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Marinette había llegado a casa con su marido, ella estaba contenta acerca de la manera en que todo resultó al final.
Por fin su querido Adrien estaría libre de tanta presión por parte de la prensa y tanto acoso en la calle.
Era cierto que Marinette nunca podrá recordar todo lo que vivieron juntos, pero por lo menos tenía el consuelo de las fotografías
Y además siempre habría tiempo de crear nuevos recuerdos.
Aún quedaban cosas pendientes, declaración de prensa a primera hora, juicio contra Lila y presentar cargos a ciertas personas. (Alya)
Pero ahora lo único que quería era disfrutar con su guapo esposo.
Él la cuidó por tantos meses, aguantando la falta de memoria en ella. Además le enseñó de nuevo cosas bonitas de la vida que ella había olvidado, la cuidó incansablemente, perdió horas de sueño con ella en el hospital.
Ella inevitablemente se volvió a enamorar de él, de su ternura, de su voz, de su piel, ella simplemente lo amaba y nunca se cansaría de hacerlo.
Él era después de todo, el amor de su vida.
Ahora Marinette estaba sentada en el sofá de su sala de estar, sobre el regazo del rubio, quién estaba acariciando el cabello azabache suelto de su esposa.
«Amor, estoy feliz de que por fin haya terminado todo el terror de Lila» admitió el rubio, con una sonrisa muy tranquila, él parecía relajado después de tanto tiempo.
«Yo también estoy feliz gatito» admitió ella, pensativa.
«¿Estás pensando en algo mi vida?» indagó él, a lo que la chica movió un poco la cabeza para encontrarse con el rostro del chico.
«Sí, es sólo que me puse a pensar... Habrán relaciones que nunca más se podrán recuperar, eso me pone triste» la chica hizo un puchero, a lo que el rubio sólo besó su frente.
«A veces la vida es así de injusta, en este caso es justicia divina» admitió, dándome a entender la manera horrible en la que Alya tiró mi amistad por una desconocida.
Yo me puse muy triste y él lo notó.
«Mari,ella sola se lo buscó» La consoló.
«Lo sé, es sólo que... Leí un poco y me dí cuenta de que solíamos ser muy buenas amigas, incluso solía soñar que fuera mi madrina de bodas»admitió ella con las mejillas sonrojadas.
El rubio esbozó una sonrisa.
«Cuando cumplimos unos meses de novios, me contaste de todas las cosas que hiciste para intentar llamar mi atención cuando estábamos en la secundaria. Alya siempre tuvo una buena intención, por desgracia escogió la compañía incorrecta y ahora lo está pagando caro »Adrien no lo iba a admitir frente a su Marinette, pero tenía un gran resentimiento hacia Alya, porque ella había hecho sufrir a Nino en varias ocasiones. Y todo por la influencia de Lila.
Sin embargo estaba agradecido por todo el apoyo que ella dió a su novia cuando eran adolescentes.
Los grandes ojos azules miraron los de él con curiosidad.
«¿Sabes qué pasó de Nino?»
El rubio quedó pensativo por un segundo, antes de hablar.
«Nino está casado. No es con Alya» admitió él.
Marinette lo miró confundida.
«Si no es Alya ¿Quién es?»
«No me creerías si te lo dijera» afirmó el rubio, como si fuera lo más obvio.
Marinette no pudo evitar la curiosidad que la envolvía.
Y decidió usar sus "ojos de cachorro"
«Por favooor, dimee, Adriii, quiero sabeer» recitaba las palabras como si fuera una niña haciendo un berrinche. Esto sólo producía ternura al chico, en especial esos preciosos ojos de su amada.
Él fingió pensarlo por unos segundos, hasta que una sonrisa se dibujó en su rostro.
«Sí te lo voy a decir, pero me debes algo a cambio» musitó de manera inocente. La chica frunció el ceño con confusión.
«Vale...¿y qué quieres?» ella pestañeó inocentemente, mirándolo con sus grandes ojos azules inocentes.
Él sonrió con esa sonrisa tan dulce que sabía que ella ama.
Y se acercó a su oreja, susurrándole unas palabras.
En cuestión de segundos, el rostro de la chica estaba totalmente rojo.
«¡Bobo!» se quejó ella. Pero la verdad es que la idea que él dió le parecía bastante tentadora.
