Capítulo 45
Secuestro
—Luces ¡adelante!
La voz de Gio volvía a llenar el escenario principal donde un pequeño grupo de actores empezaban el ensayo.
Era el primer día después de las vacaciones y todo volvía a recuperar la rutina diaria de entrar y salir en el teatro, de carreras por los pasillos para llegar a tiempo a los ensayos repartidos en las distintas salas que tenía aquél mágico lugar.
Rachel ya permanecía sentada en una de las butacas de los palcos del anfiteatro, observando con detenimiento aquella prueba en la que participaban algunos de los actores principales, y el gran grupo de bailarines.
Las sensaciones de la morena, evidentemente después de todo lo sucedido durante aquellos últimos días, eran completamente distintas respecto a la obra. Ahora, a pesar de que aquello era un simple ensayo, lo veía de una forma más tranquila, más relajada, y sin esa presión en el pecho que le gritaba constantemente cada vez que veía como alguno de aquellos actores, no conseguía llevar a cabo su escena a la perfección. Por supuesto, todo se debía por un único motivo.
Emily.
La idea de llevarla a Londres se había esfumado por completo, aunque no así sus intenciones de encontrar alguna solución para el problema de la pequeña. Era su hija, y esa necesidad de hacer lo posible por ayudarla no iba a desaparecer de su mente en un par de días, de hecho, probablemente nunca llegaría a marcharse de ella.
Con la tranquilidad de saber que no iba a necesitar esa cantidad de dinero con tanta rapidez, todo tomaba un matiz distinto en aquella nueva andadura profesional. Ahora sí sentía que podía dejar que las cosas fluyesen, aunque no iba a permitir que todo quedase en nada. Su hogar y su reputación estaban en juego. Rachel no iba a permitir que su vuelta a Broadway se viese perjudicada por un fracaso de la obra, no mientras estuviese en sus manos y lograse dar todo lo que podía, y más. Su ambición seguía intacta.
Solo había una pequeña premisa que comenzó a instalarse en su interior en aquel día. Lejos de toda presión, Rachel empezó a echar de menos no estar en aquel escenario disfrutando de lo que más le gustaba hacer, actuar y cantar.
Su vida como actriz se había paralizado por completo desde que supo que estaba embarazada y, después de dos años y nueve meses, volvía a sentir aquel cosquilleo en su estómago al ver a los actores haciendo lo que más le gustaba.
Un ensayo que ya había superado la hora y media y que obligaba a Rachel a abandonarlo desde su privilegiada posición, para poder llevar a cabo los últimos trámites de aquel corto día de trabajo, y poder así regresar pronto a su casa, dónde una cita ineludible iba a estar esperándola para cenar.
La soledad de aquellos pasillos que la llevaban hacia su despacho nunca le supuso ningún temor, excepto en aquel instante, en el que tras recorrer varios metros por uno de los pasillos que llegaban justo al backstage del escenario, algo o alguien interrumpía su trayecto, y la secuestraba.
Literalmente.
Rachel notó como una mano salía de la nada cubriendo su boca, y un brazo se aferraba a su cintura, obligándola a retroceder varios pasos y terminar escondida en un pequeño recoveco entre dos de puertas que se distribuían por el pasillo.
Quiso gritar, pero su garganta se paralizó al escuchar el susurro de una voz en su oído.
—¿Te puedo secuestrar para siempre?
La reconocía. Por supuesto que pudo reconocer du voz y Rachel consiguió relajarse, a pesar de que su corazón parecía querer salir de su pecho.
—¿Cómo es posible que te eche de menos si apenas hace unas horas que estabas en mi cama? —volvía a susurrar junto a su oído, tras apartar su mano de la boca, y aferrarse aún más a ella.
—Quinn-masculló logrando calmar su respiración-Ni se te ocurra volver a hacer esto una vez más—le recriminó intentando evitar que el abrazo al que la tenía sometida, acabase con su firmeza.
—Lo siento—susurró Quinn segundos antes de apartar el pelo de la chica y dejar un tímido beso en su cuello, que iba a repetir en varias ocasiones-Lo siento.
—Quinn—le dijo sintiendo como toda su piel se erizaba—estamos en el teatro, pueden vernos.
—Shhh—interrumpía obligándola a que se girase y quedase frente a ella—No hay nadie por este pasillo—respondía tratando de captar la mirada de la chica, que, en la oscuridad de aquel rincón, apenas podía distinguirse. Solo un brillo, un pequeño y fugaz brillo se dejaba ver en ambos ojos y Quinn supo donde fijar los suyos.
—Pero…
No hubo más palabras. Quinn cazaba a la primera los labios de Rachel y le regalaba uno de aquellos besos en los que nada ni nadie podía conseguir interrumpirlas. Uno de esos besos que conseguía que la mente desconectase por completo del cuerpo, y éste se dejase llevar, convirtiéndolas en dos amantes que jugaban a amarse en un lugar que no estaba preparado para ello, o al menos era lo indicado.
—Si piensas que con esto vas a pagar lo mal que lo hiciste esta mañana, estás equivocada—Rachel habló sin apenas separar sus labios de la rubia.
—¿Tan mal estuve? Porque juraría que esta noche no pensabas lo mismo, y yo menos.
—No hables de lo que no he dicho—interrumpía—yo hablo de la desfachatez de dejarme a solas en la cama cuando amanece.
—Oh… Vaya, yo pensaba que secuestrarte para besarte era algo muy romántico—sonrió con dulzura—pero lo de esta noche no fue una desfachatez ¿No?
—En absoluto, lo de esta noche estuvo muy bien.
—¿Muy bien? ¿Nada más? —volvía a sonreír al tiempo que permitía a la morena recuperar la compostura tras aquel beso—¿No quieres repetir?
—Me muero por repetir ¿Te responde eso a si estuvo más que bien?
—No quiero que me lo digas, quiero que me digas que lo de anoche fue tan especial para ti como lo fue para mí.
—¿Lo fue para ti?
—Llevo 15 minutos esperando en este rincón para poder verte y besarte aunque sean un par de minutos, porque no me quito de la cabeza lo que vivimos anoche, y necesito confirmar una y otra vez que fue real. ¿Te responde eso a tu pregunta?
-Mas o menos…
-¿Y para ti? ¿Fue igual de especial?
—Me debes algo muy romántico. Hasta que eso no suceda, no te voy a decir si para mí fue tan especial como lo ha sido para…
Volvía a perder la cordura para seguir hablando. Quinn atacaba de nuevo y conseguía atrapar sus labios por segunda vez, acabando con la retahíla de palabras que Rachel dejaba escapar sin apenas respirar.
—¿Qué haces esta noche? —cuestionó la rubia tras ceder de nuevo en el beso.
—Mmm. No lo sé, ¿por qué?
—Me gustaría demostrarte que sí puedo ser romántica.
—Me temo que no es la noche indicada—susurraba dejando de nuevo un leve roce sobre sus labios—Tengo cena con Kate.
—¿Con Kate? ¿Me sustituyes por la pelirroja?
—Es primordial, créeme—se excusó—Tengo que confesarle que estoy con alguien.
—¿Estás con alguien? —bromeó.
—Sí, con una rubia sexy que tiene que demostrarme con romanticismo que nuestra primera vez juntas fue la mejor de todas—murmuró.
—Ok, dejaré que cenes con esa pelirroja.
—Gracias—sonrió
—De nada—bromeó—¿Todo bien? —trató de mostrarse más seria—¿Qué tal la vuelta al trabajo?
—Bien, apenas he estado tres horas y en breve me marcho ¿Tú que tal? Has tenido ensayo de canto ¿No es cierto?
—Sí, y podrías haberlo presenciado al menos.
—Tenía que ver el ensayo de los bailarines, Gio estaba algo preocupado.
—Está bien, si es esa tu excusa, la acepto—volvía a sonreír.
—Mañana podré disfrutar de ti en el ensayo de coreo, espero que estés preparada porque voy a ser dura contigo.
—¿Por qué? Tendría que ser todo lo contario ¿No?
—No, ni hablar, no pienso dejar que te relajes solo porque estés enamorándote perdidamente de mí—dejó un pequeño roce con sus dedos sobre la barbilla de la rubia—esto no funciona así.
—Pues menudo día-se quejó- primero me recriminas y me abandonas por una cita con Kate, y ahora me dices que vas a ser más dura conmigo que con el resto.
—No, no—interrumpía—Yo no voy a ser más dura contigo que con el resto, he dicho que no voy a permitir que te relajes, y lo de la cita con Kate es importante.
—Para darle envidia al decirle que estás enamorada de una actriz sexy que puede imitar el acento británico a la perfección ¿No? —bromeó y Rachel no pudo reprimir dejar soltar una pequeña carcajada.
—Mas o menos, pero también es importante porque quiero saber que piensa Matt de todo esto—trató de recuperar la serenidad.
—¿Matt?
—Sí, estoy segura de que algo ha tenido que hablar con Kate después de todo lo sucedido, y la verdad, ahora que lo pienso con calma, empieza a darme miedo.
—Tranquila, Rachel—intervenía tomándola de nuevo por la cintura—Matt es un buen chico, estoy segura de que no va a provocar ningún tipo de conflicto.
—No es solo eso Quinn, también quiero saber que es lo que sabe exactamente. No sé, me desconcierta no saber lo que piensa y tarde o temprano, me voy a encontrar con él.
—¿Quieres que hable con él?
—No Quinn, ya es suficiente con todo lo que ha sucedido como para cargarte con más responsabilidad.
—¿Qué dices de responsabilidad? —interrumpía—Rachel, puedo hablar con él para saber lo que piensa. No me supone ningún problema.
—¿Seguro?
—Claro, mira, tú habla con Kate y que ella te cuente lo que sepa, yo hablaré con él y si sabe más de la cuenta, ya sabré como explicarle lo que sucede.
—¿Explicarle? ¿Crees que él va a entender que nadie debe conocer a Emily?
—Si yo se lo explico, lo entenderá
—¿Por qué estás tan segura?
—Porque soy una Fabray—respondía sonriente—y eso es suficiente.
—Uff ¿Sabes que nunca me gustó ese orgullo del que presumías?
—Es una pena que te hayas enamorado de mí, ahora tendrás que soportarlo—susurró al tiempo que apoyaba la frente sobre la de la morena.
—¿Enamorada? ¿Quién ha dicho eso?
Un nuevo beso. Quinn respondía con un beso en vez de con palabras a aquella pregunta con destellos de broma que había dejado escapar Rachel, y ésta lo aceptaba de la mejor de las maneras, aumentando aún más la intensidad del mismo.
Tanto que volvieron a olvidar que estaban en un oscuro recoveco, en mitad de un pasillo que pertenecía a las entrañas de un teatro, y por el que apenas solían pasar personas, pero que, evidentemente, no significaba que nadie lo hiciera.
Ese momento había llegado, y las pilló completamente desprevenidas. El crujir de la madera del suelo a cada paso del invitado, alertó a la pareja, que rápidamente destruyeron el beso y se separaron, como si sus cuerpos estuviesen protegidos con verjas de alto voltaje que no aconsejaban el acercamiento.
Fue tarde, o quizás no, eso es algo que ni Rachel ni Quinn nunca lograrían averiguar.
—Buenas tardes Srta. Berry—susurró Shepard a modo de saludo—Fabray.
—Hola Jack—tartamudeó Rachel envuelta en un manto de nervios—¿Qué tal está? —trató de disimular.
—Muy bien—dejó escapar una ligera sonrisa—Ya sabe, como siempre, comprobando que todo sigue igual entre estas paredes—le dijo regalándoles un guiño de ojos.
—Genial, como siempre, cumpliendo con su deber. Nosotras, yo estaba aquí con la Srta. Fabray hablando de algunos ensayos.-Se excusó con los nervios entorpeciendo sus palabras.
—Ah, muy bien—respondía el hombre sin apartar la mirada de la morena, algo que conseguía ponerla aún más nerviosa—Pues sigan con sus cosas, yo tengo que seguir con mi trabajo.
—Muy bien—trató de sonreír al ver como el hombre continuaba su trayecto y se alejaba de ambas—Mierda, mierda—susurró buscando la mirada de Quinn.
—¿También te da miedo? —cuestionó divertida.
—¿Qué? ¿Miedo?
—Sí, a mi ese hombre me da miedo, hay momentos en los que pienso que de verdad es un fantasma que vive en este teatro. ¿Tú crees que puede ser un fantasma?
—¡Quinn! ¡nos ha pillado!
—No.
—¡Sí!
—No ha podido vernos Rachel, relájate
—¿Por qué estás tan segura? ¿No has visto como nos ha mirado? ¿Cómo ha sonreído? Estoy segura de que nos ha visto.
—Tranquilízate Rachel—apoyó las manos sobre los hombros de la morena—estoy segura de que no nos ha visto, y si lo ha hecho, pues ya está no pasa nada.
—¿Cómo que ya está? ¿Quieres que todo el mundo se entere?
—Vamos Rachel, ese hombre habrá visto miles de cosas en este teatro, en todo caso lo publicará en su biografía si alguna vez la escribe—volvía a sonreír—Relájate, todo va a ir bien. Y ahora vamos, ve a terminar tu trabajo que seguro que Kate estará ya esperándote.
—¡Quinn! ¿Cómo puedes estar siempre tan tranquila? A mí me tiemblan las piernas.
—Para eso estoy aquí—volvía a acercarse y a dejarle un pequeño beso sobre la nariz—Para hacer que tus piernas tiemblen, pero no caigas—susurró.
—No tiene gracia—se quejó con un gesto infantil—Vas a tener que hacer algo muy, pero que muy romántico para ganarte mis respetos.
—Mmm Ok, ya veré que hago—respondía sonriente al tiempo que comenzaba a alejarse y le indicaba que ella hiciera lo mismo hacia el lado contrario—Te llamo antes de dormir ¿Ok?
—Mejor te llamo yo—respondía en voz baja—No sé a qué hora voy a terminar con Kate.-Le dijo y Quinn se limitó a regalarle un guiño de ojos a modo de respuesta, mientras se perdía por el pasillo y la dejaba a solas, con aquel temblor de piernas que aún seguía azotándola por la aparición del señor Shepard, que, aunque no parecía seguro que las hubiese visto besándose, para ella si lo era.
—Esto es una locura—susurró tras varios segundos tratando de ordenar sus pensamientos, y eso mismo pensaba Quinn al adentrarse en su camerino y ser consciente del riesgo que acababan de sufrir en mitad de aquel pasillo.
Se había mostrado positiva y tratando de ser natural, todo por evitar que Rachel pudiese sentirse mal o tener uno de sus tan conocidos ataques melodramáticos. Por suerte había logrado que todo quedase en un ligero nerviosismo que estaba segura se le iba a pasar pronto.
Ella sabía que si era una locura y que si alguien de los que allí trabajaban se enteraban de lo que había entre ellas, era más que probable que todo saliese a la luz y no quedase inmune a nadie en aquella ciudad. No era algo que a ella le afectase de manera directa, realmente no le importaba en absoluto tener pareja y que ésta fuese chica, pero para Rachel todo era más complicado, y lo último que deseaba era crearle más problemas. Suficiente habían vivido ya en apenas dos semanas.
Uno de aquellos trabajadores de aquel teatro que tenía la clave para que todo siguiese en un plano oculto era Matt. La voz del chico por el pasillo que discurría entre los camerinos le hizo recordar que tenía una conversación pendiente con él, y no lo dudó.
Tras recoger sus cosas del camerino, no tardó en acudir en su búsqueda. La sonrisa que le regaló nada más abrirle la puerta y permitirle el paso a su camerino, le puso de buen humor.
—Hey ¿Qué tal? —espetó a modo de saludo.
—Hola Matt—respondía sonriente—estoy bien te he escuchado pasar y quería saludarte ¿Tienes unos minutos? —fue directa.
—Eh sí, claro, pero estoy cambiándome acabo de terminar uno de los ensayos.
—Lo sé ¿Te importa si entro?
—No en absoluto—abría más la puerta—vamos pasa.
Quinn se adentraba en el camerino del chico sin detenerse a pensar en la situación en que lo había encontrado; boxers y la camisa que utilizaba para los ensayos, preludio de que en apenas unos segundos iba a quedarse casi desnudo ante ella.
Realmente no le importó demasiado. Que no le molestase que estuviese allí en aquel instante era un buen síntoma y reflejaba la confianza que ya se tenían el uno al otro.
—Perdona que te moleste, pero necesito hablar contigo—habló sin esperar.
—Tú dirás, puedes sentarte si quieres—señaló hacia un sofá que permanecía en uno de los laterales.
—No te preocupes—respondía apoyándose sobre la mesa que ocupaba la pared frontal, bajo un gran espejo.
—Ok pues dime ¿Qué te sucede?
—Escúchame Matt, sé que todo lo que ha pasado durante estos días no es algo normal y es probable que te haya confundido un tanto.
—¿Te refieres a lo tuyo con ya sabes quién?
—¿Ya sé quién? —preguntó confusa.
—Quinn, no me hagas decir su nombre aquí, por aquí se escucha todo—respondía sonriente—ya sabes
—Ok, eso significa que lo sabes a ciencia cierta.
—Mas o menos, no soy tan estúpido Quinn—espetaba al tiempo que se colocaba los pantalones—Me dijiste que estabas… Bueno que te gustaba una chica—susurró—y de pronto te veo en plena disputa con Rachel en mitad de un Starbucks—volvía a susurrar— y a los dos días, me obligan a que te llame para que te puedas encontrar con ella en Nochevieja—sonreía—más claro imposible.
—Matt esto no lo debe saber nadie ¿Entiendes? Mira —bajó la mirada—¿Recuerdas la historia que te conté acerca de una amiga del instituto?
—¿La que terminó siendo reina del baile?
—Sí.
—¿Qué pasa con ella?
—Es Rachel—dijo con apenas un hilo de voz—ella es la chica ¿Entiendes?
—¿Sois amigas desde el instituto? —se detuvo en mitad de la habitación, completamente confuso—vaya eso no me lo esperaba.
—Siento no habértelo contado Matt, pero no queremos que nadie sepa que somos amigas, ya sabes cómo son algunas personas aquí—dejó caer—No lo entenderían.
—Ya sé de lo que hablas
—Es por eso por lo que no queremos que nadie sepa que somos amigas, y mucho menos algo más—bajó la voz de nuevo.
—Oh ok, si lo que te preocupa es que yo pueda decir algo, tranquila no me gusta meterme en asuntos que no me incumben y ese es uno de ellos
—Va... Pero no es lo único que me preocupa, yo sabía que tú me ibas a proteger con algo así.
—¿Qué más te preocupa? -Quinn tragó saliva al tiempo que volvía a desviar la mirada hacia el suelo. —¿Tú sobrina? —cuestionó con un divertido humor.
—Así es—susurró—verás Matt esa niña no es mi
—Shhh—interrumpió silenciándola—no quiero saber quién es esa niña.
—¿Cómo?
—Mira Quinn, evidentemente esa niña no es ni tu sobrina, ni la de Kate ni la de ese chico, Weston, no soy tan estúpido, a pesar de que así lo creáis todos.
—No, no creo que seas estúpido, por eso estoy aquí Matt
—Quinn—volvía a interrumpir—sé que esa niña tiene relación directa con ella—omitió el nombre de la morena—pero si ella no quiere decírmelo, no debes decírmelo tú ni Kate ni nadie ¿Ok?
—¿No sientes curiosidad?
—La curiosidad es lo que te hace perder la razón. ¿Sabes? tengo la leve idea de lo que ha podido suceder con tú amiga, y si es lo que pienso y lo que está claro que es, me alegro que sea eso y no ninguna de las estupideces que dicen de ella, ya sabes… El alcohol las malas compañías etc.
—¿Por qué eres así? —Quinn se rindió—¿Por qué eres tan bueno?
—No soy bueno Quinn, solo soy agradecido.
—¿Agradecido?
—Mira—se acercó a la rubia—tengo 28 años y llevo desde los 18 tratando de hacer algo importante en éste mundo. En el teatro nadie, absolutamente nadie, ha creído en mí durante éstos años. Solo me daban papeles de extras en los que solo salía una vez al escenario y poco más, y entonces llegó ella, me dio una gran lección en la primera audición y luego me entregó a Edward para que lo hiciese grande—relataba—palabras literales—sonrió—Tú, yo y todos los que estamos aquí, sabemos que esto va a ser importante, que a pesar de ser algo nuevo es especial y podemos hacer algo grande... Y ella me ha dado un papel protagonista, ella me ha dado la oportunidad que he estado esperando toda mi vida—se aclaró la garganta—Ahora todo depende de mí y por mi parte no tengo más que agradecimiento por ella.
—Es…
—Es ser agradecido—volvía a interrumpir—Ella me pide que haga mi trabajo y eso es lo que yo voy a hacer, Quinn, lo demás es todo personal y eso no me incumbe a mí, a menos que ella decida compartirlo conmigo ¿Ok?
—Ok—balbuceó sin perder de vista la mirada del chico.
Estaba sorprendida por la claridad con la que se expresaba acerca de algo que podría incluso haberle ofendido, no debía olvidar que todos, absolutamente todos le habían mentido de alguna forma, sin embargo, allí estaba.
Un actor, un chico de Memphis que un día decidió mudarse a Nueva York y emprender una carrera que lo llevó a conseguir entrar en NYADA. y más tarde luchar por conseguir un rol que pudiese permitirle la oportunidad de demostrar la capacidad y el talento que poseía. Un chico de sonrisa dulce y perfectos músculos que se apartaba de todo lo malo que tenía aquella profesión, y que se dedicaba solo a lo que realmente le interesaba y le llenaba, actuar.
Era tan complicado encontrar un chico así, que por primera vez Quinn sintió que, si no hubiese sido por Rachel, habría terminado perdiendo la cabeza por él.
—¿Sabes? Mi madre me va a odiar para siempre—dijo Quinn.
—¿Por?
—Si te conociera, me diría que eres el hombre perfecto y con toda la razón—sonrió—y su hija comete la locura de enamorarse de…
—Relájate Quinn—interrumpía divertido—No me digas esas cosas ahora que ya conseguí verte como amiga y poner mis ojos en otra, no vayamos a fastidiar los progresos realizados.
—Cierto—acertaba a responder Quinn—además no es justo para Kate—dejó caer con una traviesa sonrisa—es pelirroja y no quiero que su ira caiga sobre mí.
—¿Ira? Pero si es una dulzura de chica—respondía.
—Lo sé, solo quería escucharte decirlo—hizo una pausa—veo que estáis avanzando.
—Lento, quiero decir, estamos conociéndonos y sobre todo salimos a divertirnos—aclaraba—es buena chica, me cae bien y…
—Y está muy bien—añadía Quinn.
—Cierto, está muy pero que muy bien —sonreía travieso.
Quinn no pudo evitar dejar escapar una pequeña carcajada al tiempo que veía como Matt ya hacía acopio de su mochila, perfectamente vestido para salir de allí.
—¿Qué haces hoy? —cuestionó—Y no me digas que tienes planes con ella porque ella estará con la pelirroja.
Quinn volvía a reír—Pues no tengo nada que hacer, pero no estaría nada mal cenar por aquí cerca con un buen amigo ¿Qué dices?
-¿Una hamburguesa?
-Una hamburguesa.
-¿La mas grasienta de la ciudad?
-Eh… Ok.
—¿Me invitas?
—Por supuesto ¿Vamos?
—Vamos—respondía el chico abriendo la puerta para permitirle el paso—Oye —la detuvo—nada de discotecas ni entrenadores personales ¿Ok?
—Nunca más—respondía sonriente al tiempo que abandonaba el camerino y Matt, tras ella, cerraba la puerta para luego colocarse a su lado y sin temor ni dudas, alzaba el brazo alrededor de los hombros de la rubia, que aceptó aquel gesto como muestra de cariño.
Gesto que no quedó solo entre ellos dos.
Había alguien que pudo verlo desde la lejanía, justo cuando tomaba un taxi en la puerta del teatro, y los descubría saliendo de aquella forma al exterior.
Rachel no pudo evitar sentir la curiosidad y persiguió con la mirada a la pareja, y como seguían caminando de aquella forma por la acera, compartiendo una conversación que parecía ser divertida tras ver las sonrisas que dejaban escapar y lo relajados que se mostraban.
Fue curioso.
En cualquier otra situación o día, se habría vuelto loca de celos, de hecho, lo había hecho anteriormente sin ni siquiera contemplar una escena como aquella, sin embargo, en aquel instante no eran celos los que se apoderaban de su pecho, sino una palpitante sensación de orgullo.
Aquella chica que sonreía y brillaba por sí sola, aquella chica de ojos claros que podría ser la perfecta pareja de cualquier chico o chica del mundo, la había elegido a ella para compartir la mejor y más hermosa de las locuras que podían vivir juntas.
—A Central Park West, por favor—indicó al taxista que rápidamente emprendía el trayecto hasta su hogar, situado a escasos 10 minutos en coche de allí, y sacaba su teléfono móvil del bolso para llevar a cabo algo que ya comenzaba a hacerla sonreír.
Verte caminar por la calle abrazada a Matt resta puntos. Tendrás que ser muy, muy, pero que muy romántica para arreglar la desfachatez. Piénsalo bien. . Por cierto, gracias por subir mi nivel de belleza, tus chicas del foro me odiarán por siempre.
