El viento.
Paz, una sensación de tranquilidad anti natural de aquel lugar fue lo que se sintió mientras que todos veían al cielo.
El lugar, la calma, todo, todo aquello mientras que se ponía de un tono rojo progresivamente.
El viento sopló, aquel paisaje que siempre fue adornado con la gracia de la luz y la paz, ahora estaba turbio, con un rojo que bañaba todo, las flores volando por todos lados mientras que los presentes solo podían ver aquello con sorpresa.
Forzar un límite, forzarlo todo, darlo todo, aquello no era parte de la orden de Rias, pero, cuando Issei reconoció a su enemigo, lo supo, que a menos que no lo diera todo, no iba a ser posible hacer nada.
Ddraig estaba en silencio ¿Qué podía decir? El coro de los malditos sonó mientras que Issei se perdió en su mente, no había ningún rastro de lo que una vez fue el castaño.
No, ahora, era uno, uno con el poder de su sacred gear, el punto culmine de su poder, el juggernuat drive, en la mente de todos, no hubo pensamientos de más, esta no era una transformación normal.
Vali lo vio desde la distancia, como aquel castaño, su rival, en aquel modo, no había vuelta atrás, normalmente el quemar la proporción de tu vida, era conforme pasaba el tiempo ¿Era por la activación aún más forzada de lo normal? No, miedo.
El miedo del propio Ddraig, fue lo que hizo que se impulsase más aquella armadura.
El viento chirrió mientras que la tierra se fragmento el cielo se puso rojo mientras que aquella armadura se alzaba.
Las lágrimas cayeron de la cara de Issei mientras que apretó sus dientes, arrugó su rostro mientras que apenas, con casi un inaudible susurro.
Pedía vivir…
El carmesí resplandeció mientras que Rias vio a Issei, aquella transformación, no fue lo que tuvo en mente cuando dio aquella orden.
― Entonces, comenzó ―la voz de Issei fue neutra mientras que bajó su cabeza.
El grito de cientos de voces en agonía, resonaron juntas mientras que las esferas verdes se alzaron alrededor de Issei.
― Como siempre ―fue una voz que no pertenecía a nadie, aquella respuesta.
― Como debe ser ―otra voz muerta habló mientras que Issei se quedó quieto.
― ¿Issei-kun? ―fue una pregunta, una pregunta que salió de la boca de Rias mientras que vio aquello, fue el punto clímax de todo lo que sintió hasta ahora.
Los ojos de Naruto se entrecerraron mientras que vio la carne de Issei pasar a ser roja, convertirse y transformarse.
El cuerpo del mismo Issei, no estaba bajo la armadura. No.
Era carne.
― Soy el dragón que robo el principio de la dominación de Dios ―cantó, fue un cantó de parte de Issei, el coro de los cientos de voces en pena que estaban alrededor.
― Siempre ha sido así ―una nueva voz habló.
― ¿Qué es esto? ―Naruto preguntó mientras que vio el cuerpo de Issei crecer, cada vez más…
― Si, siempre ha sido así ―contestando otra voz habló mientras que la carne dio un salpicón de sangre.
Las flores bajo Issei se tiñeron de rojo mientras que el sonido de hueso romperse lleno el lugar, fue casi un acompañamiento para el coro.
― Mi rio del infinito y me compadezco del sueño ―aquella frase, en si no tenía sentido para nadie, pero para Vali, fue el peso que entendía aquella línea. Por lo cual, al escuchar aquel recitar de Issei, quería luchar contra él, pero ¿Por qué se sentía tan distinto de como siempre era?
― Me convertiré en el dragón rojo de la dominación ―un soberano, la voz de Issei fue la de un superior. Naruto entrecerró los ojos, algo no iba bien con la energía vital de Issei.
― Siempre el poder…siempre el amor ―una pareja, aquellos fueron los que contestaron.
― No importa cuando, siempre, siempre escogen el camino de la ruina ―fue la voz de alguien en furia, ira, cólera.
― Te hundiré a las profundidades del purgatorio carmesí…―fue una voz apagada, sin emoción. ― Juggernuat drive…―terminando el cantó el coro hizo su ultimo verso mientras que la tierra tembló. Los ojos de Naruto se llenaron de lágrimas.
¿Tanto había consumido aquel estado al joven?
― Entonces… ¿Ya no hay vuelta atrás? ―la pregunta de Naruto fue con culpa, culpa de su curiosidad de no haber intervenido para evitar la transformación de Issei.
Sirzech solo pudo ver al peón de su hermana, esto estaba fuera de su comprensión, aquel humano que hasta hace poco fue nada menos que alguien normal, por no decir inferior a la media, ahora estaba parado a su lado mientras que el humo salía de su boca.
Aquella armadura dio un paso mientras que cadenas ataron el cuerpo de Issei, aquellas cadenas poco a poco se mecieron y llegaron a las muñecas y el cuello de Issei.
En el cuello se formó un enorme collar de metal mientras que en las muñecas esposas robustas, aquello fue al instante en que giró su vista hacia Rias.
Issei quería estar fuera de aquella orden, pero ¿Qué importaba ahora?
Un rugir resonó mientras que todos taparon sus oídos, los únicos que no se movieron fueron los líderes y Naruto, el viento sopló con fuerza absurda mientras que poco a poco, cuando se detenía, el humo salió de la boca de Issei.
Naruto abrió sus ojos mientras que levantaba su brazo y detenía el golpe de Issei, el sonido del aumento grito mientras que la luz verde, dentro de los cristales de la armadura se encendieron. Naruto retrocedió mientras que sus ojos se abrían.
Aquella fuerza, sí que fue de monstruo.
El sonido de los aumentos no se detuvo en ningún momento, la velocidad no fue posible de seguir para nadie.
Naruto quería sonreír, disfrutar de la pelea, pero ¿Cómo hacerlo de alguien que fue obligado a perderse?
Saltando hacia atrás, Naruto se puso en guardia mientras que se prendió en chakra ¿Estaba realmente siendo forzado?
Los golpes sucesivos vinieron mientras que Naruto e Issei intercambiaron golpes.
Rias se quedó con la boca abierta mientras que vio aquello, la fuerza absurda que emanaba aquella pelea, aquella lucha que no era entre dos dioses, no, aquello, era entre dos seres que estaban sobre la escala de lo racional.
― ¿Más fuerte que Ophis? ―la voz de Vali llegó a los oídos de Rias mientras que giró su cuello hacia arriba mientras que vio a Vali volando sobre ella, el hombre de pelo blanco estaba con una mirada desconcertada. ― No ¿Qué es ese poder Issei-kun? ―la voz de Vali fue calmada, pero a la vez con un tinte de desconcierto. ― No, esta pelea…está a la par que ese sujeto…―Vali bajó su cabeza mientras que llevó una mano tapándose el rostro.
No creía que Issei sobreviviera ante aquella pelea, Vali lo sabía el requisito que tenía aquel estado, bueno, Issei lo tiró todo, todo lo que tenía para igualar lo inigualable.
Esta pelea era entre dos malditos grandes rojos…
La boca de Serafall no se cerró desde que Issei cambió, no, aquello fue el comienzo mientras que sintió la presión, ante cada golpe cada carga, cada envestida, el poder era evidente.
No estaba en su liga, no estaba en esa maldita liga, pero su hermana…
Su hermana debía estar allí.
Un subido de presión de parte de Serafall llegó mientras gritó, forzando su cuerpo a tomar tanto poder que pudo de su cuerpo, aquel estado que estaba forzando, no era lo que llamase un aumento, ella iba a darlo todo, y luego forzaría a Michael a darle a su hermana de vuelta. Por suerte, mientras que Issei estaba peleando con el rubio, ganó tiempo.
Podía concentrarse, y forzar todo su ser, iba a mostrar lo que podía hacer la mujer que fue llamada la era del hielo en vida.
Naruto se agachó mientras que dio un golpe al pecho de la armadura, el sonido resonó con fuerza mientras que el suelo debajo y detrás de Issei se rompió, pero la armadura no se movió, alzando una ceja, Naruto vio como el puño de Issei venía a su cara.
Se agachó mientras golpeó a la armadura en la parte inferior de la mandíbula, Issei voló hacia arriba por el impacto mientras que siguió el recorrido en línea recta como un cohete.
Naruto alzó ambas manos mientras que dos esferas color oro llegaron, aquel rasengan, infundido, no era lo que normalmente usaría, no, pero.
¿Podía hacer otra cosa?
Sus ojos, Naruto lo vio, la vida útil de Issei, caer a lo más profundo ¿Debía matarlo de una vez o seguir como ahora?
Naruto tembló un momento mientras que vio el rasengan en su mano, no era bueno, no quería hacerlo, no, no quería herir a un inocente.
La furia creció en Naruto mientras que vio a Rias.
Longinus smaher.
Fue una línea recta, ante la vista de todos, un láser, el cielo se fundió en un estado verde, no, el mismo cielo en la parte de arriba se abrió mientras que aquella fuerza pasó.
Naruto miró su lado derecho.
Su brazo…
Una fuerte cortina de humo cubrió todo mientras que el mundo se quedó quieto, no había luz, un blanco y negro llegó mientras que todo se quedó quieto.
Una risa fuerte comenzó mientras que Serafall caminó lentamente hasta donde estaba el rubio, la sangre caía de su nariz mientras que alzó su mano, cuatro lanzas se crearon enfrente suyo mientras que se ponían en posición.
Fue un lanzamiento simple. Las cuatro lanzas cayeron en el pecho del rubio.
El tono de pelo de Serafall iba cayendo, el blanco llegaba mientras que la sangre ahora caía de su nariz y de sus oídos, por lo cual al momento en que estaba frente al hombre, cayó de rodillas mientras que todo pasó a ser de nuevo del color correspondiente.
El dolor llegó mientras que empezó a vomitar sangre.
Era momento, todo volvió mientras que el rubio sintió algo dentro de su pecho, las lanzas estaban en su pecho mientras que el hielo creció al instante.
No vio eso, a pesar de sus reflejos.
― Interesante ―la sonrisa de Naruto creció mientras que empezaba a sentir el hielo en su ser, era tiempo.
Realmente era divertido, pensar en las habilidades trascendidas de las personas que estaban en este lugar. Un dios, no, algo normal, algo menos, pero ¿A qué costo?
El hielo subió por completo en el cuerpo del rubio mientras que la sonrisa del hombre nunca salió, fue al momento en que el hielo llegó hasta el punto en que cubrió al hombre hasta la parte superior de su rostro que empezó a caer, poco a poco, por la altura empezó a descender, primero lento luego rápido, luego de una manera en la cual no podía detenerse, no cuando no estaba con ninguna señal de vida.
Al caer al suelo, aquella ahora escultura de hielo, se rompió y cayó en pedazos mientras que los fragmentos se dispersaban en el suelo, quedando nada más que tierra y se mezcló con las flores y la tierra.
La risa de Serafall llegó mientras que gritaba, tomándose los de los hombros, abrazándose a sí misma, mientras que el hielo que sujetaba su brazo se disolvió, la sangre caía sin parar de su nariz y sus oídos, casi como si fuese a derramar hasta la última gota de su ser.
Detrás de Serafall el hielo planto cara a cientos de metros, miles de metros, no, kilómetros, millas, todo mientras que la mujer caía de rodillas.
Los ojos de Serafall estaban volteados hacia atrás, este nivel de habilidad, aquello que hizo, explotando hasta el último de su ser para poder hacer que aquel sujeto, caiga, cuando se trataba de monstruos, era mejor hacerse uno.
― Me sorprendiste ―Serafall abrió sus ojos mientras que apretó los dientes, las venas de sus ojos se hincharon mientras que el rojo adornó sus ojos.
Un grito de guerra llegó de Serafall al momento de ver al rubio con los brazos cruzados, en su estado inicial, aquel hombre rubio, la miraba como si no fuera nada más.
Que un insecto.
― ¿Buscabas hacer que termine como tu hermana? ―la pregunta de Naruto hizo que Serafall perdiera todo lo que tenía de resistencia en su cabeza mientras que alzaba su mano y golpeaba el pecho del rubio, no, no había fuerza, no había hielo, no había poder mágico, no había nada más que un débil golpe que no era nada más que humano.
Cayendo de rodillas Serafall aun con la mano en el pecho del rubio, ella vomitó sangre mientras que miraba al suelo.
― Siempre es lo mismo, buscan forzar su cuerpo hasta el último en cuanto a magia o cualquier cosa que piensan, pero, fuera de ese poder ¿Qué son? ―alzando a Serafall tomándola por el cabello, el rubio la puso a la altura de su cara.
Issei no se movió, no había movimiento de nada, era como si la armadura hubiera muerto, pero, el poder mágico solo seguía en aumento.
― Nunca entrenaste tu cuerpo ¿Verdad? Naciste como lo supremo, por lo cual, no entiendes nada ¿Me equivoco? ―Serafall escupió en la cara del rubio mientras que este solo lo miraba con molestia. ― Kurama, es hora ―la voz del rubio fue tranquila, soltando a la mujer camino lejos.
Todo se quedaron viendo como el rubio caminó con cuidado entre las flores que volvían a florecer en donde pasaba.
Cinco copias enormes de la forma del zorro aparecieron, todas ellas con las colas en alto absurdamente infladas.
― ¿Creen que pueden defenderse? No lo entienden, aquella persona, siempre habló del dolor, entonces, es momento, momento de educarlos ―Sirzech caminó hasta el lado de Rias mientras que escuchaba las palabras del rubio.
No quería decir nada, no quería moverse del lado de su hermana, por lo cual, no se movió en ningún momento cuando Serafall peleó ¿Pudo haber ganado? No lo sabría, pero algo le decía, le gritaba, que era tarde, pero ¿Para qué?
Los cinco clones enormes del zorro desaparecieron, esta vez, fue distinto, muy distinto que antes, cuando el rubio se transformó por primera vez pudo sentir a penas el poder, a pesar de su baja lectura de chakra, pero ahora.
Un sonido de algo cayendo se escuchó mientras que Rias y Akeno caían al suelo temblando.
― Hermano ¿Qué pasa? ―la voz de Rias temblaba, era miedo, miedo en su máximo esplendor.
La forma del rubio, el chakra que entró en el cuerpo del rubio, hizo que todo alrededor del sujeto se pusiera negro y blanco. Fue algo más que primordial.
Vali vio aquello desde el cielo aun con duda, aún más que antes, miedo, miedo.
Miedo, miedo, miedo.
Horror, horror.
Correr.
Los instintos le gritaban.
La masa de chakra color oro se deformó como si fuera goma, saltando y contrayéndose, fue el punto en que todos vieron a un zorro que no tenía fin, solo para que poco a poco, se redujera, volviéndose más, y más pequeño, hasta el punto en que solo era una pequeña figura.
La tierra, el aire caliente, el sol en alto, fue tranquilo.
― ¡Mami! ―una voz infantil resonó mientras que se vio a una niña correr hasta una mujer que le sonría con los brazos abiertos esperando que llegara a su posición.
Llegando hasta la madre, la niña de la nada sintió un escalofrío, las aves empezaron a volar mientras que el viento sopló con fuerza.
El aire se enfrió.
Fue raro, la madre abrazó con fuerza a su hija mientras que cerró los ojos por el viento.
― ¡Ven aquí! ―la voz de uno de los locales cercanos resonó mientras que algunas gallinas corrían como locas por todos lados, los pájaros gritaron mientras que la cada vez más la temperatura bajaba.
¿Qué pasaba?
Siente trompetas en fila.
Venía aquello, el reinicio, el juicio, la caída.
Las flores se movieron por todos lados mientras que la luz moría, dejando por primera vez en su existencia, al paraíso en un color oscuro.
Era el nacimiento de algo. Algo burdo, algo que no debía existir, pero de igual manera se sostenía.
El viento en el lugar llegó mientras que todos vieron a aquella cúpula de masa dorada abrirse, a diferencia del exterior, el interior era rojo vivo, una mano salía de aquel lugar mientras que después el resto del cuerpo se movió.
Rias no lo soportó, vomitó mientras usaba sus manos para estar de rodillas.
Akeno sintió que todo su cuerpo se quedó quieto, sin poder moverse.
Sirzech, solo pudo quedarse plantado en su lugar.
Los pasos de la persona fuera de la masa de chakra fueron dados mientras que salía el mismo rubio, a diferencia de su estado brillante de antes, su piel solo se puso pálida, los cuernos de chakra eran más tangibles, aquello mientras que una túnica negra con blanco bailaba en su espalda.
La cara del rubio se deformó unos momentos al igual que su cuerpo, solo para podo después regularse y ponerse en orden.
― Es curioso, es la primera vez que pongo tanto chakra en mi cuerpo, siempre entrené para soportar más y más dado que no podía entrenar de verdad, me sorprendo de la cantidad que uno puede almacenar ―Serafall se quedó quieta a los pies del rubio, la boca de la mujer abierta, mientras que un chillido resonó al momento en que el hombre caminó hacia ella.
Retrocediendo como un animal pequeño, Serafall intentó salir mientras que se tropezó y cayó de cara al suelo.
― ¿Lo sientes? ―la voz del rubio fue en paz mientras que extendió su mano.
Una esfera negra salió mientras que las otras se formaron en su espalda, aquella que estaba en su mano, se extendió mientras que tomó forma de bastón, a diferencia del anterior, que era nada más que una vara en el mejor de los casos, ahora era uno que era en su totalidad detallado.
Esto ya no era una liga de la cual uno podía comprender.
¿Gran rojo? Aquello era un chiste mal contado ahora.
Una esfera color negro se formó enfrente del rubio mientras que tomó forma.
Una bijudama.
― Es más pequeña de lo que pensé ―la voz del rubio sonó demasiado tranquila, demasiado calmada, moviendo su dedo frente a la bola. Sirzech solo vio como el mundo perdió color mientras que aquella energía se lanzó en línea recta.
Fue injusto, casi por decirlo. Como el agujero en el paraíso se formó, rompiendo la pared que separaba a los otros niveles del cielo.
― Cierto…el escenario no es adecuado ahora ―el rubio recitó mientras que la energía negra paraba.
Rias con lágrimas en los ojos lo vio, el agujero a su lado, no había fin, no había comienzo.
Era una maldita brecha en la realidad.
Naruto caminó hasta adelante mientras que se acercó a donde estaba Serafall, la cual puso sus manos en el suelo y hundió sus uñas mientras que fue jalada de la pierna.
Miedo, pánico, horror.
Aquellas emociones que superaban a la ira.
― Lo siento ―su hermana, una disculpa a ella, por no poder estar alta como ella siempre la vio, el hielo alrededor de la mujer cayó por completo mientras que las lágrimas no dejaban de salir.
Naruto sintió pena, pena por aquella mujer ¿Su hermana era su mundo tanto que se disculpó así?
― Redención ―poniendo las manos en el cuello de la mujer, un sello apareció en el cuerpo de Serafall mientras que gritaba, el grito siguió, no fue un simple grito ahogado, fue uno el cual gritaba y gritaba apenas tuviera aire en sus pulmones.
Llorar, los ojos del rubio derramaron lágrimas, lágrimas de pena, de miedo de lo que hacía, pero ¿Qué más? ¿Qué más querían que él haga?
El grito de Serafall se detuvo mientras que Naruto dejó que la mujer caiga con los ojos en blanco.
Sirzech vio como aquella mujer que siempre estuvo apoyándolo, jugando con él en algunos casos, caía al suelo como un muñeco de trapo.
¿Qué era esta situación?
El hombre de cabello rojo vio como todo pasaba sus ojos, pero ¿Por qué no se movió?
― Tu hermana debe ser preciada también para ti ―la voz del rubio hizo que el hombre abriera los ojos mientras que giraba su cuello y veía al hombre a su lado. ― Por cierto, no te preocupes, Serafall sigue viva, pero nunca va a ser ella otra vez ―la voz del rubio fue calmada.
Eso hasta que un dragón, tres veces más grande que la armadura anterior de Issei apareciera en un zumbido mientras que golpeaba el cuerpo del rubio y lo mandaba a volar.
― Rias Gremory, te maldigo, a ustedes los demonios, los maldigo por toda mi eternidad ―la voz de Ddraig resonó mientras que la armadura se movía y bajaba los brazos.
No hubo una voz baja como antes, una voz superpuesta como en un comienzo, no ahora, ahora era otra cosa.
Extendiendo sus alas el dragón dejó que todos sintieran su poder.
El poder del llamado emperador rojo.
El poder que ni el mismo Ddraig tuvo en vida.
Y que Issei no podría gozar en esta.
― ¿El emperador rojo? ―la voz de Sirzech comenzó algo sorprendida.
Akeno vio aquello con los ojos abiertos.
― Tú…volviste…―la voz de Albión dentro del guantelete de Vali resonó mientras que todos vieron al dragón rojo.
― Mi compañero…esa orden que le dio su maestra, tenía que superar a ese sujeto de allí, vaya, eres más fuerte que gran rojo, pero…―la voz de Ddraig fue cortada por un grito de su parte mientras que el tamaño del dragón se redujo a nada más que el de un hombre adulto.
Un hombre en armadura color rojo y joyas apareció mientras que un cabello rojo largo fue liberado.
Alzando el hombre su puño, dejo a la vista ojos verdes intensos con una rejilla.
― Mi poder, era el de duplicar, eso hasta el infinito, ahora, este cuerpo, quizá fuese algo raro, pero bueno, soy la evolución encarnada, pero a pesar de todo… ―Ahora fue visible el rostro completo del hombre.
Una versión adulta de Issei.
― Ha pesar de todo…esa última orden de Rias Gremory, no puedo desobedecerla, tu, sabio ―Ddraig dijo aquello mientras que la boca de Rias se abría. ― Mátame ―terminando aquello el hombre tomó una posición de ataque.
Naruto lo vio, no era el mismo, realmente en su momento, pesó que fue exagerado el tema de llevar su cuerpo al límite, pero bueno, no fue el único que lo hizo.
― ¡Esto no es una pelea como la que has tenido antes sabio! ―la voz de Ddraig habló mientras que saltó. Para todos, no huno movimientos de ninguno de los dos, a duras penas se podía ver algo.
― ¡Soy el que roba el dominio de Dios! No te creas que aquella frase era broma ¡Me rio del infinito porque solo yo no soy finito! ―Ddraig se movió, el golpe borró todo lo que había en su dirección, ahora, el mismo cielo, se fracturaba. ― ¡Este poder no es para ser controlado! ¡Menos por esa mocosa! ¡Mátame si no lo haces, entonces ella me comandará siempre! ―aquello fue lo último que dijo mientras que saltaba contra el rubio, un gancho derecho fue dado mientras que el rubio se agachó al momento en que esquivaba y daba un golpe al costado, solo para ser detenido por una mano enguantada, usando el puño del rubio, Ddraig giró mientras que daba una patada alta gracias al apoyo, solo para ser detenido por un brazo de chakra, que arremetió contra el dragón solo para ser detenido por un disparo de pura energía mágica.
Aquello fue hecho mientras que ambos tomaban distancia y se golpeaban entré si, fue un intercambio de golpes, no fue una resistencia, no ambos lo sabían, a este nivel de poder de ambos, aquel nivel, ellos eran diferentes, ellos eran…
Seres…incomprendidos.
Y Rias sonrió ante la idea de que algo como eso fuese a su cargo.
― Tenemos que irnos de aquí ―Sirzech tomó a su hermana mientras que al instante un círculo mágico salió, solo para desaparecer del cielo, dejando a Kiba y Akeno en el lugar. Los ojos de Rias se abrieron y más cuando lo último que vio fue una línea roja pasar al lado de ella.
Borrando a Kiba y a Akeno que extendió su mano en auxilió.
Los dientes de la boca de Ddraig se deformaron tomando puntas mientras que una esfera se creó.
Un disparó fue dado mientras que Naruto frunció el ceño, tomando distancia, creó dos rasengan mientras que los lanzaba y detenía, primero el disparó y, luego contratacar, haciendo que la armadura del hombre crezca mientras que bloqueaba le ataque.
Una sonrisa creció en Naruto mientras que vio al hombre también sonreír, pero también con un toque de tristeza.
― Este poder iba a ser de él ―la voz del Ddraig rugió mientras que se agachaba y esquivaba un ataque del rubio, para después desde abajo golpear el pecho del rubio, haciendo que este retroceda abriendo los ojos.
― Si…Mi estudiante…―la voz de Naruto no fue calmada, dolía, le molestaba, no era lo que pensó que iba a pasar ahora, algo como esto, no estaba sus cálculos, no cuando todo lo que podía hacer era ver como todo lo que estaba en su mano fue mordido por los demonios, a los cuales, él mismo les dejó la comida enfrente.
Issei murió, dejó pasar a Ddraig, en cuanto al dragón.
Era una absurdez la fuerza que ganó, quemando todo lo que fue la vitalidad de Issei, y, sobre todo.
Usando todos los aumentos que alguna vez uso en su vida.
Aquel emperador rojo, Naruto lo reconoció, hasta ahora.
Fue el enemigo más fuerte con él cual luchó ahora.
Sirzech y Rias aparecieron en la escuela, Rias abrió los ojos mientras que sintió una mano en su antebrazo, aquello mientras que su hermano tenia ambas manos sus hombros.
Fue aquello que hizo que la mujer cayera al suelo. Un grito seguido horror y lágrimas vino de Rias mientras que vio la mitad del cuerpo de Akeno en la sala del club, los ojos de la mujer abiertos mientras que la boca estaba con una expresión de miedo, eso sumado de las lágrimas de la mujer.
Hicieron a Rias gritar más fuerte.
Su hermano la abrazo mientras que cerró los ojos, algo no estaba, bien, no, todo estaba mal ahora ¿Qué era aquella sensación en el mundo?
Una campanada resonó con fuerza mientras que las clases terminaron, el sonido del reloj fue audible en la sala de clases mientras que el silencio llegó en la habitación, era raro, en un comienzo del día, había calor, ahora, ahora era raro, tanto…
Tanto frio.
La risa de los estudiantes comenzó mientras que caminaban todos en paz, a la salida del lugar.
Sirzech había consolado a su hermana mientras que había visto lo que le pasó a Akeno, no fue una vista algo bueno, no, menos cuando se trataba de ver a alguien querido así.
Los susurros, todo de parte de las personas del exterior llegó a Sirzech, pero ¿Qué importaba ahora?
― ¿Viste las noticias? ―la voz de un joven resonó en los oídos de Sirzech.
― Si…algo sobre un ovni en la mitad del mar entre Asia y Europa, algo raro para decir ―la voz de uno de sus compañeros fue curiosa.
― ¿Ovni? ―Sirzech susurró sin querer despertar a su hermana.
Habían pasado dos horas desde que salieron del cielo ¿Volver al infierno? Algo les detuvo, no se sentían con ganas de irse.
― ¿Te refieres a esa cosa negra que vieron volando en medio de la nada? Realmente me da miedo ―la respuesta hizo que Sirzech se sintiera raro, no era de escuchar rumores, los humanos ajenos al mundo sobre natural, tenían sus divagaciones de esto.
Ahora ¿Qué era aquel sentimiento de extrañez?
Decidió escuchar un poco más.
Algo no iba bien, el aire estaba más frio que de lo que recordaba, el clima, más oscuro a pesar de la hora, entonces ¿Qué era?
El reloj sonaba más fuerte de lo habitual, Sirzech levantó la cabeza y vio el reloj como si de algo estuviese esperando que saliera.
Era raro, demasiado.
Pero, no entendía, no podía, algo no estaba en su lugar, pero de igual manera él estaba viendo todo como si fuera a desaparecer en cualquier momento.
El tiempo pasó mientras que todo se fue reacomodando.
El tic y tac, aquella onomatopeya, algo raro, algo profundo.
Un último golpe de parte del reloj sonó mientras que los ojos de Sirzech se abrieron.
Helicópteros, reporteros, todos curiosos, por aquella cosa negra que apareció en el lugar de la nada, todos vestidos con abrigo mientras que veían a aquella esfera negra, parecía que rayos salían de todos lados.
Aquella esfera, fue todo lo malo, todo lo que Michael intento dejar de lado, pero no pudo, retroceder, alterar algo tan primordial. Curioso, como a pesar de trascender, igual no podía hacer algo como esto, bueno, todos tienen sus limitaciones, y esta.
Esta era la limitación de todo lo que estaba bajo el dominio de Dios, él no era alguien que podía dar la vida como si nada, sin alterar los balances, no, por eso.
Siete puertas se abrieron alrededor de aquella masa negra, por lo cual siete figuras se asomaron delante de aquellas puertas color oro que se abrían alrededor de aquella esfera, el viento se enfrió más mientras que la luz bajó alrededor de aquella cosa.
El tiempo, se terminaba ¿Solucionar?
Juicio.
Como un reloj de arena, aquella cosa empezó a dejar que su figura se desmorone como si de arena se tratase.
Fue en es en ese momento en que las siete puertas se abrieron en medio de aquel lugar, no dejaron a la vista nada más que trompetas que se extendieron por cientos de metros.
Los reportes abrieron sus ojos mientras que vieron aquella escena.
¿Qué era todo esto?
El viento sopló al instante en que aquella corriente de sonido llegó. Los tímpanos de los presentes.
Explotaron mientras que los helicópteros cayeron. Lo que en su momento fue curiosidad por la gente que veía las noticias.
Ahora era miedo.
Miedo de lo que pasaba.
Eso hasta que llegó.
Lo que se había vuelto atrás desde hace unas horas.
Fue una luz que llenó al mundo, algo como si se hubiera encendido el foco más grande, fue instantáneo, sin poder reaccionar.
Solo una enorme esfera negra que se expandió consumiendo cientos y cientos de miles de kilómetros, llevando a la tierra que estaba a su paso a la nada.
Una enorme cortina de humo cubrió a la tierra en ese momento, todo aquello ante el ejercito de ángeles que bajaban.
Si.
Esto era parecido.
Al fin del mundo.
En el suelo se encontraba ahora nada más que retazos, armadura y carne por todos lados, aquel que llegó a la cumbre de su fuerza, Ddraig en el suelo, las flores como cama sosteniéndolo mientras que Naruto estaba parado a su lado, con los ojos cerrados mientras que apretaba sus manos y mordía el labio.
― Ese chico sí que te respetaba ―la voz cansada de Ddraig resonó mientras que miraba aquel cielo artificial, curioso, como aquello llamado cielo, contaba con algo artificial del mismo nombre.
― Lo sé…Issei era un buen chico ―Naruto bajó la mirada mientras que apretaba los ojos.
No pensé en que aquello iba a pasar.
Con pesar, Ddraig alzó una mano y puso sobre su rostro su antebrazo mientras que Naruto vio como las lágrimas caían.
― De todos mis portadores, solo él me trato como compañero…―la voz del hombre se rompió. ― ¡Siempre deseaban poder, poder y más poder! Nunca fui tratado como alguien, siempre algo, entonces llega ese pervertido y me dice compañero…―la voz rota, de alguien roto.
Ddraig no lo sabía ¿Quizá era por haber estado en un cuerpo que originalmente era humano?
Pero lloró, Issei Hyoudou, era un pervertido sin remedio, pero el mejor amigo que tuvo en eones.
Era gracioso, realmente simpático.
Como aquel ser que trascendió, ahora estaba con todos los huesos de su cuerpo roto, lo único que tenía que tapaba su ser era una parte restante de la túnica que cubría desde su cintura hasta sus rodillas.
Un buen chico, eso fue aquel joven.
― ¡Compañero! ―
El chico no dudo en entregar su carne por la mujer que lo condenó, ahora, no quedaba nada.
Su lindo peón.
Patrañas.
― La próxima vez que reencarne, este odio no se ira, no, mi próximo anfitrión, destruirá los cielos y el inferno, por lo cual, déjame este mundo a mí, este…va a ser mi mundo ―una sonrisa creció dentro de las lágrimas de Ddraig mientras que poco a poco su cuerpo se rompía.
Solo para que poco después como si fuera un cascaron la sangre salió por todos lados dejando atrás la figura caída de Issei, el cual estaba con los ojos llorando mientras que en su cara estaba petrificada la cara de ira pura.
Si, aquello, no fue lo que pensó.
Agachándose, puso una mano en el rostro del castaño mientras que le cerraba los ojos, y acomodaba su cara, dejando una cara de paz.
― Ah, Koneko estará triste…―susurró mientras que no dejaba de ver al castaño.
Koneko, la pequeña que siempre, o al menos por ahora, tomaba la mano de Issei, Naruto se reía, amor joven, o eso fue lo que llamó, como el pervertido siempre cuidaba de la pequeña, a pesar de que siempre Koneko lo trato mal, lo golpeo, todo por su afición a ser un pervertido, aquello, pero al final del día, Naruto lo sabía, sabía tan bien como ellos dos se querían.
― ¿Jugar a ser Dios? ―la pregunta de Naruto vino mientras que vio el cuerpo de Issei, el viento soplando llevando algunas flores, el lugar final donde terminaron era limpio, bien cuidado, Naruto giró su cuello mientras que vio todo el paisaje detrás suyo.
Cráteres, incendios, cientos de kilómetros de tierra que pasó a magma.
Destruyeron aquel lugar.
Pero al menos, aquel pequeño círculo con flores intactas donde reposaba Issei, le hizo sentir bien.
Al menos, donde descanso el joven pervertido, fue un lugar limpio.
Puro, tal como lo fue aquel castaño.
Pasos fueron al lado del rubio mientras que giró su cuello.
Michael.
― Te ves más joven ―La voz de Naruto fue con calma mientras que veía las arrugas y facciones de Michael mejor que hace unas horas.
― Y te ves bastante intacto para alguien que peleo contra el equivalente de una fuerza anti mundo ―la respuesta hizo que Naruto se riera un poco.
Michael estaba con su armadura de siempre, solo quedaban algunas arrugas bajo sus ojos, pero, aquel cabello rubio que antes dotaba al serafín, ahora era un blanco.
De vejez.
¿Qué pasaba con aquella conversación?
― ¿Qué pasó allí? ¿Por qué Gabriel? ―la voz de Michael sonó fragmentada.
Dolía, pero.
No podía molestarse, no podía odiar.
―…―Naruto no respondió.
Solo…
¿Realmente que fue lo pasó allí otra vez?
Llevando una mano a su cara, Naruto se tapó el rostro mientras que pensaba en aquello ¿Qué había sido aquella reacción?
― ¡Hermano! ―al momento de volver a escuchar aquel gemido, aquella voz de aquel ángel, algo hirvió en Naruto.
Pero no entendía, no era atracción, no era lujuria, no fue nada. Si bien la ira lo cegaba en ese momento…
Kaguya…
Ah, aquel estado vulnerable, aquella vez la cual no hizo lo suponía que debía hacer.
Aquella vez que escuchó los gritos de perdón y suplicas.
Cuando estuvo atrapado en aquella dimensión con Kaguya.
Pero, el rubio lo sabía, aquello no tenía nada que ver con lo de ahora.
Michael caminó hasta sentarse al lado del rubio.
Cruzando las piernas y viendo el techo falso.
El ángel cerró los ojos.
El ultimo paramo de flores del cielo.
Tendría que mandar a muchos ángeles para restaurar aquello.
― Parece como si los planos se invirtieran, el cielo no parece mucho de eso ahora ―una suave risa de Michael llegó mientras que vio al rubio mirando al suelo como si fuera a vomitar en cualquier momento.
Entonces fue eso.
Alzando las manos y poniéndolas a la altura de su rostro, el rubio vio su mano derecha, aquel significado de aquella extremidad, por qué accedió a ponerse de vuelta el brazo.
Ah.
Un pitido llegó a su oído mientras que un gruñido de Kurama resonó.
Era eso, era aquella molestia.
Pedir ayuda, gritar en desesperación.
Caer.
Le divirtió ver como Gabriel caía.
La disfruto.
Era como con Kaguya al comienzo.
Llevando ambas manos a su cabeza, el rubio se tomó la cabeza mientras que sintió recién sus acciones.
Si este era el peso, está feliz, demasiado feliz de a ver sido bueno con Kaguya en aquella ocasión.
Por un momento en la pelea.
El reformado, aquella sensación de que había hecho bien, se fue, todo al ver como Rossweisse fue empalada.
¿Por qué Gabriel pregunta?
― No lo sé…―las lágrimas del rubio junto con una voz rota vino, él no era un ser cruel, no, alguien que se sacrificó tanto, lo dio todo por otros, no podía ser cruel.
― Ella amaba a mi hermano, tanto, tan profundamente, Azazel, él fue en su momento, quien le enseño a volar, más viejo, de mi camada, de los primeros ángeles, de la misma camada de lucifer ―la voz de Michael comenzó como si relatara una historia casual. ― Pero, una humana, una mujer que él mismo Azazel salvó, rompiendo reglas del mismo Dios, fue lo que empezó todo, la caída, la primera caída en masa, cuando Lucifer cayó, si bien se llevó a algunos consigo, nada fue demasiado importante, pero, Azazel, cayó por algo como amor ―la risa de Michael se inició mientras que Naruto solo podía ver al ángel, Naruto lo sabía, aquella Risa.
Era para no llorar.
― Gabriel se sintió cada vez más traicionada, no eran celos, era deber, deber impuesto por Dios, la libertad que Dios les dio a los humanos, la sonrisa de una mujer, aquello, era lo que Azazel codició ―Michael comenzó mientras que no dejaba de ver al rubio.
A sus ojos, era el mismo Azazel de aquella vez, de aquel momento antes de caer.
Dudas, lagrimas, sin saber que hacer ¿Disfrutar? Algo que el hombre empezaba a querer saber que era.
― No sé el nombre de la mujer, Dios nos prohibió recordarlo, pero sí, ningún ángel va a olvidar aquel rostro ―la voz del hombre fue cada vez más oscura. ― No se suponía que debía existir después de que fue borrada, pero, hace casi treinta años, aquella alma volvió ―aquello fue lo que hizo que Naruto abriese los ojos.
Una risa fuerte llegó del rubio.
― Quizá volvió, pero, para el mundo, era una existencia maldita ―Naruto no sabía porque seguía escuchando lo que decía Azazel.
― Fue entonces que llegó también, cierto joven exorcista, con tanto esfuerzo y motivación a la iglesia ―la risa de Naruto pasó lentamente a el llanto. ― El nombre de aquel exorcista, que tuvo que ver a su hermana maldita, destinada a morir ―Naruto no quería escuchar.
Ese bastardo loco, ese tonto, maldito idiota, ese psicópata.
― Freed Sellzen, un chico roto hasta la medula ―Michael se detuvo mientras que veía al rubio.
Aquella historia.
Desde minuto uno.
Freed nunca tuvo la posibilidad de ser feliz. Nunca tuvo la posibilidad de poder ser, no, no cuando todo su mundo.
Estaba hecho para romperse.
Michael se levantó mientras que miraba al cielo.
― Gabriel, no recordara nada ¿Puedes llevarla contigo? ―la voz de Michael fue suplicante.
Aquella pregunta fue por una razón, y él rubio lo sabía muy bien.
Pero…
A pesar de todo, a pesar de no querer abandonar, a pesar de querer demostrar que no era un bastardo, incluso ahora, no podía pensar con claridad, no, aquello…
Fue nada más que una enfermedad para el rubio.
― Yo…―Naruto intentó hablar.
Ahora ¿No estaban peleando hace unas horas atrás? ¿Cómo terminó así? Con ese ambiente tan…familiar…
Michael cerró los ojos esperando la respuesta. Solo oraba a su padre, que se la respuesta que esperaba.
― No puedo…―fue en ese momento en que Michael bajó su mirada mientras que apretó su puño, no había rabia, no había molestia.
A pesar de lo que el hombre le hizo a su hermana.
Lo sabía, lo comprendía tan malditamente bien, él porque, quizá el único que entendía todo, fue él mismo Michael, pero ahora.
No importaba…
Michael ya sabía la respuesta.
El hacerse cargo de aquella acción, no era parte del rubio, no es que aquella persona no quería, no, es que no podía.
Por lo cual cuando Michael escuchó.
― No ―de parte de Naruto no dijo nada, solo sonrió con pesar a sabiendas de lo que iba a pasar.
― Veo…―Michael susurró aquello mientras que se mordió el labio, era difícil no poder molestarse, era difícil no poder odiar, y mucho más difícil, iba a ser todo para Gabriel ahora.
El mundo, sí que estaba en su contra.
No, no solo el mundo, el concepto estaba en su contra.
Sirzech apenas tuvo tiempo de poder levantar una barrea mientras que sintió como una ola de poder llegó hacia su dirección, no dudo en tomar a su hermana mientras que apretó los dientes ante la fuerza que necesito para poder mantenerse.
Fue instantáneo, como aquello sucedió, de aquello paso medio segundo, tan rápido como llegó, terminó.
Sentía frio, mucho frio.
Abriendo los ojos con cuidado por la luz que de la nada sentía, lo vio.
Aquella escena.
Aquel lugar.
Niños llorando, edificios arrasados por el hielo y destrucción, aquel agujero que no se podía ver el final. Aquella escena, fue antes de que Michael diera la vuelta atrás.
Las acciones de Serafall y el rubio, todo eso mientras que el lugar estaba en una distorsión de la cantidad de magia que había en el lugar. Miedo, caminando hacia atrás, abrazando a Rias vio como el mundo, el mundo que una vez dijo que iba proteger ahora estaba así.
Las trompetas sonaron na vez más mientras que Sirzech vio al ejercito de ángeles bajar.
Los pocos gritos restantes, poco a poco, se fueron apagando mientras que los ángeles pasaban, aquella escena, aquel desastre.
El fin de una era.
Un temblor llegó mientras que el hombre intento mantener a Rias a su lado, la joven de cabello rojo se había despertado mientras que vio hacia el cielo.
Una grita color negro se abrió, de aquel lugar, una cabeza de zorro color oro se asomó, eso, hasta que vio como otras seis cabezas de zorro salieron, los cuernos en la cima de cada zorro, un total de nueve.
Un grito que hizo que cayera al suelo por la fuerza del aullido de aquella masa enorme que se abría paso en el portal.
En todo el mundo, en todos los televisores funcionales, en todas las cámaras posibles, lo vieron, como aquella figura con siete cabezas y nueve cuernos se asomó mientras que media decenas de kilómetros.
Era…
La bestia.
Las investigaciones de Azazel, las acciones que tomó el cuervo, la paz, todo eso, ahora tenía sentido.
Una maldita copia a su control.
― ¿No estás viendo aquello con demasiado empeño? ―una voz detrás suyo hizo que Sirzech volteara mientras que veía a aquel rubio, ahora ya no había nada especial en el hombre, su tez volvió a ser bronceada mientras que los cuernos ya no estaban presentes, eso y sus ojos azules solo le indicaban que volvió a la normalidad.
Rias se puso de pie, caminó hasta el hombre y le dio una bofetada, aquello mientras que las lágrimas salían del rostro de Rias.
Naruto se quedó quieto con los ojos abiertos.
Eso no lo esperaba.
― ¡Si no fuera por ti entonces nada de esto hubiera pasado! ―Rias lo acuso con el dedo mientras que apretaba los dientes, aquella ira, ira de la joven peli roja.
Por perder a una amiga, tan preciada, y el resto de su nobleza.
― ¡Mis lindos sirvientes estaban allí, todos ellos murieron por alguien como tú! ―empujando al hombre, Rias vio como no entendió el como, pero no le importó, empezó a golpear el pecho del hombre con furia mientras que Sirzech solo podía ver todo eso con los ojos abiertos, no esperaba aquella reacción de su hermana.
Naruto estaba quieto, las lágrimas de hace rato en su rostro aún no se limpiaron, por lo cual, era posible ver el surco que había recorrido aquellas líneas.
El futuro, los jóvenes, redención, hasta el peor de lo peor.
Podía redimirse.
Entonces.
― ¡¿Por qué me obligan a hacer esto?! ―la voz del rubio fue un grito mientras que toco el vientre de Rias.
― ¿Eh? ―fue todo lo que dijo Rias mientras que aquella parte en donde estuvo la mano del rubio.
Explotó en sangre.
Respirando con pesar ante aquella acción, el rubio cerró los ojos.
Sirzech solo había estado quieto, congelado, temiendo, por su vida, y en ese mínimo instante en que pensó en sí mismo.
La sangre salpico su mejilla mientras que vio cómo su hermana caía al suelo con un ruido sordo.
Matar, curioso, aquello fue lo Naruto pensó, la redención era lo primordial en todo, entonces ¿Por qué había llegado a este punto?
Nunca fue malo por naturaleza, no podía ser como Sasuke, a pesar de la ira, a pesar del odio, siempre se contuvo, tenía su recuento de muertes, una buena cantidad sí, pero aquello, aquello fue cuando determino que no había más remedio o era para salvar a otros.
Ahora, esto, esto fue por puro egoísmo, el simplemente ya podía retirarse, pero no lo hizo, dejó aquella masa de chakra que se mueva sola en lo que quedaba de aquel continente, dejó que cualquiera que se la encontrara pereciera.
El mismo decidió venir donde estaban los hermanos.
― ah, ah, ah ―balbuceos sin sentidos vino de parte de Sirzech mientras que, con manos temblorosas, se tiró al suelo, intentando poner lo que estaba del cuerpo de su hermana en orden, como si aquello la trajese de vuelta. Las lágrimas y desesperación en el hombre llegaron.
Miedo, odio.
― Tu poder, no es como el de otras generaciones, no, eres mucho, mucho más fuerte, por lo cual, por favor, nunca te sobre esfuerces tanto, tu cuerpo no podrá soportar tal castigo ―la voz de su madre llegó a la mente de Sirzech mientras que recodaba las palabras que le dijo cuando era niño.
Ah, el hombre de cabello rojo entendió poco después a que se refería, el mismo, se desgastaba con su magia, por lo cual, si abusaba por mucho tiempo o por una escala mayor de la que podía manejar, entonces no iba a tener sentido vivir si con un paso en falso iba a ser polvo.
Un grito de desesperación vino del hombre de pelo rojo mientras que Naruto abría los ojos.
Fue un estallido negro, casi como si una llave de agua se abriera, la diferencia, que esta agua hacia que todo lo que tocase sea polvo.
El oro llegó al cuerpo de Naruto mientras que vio al hombre en el suelo.
No, no iba a ser necesario.
El oro bajó mientras que su estado volvía a la normalidad, solo dejando los ojos de rana, el modo sabio, era momento, momento de ver como llegaba esto.
Sirzech apenas distinguió las cosas por unos momentos, eso hasta que volvió a recuperar la consciencia, solo para ver como el rubio se cubría en oro, para poco después apagarse.
La sonrisa de Sirzech creció mientras que saltó hacia el hombre, un grito llegó mientras que agitaba su brazo de manera vertical, Naruto abrió los ojos, todo lo que estuvo en el alcance de aquel corte, fue reducido a polvo, incluido el agua.
¿Cómo era eso otra vez?
Sirzech giró en el aire para golpear al rubio, pero.
La mano del rubio detuvo a la mano lleva de poder del hombre.
― Igual que Serafall, no son más que poder ¿Puedes hacer algo sin ello? ―una sucesión de patadas vino, tomando el cuello de lo que restaba de la camisa del hombre lo lanzó hacia el suelo, solo para que debajo estén dos clones esperando al hombre para golpearlo.
Levantándolo de vuelta un rasengan llegó en la mano del rubio mientras que lo plantó en el pecho del hombre.
Hubo una explosión mientras que fue como si el rasengan chocara contra algo duro, solo para que una explosión de sangre llegase mientras que Sirzech vomitaba sangre y caía como un muñeco de trapo al suelo.
― Un final feliz, lo intenté, créeme, lo intenté para todos nosotros, Azazel solo deseaba que todos estuvieran felices, pero, siempre hay quienes se oponen ―Naruto descendió mientras que cerrando los ojos caminó hasta el hombre.
Poniendo una mano en el estómago del hombre, Sirzech estaba con los ojos abiertos y la boca de igual manera, con sangre saliendo de su boca, pero, poco a poco, todas las heridas del cuerpo del hombre se cerraron mientras que vio al rubio ponerse de pie otra vez.
― Cambia, debes cambiar, la vida trata de eso, de cambios eventuales ―la voz de Naruto fue fuerte, aquello mientras que en un destello.
Desaparecía del lugar.
― ¡Hermano! ―la voz de una pequeña Rias resonó en la cabeza del hombre mientras que sintió como aquella pequeña niña lo abrazaba de su pierna.
Amor, aquella vez, aquella vez que vio a su hermana, nunca pudo sentir tal afecto por otra cosa en su vida, quizá en cuando a lo que trataba con respecto a los demás no era tan visible, pero siempre cuido de su familia.
Por eso, le consiguió, lo mejor de lo mejor para su nobleza, sonriendo Rias siempre le gritaba y le decía gracias mientras que lo abrazaba.
Poniéndose de pie, Sirzech corrió hasta donde estaba el rubio, pero no había nada.
No quedaba rastros del hombre.
Su hermana.
Devorada por su propio poder.
¿Podría haberla resucitado con una pieza?
Si, entonces ¿Por qué no pensó en eso?
Una explosión pasó a su lado mientras que los ojos muertos del hombre vieron la figura del zorro enorme de siete cabezas, nueve cuernos y nueve colas.
Si, toda esta vida.
Rias, su hermana, ella era muy dulce, demasiado linda, siempre fue buena, no, ella nunca utilizó sus conexiones para hundir a sus rivales antes de tiempo, nunca planeo la muerte de ninguno de sus miembros de nobleza para asegurar su lealtad.
No, ella no les dio a los caídos la información para atacar la casa de Akeno, al demonio para experimentar con Koneko, a Kiba preparando todo el orfanato para que termine parte del experimento, no ella era muy buena niña.
Tranquila, dulce amorosa.
― Hermano…gracias ―el humo de parte de la nariz de aquella vestía salió frente a Sirzech mientras que poco a poco alzaba su cabeza.
Oh, al final, todo lo relacionado con Kaguya y Rossweisse.
No fue culpa de su hermana, no ella no iba a hacer esa clase de cosas, no vendió a Rossweisse para que sea su suplente como juguete de Raiser, no, tampoco planeaba matar a esa mujer que acompañaba al rubio, no, no era todo para mejorar su nobleza.
Todo fue…
Una esfera se creó frente al hombre que sintió como su cuerpo se quemaba solo por aquella cosa.
Una bijudama.
Todo fue…
― Un malentendido…―los labios de Sirzech se movieron mientras que el cielo se llenó de negro.
…
…
…
…
Tiempo, una manera de medir un lapso, algo que pasó, en una fecha, en algún momento, algún momento que fue un instante, y aquello se llegaba a guardar como historia.
Entonces, el cumulo de acciones en algún momento y lugar ¿Se consideraba historia?
De hecho.
Por lo cual, después de quince años.
La historia seguía siendo muy joven para olvidar, para que todo terminase, no, no con las guerras entre humanos y seres sobre naturales.
Desde aquel día, el día en que los ángeles se aislaron, que los demonios salieron del inferno y tomaron la tierra, que los humanos sobrevivientes, tomaron el control del mundo a base de fuerza, curioso, como los numero que alguna vez fueron absurdos de humanos, ahora era solo una parte de ellos.
No solo eso, sino que la tierra misma, la pérdida de un continente y medio, no fue fácil, la tierra, las vidas, la economía, todo fue afectado, los países no afectados por el avance, del que llamaron, la bestia, fueron obligados a tener que asistir a cientos de miles de los suyos. Quebrada, no solo la vida misma, la comodidad, no, sino la economía.
Ya no era el que portaba más dinero.
No, se retrocedió, sino el que mejor armado estaba.
Fue en ese momento, que la historia cambio, de la edad de los avances.
A la edad de los dioses.
La vida, la tierra, todo, nunca iría igual.
― Serafall-sama, por favor, coma ―una sirvienta frente a una puerta estaba tocando continuamente la puerta de Serafall.
Era momento, momento de que ella coma.
Al cabo de algunos momentos, en que no se abrió la puerta, la sirvienta entró.
El olor a orina llegó mientras que lo vio.
La que en su momento fue considerada uno de los reyes del inferno, ahora sentada en su cama mientras que mordía su dedo que estaba sangrando, debajo de ella, se podía ver como la mujer no se había movido para orinar.
Una vez más.
La tez pálida y desnutrida fue lo que la sirvienta nunca pudo ayudar.
― Ya, ya, Serafall-sama, por aquí, tengo su cambio de ropa ―la mujer conocida en su día como Serafall leviatán, no era nada más ahora que un demonio sin poder mágico ¿Razón?
Un sello que nadie entendió, que estaba fuera de lo conocido, que quitaba toda posibilidad de poder usar magia, y si la mujer intentaba.
El dolor, el dolor que recibía Serafall.
Era lo que hizo que la mujer quede en el estado que se encontraba ahora.
― So-tan, dile a papá que no quiero comer otra vez eso ―Serafall no miró a la sirvienta, no solo mencionó aquello como si fuese lo usual.
― Entiendo ―y allí comenzaba, la sirvienta lo sabía, una vez que contestaba, la mujer abrazaba a la sirvienta mientras que esperaba que Sona, la que en su momento fue la heredera del clan Sitri, volviera.
¿La caída de los grandes duele?
Normalmente, cuando estas en lo alto, esa caída suele matar, la sirvienta abrazó a la mujer indefensa mientras que le sobaba la cabeza con cuidado. Serafall como si de una niña se tratase, se dejó estar mientras que cerraba los ojos.
Si, la vida de la en su momento llamada, la era del hielo andante.
Era triste.
― Padre, te traje los informes ―la voz casual y paciente resonó de parte de un joven.
― Veo, ponlos con los demás ―esta voz de respuesta.
Fue la de Sirzech.
En una sala elegante, donde estaban cientos de documentos, se encontraba el hombre, tenía una camisa simple color blanco, la mitad de su rostro cubierto por una máscara, las manos, brazos, dedos y cuello, llenos de vendas.
Vendas que evitaban que se vieran las cicatrices.
Cicatrices por forzarse a entrenar su poder, y, sobre todo, aquel día.
Rias Gremory, Sirzech vio la foto de su hermana en su escritorio.
Pero, no había tristeza, no había nada de parte de Sirzech al ver la foto, no, al paso del tiempo, lo supo, fue su culpa, mimó demasiado a su hermano, y por eso...
Milicias vio como su padre golpeaba la foto de la que fue su tía.
El joven entendía por qué.
Aquella mujer ahora fue conocida, como la causante de hacer que todo esto pasase.
Controlar todo, querer que todo esté en la palma de tu mano…
― ¿Reportes del emperador rojo? ―Sirzech se calmó mientras que veía unos cuantos documentos.
― De hecho, quiere hablar contigo, su nuevo portador…bueno, por así decir, fue lo mejor que nos pudo haber pasado, calmó la ira del dragón lo suficiente, desde ese día, cuando ese sacred gear evolucionó, pasó a otra escala como todos sabemos, lo mejor sería esperar a que el dragón no se moleste más, parece que su ira se atenuó con los años y su portador, por lo cual, pido amabilidad ―Milicias, habló mientras que Sirzech asintió, sonaba como si su hijo le estuviera mandando, pero era cierto.
Cierto lo que decía sobre aquella cosa, ahora, ese sacred gear, ya no era solo para matar a un Dios, no, ahora.
Era para eliminar el mundo.
Al momento en que Naruto pudo regresar donde estaban todos, les dio la noticia.
Ya no había lugar en la tierra para ellos.
Azazel lloró.
Naruto lo entendió.
El hombre, gastó, milenios, para asegurarse la supervivencia y conforte del mundo actual, pero ahora, después de todo ese trabajo.
Después de forjar tanto, que, de un día para el otro, todo se viniera abajo.
Hizo que el hombre entre en depresión.
Pero, al menos por primera vez, después de su creación, podía decirlo.
Azazel no estaba solo.
A pesar de todo, a pesar de lo que era, Grayfia los siguió.
Cuidar del cuervo, ese era lo que realmente quería hacer la mujer.
Después de todo, cuando se asentaron, se casaron.
¿Curioso? Como algo como aquello podía llegar a pasar, Naruto cerró los ojos, evitando pensar en aquel mundo, de todas las cosas que pudo pensar, aquello fue lo que menos deseaba.
No cuando ese lugar, no era nada más que un cumulo de malos recuerdos…y…remordimientos.
Abrazándose a sí mismo, Naruto sintió miedo, miedo por lo que hizo, de todas las cosas, él siempre fue de perdonar, pero, pensando en cómo condeno aquel lugar, le dolía.
No salvó a nadie en aquel lugar, condenó a todos a lo que la vida les tría, por lo cual, no esperaba una vuelta a aquel lugar.
Posiblemente la que más sufrió de todo esto.
Fue Koneko.
La pequeña, siendo dejada de lado, en palabras, por la gente que confiaba, o al menos con la que estaba acostumbrada.
La joven había crecido bien, según Sasuke, la forma en la que Koneko se veía, era similar a la de su hermana, solo que ella era mucho más recatada en cuanto a cómo se vestía.
Curioso, la joven en su momento, sufrió, lloró, y lloró.
Freed fue como una figura de hermano mayor a pesar de lo poco de tiempo que estuvieron juntos, el mundo en el cual Sasuke la llevó a ella y a todos.
Fue su mundo de origen.
Curioso como de todos los destinos, terminaron en la aldea de la lluvia, con Koneko gritando y llorando.
Issei fue un enamoramiento al final de día para Koneko, no uno simple, la pequeña sabía muy bien que aquel pervertido era muchas cosas, pero siempre fue atento con ella, era un caballero a su manera, también un tonto.
Koneko nunca lo perdonó por usar su carné para el encuentro con Raiser, pero ahora.
¿Con quién se iba a disculpar?
Una mujer de cabello rubio caminaba por la cocina mientras que terminaba de poner en orden la comida.
A pesar del desorden mundial, los humanos siempre buscan salir adelante, quizá todo sonase mal, pero, como siempre, había lugares los cuales eran muy fáciles de vivir, como lugares en los que nunca debían tocar.
― ¡Hora de comer! ―la dulce voz de la mujer, resonó, aquello mientras que dos voces suaves vinieron desde el segundo piso de la casa.
Gabriel sonrió al ver al niño y a la niña que estaban frente suyo.
Gemelos, curioso, en su momento, pensó que, a pesar de su estado, le disgustaría estar con ellos, la encarnación del que trajo al mundo patas arriba, pero, cuando veía las sonrisas de ellos.
― Oh, ese es nuestro favorito mamá ―la joven voz de la niña resonó mientras que Gabriel dejó escapar una suave risa, sacándose el delantal, dejó a la vista, como llevaba pantuflas, unos vaqueros y un suéter blanco.
Aquellos niños, sonreían mientras que comían con felicidad lo que les preparó.
Miedo, al ver al hijo, curiosidad al ver a su hija.
Gabriel nunca supo él porque, pero, no podía odiar al rubio.
― Mamá…―la voz de su hijo llegó mientras que Gabriel se dio la vuelta, viendo como el niño, que siempre estaba hablando, ahora estaba cayado. ― ¿Dónde se encuentra Papá? ―Gabriel se quedó quieta unos momentos.
No sabía que responder, solo pudo quedarse quieta mientras que vio a los gemelos, su hija ahora tenía curiosidad también.
― Desapareció junto con muchos con el cataclismo ―la respuesta de Gabriel fue algo baja, la mujer bajó su cabeza mientras que jugó con sus dedos, la cara de la mujer estaba dudosa, no quería recordar ese día, pero tampoco quería olvidarlo.
― Yo…lo siento…―a pesar de su edad, Gabriel sonrió mientras que caminó hasta su hijo y le dio un abrazo.
Si, para todos los que vivían aquí, para todos, este lugar, era nada más ni anda menos que el de una familia, normal, nadie sabía que el arcángel Gabriel bajó a la tierra.
Era mejor así.
Además.
Gabriel froto su cabeza con la de los gemelos.
A ella le gustaba como estaban las cosas ahora.
― ¿Vamos a comprar eso? ―la pregunta de una voz hizo que Naruto frunza el ceño.
― No ―fue una respuesta simple.
― Vamos a comprar eso ―la voz de Kaguya llegó, uniéndose a la conversación mientras que volaba al lado del rubio.
Naruto suspiro, no aquello no era lo que esperó, no cuando volvió a su mundo.
Sorprendentemente, cuando borraron Konoha, casi nadie recordaba algo sobre aquel Hokage, el ninja más poderoso, no, después de otros quince años más.
El chakra ahora era raro.
Curioso, pero ya no le importaba a él.
― ¡Si! ―un vitoreo infantil llegó a su lado mientras que veía a una niña de al menos siete años caminando a su lado, tomando su mano. ― ¡Oh! Allí están ―la voz de la niña resonó mientras que señalo la dirección en frente.
Kaguya toco tierra mientras que sus pies llegaban al suelo, al momento en que se recostó al lado del rubio.
― Ross ―la voz de Naruto fue feliz mientras que vio la mujer venir con una niña de al menos doce años a su lado.
Una sonrisa tonta vino de la antigua valquiria mientras que abrazaba al rubio.
Amor.
Amor y tranquilidad.
Aquella sensación de paz.
― Vamos ya a casa, estoy cansada ―la voz de Rossweisse resonó, Naruto entendió a donde quería llegar.
Alzando a la mujer sonrió mientras que Rossweisse se reía.
Las dos niñas a su alrededor se rieron mientras que vieron todo con felicidad.
¿Era raro tener dos mamis? Puede ser, pero al menos papá hacia bien su trabajo. La menor, la de tez blanca y ojos claros, solo pudo ver feliz como toda aquella reunión se llevaba.
A sus ojos, todo era felicidad, un padre cariñoso, que al igual que sus madres, estaba casi siempre en casa, siempre con ellas.
Era divertido, siempre hablaban y juagaban.
Además, que su hermana mayor, Koneko era supero buena con ella.
― ¡Vamos princesa! ―la voz de su padre llamó a su hija mayor presente, luciendo un cabello plateado hermoso con una mirada algo nerviosa por las personas de alrededor, se acercó y tomo la manga de la ropa de Naruto.
La joven se rio, su hermana mayor era demasiado tímida.
Kaguya voló una vez más mientras que abrazó al rubio por la espalda, quedándose colgada del hombre, mientras que Naruto cargaba a Rossweisse.
La niña sonrió.
Esta familia.
Ella realmente.
Era feliz.
Fin
Me odio a mí mismo mucho, bueno, como dice el título de las historias, no sé si alguien lo noto, pero lo de F1 se refiere a que habrá más, no sé cuándo, debido que ya sería como un extra, pero en sí, este sería el final que le doy.
Realmente agradezco a los que siguieron esta historia todo este tiempo, estoy muy feliz, espero que mis próximas obras reciban tanto afecto como ahora. Realmente gracias a todos.
Saben, no pensé darle a nadie un final feliz, pero, no sé, al pensar en la imagen de la parte final, hasta a mí me dolió. Ah, sí que me tomó un tiempo terminar esta historia.
Casi 3 años.
Bueno, estoy en twitch, como voy diciendo, soy I_Zente en twtich, allí pueden ir y ver mi discord en el perfil, pueden entrar y ver y preguntarme lo que quieran, pero solo les pido algo, escríbanme por privado y no directamente en el ds, como sea.
Estoy feliz de poder terminar esto.
Tipo, no pensé terminar esta historia ¿Saben en comienzo esto iba a tener 13 capítulos? Pero como ven, algunas cosas cambiaron. Gracias Triexia, por subir mi historia Youtube, ah, estoy cansando.
Reescribí el capítulo muchas veces hasta que me convenció. Como dije, para mí, es difícil saber si cumplo o no con las expectativas que me tienen, eso me da miedo.
Pero, hey, estaba viendo y mi fic esta primero en términos de comentarios en cuanto a crossovers de Naruto y dxd se refiere, al menos en español, ya quisiera de todos los idiomas.
Sé que fue una lectura lenta, pero, necesitaba todos esos 26 capítulos para los dos últimos.
Pasen y vean alguna de mis historias, estaré feliz con todos los comentarios.
Cuando alguien deja un comentario largo, realmente es lo mejor.
Muchas gracias a todos nuevamente.
PD: estoy trabajando en otro crossover, pero no sé aun el emparejamiento. Triexia bb.
Rey de picas fuera.
