Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto II: Adolescencia (Infierno)

Escena 16:Ojos de Dragón.

-Nunca creí verte de esta manera.

La voz gruesa y dura, llena de un tinte oscuro que no supo a que atribuir, la invadió de inmediato, poniéndola en un estado de alerta mucho más grande que el que había mantenido en los últimos días debido a su imprudencia y estupidez.

Reconocía perfectamente al dueño de esa voz, el emisor de aquellas palabras. Incluso supo quien era solo escuchando sus pasos acercarse y sintiendo el cambio en el aura del lugar.

Su cuerpo reaccionaba ante su cercanía de una forma natural.

Pasó casi 3 años mirando a la puerta deseando no verlo entrar, despierta por si pasaba. Ahora también se mantenía despierta y expectante aunque le costara una vida, deseando deshacerse de ella para no tener que lidiar con aquella persona.

- Lo creas o no, no me satisface de ninguna forma que sea así como nos volvamos a ver- continuó hablando el, sonando está vez demasiado sincero, en un tono que ella nunca había escuchado, por lo que alzó levemente su cabeza y lo miró- se lo que piensas, pero no es así.

- Vete- habló ella finalmente, sorprendida de ser más capaz de reconocerlo a el que a si misma.

A veces se sentía como si nunca se hubiese conocido, como ni aún viviendo toda su vida, hubiese podido encontrar una verdadera versión de si misma que no hubiese sido robada por alguien más.

- Que voy a burlarme- el rechazó escucharla, por el contrario se inclinó para mirarla más de cerca, sin embargo, en ningún momento su sonrisa característica salió a relucir en su rostro. No había rastro de oscuridad, orgullo o soberbia, ni siquiera del sarcasmo que ella esperaba, haciéndola atribuir con aún más ímpetu que aquello era producto de su mente por el cansancio o el hambre. - pero no es así- repitió.

Ella tragó el nudo que tenía en la garganta, sintiéndola seca, rasposa. Se movió lentamente como pudo, tratando de mantener su dignidad intacta aunque fuese imposible dada su posición. Y aún así, el nunca se había visto de ese tamaño ante ella, como si quisiese ser su igual y hacerle saber que no iba a hacerle daño, contrario a viejas épocas donde solo quería imponerle lo mucho que el estaba más allá de ella.

- Vete- dijo la marine, descubriéndose con una súplica en su voz cansada y rota, quebrada hasta sonar en una especie de gemido o llanto ahogado. Pero es que no podía darse el lujo de llorar cuando ya no le quedaba nada dentro del cuerpo.

- Debería haberte matado ese día- a ella le pareció que aquello era lo que finalmente necesitaba escuchar de el y se relajó. El sonido del metal y los huesos crujiendo eran tan aliviadores como tener que dejar de estar a la defensiva ante las palabras de el, porque en una situación con tanta desesperanza,ver un poco de luz podía cegarla.

- Deberías- susurró, con más dificultad de la que debería, decidiendo guardar sus palabras para decirselas a alguien más que valiese la pena y no el.

Tal vez su abuelo vendría a verla, entonces podría decirle unas cuantas cosas y luego quedarse sin voz para siempre. Le dolería menos que ser escuchada por última vez por aquel hombre que le había quitado más de una cosa.

Bien, Ler consideraba que aquel hombre le había quitado todo.

Qué ella podría haber sido una rebelde y una salvaje sin suerte, una huérfana, asesina y hasta prostituta, pero que él la había terminado de hudir en la desgracia.

Todos buscan siempre a quien culpar en la vida, Ler lo había elegido a él como el culpable.

Y allí estaba diciéndo que debería haberla matado. A la joven solo le causo gracia.

- Me arrepiento de no haberlo hecho- ella lo miró de reojo, significativamente. Estaba vacía, pero anhelante, como si lo quisiese también. Años después, el hombre admitiría que esa mirada era la culpable de lo que ocurría después- preferiría haberte matado a verte aquí.

A Ler los párpados le temblaron, por el cansancio, la debilidad o la sorpresa, no sabía a ciencia cierta porqué, pero tuvo una sensación de cosquilleo que le recorrió desde la punta de los pies hasta el último de sus cabellos.

Había tratado de mantener su dignidad, de no mirarlo sintiéndose menos aunque en aquel momento tuviese tanto valor, tanta fuerza y orgullo como un perro callejero. Uno que había sido capturado, sometido, torturado de forma brutal.

"Mi amor puede ser una locura,

dime qué belleza no causa la amargura,

qué por ti estoy sintiendo."

- Se que no quieres verme, que no quieres ver a nadie, de hecho...- el hombre terminó a de agacharse, hasta estar en cuclillas y aún así, verla por encima, pero careciendo de la superioridad que llevaba consigo siempre- y a pesar de que seas una maldita perra, que hayas hecho lo que hiciste- Ler estaba segura que la insulto en voz baja dos o tres veces más- necesitaba verte.

- Tu no tienes sentimientos...- susurró débilmente, luchando cada vez con más ímpetu en contra de sus instintos, de su vergüenza y dolor. Se rehusaba a verse aún más humillada, a creer que el lo decía de corazón- eres un monstruo, y vienes aquí, después de todo, solo para burlarte de mi.

- No negaré que eres una estúpida. Qué de haber sido por mi, nunca estarías aquí...Debiste hacerme caso, Leriana, debiste haberte quedado conmigo cuando te lo propuse y no ir tras ese imbécil. Mira como resultó.

- Si en verdad tienes un poco de corazón, vete. No necesito que alguien me restriegue en la cara lo evidente.

- No vine a eso. Vine porque parece que ni siquiera lo era para mi- respirando con fuerza, el hombre estiró su mano y se quitó las gafas. Ler, aunque con la vista borrosa, fue capaz de ver sus ojos, unos tan únicos y bellos como los de ella, llenos de malicia, fuego y magia, pero que eran transparentes.

Aquel gesto la soprendio enormemente, lo suficiente para no intentar moverse, alejándose de la caricia que el le brindo en el rostro. No lo notó hasta que el ardor y la incomodidad se hizo presente, entonces, hasta donde pudo, retrocedió. No fue mucho .

"Mi amor puede ser hiriente,

no sé cómo expresar lo que siento,

ya he dejado mi marca en su cuerpo,

como la han dejado otros cien."

- ¿Se supone que debo creer que en realidad, sientes algo por mi y por capricho de los dioses, vienes a despedirte? - ambos se miraban directamente, enfrentándose como solo dos personas con su naturaleza podían hacerlo.

- Te equivocas nuevamente. No vengo a despedirme. - aclaró el, deslizando lentamente su vista por las cadenas que la sostenían. Ler notó de inmediato que el no negó sus sentimientos. Estuvo apunto de echarse a reir, incluso sabiendo que alguna de sus costillas rotas podría terminar de perforarle algún órgano, pero fue interrumpida por la sorpresa de el sacándose su abrigo y poniendoselo alredor.- quédate quieta.

Ella quiso negarse, pero dada sus circunstancias no pudo hacer mucho.

Tuvo que mirarle únicamente mientras le pasaba un trapo en el rostro y le limpiaba con suavidad la tierra y sangre seca, mientras le tomaba el cuello suavemente, en contraste con el pasado, y presionaba levemente en las partes enrojecidas e irritadas por la cadena que le rodeaba aquella parte. Imitó dicha acción en sus muñecas y sus tobillo, todos rodeados por cadenas gruesas, pesadas, que la mantenían unida al piso.

Como un perro.

Ler quiso echarse a llorar. Pero cuando quiso callar sus deseos, se dio cuenta que aunque con levedad, ya lo hacía. Qué el dolor en el cuello que apenas podía mover, y en sus manos que débilmente podía girar, y sus piernas que no podían estirarse, eran poco comparado con el dolor por la vergüenza y el pasado, porque si, aquello le pesaba más que las cadenas.

- ¿Porqué... Porqué lo haces?

- Tu ya respondiste esa pregunta, niña. - respondió el mientras seguía en su trabajo. La chica cerró los ojos y respiró con fuerza.

- Tu me odias. Nos odias. No puedo creer que hagas esto porque sientas algo más que lástima por mi o porque quieres burlarte.

"Y tenerla debajo de mi me hace pensar que es mía,

mi boca necia repite que soy suyo,

a ella no le interesa mi amor, ni lo que diga,

ella no siente lo mismo que yo siento."

- No siento lástima por tu situación, si no por lo que pudo haber sido, Ler.- explicó el, junto a su rostro. Dejó el pañuelo a un lado y con sus habilidades comenzó a cocer algunas heridas abiertas de la joven. Ella apretó los dientes- esas alas deberían de haberte llevado al cielo, no traerte al infierno en el que te encuentras ahora. Pudiste haberlo tenido todo, Ler. Pudimos haberlo tenido todo.

Los ojos de la chica se cristalizaron nuevamente y el pecho le dolió tanto, que podría jurar, alguien se lo estaba atravesando.

Entonces, un pecoso apareció en su campo de visión. Su vista borrosa, apagada y oscura le mostraba un reflejo de su propia situación. De un malherido, amarrado y expectante Ace.

"Pudimos haberlo tenido todo".

- Pudimos, pero no lo merecíamos...- contestó tan bajo, que creyó que el hombre no la había escuchado.

"Los verdaderos reyes no tienen nuestra sangre. Nosotros somos quienes derramamos la sangre de ellos. Y estamos a punto de volverlo a hacer"

Sin embargo, el le tomó el mentón y lo levantó con delicadeza.

- Tu lo quisiste así...- dijo mirándola a los ojos nuevamente. Apretó los labios y frunció el ceño, la belleza marchita de Ler era melancolía y triste, pero para el, sin igual, a pesar de que claramente la magia se estaba apagando. Se encontró recordando a Corazón en sus últimos momentos, cuando la magia fue drenada completamente de si frente a el, por el- y aunque te odie por eso y maldiga tu nombre el resto de mis días, los odio más a ellos.

Ella no lo comprendió, solo entrecerró sus ojos, aún más cansada por el esfuerzo de mantenerse en una posición que le permitiese verlo. Era hasta gracioso pensar que de alguna manera, le alegraba ver un rostro conocido, era decepcionante que fuese el de el.

Ler no se imaginaba lo que vendría después.

- ¿Qué significa eso, Doffy?

El hombre sonrió de medio lado, de la forma en la que solo un Dragón como el y como ella podían hacerlo.

En la mente de Ler giraban tantas emociones y pensamientos, pero todos reducidos a la suave música, al recuerdo de la canción que sonaba en Dressrosa cuando se celebraba un baile en su honor mientras ella perdía la virginidad en la habitación de el.

"Pero mi amor es una locura,

locura,

no voy a dejarla irse de mi"

- Que debieron enviar a una mujer madura e inteligente y no a una maldita mocosa imprudente de 14 años. Por dónde se viera, iba a resultar mal.

- Te aseguro que yo me opuse a esa decisión muchas veces...Pero 17 años me han demostrado que no puedo oponerme a muchas cosas...

- Cállate, maldita idiota, ¿No puedes cerrar la boca nunca?- la ex- marine meditó si debía responderle, pero decidió desistir- se que voy a arrepentirme después de hacer esto.

Leriana notó que muchas de sus heridas habían sido curadas y limpiadas hábilmente y que el calor corporal regresaba gracias al abrigo. Lo miró con atención, insegura.

- ¿De qué?...- rechinando los dientes después de que el diera un jalón, rezó a los dioses que se apiadaran un poco solo para permitirle golpearle la cara al guerrero del mar.- por favor, solo lárgate, ya.

- Hay una leyenda muy famosa acerca de ti, dicen que saltaste del cielo un día y sobreviviste- ella entrecerró sus ojos, recelosa, mareada, adolorida- es tu oportunidad de repetir dicha hazaña.

Inmediatamente, la ex-marine negó con la cabeza.

- No voy a creerme que vas a ayudarme, se que es una trampa.

- Y jamás vas a creerme tampoco que...- Ler se preguntó si no es que había escuchado mal lo que él le estaba diciendo- lo suficiente para sacarte de aquí, contrario a la persona que te trajo a ese lugar.

Ler reflexionó que toda su vida deseó ser amada de la forma en que solo un hombre puede amar a una mujer. Desde niña, siempre soñó con escuchar aquello de los labios de alguien. Y ahora que había ocurrido más veces de las que quería, en menos tiempo del que podía imaginar, no se sentía bien del todo. Menos teniendo a la muerte a solo un paso de ella, esperándola pacientemente.

Supo entonces que no quería escuchar esas palabras de nadie más que no fuese Ace, quién se había retratado de las mismas.

Aún así, le parecía gracioso y doloroso lo irónico que había resultado todo. De salir con vida de esto, Ler se había jurado que escribiría una comedia de su vida.

Entonces, el hombre se metió una mano al bolsillo y saco un juego de llaves que ella reconoció de inmediato

-Así que no lo hago ni por ti, ni por el. Lo hago porque tú fuiste mi regalo de parte de ellos, me niego a que sean ellos quiénes me lo quiten.

- Doff...

- Por eso no te creas tanto. No voy a pedirte perdón por nada, no me arrepiento de nada. No te estoy ayudando, estoy perjudicandolos a ellos. Y no vuelvas a cruzarte en mi camino, porque seré yo quien te lleve al final del mismo. Y si vuelves a ir tras de el...Créeme que nadie podrá salvarte de esa.


-No se trataba si creía que Luffy pudiese derrotarlo o no, como mi Capitán, yo habría seguido sus ordenes aunque ello significase la muerte. Pero el estar allí en ese momento, frente a el, no era por mi misma.

-¿A que se refiere?


- NO.

Luffy tenía el rostro deformado, la rabia latiendo en sus venas, el cuerpo enrojecido, llameante.

- VOY A MATARLO CON MIS PROPIAS MANOS. - repitió por quién sabe que vez mientras Ler intentaba detenerlo, poniéndole las manos en el pecho y empujándolo hacia atrás.

Law y los demás, pese a la sutilidad de aquella acción, eran conscientes de la fuerza que la ex-marine estaba aplicando en el capitán para impedir que este avanzara. Comprendían las emociones que el desbordaba, la rabia, el dolor, la angustia; y entendían también que aquello era muy poco comparado con lo que realmente debería estar sintiendo.

El chico de sombrero de paja había llorado al escuchar aquella historia, las lágrimas se le habían escapado por la imposibilidad de reparar el daño que le habían hecho a su hermana. Demasiado sensible por haber recuperado a su hermano, tardó en reaccionar hasta este momento.

Los Sombrero de Paja, Law y Dressrosa odiaban a Doflamingo también , pero nunca habían visto tanto odio proveniente de alguien como el del Capitán.

- Por favor, detente- insistió la chica. Demasiado pequeña, incluso para Luffy, pese a su fuerza, sabía que no podía contenerlo más tiempo.

- ¿Como me vas a pedir eso, Ler? ¿COMO?- los gritos hacían temblar a la muchacha, a los muros, todo a su alrededor.

El rey hacía temblar al mundo cuando estaba molesto.

- La única razón por la que puedo pedirte ahora, aquí- a ella aún le dolía los recuerdos, aún era una herida abierta aquella Isla- es por el.

Luffy miró hacia abajo, apretando los puños, cruzándose con la mirada suplicante de la chica sin comprender cómo podía pedir por la vida de un malnacido como Doflamingo.

Era su hermana.

Su pequeña hermana.

Y ese hombre le había hecho tanto daño, la había roto en tantos pedazos y traumado de tantas formas, y aún así, estaba allí pidiéndole que no hiciera nada al respecto.

Para el, esa era la única forma de enmendar el que no hubiese podido evitarlo.

No podía repararla, pero si vengarle, y para el eso no era suficiente, pero no podría descansar hasta que el hombre dejase de existir en esta tierra.

- EL ABUSÓ DE TI- gritó, ya no importandole lo que los demás escucharan o pensaran.

El la protegería. El estaba empeñado en protegerla.

- Y me salvó la vida también.


- ¿Porqué no intentaste regresar? ¿Porqué no luchar por lo que era tuyo por derecho de nacimiento? - mientras la veía ponerse la ropa que el le había entregado, el hombre quiso introducirse en los pensamientos de la chica.

- Por que yo no pedí nacer con el, de ellos- respondió ella sin darse la vuelta, mirándolo levemente sobre su hombro- si pudiese cambiar mi origen, lo haría sin dudarlo. Lo evitaría aunque por ello no hubiese existido.

Aún se sentía sucia, débil, destrozada, pero le daba igual. Tenía otra oportunidad aunque fuese para equivocarse una vez más.

- Eso explica muchas cosas- meditó el, cruzándose de piernas. La espalda de Ler se puso rígida y el temblor de sus manos que sostenían la capa, la delató ante el. Era una fortuna que no le viese el rostro lleno de culpa - así que no fue fácil para ti tomar esa decisión...

Doflamingo pensó que ella no respondería más, que terminaría de colocarse el uniforme y se iría lo más rápido posible de allí, pero no lo hizo. En cambio, se volteó hacia el y le sonrió con debilidad. El se sorprendió de lo mucho que había cambiado desde el primer día que atravesó las puertas de su castillo y la última vez que salió de el.

- Alguna vez alguien me dijo en la Marina que una vida se paga por otra. y que todos tenemos que hacer sacrificios. Yo hice el mio.

Incluso un hombre como el, habiendo sido también un niño desafortunado como ella, comprendía aquello. Y las acciones que le habían encaminado a ese momento, en dónde estaba haciendo todas las cosas que evidentemente no debía hacer por ser ajenas a el y a sus planes, estaban enmarcadas dentro de esos parámetros, que no se limitaron a la justicia, si no, a la vida.

Al mismo Doflamingo le tocó sacrificar una vida para asegurar la suya. Y lo que le hacía sentir era algo que no compartiría con nadie, pero que silenciosamente, había manifestado en Ler.

- ¿En serio estabas dispuesta a morir por evitarlo? ¿Porque llegar tan lejos, Leriana?- preguntó el, tratando de comprender porque ella había evitado el camino que les permitiría tener más poder del que nunca habrían imaginado, aquello que incluso le podría haber salvado.

Preguntandole por el valor que el mismo había cruzado para obtener lo que deseaba.

- Yo nací maldita, me reservo mis derechos para decidir qué hago con mi maldición.

-Sabes que después de eso jamás podrás...

- Lo sé- lo cortó ella mientras miraba la puerta- es lo justo.

El respiró hondo y se colocó las gafas oscuras nuevamente, poniéndose de pie y caminando en dirección contraria, siendo el quién ahora le daba la espalda.

- Se que no haces esto realmente porque me quieres, no lo haces.

- Cree lo que quieras- dijo el con indiferencia.

- Únicamente sigues anhelando algo que solo yo te puedo dar- insistió tratando de convencerse- Pero no lo haré.

- Lo sé, lárgate ya- el escuchó sus pasos- Recuerda, esto no pasará dos veces. Aléjate de el.

Ella no contestó a su advertencia.

El no esperaba una respuesta porque la conocía bien.

Shanks y Sengoku habían señalado, cada quien un día, lo aterradoramente similares que ambos podían ser.

Colocando sus manos en su barbilla y apoyándose en la ventana rodeada de barrotes de aquella celda en las alturas, sonrió escuchando a la muchacha desaparecer con el sonido de la puerta cerrandose.

- No importa que ya no te veas cómo una, sigues siendo la misma niña rebelde y estúpida. Quizá por eso Sengoku...Tal vez ese maldito lo suponía desde un inicio- reflexionó mirando el exterior- Debí haberlo sabido cómo se que te volveré a ver pronto, Ler. Espero no llegues tarde a la guerra.

"Me robó la vida con su dulzura,

y me la da aunque me haga sufrir.

Mi amor es hiriente,

lo dice la gente,

cuando no planeo más nuestra boda,

cuando empiezo a planear su muerte"