La reina de tus caprichos
Desperté al cabo de unas horas entre tus brazos. Seguías dormido, con una plácida expresión que te hacía ver más aniñado, aún con la corta barba. Respirabas pausado, meciéndome arriba y abajo, al estar apoyada sobre tu pecho.
Comprobé, alcanzando el reloj de la mesita e intentando no disturbarte, que aún nos sobraban un par de horas hasta reunirme con Glory. Decidí relajarme y disfrutar de esta nueva intimidad.
Así, abrazada, tan cerca de ti, no dejaba de asombrarme que nunca me hubiera dado cuenta de tu parecido con mi siempre anhelado "príncipe". Tanto tiempo reencontrándonos e incluso conviviendo y ahora me parecía tan evidente. Tu sonrisa y tu celeste mirada.
Claro, que poco quedaba del niño que conocí en la colina. Tu voz conservaba su suavidad pero era más profunda. Tu perfil se había tornado más anguloso y masculino. Era uno de los rasgos que más me gustaban de ti. Tu cabello, aun cuando no estuviera teñido, era de un tono más oscuro que en tu pubertad… ¿Le hubiera pasado igual a Anthony de seguir vivo? Supuse que sí ¿Cómo hubiera sido? El suyo era más lacio que el tuyo. El perfil de sus ojos y su nariz no eran tan afilados. Tampoco había tenido tu ligero acento escocés. En cambio, vuestros carnosos labios y rectas cejas eran iguales, así como la pasión por lo que amabais, la dulzura y nobleza de vuestro carácter.
Me sorprendió ser capaz de recordar aquellos detalles, tan vivamente, pese a los años transcurridos, pese a todo lo que yo ya había vivido ¡Él siempre permanecería anclado en mi corazón! Tantas veces había querido escribirle todo lo que sentía, pero no me atrevía, aunque sabía que algún día lo haría. Necesitaba hacerlo, necesitaba despedirme de él de algún modo… Ni siquiera me dejaron asistir a su entierro. Pero tú tampoco habías podido ¿No? Tú y yo éramos a la vez tan diferentes y tan parecidos, más que diferentes, complementarios sin ser contrapuestos.
Sobrecogía el pensarlo, pues cuando creía que era imposible amarte más, aquella sensación de ligación se hacía más patente. Sabía también que conocías esta inquietud en mí. Me reconfortaba la forma en qué lo respetabas… Al igual que tratabas de hacerlo con Terry… Pero esto, intuía que te había de resultar más complejo.
Así como Anthony era para ambos una dulce parte de nuestro pasado, sesgada por la tragedia, Terry había supuesto para los dos, fuente de angustia, pero por diferentes motivos, claro. Además, que era casi imposible escapar, al tratarse de una figura pública y reconocida.
Yo notaba tu contenido celo. Pero como culparte, después de todo lo que había estado dispuesta a sufrir por él. No sabía si lograría demostrarte jamás que él formaba parte de mi pasado, inamovible, inolvidable, pero conclusa. Pese a todo, tenía la seguridad que el tiempo lo pondría todo en su lugar y que llegarías a apreciar el verdadero amor que sentía por ti. Porque el amor, para mí, siempre había sido verdadero en cada uno de sus destinatarios.
Cuando, bajo el árbol, te había espetado que jamás te amaría como le amé a él, tú no lo entendiste. Y yo, después de haber amado en varias ocasiones, sabía que no era cuestión de amar más o menos, sino que con cada persona, con cada experiencia, uno podía llegar a amar con igual intensidad y necesidad, pero de diferente manera, por diferentes motivos.
Esto mismo me hacía dudar de si habías tenido alguna vez a alguien más en tu propio pasado. Solo recordaba una vez en la que mencionaras a una mujer y fue en tu carta desde África ¡Claro que aún nos quedaba tanto por descubrir el uno del otro! Quizás Glory sabría algo… Esperaba que no demasiado ¿Y si habíais estado juntos como algo más que compañeros de piso? Quizás no fuera tan buena idea preguntarle.
Aunque también era cierto que, si yo había sido capaz de avanzar en mi futuro, y sabía perfectamente con quién quería compartirlo, tú también estabas conmigo… pero bueno, era inevitable resultar temperamental… ¿Y si la otra persona no lo tenía tan claro?
Entonces, me sentí preclara ¡Era eso lo que realmente te pasaba! Terry continuaba escribiéndome, y nunca se había abstenido, en sus entrevistas en los diarios, de exponer claras indirectas que, solo tú, yo y quizás también Archie y Annie, comprendíamos.
¿Te preocupaba que él intentara recuperarme y que existiera una mínima posibilidad de que yo accediera?… Al menos, eso era lo que más temor me causaba de la familiaridad con que te trataba Glory, la forma en que se lo permitías ¡Tonto!..., y estoy segura de que tú, de haber oído mis elucubraciones, me hubieras dicho ¡Tonta! Por compórtame y sentir exactamente igual que tú. Reí ligeramente ¡Éramos un par de tontos! ¡Tontos enamorados como dos bobalicones! Eufórica, te besé, despertándote ligeramente.
- ¡Hmmm! Vuélvelo a hacer… -dijiste adormilado, apresándome un poco más. Te complací más tranquila, rozando nuestros labios.
- Siento haberte despertado… Aún quedan un par de horas para ir a donde Glory.
- ¡Humm! ¿Es eso una invitación? –comentaste sin abrir los ojos pero sonriendo como un niño al que le prometen su juguete favorito.
- ¿Invitación? –Me extrañé-. ¿A dónde? –agregué sin pensar.
- Sí, a repetir… -Y sin saber cómo, me encontré, de repente, capturada bajo tu cuerpo y una cálida lluvia de besos por mi cara.
- ¡Albert! –Reí-. ¡Me haces cosquillas! –Te abracé por si acaso tenías la tentación de parar.
- Puedo hacerte cosas peores… -bromeaste atrevido.
Continuará...
