—No se olviden que deben estudiar los libros para el siguiente mes —les recordó el maestro de historia, que era un hombre ya maduro de cabello rubio teñido y ojos verdes oscuros. Yuri aburrido en su puesto simplemente espero a que la hora de clase acabara pronto para poder almorzar. Su estómago le estaba rugiendo.
Después de unas aburridas palabras más del profesor, el timbre que anunciaba el almuerzo al fin sonó haciendo sentir nuevamente vivo a Yuri. Sin perder tiempo, ni teniendo que esperar a nadie, pues hace unos días había vuelto a comer solo, sacó su comida que su amado abuelo le preparó la noche anterior y salió del salón en busca de un buen lugar para comer después de calentar su ración. Cuando ya estuvo listo se ubicó en un salón vacío que antes pertenecía al club de teatro y sentado en una esquina, envuelto en paz y en soledad, destapó su pocillo para comer la rica carne que llenaría por completo su estómago vacío.
Cuando ya llevaba un par de mordiscos, Yuri sintiéndose un poco ajeno al silencio del cual antes era parte y ahora ya no, pues ya había conocido lo que era amistad, tomó su móvil junto a sus audífonos para poner música y así burlar un poco el silencio que comenzaba a tapar todo. Al tener Back in black arropando sus oídos pudo sonreír levemente al fin sintiéndose en compañía. La música siempre le era calma.
En el momento que estuvo a punto de acabar su comida, la puerta del salón se abrió dejando ver a Yuuri con una expresión nerviosa viéndolo a él. El ruso no teniendo ganas de discutir con él por toda la indiferencia que le había regalado los últimos días, se levantó sin sacarse los audífonos a máximo volumen y teniendo sus cosas bien cogidas en sus manos caminó hasta la puerta para marcharse, sin embargo no logró traspasar la puerta ya que su compañero Katsuki no se apartó ningún centímetro de esta. Ya estando algo irritado vio como el japonés movía débilmente sus labios trasmitiéndole algo, pero como la música seguía fuerte aislando sus oídos, Yuri no comprendió nada.
—¿Qué es lo que quieres, estúpido katsudon? —soltó ya cansado a la vez que se quitaba los audífonos de forma fuerte causándose un poco de dolor en las orejas.
—Hum… esto —Katsuki desvió su mirada café al suelo y Yuri por ver su actitud tímida bufó más cansado.
—Déjame salir si no dirás nada —Yuri puso su derecha en el hombro del contrario para hacerlo a un lado, sin embargo Katsuki no se movió.
—Sí… Sí debo decirte algo, por… por eso quédate —dijo Yuuri a los segundos, con la voz más temblorosa que Plisetsky había escuchado en su vida.
Sin decir nada ya que él no pensaba hablar en lo absoluto, pues estaba enojado de que Katsuki lo ignorara por días y lo tratara como un leproso cuando trataba de hablar con él, se quedó en silencio mirando de manera afilada al nipón; el cual con eso parecía más cohibido que segundos atrás.
—Yo… —Katsuki murmuró algo que no logró escuchar, por eso frunció sus cejas creyendo que todo era una pérdida de tiempo. Si el japonés no se apresuraba iban a llegar tarde a la siguiente clase.
—¿Qué rayos dijiste?
Yuuri apretó sus labios para tomar valor y así luego hablar otra vez.
—Que lo siento mucho… por todo lo que ha pasado estos días —casi al borde de las lágrimas prosiguió—, nunca quise ignorarte… Yo no estoy enojado contigo, solo es que… tenía muchas cosas en las cuales pensar y sentía que debía estar solo y no arrastrarte a mis problemas. Perdón Yuri, de verdad te considero mi amigo y me siento horrible por lo que he hecho… lo siento —Yuuri terminó de hablar dándole una exagerada reverencia de disculpa al ruso, por lo que este no supo como reaccionar.
Echándose unos pasos para atrás y sintiendo toda su ira irse a algún lugar misterioso, Yuri se llevó una mano a su mejilla para rascársela en señal de incomodidad. Pensaba que los asiáticos sí que eran unas personas raras.
—Ya… no es necesario que te inclines así, es molesto —dijo aclarando su voz.
Con esas palabras Yuuri se enderezó y miró con cierta esperanza mezclada con temor a su compañero.
—En-Entonces, ¿Me perdonas? —preguntó el japonés.
—Hum, no sé si hay algo que perdonar… después de todo yo fui el que lo arruinó al tomar tu teléfono y contestar —susurró Yuri demasiado incomodó al admitir el error que cometió aquella vez. No le gustaba decir que se había equivocado, pero hace días que sentía ese arrepentimiento que debía soltarlo como fuera, a pesar de que eso significara manchar su máscara de chico frío e indiferente—. Lo siento por eso… supongo —finalizó mirando el techo azul del salón. Tenía las mejillas rojas por la incomodidad y la vergüenza.
Hubo un silenció en el lugar que lo perturbó mucho más, pero al oír la pequeña risa de Yuuri la sensación de inseguridad y vergüenza aumentaron más.
—¡¿De qué te ríes, idiota?! —exclamó apretando el pocillo de sus manos y endureciendo su expresión, sin embargo Yuuri no se vio afectado por eso ya que siguió riendo.
—Lo siento… —dijo entre pequeñas risas—, es que te ves muy chistoso disculpándote.
—¡Eh! Agradece que lo hago, maldito katsudon —Yuri caminó hasta el japonés y de forma inconsciente con su zurda le dio un coscorrón en el cabeza que no callaron las pequeñas risas de su contrario—. ¡Cállate!
—Lo siento, lo siento —Yuuri ya calmándose se llevó sus manos hasta su cabeza.
—Como sea, muévete que iremos tarde a clases —bufó Yuri caminando hasta el pasillo ya que su compañero se había movido. En ese momento pensó que su actitud con Yuuri había sido extraña; ese coscorrón había sido tan ajeno a su personalidad con él.
Empezó a caminar escuchando los pasos de Yuuri tras él y al darse cuenta de que quizás las cosas entre ellos ya habían mejorado, sonrió disimuladamente, aunque de inmediato borró su sonrisa al preguntarse nuevamente quien era el tipo con el cual habló cuando atendió en teléfono de su compañero y del porqué Yuuri se había puesto tan mal. Deteniéndose por completo se dio la vuelta y encaró a su contrario con una expresión muy curiosa.
—¿Quién era él? —preguntó sin anestesia, sin embargo al percibir otras vez el rostro nervioso de Yuuri, pensó que quizás fue muy directo.
—Eh… Bueno, no creo que sea importante ahora…
Al ver la incomodidad de su compañero, Yuri decidió dejar el tema zanjado, a él tampoco le gustaba que le preguntarán cosas que lo ponían nervioso o le costaba hablar, por ello, volvió a girarse para seguir caminando fingiendo que todo el interés que tenía por el problema de Katsuki se hubiera esfumado místicamente.
—Sí tú lo dices, ahora vamos a clase —decidió volviendo a retomar sus pasos.
—¿E-Entonces ya estamos bien? —inquirió de manera tímida el japonés.
Yuri se encogió de hombros para a los segundos hablar.
—Supongo.
El nipón en ese instante soltó un suspiro de alivio llevándose su diestra hacia su pecho para luego sonreír.
—Qué alivio —dijo Yuuri—. Es bueno volver a estar contigo.
Sintiendo sus mejillas arder por esas palabras, Yuri solo asintió acelerando el paso pensando que Katsuki era un chico muy exagerado para todo, pero no podía negar que también se sentía aliviado de hablar nuevamente con él… después de todo ya consideraba al japonés como un amigo, pero claramente eso no lo iba a admitir jamás… y rayos que sí lo había echado de menos en la escuela, sobretodo en el almuerzo.
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Al finalizar todas las clases, se levantó de forma lenta y algo rígida. Su cuerpo persistía con el dolor del entrenamiento y ahora se le venía más duro, pues Otabek debía estar esperándolo afuera para comenzar con una rutina mucho más pesada para él. Al pensar en eso y en su amigo apretó sus labios sintiéndose más nervioso. No veía ni hablaba con Otabek desde el sábado. Después de esa despedida algo tensa fuera de su casa, Yuri no había sabido más de él pues el kazajo no se había conectado a internet y tampoco lo había llamado como solía hacerlo normalmente. Estaba preocupado como también asustado. Yuri había notado que Otabek después de la confesión donde le decía que le estaba comenzando a gustar Yuko, se mostró algo distante con su persona y muy pensativo.
Pensó que quizás había hecho mal en decirle aquello. Se sentía mal y muy decaído, aunque no comprendía del todo ese sentir. Otabek le había dicho que estaba bien que estuviera interesado en alguien y que saliera con ella, no había motivo para sentirse mal o culpable, pero a pesar de eso la sensación de remordimiento seguía en su interior. Yuri sentía que la relación entre los dos de cierta forma en ese momento había cambiado en algo, aunque no estaba seguro en que, y realmente no le gustaba ese sentir. Notarse algo alejado de Otabek le hacía doler el pecho.
"No debería preocuparme tanto… quizás él andaba ocupado y por eso no me contactó…", pensó tomando sus cosas para salir de una buena vez. "Debería estar feliz de que él apoye esto…", continuó con sus pensamientos sin preocuparse de su alrededor. "Pero no me siento así… ¿Acaso esperaba que él hubiera dicho otra cosa al contarle que me gusta Yuko?... Ni siquiera sé por qué se lo dije si la relación con ella aún no es nada seria… Bueno, supongo que de estas cosas hablan los amigos", al colgarse su mochila al hombro se quedó pensante en la palabra amigos, por alguna razón esta vez no le gustó como sonó en su cabeza.
—¿Yuri?
La repentina voz de Katsuki lo trajo nuevamente a la realidad. Yuri asustado por eso, pues había estado muy sumergido en sus pensamientos, miró con los ojos muy abiertos al contrario.
—¿Estás bien? —preguntó Katsuki al verlo tan extraño.
—¡Eh! S-Sí —soltó Yuri creyendo que Katsuki había sido capaz de escuchar sus pensamientos, pero al darse cuenta que eso era imposible frunció sus cejas enojado consigo mismo. Ya debía calmarse. Dejar de pensar en cosas sin importancia…
—Bueno, nos vemos mañana —Yuuri dejó escapar esas palabras como si se tratará de una interrogante.
Plisetsky aún alterado por sus pensamientos asintió y terminó de agarrar todo para luego marcharse con la intención de tomar algo de aire antes de enfrentar a Otabek, que de seguro lo estaba esperando fuera; y eso lo tenía de los nervios. ¿Qué debía decirle? ¿Tenía que saludarlo normalmente?... Claro que sí debía hacer eso, no había motivo para no actuar de forma normal… pero todo le parecía tan distinto.
Después de abrigarse con su suéter rojo tan calentito que le espantaba todo el frío, salió apretando los labios viendo a la distancia como Otabek lo esperaba sentado en su motocicleta. "Tan puntual", pensó caminando de forma lenta hacia él, como si con eso llegaría a retrasar su encuentro, no obstante, antes de darse cuenta ya estaba frente a al moreno viendo esos ojos oscuros que no transmitían absolutamente nada. Verlos era un completo misterio, aunque a pesar de eso siempre podía llegar a sentir mucha paz.
—Hola —saludó Yuri a los segundos y cerró los ojos para recibir la mano de Otabek sobre su cabeza ya que el kazajo siempre acostumbraba a hacerlo, sin embargo después de unos instantes abrió los ojos al escuchar la voz del mayor pero sin sentir su toque.
—¿Cómo estás? —preguntó Otabek levantándose para después pasarle el casco.
Yuri encontrando extraño eso, pero sin saber que decir tomó el objeto y se lo puso en la cabeza.
—Bien… Hum, volví a hablar con Katsuki —le contó con la intención de que Otabek le dijera algo respecto a eso, que le mostrará otra expresión a la seria que tenía.
—Me alegro por eso —le sonrió el kazajo suavemente para luego subirse a su moto bautizada como: Bestia negra del infierno polar.
Apretando su mandíbula ya que se había esperado más palabras de su parte con aquella noticia, Yuri se acomodó detrás de él sintiéndose muy inseguro. Pensó que quizás Otabek estaba enojado, sin embargo no logró preguntar ya que el moreno prendió el motor y luego de asegurarse de que estaba bien, arrancó enmudeciendo a sus palabras y agrandando sus dudas.
¿Qué le pasaba a Otabek? No lo sabía. Estaba actuando muy extraño.
Cuando se detuvieron en un semáforo, Yuri aprovechando la tranquilidad momentánea y no aguantando más la duda, se acercó más a Otabek y le habló cerca de la oreja con la voz temblorosa.
—¿Estás enojado conmigo? —inquirió apretando más sus manos en la chaqueta de mezclilla de Otabek.
No tuvo respuesta de su amigo ya que en ese mismo instante Otabek volvió a ponerse en marcha regalando las palabras del ruso al viento. Yuri entristecido colocó su cara en la espalda de su contrario y permaneció en silencio todo el resto del viaje. El silencio de Otabek le dolía demasiado.
Al llegar al club el mayor estacionó con cuidado y aún sobre la moto permanecieron los dos en silencio. Yuri no tenia en claro que decir; no sabía que había hecho mal para que su amigo se comportara así con él… tampoco sabía que le ocurría. Estaba tan confundido que odiaba todo lo que pasaba. Apretando todavía la chaqueta de Otabek, buscó algunas palabras en su mente para transmitir, pero esta vez no fue necesario que él hablara, ahora Otabek había despegado sus labios regalándole al ambiente el sonido de su grave voz.
—Yura —Otabek le habló sin darse la vuelta, permitiendo que Yuri apretará más sus manos en su ropa—. No estoy enojado contigo… ya te dije que no podría estarlo —Yuri notó como respiraba de forma profunda—. Solo he tenido muchas cosas en la mente estos días y por eso he estado un poco más alejado.
—¿Qué cosas? —preguntó mordiéndose el labio inferior para no soltar las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos.
Otro silencio que apretó su corazón.
—Unas cosas que son algo tontas… No te preocupes por eso —Otabek se levantó de la moto, se sacó todo sus implementos dejándolos en los morrales para después ver fijamente a Yuri, mirada tan fuerte que todo su interior tembló—. Lo siento por haberte hecho preocupar. Ahora estemos bien.
—Pero…
Otabek le sacó el casco de forma tierna liberando el sedoso cabello de Yuri parecido a los rayos de sol. El ruso ante este gesto le mantuvo la vista confundido. En la mirada de Otabek podía percibir algo de tristeza, pero pensó que quizás era solo su idea ya que el kazajo a los segundos le revolvió el cabello como siempre para luego sonreírle.
—Hey… —Yuri trasladó sus manos a su cabeza.
—Ahora prepárate para entrenar, soldado. Haré que termines agotado al finalizar el día —Otabek guardando el casco del ruso, lo invitó a bajar para después encaminarse juntos al club.
Yuri siguiendo sus pasos y percibiendo que el aire entre ellos había vuelto a ser el normal, sonrió muy feliz tras sus cabellos al tener a su Otabek devuelta.
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El calentamiento del día fue menor comparado a los días anteriores. Yuri no terminó acabado pero no canto victoria por que al terminar de estirar Otabek le hizo ponerse los guantes y le comenzó a enseñar los movimientos básicos del boxeo. Se les fue casi una hora en repeticiones y repeticiones de golpes al aire hasta que Yuri aprendió por el momento los movimientos. No alcanzó a pegarle a un saco como le había dicho Otabek la semana pasada, pero si recibió las felicidades por su rápido aprendizaje y con eso se sintió muy bien. Cuando terminaron y descansaron antes de irse a cambiar, Leo llegó con ellos saludando a ambos para después dirigirse a Yuri, el cual terminaba de sacarse las vendas y se las pasaba al kazajo.
—Otabek, te quitaré a Yuri un momento —Leo le sonrió mientras le hacía señales con la mano a Yuri para que fuera a su lado.
Yuri extrañado miró a Leo y caminó unos pasos inconscientes hacia él.
—Eh, claro —contestó el kazajo también viéndose extrañado—. Nos vemos después, Yura.
Yuri le iba a contestar pero el repentino grito de Mila a la distancia atropelló sus palabras.
—¡Ota, ven aquí! ¡Tienes que ver esto! —chillaba la mujer alzando una mano al aire sin dejar de moverla. Yuri ante eso frunció su ceño al ver que Otabek se dirigía hacia ella sin problemas, no obstante no logró decir nada, pues Leo posó su mano derecha en su hombro llamando su atención.
—Yuri, quiero hablar un poco contigo, ven vamos a un lugar más despejado —Leo se dio la vuelta para ir de camino hacia la salida del club.
Sin poder hacer nada más que seguir a Leo, pues Otabek ya se había marchado con Mila aunque eso le molestara, suspiró para relajarse y a continuación fue donde el mayor lo citaba. Una vez afuera miró a todos lados preguntándose sobre que quería hablar Leo, pero no tuvo que esperar mucho ya que su amigo habló a los segundos.
—¿Entonces? —Leo le sonrió como si esperara algo de él. No comprendió nada.
—Entonces… ¿Qué pasa? —Yuri alzó sus cejas muy confundido.
Leo en esos segundos bajó los hombros y soltó un suspiro cansino.
—Es sobre lo que me dijiste cuando fuiste a mi casa, ¿Recuerdas? —inquirió el mayor, provocando que Yuri se tensará de inmediato.
—Eh… sí… —soltó atropellando sus palabras. No había pensado que Leo lo buscaría para retomar es conversación—. Sí recuerdo.
Su compañero asintió con una sonrisa esperando a que Yuri digiera algo, sin embargo el ruso al estar tan nervioso del tema y de que alguien pudiera oírlos, no dijo más.
—Otabek ya regresó. ¿Has hablado con él de lo que me dijiste? ¿Averiguaste lo que te ocurre con Ota? —las palabras de Leo le fueron tan directas que se quedó sin habla—. ¿Yuri?
—N-No… —habló después de eternos segundos con la vista desviada a otro lugar—. Yo no he hablado de eso con él… y creo que no es necesario que lo haga.
—¿Por qué?
Permaneció callado dudando su hablar o no, pero sentía que si no lo decía Leo no lo iba a dejar tranquilo respecto a ese tema del cual ya quería olvidarse.
—Pues… porque me di cuenta que solo estaba confundido… que lo extrañaba solo porque estaba lejos y por eso… —Yuri se mordió sus labios no creyéndose ninguna de sus palabras, aun así prosiguió soltando una verdad para relajarse—. Me gusta otra persona… es una chica y pronto vamos a salir, así que… con lo de Otabek… eso solo fue una tonta confusión.
—¿Estás hablando enserio? —inquirió Leo no viéndose muy convencido.
—Sí. Además esto se lo dije a Beka y apoyó la idea… no le pareció mal para nada —continuó recordando el momento exacto donde Otabek le decía que le parecía bien que saliera con una chica sin mostrar una pizca de molestia. Recordar eso provocó un pinchazo en su corazón.
No quería admitirlo pero le molestaba un poco que el kazajo no su hubiera mostrado interesado por lo que le confesó.
—Ay, virgencita santa, dame paciencia… —habló Leo en un idioma que Yuri no comprendió, por lo que alzó sus cejas mirando curioso al mayor—. Oh, esto… entonces ¿Todo bien con él y tú? —se corrigió Leo volviendo a usar el ruso.
—Sí, supongo que sí —admitió Yuri no muy seguro, no obstante eso no lo dejó ver es su serio rostro.
Leo lo observó de forma muy pensativa, cosa que lo ponía nervioso, sin embargo se relajó cuando el mayor lanzó un suspiro apartando la mirada.
—Bueno, si así están las cosas, entonces está todo bien… —Leo le puso una mano en su hombro, como dándole fortaleza—. Cualquier cosa me dices, te escucharé siempre.
—Gracias. Supongo —dijo Yuri y Leo se retiró para ingresar al club.
Quedando extrañado por la conversación, Yuri permaneció pensativo sintiendo una presión en su pecho, sin embargo ya no queriendo rondar más esos sentimientos, pues se había decidido a bloquearlos, entró al lugar para ir a cambiarse. Cuando llegó a la puerta de los vestuarios escuchó la voz de Jean hablando con Otabek por lo que se quedó petrificado tocando la manilla para entrar. No creía los que sus oídos escucharon, por eso apegó oreja a la madera para tratar de escuchar mejor.
—… Y poder sentir tu ardiente cuerpo junto al mío, para conocer cada uno de tus rincones y devorar tu boca sin compasión —decía Jean con una voz muy seria que le provocó a Yuri un escalofrió inmenso.
—Sin decir… nada… conocer de forma íntima tu cadera para fundirme… en ti… —siguió Otabek con la voz dudosa.
Yuri alertado por aquello y demasiado aterrado de lo que pudiera estar pasando adentro, no lo pensó más y abrió la puerta de un movimiento fuerte que llegó a sonar estrepitosamente en el lugar llamando la atención de los que estaban adentro.
—¡¿QUÉ MIERDA LE HACES A OTABEK, HIJO DE PUTA?! —rugió dejando relucir su cara más agresiva mientras se encaminaba a paso pesado hacía Jean, quien asustado por tan repentina llegada, se echó para atrás unos pasos.
—¿Yura? —Otabek bajando la hoja que tenía en la mano se interpuso entre ellos deteniéndolo por los hombros—. ¿Qué pasa?
—Esa mierda me preguntó yo. ¡¿Qué te estaba diciendo este maldito?!... ¡¿Y tú por qué le respondías?! —preguntó alterado sintiendo mucho más las ganas de matar a Jean.
—Hey, Yuri cálmate, no es nada —dijo jean con inocencia mientras movía sus manos frenéticamente frente a él.
—¡Cállate! —hizo lo posible para irse contra Jean, pero Otabek se lo impidió.
—Yura, ¿Vas a calmarte o no? Creo que estas malentendiendo las cosas —le informó el kazajo con voz suave.
Yuri que todavía miraba con furia a Jean, decidió quedarse quieto y respirar para relajarse unos segundos para que le explicaran lo sucedido. Estaba furioso y confundido, pero si algo había aprendido de Otabek, era que debía ser más sereno respecto a todas las cosas. Desviando sus ojos esmeraldas hasta su amigo frente a él, que seguía tomándolo de los hombros, contuvo la respiración para escuchar por una vez en su vida.
—Con Jean estábamos hablando de unas canciones, mira —le mostró una hoja con unas líneas escritas.
Yuri la tomó de inmediato y le dio un vistazo para verificar de qué se trataba. Seguía enrabiado, sin embargo a medida que leía las letras escritas en ese papel con una caligrafía desordenada, su rostro comenzó a ponerse rojo de la vergüenza y no soportando más soltó la hoja al suelo teniendo su cabeza al borde de una explosión.
—¿Q-Que mierda es esto? —inquirió cohibido por haber leído algo tan vergonzoso.
—Es la letra de una canción que invente. Yo soy músico, Yuri. Otabek le estaba dado su visto bueno, ¿Verdad, Ota? —Jean se acercó a ellos y rodeó al nombrado por el cuello con un brazo.
Yuri volvió a mirar de forma rencorosa a JJ, no le gustaba que ese tipo se le acercara tanto a él como a Otabek, pero ya creyendo que había hecho mucho espectáculo en menos de un minuto, prefirió permanecer callado.
—De visto bueno no creo… pero sí, estaba viendo su canción. Aunque pienso que deberías cambiarla —dijo Otabek mirando a Jean.
Jean pareciendo asombrado soltó a Otabek y miró la hoja de su mano con las cejas fruncidas, como si buscara algo muy importante. Yuri sin tener nada que decir y deseando desaparecer de ahí por haberse comportado como un chico celoso, miró de reojo a Otabek el cual estaba viendo de forma relajada a Jean.
—¡Pero sí esta perfecta! —se exaltó Jean mirando la hoja como si fuera lo más evidente—. Creo que a los chicos de la banda les agradará.
—Hum… bueno, si a ustedes les parece bien… —Otabek no mostrándose convencido se encogió de los hombros.
Yuri ya no queriendo escuchar nada de nada pasó de largo para ir por su ropa y cambiarse de una santa vez. Estaba tan avergonzado por su actitud que deseaba enterrarse en el la nieve y no ver nunca más a nadie en la vida. Había malentendido todo que ya ni sabía cómo ver nuevamente a su amigo.
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Al llegar a casa Yuri se bajó de la motocicleta y estiro el cuerpo pues sentía que le daría un calambre en la pierna. Después de eso miró a su amigo y se sonrojó de inmediato al recordar lo ocurrido en los vestuarios. Sentía que debía disculparse, pero a la vez no… él no tenía la culpa de haber mal pensado aquella extraña conversación, él no tenía ni la menor idea de que Jean con Otabek hablaban de una estúpida canción.
—Beka, lo siento por como actué en los vestuarios… Yo no sabía que estaban leyendo una canción del idiota de Jean… Hum, creí que te estaba haciendo algo… o algo así —desvió sus ojos sintiendo la vergüenza comerlo desde los pies hasta la cabeza—. Aunque ahora que lo pienso, fue tonto lo que concluí… él no podría contigo de ninguna forma.
Otabek cambiando su expresión de póker soltó una risa animada llamando la atención del menor. Yuri no sabiendo de que se reía infló sus mejillas más cohibido que antes.
—No te preocupes por eso, fue un mal entendido —Otabek le dio unas palmaditas en la cabeza para serenarlo—. Aunque debo decir que sí sabes defender a otros muy bien, se pudo ver la furia en tus ojos —le sonrió de forma más cariñosa volviendo a poner su mano en la motocicleta.
—Beka, ¿No vas a pasar? —preguntó al ver que Otabek estaba dispuesto irse e ignorando lo dicho por él al sentir la desesperación de alejarse de él.
El kazajo negó con la cabeza con un gesto de culpa.
—Lo siento Yura, me tengo que ir al trabajo ahora. Pero prometo pasa luego a saludar a tu familia —le aseguró sonando seguro, Yuri asintió aunque se sentía un poco triste por eso—. Ahora me voy, que llegaré tarde.
—No vemos y davai.
—Davai, Yura —el kazajo volvió a encender el motor y partió sin decir más dejando al ruso una tanto angustiado.
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La semana pasó sin pena ni gloria. Yuri en el club aprendía todos los días algo nuevo mientras Otabek le enseñaba de la forma más paciente posible los movimientos que debía hacer. La relación entre ellos estuvo muy normal, Otabek había vuelto a actuar como siempre junto a él y ya no se veía nada de tristeza en sus ojos, cosa que alegraba a Yuri. Él día miércoles le kazajo al fin pasó a su casa a ver a su abuelo y a Potya. Nikolai se mostró muy feliz de verlo, pero en cambio Potya al reencontrarse con él solamente lo ignoró y se fue a un rincón como si estuviera enojado. Yuri al ver la actitud de su gato lo regañó por ser tan grosero, pero después lo dejó ser ya que lo concia y sabía que después Puma Tiger Scorpion buscaría a Beka por toda la casa para que lo mimara. Su gato era muy rencoroso y Yuri sabía que estaba enojado con Otabek por haberse ido tanto tiempo. Esa misma tarde cuando todos comían la cena, Potya después de una par de horas llegó restregándose entre las piernas de Otabek para que le pusiera atención. Riendo todos por eso, siguieron cenando a la vez que Potya se acurrucaba en el regazo del moreno, Yuri al fin después de muchos días veía a su gato tan feliz y a su amigo tan sonriente, por lo cual él también terminó con una sonrisa en su rostro.
El día jueves le contaron a Yuri en el club que le harían la fiesta de bienvenida a Otabek el sábado en la tarde. Entre todos quedando de acuerdo para llevar cosas a al departamento del kazajo, el cual escuchaba todo sin decir nada, pues al parecer sabía que sus amigos no iban a desistir del plan, decidieron la hora y le recordaron a Yuri insistentemente que debía ir sí o sí.
Esa misma tarde, sintiéndose emocionado, le pidió permiso a su abuelo para asistir, el cual después de saber que se haría y quienes irían, aceptó con la condición de que se portará bien y que si pasaba cualquier cosa lo llamará de inmediato. Yuri más que feliz lo abrazó y después se fue hasta su habitación para infórmale a su amigo que iría a su fiesta; Otabek le respondió también feliz y después tuvieron que despedirse ya que el mayor estaba trabajando. Yuri teniendo muchas emociones por lo que se venía, le habló a Yuko y le pidió cambiar la fecha de su cita, pues había recordado que el sábado debía hacer una tarea de química en la mañana y ya en la tarde debía ir a la casa de Otabek a la fiesta. Yuko le dijo que no había problema, que podían verse otro día sin complicaciones y luego de eso se quedaron conversando casi hasta las dos de la mañana. Yuri estaba encantado con ella que ya deseaba que se juntaran para poder verla cara a cara y aumentar así sus sentimientos nacientes por su persona. Lamentaba haber corrido la fecha de la cita, pero lo encontraba necesario para preparase más para ella, ya que quería que todo saliera bien.
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El sábado por la tarde Yuri llegó al departamento de Otabek en transporte público ya que el kazajo no podía ir a buscarlo por recibir a las visitas. Ya parado frente a la puerta la golpeó con sus nudillos pensando en que no debería demorarse en abrir ya que en recepción avisaron de su llegada. No pasaron más de diez segundos donde la puerta se abrió de forma rápida y Yuri abrió su boca para saludar, sin embargo se quedó enmudecido al ver a una mujer de cabello negro corto mirándolo con amabilidad.
—¿Yuri? —inquirió ella con una voz dócil. Yuri asintió preguntándose quien rayos era ella, no la había visto nunca en la vida—. Un gusto, yo soy Isabella.
—Hum, hola —dijo entrando al departamento con precaución, a pesar de saber el nombre de ella no tenía ni la más mínima puta idea de quien se trataba.
—Siempre es bueno conocer a los amigos de Jean —prosiguió Isabella caminando con Yuri al comedor. El ruso al oírla se detuvo de inmediato sintiendo un escalofrió en el cuerpo.
—Yo no soy amigo de ese idiota —aclaró de forma firme, cosa que hizo que Isabella lo mirará extrañada.
—Oh, ¿De verdad? Pero JJ me ha dicho que lo eres.
El ruso se quedó con sus manos en los bolsillos sin comprender nada de lo que ocurría con ella. Miró alrededor viendo varias bolsas en el suelo como en la mesa y creyó que esas eran las bolsas de compra para la fiesta.
—¿Buscas a los demás? —preguntó ella adivinando la duda de Yuri—. Ellos están abajo, saliendo del edificio hay una cancha de basquetbol. Puedes ir para verlos.
—Hm, de acuerdo —Yuri dándole el último vistazo al lugar se dio la vuelta llegando nuevamente a la puerta, pero se detuvo al quedar intrigado con la chica—. Aún no sé quién eres y que haces aquí —soltó de la forma más suave que pudo.
Isabella sonriéndole caminó hasta él haciendo sonar sus zapatos.
—Soy la novia de Jean —dijo dejando congelado a Yuri.
¿Acaso era una broma? ¿Esa cosa de Jean era capaz de tener una novia tan bonita?... ¿Entonces era verdad que tenía pareja?, hasta ahora no se lo había creído. Estaba perplejo.
—Oh… ya veo —Yuri abriendo la puerta de forma robótica por lo descubierto quiso irse de inmediato, sin embargo volvió a ver a la mujer que parecía ser más inteligente que su novio… aunque si estaba con un sujeto como ese ya empezaba a dudar de su inteligencia—. Yo iré para abajo… Tú, ¿Te quedarás aquí?
Ella pareciendo conmovida por eso, cosa que le pareció extraña a Yuri, pues solo lo había dicho por simple educación, asintió con una sonrisa más notable.
—Prefiero quedarme aquí por ahora, hace mucho frío afuera. Gracias por tu preocupación.
—Bien —Yuri salió del departamento cerrando la puerta tras él y soltó un suspiro. Aquella corta plática con ella había sido extraña. Jamás pensó que iba a conocer a la pareja de Jean, sin embargo no quiso seguir indagando en eso y sin perder más tiempo se fue al ascensor para comenzar a buscar la cancha que había dicho Isabella.
Después de cinco minutos buscando y perdiéndose un poco, encontró la bendita cancha que estaba muy fácil de ubicar, pero como Yuri tenía muy mala orientación no la había encontrado tan fácil. Entró al lugar de forma lenta hasta que oyó a la distancia el dribleó de una pelota, pasos al correr y muchas voces conocidas alzarse en el recinto cerrado. Asomándose por completo vio a Leo, Jean, Emil, Otabek y Michele jugando como si no hubiera mañana en la cancha que era solo para ellos. En unas bancas cercanas a él estaba Mila alentando a los chicos junto a Guang, quien miraba admirado a su pareja en el juego.
—¡Eso estuvo muy bien, perfecto, Michele! —gritó Mila parándose de la banca como si estuviera apoyando a un equipo grande en las gradas de un partido importante.
Vio como los hombres en la cancha que pertenecían al equipo que ganaba (Emil, Michele y Otabek) celebraban chocando sus manos, mientras que los contrarios (Jean y Leo) reclamaban.
—Esto es agotador… tres contra dos no fue buena idea —suspiró Leo estirando su espalda. Yuri ya sentándose al lado de Guang notó como todos estaban sudando, quizás ya llevaban un largo tiempo jugando.
—Oh, Yuri ya has llegado —Mila al verlo volvió al asiento mostrándole una carita alegre. Guang a su lado lo saludó con un movimiento de mano también sonriéndole y Yuri por eso tuvo que imitarlos y saludarlos.
—¡Yuri! —Emil lo llamó a la distancia llamando su atención por lo que volvió a ver la cancha. Todos estaban haciendo una pausa para tomar agua.
Otabek estaba con los ojos cerrados tirándose un poco de agua en la cabeza para luego moverla dejando caer unas pequeñas gotitas, estaba vistiendo su ropa del gimnasio y era la primera vez que lo veía tan sudado que sus mejillas se encontraban muy rojas por el esfuerzo.
—¡Ven a jugar, Yuri! —gritó Leo a la distancia con el balón entre sus manos—. ¡Necesitamos a uno más!
Yuri no muy convencido ante la invitación, pues sentía su cuerpo muy agarrotado por todo el esfuerzo físico en la semana, miró de inmediato a Otabek en busca de algún apoyo y para su tranquilidad lo obtuvo. El kazajo con una sonrisa confiada le hizo señas para que se acercara a la cancha. Eso bastó para agarrar confianza y pararse. Se sacó su chaqueta quedando solamente en playera y amarrándose el cabello en una coleta entró a la cancha acompañado de los gritos chillones de Mila.
—Ahora sí estamos completos —dijo Leo con una sonrisa confiada ganándose al lado de Yuri y Jean.
Se apartaron un poco del equipo contrario que parecía hablar de alguna posible jugada. Todo por alguna razón parecía ir muy serio que Yuri se tensó un poco.
—¿Eres bueno en esto, Yuri? —preguntó Jean sacándose el sudor de la frente con su mano.
El nombrado pensó que iba a quedar igual de sudado que ellos y no tenía un cambio de ropa, sin embargo al oír los ánimos de los contrarios ese pensar se fue para centrarse en el juego.
—Algo… jugamos en la escuela y siempre anotó algunos puntos —contó ignorando que Jean estuviera en el equipo. Ahora le habían nacido las fuertes ganas de jugar, que no le importaba mucho quien lo acompañara.
—Bien, trata de encargarte de las canastas de dos puntos, Jean es el mejor en las de tres. Yo te bloquearé al que vaya por ti, ¿De acuerdo? —demandó Leo dejando en claro que él sería un buen líder.
Asintiendo ante esas órdenes llamaron a los demás para comenzar el otro tiempo. Jean se ganó al medio con la pelota enfrentando a Emil para un buen saque. Leo encaró a Michele a la izquierda y Yuri se quedó viendo frente a frente con Otabek. Sus miradas eran de completo desafío, en ese instante la amistad y todo lo demás había quedado de lado. Todos jugaban para divertirse, pero sobre todo para ganar.
Jean ganando la primera pelota le entregó después de tres pasos el poder a Leo, el cual le recibió dejando atrás a Michele de un rápido movimiento. Yuri sabiendo que debía sacarse a Otabek de encima o de lo contrario no podría ni tocar el balón comenzó a correr hasta el aro contrario tratando de perderlo, pero la rapidez del mayor, el cual ya estaba con los músculos calientes, era mucha y le impedía a Yuri ver bien lo que hacían sus compañeros. Centró sus ojos en los de Otabek para tratar de adivinar qué haría, pero se quedó tan prendado con esa mirada oscura que por unos segundos se le olvido que debía hacer.
—¡Jean! —gritó Leo dando señales de lanzársela al nombrado, sin embargo la pelota se la tiró a Yuri el cual en ese momento, reaccionando, de un ligero movimiento pasó por debajo del brazo alzado de Otabek y agarró la pelota para después ver el aro y saltar apuntando al objetivo. El tiró fue limpio y perfecto lo que ocasionó que sus compañeros saltaran de alegría y él se sintiera en la cima.
—¡Eso estuvo jodidamente perfecto, Yuri! —gritó Mila a la distancia provocándole una sonrisa al nombrado.
—¡Ese es nuestro ruso! —dijo Jean apoyado por Leo, los cuales se le acercaron a chocar las palmas—. Lograste sacarte encima a Otabek, fue genial.
—Tiembla Otabek, encontramos al jugador perfecto contra ti —soltó Leo revolviéndole el cabello a Yuri, por lo que tuvo que volver a hacerse la coleta.
—Buena jugada, Yura —le dijo Otabek cuando los gritos se calmaron un poco. Su pequeña sonrisa mostrando su hoyuelo hizo un remezón en su corazón.
—Estate atento, Beka. No dejaré que descanses —anunció Yuri con una sonrisa confiada.
Otabek en ese instante se acercó a él y bajando un poco el cuerpo le susurró en el oído.
—Ya veremos quien se rinde primero, Yura —y se fue a su lugar para seguir jugando dejando a Yuri con el corazón en la garganta.
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Después de media hora, donde Mila había suplantado a Michele quien se había torcido un tobillo por un choque que tuvo con Emil, algo irónico ya que eran del mismo equipo, Yuri vio el marcador que llevaba Guang y bufó al verificar que los contarios iban arriba por dos puntos. Ya se sentía agotado pero no quería dejar las cosas así; deseaba ganarles o al menos empatarlos.
—Ah… esto se alargó demasiado —expresó Leo secándose el sudor con una toalla que le había entregado Guang después de darle un beso—. ¿Lo dejamos hasta aquí?
—¡No! —corearon Yuri y Jean, ninguno estaba dispuesto a perder.
—Vaya, ustedes dos ahora parecen los mejores amigos de la vida —bromeó Leo, pero no fue escuchado ni por Yuri ni por Jean, ya que estos miraban de forma retadora a sus contrarios a la distancia—. En fin —dijo rendido—. Vamos por una jugada más, el que anota aquí gana, Jean, hace la canasta de tres puntos, con Yuri te abriremos el camino.
—Sí, señor.
Se posicionaron en sus respectivos puestos quedando de acuerdo en que sería la última jugada del partido. Yuri nuevamente viendo los ojos serios de Otabek mantuvo la respiración para obligar a su corazón permanecer sereno y así lograr su objetivo, que era mantener ocupado a Otabek y llamar la atención de Emil.
En un silencio muy pesado comenzaron a jugar con el balón en las manos de Mila, la cual de forma rápida llegó al arco contrario e iba a encestar, pero Leo de un rápido movimiento le quitó la pelota de las manos cayendo a las de Yuri directamente. Al driblarla se dio la vuelta encontrándose con Otabek cara a cara, parecía que el kazajo no estaba dispuesto a dejarlo pasar sin quitarle antes el balón. Dándose la vuelta al ver que su amigo iba por él, miró a su alrededor viendo que sus compañeros estaban marcados. Sintiendo el pecho del kazajo en su espalda y notándose rodeado por su brazos abiertos de él en busca del balón, comenzaron una danza de batalla para ver quien salía como ganador de ahí. Al final Yuri se había puesto tan nervioso por el roce de sus cuerpos sudados que se tropezó perdiendo el equilibrio yendo directamente al piso, sin embargo los brazos de Otabek lograron alcanzarlo para que no cayera.
—¿Estás bien? —preguntó en su oído ya que Yuri aún permanecía dándole la espalda.
—Hum… sí —asintió con el rostro enrojecido por el ejercicio físico como por la vergüenza. Percibió en ese segundo como el corazón del mayor golpeaba fuertemente su espalda junto a su respiración agitada.
—¡Ota, el balón! —gritó Mila viéndose atascada por Leo.
Con el grito de ella Yuri volvió a la realidad y notó con algo de pesar como el kazajo se iba tras el balón para luego encestar el punto que definía todo dejando atrás a Jean, el cual no alcanzó a llegar.
—¡Sí! —soltó Mila.
—¡Ganamos, Ota! —dijo Emil más radiante que nunca.
Tratando de regularizar la respiración apreció como Emil junto con Mila se acercaban felices a Otabek para abrazarlo por la victoria. Sintiendo después de muchos minutos el cansancio en su cuerpo se dejó caer en la cancha muy molido. Estaba frustrado por haber perdido.
—Hey, Yuri. Has jugado excelente, casi los alcanzamos —dijo Leo llegando a su lado para tenderle una toalla.
—Y eso que habías dicho que sabías solo algo de esto, eres mejor que Leo —comento Jean moviendo su cuello sin borrar su sonrisa. Al parecer el espíritu competitivo ya se le había ido.
—Hum, estoy muerto —Yuri se tiró por completo en el suelo tirándose la toalla sobre la cara para descansar un poco.
Escuchó como Leo se iba de su lado para juntarse con Guang y como Jean decía el nombre de su prometida que al parecer había bajado a verlos hace ya un tiempo. Siguió escuchando más palabras de todos, pero en ese instante no le importaba nada, solo quería descansar y no moverse por mil años. Pensó que con todo el ejercicio hecho, su cuerpo el día de mañana le iba a reclamar demasiado.
—Oye —una voz muy conocida para él lo alejaron del mundo de los sueños y se quedó pendiente para escuchar lo siguiente, pero en vez de eso su toalla fue retirada de su cara dejando ver a Otabek agachado a su lado mirándolo de forma fija—. Lo has hecho muy bien, Yura —le sonrió marcando su hoyuelo.
El rostro de Otabek ya no estaba rojo, pero si estaba mojado por agua y sudor. Su cabello que normalmente estaba bien peinado, ahora estaba desparramado y caído hacia su frente, verlo así, de una forma diferente le agradó a Yuri.
—Con tu cabello caído te ves más joven —comentó Yuri dejando soltar lo que tenía en la mente.
—¿Eh? —Otabek se llevó una mano a su pequeño flequillo—. ¿Te gusta como se ve? A mí no, por eso lo tiro para atrás.
—Se ve bien… —Yuri se quedó pensando unos segundos hasta llegar a una conclusión—. Tu peinado normal también… En realidad creo que todo se te ve jodidamente perfecto —aclaró soltando un suspiro. De verdad se sentía abatido físicamente.
—Pues gracias —Otabek se levantó para tenderle una mano—. Vamos, no duermas aquí o enfermaras.
Yuri sin dudarlo tomó la mano del kazajo y se alzó de forma rápida y fácil. Una vez levantado se apoyó en el pecho de él tratando de que su piernas quisieran reaccionar, pero aunque se lo ordenara no le obedecían para nada.
—¿Puedes moverte? —quiso saber su amigo sosteniéndolo de los hombros, como si fuera un pequeño abrazo. El calor de sus cuerpos juntos era sofocador.
—Sí… —se separó de Otabek pero sintió sus piernas fallar, por lo tanto gracias a los reflejos del mayor volvió a apoyarse en el pecho de este.
—Creo que te llevaré —Otabek se dio la vuelta y le ofreció la espalda igual como aquella vez cuando había llegado a su casa y él también había quedado muy agotado por el entrenamiento en el club.
Sintiéndose algo avergonzado quiso negarse, pero al notar que Otabek no le permitiría moverse con el cuerpo tan débil, se rindió y se subió a su espalda escondiendo su rostro en el hombro de su amigo ya que no deseaba que nadie lo viera así. Era vergonzoso ya que se sentía como un pequeño.
—Oh, quedamos todos sudados —escuchó a Mila cuando Otabek a paso lento llegó al grupo.
—Creo que deberíamos ir a bañarnos antes de seguir con la fiesta —sugirió Emil tan agotado como todos.
—Llamaré a Sara para que me traiga ropa antes de que se vaya a su casa —ahora habló Michele sacando su móvil y caminando a otro lado para poder hablar tranquilo.
—Oh, dile que me traiga a mí también —gritó Emil abrazando a Michele del cuello y siguiéndolo donde fuera—. Tenemos casi la misma talla así que tu ropa me quedará perfecta.
—Ustedes nunca andan preparados, saben que cada vez que venimos a la casa de Ota debemos tener un cambio ya que jugamos —dijo Leo tomando un bolso que contenía posiblemente un cambio de ropa.
—Claro… —Jean miró algo dudoso a su novia.
—Amor, el bolso está en el auto —le informó Isabella moviendo la cabeza mientras sonreía.
—Bueno movámonos, que estoy comenzando a enfriarme —Mila fue a primera en moverse hasta la salida.
Yuri percibiendo que nadie decía nada por cómo estaba con Otabek, levantó la cabeza para ver que todos caminaban afuera. Otabek no se quedó atrás y los siguió a ellos después de agarrar sus llaves y teléfono que descansaba en una banca para pasárselos a Yuri.
—Yo tampoco traje cambio… —murmuró en el oído del kazajo.
—Puedo pasarte algo mío —informó Otabek tomando el abrigo de Yuri con una mano mientras seguía sujetando al ruso en su espalda—. ¿Te bañaras?
—Yo creo… Estoy apestando.
—Bueno, vamos entonces. Encontraré algo para que te coloques —Otabek siguió caminando hasta el exterior y Yuri volvió a esconder su rostro en el hombro contrario. Ahora solo quería descansar.
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Después de bañarse recibiendo una playera de Otabek y un pantalón de Leo, pues los de Otabek le quedaron muy anchos, se fue hasta el living donde ya estaban casi todos listos y conversando. Se sentó en la esquina de un sofá mirando a todos de forma rápida. Esta era la primera vez que estaba en una reunión con otras personas que lo consideraban parte de ellos y por eso no sabía qué hacer. Todo era nuevo para él y le era muy raro ver a todos en un ambiente distinto.
—Yuri, ¿Qué vas a beber? —preguntó Mila, quien llenaba las copas de los invitados.
Yuri vio todo el licor y bebidas posadas en la mesa y no se decidió por ninguna. Él nunca había probado licor en su vida ya que su abuelo lo cuidaba muy bien y le había dicho que no quería que probara el alcohol hasta ser mayor de edad. Vio el vodka en la mesa y le nacieron las ganas de probarlo, pero antes de poder decir algo Otabek llegó al lugar ya aseado con su cabello nuevamente parado y ordenado.
—Otabek, ¿Qué tomaras? ¿Vodka? ¿Cerveza? —preguntó Mila mostrando la botella del alcohol ruso con ánimo.
—Solo una bebida —respondió el kazajo llamando la atención de todos a la vez que se sentaba al lado de Yuri.
—¿Bebida? —Alzó una ceja la muchacha, incrédula.
—Sí —afirmó sin decir más.
—Bueno, si quieres —Emil le pasó dos bebidas para que le entregará una a Yuri.
El ruso la recibió para después hablarle solo al kazajo en un susurro mientras los demás reían de las bromas de Emil junto a las de Mila y las anécdotas de los restantes.
—¿Por qué bebida? Pensé que tomabas alcohol.
—Sí tomo, pero no quiero que te sientas incómodo al ser el único que no bebe —respondió Otabek como si fuera lo más obvio del mundo.
Yuri ante esa revelación sintió su corazón conmoverse. Otabek había pensado en él y eso lo ponían muy feliz.
—Bueno… gracias —dijo alzando un poco su vaso para que Otabek golpeara levemente su copa con la de él creando un pequeño brindis.
Después de eso se unieron a la conversación alegre llena de risas. Yuri no participaba mucho pero escuchaba con atención todo riendo de vez en cuando o soltando gestos de asombro por lo que contaban. En aquella convivencia mientras tomaban y comían amigablemente se enteró de que Mila venia de una familia rica y que había pasado unas largas vacaciones recorriendo el mundo sin ninguna preocupación. Supo que Leo venia de Estados Unidos como de Mexico ya que había vivido gran parte de su vida en esos países y que ahora estaba aquí por haber ganado una beca universitaria, se enteró de que conoció a Guang en la universidad y de ahí se volvieron pareja hasta el día de hoy. También conoció un poco más de Emil y Michele, los cuales se veían muy unidos a pesar de las protestas y a las negaciones de este último. Aunque no le interesaba saberlo, supo más de Jean y su banda de música, también de la relación que tenía hace años con su novia Isabella que parecía amarlo sobre todas las cosas.
Al pasar unas horas de pura conversación ya que nadie se podía mover mucho por el largo juego de basquetbol que tuvieron, Yuri se levantó para servirse más bebida ya que sentía la boca seca, pero antes de poder llegar a moverse unos pasos, Mila le ofreció otro vaso ya servido mientras se reía por una broma de Emil. Yuri agotado lo recibió y se tomó la bebida de un sorbo, para terminar dándose cuenta de que había tomado algo muy distinto a bebida.
—¡No, Yuri, espera! —gritó Mila levantándose de golpe, pero aquella advertencia había sido muy tarde. El ruso se había tomado el vaso equivocado muy rápidamente que terminó con la cabeza dando vueltas—… ah,,, eso era vodka…
Yuri abrió sus ojos desmesuradamente al darse cuenta de eso que quiso levantarse y regañar a Mila por la equivocación, pero lo invadió un fuerte mareó que le dieron ganas de vomitar mientras lo poco que le quedaba al vaso se esparramó sobre su ropa.
—¿Qué pasa? —Otabek pregunto entrando nuevamente a la habitación, él había ido hace unos minutos al baño por lo que estaba desinformado de lo que ocurría.
—Mila le dio Vodka a Yuri —acusó Jean con voz adormilada mientras abrazaba a Isabella, la cual tampoco había tomado nada ya que había quedado en llevar en auto a los que quisieran irse.
—¡Hey! No acuses… —soltó la rusa ofendida para después regalarle una sonrisa nerviosa a Otabek—. Fue sin querer… no te enojes, Ota.
El kazajo miró a Yuri quien estaba muy mareado pues no estaba acostumbrado al alcohol, pero aún muy consiente de todo. Otabek suspirando lo ayudó a levantarse para luego decir:
—Ya es muy tarde, a dormir todos.
Por esas palabras recibió un abucheó pero de inmediato se quedaron cayados por su fuerte mirada. Yuri apoyado en él, luchando para no marearse más aunque eso fuera imposible, miró el lugar preguntándose como dormirían todos.
—Bueno si es así, nosotros nos vamos. Amor levántate —Isabella ayudó a Jean a levantarse—. ¿Alguien quiere que lo lleve a su casa? —preguntó ya teniendo a su novio de pie.
Michele levantó la mano a la vez que se paraba.
—Yo… mañana debo ir a trabajar —caminó hasta la salida no tan ebrio como los demás y espero a que Isabella y Jean se despidieran de todos ignorando los llantos de Emil, el cual se quejaba que lo abandonaba, pero por alguna razón él no quería irse.
Cuando se marcharon esos tres, el departamento quedó más silencioso, solo la música que habían puesto en los parlantes sonaba pero ahora a un volumen moderado. Yuri permaneciendo apoyado en Otabek, ya sintiéndose un poco mejor miró a los restantes los cuales parecían tan cansados como él.
—Nosotros dormiremos aquí —anunció Leo acurrucado con Guang en el amplio sofá largo donde antes habían varios sentados. Yuri notó que Guang ya estaba dormido entre los brazos de su novio. Al ver esa imagen tan tierna se sonrojó levemente.
—Oh, y nosotros sacaremos el colchón inflable para dormir aquí —indicó Mila el piso tirando a Emil a su lado, el cual asentía con las mejillas rojas por el alcohol.
—De acuerdo —aceptó Otabek tranquilamente.
Ante eso y al ver el acuerdo para dormir, Yuri alzó sus cejas y se volteó para hablarle a su amigo. Hizo lo posible para que sus palabras no le salieran torpes.
—Beka… Y yo ¿Dónde dormiré? —pregunto cerrando los ojos por el sueño que lo invadía.
—Conmigo, la cama es grande, estaremos bien los dos ahí —anunció el kazajo despreocupadamente.
Al terminar de oírlo de inmediato sus mofletes se tornaron más rojos con solo pensar que debía dormir con Otabek.
—Ay, pero sí es un bebé, Yuri eres una ternura —dijo Mila enternecida al ver a Yuri en aquel estado.
El ruso al oírla paró oreja y se giró hacia ella sintiendo la vergüenza en sus venas.
—¡Cá-Cállate, bruja! —soltó Yuri enrabiado al recibir palabras de burla.
La mujer ante esa queja pestañeó varias veces.
—Un bebé violento… Te deseo toda la suerte del mundo para controlar a ese gatito, Ota —soltó Mila elevando el pulgar de su mano derecha para luego tirarse para tras en el pequeño sofá tratando de dormir, la parecer el alcohol ya le estaba pidiendo descansar, pues se notaba en su torpe habla y en sus mofletes sonrojados.
—¿Qué dices maldita, bruja? —Yuri alterado por todo lo que había dicho Mila, iba a ir donde ella a buscarle pelea, pero la mano de Otabek en su cabeza cortaron sus futuros planes homicidas. De inmediato vio a su amigo que lo veía de forma seria pero la preocupación lograba notarse en su semblante.
—Ya no te alteres tanto, Yura, vamos a descansar. Lo necesitas —sugirió Otabek, de forma pausada.
En ese instante recordando cómo iban a estar dispersos al dormir sintió sus mejillas arder más. Él iba a dormir con Otabek mientras que los demás se habían acomodado en el living de muy buena forma. Nervioso por eso sintió su corazón agitarse como loco, no debía sentirse así, no era nada del otro mundo dormir con un amigo, pero a pesar de regañarse por eso, no lograba calmarse.
—¿Está bien que duerma contigo? —preguntó Yuri tímidamente.
El mayor asintió mirándolo de manera fija, para después tomarlo del brazo de forma suave.
—Está bien... —respondió Otabek, para después comenzar a caminar hasta la habitación.
Yuri sin ejercer ninguna fuerza en contra, pues él también estaba cansado y deseaba dormir por el resto de la noche, lo siguió unos cuantos pasos hasta llegar a la habitación del kazajo. Estaba todo oscuro, pero cuando Otabek prendió la luz Yuri pudo apreciar nuevamente ese cuarto donde antes había estado a punto de cometer uno de los peores errores de su vida, según él, pero que el destino se había encargado de bloquear, ya que en esos momentos no fue capaz de cumplir su objetivo que habían sido los labios de Otabek.
—Te pasaré ropa para dormir, no creo que quieras acostarte con toda la ropa oliendo a Vodka —habló Otabek parado frente a su armario. Yuri saliendo de sus pensamientos que lo avergonzaban, asintió sentándose en la cama, obligándose mentalmente a ya olvidar aquello que no sucedió. Ahora él estaba feliz conociendo a Yuko, y lo que posiblemente había sentido por Otabek debía ser borrado ya. Él kazajo era su amigo y nada más que eso.
"Ya para por favor", le pidió afligido a su corazón que seguía golpeándole el pecho fuertemente.
—Puedes usar esto si quieres, aunque creo que te quedará algo grande... —Otabek llegó hasta su lugar y le dijo eso mirando pensativo la prenda de ropa que llevaba entre sus manos.
Yuri sin poder pensar más por lo nervioso que se encontraba, solamente tomó lo que le ofrecía el kazajo.
—Da igual... Esto está bien... Gracias —susurró no pudiendo verlo a los ojos. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Cambiarse? Aunque le sonará tonto, ya que lo había hecho varias veces en el club, ahora no deseaba hacerlo con Otabek cerca.
—Cámbiate aquí, iré al baño —Otabek sacó algo bajo las almohadas para a continuación irse al baño.
Yuri ya más aliviado al verse solo en la habitación, se levantó de forma rápida por lo que llegó a marearse mucho más, odiándose por lo torpe que podía llegar a ser se llevó una mano a su cabeza tratando de calmarse y al lograrlo pudo desvestirse y ponerse el pijama de Otabek sin dar mucho problema. Cuando acabó notó que los pantalones azules de polar le quedaban muy grandes que tenía que estar agarrándolo de la cintura para que no se le cayeran, y la parte superior que consistía en una remera simple, le quedaba tan holgada que llegó a sentirse inmensamente pequeño. ¿Tanta diferencia tenía sus cuerpos? Al parecer sí, que hasta la ropa grande de Otabek, la que era digna de todo un hombre le recordaba que él parecía una mujer. Sintiéndose algo mal e inseguro por eso decidió meterse de una vez en la cama impidiendo que su amigo llegará a verlo así y se acomodó del lado derecho del colchón, donde al apoyar su cabeza contra la almohada sintió el agradable olor de Otabek azorando toda su nariz. Aquello inquietó mucho más su ya sobresaltado ser como también le dio una extraña paz al sentirse protegido por ese simple aroma.
A los minutos Otabek salió del baño ya portando su pijama que costaba de un negro pantalón delgado junto a una playera sin mangas que dejaban ver de forma majestuosa aquellos brazos trabajados donde algunas venitas de la marcaban. Yuri apartando su nariz de la almudada se acostó de espalda mirando de lleno el techo blanco y percibió con su corazón más inquieto, como Otabek apagaba la luz para luego meterse a su lado de forma tranquila. Cuando el colchón se hundió a su izquierda tuvo un vértigo en el estómago. Con ese simple acercamiento ya se había puesto más nervioso.
—¿Estás cómodo? —inquirió el kazajo cuando ya estuvo acomodado en la misma posición que Yuri, mirando el techo en plena oscuridad que pintaba de negro todos y cada uno de los rincones de la habitación.
La voz de Otabek la sintió tan cerca a pesar de que no se tocaban, que tuvo que tragar de forma brusca para poder hablar. Sentía la presencia del mayor tan apegada a él a pesar de que aún quedaban unos centímetros helados de distancia entre sus cuerpos.
—Sí… Es cómodo tu colchón —respondió para después encontrar raras sus palabras, aunque no quiso darle muchas vueltas a eso.
Hubo un silencio tan grande donde Yuri creyó que su amigo se había dormido, pero al girar su cabeza pudo notar escasamente que Otabek seguía despierto viendo hacia arriba sin pestañear ni moverse.
—Estas vivo, ¿verdad? —soltó Yuri al verlo tan inmóvil. Otabek con esas palabras giró su cabeza para encontrar los ojos de Yuri regalándole así otro nuevo remezón al corazón del menor. "Tan cerca…"
—Lo estoy, ¿Por qué? —Habló el kazajo y Yuri sintió el agradable aroma a menta de su boca.
—Hum, es que estabas muy quieto —dijo pensando que él no había traído su cepillo de dientes, al amanecer sí que se iba a sentir incomodo por eso.
—No suelo moverme mucho en la cama cuando duermo.
—Oh, yo sí, a veces despierto del otro lado… o en el suelo, pero eso ya es otro tema —las últimas palabras de Yuri comenzaron a bajar transformándose en un susurro, ni siquiera sabía por qué decía todo eso. Quizás solo era para no seguir escuchando el silencio entre los dos, o el alcohol lo obligaba a soltar tonterías.
—Con tal que no me botes de la cama, está todo bien —bromeó el kazajo y Yuri tuvo que contener su risa por temor a despertar a los demás, aunque eso era imposible ya que se notaba que los restantes de la casa ya estaba profundamente dormidos, pues se escuchaba el ronquido de Emil hasta la habitación.
—Es la primera vez que duermo fuera de casa… —confesó Yuri—. Nunca pensé que llegaría a dormir en casa de una amigo… ya sabes, antes de ti me llevaba mal con todos.
—Ahora tienes más personas con la cual compartir.
—Sí… de alguna forma es extraño —susurró el ruso volviendo a ver a Otabek, el cual le devolvía la mirada atentamente.
—¿El compartir con ellos?
—No, eso no… —frunció sus cejas un momento—. Bueno, eso sí, pero no me refería a eso.
—¿Entonces? —Otabek alzó una ceja pero por la oscuridad Yuri no pudo apreciar ese gesto.
—El estar aquí, en otro lugar… En casa siempre me siento seguro y pensaba que al dormir en otra casa no llegaría a sentir esa sensación de protección…
Los dos permanecieron en silencio por unos segundos hasta que Otabek habló.
—¿Te sientes incomodo, Yura?, ¿Quieres volver a casa? —preguntó Otabek lentamente, su voz parecía muy preocupada.
Yuri al oírlo reaccionó de inmediato pensando que no se había expresado de la mejor forma, el sueño lo estaba asechando fuertemente.
—¡No!... —se enmudeció recordando que era de noche—. Quizás no me expliqué bien… lo que te quiero decir es que me siento seguro aquí, es cómoda tu casa, Beka —finalizó aunque no muy convencido por su palabras, por eso volvió a hablar corrigiendo lo expresado—. Mejor dicho, es cómodo estar contigo. El lugar no importa, si estás tú siento que nada puede salir mal… Esa es la sensación que me das.
—¿Tan cómodo te sientes? —la voz de Otabek se escuchó algo asombrada.
Asintió sin pensárselo, estaba diciendo la verdad sin tapujo alguno, no sabía por qué, quizás era debido al alcohol que bebió por accidente, pero no le importaba. Necesitaba decirle eso a Otabek aunque sus mejillas estuvieran incendiándose, quería que el kazajo supiera lo importante que era para él.
—Sí… Nunca me había sentido tan bien con alguien aparte de mi abuelito… —Yuri comenzó a cerrar los ojos notando todo ser muy cansado mientras Otabek seguía observándolo en silencio—… aunque este sentir es… distinto —entrando completamente en el mundo de los sueños siguió soltando perezosas palabras que por dentro le gritaban para ser soltadas—. Eres increíble, Beka… por eso me… me gustas mucho.
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¡Gatitos!
Siempre quedamos en la mejor parte ewe.:
Se me hizo un poco raro volver con Yuri, Hahaha, espero les haya gustado.
Sin decir más que las gracias por estar aquí, les mando un beso a todos.
Bye!
