Capitulo 42 – Diana – Tensión sexual.

"Ustedes realmente son una familia interesante."

Akko estaba sentada a su lado. La gente a su alrededor seguía disfrutando, pero ella ya estaba agotada de todo aquello. Incluso la castaña fue quien le dijo que se fueran a sentar un rato. No dudó en seguirla. Se le veía algo confusa, pero luego de un momento sus facciones volvieron a la normalidad, incluso notaba algo de seriedad en su rostro, lo que no era normal.

"No ha sido fácil para ninguna."

Los carmines se posaron en ella, analizándola.

"Mientras crean en ustedes, y sigan su corazón, será suficiente para solucionar todos sus problemas. Las chicas me han contado un par de cosas, y es lo único que puedo decirles. Si hay amor, todo se puede."

La miró con sorpresa, siendo atraída por su sonrisa tan confiada. Había escuchado esas palabras otras veces, incluso se las dijo aquella vez en el hospital. Pero si, tenía razón. No era fácil, siendo todas tan analíticas, tan frías, con una formación tan rígida, pero era así. Akko parecía muy sabia hablando de esas cosas, y agradecía aquel apoyo que le daba a sus amigas mayores, las cuales parecían insistir con lo que sus sentimientos dictaban, derritiendo a sus difíciles novias.

No era la excepción.

Sintió la mano de Akko en la suya, haciéndola salir de su red de pensamientos.

"Somos jóvenes aun, pero sé que podremos con cualquier cosa que se interponga en nuestro camino."

Sus ojos brillaban con esa confianza y determinación tan típico de la castaña. Le sorprendió, pero le sonrió finalmente, devolviendo el agarre en sus manos, entrelazando sus dedos. Ya no se preocupaba, porque sabía que la chica estaría con ella pase lo que pase. Lo estuvo siendo una rival, y lo estaría aún más siendo su novia.

"Que seas tan linda no evitará que siga enojada por hacerme vestir esto."

Akko se quedó inerte con sorpresa en sus facciones, y luego soltó una risa nerviosa.

"Creí que iba a funcionar. Mi plan maestro ha fallado."

Le dio una mirada reprobatoria, pero la risa que escuchó solo pudo calmar de inmediato su expresión. Siempre se suavizaba con Akko.

Le impresionó el que su disfraz de bruja le quedara perfecto. En su caso ya no le cabía, o le apretaba en algunas zonas, así que era imposible usarlo. Akko llegó con ese disfraz en una bolsa, y no pudo creerlo cuando lo vio. Era muy sensual, y era obvio que no era suyo y lo compró. No quería pensar que lo había comprado para ella, o se avergonzaría aún más. Le pidió casi de rodillas que lo llevase para la fiesta, y como no tenía nada más para ponerse, no tuvo opción alguna.

"Te viene bastante, como quieres ser doctora."

Notó la mirada carmín en su cuerpo, y sentía que sus manos comenzarían a sudar de pura vergüenza.

"Una doctora, no una enfermera sexy."

Pudo ver la mueca picara de Akko, mientras se acercaba lentamente, guiñándole un ojo.

"Pero sexy al fin."

Frunció el ceño e intentó no mirarla. No podía con ella, realmente no podía. La risa solo provocó más irritación en su ser. No le gustaba sentirse tan vulnerada, pero tampoco sabía que decirle a la chica. Luego de unos momentos su acompañante se silenció, y parecía atenta a las personas que bailaban despreocupadas en ciertos sectores del lugar. Ya era menos gente, la hora pasaba muy rápido.

"Este no parece ser el tipo de música que ustedes bailan."

Akko realmente parecía concentrada. Y si, tenía razón. Estaban acostumbradas a la elite desde jóvenes, y esa música moderna era un misterio, ni siquiera sabía si eso se bailaba o si los que ahí bailaban sabían lo que estaban haciendo.

"Fuimos criadas con bailes de etiqueta."

"Uhg, maldición. Soy la única entonces que no sabe bailar eso, suena complicado."

Miró a la chica, la cual tenía un rostro pensativo y su ceño fruncido. Frustración en su expresión.

"Elsa no sabe bailar."

"¡No puede ser!"

Esas palabras fueron en japonés, pero ya se sabía aquel significado. Su rostro reflejaba mucha sorpresa. Solo asintió, para que supiera que hablaba en serio.

"Guau, no lo habría imaginado. Eso me hace sentir un poco menos sola. Quiero aprender, quizás le pida ayuda a Anna."

Frunció el ceño de inmediato ante esa declaración. Anna sabía bailar muy bien, pero ella misma también.

"¿Por qué no conmigo?"

Akko la miró y soltó una risa, quizás notando su enfado.

"Porque te voy a pisar, y prefiero pisar a Anna y luego bailar bien contigo que pisarte a ti y dejarme en vergüenza."

Se levantó de hombros, como si fuese la respuesta más lógica. Y en parte lo era, pero no podía evitar sentir algo de celos al respecto. Akko le sonrió y nuevamente le puso esa mueca picara.

"Sé que te daría más celos con alguien más, aunque dudo que pueda preguntarle a Weiss, me da un poco de miedo, y bueno, Elsa no sabe bailar, ¿No? Y Ruby no es ese tipo de chica, probablemente ella baile si es cosa de vida o muerte, pero no para enseñarme."

Soltó una risa ante la deducción de su novia. Y si, era verdad. No sabía muy bien si el tipo de mujer madura y fría era el tipo de la castaña, pero las dos chicas lo eran, al igual que ella misma.

"Baila con Anna."

Le dijo, resignándose y recibió una gran carcajada en respuesta, mientras se abrazaba a uno de sus brazos.

"Eres muy linda cuando estás celosa."

Soltó un bufido, lo que causó más risa en la castaña. No pudo evitar reír también ante la situación, y alegrarse de que fuese tan cómoda una conversación tan vergonzosa. Sonrió y dejó un beso en el cabello de la chica, disfrutando de su cercanía.

Realmente se sentía diferente a la persona que era antes de conocer a Atsuko. Fue abriéndose más, fue dejándose llevar, se volvió una persona que no le importaba lo que los demás pensaran. Gracias a sus amigas también había progresado.

Se sentía como nueva.

La fiesta empezó a morir poco a poco. Era pasada la media noche. Se dio cuenta cuando fue Ruby la que soltó un bostezo. Weiss la retó mientras la miraba con ojos enamorados. Ahí se dio cuenta que era el momento de partir, así que llamó a un taxi para que las llevase a su casa.

Se despidió de sus amigas, y volvió a felicitar a la pelinegra. Akko las puso a todas en un abrazo que a nadie pareció molestarle, incluso la peliblanca estaba sonriendo. Todo parecía estar mejor que nunca.

Salieron del local y fueron saludadas por las calles silenciosas. Sintió un calor en la espalda cuando Akko se quitó la capa de su traje y se la puso sobre los hombros. Le sonrió al notar su gesto caballeroso, muy fuera de lo común. No era el tipo de chica que se percataba de esas cosas, era un poco…distraída. Se sonrojó al pensar que tal vez no podía distraerse si estaba tan al tanto de la ropa que usaba. Soltó un suspiro, intentando recuperar su estado normal.

El taxi llegó y fueron a su casa.

Akko había ido a buscarla, así que dejó algunas de sus cosas en su cuarto para no andar con bultos, sobre todo si tenía que cambiarse de ropa. Abrió la puerta y le hizo un gesto de silencio a la castaña, la cual asintió. Caminaron despacio por el pasillo, intentando hacer el menor ruido. Sus compañeras debían ya estar dormidas, y no quería despertarlas.

Pudieron respirar un poco más tranquilas cuando entraron a la habitación, ya con la puerta cerrada. Akko caminó de inmediato hasta la cama, sentándose. La vio estirarse, e incluso escuchó alguna de sus articulaciones.

"¿Cómo la pasaste?"

Le dijo con un tono más calmado de lo usual, consciente de que debía guardar silencio. Se le acercó, tomando una de sus manos. Sentía que no podía parar de sonreír, lo que era muy extraño en sí misma.

"Muy bien, gracias a ti por acompañarme."

La chica le devolvió la sonrisa.

"Es un placer acompañarla, señorita Cavendish."

Se tapó los labios para no soltar una risa tan fuerte. La tomó por sorpresa su voz tan sobre actuada, y el hecho de que besara el dorso de su mano, con esa mueca tan exagerada. Akko rio por lo bajo, y solo pudo tragarse su estrepitosa risa. No era un buen momento para que la castaña la hiciera reír.

Miró por la ventana, notando la luna y todo el cielo completamente oscuro, y luego miró a la chica.

"¿Te quedarás a dormir?"

Akko pareció impresionada, e incluso algo sonrojada. Su mano llego a su nuca.

"Si me invitas, yo acepto."

Sonrió y se sacó la capa que aún tenía en los hombros. Dio un salto cuando sintió las manos heladas de Akko en sus piernas, cerca de sus rodillas, donde terminaba el delantal que llevaba puesto. No pudo ver los ojos de la chica, porque su rostro estaba gacho y el sombrero no parecía hacerle la tarea más fácil.

"¿Akko?"

Dijo, mientras le sacaba el sombrero de bruja y lo dejaba a un lado.

La vio levantar el rostro, mientras tenía una sonrisa en su rostro, aunque notaba algo extraño en ella, diferente.

"¿Puedes besarme?"

Sus ojos carmines brillaban con intensidad, y no pudo negarse en lo absoluto, solo cayó en el trance. Agachó su torso y llevó sus manos a los hombros de la chica, para apoyarse y no caer. Cerró los ojos y unió los labios con los de la castaña. Sintió un impulso apoderarse de ella. Tal vez era el calor proveniente de su novia, o tal vez sus manos aun en sus piernas, la razón que fuese, la hizo perder el control.

No se sentía como ella misma en lo absoluto.

Escuchó un suspiro ahogado cuando decidió meter su lengua en la boca de Akko.

Nunca la había besado así. Se sentía extraño, pero lo disfrutaba. No iba a negar que estudió un poco sobre esas cosas, porque no sabía prácticamente nada. Todo era por instinto, y eso decía en muchos lugares. Y ahora sentía como su cuerpo actuaba por impulso, y sabía que debía dejarlo ser. No debía pensar, solo disfrutar.

Sus manos comenzaron a temblar, así como su cuerpo entero, cuando la lengua de Akko empezó a jugar con la de ella. Sentía su rostro arder cada vez más. Las manos inquietas subían y bajaban por sus piernas, torpemente. Ambas eran muy torpes en eso, y no era de sorprenderse. Aunque le alegraba igual que fuese así, era justo.

Sentía una presión en su pecho que la mantenía en un estado inquieto.

No se entendía en lo absoluto.

Cuando se dio cuenta, Akko ya estaba de espaldas por completo en la cama, y su propio cuerpo se acomodó encima. No dejó de besarla ni por un segundo. Las manos ajenas ahora estaban en su cadera, presionándola, luego se deslizaban, rodeando la zona. Sus manos estaban en la ropa de la chica, aferrándose, aun sintiéndolas temblar por millones de razones. Sentía que el aire cada vez se ponía más denso, pero de una manera diferente a lo que estaba acostumbrada.

Escuchó a la chica bajo ella soltar un suspiro quejumbroso, separándose levemente. No lo tomó a mal, en lo absoluto, sobre todo porque la castaña estaba buscando desesperadamente algo de aire. Su rostro estaba muy rojo, más de lo que lo había visto nunca, incluso sabía que el propio estaba igual. Podía notar las respiraciones de ambas estar agitadas, sin control.

Akko abrió la boca para decir algo, pero nada salió.

Sintió las manos ajenas en su espalda que con un movimiento apegaron los cuerpos de ambas una vez más. Volvieron a capturar los labios de la otra. No sabía si lo estaba haciendo bien, o si toda la situación estaba bien, pero no tenía duda que ambas lo estaban disfrutando. Los leves sonidos que ambas emitían solo hacían que el calor en su cuerpo aumentase.

Pronto perdería el control por completo.

No, ya lo había perdido.

Sin poder controlarse, su cabeza nublándose poco a poco, terminó empujando con su rodilla cierta zona de la castaña, justo entre sus piernas, la cual soltó un gemido por la sorpresa.

TOC TOC.

Ambas se quedaron de piedra. Akko tenía sus manos en su boca, impidiendo que otro sonido pudiese salir de ahí. Ella misma quedó inerte, sin mover ni un solo musculo, sin siquiera querer respirar. Lentamente giró su rostro hasta donde estaba la puerta. No había duda de que alguien había golpeado.

Sudó frio.

"¿Estas bien, Diana? ¿Necesitas algo?"

Barbara tenía el sueño más liviano, pero su voz no parecía sospechar, sonaba soñolienta.

"Todo bien."

La chica le dio las buenas noches y se alejó sin más. Al parecer estaban a salvo, por ahora.

"Creo que deberíamos dormir."

Dijo, en un susurro, y Akko asintió con fervor, aun en pánico.


OH, oh, las bebés están creciendo deprisa. Demasiado rápido. Bueno, tendrán que lidiar con eso un poco más, aunque les diré que Diana no tiene mucha paciencia…

Como sea, espero sigan todos bien y sé que esta historia ya esta muriendo, así que diganme si siguen ahí o debería dejar esto para siempre y comerme mi caca.

Capitulo siguiente: Elsa – Plan vergonzoso.

Unos haters me atacaron ayer asi que me siento sucia con lo del elsanna, pero seguiré siendo una enferma :( Igual Elsa será fundamental para ayudar a las bebés a consumar su amor jij

Nos leemos pronto.