Capítulo 24: Dolor, melancolía y vacío.
Respondiendo reviews.
Yo8v: ESA ERA JUSTO LA IDEA, xD. Tal y como le advertí a otro lector, a mí no me tiembla el pulso a la hora de matar a un personaje; sin importar cuán importante sea para la trama, ni la prometedoramente emocionante que pueda llegar a ser su futura o posible evolución y desarrollo.
Seilornyan: ...Siendo franco, no sé qué decirte esta vez; jeje. Todo, absolutamente todo lo dijiste; resume de manera perfecta las motivaciones o el porqué de las acciones, y el gran cambio que sufrieron; Max y Lyanna, uno dejó que sus emociones lo consumieran y pagó muy caro por ello, mientras que la otra; finalmente perdió la cordura y se llenó de una desenfrenada sed de odio y venganza, contra alguien que solo intentó ayudarla y que si bien sus métodos no fueron los mejores; dio la mejor de sí, dada la extrema situación en la que se hallaban. Muchas gracias por tus reviews, y por todo tu apoyo Nyan, ojalá estés bien; dentro de lo que cabe dada la situación actual en todo el mundo y los estragos que este turbulento año, ha ido dejando sobre la humanidad, roguemos y esperemos que el 2021 no sea tan malo. Sin más que decir, disfruta del capítulo.
Los fuertes golpes de alguien, llamando a la puerta, hicieron que tanto Katie como César; despertarán, quejándose somnolientos por haber interrumpido su sueño.
—*Ah*, ¿quién será? —Preguntó Katie, soltando un bostezo e incorporándose de mala y con pereza, volteando a ver a César; para después estirar dolorosamente los brazos.
—¡César!, ¡César; ¿estás ahí?! —Logro escuchar amortiguadamente, levantando el torso; apoyando todo el peso sobre su codo y frotándose las lagañas de los ojos con las yemas de su índice y pulgar.
—*Agh*, es Jonathan —Dijo con cansancio, y algo de fastidio — ¡Sí; aquí estoy Jonathan!, ¡dame un minuto! —Vociferó, tras aclararse la garganta unas cuantas veces, aun así; la resequedad de su tráquea hizo que aquello le ardiera dolorosamente y lastimó sus cuerdas vocales un poco.
Se sentó sobre la cama, tosiendo violenta y secamente; con una mano sobre su cuello, la tos fue haciéndose más suave y cuando esta finalmente cesó, se agachó y tomo sus calzoncillos y sus pantalones; estirando el brazo. Katie se frotó los parpados con el canto de las manos; cerradas en puños, saboreo el mal sabor de boca de las mañanas maquinal e indiferentemente, se puso de pie; sacando las piernas por el lado derecho de la cama y se dirigió lentamente hacia el baño.
César se levantó, abrochándose el pantalón, mientras caminaba por el departamento en dirección a la puerta; levantó su camisa y se la puso, puso su mano sobre la perilla, la giró y abrió la puerta. Katie levantó la cabeza y miró su reflejo en el espejo del baño, el agua perlaba su rostro y se escurría en forma de gotas de diferentes tamaños, desvió la mirada y miró hacia sus pies, esperando ver a Max y Duke, abrió ligeramente los ojos y se expresión se ensombreció, recordó con gran tristeza y pesar que ellos no están ahí, están desaparecidos, la somnolencia se fue de ella en ese momento, entonces; levantó la cabeza y volvió a abrir los ojos, al recordar lo que ella y César hicieron hace...quién sabe, perdió la noción del tiempo.
—César, al fin te encuentro, espera...¿qué estás haciendo en el departamento de tu vecina? —Preguntó Jonathan, cambiando su expresión de exaltación y alivio; a una de intriga y desconcierto.
—Eso...No importa ahora, ¿Qué sucede?, viniste a decirme algo ¿no es así?, pude verlo en tu cara —Contestó, con la mano sobre la puerta; y recargado contra ella.
Era obvio que evadió la pregunta, aquello no le gustó a Jonathan; pero él tiene razón, eso no importa ahora, podrán hablar de eso después.
—Sí; así es, es Wendy; César, se fue —Aquello despertó y captó la atención de César, quién bajo ligeramente las secas y los parpados; con desconcierto e intriga — Y no solo eso, mordió horriblemente a Nala, y Mangle y Atlas se fueron con ella. ...Creo que van a ir a buscar a Magnus —Bajo el tono de su voz un poco al decir lo último, hablando cómo si le faltará el aliento, genuinamente preocupado.
—¿Qué?, ¡¿Pero qué les...?!, ¡están locos! —Dijo, asombrado, asombro que no tardó en convertirse en cólera — ¡¿Y tú por qué no hiciste nada?! —Preguntó, vertiendo toda su ira y frustración sobre él.
—Oye; para cuando me di cuenta, ya se habían ido —Le contestó, ligeramente molesto de que lo esté increpando injustamente; él no es quién tiene la culpa.
—Si hubieras estado atento y les hubieras prestado atención, ¡tal vez no se estarían dirigiendo hacia a ese maldito hijo de su ***a madre! —Le gritó y recriminó.
—El comal le dijo a la olla —Fue la sarcástica respuesta de Jonathan — ¿Por qué debía vigilarlos yo?; ¿eh?, ¿son mis mascotas o las tuyas? —Dijo, señalándolo acusatoriamente con el dedo.
César estuvo a punto de contestarle, pero logro contenerse, apelar al lado racional de su cerebro, retractarse y disminuir su frustración y rabia. Jonathan es el único de sus amigos que le queda, no puede perderlo a él también, menos ahora, que sigue sin saber que hacer.
— *Ah*...tienes razón, no es tu culpa, lo siento... —Dijo sinceramente, sintiendo remordimiento, y con la mirada en el suelo.
Jonathan no pudo ocultar su sorpresa, de todos; él es quién mejor lo conoce, desde que eran niños, por lo que sabe mejor que nadie; lo terco y obstinado que es, y cuando se enfurece; esas dos cualidades suyas se vuelven tres o cuatro veces peores, pero aquí logro resistirse, luchar contra ellas y superarlas, ¿Cómo...?
César miró de un lado a otro con pesar, con lo poco que le dijo, le dio demasiada información por procesar, ¿Wendy mordió a Nala?, ¿Cuándo?, ¿por qué?, aquello seguramente la debió haber hecho gritar o aullar, dedujo rápidamente la razón, inmediatamente después; comenzó a maldecirse y reprenderse a sí mismo dentro de su mente, pegando un fuerte pisotón en el piso y gruñendo, frustrado y molesto consigo mismo, se había quedado profundamente dormido, podría haberse percatado de ello y haber hecho algo para impedirlo, si tan solo no...no se atrevió a pensar en eso. Al fin y al cabo; no importa, ya es tarde...pero puede que no demasiado tarde.
—Muy bien, ¿cuándo se fueron? —Preguntó, quitando su mirada del suelo; y mirando a su amigo a los ojos.
—Hace unos 10 minutos, máximo 15—.
César volvió a desviar la mirada; dubitativo, considerando el tiempo; ya deben llevarle una buena o una gran ventaja a esas alturas, pero si se da prisa, quizás pueda alcanzarlos.
—De acuerdo, puedes quedarte y vigilar a Nala y a los demás ¿por favor?, iré por ellos y los traeré de vuelta; a la fuerza si es necesario —Dijo, volviendo a poner su mirada sobre él y estirando ligeramente el brazo izquierdo; con un ademán. Y sin decir más, se dio media vuelta y se alejó con el ceño fruncido.
—¡¿Qué?! —Dijo Jonathan, algo exaltado; y apanicado.
Katie también logro escuchar aquello desde el baño, gracias que César aumentó el volumen de su voz cuando dijo la última oración. Aquello la hizo levantar la cabeza y mirar detrás de sí misma mediante el reflejo, con ojos sorprendidos y la boca medio abierta.
—¡César; no! —Jonathan se adentró en el departamento, se apresuró a alcanzarlo, le puso una mano en el hombro, y lo obligó a darse media para que lo vea; con un movimiento — ¡Es una locura! —Vociferó en su cara. Tras eso, cerró los ojos y dejó escapar un suspiro contenido — A ver; escucha. Detente. tranquilicémonos y pensemos bien las cosas ¿quieres? —Le dijo lentamente, moviendo las manos; las cuales tiene juntadas en un ademán suplicante, buscando razonar con él. Luego de lo que acaba de pasar; de que le pidiera disculpas tan fácilmente, quizás está vez si pueda lograr convencerlo.
—¡No puedo! Me... ah-eh...me gustaría, pero no puedo, el tiempo corre; y ellos se alejan cada vez más, no puedo desperdiciar ni un solo minuto; tengo que darme prisa o los perderé —Le contestó, volviendo a controlar un poco su ira, pero mostrándose ansioso y tenso.
Volvió a darse media vuelta y se dirigió hacia el dormitorio. Jonathan lo siguió, cuando César atravesó el umbral de la recamara de su ahora amante, lo primero que vio fue la puerta del baño; cerrándose rápidamente desde adentro, echó una mirada al cuarto mientras escuchaba cómo le echaban el cerrojo a aquella puerta y vio que tanto el armario, como varios cajones; están abiertos, dedujo inmediatamente que pasó, Katie tomó apresuradamente algo de ropa para vestirse y se encerró en el baño, eso le hizo suspirar mentalmente con alivio, pues recordó que ambos durmieron desnudos, evitó una escena bochornosa e incómoda, tanto para ella; como para él y Jonathan.
Tras acercarse a la cama, se sentó sobre el borde de esta y estiró un brazo para tomar sus calcetines y zapatos.
Jonathan lo miró un poco más y sin saber que decir; ni que pensar, giró la cabeza hacia un lado, mirando hacia la pared, se cubrió el labio superior con el canto de la mano; medio cerrada en un puño.
—...César...escucha, lo entiendo, en serio; entiendo por qué quieres hacerlo, ellos son parte de tu familia, lo sé, me enorgullece y admiró que quieras seguir una decisión tan noble cómo está...pero es muy peligroso y muy arriesgado. Las atacantes contra transeúntes y sus mascotas han disminuido en estos días, pero no sabemos cuándo atacaran Magnus y sus seguidores, cuantos podrían ser, que órdenes tengan o que estrategias han planeado, tal vez Magnus esté pensando en secuestrar; ya no solo mascotas, sino también humanos que puedan encontrar por las calles para torturarlos hasta la muerte, tal vez ya lo están haciendo, podrías toparte con todo un grupo de sus secuaces con tan solo doblar una esquina. Podrías morir—.
—No me importa —Le respondió, mirándolo a los ojos con seriedad y determinación. Aquello hizo que Jonathan se estremeciera, y se quedará frío, percibió una insoslayable e inconmensurable sinceridad detrás de sus palabras — ¿Sabes por qué?, por qué desde ese maldito día, desde ese puñetero y jo***o accidente en el autobús de la escuela, me he sentido cómo un muerto —Dijo, haciendo un ademán hacia el exterior, tocándose el centro del esternón con la punta de sus dedos — Ellos son una de las pocas cosas que me han ayudado a soportar y lidiar con todo eso, de lo contrario; tal vez ya me habría matado o me habría vuelto loco, no puedo... —Miró hacia un lado, dubitativo o avergonzado, ya de pie tras haberse puesto las calcetas y su calzado, los brazos se le tensaron y estuvo a punto de apretar los puños— —¡Perder a ninguno de ellos! —Exclamo, redirigiendo su mirada hacia él tras cerrar los ojos un momento; por un momento, pareció que la voz se le iba a quebrar, sentía deseos de llorar.
Jonathan solo se le quedo mirando con una expresión en blanco.
—No puedo... —Dijo César, cerrando los ojos con dolor, tristeza y pesar, girando su cabeza un poco hacia la derecha y bajándola ligeramente, cerrando su mano derecha en un puño.
Jonathan apenas pudo oírlo, se le había formado un nudo en la garganta y bajo la voz; aun así, pudo percibir con más claridad que se hallaba al borde del llanto.
—...Simplemente no puedo —Dijo César, tras tragar saliva, abriendo los ojos y mirándolo a los ojos. En ellos, Jonathan pudo ver la destrozado que está y su lucha interna por no terminar de rodillas, desmoronado — Lo siento... —Y sin más que decir, tomó su celular y pasó al lado de Jonathan.
Jonathan bajo ligeramente la mirada, mirando la pared sintiéndose aturdido, no por ver haber visto a César así, sino por lo que dijo: ¨Ellos son la única cosa que me ha ayudado a soportar y lidiar con todo eso¨, esas fueron las palabras que escuchó o interpretó de él. Eso sí que le dolió, era como una si una mano invisible e intangible hubiera traspasado su carne y estuviera revolviendo y rebuscando en sus entrañas, levantó su mano derecha, la movió con lentitud y tras colocarla encima de su diafragma; estrujo la tela de su camiseta con los dedos. No podía creerlo, ¡¿así de ciego está?!, ¡ellos no son lo único que le queda o tiene en la vida! Incapaz de soportarlo más, sintiendo que le cortaron aliento; que se asfixiaba, se dio media vuelta y se posicionó debajo del umbral de la habitación; en menos de un latido.
—¡¿Y nosotros?! —Lo increpó, con un poderoso y fuerte grito; que restalló en el aire cómo un látigo.
Aquello hizo que César se detuviera en seco, en medio de la sala de estar, dándole la espalda.
—¿...Acaso no significamos nada...para ti? —Jonathan espero por varios segundos; una respuesta, fuera verbal o gestual. Pero jamás la hubo, César no reaccionó, no movió un solo músculo. Jonathan frunció el ceño, mirándolo con despecho; desprecio, y ojos llorosos, ¿querrá llora de la tristeza o por enojo? No lo sabe — Bien, si no vas decir nada... No, al menos respóndeme esto y por lo que más quieras, sé honesto: Formaste una amistad conmigo y los demás, ¿solo para poder vengarte? ¿para matar a Magnus? —
Los segundos transcurrieron, acompañados de un silencio fúnebre, en el que César siguió sin dar la menor señal de vida, Jonathan se indignó y ofendió; entrecerró los ojos con dolor, enojo y tristeza, y con lágrimas comenzando a desbordar fuera de sus parpados, giró la cabeza hacia lado, clavando su mirada en el marco de la puerta. No quiere volver a verlo, ¡lárgate! Pensó, pero mientras se preguntaba y se auto reprochaba por no tener las b***s para decírselo directamente y sin rodeos, César finalmente dijo:
—¿No escuchaste lo que dije? —
Jonathan lo miró, hirviendo de la ira, fulminándolo con la mirada. ¡¿De qué ca****s hablas im****l?!, se preguntó.
César giró lentamente su cabeza hacia él y lo mirando por encima del hombro, dijo:
—Dije que ellos eran una de esas razones. Tú y los demás...son otra de esas razones —Las lágrimas fluían libres y perlaban sus mejillas, aquello lo dijo con voz ahogada; del llanto, la culpa y la tristeza — Además, qué más da ¿no?, si muero; finalmente se desharán de mí, ya no tendrán que soportarme ni preocuparse por mí —Aquello lo dijo; girándose hacia él, sus ojos temblaban y le relucían como un par de cristales — Desde que llegaron, no he sido más que un dolor de muelas. ...Will...tiene razón, yo fui el que arruinó las cosas cuando bajamos a las alcantarillas, no escuché, ni a él ni a nadie, dejé que mi obsesión por matar a Magnus me consumiera. ...Fue mi culpa. Yo...maté a Jeff. ¡Yo!, ¡no Magnus, ni sus secuaces!, si yo no hubiese...Jeff...murió... ¡y soy el único culpable! —Le fue imposible no sumergirse en su tristeza. Se hallaba cabizbajo; mirando hacia suelo, su voz se había convertido en un susurro o murmuro lamentoso.
Jonathan se hallaba atónito. Su rabia, fastidio y desprecio; terminaron por desvanecerse, algo dentro de él; no le permitió mostrarse indiferente, ni escéptico, el dolor y la tristeza de su amigo no era teatro, no eran lágrimas de cocodrilo lo que veía, aquello era genuino, sincero, real.
César cerró los ojos, sin poder dejar de llorar, presionando los pliegues de flexión de su mano contra su frente.
—¡Me merezco todo tu odio! y el de los demás. Soy el peor amigo, ustedes siempre me trataron bien e intentaron hacerme ver lo malas que eran mis acciones y decisiones, incluso en los peores y más difíciles momentos. ...No soy digno de algo así...se merecen un amigo mucho mejor que yo. Ya nada podrá traer de vuelta a Jeff. Tal vez merezca morir. Tal vez eso quiero. Quizás así pueda...quedar en paz con él —
La mente de Jonathan se quedó en blanco, se sentía conmovido. Así qué así era como realmente se sentía, por eso se mostró tan a la defensiva y tan agresivo con Will y los demás, fueron la negación, la ira y la negociación del luto hablando, ahora; la depresión y la aceptación están haciendo exactamente lo mismo, o al menos eso es lo que a él le gustaría que fuera; o le gustaría creer, era mucho más que eso. Tanto era así, que ya no supo cómo; ni con que responderle, permaneció inmóvil, en completo silencio, sin pestañear, conteniendo el aliento.
Tras varios segundos, en los que César comprobó que no tenía; ni intenciones ni ánimos de querer responderle, se dio la vuelta y reanudó su marcha hacia la puerta. Aún en shock, Jonathan simplemente se limitó; a bajar la mirada y mirar hacia otro lado inexpresivamente.
—¡César espera! —Escuchó decir a una voz, haciéndolo abrir los ojos.
Sin quitar su mano del picaporte, levantó la cabeza y miró hacia donde provino la voz; en dirección contraria. Era Katie, iba acercándose a él, acomodándose y doblándole el cuello de la blusa amarilla de mangas cortas.
—Yo voy contigo —Le dijo, deteniéndose a un metro de distancia de la puerta, mirándolo con seriedad y decisión, mientras eliminaba los pliegues de los dobleces de su blusa; sin mirar.
Al escuchar eso, César e giró tan rápido hacia ella; que la brusquedad de su movimiento estiró los músculos de su cintura de manera dolorosa.
—No —Fue su firme y terminante respuesta, bajo la cual; disimuló u ocultó el dolor — No quiero poner en peligro a nadie a más, y menos a ti, es mejor que muera una sola persona; en lugar de dos —Cuando terminó de decirlo, volvió a encarar la puerta y giró el picaporte.
En cuanto la jaló hacia él para abrirla, Katie apareció súbitamente a un lado de él y se precipitó contra ella; cerrándola de golpe. Volteo a verlo; con el ceño fruncido, puso una mano y una rodilla contra él, y lo apartó de la puerta; malhumorada y molesta, con un empuje, haciéndolo retroceder casi un metro.
—Katie, quítate —Le advirtió de manera pausada, irradiando hostilidad.
—No —Fue la escueta respuesta; llena de determinación de Katie. Giró su cuerpo hacia él, poniendo su espalda y las palmas de sus manos; con los brazos estirados a ambos lados, sobre la puerta, para impedirle el paso.
A César no le gustó nada esa respuesta, se le quedo mirando, apretando los puños; y su rostro se ensombreció de manera intimidante.
—Quítate —Demandó César, hablaba muy en serio.
—No —Reiteró ella.
—Con un ca***o ¡Qué te quites! —Le exigió con un potente y atronador grito; tras refunfuñar con fastidio e impaciencia y poner los ojos en blanco, acercándosele amenazadoramente.
—¡No!, ¡Max y Duke también están allá afuera! —Contesto Katie, el grito de César estremeció por un momento; pero se aferró a sus convicciones y se mantuvo firme.
Aquello hizo que César parpadeara y se detuviera justo delante de ella, respirando pesadamente y con la furia corriendo todavía por sus venas, pero ligeramente más tranquilo. La diferencia de tamaño entre ella y él; causó en Katie un ligero desasosiego, pero supo resistirse y sobreponerse a él, con el corazón palpitando y su busto subiendo y bajando al ritmo de su respiración; volvió a reunir a valor y prosiguió.
—Por eso quiero ir contigo, para seguir buscándolos. Sé lo que sientes, antes de vinieras, de que me hicieras compañía; yo también me sentía igual que tú, a decir verdad; aún me sigo sintiendo así. Pero gracias a ti, ese sentimiento disminuyo, me siento un poco mejor, y estoy segura de qué es por qué ambos estamos muy preocupados por ellos, llenos de incertidumbre y expectativa por lo que podría llegar a pasarles, pero logramos reconfortarnos un poco con la ayuda del otro, nos necesitamos; por ahora. Escuché que le pediste a tu amigo que se encargará de tus otras mascotas, pero también necesitas a alguien que te ayude a buscarlos, dos cabezas piensan más que una y entre dos podremos abarcar una mayor área y o buscar en otros sitios—.
La ira, el fastidio y la impaciencia de César desaparecieron, y desvió la mirada hacia otro lado; reflexionando dubitativo, hasta donde sabe, ella no tiene la menor idea de lo que es lidiar con dolor de la muerte de un amigo muy querido y que encima; te sientas culpable o cómo responsable directo de su muerte, pero en cuanto a lo que en este momento le atañe; sí, aún recuerda lo mal que se hallaba cuando la encontró en la mañana. Pero; a pesar de que le hizo dudar, sigue sin estar del todo convencido. Levantó el brazo derecho un poco, el cual; en poco tiempo bajo, tras frotar; apenas rozar, las yemas de su pulgar, dedo índice y dedo medio entre sí, sintiéndose arrinconado. No sabía que decirle.
—Oigan —Dijo Jonathan, llamando y captando la atención de ambos — No quiero sonar pesimista; pero, llevamos hablando desde que vine a buscarte César, lo más seguro es que Wendy, Mangle y Atlas ya estén muy lejos, y hasta donde sé, ninguno de nosotros sabemos rastrear, puede que ni siquiera hayan dejado un rastro, ¿solo saldrán; y ya? ¿llamándolos?; ¿gritando sus nombres? ¿mirando a lo largo de cada calle?, ¿en cada esquina?, ¿cada callejón? . Eso es lo que siempre hemos estado haciendo, y no ha rendido frutos; en lo absoluto. A lo que me refiero es, que la única manera segura con la que lograrán encontrarlos...es encontrando a Magnus—.
Aquello hizo que César abriera los ojos y se girará para verlo, incrédulo y atónito, esperando que ojalá le esté tomando el pelo, por qué: tiene razón, de ser así; entonces se acabó, están bien; pero bien jo****s, sería mejor y mucho más sensato, darlos por muertos de una vez. Tal y como acaba de decir Jonathan, desde las alcantarillas y la muerte de Jeff, todos sus intentos por encontrarlo; no los han llevado a nada.
—Jeje...jeje, estás bromeando...¿verdad? . Dime qué estás bromeando —Dijo César, con una expresión de extrema preocupación y ansiedad.
Jonathan y Katie pudieron percatarse de que se hallaba a solo un paso del colapso, a punto de comenzar a reírse histérica y demencialmente. Aquello les causó desasosiego y algo de angustia, pero Jonathan sabe que no puede mentirle, es la única forma si quieren hallarlos.
No dijo nada.
César supo lo que significaba aquello, era una silenciosa afirmación; llena de pesar y aflicción. Miró hacia otro lado, con los ojos muy abiertos, una mirada de perplejidad y una expresión en blanco sobre su rostro. Jonathan lo observó, atento y expectante; entonces, dominado por los nervios y la ansiedad, decidió proseguir.
—P-Pero este aún no es el fin, César, sé que parece que así es; pero estoy seguro de que aún podemos encontrarlo —.
—Ah ¿sí? —Lo interrumpió César — ...¿En serio? —Preguntó, volteando a verlo, diciéndolo de manera desalmada y desganada, y con un tono abatido, sintiéndose completamente derrotado otra vez. Generando una palpable sensación de vacío, en el aire de la estancia — ¿Enserio?, ¿enserio? E-jejeje, pues adelante, anda, dime, dime cómo —Pregunto, acercándose unos pasos, apoyando una mano; sobre el respaldo de una de las sillas del comedor. Murmurándole con enajenación, como si cada vez le costará más hablar; y o respirar. Terminando con una sonrisa poco tranquilizadora, demencial, mirándolo; ansioso de su respuesta.
Jonathan y Katie se pusieron tensos, se miraron mutuamente por un momento antes de regresar su mirada a César, Jonathan había perdido la confianza y la seguridad; incluso la pena y aflicción que le produjo tener que darle a entender que no bromeaba, ni siquiera él lo había visto así; nunca, y aquella reacción que tuvo; no era la que él esperaba. Al menos por un momento; pensó que volvería a estallar, a tener otro de sus episodios de ira y frustración, y ahora, tomando en cuenta está reacción, no tiene idea de cómo se tomará la respuesta que le dé, o cómo reaccionará. Tiene miedo, y lo peor es que no tiene escapatoria, aún si no le dice nada; si se niega a contestar, César podría llegar a la malinterpretar aquel silencio y hacer alguna tontería o locura.
—Ta-Tal vez podamos encontrar a alguien que sepa cómo localizarlo —Dijo. Haciendo que César abriera la boca, sonriendo felizmente y con alienación, miró hacia un lado; asintiendo con la cabeza y quitando la mano de encima del respaldo de la silla. Aquello solo perturbó e inquietó aún más a Jonathan, obligándolo a pensar rápidamente en algo más que decir — O-O quizás conozcamos o hayas conocido a alguien que sepa encontrarlo; pero no lo recordamos o la recordamos. Pensemos —.
—Ajá, sí; sí, claro. —César lo interrumpió nuevamente, sin dejar de asentir con aquella sonrisa chiflada e ida — Ya; ya, ¿y luego nos montaremos sobre caballos, armados con lo que sea y vistiendo armaduras o cómo cáchers, y arrasaremos con todo a nuestro paso cómo un juggernaut?; ¿cómo en una novela épica de héroes? —Dijo con cierta senilidad, burlándose y divirtiéndose con sarcasmo — Despierta de una p**a vez Jonathan, sabes que esa clase de cosas no existen en la vida real, las cosas no se resuelven solo por que queramos, aún si damos lo mejor de nosotros; cosas como esas no suceden, o peor, terminaremos cómo Eddard Stark; muertos y sin cabeza — Habló con gran nerviosismo, perdido y desahuciado, hallándose aún; al borde de reír cómo un maníaco — Deja de fingir, ¡de tratar de hacerme sentir mejor! —Estalló repentinamente, frunciendo el ceño y endureciendo el semblante; con los ojos llenos de lágrimas — Cr-Crees que me estoy volviendo loco ¿No? —Preguntó, triste, deprimido y devastado, volteando a verlo — ¡Y tú también ¿verdad?! —Recriminó, regurgitando nuevamente una ira intensa; girándose vertiginosamente hacia Katie y señalándola acusadoramente con el dedo.
Haciendo que ella pegará un respingo y levantará instintivamente las manos, como si la estuvieran apuntando con arma.
—¡Pues tal vez sí!, ¡quizás ya esté loco!, je, jeje, ¡jejeje!; ¡Ahjajajaja!, ¡JA-JA-JA-JA-JA-JA!...—.
Esa risa que tanto temían volvió palpables la angustia y el terror de Jonathan y Katie. Se hallaban paralizados, mirándolo; atentos y alarmados, con la mente en blanco, sin saber que hacer. Aquella risa desquiciada, fue apagándose poco a poco; volviéndose un par de agudos resoplidos, y pronto se transformó en un sollozo desinflado y ahogado. César rompió nuevamente en llanto, se dejó caer sobre la silla contra la que se apoyó, miró hacia enfrente con lágrimas en sus mejillas y sollozando, su rostro cambió a la expresión más tristona y lastimera que jamás ha dibujado en su vida y con los antebrazos descansando plácidamente sobre su regazo; encorvó la espalda y se cubrió los ojos con los parpados. Era un llanto desolador y desesperanzador.
Los dedos de Katie bajaron; quedando a medio camino de cerrarse junto con sus palmas y muñecas; en un par de puños, lo miró en shock por un momento, un segundo después; comenzó a compadecerlo y una expresión de compasión y tristeza se dibujó sobre su rostro, se le acercó tan rápido cómo bajo los brazos, se arrodilló a su lado y tras poner una mano sobre la suya y la otra en su hombro; y de acariciarlo suave y compasivamente con los dedos, envolvió sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hacia un abrazo con él esperaba; pudiera reconfortarlo al menos un poco, él hizo lo mismo con ella hace poco, era lo menos que podía hacer, se lo debía.
Por tercera vez ese mañana; Jonathan volvía a hallarse sin palabras. En esos 10 o 15 minutos que llevan ahí; su mejor amigo ha mostrado lados y aspectos de sí mismo, que él nunca antes había visto, era tan inusual; que aquello se sentía irreal, nada parecía tener sentido, ya no parecía o era él; es como si hallará delante de un completo desconocido. Sintiéndose arrinconado, y sin saber qué más que hacer; se llevó las yemas del pulgar e índice a la barbilla y pensó, en silencio. Revivió todo lo que ha pasado desde que toco a la puerta del departamento de Katie y César le abrió. Recapituló y repasó todo cuando se le iba quedado almacenado en la memoria, las reacciones de César y las suyas, sus expresiones, su lenguaje corporal, las palabras que le dijo a él, y él a él, o él a Katie, tal vez sí puedan contar con alguien que pueda encontrar a Magnus o que los ayude a encontrarlo, ¿por qué si no?, se lo dijo.
Lo hizo por el temor y la inquietud que le produjo su inestable y enervante comportamiento, sí; pero cuando se lo dijo, en lo más profundo de sus entrañas experimentó una vaga sensación de seguridad, de certeza y convicción, cómo si realmente hubiera algo o alguien, que se los aseguró. En ese momento; su mente y sus recuerdos hicieron clic, abrió los ojos, retiró sus dedos de su barbilla; mirando hacia enfrente apantallado y en shock. Sí...sí; sí, ¡Eso es! Pensó, alegre y feliz. Sin decir una sola palabra; salió corriendo de la sala de estar hacia la puerta, tras atravesar el umbral; giró a la derecha en el pasillo y entró atropelladamente en el departamento de César. Dasha, Pelis y Trevor posaron sus miradas sobre él y lo miraron atentamente creyendo por un momento que se trataba de un desconocido, al reconocerlo, se le acercaron y le dijeron o preguntaron algo; pero él solo escuchó pequeños ladridos y gruñidos.
Fue directo hacia el cuarto de César, una vez ahí; se acercó al buró que se haya a un metro del pie de la cama y tomó un objeto que se halla depositado sobre este, Jonathan encendió el localizador, tuvo que esperar unos segundos, el satélite trianguló y dio con las coordenadas del dispositivo de rastreo y entonces la pantalla se encendió; rebelando un croquis de toda la ciudad y un punto tintineante de color rojo al cual se acercó automáticamente, haciendo zoom. Aquello consolidó las esperanzas de Jonathan, miró atónito la pantalla durante unos cuantos segundos, volvió en sí, se giró hacia la puerta y salió de la habitación, ni siquiera se dio cuenta de que Pelis, Trevor y Dasha se hallaban delante del umbral, tuvieron que hacerse a un lado para evitar ser pisados o pateados. Los tres lo vieron atravesar la sala de estar, dirigiéndose hacia la puerta; con los ojos pegados sobre el aparato que tiene entre sus manos, estuvo a punto de resbalarse con los orines y la sangre semi-fresca de Nala, pero logro mover rápidamente una de sus piernas; sobresaltado y equilibrar homogéneamente su peso sobre sus talones.
Salió al pasillo, torció a la izquierda; entrando en el departamento de Katie sin mirar y se acercó a ella y su amigo.
—¡César mira! —Dijo, colocándose delante de él y Katie, mostrándole el rastreador; inclinando la espalda para estar a su altura.
El siguió sollozando casi en silencio, sin quitar su mano de encima de sus parpados; algunas lágrimas se filtraban entre sus dedos y por debajo del canto de su mano y seguían deslizándose por sus mejillas. Katie, sin dejar de abrazarlo y tras mirarlo con lástima, tristeza compasión; giró ligeramente, dirigió la mirada hacia la mano de Jonathan y vio el croquis y el punto rojo parpadeante en la pantalla, ganándose algo de su atención y causándole ligero interés.
—César, por favor —Suplico Jonathan, preocupado. Ni siquiera se había molestado en echarle un rápido vistazo.
Su amigo hizo caso omiso de su súplica, siguió con su llanto y sus sollozos. Al ver esto, Katie volteo a ver a Jonathan, su cara lo decía todo, no hay manera de que pueda levantarle el ánimo; hacerlo sentirse fuerte y útil otra vez. Balanceo su torso hacia atrás; alineando su espalda con el resto de su cuello y se le quedo mirando, ya ni siquiera tiene intenciones o deseos de salir e intentar buscar a Wendy, Atlas y Mangle. Logro lo que quería: convencerlo de no hacerlo, pero esta no era la manera con la que pensaba ni quería lograrlo, lo hizo dudar y replantearse tanto las cosas; que termino destrozándolo, si se hubiese quedado callado; si no hubiera dicho nada, él no se hallaría así. Lo único que en realidad hizo, fue untar sal sobre sus heridas, incrementar sus inseguridades y dudas; y agrandar sus peores temores. Quizás le haya hecho aún más daño que Rebecca. Lo hizo sentirse aún peor de lo que ya estaba, hirió a su mejor amigo de la peor manera.
Lo miró, invadido de lástima, dolor y tristeza. Está más que claro que no piensa hacer nada, solo sollozar y llorar; hasta que ya no pueda más. Jonathan bajó el brazo en el que tiene el localizador, abrió y cerró los dedos de su otra mano, desvió ligeramente la vista, sintiéndose culpable, tenía la mirada perdida; y se hallaba absorto en sus pensamientos. Pensó y pensó, y al final; solo pudo llegar a una conclusión, una manera con la cual; tratar de enmendar las cosas.
—Ok. César, escúchame. —Se acercó a él, puso su mano sobre su hombro y volvió a encorvar la espalda para estar más a su altura. Tenía su rostro a menos de medio metro del de él e intentaba mirarlo a los ojos; entre los dedos tras los cuales está ocultando el semblante — Yo voy a ir ¿de acuerdo? —Grande fue el asombro de Katie al oír eso, giró bruscamente el cuello hacia él y se le quedo mirando en silencio; con los ojos abiertos — Yo saldré a buscarlos, tú quédate y encárgate de Nala y los demás ¿sí? —Le frotó o acarició el hombro con las yemas de los dedos, produciendo pliegues en la tela de su camisa que se revolvían y desaparecían con cada movimiento suyo. Tras eso; le dio un par de palmaditas en el hombro, intentando animarlo, sin más que decir; enderezó la espalda, se giró y dirigió hacia la puerta.
Katie lo siguió con la mirada, girando el cuello y volteando por encima de sus hombros, cuando vio que se hallaba muy aproximó a la salida; alejó su mirada de él y la aterrizó nuevamente sobre César, alejó su brazo derecho de su cuello y colocó suavemente la mano sobre su antebrazo; tomándolo de manera gentil y compasiva. Jonathan se detuvo bajo el umbral de la puerta y miró el suelo; indeciso, no está dudando a último momento de lo que hará; un pensamiento que lo acaba de asaltar fue lo que lo hizo reaccionar así. Luego de varios segundos de reflexión, giró la cabeza y miró dentro del departamento, hacia Katie y César.
—Y... —Titubeo, desviando la mirada una última vez; rosando la yema del pulgar de su mano izquierda con las del resto de manera disimulada — Si de casualidad me encuentro con Rebecca o Will... —Su voz acabo desvaneciéndose. Era incapaz de proseguir, no sabía cómo decirlo, pero si César lo escuchó; seguramente intuyó a que se refería; que quería decir.
Duda mucho; que sea capaz de convencerlos o hacerlos cambiar de parecer, Will está demasiado furioso con César y Rebecca está tan harta y cansada de todo esto; que ya no desea saber más del asunto, solo quiere estar sola, seguir con su vida. Pero aun así lo intentará; nada pierde con tratar.
Sin nada más que decir, se giró nuevamente hacia al pasillo, levantó la mirada, atravesó el umbral, torció a la derecha y comenzó a irse. Pelis, Trevor y Dasha miraron en silencio; como se alejaba, asomando la cabeza por debajo del umbral del departamento de César. Trevor y la pequeña Dasha se miraron mutuamente entre sí; sin decirse una sola palabra, bastó con verse las caras; para saber que pensaban lo mismo, se hallan desconcertados, confundidos, quieren saber exactamente qué está pasando; lo desean con fuerza, pero cuando intentaron hacer que Jonathan se los dijera; este los ignoró completamente, ni siquiera los miró.
Hartos hasta la coronilla de todo esto; salieron al pasillo, corrieron; entraron al departamento de Katie y se acercaron a César tan rápido como una bala. Hicieron caer una lluvia de preguntas sobre él, estaban frenéticos; fuera de sí, exigiendo información. Tardaron un poco en darse cuenta del estado en el que se hallaba, igual o quizás hasta peor; de lo que estuvo ayer, esto los hizo espabilar y se le quedaron mirando conmocionados. Dasha era a quién; sin dudas, más le dolía verlo así, con el corazón en la mano (oh bueno; pata), se le acercó estando al borde de las lágrimas y tras mirarlo con tristeza por unos momentos; con las orejitas caídas, se sentó justo al lado de una de sus piernas y frotó su rostro contra la mezclilla de su pantalón y su espinilla; un gesto compasivo y lleno de amor.
Poco a poco, César dejó de compadecerse y sollozar, alejó lentamente su mano, dejando al descubierto sus ojos hinchados y su rostro enrojecido y congestionado, abrió repentinamente los ojos; se puso de pie y se giró tan rápido hacia la puerta, que Katie, Dasha y Trevor dieron un pequeño respingo y se le quedaron mirando; expectantes. Cuando César vio que ya no había el menor rastro de su mejor amigo; bajó la mirada desilusionado; derrotado...resignado. Ya era muy tarde, se había marchado. Perfecto...acaba de condenar a su mejor amigo...
—¿César? —Preguntó Katie, acercándose un poco a él, muy lenta y cautelosamente. Tiene miedo de tocarlo, pero también la imperiosa de necesidad de hacerlo.
¿Por qué? Se preguntó, ¿para tranquilizarlo?, ¿consolarlo?, ¿por qué?; ¿qué caso tiene?, nada de lo que ha estado haciendo parece estar sirviendo de algo, ni siquiera sabe si él realmente le gusta, si solo le atrae o no, al fin y al cabo; no sabe prácticamente nada de él, ni siquiera lo conoce bien. Tal vez ese brillo tan hipnótico que vio en sus ojos; no fue nada, quizás solo estaba confundida, tan desorientada y magullada; que buscó y fue directo hacia lo primero que creía podía darle algún tipo de consuelo, tal vez por eso tuvieron sexo, no porque se amarán o gustarán; sino solamente para tratar drenar de alguna forma, toda esa impotencia, inseguridad, tristeza y abandono que no han dejado de atormentarlos.
César; completamente sumido en su propio mundo, camino directo hacia la puerta, algo de lo que Katie, Trevor y Dasha se percataron. Los tres llegaron hasta la puerta en menos de un latido, al asomar la cabeza; lo vieron entrando en su departamento, salieron al pasillo y comenzaron a seguirlo, escuchando unos constante e incesantes ladridos que provenían de adentro de su departamento, se detuvieron en el umbral; desde donde miraron dentro del departamento, cruzaba lentamente la sala de estar, Pelis no paraba de brincotear cerca de sus pies, ladrándole frenéticamente como si tratará de un intruso o un completo extraño, buscando llamar desesperadamente su atención, quiere que lo acompañe y lo ayude con Nala.
César lo ignoró completamente, nunca dejó de mirar hacia adelante, negándose a darle un solo momento de atención. Al ver esto, Pelis tomo su pantalón entre sus dientes y comenzó a tirar y jalonear de él, con las patas bien plantadas sobre el suelo, emitiendo gruñidos llenos de molestia, indignación y enojo. A César le dio completamente igual, se lo llevó con él junto a rastras, Trevor y Dasha se adentraron en el departamento; Katie siguió prontamente su ejemplo, se acercaron a ellos, guardando cierta distancia a manera de preocupación debido a lo alterado que veían a Pelis. César se detuvo del umbral de la puerta y entonces; tras alzar un poco su cabeza y parpadear, balanceo su pierna izquierda hacia adelante y hacia atrás con fuerza y rapidez, pateando violentamente a Pelis con la suela de su zapato; de manera indiferente y fría.
Pelis emitió un gañido y quedo tendido en el suelo antes de que siquiera se diera cuenta, Katie, Dasha y Trevor; se quedaron atónitos y boquiabiertos al ver esto, al entrar en su recamara; César cerró la puerta y se encerró dentro, echando el cerrojo. Tanto Dasha, como Trevor y Katie, se acercaron a auxiliar a Pelis, quién comenzaba a reincorporarse, Trevor se colocó a su costado para que se apoyara, ya de pie; Pelis y Dasha miraron la puerta tras la cual su amo se encerró, hallándose perplejos. Era insólito, César jamás; incluso en el peor arrebato suyo que recordarán, les había puesto un solo dedo encima. Aquel simple acto les bastó, para darse cuenta de que todo esto le está afectando tanto, o más; de lo que parece.
Pelis giró la cabeza, alineando las vértebras del cuello con las del resto de su cuerpo; el cual está orientado hacia la sala de estar, y comenzó a alejarse; frustrado, molesto, entristecido, con la cabeza agachada, el que lo pateará también le hizo entender lo mal que se encuentra y cómo todo can; a pesar de eso, seguirá estando ahí para él; seguirá siéndole leal hasta la muerte. Tras ver que se retiró, Katie dirigió su mirada y su atención hacia la puerta de la puerta que tiene enfrente, se levantó, acercó allí, e hizo sonar la madera con unos cuantos golpecitos de sus nudillos.
—¿César? —Llamó, quedándose a la espera de una respuesta.
En ese momento, Dasha también se acercó a la puerta; con las orejitas caídas y una carita triste, rasguño la puerta un par de veces y lloriqueo, pidiéndole también; que abra la puerta. Un silencio imperturbable, fue lo único que obtuvieron. Dasha se paró sobre sus patas traseras y comenzó a rasguñar la puerta con más insistencia, llorando y chillando, suplicando desesperada que le abra, quiere estar ahí con él, compartir su dolor y su tristeza; e intentar aliviarlo, no importándole en lo más mínimo si no lograba nada, ¿pero cómo intentarlo; si él no se lo permite? .
—César. —Dijo Katie, llamando nuevamente a la puerta; tanto con su voz como usando los nudillos.
A los pocos segundos; con el silencio continuando ininterrumpidamente al otro lado de la puerta, desvió y bajo la mirada, entristecida, abatida, resignada. Otra vez lo hizo, está intentando consolarlo, ¡pero sí no tiene caso!, ella lo sabe bien, no la necesita. Necesita a sus amigos, a sus familiares, a sus seres queridos y ayuda profesional, no una chica con la que apenas si ha interactuado. Bajó y retiró su mano de la puerta, se giró hacia la sala de estar con un suspiro y camino hacia la puerta, no tardo en salir al pasillo y regresar a su propio departamento. Cerró la puerta con desgane tras ella y se adentró en su hogar; el cual se sentía más muerto y vació que nunca.
Tras rasguñar por un par de minutos; Dasha paró, colocó sus patas sobre la puerta; con lágrimas deslizándose por debajo de sus parpados fuertemente cerrados. Dejó que la gravedad bajará la mitad inferior de su cuerpo; sus ancas cayeron pesadamente sobre el suelo y colocó su frente contra la puerta. Allí permaneció, hipeando sin descanso, en determinado momento; quitó sus patas de la puerta y se recargó contra ella, apoyando el lado derecho de su cara y su torso en la madera. Rápidamente transcurrieron cinco minutos; sin que ella se percatase, el corazón le dio un vuelco y sintió un enorme sobresaltó cuando la puerta del cuarto se abrió, nunca llegó a tocar el suelo, sintió como un par de grandes y cálidas manos; la atraparon a media caída, antes de que pudiera reaccionar; aquellas manos la tomaron como si se tratará de un bebé humano, y la levantaron hasta el rostro de César, quién comenzó a frotarlo con el de ella en un gesto cariñoso y de mutuo consuelo.
Al darse cuenta de esto, Dasha le sonrió conmovida, sus lágrimas se transformaron en lágrimas de felicidad; e inmediatamente correspondió el gesto con los ojos cerrados, sintiendo algo de dicha y plenitud. César no sabe por cuánto tiempo hicieron eso, pero se aseguró de disfrutar cada segundo, los cuales fueron tan valiosos como el oro. Al terminar; salió a la sala de estar, rebuscó en todas direcciones y en todos los rincones, dando con quienes buscaba: Nala y Pelis, estaban detrás del sofá que se hallaba en medio de la sala, muy cerca de la pared; Nala se hallaba recostada en el suelo; sobre su lado izquierdo y Pelis está de pie delante suyo, vigilándola y cuidándola. César se les acercó con Dasha aún en brazos, Pelis se giró a verlo al apenas percatarse de su presencia y se le quedo viendo con expectación y la mente en blanco, sin saber que pensar, después de todo; lo pateo, algo que nunca antes había hecho, ya no puede predecir qué hará.
César lo miró un momento antes de que su mirada aterrizará sobre Nala, jamás la había visto tan deprimida y triste, apenas parecía poder respirar y rara vez parpadeaba, solo está tendida ahí, mirando hacia adelante con un mirada vacía y perdida. Solo entonces; César bajó y soltó a Dasha, se detuvo delante de la pastor alemana; sentía las miradas de Pelis y Dasha a sus espaldas, se agachó; poniendo una rodilla sobre el suelo, levantó lentamente su brazo izquierdo y lo estiró hacia ella con la misma lentitud. Nala se estremeció y pegó un violento respingo al sentir el suave y gentil tacto de sus dedos sobre su cabeza, levantó y giró tan rápido la cabeza en el proceso; que casi se lastima el cuello, solo entonces se percató que se trataba de él. Está mirándola desvaído, triste, preocupado, al verlo; Nala se movió y acomodó, alzó aún más la cabeza y el cuello; levantando ligeramente la parte alta de su espalda y el esternón, se le quedo mirando aturdida, los segundos pasaron y pasaron sin que ella reaccionará, entonces; la expresión de su rostro se transformó en un puchero desbordante de culpa y tristeza, y que producía aflicción y lastima en todo aquel que lo mirará.
Se levantó y lanzó tan rápido a sus brazos; que César no se dio cuenta, solo se percató cuando la tenía ya encima, de pie sobre sus patas traseras con la cabeza hundida sobre su hombro y sus patas superiores envueltas alrededor de su cuello. Sin prestar atención al olor a orina con el que está impregnado su pelaje, César correspondió; envolviendo los brazos alrededor de ella y atrayéndola hacia un estrecho y reconfortante abrazo el cual mantuvieron, olvidándose de todo y de todos por ¿minutos?, ninguno de ellos podría decirlo con certeza.
Llegó un punto en el que César; sin dejarla ir, bajó uno de sus brazos, lo envolvió alrededor de la cintura de Nala y la levantó del suelo, se dio media vuelta y la llevó cargando; a la cocina, Pelis y Dasha voltearon a verse extrañados y confundidos por unos momentos, antes de salir disparados detrás de ellos, al pasar por debajo de la entrada en forma de arco, vieron que a César bajó y depositó suavemente a Nala sobre el suelo; delante de la nevera, la abrió, y tras sacar una gran variedad de cosas; junto con un plato grande y largo de la alacena, comenzó a moverse de aquí a allá, Nala no paraba de seguirlo, cada vez que se detenía; ella se sentaba justo al lado de una de sus piernas y se apoyaba contra él, aún en búsqueda de consuelo. Tras varios minutos, César se dio media; girándose nuevamente hacia el portal de la cocina, llevaba el plato en una mano y sobre este; había una gran ensalada de hojas de lechuga, remolacha, rebano y zanahoria picada, junto con una pequeña guarnición de espárragos, chapulines y gusanos de maguey fritos; bañados en miel, salió de la cocina, siendo seguido por los tres, y tras acercarse y detenerse delante de Trevor; con una rodilla hincada sobre el suelo, colocó el platillo cerca de él.
En todo el tiempo que lleva ahí; no le ha dado nada de comer, agradecía mucho en esos momentos, el saber que los tejones son omnívoros. Trevor se lo miró sorprendido y confundido, pero solo por un momento, después de todo; no ha comido nada desde que él y sus amigos se separaron, se acercó; olvidándose de todo y comenzó a comerse la ensalada ansiosamente, César se puso de pie luego de eso y tras asegurarse de que contarán con suficiente comida y agua; volvió a tomar y a cargar a Nala sobre sus brazos.
—Vuelvo más tarde, la llevaré con un veterinario. —Dijo César; al salir al pasillo, girándose a ver dentro de su departamento, con la mirada puesta sobre la pequeña pitbull y el xoloitzcuintle — Cuídense. —Fue lo último que les dijo, apesadumbrado, triste y con aire ausente, para luego acomodar a Nala sobre sus brazos, estirar rígidamente un brazo, tomar la perilla y jalar la puerta hacia él.
Cuando esta se cerró; el departamento se volvió tan silencioso como una tumba, Dasha y Pelis permanecieron donde estaban, mirando la puerta con la boca medio abierta; sin saber que decir, ni que pensar. César se detuvo delante de la puerta del departamento vecino, hizo rebotar a Nala sobre sus abrazos para acomodarla nuevamente y se las apaño para hacer sonar la madera. Katie se hallaba recostada de lado en la cama, mirando absortamente la pared que tiene delante; con una mirada vacía. Al escuchar los golpeteos, fijó su vista hacia la puerta de la habitación; que está abierta de par en par, miró hacia la sala de estar por unos momentos, y sin tener nada mejor que hacer; se reincorporó pesada y tediosamente y dirigió maquinalmente hasta la puerta.
No pudo evitar abrir ligeramente los ojos; sorprendida, jamás se esperó ni imaginó; que se trataría de César, Pero ¿Qué pasando? Pensó, ¿por qué estás aquí?, ¿parado enfrente a mí, delante de mí puerta?, ¿por qué? No me necesitas, ni yo a ti. ...No puedo ayudarte...¿Qué es lo que quieres? .
—Katie, ¿quieres...salir conmigo? —Dijo, no tardando en responder a esa última pregunta que se hizo a sí misma.
La sorpresa de Katie aumentó y abrió aún más los ojos, fue como si él le hubiese leído la mente, a pesar de que la expresión apagada y sombría de su rostro; que no permitía saber en qué podría estar pensando.
—¿A tomar un café o lo que sea? —Prosiguió César, intentando hacerla salir de su estupor.
No dijo nada. Se limitó únicamente a quedársele viendo, en silencio. ¿Eso es todo?, ¿salir?; ¿un café? . P-pero ¿por qué? ¿a qué viene todo esto? Sé preguntó.
—Ah; y...necesito un favor—
¿Un favor?... Bueno, tal vez en eso si pueda ayudarle.
—Tal vez. ¿Qué necesitas? —Le dijo.
—No tengo auto, a decir verdad; ni siquiera sé conducir, la clínica veterinaria más cercana está a varias calles de aquí y no creo que Nala pueda; o deba moverse mucho con su herida —Contestó él, moviendo o inclinando a Nala un poco hacia ella. Katie se horrorizó y medio hizo una mueca; cuando miró, era una herida muy fea y el solo verla; bastaba para hacerle sentir un poco del dolor de Nala. — ¿Podrías...ayudarme a llevarla al veterinario? —
—C-Claro. Sí; seguro. —Respondió, forzando una pequeña sonrisa — Deja ir por mis llaves y enseguida nos vamos. —Dijo, dándose media vuelta y dirigiéndose hacia la sala de estar.
César volteo a ver a Nala y se le quedaron mientras esperaba. Le fue imposible no sentirse realmente mal por ella, veía un vivo reflejo de sí mismo en ella, de hecho; de todas sus mascotas, ella la que más se parece a él; y por mucho, es terca, impulsiva, narcisista, testadura, neurótica, iracunda y algunas veces; irascible, incluso ahora, ella es él, es víctima de una gran y profunda depresión, está pérdida, dolida, confundida, sintiéndose insignificante e impotente, más vulnerable y débil que nunca, también da seguramente por hecho; que es una verdadera inútil, y una escoria; la única causante de sus problemas.
A César le gustaría poder tener algo que decirle para ayudarla a aligerar esa carga, aunque sea un poco, al menos, pero ¿Cómo?, ni siquiera es capaz de ayudarse a sí mismo, aún está decaído, perdido, deprimido; confundido, no sabe si mandar todo esto a la m****a, olvidarse de todo, mudarse a otra parte, seguir estudiando comunicación animal u otra cosa, y empezar de nuevo; viviendo bajo la dicha de la ignorancia, fingiendo o pretendiendo que Magnus no existe; y que jamás existió... o no. Podría quedarse, seguir viviendo ahí, vagando por todos lados como un zombi, derrochando su dinero en alcohol, drogas, sexo y toda clase de cosas que a larga; no serían más que banalidades. También podría suicidarse, dejar de lidiar y sufrir con esta vida de porquería...
¡No lo sé!; ¡NO LO SÉ! Se gritó a sí mismo dentro de su cabeza, desesperado y frustrado como nunca en su vida. ¡¿Por qué?!; ¡Mierda!, ¡¿Por qué?!, ¡¿por qué todo tiene que ser tan frustrante, confuso y complejo?! Pensó, pidiendo una respuesta a estas interrogantes; a gritos, teniendo sus pensamientos, dudas, inseguridades y temores por doquier, deseando fervientemente que esta cita que va a tener con Katie, lo ayude a dejar de divagar tanto.
—¿César?, ¡César! —La voz de Katie, lo hizo espabilar.
—¿Huh? —Preguntó tontamente, tras parpadear varias veces y levantar la cabeza.
Vio que la tiene enfrente, de pie; al otro lado del umbral.
—Dije: Listo. —Contestó ella, moviendo y haciendo tintinear el conjunto de llaves que tiene en la mano derecha. Tiene los brazos cruzados; como si se estuviera abrazando a sí misma.
—Oh, bien. Andando. —Se giró hacia la izquierda al terminar la frase, yendo; recto como una flecha, hacia el final del pasillo.
Katie cerró la puerta con llave y se apresuró a alcanzarlo en las escaleras.
La suave brisa del viento realmente ayudaba a Sebastián a lidiar con el feroz calor del sol de la tarde, se halla sentado delante del borde del techo del edificio, con la barbilla en alto, mirando hacia el vasto y tranquilo cielo. Hace varios minutos que Wendy, Atlas y Mangle se fueron, pero de los tres; en quién más no ha parado de pensar, es en Mangle, Entonces acompáñame aquellas palabras, los ojos llorosos y la cara de Mangle; transformada en un puchero triste y suplicante, no dejaban de repetirse y reproducirse dentro su cabeza. Aún se siente contrariado, confundido, sigue sin querer ir tras Magnus, pero le sigue mortificando que no pudo detener ni convencer a Mangle de que desistiera, él mismo ya lo dijo antes: ir tras Magnus e intentar matarlo; es cavar tu propia tumba.
¿Por qué? Se cuestionó, bajando la mirada, mientras su semblante se ensombrecía. No lo entiendo, ¿por qué están tan empeñados en encontrarlo y acabar con él?, ¿qué los motiva? todos ellos saben de lo que es capaz, y; aun así, insistente, se lanzan hacia el tsunami; en lugar de hincarse o refugiarse, aun sabiendo perfectamente que pueden morir. ¿Qué es lo quieren?, ¿ser mártires?, ¿volverse en un símbolo para todos? ¿en héroes?, ¿velar por sus amigos y seres queridos? o ¿por la vida y protección de las generaciones futuras?, o...¿solo venganza? . Entiendo que Wendy lo esté haciendo por esto último, pero no entiendo por qué Atlas decidió acompañarla...por qué Mangle se fue con ella Esto lo último lo pensó con tristeza. Tras lo cual, dejó escapar un suspiro lleno de pesar y cansancio, bajando la cabeza y las orejas; formando la curva de una joroba en la parte alta de su espalda.
Tanto su mente como todo a su alrededor; permanecieron en silencio, el ruido de los soplos del viento pasando por encima de su cabeza; era lo único que escuchaba. O al menos así fue, por unos segundos.
—Hola... —Dijo alguien a sus espaldas.
Las orejas de Sebástian se alzaron y movieron, y levantó y giró la cabeza para mirar a sus espadas. Encontrándose con un par de extraños, dos perros; mucho más pequeños que él y a los que nunca antes ha visto, parados a dos o tres metros de distancia de él.
—...Hola —Les contestó, con la misma inseguridad y timidez con la que lo saludaron.
—Mm...no te reconozco, debes de ser nuevo aquí —Comentó uno de los dos perros, tras escrutarlo con los ojos entrecerrados; sin moverse de donde está.
Con solo escuchar su voz, Sebástian intuyó que quién lo saludo; fue su compañero, no se parecía en nada a la que escuchó hace unos momentos.
—Sí, de hecho; sí —Respondió, resolviéndoles la duda.
—Ah, bien. Y...¿qué haces aquí? —Dijo uno de los perros, el que le hizo darse cuenta de su presencia y la de su compañero, con desconfianza; acercándose un poco y con cautela.
—...Yo, solo quería estar solo un rato —Sebastián desvió la mirada a mitad de la respuesta, y giró la cabeza hacia la izquierda, orientándola de nuevo hacia el cielo; delante de él.
Los dos perros se miraron disimuladamente por un momento con el rabillo del ojo, tensos e intranquilos, tras lo cual, comenzaron a acercársele lentamente; dubitativos.
—Oh, vaya, que coincidencia; nosotros también —Dijo el compañero del que le habló primero, medio asustado y nervioso, deteniéndose a un metro de él. Se trata de un pug de color amarillo muy pálido y hocico marrón; muy oscuro.
—¿Enserio? —Preguntó Sebastián, apagadamente; pero con ligero interés, tras mover disimuladamente la oreja derecha, intentando verlos con el rabillo del ojo; sin éxito.
—Sí —Contestó su compañero, con un tono de voz algo alegre — Hace no mucho sucedió algo que, nos dado en que pensar—.
—Hm...creo que a mí también —Contestó Sebastián, girando ligeramente la cabeza hacia la derecha; en dirección a ellos, para luego bajarla ligeramente y mirar hacia el suelo por un momento; de manera reflexiva.
—Tal parece que últimamente a todos les está pasando de todo, pero no me extraña, con ese loco allá afuera... —Dijo el perro que dio inicio a todo está charla, colocándose a la derecha de Sebastián y sentándose en el suelo; frunciendo el ceño molesto cuando hizo alusión a Magnus.
Entre ambos hay un espacio vació que los tiene medio metro distanciados.
—...Sí —Sebastián estuvo de acuerdo.
Tras eso; hubo un prolongado silencio, en medio del cual; el pug se colocó y sentó justo a la derecho de su compañero.
—Me llamó Buddy; por cierto —Dijo el perro salchicha, mirando a Sebastián.
—Yo soy Mel —Se presentó su amigo, con un tono algo alegre.
—Sebastián —Les dijo él, formando una media sonrisa; falsa.
—Mucho gusto. Oye, ¿Cuánto tiempo llevas aquí? —Dijo Buddy, bajando momentáneamente la mirada; como si dudará o le incomodará preguntarle.
—¿En el edificio?, amm...como una o dos semanas—.
Buddy y Mel no pudrieron evitar sorprenderse.
—¿Una semana o dos? —Preguntó el pug, con los ojos muy abiertos.
—Pero no te reconocimos, te habríamos visto mínimo una vez entre esos días; estoy seguro, ¿acaso tu dueño o dueña no te saca a pasear? —Dijo Buddy.
—El asunto es...que yo no tengo dueño —Contestó, desairado y triste. Haciendo que la sorpresa de ambos aumentará — A decir verdad, ni siquiera vivo aquí—.
—...¿Qué? —Preguntó Mel. Su expresión de asombro se convirtió en una de desconcierto y perplejidad.
—¿De qué hablas? —Preguntó Buddy, con curiosidad; poniéndose de pie y girándose hacia él.
Sebastián giró la cabeza, orientándola hacia el borde del tejado que tiene enfrente; antes de responder.
—Mi amigo Trevor y yo nos estamos quedando en uno de los departamentos de este edificio, el humano que vive ahí y sus mascotas nos están dejando hospedarnos ahí; al menos por ahora —Miró hacia abajo por un momento y se movió inquieto en donde está; acomodando su pelvis sobre el duro suelo— —Hace una o dos semanas, mi amigo Trevor y yo les salvamos la vida, o bueno... a la mayoría, de ese loco y sus secuaces, en las alcantarillas subterráneas de la ciudad, y nos están dejando quedarnos aquí como agradecimiento; supongo—. -Explicó. Su voz y su rostro se apagaron y ensombrecieron bajó una expresión de pesar; rememorando lo que le pasó a ese tal Jeff.
—Entiendo —Fue la seca respuesta de Buddy, en su voz se percibió ligeramente; que aún se siente incómodo y o inseguro —Oye...¿Qué hacían tú y tu amigo ahí?, ¿por qué estaban en las alcantarillas? —Preguntó, tras un breve; pero tenso silencio.
Sebastián los miró por un momento con el rabillo del ojo.
—Nosotros...intentábamos dar con el Inframundo, ya habrán intuido que Trevor y yo no tenemos dueño, esperábamos llegar ahí y unirnos a Los Desechados. Lo logramos, pero cuando llegamos...no había nadie, hubo una masacre —Mintió.
No tiene que por qué ser honesto con ellos, no los conoce, además; si se llegaba saber que él y Trevor hace no mucho eran parte de las filas de Magnus, y la noticia se fundía y llegaba a oídos de cada una de las pocas mascotas que aún siguen viviendo en ese edificio, lo más seguro es que los buscarían tan ansiosamente como a un par de brujas en la época de la inquisición, y lo que podrían llegar a hacerles...prefería no pensar en ello.
Aquello tomó por sorpresa a Buddy y Mel, se voltearon a ver por un momento con las orejas levantadas y regresaron a él; dispuestos y decididos a escuchar más.
—Por donde quiera había sangre y miles de moscas, demasiadas para contarlas, el hedor a carne podrida era tan fuerte que me mareé repetidas veces, en más de una ocasión creí que me desmayaría, el río de aguas negras se hallaba repleto de cuerpos en avanzado estado de descomposición, había...un cadáver de un cachorro...no tenía cabeza, creo que le aplastaron la cabeza y se la destrozaron...lo que quedó...era como un huevo roto... —Mientras más relataba, más y más conmocionado y perturbado se ponía; le resultó imposible no girará la cabeza hacia la izquierda y mirar hacia allá, aplanando las orejas. Todo esto era verdad, él y Trevor presenciaron cómo quedó el antiguo hogar de Los Desechados; luego de que Magnus y varios de sus ex compañeros, arrasaran con el lugar.
Mel y Buddy le quedaron mirando fijamente, igual o más conmocionados y perturbados que él, recreaban cada uno de los escenarios e imágenes que él les describía dentro de sus cabezas; de manera inevitable, y el resultado era de lo más enervante, pero; aun así, el morbo y la intriga los hacía anhelar más.
—Registramos los cuerpos y buscamos lo mejor que pudimos; en búsqueda de supervivientes, pero fue inútil, ni siquiera los peces de las aguas negras lo lograron. Nos fuimos de ahí luego de eso, vagamos por del desagüe, siempre atentos para no llegar a encontrarnos con Magnus o con alguna patrulla de sus secuaces, no sabría decir por cuanto tiempo ni cuanta distancia de desagüe recorrimos—.
—Estábamos atravesando un túnel, y escuchamos el eco de varias voces y gritos, salimos apresuradamente de ese túnel, seguimos aquellas voces y gritos, y nos contamos con una cruenta batalla, eran el humano que nos está hospedando en su departamento, sus amigos y mascotas. Tuvimos un par de encuentros poco gratos con Magnus y sus secuaces; en el pasado, gracias a eso supimos con quienes estaban combatiendo, el mismo Magnus se hallaba ahí. Después de saberlo y de darnos cuenta de que se hallaban en graves aprietos, decidimos intervenir y ayudarlos, salvamos a uno que se hallaba en peligro de muerte, logramos salir de ese lugar y escapar; en compañía de ellos, pero un humano, amigo de César (el humano propietario del departamento) se quedó hasta el último, hizo todo lo que pudo para contener y mantener a raya a los secuaces de Magnus, por un segundo pareció que lograría salir vivo de ahí con nosotros, pero...—
Una expresión de lástima y tristeza se dibujó sobre los rostros de Buddy y Mel, les fue imposible no bajar las orejas. No necesitaban escuchar más, estaba más que claro. No lo logró.
El silencio volvió a cernirse sobre ellos, no había tensión; ni se percibía incomodidad o inseguridad en él, solo un fúnebre pesar, a pesar de que Jeff fue un completo desconocido para los tres, el saber que murió; protegiendo a sus amigos hasta el final, bastaba para al menos darle y tener un poco de respeto a su recuerdo.
—También ocurrió algo aquí, hace no mucho —Dijo Mel, captando la atención de su mejor amigo y Sebastián. Su rostro era ahora una máscara; de semblante serio y severo, no transmitía más que ira, desprecio y odio — Sucedió en el departamento de...nuestro amigo, Leonard. Todos aquí lo conocíamos, solía hacer grandes y alocadas fiestas que parecían no tener fin; a cada rato, su dueño solía salir siempre, rara vez regresaba a su departamento y cuando lo hacía; no se quedaba mucho, pero siempre se aseguraba de que se hallará bien, de que tuviera suficiente agua y comida para todo el día y aunque no lo acariciaba mucho, si le daba cariño y amor —Recordó, nostálgico y alegre, con una sonrisa. La cual se desvaneció; cuando su mente volvió al presente, haciendo que la nostalgia se desvaneciera y transformará en melancolía.
—Hace unos días, durante una de sus fiestas, un halcón se estrelló contra una ventana de las ventanas de la sala de estar y rompió el cristal, pretendió estar muy herido, aprovechó que todos querían y se hallaban dispuestos a ayudarlo para distraerlos; y entonces los atacó, se lanzó contra el animal que tenía más cerca—
La tentativa que Buddy tenía de decirle que parara; era enorme, pero por alguna razón; se retractó, no sé atrevió siquiera a abrir la boca, ya era demasiado tarde; además, ha dicho mucho, Sebastián debe estar interesado ahora y deseando; saber más. Pero; pensándolo bien, ¿qué tiene de malo?, no le está hablando de ellos mismos, ni de Snowball y los desechados, lo que le pasó a Max y Gidget, ni de Duke y los demás, tal vez sea para mejor, pueden ir conociéndolo cada vez más y así decidir si les conviene confiar en él o no.
—Una gran parvada entró por la ventana contra la que chocó. ...Todo se convirtió en un verdadero caos, la sangre salpicaba a donde sea que mirabas; y cada vez había más y más muertos tendidos sobre el suelo. Los humanos que viven en los otros departamentos de ese piso, al igual que los del piso superior e inferior; escucharon ruidos provenientes del departamento, escuché a uno de ellos decir: que jamás había que escuchado nada eso, que desearía no haberlos escuchado, los recuerda tan bien como la primera vez que los escuchó, y tiene horribles pesadillas en las que los sigue escuchando; todas las noches —Mel hizo una breve pausa. En la que dejó escapar un suspiro sombrío; antes de proseguir.
— De todos los que había en la fiesta, solo dos; sobrevivieron, es debido a ellos que sabemos lo que pasó —No pudo evitar hacer otra pausa — Todos han estado molestos, asustados y enojados; desde entonces, hay humanos y mascotas que ya no se sienten cómodos ni seguros en sus departamentos, incluso oí que algunos que están en proceso de mudarse a otro sitio—.
—Cuando mi dueño y yo supimos de lo ocurrido en World Trade Center, nos asustamos y preocupamos, pero pronto; le resté importancia pensé: Qué horrible, me siento mal por ellos. Pero bueno, mi dueño, mis amigos y yo nos encontramos bien, estamos aquí, a salvo, dudó que algo como eso vaya a pasarme o a alguno de mis amigos o conocidos. ...Ya no me siento así. Y enserio me arrepiento de haber pensado eso—.
—¿Acaso; te estás culpando? —Preguntó Sebastián, incrédulo y desconcertado; intuyendo por dónde van los hilos.
—...No —Le respondió, tras verlo por un momento, girando la cabeza de regreso hacia al frente; con la mirada bajada.
—Pues deja de hacerlo —Contestó Sebastián. Él mintió, era evidente, no sonó convencido.
—¿Qué no oíste? —Mel volteo a verlo, molesto y enojado — No me siento culpable de nada, ¿Por qué habría de estarlo?, yo no tuve nada que ver—.
—Exacto. Si no tuviste nada que ver; no eres responsable de nada, nada en lo absoluto —Le dijo Sebastián con semblante serio; y a la defensiva, volteando a verlo.
Aquello irritó aún más a Mel, pareció que le volvió a decir: Mientes; de manera disfrazada y disimulada. Y; a decir verdad, no está tan equivocado.
—No. Me siento. ¡Culpable! —Dijo de manera pausada, increpándolo; furioso e indignado.
Por unos segundos; se quedaron intercambiando vibras malhumoradas entre sí con la mirada, hasta que Sebastián le quitó los ojos de encima, girando bruscamente la cabeza y volviendo a clavar la mirada; hacia enfrente. Fue como si le hubiese dicho: Cómo digas. Mel se le quedo mirando reticente por unos segundos, antes de girar la cabeza y mirar hacia adelante; al igual que él. Buddy no pudo evitar mirarlos a los dos, intranquilo, aquel ambiente tímido e inseguro; se hizo tensó e incómodo, podía sentir la hostilidad entre los dos y él se haya justo en medio, ¿por qué rayos no intervino antes?, la situación ya escaló; por lo que es menos probable que logre calmar las aguas si decide fungir como intermediario ahora.
El silencio volvió a reinar durante varios segundos. La suave brisa del viento volvió a acariciar sus pelajes, el ánimo de los tres se hallaba tan viciado; que ni se percataron del calor que hacía, y seguían sin hacerlo o lograban soportarlo e ignorarlo.
—¿Será por qué crees que podías haber hecho algo? —Fueron las palabras con las que Sebastián rompió el silencio.
—¡Ma*** hijo de...! —Gruñó Mel con cólera, girándose nuevamente hacia él y poniéndose de pie; con los músculos de su cuerpo en tensión.
—Mel, no —Dijo Buddy, tras abrir los ojos preocupado; deteniéndolo, poniendo sus patas delanteras sobre sus hombros; temiendo que esté a punto de lanzársele encima.
—¡¿Por qué?! ¿Por qué lo defiendes?, ¿acaso estás de su lado? Se supone que somos amigos, ¿Por qué me das la espalda? ¡Ni siquiera lo conoces! —Le recriminó, mirándolo a los ojos con enfado.
—¿Qué? No; Mel, ¿de qué estás hablando? —Le respondió extrañado — Aquí no hay lados, creo que él solo intenta entender—.
—¿Entender?, ¡¿entender qué?! ¡¿Por qué?!, no sabemos nada de él; puede estar mintiéndonos, tal vez inventó esa historia que nos contó, ¡puede que esté con Magnus! —
El corazón de Buddy pegó un vuelco de pavor; que le ocasionó un agudo dolor en el pecho, fue como si se le hubiese querido salir violentamente del pecho. Sebastián se espeluznó al escuchar, pero solo por una milésima de segundo, era ridículo. No había manera de que él supiera que formó parte de las filas de Magnus, además, sus palabras aún retumbaban dentro su cabeza "No sabemos nada de él, puede estar mintiendo, tal vez inventó esa historia" era pura especulación, y nada más.
—Oye; espera, te estás pasando de la raya —Le dijo, poniéndose de pie y dando unos cuantos pasos hacia él; aparentando indignación y enfado.
—Ah ¿sí?, pues adivina qué; tú también lo hiciste ¡desde hace cinco minutos! —Le contestó Mel, sin apartar la mirada de él, e intentando llegar urgentemente hasta él.
Pero Buddy se lo impidió, empujándolo con esfuerzo. Forzándolo a retroceder un poco.
—No sé cuál es tu p*** problema, pero ya me estoy hartando de que me estés vomitando toda tu mi***a encima —Advirtió Sebastián, con el ceño fruncido y amenazando con mostrar los colmillos. No aparentando más — Será mejor que te calmes—.
—No — Buddy volteo a verlo, preocupado, pero ya era tarde. Tal cómo supuso; aquello solo empeoró aún más las cosas.
—¿Estás retándome? —Preguntó Mel, brincoteando histéricamente, intentando quitarse a Buddy o pasarle por encima para llegar hasta él.
El teckel marrón y negro, agradeció que le estuviera prestando atención en ese momento, cada vez que saltaba; él lo hacía bajar empujándolo con sus patas delanteras, y cada vez que intentaba pasarle; por un lado, lograba anticipársele al menos por una milésima de segundo e interponerse en su camino.
Sebastián no le respondió, simplemente se le quedo mirando; exaltado, mientras el pelaje de la nuca se le erizaba lentamente. Mel intentó alcanzarlo nuevamente, empujando o arrastrando vehementemente a Buddy con él. Él comenzó a forcejear con él, a resistir.
—¡Mel; no! ¡Basta! —Le dijo, sin dejar de oponérsele. ¿Qué es lo que te pasa? Se preguntó, Te conozco, tú no eres así, ¿por qué te estás comportando de esta manera?
—¡Querías salvarlos!, ¡o sientes que debes salvar a alguien!; ¡lo sé! —Exclamo Sebastián, harto de tanto drama y de todo este teatro.
—¡Cállate!, ¡tú no sabes nada!, ¡¿por qué ca****s crees que sabes cómo me siento?!; ¡maldito idiota!—.
—¡Por qué así es justo como me siento yo ahora, cabeza hueca!—.
Mel se pasmó al escuchar eso. Buddy abrió los ojos; sorprendido al ver esto y sin quitar sus patas de sus hombros, giró la cabeza y se le quedando mirando; por encima del hombro. Sebastián los observó por unos segundos, mostrando los colmillos y respirando pesadamente, se tranquilizó; bajando la cabeza y dejando escapar un gran suspiro.
—Hace unas horas, una nueva amiga mía; se fue, en búsqueda de Magnus —Mel y Buddy abrieron un poco más los ojos, y se le quedaron viendo; con mayor interés. Tanto fue así, que Buddy alejó sus patas de los hombros de su amigo y las bajó de regreso al suelo — Quiere matarlo. Él asesinó a su madre hace unas semanas —Dijo, le resultó imposible no bajar la mirada con pesar por un momento; mientras decía eso.
—En un principio, nos pidió a mi amigo Trevor y a mí; que la guiáramos por las alcantarillas, para darle algún de partida por cual comenzar a buscar. Nos negamos. Teníamos miedo; mucho miedo, luego de ver lo que él y sus secuaces hicieron en el Inframundo, nos quedó más claro que nunca, de lo qué es capaz, no queríamos terminar cómo ellos, nos aterraba morir —Su voz se agudizó y tornó temblorosa, parecía estar a punto de quebrarse.
—Yo, intenté hacerla recapacitar, le dije que era un suicidio, le rogué que no lo hiciera. Y entonces...ella, me suplico que la acompañara, con lágrimas en los ojos —Cada vez le costaba más articular las palabras, un apretado nudo se había formado en su garganta, la voz se le ahogaba y entrecortaba cada vez más — Yo no supe que decir. Me quedé en silencio. Ella entendió eso cómo un: No, y se fue. Adolorida, al borde del llanto —Los miró con los ojos todo llorosos, y las orejas aplanadas. Un par de tristes y lamentosos Snif brotaron de su congestionada nariz — Me he estado sintiendo contrariado desde entonces. Después de que se fue; quería ir, estar con ella, pero ya habían pasado varios minutos, no lo lograría alcanzarla. Tal vez aún pueda seguir su rastro, pero...pero...¡tengo mucho miedo! —Exclamó, rompiendo finalmente en llanto.
Buddy, pero sobre todo Mel; no pudieron evitar conmoverse, aquello les llegó al corazón. Les resultó imposible no empatizar con él, ya que ambos; están sintiendo exactamente lo mismo. Desde ayer, luego de que Duke y los demás se fueran, no han dejado de reflexionar sobre la decisión que tomaron, después de todo; ellos accedieron a ir en búsqueda de Max hace varios meses cuando Gidget les pidió ayuda, sí, la situación está vez es diferente; pero no han dejado de sentirse mal, es como si arrepintieran de su decisión. Veían a un reflejo de sí mismos; en él, se hallaban más acomplejados que nunca, por un lado; tiene el deseo de ir, de querer hacer algo para salvarlo, por otro, el temor que siempre los hace retractarse o replantarse las cosas, junto con la culpa y el remordimiento por haberlos dejado solos, por su cuenta y; por último, la horrible incertidumbre que les está ocasionando; el no poder decidirse por una de estas dos opciones.
—¡No sé qué hacer! —Prosiguió Sebastián — ¡Quiero estar ahí con ella!; ¡y ayudarla! Pero... ¡no puedo!, ¡tampoco quiero quedarme aquí sin hacer nada!, el no poder decidir ¡me está volviendo loco! —Dijo, lleno de angustia y desesperación. Desmoronándose —Yo... Y-Y-Y-Yo... —Miró hacia un lado, con el rostro demacrado por la ansiedad; los ojos abiertos y agarrándose la cabeza con las patas, temiendo inmensamente que pueda volverse loco.
Mel y Buddy voltearon a verse e intercambiaron miradas rápidamente; antes de regresar a él, se le quedaron viendo entristecidos, avergonzados, deseando poder darle aquella respuesta qué está pidiendo a gritos en su cabeza; lo saben, pueden verlo en sus ojos.
—...No...sé qué hacer —Continuó Sebastián, con voz aguda; recostándose en el suelo; abrumado — ...No sé qué hacer. ...No sé qué hacer. ...No sé qué haceeer-heheher... —Prorrumpió sollozando, cubriéndose los ojos con las patas y dejando escapar un prolongado y lastimero lamento que fue desvaneciéndose; poco a poco.
El pug y su amigo dachshund se le quedaron viendo en silencio; y con pesar, sin saber que decir ni que pensar, aquello los sobrepasaba en todo sentido, ¿cómo darle resolución a una incógnita de la que ellos mismos son también víctimas?; si están igual de perdidos y desorientados, qué él. Optaron por quedarse ahí, volverse oídos comprensibles; y dejarlo expulsar todo. Sebastián no dijo nada más, permaneció ahí; en el suelo, llorando en silencio. Oían claramente los snif, snif de su nariz congestionada al inhalar y sus resoplidos y suspiros temblorosos, el verlo así; hizo que sus corazones se encogieran, su llanto se siente tan genuino, tan real...es imposible; casi imposible, que se trate de una falsedad; una fachada. Está siendo honesto con ellos, debe de.
Los minutos pasaron y se sintieron como horas, Sebastián no daba la más mínima señal de que fuera a detenerse pronto. Buddy bajo la mirada por un momento; antes de volver a verlo, lo sentía, en serio, pero no tiene la menor idea de cómo ayudarlo, Tal vez, necesita estar solo un rato Pensó. Se levantó y se dio media vuelta; en dirección a las escaleras de incendio del edificio, y comenzó a alejarse, pero vio que Mel se puso de pie y camino en dirección contraria, esto lo hizo detenerse en seco y voltear a ver; sorprendido.
Mel se acercó y posicionó justo al lado de Sebastián, se le quedo mirando unos segundos más; para luego levantar y estirar, su pata izquierda hacia él. Sebastián se tranquilizó un poco cuando sintió algo pequeño y ligero; sobre su hombro, después de reflexionar o dudar por unos momentos, finalmente retiró sus patas de encima de sus ojos, levantó un poco la cabeza y volteo hacia su derecha, encontrándose con Mel.
Su rostro se hallaba ensombrecido por el pesar y la tristeza, y sus ojos brillaban; con compasión. Creo qué, entiendo. Te juzgue mal. Lo siento Pensó. Sebastián dejó escapar un suspiro tembloroso y gimoteó; entrecerrando los ojos, amenazando con llorar de nuevo, conmovido. Pero no sabe por qué se siente así, Mel no dijo una palabra, ¿se habrá vuelto loco en realidad?, ¿así se siente?, de ser así; entonces la gente exagera, al igual o más de lo que él lo hizo; minutos antes. Ahora se sentía bien, pleno, y a la vez; extraño, fue como si hubiese leído su mente; con solo verlo a los ojos, ¿Qué fue lo que intuyó?, ¿qué? Se hallaba confundido nuevamente, y un poco abrumado; pero en un sentido muy diferente, no sabe qué fue lo que lo confortó; lo que lo puso así...pero da igual, ya podrá averiguarlo o pensar sobre eso después.
Se puso de pie, algo temeroso e inseguro, volteo a verlo y le agradeció con una sonrisa; honesta y feliz, Mel correspondió el gesto. Tras mirar esto por unos segundos más, Buddy logro salir de estupor, se acercó y se les unió; sin pensárselo dos veces, con una sonrisa. Duda que tan solo con eso; Mel haya resuelto el problema con el que Sebastián está lidiando, y mucho menos el de ambos, ahora sabe por qué su mejor amigo actuó de la manera con la que lo hizo antes, no solo es porque no pudo hacer absolutamente nada por Leonard y los demás, también está así por Max, ya no sabe si la decisión de no ir en su rescate fue la correcta; y eso lo está atormentando. Pero no importa, ahora no tendrán que encontrar la solución a eso solos, podrán hacer eso luego, el ambiente se ha tornado de lo más agradable y placentero y lo último que quiere es arruinarlo, por ahora solo quiere olvidarse de eso, disfrutar de unos minutos de relajación y diversión junto con Mel, y su nuevo amigo.
Aclaraciones y explicaciones.
Hipar: Llorar emitiendo sollozos y gemidos entrecortados.
Teckel, dachshund: Nombre científico y nombre de raza adjudicado a los perros salchicha.
Quiero aprovechar, para aclarar algo antes de la despedida habitual.
Queridos lectores:
Originalmente este capítulo iba a ser mucho más largo, pero al final decidí dividirlo en dos; de ahí la gran demora en cuanto a nueva actualización se refiere. Pero hey, no se desanimen, de hecho; estás son muy buenas noticias para ustedes, ¿por qué?, por qué la segunda mitad del capítulo está muy avanzada y no creo que me falte mucho para terminarlo, así que esperen pronto ¡otra actualización más! Sí, como lo oyen; o bueno leen, jeje ¡dos capítulos!, como recompensa e indemnización tras una espera tan larga.
Eso ha sido todo por esta vez. Dejen sus reviews, dudas y preguntas. Recomienden mi historia si les gusta. Eso me ayudaría y motivaría mucho para seguir escribiendo, y nos vemos; la próxima.
