesa de no intentar nada mas allá de una amistad. Eso era lo que mas necesitaba en estos momentos. Mi marca dolió un poco, aún no cicatrizaba del todo.

Mi padre me llamó cuando recorría las oscuras calles iluminadas sólo por los focos de la ciudad.

– ¿Hola? – exclamé con el teléfono en manos libres.

– Inuyasha. – La voz ronca de mi padre retumbó desde el otro lado de la línea.

– Hola, padre ¿Qué tal tu día?

– Tranquilo ¿y el tuyo?

– No me quejo. – No tenía para que darle más información al respecto.

– He encontrado el lugar donde Kag se está quedando. – exclamó y mi corazón volvió a latir con fuerza – Ella está en Osaka, ¿aún te interesa la dirección?

Lo medité por unos segundos, mi último encuentro con Kag hace tres meses había resultado en desastre y pude palpar el miedo de perderla para siempre si es que iba y la enfrentaba. Ella no iba a perdonarme y para estas alturas, probablemente estaba concentrada en cosas más importantes. Preferí quedarme con la idea de que si no iba en su búsqueda no escucharía esas palabras de su boca, no escucharía un adiós definitivo. Por otro lado, intenté convencerme de que Kagome sería mucho más feliz sin mí en su vida. Mentira, replicó mi mente, esa es una excusa para sustentar tu miedo de enfrentarla.

– No padre, creo que es mejor si no me das esa dirección. – mi voz no sonó segura.

– ¿Estás seguro de ello?

– Si… nuestra relación está bastante magullada, ir en su búsqueda es hacerle más daño y ella no lo merece.

– Hmm, ¿En qué momento maduraste tanto?

– Kagome me ha enseñado a amarla de un modo completamente distinto al que conocía. Mi amor por ella no es egoísta y prefiero dejarla ir, simplemente merece estar con alguien mejor que yo… yo ya le he fallado demasiado.

Hubo silencio desde el otro lado. Mi padre suspiró y finalmente habló.

– Bueno, quien sabe… si realmente nacieron para estar juntos, quizás el hilo rojo que los une de algún modo cruzará sus caminos otra vez.

Sonreí, pero la tristeza me llenó… quizás en algún futuro cercano la vida me permitía volver a ver a Kagome, tan feliz como la recordaba con ese brillo innato y cautivador en sus ojos, siendo para entonces una mujer llena de objetivos cumplidos y yo convertido en el hombre que ella merecía, alguien que no la destruyera, alguien que no opacara su felicidad.


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Eso ha sido todo por hoy uwu. Como pueden ver la marca no dolió tanto con el beso de Kagome a otro chico, todo esto porque llevan bastante tiempo separados. Sé que han odiado el final, porque pareciera que Inuyasha se ha dado por vencido después de todo... Pero calma calma, que aún quedan capítulos de historia :3. Hay que recordar también el hecho de que él ya había sufrido por amor antes, y esta vez ha intentado mantenerse por el lado racional de la ruptura.

Actualizaré el sábado o el domingo, ¿que opinan ustedes sobre las citas de Kag e Inu con otras personas? ¿Se permitirían intentarlo con alguien nuevo cuatro meses después de terminar? Ellos siguen recordándose mutuamente en detalles pequeños :c

¡Gracias por leer!