Derek contempló a Stiles en silencio, mientras dormía boca abajo.

Anoche, después del almuerzo más incómodo que había tenido en toda su vida, junto a su prometido y el padre del mismo; hicieron el amor durante horas, disfrutando de la tranquilidad de saber que todo era perfecto.

No tenía muy claro qué hora sería, pero tampoco le importaba.

Para el resto del mundo estaba de vacaciones, y tenía la sana intención de disfrutarlas de ellas en la cama, desnudo y con Stiles a su lado.

Tal vez por eso no le extrañó encontrarse de pronto sonriendo como un bobalicón, a nada en concreto, mientras acercó una mano para acariciar la espalda desnuda de Stiles.

Y pensar que había estado a punto de perderlo todo.

Derek se obligó a no pensar en eso. A recordarse que el pasado no importaba, y que lo único que contaba era el aquí y el ahora. Y ambos tenían un nombre propio: Stiles Stilinski.

Aunque había veces, cuando estaba sólo con sus pensamientos, en que era muy difícil.

No por primera vez, Derek Hale se encontró deseando que sus padres le hubieran conocido… O que Stiles le hubiera conocido cuando no era ese tío solitario y agresivo, al que le gustaba comportarse como el lobo feroz del cuento.

Sonrió de nuevo, acariciando con la yema de los dedos el hombro de Stiles.

Intuía que, si ese hubiera sido el caso, Stiles jamás se habría fijado en él… Porque Stiles parecía tener la costumbre de fijarse en lo extraño, lo anormal, lo peligroso. Y probablemente, si le hubiera conocido siendo un chico normal que sonreía y era feliz, jamás se habría tomado tantas molestias en hacerse un huequecito en su corazón.

¿Y no era extraño aquello?

Saber que, si sus padres no hubieran muerto, él jamás habría conocido al chico del que estaba perdidamente enamorado. El único que lograba que sonriera y tuviera ganas de empezar un nuevo día… Por el resto de su vida.

Aun así, en el fondo de su corazón, habría dado lo que fuera porque se hubieran conocido… O porque sus padres y hermanos pudieran volver a la vida, al menos durante un minuto, para que pudieran conocerle. Para que supieran que ese era su compañero. La persona a la que estaba ligado de por vida, y la única que le hacía feliz.

Y cómo le gustaría ver la reacción de sus padres… Apostaba a que su madre le miraría con dulzura, como si fuera su propia madre, para luego pedirle que por favor cuidara bien de su hijo, que era un cabeza loca y siempre se estaba metiendo en líos… Y estaba convencido de que Stiles habría asentido muy serio, como si él fuera el más responsable de todos.

Derek se mordió el labio para no echarse a reír, imaginándose entonces la reacción de su padre. Él habría sido mucho más seco, un poco como el Sheriff, y le habría mirado seriamente durante unos minutos interminables, logrando que Stiles se sintiera increíblemente incómodo… Para luego darle una palmada en la espalda y preguntarle cuál era su equipo favorito de béisbol, y si quería ver el partido con ellos.

Derek tragó el nudo que se le formó en la garganta.

Ojalá pudiera ser real. Ojalá su familia pudiera verle feliz, después de tantos años sufriendo y odiándose a sí mismo…

Aun así, había veces en las que, todavía hoy, se preguntaba si realmente se merecía aquello. Si después de lo que había hecho, era digno de tener una vida feliz, y encima junto a alguien tan único e increíble como era Stiles.

Stiles, por supuesto, siempre le decía que sí. Y que eso mismo era lo que pensaba su familia, así que tenía que dejar de comerse la cabeza de una vez por todas.

Pero no sería Derek Hale si no se comía la cabeza de vez en cuando.

Stilies murmuró entonces algo, indicando que estaba soñando. Pero se le veía relajado, con lo que no debía ser ninguna pesadilla.

El hombre volvió a sentir un nudo en la garganta, recordando todo lo que tubo que soportar. Completamente solo, rodeado por el enemigo, y teniendo que engañar a todos en un desesperado intento porque las cosas salieran bien.

No era justo que él hubiera tenido que llevar el peso de todo. Y no porque no fuera capaz, ni mucho menos; sino porque no le correspondía a él. Porque Stiles merecía seguir siendo un adolescente normal, con sus problemas cotidianos (bastante más extraños de los de cualquier adolescente, cierto), pero donde al menos no tuviera que lidiar con el problema añadido de ser un hombre lobo.

Esa siempre había sido la intención de Derek. Que en la manera de lo posible, siguiera siendo un humano con todos sus defectos y virtudes. Que el ser compañero de un Alfa no le obligara a perder esa humanidad que le hacía tan increíblemente único… Porque el compañero del Alfa de Beacon Hills podía ser perfectamente un humano. Sobre todo si ese humano demostraba tanto valor, coraje y fuerza, que no necesitaba ser convertido para estar a la altura de un Alfa.

Esa había sido su intención… Y había fallado miserablemente.

Y por aquel absurdo deseo de que Stiles siguiera siendo ese chico increíble, le puso en peligro. Le entregó en bandeja a una mujer que supo mover muy bien sus cartas, y se aprovechó como nadie de la inseguridad y los celos de Derek, así como de la compasión sin límites de Stiles.

Todo se habría evitado si Derek hubiera tenido el valor de morderle cuando Stiles se lo pidió.

- En qué estás pensando.

La voz de Stiles le alejó de sus pensamientos. Derek alzó la mirada para ver que el chico tenía los ojos medio abiertos. Acababa de despertarse, pero ya tenía esa media sonrisa en los labios.

- En nada – musitó Derek, negando levemente con la cabeza, antes de inclinarse sobre Stiles para darle un beso en el hombro.

- Mentiroso.

- No estoy…

- Antes podías engañarme – dijo Stiles al tiempo que se colocaba de lado para mirar de frente al hombre – Pero ahora no es sólo tu voz la que me dice cosas. También es tu corazón… Y el olor que desprendes – alzó una ceja – Y todo eso me dice que estás mintiendo.

Derek soltó un suspiro, tumbándose en la cama y llevándose ambas manos a la cabeza.

- Era más fácil cuando sólo tenía que engañar a tus ojos.

- Pues eso se acabó – bromeó al tiempo que cogía una de las manos del Alfa – Ahora. ¿Te importa decirme qué tenías en esa preciosa cabecita tuya?

El hombre apretó los labios y soltó aire por la nariz. No tenía muchas ganas de hablar de aquello… Pero sabía que no tenía otra opción.

Se acercó a Stiles para besarle en los labios, pues acababa de recordar que aún no lo había hecho, y eso sí que era imperdonable.

- Estaba pensando en todo lo que ha pasado – dijo con voz grave – Y en cómo habría sido si… - apretó la mano de Stiles – Si hubiéramos tomado otras decisiones.

Stiles asintió en silencio, acercándose un poco más al hombre hasta acabar pegado a él. Llevó la mano que no sujetaba la de Derek a su frondoso pelo, y empezó a jugar con sus dedos en él.

Al instante, Derek pareció relajarse un poco más, cerrando incluso los ojos, y el chico sonrió para sí.

A estas alturas, podía leer la mente de Derek como si fuera un libro abierto. Incluso tenía un diccionario entero para todos esos gestos que hacía con las cejas o con los labios. Dudaba que nadie más pudiera identificarlos como algo más que expresiones de enfado… Pero él sabía perfectamente cuándo era eso, y cuándo era la única manera que tenía de decir que estaba asustado y dolido.

Y por fortuna, a estas alturas Stiles también sabía cómo ponerles remedio.

- ¿Lo decías en serio? – preguntó entonces, apenas en un susurro.

Derek abrió los ojos y le miró con curiosidad.

- El qué.

- Que si no me mordiste, era porque tenías miedo de que dejara de ser tal y como era entonces.

El hombre asintió en silencio, los labios una fina línea.

- Me equivoqué… Si lo hubiera hecho nada de esto… - Stiles le interrumpió con un dedo en sus labios.

- Nada de hablar del pasado… Fue lo que prometimos, ¿verdad?

Derek tragó el nuevo nudo que se le había formado. Sabía que Stiles tenía razón. Que no tenía sentido seguir hablando de algo que ya no podría cambiarse… Pero había veces en que era demasiado difícil.

Finalmente consiguió asentir, al tiempo que acercaba sus labios a la cabeza de Stiles, y le daba un beso en la sien.

Stiles no lo dudó entonces.

Separándose un poco de él, le miró a los ojos.

- Quiero que lo hagas.

- ¿El qué?

- Que me muerdas, idiota – sonrió - Quiero que me des tu marca.

Y Derek sintió de nuevo ese asqueroso nudo llamado remordimientos.

- Sabes que no puedo… Que ya no… - los dedos de Stiles en los labios le impidieron seguir.

- Nada de hablar del pasado…

- Pero… - esta vez ni siquiera necesitó que el chico le interrumpiera, porque se quedó sin voz apenas dijo la primera palabra.

- Quiero ser parte de tu manada. Quiero que seas mi Alfa.

- Stiles… - dijo su nombre como si estuviera suplicando.

- Siempre lo has sido. Y sabes que siempre lo serás – torció ligeramente el cuello - Sólo es cuestión de hacerlo oficial.

- Yo… No lo entiendo…

El chico se puso entonces de rodillas en la cama y, colocando las dos manos en sendas mejillas, le besó hasta que Derek dejó de temblar.

- Tan sólo quiero que mi Alfa me dé su marca – le sonrió – Nada más que eso.

El hombre miró a Stiles durante unos segundos, todavía sin creerse que le estuviera pidiendo aquello.

Y sabía que era más un gesto simbólico que otra cosa. Que nada cambiaria para Stiles, pues seguiría siendo un Beta; y tampoco lo haría para Derek, que seguiría teniendo a un compañero increíble a su lado… Pero la posibilidad de vivir ese momento. Ese instante único en el que Stiles se entregaba completamente a él, y confiaba en él hasta el punto de querer recibir su marca… Aquello era impagable.

Finalmente asintió, sintiendo como la garganta se le quedaba seca y no era capaz de decir nada.

Dios. Era el hombre más afortunado del mundo.

- ¿Dónde lo vas a hacer? - preguntó Stiles entonces.

- ¿Es que quieres que lo haga ahora? – preguntó, colocándose de rodillas frente a él.

- ¿Por qué esperar más?

Y en ese momento Derek sintió, no sabía cómo, que el corazón se le hinchaba aún más a causa de la alegría.

- De acuerdo – susurró, besándole con ternura en los labios - A Erica y a Isaac les mordí en la muñeca – comentó, cogiendo la muñeca y acercándola a sus labios para besarla del mismo modo – Es donde menos duele.

- A Jackson le mordiste en la cadera.

- Porque quería que a él le doliera más – sonrió, acariciando la cintura del chico.

- Jackson es un capullo… Se lo merecía – Derek se echó a reír, y Stiles disfrutó de aquel sonido tan libre y raro de oír en las últimas semanas. Le ofreció la muñeca, y Derek la acercó a su boca. Para darle un beso.

- Me gustaría hacerlo en otro sitio.

- ¿Dónde? – preguntó sonrojado, y los labios le temblaron un poco

- Tú no er… No serías sólo mi Beta – se obligó a hablar en futuro, porque se suponía que iba a marcarle por primera vez – También debería marcarte como el compañero del Alfa. Y esa marca tiene un lugar específico – acercó los dedos al cuello de Stiles, y acarició la piel entre el hombro y el cuello – Cuando un lobo toma a su compañera, debe hacerlo delante de su manada para que el resto de miembros muestren su respeto y aprobación a la compañera de su líder. Y mientras consuman su unión, estando el Alfa aún dentro de ella, la muerde justo en el cuello, para marcarla como suya.

Stiles tragó con mucha dificultad.

- Significa eso que vas a tener que hacerlo delante de los demás… mientras…

- Eso lo hacen los lobos, Stiles – dijo de esa manera en que le hablaba cuando no quería llamarle idiota, pero en el fondo sí que lo pensaba – Y puede que seamos parte animal, pero también somos parte humana, ¿verdad?

- Esto… Sí. Sí, claro.

- Y puede que tú tengas una vena exhibicionista pero, la verdad, yo prefiero dejar eso para la intimidad.

- Claro. Sí. Por supuesto – tragó de nuevo - Estoy totalmente de acuerdo.

Derek se sentó entonces en la cama, apoyando la espalda en el cabecero, y atrajo a Stiles hacia él. Le colocó entre sus piernas abiertas, pegando la espalda del chico sobre su pecho. Una vez le tuvo dónde y cómo quería, pudiendo sentir perfectamente toda su anatomía, le besó e inspiró el aroma de Stiles de su cuello.

- Dios. He echado tanto de menos tu olor – le besó en el cuello – Es el olor más increíble del mundo – le tomó entonces de la mejilla, obligándole a girar la cara para poder mirarle a los ojos - Te dolerá – susurró - Pero acabará en seguida.

Stiles asintió, tragando con dificultad. Se le veía nervioso, pero excitado a un tiempo… Justo la reacción que quería que tuviera.

- De acuerdo…

La voz entrecortada del chico se transformó en gemido cuando sintió los dedos de Derek abriéndole.

No necesitaba mucha preparación, pues aún estaba reciente su última vez y, teniendo en cuenta que el que había entrado en él era Derek Hale, quien no era precisamente pequeño… era lógico que su cuerpo todavía no se hubiera recuperado del todo.

Pero eso no significaba que no fuera agradable sentir los dedos del hombre en aquella parte tan íntima de su cuerpo. Sobre todo si Derek sabía moverlos tan bien como lo hacía.

Justo en ese momento, los dedos del Alfa rozaron la próstata del chico, quien gimió de nuevo, pegándose a la espalda del hombre y torciendo el cuello en un ángulo imposible… Pero lo que sí que le resultaba imposible era no besar a Derek, incluso en aquella postura un tanto incómoda, sabiendo lo importante que era ese momento para los dos.

Derek respondió al beso con ganas. Le ofreció un beso detrás de otro, variando en intensidad y dando leves mordiscos de vez en cuando, pero sin ser ninguno de ellos demasiado largos, y usando tan sólo los labios.

Sentir la mano de Stiles detrás de su cabeza, al tiempo que la otra se apoyaba en el muslo de Derek y lo apretaba con fuerza, fue todo lo que necesitaba para saber que lo estaba haciendo bien.

Continuó besándole durante unos cuantos minutos más, hasta que sintió que Stiles estaba más que preparado para recibirle.

Sin despegar sus labios de los suyos, levantó el cuerpo de Stiles lo justo para poder alinear su miembro, y lentamente le dejó caer sobre él.

El gemido de Stiles quedó ahogado por sus labios, que apretaron con más fuerza, esperando a que se habituara a la sensación.

No necesitó mucho tiempo. En seguida la mano de Stiles agarró su pelo con más fuerza, mientras que la que había en su muslo clavó las uñas en la carne, instándole a que se moviera… Y por si aquello no eran pistas suficientes de que quería que empezara a follarle, el propio Stiles comenzó a mecer sus caderas arriba y abajo, necesitando sentir la polla de Derek lo más dentro posible.

Y Derek estaba más que dispuesto.

Procurando mantener un ritmo constante, comenzó a mover las caderas. Entrando y saliendo de aquel maravilloso calor, siguió besando los suaves labios de Stiles al tiempo que acariciaba su pecho y cuello con delicadeza. Como si fuera la criatura más delicada del universo, en vez del chico más increíblemente fuerte y valiente que sabía que era.

Entre sus piernas, Stiles comenzaba a removerse inquieto, acercándose a pasos agigantados a su orgasmo. En cualquier otra situación, aquel habría sido el momento en que Derek hubiera dado mayor fuerza a sus penetraciones, queriendo buscar el mayor placer, tanto para Stiles como para él mismo, y acabar en un orgasmo explosivo que les hiciera quedarse sin respiración.

Pero esta vez no lo haría

Porque esta vez era especial.

Separó lentamente sus labios de los del chico, y notó que ambos estaban especialmente húmedos y enrojecidos.

- ¿Estás listo? – le susurró al oído, sin parar de penetrarle pero siendo ahora los movimientos mucho más suaves.

- Sí – gimió Stiles en seguida, luchando por no moverse y empalarse en el miembro de Derek – Por favor, hazlo ya. Hazme tuyo – jadeó, inclinando el cuello para darle mayor acceso – Dame tu marca, Alfa.

Derek sintió cómo se le encogía el corazón ante aquella muestra de confianza, amor y… todo.

- Te quiero – le besó una última vez en los labios, y dejó que sus colmillos crecieran lentamente.

Apenas hubieron terminado de salir, inspiró el aroma de Stiles una última vez, y clavó los colmillos en la pálida carne del chico.

Stiles sintió la punzada de los colmillos de un modo increíblemente intenso. Tan intenso que por un instante se preocupó, porque en teoría era un hombre lobo y se suponía que ya no le afectaba tanto el dolor.

Pero recordó entonces las palabras de Derek, diciéndole que dolería pero que duraría poco, y se relajó en el acto.

Y, pensándolo bien, estaba bien así. Que doliera un poco más de lo normal. Pues este era un momento clave en su vida, tanto la suya como la de Derek, y tenía que ser vivido con más intensidad.

Por ello, por unos instantes Stiles trató de no moverse, y se concentró exclusivamente en los dientes de Derek clavados en su cuello, y en el aroma único del hombre rodeando su cuerpo.

Gimió llevando las manos hasta donde Derek tenía colocadas las suyas, en su pecho y en su cuello; y las apretó con fuerza todo el tiempo que duró el espasmo de dolor. No tuvo muy claro cuánto tiempo fue, pero al rato sintió que el dolor empezaba a ser mucho más soportable. Que ya no eran como agujas incandescentes que se clavaban en la carne y parecían querer llegar hasta lo más profundo de su ser.

Por el contrario, sólo sentía la reminiscencia del dolor. Como un eco lejano que parecía más el escozor que viene después de una herida grave, cuando el propio cuerpo empieza a curarse.

Y junto a esa sensación, empezó a sentir millones de cosas a la vez.

Lo primero que sintió fueron los labios de Derek besando la herida que acababa de dejar. Lo hacía con una delicadeza inusitada, apenas rozando la piel y no importándole en absoluto que estuviera teñida de sangre… Pues no dejaba de ser la sangre de su compañero.

Lo siguiente que sintió fueron las manos del hombre sobre su cuerpo. En su cuello y pecho. Acariciando del mismo modo que lo estaban haciendo sus labios, con una ternura tan intensa que Stiles seintió que se le saltaban las lágrimas. Y con cada roce de sus dedos, Stiles sentía que su piel se encendía. Con un calor intenso sin llegar a ser doloroso, pero que era como si las yemas de los dedos de Derek le estuvieran marcando una y otra vez. Como si Stiles fuera consciente de su cuerpo por primera vez en su vida.

- Derek…

Dijo su nombre en un gemido. Un jadeo que en parte era de placer, y en parte por ser incapaz de explicar con palabras lo que estaba sintiendo.

Y sabía que no tenía sentido. Que realmente no se estaba transformando por primera vez, porque ya era un hombre lobo antes de que Derek le mordiera.

Y aun así, la sensación era la misma que la de volver a nacer.

- Lo sé – susurró en su oído Derek, sin dejar de besar la marca – Lo sé.

Stiles respiró aliviado ante la seguridad de Derek. Por lo menos tenía claro que él también tenía que estar sintiendo algo especial. Y si su voz tranquila no era prueba suficiente, las gotas que cayeron sobre su hombro terminaron de confirmárselo.

Porque aquellas gotas no eran sino lágrimas de felicidad que Derek estaba derramando mientras seguía cubriéndole de besos, marcando cada milímetro de piel. Comenzando a mover sus caderas, dejando que Stiles le sintiera dentro de él, tan duro y caliente como si acabara de enterrarse en su cuerpo.

Y cómo sabía Stiles que eran lágrimas de felicidad, era la pregunta más fácil de responder: Porque eran exactamente las mismas qué él estaba vertiendo, dejando que empaparan su cara y cayeran hasta su pecho.

Dejó que fuera Derek quien marcara el ritmo. Un ritmo lento y profundo, que lograba que Stiles se sintiera más lleno que nunca, pero sin ser acompañado por esa desesperación que había por alcanzar el orgasmo. Porque no había ninguna prisa.

- Te quiero – gimió entonces Derek en su oído. Y oír decírselo, pese a que era algo que había oído muchas veces ya, logró que Stiles temblara de emoción y alegría.

- Yo también… - sollozó, torciendo el cuello para besarle en los labios. Y si los labios de Derek estaban cubiertos de su sangre, pues mejor todavía – Yo también te quiero.

No necesitaron nada más.

Apenas rozaron sus labios, Derek soltó un gemido ahogado y comenzó a vaciarse dentro de Stiles. Y en cuanto sintió al hombre llenándole de aquel modo tan increíblemente íntimo e intenso, cerró los ojos con fuerza al sentir su propio orgasmo.

Pero el beso no paró.

Derek siguió devorando sus labios, al tiempo que rodeaba el pecho de Stiles con ambos brazos, pegándole todo lo posible a él.

Cuando tuvieron que separarse para poder respirar, no soltó el abrazo. Dejó que Stiles se apoyara en su hombro y espalda, y aprovechó la ocasión para lamer de nuevo la herida que acababa de dejar. Estaba prácticamente curada, apenas visible una pequeña marca de dientes, y sobre todo los restos de sangre.

Pero no dejaba de ser la herida más hermosa de todas. Y no le importó terminar de limpiar la sangre mientras Stiles se recuperaba del orgasmo y del millón de sensaciones que había dejado la marca de sus colmillos.

- Ya no me duele – susurró Stiles entonces, colocando ambos brazos sobre los del hombre, para responder al abrazo desde su posición.

Derek le besó en la herida y luego en la cabeza. Llevó las dos manos a la cintura del chico y, con cuidado, le levantó para poder salir de él. Ambos gruñeron ante la falta de contacto, pero en seguida Stiles dio media vuelta y se colocó de rodillas frente al hombre.

Estaba sonriendo.

La sonrisa más hermosa de todas.

- Eres increíble – susurró Derek, acariciando su mejilla como si fuera lo más delicado del mundo.

- Tú tampoco estás mal.

El Alfa soltó una carcajada antes de recorrer la distancia que le separaba de Stiles, apenas unos centímetros, para besarle de nuevo.

No tenía suficiente de él.

Pese a haber pasado toda la noche en la cama, haciendo el amor sin parar, no podía estar lejos de él. No podía estar en el mismo sitio que él, y tener los labios separados de los suyos.

Era como si necesitara recuperar todo el tiempo en que no pudo estar con él.

Afortunadamente, Stiles se encontraba en la misma situación. Porque apenas tocaron sus labios los del hombre, respondió con ganas.

Colocó ambos brazos por detrás del cuello de Derek, y prácticamente atacó la boca del Alfa. Besó sus labios con fiereza, dándoles pequeños mordiscos que en ocasiones se convertían en otros más agresivos, pero que sin embargo lograron que su compañero tuviera ganas de más.

Cuando no tuvo suficiente con su boca, ni siquiera tras haberla explorado a conciencia con la lengua, empezó a centrarse en otras partes de su anatomía.

Sin parar un segundo, comenzó a bajar por el cuello y la garganta, lamiendo cada milímetro de piel y saboreando las gotas de sudor que ya habían empezado a formarse.

- Muérdeme – gimió entonces Derek.

Stiles tardó un par de segundos en comprender que le estaba hablando a él. Tanto porque estaba demasiado concentrado en devorar aquel cuerpo tan exquisito; como porque no tenía mucho sentido lo que le estaba diciendo.

- Qué – tuvo que parar para poder centrarse.

- Quiero que me des tu marca.

- Pero… - se quedó sin saber qué decir.

Definitivamente, aquello no tenía ningún sentido. Menos después de acabar de recibir él la mordedura de Derek… Y sin embargo el hombre parecía estar muy seguro de lo que decía.

Su expresión era una muy seria, con los labios más apretados de lo normal teniendo en cuenta que estaban en un momento agradable. Pero sus ojos brillaban del mismo modo en que lo habían hecho cuando Stiles le pidió que le mordiera.

- No quiero ser simplemente tu Alfa – le explicó Derek, colocando ambas manos sobre los antebrazos de Stiles, que seguían apoyados en sus hombros – No quiero que seas un Beta más que muestra sumisión a su Alfa.

- Pero… - Stiles tuvo que mojarse los labios al tiempo que trataba de poner orden a sus ideas – Pero me has mordido donde el Alfa muerde a su compañero… Decías que eso demostraba que no era un Beta más – Derek asintió – Entonces por qué…

- Renunciaste a ser el Alfa – le interrumpió sin levantar la voz – Lo hiciste por mí.

- Sabes que nunca habría querido serlo. Que eso nunca me ha importado – le dio un corto beso en los labios – Del mismo modo que nunca dejaría de quererte si un día tú ya no eres el Alfa…

Derek sonrió, conmovido, antes de besarle en la frente. Bajó las manos que tenía en sus antebrazos, hasta colocarlas tras su espalda, acercándole un poco más a su pecho.

- Por eso mismo – le besó en los labios – Eres mi igual, Stiles. Da igual lo que ocurra, siempre lo serás – dibujó con los dedos círculos imaginarios en su espalda, recorriéndola de arriba abajo como si estuviera hecha de porcelana – No quiero ser sólo yo quien te de su marca.

Stiles se quedó pensativo unos segundos.

Finalmente asintió.

Tenía sentido después de todo. Y más para alguien como Derek, que ya había demostrado que estaba dispuesto a romper las reglas si era necesario. Sobre todo, si de ese modo podía ayudar a los demás y conseguir que fueran todos un poco más felices.

Al pensar en aquello, en lo que su compañero le estaba ofreciendo, de pronto recordó algo… Un momento de hace un par de semanas, cuando Derek le pidió algo que, entonces, no llegó a entender su verdadero significado.

- Por eso querías que sacara los colmillos – susurró, asombrado – La primera vez que estuvimos juntos. Cuando aún no sabíamos quién me había transformado… Querías que te mordiera.

Derek asintió con la mirada un tanto triste.

- Nunca pensé que me pedirías que te mordiera cuando ya lo había hecho otro – explicó – Pero quería tener esa conexión contigo… Si yo no podía darte mi marca, al menos tú podrías darme la tuya.

- Derek… – susurró apenas sin voz, totalmente sobrecogido. Le abrazó con fuerza, la cabeza apoyada en su pecho, y dejó que por unos instantes fuera el latido del corazón lo único que escuchara de él. Un latido firme, fuerte, que le ofrecía más seguridad de lo que nada en el mundo podría hacer – No puedo creer que permitiera que una simple mordedura me alejara de ti.

Sintió entonces la mano de Derek sobre su nuca, y alzó la cabeza para mirarle a los ojos.

- Nada de hablar del pasado.

Stiles sonrió antes de besarle de nuevo, asintiendo con seguridad.

- Entonces… ¿Quieres que lo haga ahora?

- Por qué no – alzó levemente una ceja – Las sábanas ya estás manchadas.

- Lo sabía – soltó una carcajada, al tiempo que le clavaba un dedo en el pecho – Sabía que tarde o temprano se te pegaría mi asombroso sentido del humor.

- Eso no es sentido del humor – dejó los ojos en blanco – Y yo ya era gracioso antes de conocerte.

- Por supuesto, oh gran lobo amargado – volvió a reír – Solo que lo reservabas para la intimidad.

Derek acabó con la conversación por medio de un beso brutal en los labios, que ayudó a que Stiles se olvidara momentáneamente de reír… y del resto del mundo.

Estuvieron unos cuantos minutos así, devorándose el uno al otro, hasta que tuvieron que parar para respirar. Stiles apoyó la cabeza en el hombro de Derek, intentando recuperarse, y el hombre aprovechó la ocasión para bajar una mano hasta la entrepierna del chico.

Su miembro estaba llenándose de nuevo, pero aún no estaba completamente duro.

Y a Derek no le importaba echarle una mano para conseguirlo.

Apenas sintió los dedos del Alfa sobre su polla, Stiles soltó un gemido lastimero y mordió el hombro de Derek.

Afortunadamente, lo hizo sólo con sus dientes de humano.

- Espera a que esté dentro de ti – jadeó en su oído Derek.

Tenía la respiración entrecortada, y en seguida Stiles comprendió por qué.

Entre sus piernas se erguía su propio miembro, completamente hinchado, dejándole claro las ganas que tenía de entrar de nuevo en él.

Fue ver la carne dura, y Stiles necesitó desesperadamente sentirle dentro de él.

Apoyándose sobre los hombros de Derek, con la mano del hombre aún tocando su polla, Stiles se incorporó en la cama. Y cuando consiguió la altura perfecta, muy lentamente, empezó a bajar y dejar que Derek le llenara.

Los dos jadearon de placer, teniendo que cerrar los ojos para prevenir las ganas de correrse en seguida.

Permanecieron unos segundos quietos, habituándose a la sensación de estar de nuevo unidos, y tratando de relajar sus respiraciones.

Una vez lo hubieron conseguido, metieron la directa.

Utilizando su agarre en los hombros de Derek como punto de apoyo, Stiles se levantó unos cuantos centímetros para dejarse caer de golpe, sintiendo que le llenaba de una sola vez, dando de lleno en su punto de más placer.

- Stiles…

La voz de Derek sonaba rota, y su expresión era casi de dolor. Estaba completamente empapado por el sudor, y sus ojos seguían cerrados, llenándose de las sensaciones que le rodeaban.

Apretó con fuerza la cintura de Stiles, ofreciéndole otro punto de apoyo para que siguiera empalándose en su cuerpo, y sabiendo que estaba dejando marcas sobre la pálida piel del chico.

Lástima que su autocuración le impidiera presumir de ellas mañana.

Como pudo, encontrándose debajo y con poco espacio para maniobrar, movió las caderas para embestir con fuerza, recibiendo el cálido interior de Stiles al mismo tiempo que Stiles volvía a dejarse caer sobre él. Una y otra y otra vez.

Y cada vez que era llenado de nuevo, penetrado de aquel modo tan salvaje, los jadeos del chico se convertían en gritos de placer, similares a los que el hombre estaba soltando.

- Ahora – gimió en su oído – Hazlo ahora. Dame tu marca.

Stiles apretó con fuerza los hombros de Derek, obligándose a reducir la velocidad y centrarse en lo que tenía que hacer.

Parpadeó varias veces, y tragó saliva unas cuantas más, mirando muy fijamente a su compañero.

Derek tan sólo giró un poco la cabeza, indicándole el lugar exacto donde debería morder. Exactamente el mismo sitio donde él acababa de recibir la marca.

Lo normal hubiera sido que se quedara paralizado por el miedo. Por la inseguridad. Jamás había hecho algo así.

Desde que hubiera sido transformado, apenas había usado sus habilidades para atacar… Tan sólo una vez, cuando tuvo que defenderse de aquel pobre Omega, Mark. Pero entonces ni siquiera sabía lo que estaba haciendo.

Ahora era totalmente distinto. Ahora iba a morder con sus colmillos. E iba a tener que ser una mordedura profunda, similar a que Derek acababa de darle.

Y sabía que iba a doler.

Menos de 48 horas después de prometerse que no volvería a hacer daño al hombre al que más quería, se encontraba haciéndolo de nuevo.

Pero sabía que era totalmente distinto.

Que de este momento, lo menos importante era el dolor.

Que si en el pasado tuvo que hacerle daño para salvarle la vida, ahora iba a hacerlo para salvar su corazón.

El corazón de los dos.

Y por eso no lo dudó.

Besó sus labios una última vez, susurrándole que le quería, y clavó los colmillos en la carne de su compañero.

Apenas notó el sabor de la sangre en la boca, Stiles cerró los ojos con fuerza.

No lo hizo para frenar las nauseas al sentir aquel líquido viscoso y caliente. Lo hizo porque, de nuevo, fue como sentir que todo su cuerpo se inflamaba.

Bajo él, Derek recibió el dolor de la mordedura como si fuera el más hermoso de los regalos.

Era lo que siempre le había dicho su tío. Que la mordedura era un regalo, y que había que saber valorarlo.

Pero hasta ahora, nunca había podido experimentarlo desde el otro lado. Desde el lado de quien recibe el regalo, en vez del que se limita a ofrecerlo a todo aquel que lo quiera.

Siendo lobo de nacimiento, ni siquiera se planteó que algún día se encontraría en aquella situación. Porque no tenía ningún sentido pensar en algo que jamás ocurriría. Ni siquiera en el caso de que recibiera la marca de su Alfa, cuando le tomara por compañero, en un tiempo en el que jamás pensó que él llegaría a ser el Alfa de la manada.

Pero ahora que lo sentía… Ahora que entendía lo que significa ser marcado por alguien que te quiere, te aprecia y está dispuesto a hacer todo por protegerte… Absolutamente todo… No se arrepentía de haber tomado aquella decisión.

Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas cuando Stiles clavó los colmillos en su carne, y apretó con fuerza la espalda del chico.

El calor que sintió entonces, fue indescriptible.

Fue un calor que parecía emanar de la mordedura, y lentamente se iba propagando por todo su cuerpo. A través de la sangre, recorriendo las venas al ritmo constante que marcaba su corazón, fue llevando ese calor intenso pero que no llegaba a quemar, a cada parte de su cuerpo.

Y con cada centímetro que su cuerpo se llenaba de ese calor, Derek sintió que todos sus sentidos se amplificaban por mil. Podía sentir el aroma de Stiles de un modo tan intenso, que era como si emanara de su propio cuerpo. Podía sentir las manos sobre su espalda, y era como si le estuvieran marcando a fuego. Y los labios que habían empezado a besar la herida, una vez apartó los colmillos, eran como si fueran caricias que quemaban y calmaban a un tiempo.

Pero cuando aún no había terminado de habituarse a la sensación, ocurrió algo increíble.

El calor con el que le llenó Stiles, tras recorrer cada milímetro de su cuerpo, llegó a su miembro aún enterrado dentro de Stiles.

Y sin poder evitarlo; sin querer evitarlo, comenzó a mover sus caderas.

Lo hizo a un ritmo brutal. Embistiéndole con tal fuerza, que era como si quisiera hacerle daño en vez de causarle placer.

Pero estaba por encima de su entendimiento.

Sólo podía sentir el cuerpo de Stiles, abriéndose a él, y la necesidad de hacerle suyo se hizo insoportable.

En un movimiento se dejó caer en la cama y se giró sobre sí mismo, intercambiando las posiciones y quedando él encima. Y apenas tuvo a Stiles bajo él abrazándose a su espalda como si fuera un salvavidas, no se contuvo.

Le penetró sin mesura. Queriendo llegar más dentro con cada embestida, con cada movimiento.

Y cada una de las embestidas daban de lleno en la próstata de Stiles, arrancándole jadeos de placer, gritos de éxtasis e incluso sollozos ante la sobrecarga de emociones.

No tuvo muy claro cuánto tiempo estuvo así. Utilizando el cuerpo de Stiles de aquel modo tan salvaje, pero haciéndolo con la seguridad de que no le hacía daño y de que Stiles lo deseaba tanto como él. Que ambos necesitaban sentir esa conexión el mayor tiempo posible.

Derek sintió entonces el escalofrío que antecedía a su orgasmo.

Sin parar de penetrarle, buscó los labios de Stiles, no importándole que estuvieran manchados de su sangre, y los devoró del mismo modo que su cuerpo devoraba el suyo.

Un par de embestidas más, tan brutales que los dos gimieron de dolor, y Derek se vació en el mismo instante en que Stiles alcanzaba su orgasmo.

Y mientras Stiles sentía el semen de Derek llenándole, y el suyo propio manchando su estómago; por encima de ello sintió mucho más: Los labios de su Alfa besándole. Las manos de su Alfa acariciándole. Y el aroma de su Alfa cubriéndole como si fuera una manta invisible, que le protegería de todo mal.

Necesitaron casi una hora para terminar de recuperarse.

Cuando Derek salió de él, lo hizo con cuidado. Tanto por Stiles, que aún le costaba moverse; como por él mismo, quien tenía todo el cuerpo dolorido.

Pensó en ir a por algo para limpiarse, pero al final tuvo una idea mejor: Utilizó la sábana para limpiar pobremente los restos más visibles de semen y sangre, y se dejó caer al lado del chico.

Aún estaba respirando entrecortadamente.

A su lado, Stiles llevó una mano hasta su cabello, y comenzó a juguetear con él. Enredó los dedos en su frondoso pelo, pero con movimientos más lentos de los habituales.

Era como si no tuviera energías para hacer nada más.

- ¿Sabes? Estaba pensando que menos mal que ahora soy un hombre lobo.

Derek guardó silencio como respuesta.

No tenía ganas de hablar, y sabía que a Stiles no le importaba ser el único en hacerlo.

- Si no, no me gustaría tener que explicarle a mi padre las marcas que me has dejado.

Derek se echó a reír, colocándose de lado para que Stiles tuviera más espacio para seguir acariciando su pelo.

- No creo que fuera muy difícil – alzó una ceja en plan prepotente - Y tu padre me adora.

- ¿Perdona? – se quejó, pero sin moverse del sitio – ¿Olvidas que ayer te estaba apuntando con una pistola llenas de balas de plata? Y sí, ya sé que era ridículo. Pero la amenaza estaba presente.

- Eso fue antes de saber que iba a casarme con su único hijo – sonrió de manera espeluznante.

- Ya… Tal vez – frunció el ceño entonces – ¿Significa eso que a partir de ahora vais a ser los dos los que me hagáis la vida imposible?

- A ti – repitió, cortante – Y qué hay de mí… Olvidas que voy a ser familia de dos Stilisnki… de DOS.

- Pero tú vales como cien, cariño – fingió un puchero - No tienes que estar celoso… Y después de todo, fuiste tú quien me lo pidió…

- Porque no tenía otra alternativa.

- ¿Cómo que no? – preguntó enseguida - Podías… No haberme pedido que me casara contigo… – habló muy despacio y bajito, como si fuera un secreto que sólo él conocía - Ni darme los anillos.

- Imposible – respondió Derek antes de darle un breve beso – Desde el día en que comprendí que te quería, supe que eras mi compañero. Que serías tú con quien compartiría el resto de mi vida.

Stiles se quedó con la boca abierta durante unos cuantos segundos.

Luego le dio un puñetazo en el pecho.

- Te odio cuando haces eso, ¿lo sabes? – preguntó con fingido enfado – No podemos estar diciendo tonterías, y de repente tú vas y sueltas algo así de profundo – hizo una mueca – Va a parecer que tú eres el único romántico de los dos.

- Parecer…

- Sí – alzó las cejas en señal de advertencia – Porque yo también puedo ser muy romántico.

Derek se limitó a levantar su propia ceja.

- Es verdad – se quejó Stiles – Acabo de morderte ¿Qué mejor manera de demostrar mi amor que clavándote los colmillos? – se mordió el labio inferior, tratando de hacer memoria – Y también está aquella vez en que estuve a punto de cortarte el brazo para salvarte la vida…

- Entonces no estábamos juntos…

- Eso es… un detalle sin importancia – volvió a morderse el labio, recordando, y de pronto sacó una sonrisa tímida – Ah… Y cómo olvidar esa vez en la que te torturé para acabar disparando a una Super Alfa… Si eso no es una muestra de amor, no sé qué más puede serlo.

Derek negó en silencio.

Y luego decía Stiles que él no tenía sentido del humor.

Al final, sin poder ni querer evitarlo, sonrió como si le acabara de decir lo más bonito, tierno y romántico del mundo.

Porque no dejaba de confirmar que, por si había alguna duda, siempre seguirían adelante.

Por muchas Super Alfas vengativas, Sheriffs barra suegros cabreados, y ocasionales discusiones que hubiera entre medias.

Siempre estarían los dos. Contra viento y marea.

Como un Alfa y su Beta.

Como dos Compañeros.

Por siempre juntos.

FIN