Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.


CAPÍTULO 34:

DULZURA


Solo digo una cosa de él: es agreste y un poco áspero, con una dulzura escondida. Él es.

(Clarice Lispector, Silencio)

Ya pasaban de las cinco de la tarde cuando Eren, finalmente, pudo librarse de algunos de sus compañeros y escapar al aula de Diseño Fotográfico donde Moblit lo esperaba. Con la fecha de la exposición casi encima, su maestro había decidido que era buena idea que se reuniesen cada uno de los viernes que restaban hasta esta para ir supervisando su trabajo y así afinar detalles. De momento, él ya contaba con cuatro de las cinco fotografías que debía entregar para la exposición, un trabajo del que se sentía sumamente orgulloso y satisfecho, como pocas veces le ocurría; aun así, los nervios y la inseguridad lo atacaban de vez en cuando, debido al gran trabajo y responsabilidad que aquello conllevaba. Esa sería realmente su primera oportunidad de mostrarse como un fotógrafo profesional, y Eren no deseaba arruinarla.

Aquella tarde, como casi todas las de aquel invernal febrero, un cielo gris oscuro y destemplado se alzaba sobre sus cabezas, amenazando con ponerse a lloviznar en cualquier momento, como ya había ocurrido durante buena parte de la mañana; aun así, a pesar del tiempo espantoso que hacía y la gélida humedad reinante que se colaba bajo las capas de ropa, hacia donde uno mirase, podían verse parejas paseando juntas y acarameladas por los terrenos de la universidad, así como diversos grupos de alumnos platicando y bromeando muy entusiasmados entre ellos. Realmente San Valentín obraba milagros en el ánimo de casi todo el mundo.

Al pensar en la fecha que se celebraba ese día, Eren no pudo evitar sentirse un poco mal y molesto consigo mismo, enfadándose todavía más al comprender que era solo debido a su culpa que pasaría el día solo.

Hasta la noche anterior, cuando cenaron juntos, Levi le había preguntado si deseaba hacer algo en especial por aquella jornada; él, sin embargo, había descartado la idea restándole importancia, escudándose en la enorme cantidad de trabajo y presión que tenía encima producto de la pronta exposición fotográfica y sin atreverse a decirle a su novio sus verdaderas razones tras su negativa: nunca en su vida había celebrado San Valentín con nadie que no fuesen sus amigos, por lo que se moría de miedo; además, Eren sabía bien lo poco que a Levi le gustaban aquellos acontecimientos con muestras de afecto innecesarias, por lo que tampoco le pareció justo cargarlo con sus propios deseos egoístas sin tomar en consideración los suyos.

Si nunca había celebrado un San Valentín junto a alguien, aquello ni siquiera debería importarle, ¿verdad?, se dijo mientras apuraba el paso y subía las escaleras que llevaban a la segunda planta del edificio principal de su facultad; aun así, aquella desagradable vocecilla dentro de su cabeza no parecía querer dejarlo tranquilo, burlándose de su estupidez.

Esquivando con un breve y amable saludo a un grupo de chicas de primer año de Fotografía, que hicieron amago de detenerlo para hablarle, dobló con rapidez hacia el corredor que llevaba al aula de Diseño, chocándose de frente con alguien que venía en dirección contraria. Como casi siempre ocurría, su primer instinto fue proteger su cámara de una caída, pero de inmediato el otro lo sujetó de un brazo, estabilizándolo con firmeza a pesar de medir más de treinta centímetros menos que él.

—¿Annie? —preguntó totalmente incrédulo a esta en cuanto bajó el rostro para disculparse y la reconoció.

A diferencia de la Annie habitual que él conocía, ataviada siempre con ropa deportiva, el rubio cabello sujeto con un pasador y nada de maquillaje, esta vez su amiga lucía por completo diferente, llevando un entallado suéter celeste, que resaltaba el color de sus ojos, y vaqueros azules a juego. El cabello por una vez le caía liso y suelto sobre los hombros, suavizando sus rasgos afilados, y un maquillaje muy sutil la hacía parecer mucho más femenina. Nada más verla, Eren tuvo total certeza de que aquel cambio era trabajo de Historia, quien de seguro había vuelto a secuestrar a su amiga para convertirla en su muñeca viva.

—Ni una sola palabra sobre mi aspecto, Eren —lo amenazó esta, entrecerrando sus celestes ojos en señal de advertencia—. Si te burlas de mí, te arrancaré los huevos de una patada.

Sin poder evitarlo rompió a reír, ganándose una nueva mirada reprobatoria por parte de su amiga. Aquel comentario le recordó tanto a los que Levi solía hacerle, que cierta sensación de alegre nostalgia despertó dentro de él.

Eren sabía que su novio y Annie se llevaban bastante bien, y no solo por las clases de kick boxing que esta le impartía. Ambos compartían caracteres similares, un poco amargados y hastiados con la estupidez del mundo, por lo que supuso que en parte eso debía ayudar a que se comprendiesen.

—No iba a decir nada desagradable, lo prometo —se defendió él, intentando apaciguarla. Sujetando un mechón de cabello de esta entre sus dedos, se lo acomodó tras la oreja, haciendo que Annie se sonrojase ligeramente y frunciera más el ceño—. Creo que hoy luces muy bonita. Armin es en verdad afortunado por tener una cita contigo.

—Bueno, ya veremos —murmuró su amiga, terminando de sonrojarse por completo. Metiendo la mano en el bolso deportivo de color rosa que llevaba colgado al hombro, Annie extrajo una cajita azul del porte de un libro y se la estampó con fuerza contra el pecho—. Toma, para ti.

Desconcertado, Eren alcanzó a sujetarla justo antes de que esta la soltara y acabara por caer al piso. Al ver que era un paquetito de regalo perfectamente envuelto, su cerebro hizo conexión y comprendió que era aquello.

—¿Me estás obsequiando chocolates por San Valentín?

—Mmm, sí —respondió la chica escuetamente, clavando la mirada en la puntera de sus deportivas celestes.

—¿Y los has hecho tú misma? —volvió a preguntarle él, notando como el sonrojo de Annie ya alcanzaba la parte posterior de su cuello y sus diminutas orejas.

—Sí —masculló en un tono casi ininteligible esta; no obstante, al levantar la mirada, y a pesar de estar roja como una cereza, la chica intentó mantener su fría e indiferente compostura al responderle—: Es mi primera vez haciéndolos yo misma, por lo que no están tan buenos y… Solo no te emociones demasiado, ¿sí?

A pesar de saber que esta comenzaría a protestar, Eren pasó sus brazos en torno a su amiga y la abrazó, apegándola a su pecho. Tal como esperaba, Annie se debatió un poco, intentando que la soltara, sobre todo cuando algunos alumnos que transitaban por el corredor, rumbo a sus propias clases, se los quedaron viendo; aun así, esta al final le permitió aquella muestra de afecto y no lo obligó a soltarla, algo que le habría resultado realmente muy fácil de lograr debido a su habilidad y fuerza.

—Muchas gracias, Annie. Estoy muy contento —le dijo, apoyando la barbilla sobre su rubia coronilla cuando esta le rodeó la cintura con los brazos, devolviéndole el abrazo.

—Bien entonces. Disfrútalos —respondió con la voz ligeramente amortiguada debido a la tela de su anorak gris—. Solo he hecho para Armin y para ti.

—Oh, vaya, ¿no hay ningún otro afortunado?

Esta negó.

—Ninguno. El resto de los hombres son una mierda total. Pensé en hacer unos cuantos para mi padre, pero de seguro él se habría burlado de mí; y el abuelo de Armin tiene problemas con el azúcar, ya sabes, así que preferí no arriesgarme —reconoció—. Pero le di unos pocos a Historia. Los que quedaron desarmados.

Eren no pudo evitar sonreírse.

—¡Pero que buena amiga estas hecha, Ann!

—Como siempre —respondió esta, deshaciéndose finalmente de su abrazo y poniendo otra vez algo de distancia entre los dos tras dar un par de pasos hacia atrás—. Ya. Suficientes cursilerías hasta el próximo año.

—¿Las demás quedan solo para Armin? —le preguntó él, juguetón.

Annie sonrió de medio lado en respuesta.

—Por supuesto. ¿Quién más? —Ambos rieron a su vez—. ¿Y tú qué? ¿Irás luego donde Levi?

A pesar de saber que no existían motivos para avergonzarse por su decisión de no ver al otro ese día, Eren no pudo evitar sentir que estaba fallando en algo por no hacer algo tan sencillo como no pasar tiempo con su novio un día que, bueno, se suponía debería haber pasado tiempo con él.

Aun así, intentó que sus dudas no se transmitiesen en su voz cuando comenzó a justificarse.

—No. Debido a que yo tenía mucho trabajo con el asunto de la exposición, no hicimos planes con Levi para hoy. Además… ¡Auch, Annie! —protestó él cuándo esta le pegó una patada en la espinilla izquierda que lo hizo ver las estrellas.

—Tus excusas dan pena, Eren Jaeger —lo regañó la chica muy seria—. Si solo querías pasar el día con él, entonces deberías habérselo dicho. Idiota.

—¡De verdad tengo trabajo! —protestó, sobándose la pierna lastimada sobre la tela de sus vaqueros negros—. Queda menos de un mes y medio para la exposición, ¿sabes?

—Lo sé, pero también sé que eres un auténtico campeón a la hora de negarte las cosas que realmente deseas. Apuesto a que te convenciste de que San Valentín sería un incordio impuesto para Levi, por lo que preferiste decirle que no hiciesen nada. —Al saberse pillado, no pudo evitar sonrojarse producto de la culpa y la vergüenza, ante lo que su amiga rodó los ojos con fastidio—. Demonios, Eren, si no le dices las cosas directamente, Levi no siempre va a poder comprenderte. No es un adivino.

Sintiéndose algo ofendido y molesto por el regaño, contraatacó a esta con obstinación:

—¿Qué? ¿Me lo estás diciendo porque eso es lo que tiene que hacer Armin contigo?

Cruzando los brazos sobre el pecho, tan retadora como él, Annie asintió.

—Sí, es lo que él hace conmigo. Cada vez que no entiendo algo que desea de mí, me lo explica; si espera alguna cosa en especial de nuestra relación, me lo dice. Eso es lo que significa ser una pareja, Eren —señaló esta, ya no con la molestia de segundos antes, sino con una emoción muy diferente—. Yo no soy tan lista como Armin y ni siquiera una décima parte de lo bondadoso y amable que él es, por eso no siempre puedo comprenderlo y muchas veces me enfado porque siento que se aprovechan de su amabilidad o no lo valoran como se merece. No congeniamos todo el tiempo, ¿sabes? Más veces de las que me gustaría reconocer, yo me molesto y discutimos; sin embargo, luego hablamos claramente de ello hasta poder solucionarlo.

»Si he elegido a Armin por sobre el resto, es porque él me escucha y me comprende, incluso más de lo que yo misma suelo hacerlo. Nunca ha infravalorado nada de lo que le he dicho o pedido, y no porque esté enamorado de mí o sienta que me lo debe por ser mi pareja, sino que lo hace porque me valora como la persona que soy, con todo lo bueno y lo malo que tengo, y eso, Eren, no es algo que muchos estén dispuestos a dar. Levi es como Armin en ese sentido, aunque no lo demuestre, así que deja de ser un idiota y no pierdas las oportunidades cuando se te presentan. No ahora que has elegido bien.

El regaño de Annie, las palabras de Annie, llegaron a él de una manera que no esperaba. Ambos llevaban años de conocerse, de discutir y de apoyarse mutuamente, pasando por un montón de dificultades en el proceso; y además, aunque le doliese admitirlo, Eren debía reconocer que esta había sido más leal a él incluso que su propia hermana y su padre, jamás criticándolo por haberse enamorado ni por las decisiones que tomó al respecto; nunca cuestionando las elecciones que luego hizo para su vida. Sí, Annie siempre le había permitido actuar con total libertad, dejándolo caerse para aprender de sus errores, y, sin embargo, todavía así manteniéndose lo suficientemente cerca para estar a su lado cada vez que él la había necesitado.

Aquella chica de gesto eternamente huraño y hastiado, había sido muchas veces uno de sus mayores apoyos en los momentos más difíciles; debido a ello, el cariño y la gratitud que Eren sentía por esta eran tan inmensos que a veces pensaba acabarían por desbordarse.

—Yo también creo que has hecho la elección correcta, Annie —le dijo a su amiga, ante lo que esta sonrió abiertamente, como pocas veces lo hacía.

—Por supuesto, es Armin después de todo. ¿Te quedaba alguna duda acaso?

—Ninguna —respondió él, posando una mano sobre su rubia cabeza y acariciándola, teniendo cuidado de no despeinarla—. Gracias por todo. Los chocolates y también por hacerme entrar en razón. Prometo que me lo pensaré.

—Entonces, ya me marcho. Tengo una cita muy importante hoy —le dijo Annie, sonriendo apenas e intentando no lucir demasiado abochornada—. Nos vemos luego, Eren.

Despidiéndose con un gesto de la mano, él la observó marchar a paso ligero por el corredor, perdiéndose entre los grupos de estudiantes que pasaban platicando animadamente rumbo a sus clases.

Durante unos minutos, Eren se quedó allí, jugueteando con la cámara entre sus manos, pensativamente; sin embargo, tras meditarlo un momento y decidirse, echó a andar en busca de la muchacha una vez más.

Unas cuantas zancadas veloces bastaron para volver a tenerla a la vista, y en cuanto supo que Annie podría escucharlo, la llamó por su nombre, haciendo que esta se detuviese de inmediato.

En cuanto su amiga se volvió para verlo, él enfocó la cámara y disparó, grabando el momento exacto en que la tenue claridad de la tarde, que entraba por los ventanales del corredor, suavizó el color celeste de sus ojos, cambiando su hastío habitual por sorpresa y una suave dulzura que rara vez dejaba ver al resto.

—Realmente, eres hermosa, Annie Leonhart —le dijo Eren en cuanto esta cayó en la cuenta de que acababa de fotografiarla, mirándolo confundida—, y no solo por como luces hoy, sino que siempre. Lo eres solo por ser tú misma.

El sonrojo en el rostro de la muchacha fue evidente, así como también la emoción que encendió su mirada ante el cumplido que él acababa de hacerle, probablemente porque quizá nadie, aparte de Armin, se lo había dicho jamás.

Aun así, Annie le enseñó el dedo medio en respuesta, logrando que unas cuantas chicas que pasaban en ese momento la miraran con total reprobación, algo que a esta le importó nada, así como tampoco a él.

—Cuando la tengas lista, dásela a Armin, ¿está bien? —le dijo, refiriéndose a la fotografía que acababa de tomarle.

Eren asintió.

—¿Y no deseas que haga una copia también para ti?

—No —negó su amiga, enfatizando sus palabras con un ligero movimiento de cabeza y una sonrisa—. Me basta con que la tenga la persona correcta.

Tras despedirse una vez más de él con un gesto, Annie se marchó a toda prisa; Eren, no obstante, siguió en medio del pasillo un rato más, mirando los verdes alrededores del campus universitario a través de los ventanales, pero sin ver nada en realidad; con todo lo que esta le había dicho todavía dando vueltas en su cabeza y las emociones tan revueltas que no sabía por dónde comenzar a descifrarlas.

Revisando una vez más la fotografía que acababa de tomar a su amiga, no pudo más que admitir que era una foto muy buena, y no por algo que él hubiese hecho en particular, sino que sencillamente por quien estaba posando en ella.

Al pensar en cómo una simple fotografía de Levi le había cambiado la vida de la noche a la mañana, como tantos años de dolor parecían haber comenzado a desvanecerse poco a poco tras conocerlo, no pudo evitar preguntarse qué habría sido de él si en ese momento no hubiera tenido el valor suficiente para hacerlo. Si por sus miedos, sus dudas e inseguridades, no hubiera tomado aquella foto ni se hubiese obsesionado lo suficiente con aquel hombre para seguir buscándolo a pesar de todo.

Annie tenía razón, se dijo Eren, estaba demasiado acostumbrado a negarse las cosas que deseaba; muchas veces inconscientemente. Desde que era un niño siempre se exigió hasta lo imposible, desesperado por cumplir las expectativas de alguien más para obtener el amor de alguien más; pero ahora, ¿quién podría exigirle algo aparte de él mismo?

Dios, realmente era algo muy difícil el aprender a tenerse afecto cuando no se estaba acostumbrado a ello, pero aun así el primer paso debía comenzar en alguna parte, se recordó. Tal vez, finalmente, había llegado el momento de empezar a ser un poco más egoísta y pensar también en sí mismo y su propia felicidad, del mismo modo en que siempre lo había hecho por la del resto.

Decidido, marcó el número de su madre al tiempo que se dirigía al aula de Diseño Fotográfico, donde Moblit de seguro ya lo estaría esperando. No tuvo que esperar mucho antes de que esta le contestara del otro lado de la línea, evidentemente entusiasmada y sorprendida ante su llamada.

—Verás, mamá, necesito que me ayudes con algo, ¿crees que podrías hacerlo?

Y mientras le explicaba los detalles a su progenitora, Eren no pudo más que pensar en que quizá lo único que se necesitaba para suavizar las partes más duras de la vida, era un poco de dulzura en ella.


A pesar de que ni siquiera eran las siete de la tarde aun, el cielo ya se había oscurecido por completo cuando Levi llegó a la floristería de las Reiss, Belle Époque. Los tiestos con flores y los arreglos que habitualmente se hallaban colocados fuera del local ya habían sido retirados, y el cartel de «cerrado» resaltaba en la puerta acristalada; aun así las, luces interiores seguían encendidas, iluminando de la tienda, y al girar la manilla de la puerta, esta se abrió sin problema alguno, permitiéndole el paso.

Al sonido de las tintineantes campanillas, Frieda, que estaba de pie tras el mostrador por completo concentrada en la elaboración de un arreglo floral, sonrió abiertamente al verlo llegar. Aquel día, esta vestía un amplio suéter rosa de cuello vuelto, que daba algo más de color a su tez pálida, y vaqueros azules acompañados de altas botas negras; sin embargo, por una vez no llevaba puesto el delantal rosa que siempre utilizaba cuando estaba en la tienda, lo que de cierta forma la hacía parecer extraña.

—¡Oh, Levi, muchas, muchas gracias! ¡Realmente lamento el haberte hecho venir hoy, pero me has salvado la vida! —Saliendo tras el mostrador, Frieda recibió la bolsa con comida que él le tendía, suspirando de felicidad al olerla—. ¡No sabes cómo muero de hambre! Solo he comido un paquete de galletas en todo el bendito día, y bebido café a montones para mantenerme despierta. Siendo San Valentín, me ha sido de verdad imposible poner siquiera un pie fuera de la tienda para ir a comprarme algo.

—Me lo supuse cuando recibí tu mensaje, en el que me decías, por cierto, que estabas «a punto de morir», aunque te veo bastante bien. Tch, que dramática —señaló él con una sonrisa, la cual esta le devolvió mientras se dirigía a la parte posterior de la tienda para lavarse las manos en el pequeño cuarto de baño que allí había.

—Lo estaba, créeme. Llamé a Carla para pedirle que me trajese algo, pero ella tenía unos asuntitos personales que atender y le resultaba imposible pasarse por aquí —le explicó, elevando la voz para que la escuchase—. Luego recordé que Eren tendría clases hasta tarde hoy, así que pensé que a lo mejor tú estarías libre por un rato más hasta a que él saliera. Por lo general casi todos tienen citas o compromisos por San Valentín, lo que hace imposible pedir favores. ¿Te estropeé los planes? —inquirió Frieda una vez estuvo de regreso, secándose las manos con una toalla de papel.

—No realmente. Lo cierto es que no andaba muy lejos de aquí. Vine a recoger unos cuantos libros que tenía encargados a la librería que está un poco más abajo, así que no fue un verdadero problema —le dijo, enseñándole la bolsa con sus propias compras—. ¿Mucho trabajo hoy?

—Uf, ni te lo imaginas. San Valentín siempre es un suplicio; llevo tres días durmiendo apenas, levantándome a las cinco de la madrugada y acostándome muy pasada la medianoche para poder acabar con los arreglos que tenía encargados y los que necesitaba para poner hoy a la venta en la tienda; aun así, las ganancias de la jornada compensan los sacrificios. Ya sabes cómo es esto. —Tras sacar la comida de la bolsa y colocarla sobre un impecable pañito blanco que tenía sobre el mostrador, los celestes ojos de la mujer volvieron a clavarse en él—. ¿Y qué planes han hecho Eren y tú para hoy?

Toqueteando un arreglo de bonitas rosas blancas y violetas que descansaba sobre uno de los estantes, Levi se encogió de hombros, intentando aparentar indiferencia a pesar de no sentirla en absoluto.

—El mocoso tiene mucho trabajo pendiente debido a que la exposición está cerca y Moblit lo está volviendo loco con ello, así que preferimos solo dejar pasar el día y vernos mañana, como siempre.

—¿Me estás diciendo que no van a celebrar San Valentín juntos? —oyó que le preguntaba esta, escandalizada.

Él negó con un gesto despreocupado, pero al volverse, se encontró con Frieda lanzándole una mirada cargada de reproche.

—Muy mal los dos —lo regañó con firmeza la mayor de las Reiss, dejando escapar un resoplido de pura frustración—. Deberían haber dejado al menos un momento para poder verse hoy.

—Solo es un jodido día comercial —se defendió Levi—. ¿Qué más da que nos veamos hoy o mañana?

Al ver como esta abría su botella de agua con la fuerza suficiente para retorcer el cuello de alguien, sin despegar su enfadada mirada celeste de él en ningún momento, Levi se arrepintió un poco de sus palabras.

—No estoy diciendo que no lo sea, porque lo es. Yo misma saco provecho de ello. Aun así, San Valentín significa algo al fin y al cabo, aunque sea una tontería. Dios, hace años que no tengo una cita en San Valentín —gimió está, dando un enorme bocado a su sándwich de ensalada de pollo y masticándolo con rabia.

Alzando una ceja al verla comer como si la vida se le fuese en ello, Levi sonrió burlón.

—¿Así que sacrificarías tu maravilloso día de ganancias por una cita?

Tras tragar su comida y dar un sorbo de agua a su botella, Frieda negó, haciendo que la larga trenza en la que llevaba atado su negro cabello, se agitara sobre su hombro.

—¡Claro que no! Las cuentas no se pagan solas; sin embargo, al menos podría tener a alguien que me echase una mano o que por lo menos me trajese la cena en un caso de emergencia como este, para así no tener que molestar a mis amigos —añadió con picardía.

Levi chasqueó la lengua, divertido.

—Y tú mocosa, ¿no anda por aquí hoy? —le preguntó a esta, en verdad extrañado de no encontrarse con la parlanchina Historia ayudando a su hermana—. ¿No suele ella echarte una mano siempre los días de más trabajo?

Que un día de tanta carga laboral, como al parecer lo era San Valentín, fuese solo Frieda quien se hiciera cargo de la tienda, era realmente raro. Cada vez que él se había pasado por allí algún que otro fin de semana, las amigas de Eren siempre se encontraban en la floristería, ayudando en lo que se necesitara.

—Sí, suele hacerlo, sobre todo por estas fechas; sin embargo, no tuve corazón para negarme en esta oportunidad cuando Ymir me dijo que quería salir hoy con Historia. Va a pedirle que se case con ella.

De forma casi involuntaria, sus cejas se alzaron al oírla decir aquello.

Lo cierto era que antes de regresar de manera permanente a Shiganshina, el matrimonio siempre había parecido algo terriblemente lejano para él. Ninguno dentro de su grupo de amigos se mostró nunca demasiado dispuesto a dar el paso, e incluso Hange y Erwin, que eran una pareja estable y todos daban por hecho de que se casarían en algún momento, acabaron rompiendo. Farlan y él, por otro lado, a pesar de todos los años que estuvieron juntos, nunca hicieron nada por consolidar aún más su relación. Este había mencionado el asunto del matrimonio unas cuantas veces, pero siempre haciéndolo sonar como si fuese una broma, por lo que Levi nunca lo tomó realmente en serio. Ahora, sin embargo, se preguntaba si acaso los deseos de Farlan por formar una familia estable habrían estado allí todo el tiempo, y que habría ocurrido con ellos si él realmente le hubiese prestado atención en alguna de aquellas oportunidades.

—Eso parece algo bueno —reconoció con honestidad a la dueña de la floristería.

Esta, masticando aun lo que tenía en la boca, asintió.

—Lo es; ciertamente lo es —concedió Frieda, una vez pudo volver a hablar—. Ymir habló conmigo hace cosa de una semana atrás, para saber si yo estaba de acuerdo con ello.

—Y le dijiste que sí —afirmó Levi con total seguridad, ante lo que ella asintió, dándole la razón.

—Sí, le dije que sí —admitió, tamborileando sus cortas uñas sobre el cuerpo de la botella de agua—. ¿Sabes, Levi? Cuando Historia me dijo que creía que le gustaban las chicas y no los chicos, se me destrozó el mundo. No fue porque no pudiese aceptar que mi hermana era lesbiana, sino porque sabía lo que vendría para ella a partir de ese momento. Para muchos, no importaría absolutamente nada lo maravillosa, lo buena persona y lo amable que Historia fuera, porque igualmente la juzgarían solo por quien ella amara, y aquello no me pareció justo, para nada, y lo odié. Aun así, en ese momento tomé una decisión, y fue que sin importar lo que pasase, yo iba a amarla por todo el resto que no lo hiciera, iba a respetarla y aceptarla por todos aquellos que creyesen que ella estaba equivocada, y que, mientras pudiera, iba a protegerla; y lo hice, por años. Entonces apareció Ymir, y por primera vez comprendí que no importaba lo difícil que la vida de mi hermana fuese, porque si tenía a su lado a alguien para compartirla, para cuidarla, entonces estaría bien y podría ser feliz.

—¿Así que te parece bien el dejarla marchar de esa manera? —inquirió él con cierta curiosidad. Había visto lo muy apegadas que estaban ambas hermanas, por lo que le parecía difícil imaginar a Frieda dejando que Historia se marchase de su lado con tanta facilidad.

—Me parece bien, aunque cuando ocurra de seguro se me romperá el corazón; sin embargo, lo que más deseo, es que mi hermanita sea feliz. Si ella lo es, entonces yo lo seré igualmente —respondió esta con una sonrisa llena de sinceridad—. Para Historia, yo soy el sitio seguro, aquel donde podrá volver siempre que lo necesite sin importar qué, mientras que Ymir representa su futuro y todo lo que quiere lograr, sus sueños. Ambas somos su corazón, y lo compartimos de igual forma, pero lo que necesita de nosotras es totalmente diferente, y es bueno aprender a comprender eso.

Tras pensárselo un momento, él asintió, dándole la razón.

—Joder, hablas como una madre.

Frieda rio.

—¡Porque lo soy! Que no la diese a luz no significa que no la haya criado, así que puedo decir con orgullo que Historia es más hija mía que de sus propios padres. ¡Así que ni se te ocurra quitarme el mérito, Levi! —lo regañó, lanzando un verde tallito recortado en su dirección—. Y por ese mismo motivo, comprendo perfectamente cómo se siente Carla respecto a ti. Lo muy agradecida que está porque hayas elegido a Eren.

Apenas oyó el nombre de la madre del mocoso, un sentimiento cálido brotó dentro de él. Lo cierto era que a diferencia del padre de Eren, que era un auténtico malnacido, Carla era una persona infinitamente amable, del mismo modo que el chico lo era. Tras lo desagradables que habían sido sus escasos encuentros con los padres de Farlan en el pasado, él siempre había asumido que la familia política de su pareja sería algo inexistente en su vida; no obstante, aquella mujer había cambiado todo lo que pensaba, no solo porque Carla había aceptado la relación de ambos como si fuese algo natural y correcto, sino que también porque lo trataba como si fuese parte de su familia.

Muchas veces Levi se había sentido infinitamente desconcertado ante aquella gratitud y buena disposición que la madre de Eren siempre le mostraba, pensando que le debía algo por estar con el mocoso, cuando claramente era todo lo contrario.

—Ella... —comenzó un poco dubitativo, sin saber si sería o no correcto preguntar aquello a Frieda—, ¿supo alguna vez que a Eren le rompieron el corazón hace unos años?

Tras dar otro mordisco a su sándwich y masticarlo concienzudamente, la mayor de las Reiss asintió, aunque luego negó.

—No sé si la palabra exacta sería «saber», más bien creo que lo intuyó —admitió esta—. Eren es su hijo después de todo, por lo que obviamente Carla lo conoce bien; así que sí, ella sospechó que este se estaba viendo con alguien durante su último año de escuela. Luego, cuando las cosas se torcieron y él cambió tanto, ella también supuso que algo había ido mal en esa relación. Aun así, nunca quiso preguntárselo directamente.

—¿Por qué? —inquirió Levi, desconcertado. Por lo que conocía a Carla, sabía que esta no era el tipo de mujer que se quedaría callada cuando algo la inquietase.

—Porque Eren es alguien sumamente obstinado cuando no quiere hacer o decir algo, y quiso evitarle ese mal rato a ambos; sin embargo, lo que en verdad la detuvo de intervenir en ese momento, fue el hecho de que este se avergonzaba enormemente de sí mismo y quien era —le explicó Frieda—. Ahora, sobre todo tras conocerte, Levi, Eren ha podido asumir con mayor facilidad su homosexualidad, aceptándolo como algo que no es un error por el que debe sentirse culpable ni odiarse; antes, sin embargo, era algo que lo complicaba muchísimo y le provocaba verdadero terror, sobre todo por lo que podría pensar su padre de él. Por ese entonces Carla sabía muy bien que este jamás habría reconocido ante ella que salía con otro chico, y mucho menos que ese mismo lo acabó traicionando, así que, ¿para qué forzarlo?

Al pensar en lo mucho que Eren había sufrido a causa del novio bastardo de su hermana, de esta misma, y del condenado médico que parecía ser buena parte de los problemas que el chico tenía, su malhumor hizo aparición.

—Tch, su padre es un mal bicho —masculló destilando veneno, ante lo que Frieda alzó una de sus oscuras cejas y lo miró con una velada sonrisa en los labios.

—En el fondo Grisha no es tan malo, ¿sabes? Solo es complicado —le dijo esta con seguridad, bebiendo de su botella de agua—. Hay muchas cosas que él ha hecho con las que no estoy de acuerdo, sobre todo en lo referente a sus hijos, pero no es un mal hombre en general, solo muy cabezota. Por eso mismo Carla no se ha divorciado de él a pesar de lo mucho que se lo ha planteado algunas veces. —Al permitir que su rostro reflejara la enorme sorpresa que aquella revelación le causó, la mayor de las Reiss negó lentamente con un gesto de su morena cabeza y soltó un suspiro—. ¿De verdad creías que con el carácter que esa mujer se carga nunca se había planteado siquiera la posibilidad de mandar a su esposo al demonio? ¡Ni te imaginas la cantidad de veces que Carla ha echado a Grisha de casa! —replicó esta, riendo.

—Lo cierto es que sí me parece difícil de imaginar —reconoció él con sinceridad—. El bueno del doctor siempre parece muy seguro de sí mismo. Tan altanero y estirado como si tuviese un puto palo metido en el culo.

Frieda rio una vez más.

—Bueno, eso no se puede negar, pero, ¿quién no finge cuando está asustado? A veces nuestra mejor defensa es mostrarnos valientes y fuertes, aunque no nos sintamos así en absoluto.

A pesar de odiar aquella posibilidad, porque a sus ojos Grisha Jaeger era un bastardo de lo peor, Levi tuvo que reconocer que esta tenía razón al respecto. En más de una ocasión él mismo había aparentado para ocultar sus inseguridades y miedos, porque era mucho más fácil fingir frialdad e indiferencia, que enfrentar su propia debilidad.

Una vez terminó de comer su improvisada cena, y luego de pedirle si la esperaba unos cuantos minutos más para marcharse juntos, Frieda volvió a concentrarse por completo en la composición de su arreglo floral, por lo que él se dedicó a recorrer la tienda, disfrutando de lo agradablemente bonita que esta lucía ese día.

Los blancos estantes, donde se ofrecían los tiestos con diversos tipos de coloridas flores, estaban decorados con delicados encintados rosas y blancos, los cuales se hallaban sujetos con pequeños corazones que eran una insinuación directa a San Valentín y otorgaban un aire muy vivo al lugar. Algunos de los pocos arreglos florales que quedaban, aun se encontraban dispuestos en el ventanal frontal para llamar la atención de los clientes, junto a unas brillantes y rojas letras pegadas que hacían alusión al día, así como también un sinfín de corazones de brillantina que se desparramaban por casi toda la vidriera; sin embargo, al contemplar los recipientes que habitualmente se encontraban fuera, notó que ya solo quedaban unos cuantos ramos solitarios dentro de estos, los cuales seguramente habían quedado sin ser comprados y ahora se mostraban casi como una triste ofrenda.

De forma descuidada, Levi acarició uno de ellos, el cual estaba compuesto solo de blancas y nubosas paniculatas, lo que de forma inevitable le recordó a la primera vez que el mocoso y él discutieron, así como también el que este apareciera días después en su casa con un arreglo muy similar a ese, intentando de ese modo arreglar las cosas entre ellos.

—¿Estás pensando en comprar algo para Eren?

La inesperada pregunta de Frieda lo sacó de sus recuerdos, haciéndolo regresar de golpe a la realidad.

Al volverse para mirarla, Levi se encontró con que esta seguía cortando tallos de flores, evidentemente muy divertida por su comportamiento.

—Tch, ¿estás sugiriendo que debería regalarle flores al mocoso?

—¿Por qué no? —dijo Frieda con tranquilidad—. Las flores no tienen un género específico; tan solo las obsequias porque son bellas y deseas transmitir tus sentimientos a través de ellas, ya sea agradecimiento, cariño, orgullo o amor. Eren te obsequió flores en una oportunidad, ¿no? Paniculatas como esas.

Algo sorprendido, él asintió.

—Oi, ¿es que acaso recuerdas todos los ramos que vendes?

—¡Por supuesto! Nunca paso esos detalles por alto. Cada ramo, cada arreglo, tiene un significado especial para quien lo lleva y más todavía para quien va a recibirlo. Cada vez que eliges una flor para dar a alguien, es tu corazón el que está hablando.

Como tantas otras veces, Levi no pudo más que sorprenderse por lo muy entregada que Frieda era a su trabajo. Desde que había comenzado con los arreglos para poner en marcha su tienda, pasaba mucho tiempo en compañía de aquella mujer, lo que le había hecho comprender que para esta aquel lugar no solo era su trabajo y su fuente de ingresos, sino que sobre todo era su sueño; uno en el que había puesto mucho de su vida y su corazón, y por el cual se dedicaba por completo a algo que amaba.

Contemplando a Frieda, una vez más se preguntó si cuando finalmente abriera su tienda y comenzase a trabajar en ella, parte de aquel enorme sentimiento de entrega que veía en aquella mujer sería igual para él.

Volviendo a tocar las pequeñas florecillas nubosas, las cuales parecían proclives a deshacerse al más mínimo contacto pero que, por el contrario, eran muy resistentes, le preguntó a Frieda:

—Entonces, ¿cuál es el significado que tienen estas?

—Dulzura —respondió la mujer con una ligera sonrisa adornando sus labios—. Un amor totalmente inocente, puro y sencillo. ¿No te parece entonces un obsequio perfecto para un romance que apenas está naciendo?

Al rememorar una vez más todo lo que experimentó en esa oportunidad tras su discusión con Eren, meses atrás, lo difícil que le resultó sobrellevar esos días sin saber nada de este, a pesar de que apenas se conocían, y lo secretamente feliz que se sintió al verlo de regreso, Levi no pudo evitar preguntarse si para ese entonces ya estaba un poco enamorado del chico sin saberlo siquiera.

Habían discutido y se habían enfadado, todo porque él no deseaba que este supiera sobre lo horrible que había sido su vida antes y lo muy culpable que se sentía por lo ocurrido con Farlan. Aquella noche Eren le había enseñado un cielo infinito reflejado en el océano, y Levi le había abierto su corazón herido para hablarle de su pasado y sus terribles errores. Aquella vez, por primera vez, Eren se armó de valor para decirle que le gustaba como algo más que un amigo, y él, por primera vez después de mucho tiempo, pensó que quizá la vida no era la mierda que había sentido que era durante los dos últimos años.

Acariciando nuevamente las pequeñas y blancas paniculatas, Levi se repitió mentalmente el significado que Frieda le había dado para estas: un amor por completo puro, sin ninguna segunda intención aparte de aquella felicidad simple que se experimentaba al estar junto a quien sentías especial e importante.

—Creo —comenzó él, pasados unos minutos de silenciosa contemplación— que fue perfecto.

—Me alegro entonces —le dijo esta. Recogiendo unas cuantas hojas y tallos recortados que tenía sobre el mostrador, los tiró en el tiesto donde echaba los restos y dio un par de pasos atrás, contemplando satisfecha su trabajo—. Totalmente perfecto.

Al ver como los dedos de Frieda acomodaban con cuidadoso esmero unas cuantas dalias rojas entre el frondoso verdor del arreglo, poniendo tanto amor en aquel trabajo que incluso lo hizo sentir un poco intruso al haber vislumbrado aquel momento, Levi tuvo la firme sospecha de que esas flores no tenían como destinatario a ninguno de sus clientes.

—¿Son para tu hermana? —se atrevió a preguntarle, finalmente.

Levantando su celeste mirada hacia él, Frieda asintió.

—Y para Ymir. Es un obsequio por su compromiso —explicó ella, acariciando una de las pequeñas y anaranjadas florecillas colgantes—. Dalias rojas y astromelias amarillas y naranjas.

—¿Y eso significa?

—«Te amaré siempre» —respondió esta con una suave sonrisa y los ojos ligeramente brillantes, como si estuviese haciendo un esfuerzo inmenso por contener las lágrimas—. «Y te deseo toda la felicidad del mundo».

Comprendiendo en parte como esta se sentía, lo complicado que debía ser el dejar ir a quien se amaba y se había cuidado casi toda la vida para que estuviese con alguien más, Levi asintió.

—Es perfecto —reconoció, ganándose una enorme sonrisa por parte de aquella mujer.

—Por supuesto que lo es, he puesto mi corazón en ello después de todo —dijo Frieda con los ojos nuevamente brillantes de alegría—. Entonces, ¿vas a querer o no algo para Eren? Decídete antes de que salgamos, Levi, porque realmente muero de cansancio y deseo irme a casa para olvidarme de este largo, largo día.

Tras contemplar una vez más todo aquello que lo rodeaba, tras volver a rememorar lo que había sido su relación con el mocoso hasta entonces, con todo lo que ambos habían cambiado y ganado desde que se conocieron, él tomó al fin una decisión.

Durante gran parte de su vida, Eren solo había perdido una y otra vez, sintiendo todo el tiempo que nunca nada duraba, que el quien él era, no bastaba para retener a quienes quería a su lado; no obstante, Levi no estaba de acuerdo con aquello. Si había decidido darle una segunda oportunidad a esa ciudad llena de amargura y recuerdos difíciles, había sido por Eren. Si había decidido arriesgar su roto corazón para volver a amar a alguien, era por Eren. Para él, aquel chico de ojos de mar de verano y pensamientos inalcanzables, se había convertido en algo permanente y duradero; alguien a quien no quería solo por un momento, sino para compartir su vida entera. Y aunque Levi no creía en el destino ni en ninguna de esas cursilerías, sí creía que, de algún modo, la vida había decidido que ambos debían estar juntos porque encajaban como las piezas de ese maldito puzle que llevaban días armando, tal vez nunca llegando a estar del todo completos si no hubiesen podido conocerse.

Sí, para él, Eren significaba un para siempre, y por ello deseaba que este nunca más creyese que no era lo suficientemente bueno para ser merecedor del amor de alguien que ansiara permanecer a su lado.

—Frieda —dijo, llamando la atención de esta, quien ya había comenzado a recaudar el dinero de las ventas de ese día para guardarlo.

Alzando su celeste mirada hacia él, esta le preguntó con una juguetona sonrisa pintada en los labios:

—Y bien, ¿ya te has decidido?

Levi asintió.

—Quiero algo que sea eterno.


Ya pasaba por mucho de las ocho cuando Levi al fin pudo escapar de las garras de Hange y marcharse a casa.

Esta, que había cuidado esa tarde de Morgana mientras él acababa con sus compras e iba a ver a Frieda, insistió hasta el hartazgo para que se quedase a cenar junto a ella y Moblit, ya que había preparado algo especial para esa noche debido a San Valentín; Levi, no obstante, conocedor de lo peligrosa que aquella demente podía llegar a ser en la cocina, declinó con rotundidad su oferta, exigiéndole que le devolviese a su cachorra, a quien mantenía de rehén, y huyendo a toda prisa antes de que volviese a retrasarlo.

Mientras recorrían la playa desierta junto a la perrilla, contemplando el mar que apenas era una blanquecina línea a la distancia al fundirse con el oscuro cielo nocturno, Levi se preguntó si sería una buena idea el llamar a Eren para pedirle que viniese o si mejor tan solo iba directamente a su casa. A cada paso que daba, notaba el ligero peso de la bolsa con la pequeña maceta que llevaba en su mano y cierta ansiedad creciente nacía en él. Sabía perfectamente que podría darle aquel presente al chica al día siguiente, cuando se encontrasen, pero aun así deseaba verlo aunque solo fuera unos pocos minutos antes de que terminase aquel día.

Demonios, definitivamente tanto romance cursi había acabado por fundirle el cerebro.

A pesar de que durante la mayor parte del paseo Morgana se había mostrado muy tranquila, incluso un poco cansada por todo lo que había torturado al pobre Ludwig en casa de Hange, en cuanto doblaron la última curva en dirección a su hogar, esta simplemente enloqueció, levantando las gachas orejas con atención y luchando con todas sus insignificantes fuerzas para que él la soltase y la dejara ir, cosa que obviamente no le permitió.

—Joder, Morgana, ¡quieta! —le ordenó, pero por una vez esta hizo caso omiso a sus palabras, ladrando en protesta cuando intentó detenerla.

Molesto por aquella lucha inútil, Levi se agachó para tomar a su mascota en brazos; sin embargo, nada más vislumbrar su casa, el corazón se le paralizó. Las luces de la primera planta estaban encendidas y un humo claro y ligero salía de la chimenea, indicando que esta se encontraba encendida y alguien se hallaba en el interior de la vivienda.

Morgana, presintiendo ya quien era el que estaba en casa, siguió dando pequeños ladridos para que él la dejase libre; Levi, no obstante, solo apuró el paso y subió de dos en dos la pequeña escalinata de la entrada, notando la respiración pesada, más por ansiedad que por miedo, cuando ingresó el código de apertura de la puerta y la abrió, sintiéndose casi morir en cuanto Eren, totalmente sonriente, lo recibió del otro lado.

—Ya me preguntaba cuando iban a regresar ustedes dos. Incluso estaba pensando en llamarte al móvil para decirte que te dieses prisa, Levi. ¡Llevo más de una hora esperándolos! Hola, pequeña, ¿me has extrañado? —dijo el chico inclinándose para dar un par de cariñosas palmaditas a la cabecilla de Morgana, quien saltaba y gimoteaba loca de alegría al verlo. Tras levantarse, Eren rodeó su cuello con sus brazos, dejando un corto y sonriente beso sobre sus labios—. Bienvenido a casa, cariño. También te he extrañado.

—Tch, que descarado te has vuelto, mocoso. Casi se me sale el puto corazón cuando vi las luces encendidas —protestó, intentando así disimular parte de su vergüenza y lo inmensamente feliz que estaba por tenerlo allí—. ¿Y qué ha pasado con este cambio de planes? ¿No se suponía que Moblit te tenía tapado de trabajo y no podíamos vernos por eso? —le preguntó a su novio al tiempo que entraba a la casa y cerraba la puerta tras ellos.

Liberando a Morgana de su correa mientras él dejaba las bolsas con sus compras sobre una de las grises butacas gemelas de la sala, Eren asintió.

—Que al final he decidido que hoy sí quería pasar San Valentín contigo —admitió con total sinceridad, alzando su brillante mirada de ojos verdeazulados hasta encontrarse con la suya, haciendo su corazón enloquecer—. Entonces, ¿quieres pasar San Valentín conmigo, Levi?

—¿Tengo opción? —inquirió él, alzando interrogativamente una ceja tras quitarse el gris abrigo y colgarlo en la percha de la entrada.

—Probablemente —dijo el chico con una nueva sonrisa juguetona. Volviendo a abrazarlo, Eren rodeó su cintura con ambos brazos y dejó un suave beso sobre su mejilla derecha—. De los dos eres el más fuerte, así que si me sacas a patadas de la casa, podrías librarte de mí con toda facilidad. Pero te perderías la sorpresa.

—Tch, que mocoso más manipulador estás hecho —lo reprendió, pellizcando la piel desnuda de cintura bajo el suéter rojo que este llevaba puesto y viendo como fruncía el ceño a causa del ligero dolor que le causó—. Y bien, ¿cómo piensas sorprenderme?

Eren lo miró con absoluta solemnidad.

—Hice la cena.

—¿Y acaso no la haces siempre que vienes? Eso no es ninguna sorpresa —le dijo él con cierta burla, ante lo que el otro también sonrió.

—Hice lasaña, así que es una buena cena.

Tras pensárselo un momento, viendo la diversión reflejarse en aquel rostro amado, asintió, dándole la razón.

—Sí, es una buena cena. Entonces, ¿alguna sorpresa más?

De inmediato las dramáticas cejas castañas de Eren se alzaron ligeramente y asintió.

—Tengo chocolates caseros que hizo Annie para mí, lo cuales amablemente compartiré contigo; además, haremos pudin de chocolate para el postre.

Morgana, que ya se había cansado de corretear de un lado a otro acarreando sus juguetes, de seguro para dejar claro que había llegado a su hogar, dejó su horrendo ratón de trapo a los pies de ambos y lloriqueó, intentando llamar su atención; Levi, sin embargo, seguía tan impactado por lo que acababa de escuchar de labios del otro que por una vez la ignoró.

—Oi, ¿cómo que haremos, mocoso? ¡¿Se te ha olvidado acaso que cocino como el culo, joder?!

—Por eso voy a supervisarte —explicó Eren con alegría, dejando nuevamente un corto beso sobre su mejilla y ganándose de paso una sulfurada mirada de su parte, la cual le devolvió con una sonrisa—. Lo cierto es que en un principio pensé que sería algo genial el hacer chocolates, así yo te los obsequiaría a ti y tú a mí; pero luego temí que aquello fuera demasiado complicado para tus capacidades y cambié de idea. El pudin lo puede hacer cualquiera.

Honestamente, Levi tenía serias dudas de que hacer aquel condenado postre fuese tan fácil como el chico quería hacerle creer, pero, qué demonios, no deseaba discutir con él.

Eren, que había estado un poco apagado durante los días anteriores, parecía mucho más contento aquella noche, con sus sonrisas fáciles y aquellos ojos verdes que le recordaban a los primeros días de conocerse. Además, Levi debía reconocer que aquel mocoso idiota siempre tenía la capacidad de convencerlo para hacer todas las mil estupideces que nunca antes se había permitido en su vida, ya fuese por considerarlas ridículas o por simple miedo y vergüenza. Eren era un experto a la hora de reírse de sí mismo y sus errores, entonces él, sin poder evitarlo, acababa cayendo también en su juego, cediendo, siempre cediendo; pero acaso, se preguntó, ¿bajar de ese modo la guardia era algo malo?

Realmente, nunca en su vida había sido tan feliz como lo era en esos momentos, estando a su lado y sin que ninguna de sus absurdas preocupaciones ya importasen.

—Te comerás lo que resulte, por muy mierda que sea, ¿me has entendido? —advirtió con seriedad al chico, logrando que este asintiese obedientemente, aunque sus ojos seguían brillando con su habitual diversión cargada de rebeldía.

—Lo que tú digas, Levi. Lo que tú digas.

Y a pesar de saber que Eren solo le estaba tomando el pelo para provocarlo, él no protestó en absoluto cuando aquellas morenas manos acunaron su rostro para besarlo.

Después de todo, se dijo, aquel día era San Valentín. Podían permitirse un poco de dulzura.


Casi dos horas después, tras acabar de cenar y limpiar la cocina, ambos se sentaron en el sofá de la sala, frente a la chimenea para calentarse, y observaron con atención los dos blancos pocillos con pudin de chocolate que acababan de sacar de la nevera y ahora descansaban sobre la mesilla de centro.

Morgana, esperanzada de recibir también una porción, se acercó trotando a olisquear los postres, pero luego de recibir un regaño de su parte para que no los lengüeteara y fuese a enfermar, esta acabó enfadándose con él y corrió a tumbarse en su camita junto a la chimenea, torturando a su fea ratilla de trapo con total ferocidad mientras los miraba con redondos ojillos rencorosos.

A pesar de que el trabajo de ambos había sido prácticamente el mismo, Levi debía reconocer que el pudin de Eren lucía mucho más bonito y apetecible que el suyo. No era que este hubiese quedado mal del todo, porque el color parecía ser el adecuado y se notaba cuajado; sin embargo, él pocillo que él había preparado acabó hundiéndose un poquito en el centro y desparramando parte de su contenido por los lados. Levi solo rogaba porque el jodido postre fuese comestible y no acabara enfermando al mocoso.

Por lo que Eren le contó mientras cocinaban, su decisión de ir a verlo aquel día había surgido repentinamente mientras aún estaba en clases, por lo que debió acudir a su madre para que esta lo ayudase y comprara los ingredientes que iba a necesitar esa tarde. Una vez Moblit lo dejó libre y finalmente pudo salir de la universidad, este había corrido donde sus padres a toda prisa para buscar las cosas, pero cuando llegó a la casa, se encontró con que ni él ni Morgana estaban, por lo que simplemente decidió entrar por su cuenta y comenzar con los preparativos de la cena mientras esperaba por su regreso, aprovechando así de darle una sorpresa.

No obstante, lo que realmente más había sorprendido a Levi, era el hecho de que por primera vez Eren se atreviese a ingresar a la casa sin que él estuviese presente o le diera permiso. Cada vez que cambiaba el código de acceso del panel de seguridad, enviaba un mensaje al chico para informarle sobre la nueva contraseña; sin embargo, este jamás se había atrevido a dar aquel paso, hasta ahora, por lo que no pudo evitar preguntarse qué habría gatillado aquel cambio de actitud en Eren. Aun así, se alegraba enormemente de que hubiese sucedido.

—Bueno, supongo que ha llegado el momento —le dijo su novio mirándolo a los ojos con total seriedad. Tomando la porción de pudin que había hecho, la tendió hacia él con toda solemnidad—. Para ti, Levi. Muy feliz San Valentín.

—Gracias —masculló él apenas en respuesta, sintiéndose repentinamente nervioso a pesar de saber que era una completa idiotez. Una vez recibió el postre de manos de este, lo dejó nuevamente en la mesilla para tomar el que él mismo había hecho, entregándoselo a su novio a continuación—. Para ti, mocoso. Feliz San Valentín.

Soltando una ricilla abochornada, Eren tomó el pocillo de sus manos y se inclinó para dejar un ligero beso sobre sus labios.

—Gracias también, Levi. Estoy muy contento. —Mirando con ojo crítico el pudin, asintió complacido en su dirección—. No ha quedado tan mal después de todo, ¿verdad?

—Solo esperemos que al menos pueda comerse —dijo él, tomando la cucharilla para meterla en su propio postre y sacar un bocado, llevándoselo a la boca.

Expectante, Eren lo miró lleno de atención.

—¿Y?

—Bueno —lo alabó él, estirando una mano y tirando juguetonamente de uno de los rebeldes mechones de cabello castaño que caían sobre su frente—. En verdad muy hábil, Jaeger.

—Me alegro. —Llevando entonces su propia cucharilla a la boca, el chico probó el pudin que Levi había hecho, adoptando una expresión neutra que le hizo temerse lo peor.

—Oi, ¿qué significa ese silencio? —lo apremió él, dando una ligera patada a su pierna para que reaccionara—. Di alguna cosa, joder.

Los ojos de Eren, verdes como el bosque a la luz artificial del fuego y las lámparas, lo contemplaron asombrados.

—Que te quedó muy bien, Levi. Luce horrible, pero de verdad está muy bueno. ¡Felicitaciones!

Él volvió a patearlo en el mismo lugar de antes, logrando que este soltara un pequeño gemidito de dolor.

—Entonces no lo hagas sonar como si fuese un puto milagro, mocoso idiota. ¿No eras tú el que decía que cualquiera podía hacer un pudin y que incluso se lo comería aunque estuviese horrible?

—¡Y lo hubiese hecho! —le dijo Eren, abrazándolo una vez más—. Te amo lo suficiente para aguantar cualquier tipo de tortura.

Levi chasqueo la lengua reprobatoriamente.

—Que gracioso andas hoy, Jaeger. Y pegajoso en extremo.

—Hoy es San Valentín, así que podemos permitírnoslo.

A pesar de sus protestas, él sí se lo permitió, dejando que el chico una vez más se saliese con la suya, como ya parecía ser su costumbre.

Tras acabar de comerse el pudin, ambos comenzaron nuevamente con el armado del maldito puzle de Annie. Mientras platicaban de cómo le había ido a Eren en su reunión con Moblit y lo que este había dicho de sus fotografías para la muestra, Morgana, que ya los había perdonado, les llevaba todos sus juguetes, contenta cuando recibía mimos y felicitaciones por parte de ellos.

Aburrido de ver que sus esfuerzos eran infructuosos, Levi dejó las piezas a un lado y se dedicó a tirarle la pelota de goma a la cachorra, quien iba a buscarla contenta cada vez para llevársela de vuelta; sin embargo, al darse cuenta de que Morgana no parecía entender todavía que no era necesario babearla entera para dejar clara sus intenciones de juego, el asco lo hizo desistir.

—¿Crees que vamos a terminar esta pesadilla algún día? —le preguntó al chico, volviendo a tomar asiento en el sofá tras ir a lavarse las manos. Llevaban ya más o menos la mitad del puzle armado, y las florecillas que antes solo eran manchas coloridas, ahora comenzaban a apreciarse como frondosos racimos.

—Antes de lo que imaginas —le aseguró Eren con una sonrisa—. ¿Quieres que lo enmarquemos una vez esté acabado? Luego podríamos comprar otro para armarlo.

Él bufó con cierta burla al oír su sugerencia.

—Joder, mocoso, ¿es que no has tenido ya bastante? ¿Ahora vamos a comenzar a enmarcar puzles?

—¿Por qué no? —preguntó Eren, encogiéndose de hombros—. A mí me gustan.

Sencillo y simple se dijo Levi. A Eren le gustaba y se lo dejaba saber, esperando que aquel motivo fuese suficiente para que él lo respetase, y lo hacía, del mismo modo que chico bebía té y escuchaba sus pláticas interminables sobre los libros que había leído, o se pasaban horas paseando fuera para que este pudiese fotografiar a su antojo.

Si era honesto consigo mismo, Levi debía reconocer que se había interesado más por las cosas que a Eren le importaban en el poco tiempo que se conocían, de las que lo hizo con Farlan en la enorme cantidad de años que pasaron juntos, y no porque no hubiese amor de por medio, sino que debido a su enorme egoísmo.

Los años y el dolor que la pérdida de este le causó, lo obligaron a madurar de golpe, y una de las lecciones que había aprendido, era de que el tiempo que pasabas junto a quienes querías nunca era suficiente, que si en algún momento la vida decidía que alguno de ambos debía partir, siempre te sentías en deuda, lleno de amor sin entregar y palabras sin decir, y ya no deseaba experimentar eso nunca más.

Por eso mismo, oía atentamente, contemplaba atentamente, cada una de las palabra y cosas que Eren deseaba transmitirle. Quería grabarlo en su retina de manera eterna, para que el tiempo se congelase y aquello fuera para siempre.

—Entonces, que así sea. Enmarquémoslo y luego compremos un montón de jodidos puzles para armar —accedió Levi con calculada resignación, sintiéndose lleno de una cálida emoción al contemplar como el chico sonreía de medio lado al escucharlo—. Oi, Eren —llamó una vez más, ante lo que este se volvió para verlo.

—¿Sí?

—Te amo —le dijo con una rotundidad que incluso lo sorprendió a él mismo—. Aparte de mi madre, eres la persona a la que más he amado en mi vida.

Los ojos del chico, enormes tras oírlo, se llenaron de una emoción desconocida, al mismo tiempo que su rostro moreno enrojeció hasta lo imposible.

Poniéndose de pie, Levi posó una mano sobre su cabeza y la acarició durante unos segundos antes de dirigirse a buscar una de las bolsas que había dejado en la butaca más cercana a la puerta. Armándose de valor, volvió sobre sus pasos y se la entregó a Eren, quien lo miró desconcertado.

—¿Levi?

—Para ti. Feliz San Valentín, mocoso.

Antes de ver siquiera lo que aquel presente era, Eren comenzó a llorar; aun así, abrió la bolsa de papel con cuidado extremo, extrayendo de esta el pequeño macetero de vidrio transparente donde una alta y verde vara, cubierta de blancas orquídeas, se elevaba con delicado orgullo. A pesar de seguir permitiendo que las lágrimas cayesen libremente de sus ojos, el chico rozó con sus dedos una de las pequeñas flores, la cual tembló con ligereza antes de regresar a su posición original.

—Siempre he creído que las orquídeas son como las mariposas: hermosas, delicadas y efímeras, como si estuviesen hechas de sueños —le dijo este con voz sutilmente temblorosa—. Al verlas así, pareciese que en cualquier minuto podrían echar a volar.

—No lo harán —le dijo él, dejando un suave beso sobre su morena frente—. Mientras las cuides, van a durar —le dijo, repitiendo lo que Frieda había dicho para él—. Te amo, Eren, y lo que deseo decirte con este obsequio, es que es un «para siempre». Pase lo que pase, decidas lo que decidas, es eterno. Lo que siento por ti no va a cambiar; incluso, si en algún momento decides que ya no quieres estar conmigo, lo que siento por ti no va a cambiar, eso puedo prometértelo. Nunca podré volver a amar a nadie como te amo a ti.

La respuesta de Eren fue apoyar la cabeza sobre su hombro, momento que Levi aprovechó para abrazarlo y apegarlo contra su pecho. Lo oyó sollozar, lo oyó reír bajito, y cuando este finalmente decidió mirarlo una vez más, a pesar de que sus verdes ojos estaban enrojecidos y su nariz ligeramente colorada, él no pudo más que pensar que era perfecto.

—Yo… no tengo nada para ti —masculló Eren un poco avergonzado—. Aparte de la cena, no he tenido tiempo de prepararte otro regalo.

—Estás aquí, ¿no? —le preguntó Levi con seriedad—. Eso es más que suficiente.

Y cuando volvieron a besarse, él supo con absoluta certeza de que así era: tener a Eren a su lado, era mucho, mucho más que suficiente. Su amor por este era, simplemente eterno.

Sin que ninguno de ellos se lo propusiese, aquel había resultado ser un muy dulce San Valentín.


Lo primero, como siempre, es agradecer a todos quienes hayan llegado hasta aquí. Espero de corazón que el capítulo fuese de su agrado y valiera la pena el tiempo invertido en él.

Lo siguiente, es pedir una disculpa por el pequeño retraso. Este capítulo debería haberse publicado ayer, pero llevo unos días enferma con otitis, lo que aparte de las molestias, me tiene la cabeza un poco embotada, así que mi concentración no ha sido la mejor a la hora de corregir, volviendo todo muy cuesta arriba. Además, el capítulo ha sido muy largo, más de diez mil palabras, así que mi pobre beta ha tenido que trabajar como pocas veces, arreglando mis desastres creados por la enfermedad.

Aun así, espero que este capítulo les gustase. En esta oportunidad no ha habido nada de dramas, solo tocando dulzura y amor, mucho amor en distintas formas y variedades: de amigos, de madre, de familia y, claro, de pareja. No hay nada más bonito en esta vida que amar a otras personas y sentir que el sentimiento es recíproco. El corazón es enorme y puede abarcar una enorme cantidad de cariño.

Además, tenía muchas ganas de escribir este capítulo ya que tiene una relación directa con el capítulo diez y once de la historia, donde Eren obsequia flores a Levi y por primera vez su relación cambia, pasando de la amistad a algo más. Esta vez fue Levi obsequiando flores a Eren, y lo que viene a partir de este punto, es otro cambio importante para ellos.

Y hablando de flores, una vez más volvemos a tener a estas como protagonistas en esta entrega. Tres obsequios diferentes, y tres significados diferentes.

La primera a la que se hace referencia, es a las paniculatas que Eren obsequió antes a Levi. Estas, tal como dice Frieda, son unas flores que hablan de dulzura y un amor muy puro, sencillo y naciente. Es una flor de inicio, por lo cual suele utilizarse mucho en los ramos de novia.

El segundo obsequio, es el que Frieda prepara para Historia e Ymir. En él, las dalias rojas representan el que «amaras a alguien por siempre», de manera incondicional, y por ello es una flor casi perfecta para obsequiar a un miembro de tu familia. Por otro lado, las astromelias en sí mismas significan una enorme devoción y afecto por alguien a quien se estima, mientras que las amarillas auguran prosperidad y éxito, y las naranjas son felicidad y alegría; así que al obsequiárselas a alguien le estás deseando mucha felicidad y fortuna en su vida.

Y por último, el obsequio de Levi para Eren.

Lo cierto es que las orquídeas, aparte de ser una de las flores más bonitas que existen, son una flor curiosa. Pueden tener tanto una vida muy corta como una muy larga, dependiendo del cuidado que se les dé. Sus flores resisten bien, y pueden florecer más de una vez al año, siempre con los cuidados necesarios. Además, en este caso, el significado que tiene la orquídea blanca, específicamente, es muy especial, ya que habla de «eternidad». Es una flor para darle a alguien que amas y admiras inmensamente, y por quien tus sentimientos permanecerán inmutables durante toda la vida.

Así que espero que las elecciones les parecieran correctas y les gustasen. Me encanta el lenguaje de las flores, lo mucho que se puede decir y transmitir sin necesidad de utilizar ni una sola palabra. Es algo muy bello y me alegra poder haberlo vuelto a utilizar por aquí.

Otro de mis datos raros que me gustaría compartir hoy, es sobre la casa de Levi en la historia.

Lo cierto es que yo para escribir ocupo muchas referencias de lugares, fotografías, información, etc. Cada lugar que describo, tiene una base real donde voy incorporando mis propias ideas para armar mis fichas de datos; así que el otro día, cuando una lectora me consultó si realmente la casa de Levi existía en alguna parte, me cuestioné si quizá alguien más tendría aquella duda.

La verdad es que la casa sí existe, y es una cabaña de playa remodelada con dos estilos muy diferentes: la Casa Dorman, en Victoria, Australia. Mucho del interior y el exterior de la casa, es lo que se describe dentro de mi historia. No es una copia exacta, ya que hay muchas agregadas y otras quitadas para que pudiese adaptarse a lo que yo deseaba, pero creo que si se dan la oportunidad de buscar las imágenes de esta y compararlas con lo descrito aquí, podrán ver las similitudes. Sé que este es un dato algo bobo y sin importancia, pero creí que quizá a alguien más le podría interesar.

Lo otro, aviso que he creado una cuenta de respaldo en Wattpad, la cual está en mi perfil y es la siguiente: Tessi-chan. Si una historia desaparece de la cuenta principal, se subirá a la de respaldo. Si la cuenta primicial es borrada, seguiré subiendo en la otra. Si una historia desaparece de la de respaldo o la cuenta es borrada, lo sentiré mucho por los lectores de Wattpad, pero no habrá una tercera vez, por eso les vuelvo a recordar que tengo cuentas en otras plataformas por si llegase a ocurrir algo así, aunque esperemos que no.

Para quienes siguen el resto de mis historias, aviso que a pesar de que esta semana seguiré con el fandom de SnK, será con algo nuevo; sin embargo, ya la siguiente actualización retomaremos con In Focus una vez más.

Nuevamente muchas gracias a todos quienes leen, comentan, envian mp´s, votan y añaden a sus listas, favoritos, marcadores y alertas, siempre son la llamita que mantiene encendida la hoguera.

Un abrazo a la distancia y mis mejores deseos para ustedes en estos tiempos complicados.

Tessa.


levidarkangel: Como siempre, muchas gracias por seguir pendiente de la historia. Me alegra enormemente que el capítulo anterior te gustara, a pesar de que mucho en él seguía siendo un poco triste; pero, como bien dices, la principal idea era que fuese esperanzador sobre lo que vendrá para Eren y Levi luego de todo lo que han tenido que vivir.

Otra cosa que me alegra, es que la cita del inicio fuese de tu agrado. Para mí siempre tanto estas como el título del capítulo tienen una enorme importancia, porque marcarán completamente el ritmo que tendrá el capítulo y lo que deseo trasmitir, así que es bueno saber que eso pudo llegarte a medida que leías.

Por otro lado, y haciendo un poco de referencia a lo que señalas sobre que Eren preparó chocolate a Levi cuando estaba triste y luego este hizo algo parecido con él en la misma situación, es porque amo estos detalles de similitudes, y me sorprende que lo notaras, porque pensé que había pasado muy desapercibido, jaja. La vida está llena de detalles pequeños que valoramos, a veces sin que nadie más los sepa, pero cuando aparece alguien que descubre esos detalles y nos colma de ellos, es simplemente maravilloso, porque sabemos que importamos. Esa es un poco la idea con esto, dejar ver lo muy importantes que Levi y Eren son para el otro, y me alegra que te gustase ese detalle como para notarlo.

Y respecto al avance de estos dos muchachos, la verdad es que tanto Levi como Eren ya han dado un paso muy importante, y es el dejar conocer al otro lo peor de sus vidas. Como bien han señalado, los dos tienen un montón de daño encima, pero al mismo tiempo sienten que este los ayudó a conocerse, por lo que a pesar del dolor, se sienten agradecidos. Eren está avanzando porque tiene a Levi a su lado, y poco a poco las mil cosas que lo complican van a ir mejorando, si bien no en su totalidad, sí lo suficiente para que su dolor sea menor.

Muchas gracias por seguir el pendiente de la historia, de verdad espero que este nuevo capítulo también te gustase y lo disfrutaras. Daré los agradecimientos a mi beta de tu parte, ya que esta vez realmente este capítulo no habría salido tan rápido sin ella, que trabajó muchísimo para corregir mis horribles errores. Es mi ángel.

Un abrazo y mis mejores deseos para ti y los tuyos en estos tiempos complicados.