Capítulo 25: Encuentro caótico.
Taiyo Force: ¡Muchas gracias por tu comentario y review Taiyo!, me alegra que te esté gustando tanto mi fic. No he visto la secuela familia de LVSDTM 2 y no pienso hacerlo, siéndote honesto; la primera se me hizo algo mediocre, este fic lo inicie; no por qué me encantará y ni me volviera un inmediato fan de la misma, empecé a estructurar la idea en mi cabeza al nomás salir de la sala de cine cuando vi la primera y me acabo gustando tanto; que no podía contenerme, mi cuerpo me exigía plasmarla sobre papel o en este caso; palabras digitales. Y si la mediocre se me hizo mediocre, y lo que estuve escuchando después de que se estrenará es cierto; pues... solo diré, que yo prefiero usar mi tiempo para ver cosas con muy buena o excelente calidad.
Cómo sea; en fin, claro que te doy permiso para hacer imágenes de escenas de mi fic en tu DeviantArt, es más; me sentiría honrado y no exagero. Muchas gracias por todos tus buenos deseos y tú apoyo, aquí está el siguiente capítulo, que lo disfrutes.
Quiero aprovechar; antes que nada, para dar un aviso. Existe la probabilidad de que el tiempo de espera que hay entre una nueva actualización, se alargue todavía más.
Les pido una sincera disculpa, a todos aquellos a los que esto; los carcome, lo que sucede que es finalmente, tras varios intentos fallidos, he logrado ser aceptado en una carrera universitaria especializada en la escritura creativa. Cómo iniciaré el primer semestre este lunes, desconozco completamente cuanta tarea me dejarán, que tanto de mi tiempo consumirá o si tendré la posibilidad de que me permita continuar con mis fics durante el semestre; o si tendré alguna ventana de tiempo libre que me permita continuar con ellos, aunque con una constancia mucho menor.
De verdad; lo siento, pero créanme cuando les digo que; enserio: amo la literatura y la escritura. Quiero tomarla muy enserio y aprender de los mejores; para crecer todavía más cómo escritor y ser más profesional en ello.
Quise poner este apartado aquí otra vez; para no arruinarles o suavizarles el ambiente y la atmósfera del capítulo; sobre todo en la escena final de este capítulo.
Predalien-Gaiden.
Hasta cuando pueda ser capaz de reanudar mi proceso creativo en esta plataforma. Hasta luego, y hasta la próxima, les deseo lo mejor :)
—...Cada vez es más intenso. Debe estar cerca —Duke levantó la cabeza, tras olfatear el pavimento de cerca — Vamos, no falta mucho —Le dijo a Mario y los demás, volteando a verlos y mirándolos por encima del hombro.
Giró la cabeza y tras clavar su mirada hacia enfrente; comenzó a andar a paso a veloz, con los demás siguiéndolo, a media calle. Siguieron recto en esa dirección, por un par de minutos y al llegar a la esquina, se encontraron con que la calle; continuaba extendiéndose todavía más, formando una encrucijada en forma de cruz con otra calle. Mario miró a su alrededor y echó un vistazo a los tres caminos que tienen ante él, mientras una suave ráfaga de aire le cepillaba el pelaje de la cabeza y las orejas, todo a su alrededor era un pueblo fantasma, no había ni una sola alma, cada establecimiento u edificio que no fuera departamental por que el pasaron; se hallaba cerrado a cal y canto.
—Estupendo... —Suspiró Chloe, monótonamente y con cierto sarcasmo; echando una mirada alrededor, con desgane.
—¿Y ahora qué? ¿alguna idea? —Preguntó Pops, guardando silencio justo después.
Duke medio frunció el ceño y puso su nariz nuevamente a ras del suelo; con un solo y rápido movimiento, comenzó a olfatear y a seguir el rastro de nueva cuenta, sintiendo como los demás lo seguían muy de cerca a sus espaldas. El aroma se hacía cada vez más débil y comenzaba a desvanecerse, por lo que avanzó y olfateó tan rápido como podía, no tardo en averiguar, que el olor daba hacia a una pesada tapa de alcantarilla, en el centro de aquella intersección.
—El rastro termina aquí. *Mm*, tal vez deberíamos bajar y echar un vistazo. Vamos, ayúdenme a levantarla. —Dijo, volteando a ver a los demás un momento; para después posar nuevamente la vista sobre la tapa.
Todos se le acercaron, pero solamente Tiberius y Norman ayudaban, Pops y Chloe se hicieron a un lado, mirando de cerca; no movían un solo dedo. Mario giró la cabeza y miró a su alrededor dubitativo; los caminos sé que abrían a su derecha y delante de él, justo detrás de sus amigos, Todo; se hallaba demasiado tranquilo, y seguir el rastro les fue más fácil y sencillo de lo que creyó, siguió contemplando la vacía y solitaria calle, radiante y bellamente iluminada por los rayos del sol de la tarde; con los sentidos agudizados, moviendo las orejas un lado a otro; como un par de radares. Repentinamente, tuvo un mal presentimiento, sus oídos no captaron nada; lo sentía en sus tuétanos.
—*¡Hmmf!* Oye Mario, échanos una pata; ¿quieres? —Le dijo Tiberius, sin dejar de hacer esfuerzo; mirándolo por un momento. — ¡¿Y ustedes por qué no hacen nada?! —Exclamo, dirigiéndole una mirada molesta y enojada a Pops y Chloe. — ¡No se queden ahí parados, y vengan a ayudarnos¡ —
—Ya yo estoy demasiado viejo para esas cosas, no seré más que un estorbo para ustedes si lo intentó. —Repuso el sabueso.
—Sííí,-No lo creo. —Contestó Chloe, tras pensárselo un segundo; con su acostumbrada indiferencia y monotonía.
Esto último solo hizo enojar a Tiberius, pero no tenía tiempo para esto, siguió haciendo esfuerzo con Norman; pero sobre todo Duke, para levantar aquella redonda losa de acero puro.
—Esperen. ...Suéltenla —Dijo Mario, volteando a verlos.
Duke, Tiberius y Norman se congelaron; al nomás verlo, abriendo los ojos, Norman se quitó rápidamente de debajo de la tapa, y Duke y Tiberius la soltaron, la tapa embonó perfectamente con el agujero; cerrándose con un fuerte y pesado ruido. Había algo en esa mirada severa o en la sombra que se proyectada sobre su rostro que los hizo obedecer, extrañamente, algo en su interior les decía que no corrían peligro, pero se sentían cómo superados o doblegados por algún profundo instinto que los hacía obedecer. Ellos no eran los únicos, Pops y Chloe también se percataron del repentino cambio en el ambiente.
—¿Q-Qué...?, ¿Qué pasa Mario? —Preguntó Duke, tras mirarlo con resquemor por momentos; al igual que los demás, intentando mantener sus nervios bajo control.
Mario suspiró y cerró lentamente los ojos, al escuchar esa pregunta, cuando nuevamente los abrió, aquella extraña sensación; se esfumó.
—Perdonen que los haya asustado así, debía asegurarme de que me hicieran caso —Dijo, mientras caminaba hacia ellos.
—...¿Por qué? —Preguntó Tiberius, dubitativo y algo intranquilo todavía. Tras intercambiar una rápida mirada con Duke, sacudiéndose la sensación de inquietud de las plumas, moviendo rápida y rígidamente la cabeza; como una paloma asustada.
—No debemos bajar por ahí, es una trampa —Contestó, ganándose la atención y curiosidad de todos. — Si levantamos la tapa y bajamos por ahí, seremos emboscados. Lo sé; por qué a mi ocurrió una vez antes. Tuve mucha suerte ese día; mucha suerte, por aún sigo aquí. ...Cómo sea; escuchen: mi hermano odia a los humanos con su alma, pero a pesar de eso; él tiene una gran admiración e interés por sus tácticas militares, y ha llegado; no sé cómo, a aprender, practicar y perfeccionar muchas de esas tácticas. Muchos de los suyos también las conocen y saben ejecutarlas muy bien, ya no puedo oler, pero no necesito de mi olfato para saber que esto vuelve a trampa por todos lados; ¿no les parece extraño que no nos hallamos encontrando aún con ni uno solo de sus secuaces? —
Duke y los demás abrieron los ojos sorprendidos y se miraron entre sí, ¿cómo no lo pensaron antes? Ni la policía ha logrado encontrar algo que les dé, al menos una ligera idea; de donde puede estar ¿pero ellos sí? Era cierto, ahora lo veían, todo ha sido demasiado conveniente y sencillo, tiene razón.
—...¿Entonces que hacemos? —Preguntó Norman, dubitativo, volteando a verlo.
—¿Ya olvidaron lo que dije el día en que me conocieron?, sé algunos cuantos trucos para poder dar con él, pero necesito encontrar un escenario reciente de algún crimen cometido por él o sus secuaces y no será fácil, Magnus cambia el patrón de los ataques que coordina con los suyos constantemente, por lo que es imposible saber cuándo y dónde atacará, lo mejor y lo único que podemos hacer; es movernos, y tener suerte de estar en el lugar y en el momento correcto. —Abrió los ojos a los uno o dos segundos después de haber terminado la frase. — Aunque... —Murmuró reflexivo, bajando la cabeza y la mirada; frotándose el mentón con el dorso de su pata izquierda. — Duke, huele él aire, respira tan hondo como puedas, necesito saber si hay algún otro olor cerca; aparte de los nuestros. —Dijo, con su mirada sobre él.
Tras asentir con la cabeza, Duke levantó el mentón, estiró el cuello, cerró los ojos; y se dedicó durante unos segundos, a escanear el aire.
—¿Tienes algo? —Preguntó Mario.
—Sí. Creo que sí. —Respondió Duke, sin abrir los ojos; dando una última y profunda inhalación. — Apenas lo percibo. Es rancio y desagradable, creo que es...sangre. —Giró la cabeza y lo miró por encima de su hombro izquierdo.
Esto hizo que Mario dibujará una sonrisa confiada y de cierta manera, victoriosa. Sangre, esa era justo la palabra que deseaba escuchar. Era estupendo, el olor de la sangre solo puede percibirse mientras está fresca, lo que significa que algo pasó recientemente, pero deben darse prisa; el olor se desvanece tan rápido como se seca.
—Bien, guíanos hasta ahí —Le pidió.
A pesar de que entendían claramente por qué; los demás no pudieron evitar sentirse algo asustados e incomodos, incluso se miraron entre sí por un momento. Duke comenzó a dirigirlos hacia el origen de la sangre, de cuando en cuando; se detenía e inhalaba profundamente para captar e identificar todos los olores que eran arrastrados y esparcidos por el viento, la lentitud con la que avanzaba, impacientaba a Mario, pero se empeñaba en tranquilizarse y contenerse, después de todo; ya no puede oler, por lo que no tiene la menor idea de si está percibiendo otros aromas.
El olfato de Duke, los guio hacia el camino de la izquierda. Cuando se hallaban a mitad de la calle; todos se percataron, de que Duke comenzó a inhalar cada vez más fuerte y con mayor insistencia, aquello incrementó el nerviosismo de Mario aún más, solo podía significar una cosa: ¡La sangre se está secando!
—¡El olor se va!, ¡rápido; hay que darse prisa! —Exclamo, algo ansioso y preocupado.
Al escuchar esto, Duke hizo su mejor esfuerzo para rastrear el olor lo más rápido posible, pero este se hacía cada vez más débil. Avanzó un poco más, tanto con él, cómo los demás; podían ver que la calle terminaba unos cuantos metros más adelante, y entonces; tras varios intentos de Duke para captar nuevamente el olor, se detuvo, volteo hacia los demás y dijo:
—Lo siento. Lo perdí... —Con rostro afligido.
¡Maldita sea! Pensó Mario, con enojo y frustración, frunciendo el ceño y clavando la mirada en el suelo con intensidad. ¡Solo esto no es faltaba!, espero y no tengamos qué...Su rostro se iluminó y levantó la mirada; al recordar y ocurrírsele algo. Un momento. Giró la cabeza, y comenzó a dirigirse hacia el final de la calle.
—¿Mario? ¡Mario! —Llamó Norman; al darse cuenta de esto, tras mirarlo con extrañez y desconcierto.
El susodicho, guardó completo silencio y siguió; sin detenerse ni aminorar el paso.
—Oye Scar-face, ¿A dónde vas? —Vocífero Pops.
Nuevamente; se repitió la historia, Mario no manifestó gesto alguno; ni dio la más mínima señal de que escuchó.
Tras esto, Duke se apresuró a alcanzarlo, siendo seguido por Tiberius, luego por Norman, y por último se les unieron; Chloe y Pops. Mario se detuvo sobre la esquina de la acera derecha de la calle, y miró a ambos lados de la intersección en forma de T, a su derecha, la calle también terminaba y se bifurcaba en dos caminos, está bastante seguro de que si van hacia allá y van calle abajo; tarde o temprano llegarán a la intersección de tres caminos que dejaron atrás. A su izquierda, el camino se extendía un de cuadras; como una callejuela entre los altos edificios, ramificándose y continuando en dos caminos que torcían hacia el norte; bajo la forma de una F.
Al percatarse de esto, Mario frunció nuevamente el ceño, y mostro los colmillos, sintiendo fuertes deseos de gruñir. Maldita sea Pensó molesto y frustrado, aquello era justo lo que temía. Espero y no tengamos que separaros, fue lo que estuvo a punto de pensar, y ahora todo apuntaba a que tendría que recurrir a eso, si quiere encontrar el lugar de donde provino el olor sangre lo más rápido posible. ¡No; espera! Recapacitó rápidamente, Eso sería una terrible idea y una decisión; aún peor Reflexionó. Cuenta con la destreza suficiente para sostener un combate contra su hermano, y puede lidiar con varios de sus subordinados por sí solo; pero ellos no, no puede mandarlos a explorar e inspeccionar en un grupo de dos o tres, y menos aún; solos, si llegan a encontrarse con Magnus o con alguna de sus patrullas; acabarán muertos. Debí preguntarles si sabían pelear... Suspiró en su cabeza; con resignación, bajando la cabeza.
—Ehh, ¿Mario? ¿Estás bien? —Le preguntó Duke, acercándose y colocándose a su derecha; mirándolo algo preocupado.
—… ¡¿Eh?! Sí; Sí. —Contestó. —Muy bien; escuchen, no tenemos otra opción, tendremos que hacerlo a la vieja usanza, recorreremos y registraremos hasta el último rincón de las calles de esta manzana; hasta dar con el origen o la fuente de la sangre que detectó Duke. —Anunció.
— ¡Déjenme terminar! —Dijo irritado y apremiante, cerrando los ojos con el ceño fruncido, levantando una pata hacia Chloe, haciéndole un ademán para que se callará o parará; tan pronto vio que abrió la boca. — Sé lo que están pensando, escuchen: no podemos separarnos ni dividirnos en grupos, para abarcar una mayor área, Magnus y los suyos podrían estar apostados en cualquier parte, y perdonen si los ofendo; pero hasta donde sé, ninguno de ustedes posee tanta destreza y experiencia en el arte del combate cómo yo, Magnus y sus secuaces entrenan arduamente todos los días y no tengo la más remota idea de si serán rivales para ellos...no puedo tomar ese riesgo. —Terminó, clavando la vista sobre el suelo.
Duke y los demás no sabían que decir, efectivamente; les ofendió que, de forma soslayada y cortes; los haya llamado inútiles, pero siendo francos, tiene toda la razón. De entre ellos; los mejores peleadores serían Duke y Tiberius, enserio dudan que Norman, Pops y Chloe puedan ser de ayuda en ese sentido, y el despliegue de agilidad y velocidad que Mario mostró ante Los Desechados en el momento en el que conocieron; bastaba para saber que no está fanfarroneando, está siendo honesto, objetivo, frío y analítico.
Todos ellos podían ver el conflicto interno; en su mirada, cuan contrariado está, sentían su resignación y frustración, pero también su bondad, prefiere velar por la seguridad de todos ellos; a arriesgar sus vidas por encontrar al fin, una pista que lo guíe hasta Magnus. Esperan no estar malinterpretando. De ser cierto; esta simple acción diría aún más de él.
—Además, mientras los restos de donde brotó la sangre sigan donde están; no será necesario, tampoco tendré ninguna prisa por encontrarlos. —Prosiguió, quitando la mirada del suelo y posándola sobre ellos.
—Tú mismo lo acabas de decir, mientras aún sigan ahí, ¿qué tal si ya se los llevaron? ¿y si tomamos un camino incorrecto o varios? Y si cuando por fin logremos dar con el correcto ¿ya no hay nada? ¿Qué haremos entonces? —Dijo Pops.
—Buen punto. —Chloe no pudo evitar reconocérselo.
—Es verdad, Mario. —Dijo Norman, acercándosele un poco. —Eso significa que tenemos que darnos prisa y encontrar el origen de ese olor cuanto antes, y la mejor manera de lograrlo; es separándonos. —
¡¿Qué?!; ¡¿están locos?!, ¡¿Son unos p***s suicidas o qué?! Pensó Mario atónito, frunciendo el ceño y mostrando sus dientes amarillentos por un momento; con negación y desdén. ...No, no creo que lo sean. Hasta ahora no he visto nada que me haga creer que sean ambiciosos, ni que quieran creerse o busquen ser los héroes. Tal vez solo me están señalando cuestiones o escenarios que no tome en cuenta, intentan ayudarme, ¡sí!, debe ser eso. Pero...no creo conocerlos lo bastante bien para saberlo con certeza. No debo descartar nada, al menos por ahora.
—No. —Fue su terminante respuesta.
—Por todos los cielos, Mario. —Se quejó Chloe. —Sé razonable, usa la cabeza. Si recorremos e inspeccionamos cada una de las calles que tenemos alrededor; centímetro por centímetro y no encontramos nada, tendremos que volver sobre nuestros pasos e intentarlo en otra, tal vez una y otra vez. ¡Podría llevarnos horas! —
—¡No me importa!, ¡es la mejor opción que tenemos! —Contestó, exasperado.
—Esperen... ¡sí la hay!, puedo volar por encima de los rascacielos. —Dijo Tiberius, medio abriendo las alas; emocionado.
—Y mirar toda la manzana desde el aire, ¡es verdad! —Dijo Duke, compartiendo su emoción y su alegría; con una sonrisa, dejando a algunos de sus blancos colmillos; a la vista.
Tiberius se acomodó y plantó bien las patas, mirando hacia el cielo, pero...
—¡No! —Exclamo Mario, con una voz grave y profunda, hecho una fiera; justo antes de que pudiera dar primer el aleteo y levantarse del suelo.
Solo entonces; Tiberius se dio cuenta de que lo tiene justo enfrente, con la cabeza suspendida justo por encima de la suya; mirándolo directamente a los ojos. Todo, la diferencia de tamaños, la rápido con la que se posicionó delante de él, lo intimidante que era, pero; sobre todo, esa misma mirada; tan severa y sombría, lo hicieron congelarse en su sitio. Se le quedo mirando con el corazón encogido, el cuerpo se le contraía por sí solo del miedo, se sentía indefenso, diminuto, con el presentimiento de que puede aplastarlo en cualquier momento cómo a una hormiga.
Los demás también se hallaban tensos y alertas, era como si no respirasen, simplemente los miraban, expectantes; sin moverse de donde están. Tiberius se hallaba con la mente en blanco, no sabía qué hacer, sus instintos de supervivencia resonaban estrepitosamente que; por lo que más quisiera, no moviera un solo músculo. E-E-Esto e-e-es lo que s-s-siente u-u-una presa ¿c-c-cuando es a-a-acorralado p-p-por un d-d-depredador? Pensó.
Incluso alguien como él ya ha sentido miedo antes. Esa es una de las razones por las que decidió no intervenir; para ayudar o tratar de salvar a Leonard y los demás, no solo se debió a que lo superaban en número. Y esa también es la razón por la que decidió iniciar esta misión de rescate y embarcarse en ella. Quiere salvar a Gidget, sí, pero no solo por qué es su primera y más grande amiga, también para tratar de sentirse mejor consigo mismo, quiere limpiar su nombre, lavarse las garras, "expiar sus pecados".
—*Ah* —Mario se liberó nuevamente de toda esa sombría intensidad, con un suspiro. —...Por favor no lo hagas. —Le pidió, le suplicó; con gran remordimiento, hablando de manera carraspeada, cómo si le faltará el aliento. —Recuerden lo que pasó en el edificio en el que viven, entre los secuaces de mi hermano no solo hay animales terrestres. — Su rostro y su carácter; parecían estar más apacible y serenos que nunca. Bajó la cabeza y su mirada aterrizó nuevamente sobre Tiberius. — ¿Y si cuando estés allá arriba; una gran parvada o un grupo de halcones peregrinos te embosca?, ¿crees que podremos hacer algo para ayudarte?, ¿o qué alguien vendrá en tu ayuda? —
Tiberius abrió los ojos; atónito y tras quedársele viendo en silencio por varios segundos, bajó las alas con desánimo y miró hacia otro lado. Recogió y replegó sus alas, mientras se acomodaba dónde está, otra vez tenía razón, aquello no era tan descabellado; es muy probable de hecho, y si eso sucedía, él estaría completamente solo allá arriba, sin nadie que le cubriera la espalda, a merced de una muerte horrible y espantosa. Jamás se había sentido tan apenado, ¿cómo pudo ser tan tonto?, ¿tan impulsivo e ingenuo?, ni siquiera se molestó en detenerse a reflexionar un momento y pensar mejor las cosas, estuvo a punto de hacer algo que pudo haberle costado de la vida, de no haber sido por él... Fui un idiota Se dijo a sí mismo. Un gran y perfecto idiota Fue lo único que podía decir ahora, o; mejor dicho, pensar.
Y no era el único que se sentía así, también todos los demás. Tampoco pudieron evitar mirar hacia otro lado, reflexivos, dubitativos, perplejos o apenados. La facilidad con la que era capaz de cambiar y entrar a ese estado tan feroz, no dejaba de suscitar dudas en ellos; jamás habían sentido una desazón e inquietud así, sus cuerpos y mentes parecían reaccionar de manera instintiva y por más que lo intentaban; no podían ignorar la sensación o sacudírsela de encima. Pero también, muy en lo profundo de sus entrañas; sentían una especie de tranquilidad de lo más extraña, un sentimiento ligeramente cálido y agradable; muy vago y sutil, que de cierta manera; los reconfortaba y hacía sentir seguros. ¿A qué se deberá?
—Por favor. Confíen en mí, es nuestra mejor opción. No para encontrarlo; si no para seguir vivos. …*Ah*. —Volvió a suspirar. — No pienso obligarnos. Iré a ver, si alguno quiere venir, adelante. —La expresión triste y comprensiva de su rostro, los sosegó.
Sin nada más que decir, giró hacia su derecha y comenzó a ir hacia la otra esquina; cruzando la calle. Duke y los demás, simplemente se miraron entre sí, sin saber que hacer. Mario llegó la esquina y recorrió aquella acera hasta llegar al otro extremo, cuando echó una mirada detrás de sí por encima del hombro; se entristeció al ver que Duke y sus amigos no lo seguían, no los veía; ni siquiera a la distancia, aun así; no perdió la fe, alzó la vista e inspeccionó el cielo con la mirada, esperando poder ver la silueta de Tiberius; volando entre lo alto de los edificios a pesar de su advertencia. Pero no vio nada, por lo que continuó; resignado.
Torció y subió por una de las calles que se torcía y extendía como una L; en dirección norte, comenzó a inspeccionar minuciosamente a su alrededor con la mirada, avanzando lentamente por la acera y a la vez alerta, sobre todo cuando llegaba y doblaba por una esquina que daba hacia una callejuela. Cuando entraba a una inspeccionar una de estas, lo hacía con especial cautela, agudizando sus sentidos tanto como podía, un grupo de secuaces de su hermano podría estar apostado ahí, aguardando el momento indicado para tomarlo desprevenido y atacar, no podía darse el lujo de bajar la guardia; ni siquiera un momento.
Registró cada callejón, cada bote, contenedor y bolsa de basura, cada rincón y cada centímetro de la calle...en vano. Montones de nada, eso fue lo único que encontró. Lo mismo sucedió con la primera cuadra de la nueva calle que se extendía horizontalmente unos metros más arriba, en dirección este, era tan recta como una flecha y tan larga; que apenas si podía vislumbrar hasta donde llegaba el otro extremo, la brillante luz del sol que caía sobre su frente; tampoco ayudaba nada. Dobló a la derecha en la esquina de aquella media cuadra, y comenzó a ir calle abajo, si seguía recto por ella hasta llegar al final, volvería a la calle por la que comenzó, aquella en la que el grupo de Duke y él; tomaron caminos diferentes.
Una sola mirada bastaba para ver que aquella calle; transcurría interrumpidamente hasta encontrarse con la otra, no daba a ningún callejón, y media aproximadamente unos cien metros, pero aun así la inspeccionó de manera minuciosa también, tenía que hacerlo, tiene que encontrar lo que sea que produjo ese olor sangre, aún si solo son los diminutos restos de un ratón, incluso algo así; tan pequeño y aparentemente insignificante, le bastaba para intentar dar con él. No se atrevió a llegar hasta donde la calle topaba, no quería ni echar un vistazo, al fin y al cabo; ¿qué más da?, él mismo lo comprobó minutos antes; Duke y los demás dejaron de seguirlo, de acompañarlo, está más que claro que no le tienen la confianza suficiente, fue algo muy estúpido de su parte, pedirles que lo acompañaran. Era mucho pedir. ¿En qué ca****s estaba pensando?, ni siquiera lo conocían bien.
Intentó dejar escapar parte de su frustración con un suspiro; cerrando los ojos. Cuando los abrió nuevamente, se dio media vuelta y regresó por donde vino. Repentinamente; sus orejas se movieron al sentir una pequeña pero fuerte brisa de viento ¡a sus espaldas!, se dio media vuelta de un salto, tensó y dispuesto a luchar, miró en todas direcciones con los colmillos a la vista, se concentró tanto como pudo; intentando oír el más mínimo ruido, percatarse del menor movimiento, detectar cualquier clase de presencia. No logro dar con nada. Pero no es estúpido, si antes se hallaba decidido a no bajar la guardia; ahora lo estará mucho más. Se dio media vuelta con desconfianza, se dirigió hacia la esquina de la acera y al doblar, ¡se topó con un trio de animales qué se hallaban tan apantallados y estupefactos; cómo él!
Bloodborne OST: Father Gascoigne Phase 1 – Extended.
¡Mierda! Fue lo único que pudo pensar; cuando uno de ellos salió disparado contra él. Todo a su alrededor giró; tan pronto sintió que su espalda tocó el suelo, se dio aún más impulso; balanceando su cuerpo hacia atrás, pero fue demasiado, rodó sobre el suelo con él o ella y sintió que voló por un momento cuando la inercia la empujó hacia atrás y lo dejó tendido en el suelo. Se obligó a volver en sí lo más rápido posible, cuando levantó la cabeza del suelo; esta le daba vueltas, pero puso empeño en ignorarlo; mientras se reincorporaba.
Una vez de pie, buscó a velozmente a quién lo atacó, pero se encontró con sus acompañantes. Se apartó rápidamente del camino; rodando sobre su espalda, se puso de pie en un instante y gritó cuando el dolor atenazó su costado izquierdo, desplazó instintivamente la mitad inferior de su torso detrás de él, evitando otro golpe, al girar la cabeza; una pata se balanceó hacia él tan rápido como una bala, golpeándolo en el costado izquierdo de la punta de su hocico, quería darle en el ojo.
Su atacante se lanzó hacia él con saltos cortos, lanzándoles dentelladas, él las evitó retrocediendo y dando saltos, echó una rápida mirada hacia atrás por encima de sus hombros; vio a sus acompañantes dirigiéndose hacia él por ambos lados, empujó su cuerpo hacia atrás, evitando una última dentellada, balanceó su peso sobre sus patas traseras por un momento, y dejó caer una de sus patas desde lo alto, golpeando fuertemente a quién tenía en frente y dejándolo en el suelo. Volteo hacia su derecha y estiró la pata trasera derecha; propinándole una fuerte patada en el rostro a uno de ellos, inmediatamente se agachó y rodó hacia su izquierda, pasando por debajo del otro; quién se había lanzado hacía él, fue a parar contra su desorientado y aturdido camarada, sobre quién quedó en el suelo.
Mario se puso de pie, corrió rápidamente hasta ellos, y estrelló violentamente sus cabezas sin pensarlo. Salió corriendo en dirección contraria para buscar un lugar donde ocultarse y perderlos, tal vez pueda con ellos, pero no quiere arriesgarse; tampoco desperdiciar más energía de la necesaria, si puede evitarlos y seguir después su camino; mejor.
—¡No! —Exclamó quién lo ataco primero: Wendy, tras reincorporarse y dejar escapar un quejido de dolor; con una pata en la cabeza. —¡Rápido, se escapa! —Apresuró a Atlas y Mangle, mientras se ponían nuevamente de pie; aturdidos.
Y salió corriendo tras él a toda velocidad.
Mangle y Atlas no demoraron y comenzaron a seguirla; tratando de igualar o seguir su paso. Wendy no tiene ni idea de que se trataba de él, ni siquiera se molestaron en mirar con más detenimiento a su adversario, pero; aunque así fuera ¿quién puede asegurar que se reconocerán de inmediato?, no se han vuelto de ver desde entonces, hasta es posible; que ni siquiera lleguen a reconocerse.
Doblaron a la derecha al llegar a la esquina, Wendy logro ver una figura que se alejaba; varios metros más adelante. ¡Tiene que ser él! Pensó, y razón no le faltaba, era la única alma en esa calle, aparte de ella, Atlas y Mangle. Apretó el paso, Mangle y su hermano intentaron hacer lo mismo, pero si ya de por sí les costaba mantener el paso actual, ¿cuándo se había vuelto tan rápida?, aunque; pensándolo bien, tal vez haya sido así de rápida siempre, las únicas veces que la vieron correr, fue cuando la conocieron y cuando agredió e increpó a Nala; antes de irse.
Mario echó un vistazo hacia atrás; lo seguían ¡por supuesto!, por lo que siguió recto; intentando apretar cada vez más el paso. Tenía pensando doblar en la esquina de algún callejón y ocultarse en algún sitio de este; pero rápidamente lo descartó, no tenía caso, los tiene cerca; muy cerca, primero tiene que dejarlos más atrás, y necesita unos cuantos segundos si quiere encontrar un escondite óptimo, uno que lo mantenga bien oculto a simple vista.
No pudo evitar sorprenderse; cuando echó otra mirada atrás, la zorra no solo le pisaba los talones; ¡está cada vez más cerca! Atlas y Mangle quedaron rápidamente atrás, poco a poco; fueron aminorando cada vez más el paso hasta detenerse, exhaustos.
Wendy no tiene idea de donde sacaba tanta energía, lo que sí tenía claro; es que iba cada vez más rápido; y eso era lo único que le importaba ahora. Mario echó una rápida mirada a su alrededor, buscando un lugar donde ocultarse, alguna ventana en un callejón que diera al sótano de alguna casa, un objeto con el cual armarse; ¡lo que fuera!, pero divisó algo muy distinto, una gran mancha de color marrón oscuro y algo más pequeño que no sabría decir si era blanco o beige; en la otra acera.
Giró la cabeza para verlo con mayor detenimiento, y fue empujado violentamente en dirección contraria, terminó nuevamente en el suelo, se reincorporó apresuradamente, ignorando las palpitaciones de dolor de su costado derecho, Wendy cargó contra él pegando un grito; justo cuando se giró hacia ella, lanzó una fuerte detallada que no dio con nada, para después girar velozmente sobre sus patas delanteras, lanzando las traseras en un amplio circulo que trazó a su alrededor. Mario se agachó rápidamente, luego de que sus patadas pasaran por encima de su cabeza; se balanceó rápidamente contra ella, sus colmillos se deslizaron brusca y dolorosamente sobre su cráneo, haciéndola gritar, echó un vistazo hacia su derecha, aquellas dos manchas seguían ahí; lo vio por el rabillo del ojo.
Wendy frunció y tensó el rostro en una expresión asesina; sacudió la cabeza hacia atrás rápida y bruscamente, y estrelló el cráneo contra sus colmillos con dureza, Mario dejó escapar un apagado y prolongado grito, y retrocedió con una pata sobre la boca, el dolor le taladrada horriblemente las encías. Los parietales de Wendy le palpitaba y ardían, y en ambos lados del rostro sentía una extraña sensación, húmeda y fría, ¿será su sangre?
No tardaron en concentrar su atención en el otro, Mario no tuvo siquiera un segundo para verla, algo o alguien le conectó un poderoso ataque sobre su muslo izquierdo; empujándolo y estrellándolo contra una pared, se reincorporó apremiante, lanzó su mirada hacia la izquierda y vio a la husky albina y el sabueso.
Wendy aprovechó e intentó lanzársele encima; con un gruñido de tono bajo y feroz, Mario posó su mirada sobre ella y se apartó; rodando sobre su espalda, se levantó del suelo, sintiendo la presencia de ella a su derecha, el dolor arremetió contra su mejilla izquierda en la forma de un "puñetazo", lanzó una mordida hacia allá y el sabueso la evitó; dando un paso hacia atrás, Wendy enterró sus colmillos sobre su muslo; haciéndolo gritar y antes de que pudiera hacer algo respecto, Mangle lo tacleó rápidamente, derribándolo y tirándolo al suelo de espaldas.
Mario interceptó la mordida que estuvo a punto de caer sobre su cuello; de manera instintiva, Mangle nunca supo cuando arremetió, solo sintió la fuerza del golpe, cómo el dolor comenzó a envolver su rostro. Wendy y Atlas le saltaron encima y sus ataques cayeron implacablemente sobre él, y empeoraron sin demora; cuando Mangle se les unió; de todas partes le llovían golpes, rasguños y mordidas, no podía hacer nada, el peso de los tres lo presionaba fuertemente contra el suelo, y le tenían las patas delanteras inmovilizadas; solo podía mover y alejar la cabeza lo mejor que pudiera, mientras intentaba liberar sus patas y forcejeaba desesperado. Tiene salir de esta como esa ¡y tiene que hacerlo rápido, o será su fin!
Sir Alonne´s Theme Extended.
Una ráfaga de viento hizo ondular su pelaje y escuchó a una de ellos gritar fuertemente del dolor, los ataques cesaron, abrió cautelosamente un ojo y vio como la zorra le fue quitada de encima por alguien que la tomó, jaló y levantó cómo si no fuera la gran cosa. La husky; respiraba con fuerza y con una mueca de dolor.
—¡Wendy!, ¡ve y ayuda... —El sabueso no pudo terminar la frase, una bola de pelos blanca y marrón pareció caer del cielo y comenzó a atacar su rostro.
Se alejó gritando, la husky se incorporó, dio dos pasos en dirección a él y una gran mancha oscura se desplazó rápidamente por el aire; echándosele encima tan rápido como un bólido y derribándola.
Rodó dolorosamente por el suelo; antes de terminar tendido sobre él, piquetes de dolor corrían por su torso en formas de diminutos fragmentos afilados de asfalto; que quedaron incrustados sobre su carne. Se puso de pie; adolorida, sin dejar de respirar pesadamente y miró hacia enfrente.
—Ahora tendrás que vértelas conmigo, tú —Dijo Tiberius, tras levantarse y sacudir un poco la cabeza; con las alas medio abiertas.
Las desplegó por completo con un solo movimiento, se elevó con un aleteo, y se lanzó al ataque contra ella; mientras dejaba escapar un prolongado chillido. La luz del sol arrancó un destello de sus garras cuando las abrió, Mangle rápidamente se hizo a un lado con un salto corto, Tiberius logro abrir sus alas en el último momento y aterrizó pesadamente sobre el suelo, ella se giró hacia él, alzó rápidamente una de sus patas y la balanceo hacia él con un movimiento lleno de potencia; el halcón gritó por un momento y emitió un breve chillido cuando sus garras pasaron por encima de las coberturas de sus alas.
Esquivó su otra pata, dando un pequeño salto hacia atrás, algunas de sus plumas flotaron a su alrededor como motas de polvo por unos segundos antes tocar el suelo, replegó las alas a sus costados y tras medirse entre sí con la mirada por unos segundos; comenzaron de nuevo. Salieron a la carga al mismo tiempo, Tiberius pegó un salto para esquivar un movimiento de barrido, retrajo sus alas hacia atrás; más allá de su espalda con un fuerte aleteo y se empujó hacia abajo en el aire, esquivando una dentellada, Mangle lo intentó de nuevo tan pronto aterrizó, él lo eludió agachándose, giró hacia la izquierda sobre su propio eje y lanzó su garra derecha hacia ella con un amplio movimiento, Mangle pegó un pequeño y estridente grito y retrocedió; cubriéndose el oído derecho con una pata..
—Levántate Mario. Vamos; vamos, arriba; arriba. —Escucho decir a quién tiene al lado, con impaciencia mientras lo empujaba; motivándolo a reincorporarse rápido.
Ya de pie, abrió los ojos sorprendido y dejó sus orejas erguidas; rígidamente inmóviles, ¿cómo es qué no reconoció aquella voz antes?
—...Chloe —Dijo con voz átona.
La gata lo miraba con el ceño fruncido y los labios apretados, la seriedad ensombrecía su semblante indiferente y monótono.
—Pero, creí que...
—No hay tiempo para eso ahora, tenemos que quitarnos a estos de encima y salir de aquí; ya. —Le dijo ella, abriendo los ojos con rostro tensó.
Wendy grito apagadamente cuando Duke la lanzó y estrelló contra la fachada de un edificio, se reincorporo quejándose, Duke cargo contra ella tras emitir un bajo y cortísimo gruñido; Wendy retrocedió rápidamente con paso torpe; no hubo nadie cuando impacto violentamente la pared con el codillo, Duke se quejó un poco, su mirada cayó sobre ella y se le lanzó; dando un fugaz ladrido y un salto corto. Ella se hizo rápidamente a un lado, esquivando sus colmillos; se agachó y eludió una segunda mordida, Duke levantó su pata en un tris y la dejó caer; la zorra se deslizo y retrocedió; aquella pata cayó pesada y poderosamente ante ella, estiró velozmente el cuello y le clavó los dientes, Duke gritó por un momento y se la quitó de encima sin problemas; con una fuerte sacudida, dejándola tirada en el suelo; no demoró en ponerse nuevamente de pie. Así como él tampoco tardó; en lanzarse nuevamente a la carga.
—¡Ahh!, ¡Qui...tate! —Dijo Atlas, con dolor y fastidio; y la voz engrosada por la ira. Sacudiendo fuertemente la cabeza de lado a lado.
Se llevó una pata al rostro, tomó a Norman y lo lanzó hacia el suelo con fuerza.
Las carnes de su pequeño cuerpo restallaron como un látigo contra el suelo, y que postrado sobre él, intentó ponerse de pie tan rápido como pudo; pero apenas si podía moverse, una horrible oleada de dolor paralizante le recorría el cuerpo. Atlas clavó sus ojos furiosos sobre él, mientras le mostraba los colmillos, ¡voy a matarte! Pensó.
Inmediatamente después, sintió que algo grande y pesado; cayó sobre su lomo, sus gritos no hicieron esperar cuando comenzó a herirlo salvajemente; con unas garras que más bien parecían cuchillos. Comenzó a sacudir todo su cuerpo lo más fuerte posible, levantaba la mitad inferior de su cuerpo y lanzaba patas al aire como loco. Chloe hundió sus garras sobre la carne de alguno de sus costados; a último momento, él no paraba de quejarse y gruñir, de exigirle que se bajará de encima; desesperado y furioso. Una idea llegó súbitamente a Atlas, se lanzó al suelo y rodó sobre su espalda, Chloe no pudo hacer nada, su lado derecho azotó fuertemente el asfalto y él paso sobre ella como una demoledora, debilitándola y dejándola tendida en el suelo.
Mario echó una mirada a su alrededor, debatiéndose a quién ayudar, vio como la husky hizo una rápida y corta carrera hacia Tiberius; para embestirlo, él giró 45 grados hacia su izquierda y se empujó hacia atrás, con un aleteo que lo levantó momentáneamente del suelo. En otra dirección, la zorra escaló una pared de ladrillo; corriendo verticalmente sobre ella y dio un gran salto acrobático hacia atrás, aterrizó en el suelo; detrás de Duke, luego de que este corriera hacia una pared, contra la que evitó chocar a último momento.
Un grito de Tiberius lo hizo voltear, presenció cómo se lanzó hacia ella; a corta distancia en el aire, cómo ella grito cuando las garras del halcón pasaron por encima de su menudillo; mientras intentaba hacerse a un lado, él aterrizó pesada y potentemente ante ella, y ella arremetió inmediatamente contra su rostro con una de sus patas, la fuerza del impacto lo obligó a darse media vuelta y a lanzar un pequeño grito de dolor.
Miró en dirección en contraria, viendo el momento exacto en el que el sabueso; se lanzó y rodó sobre el suelo, aplastando a Chloe. Echó un vistazo a su derecha, ahí estaban Norman, reincorporándose lentamente y con dolor.
Atlas clavó aquella misma mirada asesina que apareció sobre rostro antes; en Chloe, se giró hacia ella y alzó una pata, pero fue tacleado súbitamente desde la derecha, se levantó del suelo y miró, era Mario; frunció el ceño y adoptó postura de ataque.
Tiberius giró la cabeza y vio a la husky con el rabillo del ojo, Mangle levantó las patas delanteras del suelo con un impulso o empuje, y se balanceó una hacia él; apoyándose sobre sus patas traseras, su pata pasó por encima de su cabeza cuando él se agachó, levantó su cuerpo y lanzó una de sus garras con un amplio movimiento, girando sobre su otra garra; lanzando la otra pata de la husky que le venía encima; lejos, haciéndola gritar un momento y retroceder, con la pata doblada y contraída sobre su pecho.
Duke esquivó los dos zarpazos de la zorra; retrayendo la cabeza y dando un par de pasos hacia atrás, Wendy saltó hacia él para abalanzársele; pero él fue más rápido, avanzó aquellos dos pasos que dio de golpe y la tacleo con la cabeza, empujándola hacia atrás en el aire y tirándola al suelo, ella rodó sobre uno de sus costados y se reincorporó en postura defensiva; en menos de un latido. Él se le aproximó con sonoras exhalaciones, se detuvo en seco cerca de ella y salió disparado hacia adelante con un tacleada a una velocidad de vértigo, ella se hizo a un lado en un santiamén con un salto, se giró hacia él, se le fue en su contra a toda velocidad, y le rasguño horriblemente el costado; dejando caer la pata que alzó, en diagonal.
Duke giró sobre su derecha y alejó su flanco; tan rápido como grito, Wendy intentó alcanzar nuevamente su costado con su otra pata; dando un salto corto y veloz, pero no lo consiguió. Duke acortó distancia en un instante y dejó caer una de sus patas delanteras, Wendy retrocedió con un deslice, su pata cayó pesada y potentemente ante ella, abrió inmediatamente el hocico; pero la otra pata de Duke arremetió contra su mejilla con un poderoso golpe que la desprendió del suelo y la hizo estrellarse contra una pared. La gravedad la coloco nuevamente sobre el suelo con rapidez, disparó su mirada al levantar la cabeza, Duke se le acercaba velozmente con los colmillos al aire, ella plantó firmemente sus patas delanteras sobre el asfalto y lanzó la mitad inferior de su cuerpo hacia la derecha; al instante siguiente, sus patas traseras interceptaron a su atacante; arremetiendo contra su rostro.
Lanzó el resto de su cuerpo hacia adelante; justo después, haciendo una rodada fugaz que siguió la dirección y trayectoria de sus patadas giratorias, se puso nuevamente de pie; en un tris, giró la cabeza y las miradas de ambos se cruzaron por un momento. Él se giró y se lanzó inmediatamente hacia ella con una dentellada, que esquivó dando un repentino salto corto; hacia atrás.
Atlas lanzó tres manotazos consecutivos; que Mario contuvo y bloqueo sin ningún problema, esquivó dos dentelladas del sabueso haciéndose rápidamente a un lado; lanzó una de sus patas al aire en un menos de un parpadeo y le conectó un uppercut en la mejilla que lo hizo gritar. Atlas sacudió la cabeza, y lanzó hacia su derecha sin mirar; con un salto, Mario lo evitó moviéndose a la izquierda, girándose hacia él en el proceso, el sabueso cayó pesadamente sobre el suelo y fue violentamente catapultado hacia adelante por Mario con una corta pero potente tacleada, que lo hizo caer dolorosamente sobre el pavimento.
Bloodborne OST Father Gascoigne Extended (Phase 2)
— ¡AHORA! —
Aquel estridente grito, que desgarró el aire; hizo que Mario abriera los ojos. Volteo y presenció, mudo del asombro; cómo un gran número de animales de todo tamaño y tipo, salían de las penumbras, los contenedores y botes de basura de un callejón situado justo a la izquierda del muro contra el que Atlas fue a parar. Sus orejas se irguieron; una sombra apareció y lo cubrió del sol, levantó la cabeza con premura, una gran y alada silueta oscura se dirigía directo hacia él en picada, pegó un corto y repentino salto que lo hizo retroceder a una distancia segura, la figura logro retractarse y aminorar su vuelo, Mario se lanzó hacia él o ella; tan rápido como ladró, con un salto, su dentellada no dio con nada, el ave se elevó y se alejó con un fuerte y rápido aleteo.
Atlas mostró los colmillos; con una sonrisa maquiavélica Sí, esto es perfecto, ¡debo aprovechar! Pensó.
—¡Detrás de ti; sabueso! —Escuchó decir a alguien.
No sabe por qué giró la cabeza y lanzó la mirada hacia atrás; pero lo hizo, se movió rápidamente; dándose media vuelta, evitando los letales colmillos de una cobra, levantó ligeramente la mirada y el vistazo que echó; bastó para percatarse de que el resto de ellos, ¡van directo hacia él!, el terror lo paralizó y bloqueó mentalmente, Norman se deslizó rápida y escurridizamente entre las patas de esos animales y se posicionó delante él, junto con Chloe; tras ser catapultado hacia ellos como una bala y dejar fuera de combate a uno, de un golpe. Se les quedó mirando estupefacto, no lo entendía, ¿por qué lo ayudan?
—¡Oye, tú!, la unión hace la fuerza. —Le dijo la gata, volteándose a verlo por un momento; fue cómo si le hubiese leído la mente.
Esa respuesta fue todo lo que necesitó, por ahora. Es verdad, ellos los superan en número, ni de chiste podrán quitárselos de en medio; solos.
Se lanzó a la carga en compañía de ambos, su hombro derecho colisionó fuertemente contra un lince, gritó; pero no se detuvo, aprovechó la distracción que Norman ocasionó, al colarse y deslizarse velozmente entre sus patas, y dejó tendidos a un par de ellos, con un par de veloces y potentes "manotazos". Chloe, evitó el latigazo de la punta de la cola de la cobra que intentó morderlo antes, bloqueo la fuerte pata que se le venía encima usando el antebrazo; con un quejido de esfuerzo y dolor, hundió las garras de su pata libre sobre el antebrazo de su adversario, haciéndola gritar y la jaló hacia un lado, interceptando y recibiendo los colmillos de la cobra; aquel animal cayó desplomado entre los dos, rodó hacia adelante; aprovechando el estupor de la serpiente y la aplastó bajo su regordete cuerpo, dejándolo en el suelo; fuera de combate.
Cayó de pie sobre sus patas, echó un rápido vistazo a la cobra por encima del hombro, el dolor arremetió contra su costado, gritó; volando por los aires y dejó escapar un gruñido o quejido al caer sobre la grava, se reincorporó ignorando el dolor, miró hacia su izquierda, un escalofrío le recorrió el espinazo cuando vio unos ojos furiosos y feroces y una boca repleta de colmillos; fueron apartados al instante, miró a su derecha con el rabillo del ojo, había un gran bulto encima de una figura cuadrúpeda, volteo en dirección contraria, Atlas estaba ahí, la miró por momento; antes de enfocar nuevamente su atención en el resto de los animales, ella la agradeció con una sonrisa; enserió el rostro, se acercó rápidamente a los dos animales que comenzaban a reincorporarse, balanceó una de sus zarpas sobre ambos con un movimiento oblicuo ascendente, y ambos retrocedieron; gritando, uno se lanzó al suelo y comenzó retroceder frenéticamente, el otro se recostó sobre su vientre y pecho sin dejar de gritar; cubriéndose el rostro con las patas.
Duke logro acercarse rápidamente a un lado en el último momento, Wendy paso a su lado surcado el aire tras su salto, al aterrizar; se giró súbitamente hacia él, dándose cuenta de una porción del embravecido mar de animales, que iba directo hacia él; vio que dejó a uno de ellos en el suelo con un fuerte "manotazo", se giró para ir huir en dirección contraria, pero solo logro dar uno o dos pasos; pegó un grito al ser alcanzado, pedía auxilio, Wendy lo sabía; gracias al terror que se manifestó sobre su rostro.
Salió rumbo hacia él sin rechistar, y le quitó tantos animales como pudo. Aquello le bastó para saber qué no está con ellos ¿por qué más sino, se hallaban dispuestos a atacarlo? ¿y por qué se dispuso a huir sin dudarlo? No se detuvo a cuestionarse si podría tratarse de un preso fugitivo, un desertor o un simple inocente que nada tiene que ver; no había tiempo para eso.
— *¡Gah!* —Exclamo, derribando a varios con un potente barrido de piernas. — ¡Corre; corre! —Le gritó, dirigiéndose hacia él y apresurándolo para que se reincorporara.
Duke se reincorporó rápidamente con suma torpeza; casi tropezándose en más de una vez, sin salir de su asombro. ¡Acaba de salvarle el pellejo!
— !Jh¡, ah, ¡muévete! —Exclamó Duke, apartando apresuradamente a Wendy con un fuerte y brusco empujón, luego de que él y ella se movieran hacia un lado un par de veces en direcciones opuestas; evitando a un par de animales que fueron a dar de cara contra la pared, al intentar abalanzárseles.
— ¡Ah! Ay. Gracias —Dijo ella, tras reincorporarse, mirándolo por un momento.
Se agachó y movió rápidamente hacia la derecha con un deslice, evitando la mordida de un hurón; que se le quiso echar encima, Duke se giró hacia él, solo pudo avanzar un paso, alguien grande y pesado se trepó súbitamente a su costado derecho y los gritos no se hicieron esperar, unos colmillos; que parecían más bien agujas, comenzaron a clavarse sobre su carne y unas frías y crueles garras, le pasaban por encima; con frenesí, se balanceó hacia la derecha sin pensárselo, lo único que consiguió; fue una pesada y dolorosa caída contra el pavimiento, su atacante se había deslizado escurridizamente por su cuerpo como un ratón y no demoró en llegar y enfrascarse; sobre su otro costado.
El hurón se giró hacia Wendy, emitiendo un bajo y fiero gruñido, y salió disparado; lanzó una rauda dentellada que Wendy evitó levantando la pata izquierda y haciéndose un lado, él o ella saltó y le asestó una corta embestida sobre el rostro; en menos de un tris, haciendo que se tambaleara aturdida; hacia atrás, tras aterrizar a sus "pies", el hurón balanceó la cabeza hacia la derecha y hundió los colmillos sobre una de sus patas con fuerza. Wendy pegó un alarido atronador, aun así; pudo escuchar el horrido chasquido de sus huesos; una repentina y sobrecogedora oleada dolor la embargó cuando comenzó a zangolotear su pata destrozada; sin piedad, el cuerpo dejó de responderle, pero debía lograr lo contrario, tiene que hacerlo o será el fin.
Duke rodó desesperado sobre el suelo; como barril, no consiguió nada, no dejaba de gritar, la velocidad y agilidad de su agresor doblaban o triplicaban la suya, se puso de pie, retorciéndose y arqueando la espalda, balanceó su cabeza hacia el último lugar donde lo sintió y lanzó una dentellada, no consiguió atrapar nada, el espantoso dolor volvió a recorrer su espina dorsal, sacándole otro grito, comenzó sacudirse violentamente, a saltar, patalear, rodar, desplomarse, levantarse y arrastrarse por el suelo; tan frenéticamente como un pescado, ¡debe quitárselo de encima, ya!
Una mirada llena de intensa determinación; apareció sobre sus ojos, junto con un golpe veloz y devastador, sus patas traseras arremetieron contra la mejilla del hurón, mandándolo por los aires, junto con una especie de tronido. Su cuerpo arrastró lejos al agresor de Duke, como si se tratará de una bala de cañón y cayó muerto sobre él, la sangre corría; poca y lenta por su rostro, empapando al demonio de Tasmania, quién gruñía, forcejeaba y se retorcía bajo el cadáver.
Tiberius emitió un chillido y se lanzó velozmente hacia Mangle, desde el aire, ella se agachó y le pasó por encima; haciendo justo lo que sabía que haría, se dio de bruces contra un capibara que estuvo a punto de atacarla desde atrás; rodó y cayó dolorosamente sobre el pavimento con él o ella, sus ojos se abrieron súbitamente con intensidad y tras echar una fugaz mirada a su alrededor; dio varios giros sobre el suelo, como en un baile de Breakin, lanzando sus garras en todas direcciones, con las cuales logro herir y ahuyentar a los animales que se le lanzaron para intentar amontonársele encima.
Se reincorporó, dándole igual que todo a su alrededor estuviese dando vueltas; y alzó vuelo con un aleteo, varios animales se estrellaron entre sí bajo él; al intentar abalanzarse nuevamente. Mangle se agachó, se levantó tan pronto la garra del gato veteado le pasó por encima; y dejó caer una de sus patas sobre su cabeza con un par de veloces movimientos, noqueándolo y dejándolo tendido en el suelo, miró hacia un lado y levantó la cabeza, posando su mirada en el halcón, cuando lo esquivó; logro ver lo que hizo, cómo tacleó y se llevó al capibara con él, ¿acaso la salvó?, ¿habrá sido eso lo que quería?, ¿o realmente tenía pensado atacarla a ella, pero falló, y el capibara se llevó lo que iba destinado a ella? Algo arremetió fuerte y duramente contra su mejilla; sacándola de sus pensamientos con un grito de dolor, que volvió a hacer; al voltear hacia su atacante.
Tiberius vio esto, pero antes de que pudiera lanzarse en su ayuda; pegó un breve grito, algo había pasado a su lado tan rápido como el viento, la herida de su omoplato le palpitaba, miró hacia el frente, un halcón peregrino se posicionó a la misma altura de vuelo; un par de metros más adelante, la expresión seria y decidida de su rostro; llena de confianza y tranquilidad, lo hizo fruncir el ceño. Dejó escapar un chisteo, torciendo su pico en una morisqueta, aquello fue como un gong que dio inicio; y se lanzaron simultáneamente hacia el otro.
El dolor azotó el costado derecho de Mangle como un látigo; y le recorrió el cuerpo, comenzó a caminar; haciendo círculos, sin apartar la mirada de la hiena veteada que dejó escapar una breve y grotesca risa, se midieron entre sí con la vista por unos cuantos segundos más, y la hiena salió disparada súbitamente hasta a ella. La velocidad con la que se movió le puso los pelos de punta, ni siquiera sabe; como es que logro eludir la dentellada con la que casi le prensó el cráneo, se antepuso a su pavor y disparó su pata cerrada hacia su cabeza, la hiena lanzó sus colmillos hacia su pata tan velozmente como se agachó y levantó; Mangle retrocedió pegando un violento respingo y un agudo grito de terror, sintiendo el escalofriante roce de sus colmillos sobre su pata.
Tiberius balanceo sus patas hacia adelante y las abrió con un chillido , el halcón peregrino rotó hacia la derecha a último momento y le rasguño nuevamente el costado; tan rápido cómo el viento, una nueva punzada de dolor lo invadió, se dio media vuelta; tras echar una rápida mirada hacia la izquierda, el halcón pasó delante de él velozmente y le araño el pecho, empujándolo y haciéndolo dar una voltereta en el aire hacia atrás.
Tras encargarse rápidamente y sin problema de sus dos adversarios ciegos, Chloe giró la cabeza hacia el resto; y comenzó a acercarse tan rápido como pudo. Norman eludió las enormes patas que intentaron aplastarlo en tres ocasiones; haciéndose a un lado con saltos cortos y veloces, evitó los tres pares de patas que intentaron apresarlo, ejecutando rápidos deslices con los que cubrió grandes distancias; para alguien de su tamaño, y unos amenazantes dientes que casi lo trituran; con una rodada. Una víbora de cascabel, un escorpión rubio y una viuda negra salieron de entre la multitud de patas, en dirección a él, Atlas se dio cuenta de ello, con una rápida mirada, se giró y soltó varios quejidos de esfuerzo y dolor, cuando la pata de un animal; tan dura como una porra, lo golpeó en el rostro, el lomo, el costado y el menudillo, balanceo una de sus patas; girándose hacia la izquierda con un amplio movimiento, su adversario; un larguirucho Galgo inglés, lo esquivó retrayendo la cabeza e inclinándose hacia atrás, Atlas se le lanzó, el galgo esquivó hasta el último de sus golpes, y lo derribó deslizando sus patas traseras con un rápido movimiento de barrido.
Un gorgoteo horrible, nauseabundo, y burlón; que casi parecía una risa, brotó de las fauces abiertas de la hiena, haciendo retroceder a Mangle de manera instintiva, cargó contra ella antes de que pudiera reaccionar y la tacleo; levantándola y haciéndola caer un metro más lejos, el dolor era tan intenso, que le atenazó los músculos, fue como si una pared de ladrillo se hubiese movido y la hubiera impacto de lleno a toda velocidad. No podía hacer nada. Un sonido grave; bastante similar a un siseo, igual o más desagradable que aquel gorgoteo, brotó desde el fondo de la garganta de la hiena, haciendo que su estómago se contrajera con una arcada y que sus ojos se le llenaran de lágrimas, por un momento sintió; que se defecaría ahí mismo.
Tiberius recobró la verticalidad y el vuelo, una gran y difusa mancha pálida de color negro y gris; pasó delante de él y pego nuevamente un grito, sus garras; filosas como cuchillas, pasaron por encima de una de sus sienes, se antepuso al dolor de manera casi instantánea, miró hacia abajo y una rápida ráfaga de viento surgió a sus espaldas; junto con cuatro nuevas pequeñas oleadas de dolor pulsante. El halcón peregrino volvió a arremeter; apenas entreabrió los ojos con cautela, pegó un breve chillido de dolor, retrocedió rápidamente con un aleteo y la difusa silueta del halcón paso nuevamente ante él, sin lograr acertar, le clavó rápidamente la mirada, su adversario dibujó una curva hacia la derecha en el aire; con un giro muy cerrado y dramático, y comenzó a dirigirse velozmente hacia él.
Se acabó, ...es mí fin Pensó Mangle, muerta del miedo, sintiendo cómo una lágrima corría por su mejilla. La hiena salió rauda hacia ella, haciendo que cerrará los ojos con fuerza. Un repentino golpe llegó desde la derecha, derribó a la hiena y lo hizo rodar sobre el suelo, la pata que iba hacia él; solo se encontró con el negro y desgastado pavimiento, la hiena balanceó sus colmillos hacia la derecha; pero la pata se retiró de en medio y unas potentes patadas giratorias arremetieron contra su rostro, lo doble de rápido, haciéndolo reincorporarse apresuradamente en medio de gritos. Abrió los ojos al mismo tiempo que Mangle y miró; mientras el dolor le dibujada una mueca sobre el rostro.
— ¡Tú! —Gruño, abriendo ligeramente los ojos por un momento; mostrando los colmillos.
Mario simplemente le mostró los dientes con el ceño fruncido, y adopto postura de combate, tan rápido como se le lanzó.
Duke miró hacia ambos lados con la cabeza baja; jadeando con agitación, ojalá el dolor pudiera diseminarse y desaparecer más rápido. No tardó en dar con el demonio de Tasmania, mostró los colmillos frunciendo el ceño y salió raudo hacia él. Wendy se reincorporó dificultosamente a sus espaldas, apoyándose en la pared, posó su mirada sobre su pata, colgaba flácida e inerte por encima del suelo, hilos de su sangre corrían por ella, formando charcos rojizos de humedad sobre su pelaje; que no demoraban en secarse y hasta ennegrecerse, las lágrimas amenazaban con brotar con fuerza de entre sus ojos, lo sola idea de moverla la aterraba, era demasiado, no quiere, no, no más dolor, podría desmayarse, podría morir, si eso llegará a pasar; no podría vengar a su madre.
Mario se agachó y movió hacia la derecha; en un instante, con un deslice, se levantó y dio media vuelta de un salto tras echar una rápida mirada por encima del hombro, pegó otro salto hacia adelante; más corto e igual de veloz, y giró hacia la derecha sobre sus patas delanteras; sus patas traseras se balancearon y arremetieron contra el rostro de la hiena, haciéndolo gritar, y retrocedió hacia atrás con un deslice, igual o más rápido qué la dentellada con la que él o ella acortó distancia, y no dio más que con el aire.
Tiberius se desplazó hacia adelante con un aleteo, el halcón se detuvo rápidamente; echó una mirada hacia su izquierda y fue directo hacia él, Tiberius giró hacia la izquierda, dándose media vuelta en el aire; lanzando una de sus garras, el halcón profirió un corto grito que apenas pudo oír, y se lanzó inmediatamente hacia abajo en picada, miró hacia atrás por un momento; y vio que él hizo exactamente lo mismo.
Atlas rodó sobre el suelo y esquivó los colmillos del galgo, quién retrocedió; pegando un grito; el sabueso le dirigió unaa mirada, encontrándose con Chloe, de pie ante él, tenía el lomo arqueado y erizado.
— Yo me ocupo; tú ayuda al hámster. —Le dijo, sin quitarle la mirada de encima al galgo.
Quién le gruñó amenazantemente.
Miró a ambos por un momento; y se fue sin decir una palabra. El galgo intentó ir tras él, pero Chloe le lanzó un zarpazo al rostro, logro eludirlo por poco, balanceó su cabeza hacia la derecha, la gata se agachó, la dentellada pasó por encima de su cabeza, sus garras arremetieron tan rápido como una cobra sobre una de sus patas, el galgo levantó la pata con un fuerte y breve grito, nunca vio cuando se giró hacia ella, solo sintió el doloroso impacto del golpe sobre su mejilla y como se precipitó contra el suelo, levantó la cabeza en menos de un parpadeo y rodó, los dientes del galgo castañearon sin encontrarse con nada, Chloe se reincorporó agitada, jadeando. No...estoy en forma. Si sigue así... No sé cuánto más; aguantaré. Pensó.
Duke tomó impulsó y pegó un gran saltó, el demonio de Tasmania rasgó el pavimento con desesperado frenesí; en un último intento por salir de debajo del cuerpo muerto de su camarada, la enorme sombra de Duke se proyectó sobre él y le cayó encima. Escuchó un prolongado y amortiguado crujido, sintió que algo se quebró bajó él, le pareció extraño y grotesco; sonaba...jugoso, algo húmedo y blando, comenzaba extenderse entre su pecho y el suelo, abrió los ojos; estupefacto y horrorizado y se levantó, confirmando sus sospechas.
El pelaje de su pecho se halla empapado de sangre; casi tan oscura como la noche, ante él; yacía el cuerpo sin vida del demonio de Tasmania, con los huesos destrozados del cráneo; la carne, ojos y sesos, desparramados por el suelo, junto a una gran y espesa mancha sanguinolenta. El hocico, fue lo único que quedó relativamente ileso; la mandíbula superior está desencajada y rota, descansaba; flácida e inerte, encima de la inferior, ocultándola casi por completo; tras los colmillos y las negras comisuras de los labios. El cadáver del hurón tenía la mandíbula; dislocada y destrozada, el pelaje y la piel de su mejilla se hallaban desgarrados, el carmesí de sus tendones y músculos, y el blanco brillante de sus dientes; a la vista de todos, el ojo izquierdo sobresalía horriblemente de su cuenca.
Duke estaba paralizado, atónito, ido, no podía creer lo que veía. Nunca, ni siquiera durante el tiempo que vivió en las calles tras separarse de Fred; tuvo que recurrir a algo tan extremo, más de una vez tuvo que verse forzado a pelear contra otro; claro es, pero siempre se las arregló para huir o perderlos o en su defecto herirlos, incluso de gravedad; en más de una ocasión, pero ni siquiera él sabría decir si llegó a provocarles la muerte, nunca se quedó o no tuvo el valor; para averiguarlo.
Lo mató..., acaba de arrebatarle la vida a alguien... Pero...está bien ¿no?, digo; después de todo él...intentó hacer lo mismo con... Pensó, siendo incapaz de terminar la frase, dejando escapar un gran suspiro; dentro de su mente. Muy en el fondo sabía; que sus excusas no valdrían para nada. Está hecho, y no hay nada que pueda hacer...
Tiberius dirigió nuevamente la mirada hacia enfrente y abrió los ojos; al percatarse de la situación de la mayoría, abrió las alas con el ceño fruncido, trazó una curva en su trayectoria de vuelo; y comenzó a dirigirse velozmente hacia ellos, con el halcón peregrino siguiéndolo de cerca.
Mario gruño de dolor y esfuerzo tras contener el pesado y fuerte manotazo de la hiena con el antebrazo; la hiena cargó hacia él tan fuerte como pudo, Mario evitó sus colmillos; por poco, abriéndose rápidamente hacia un lado, atrapó su muñeca en un santiamén con su otra pata, lo jaló hacia sí mismo con fuerza y le conectó un corto pero efectivo puñetazo en el ojo, que lo derribó.
— ¡Mario! — Escuchó decir a Tiberius. El tono de advertencia en su voz; lo hizo agacharse al instante. — ¡Retrocede! —Le gritó el halcón, mientras una fuerte ráfaga de un viento color marrón; pasaba por encima de la hiena y lo regresaba bruscamente al suelo.
Mario tomó impulso y dio un salto hacia atrás, evitando la gran y veloz mancha de color negro y blanco que pasó ante él.
La hiena se revolcaba y retorcía erráticamente sobre el suelo, gritando como un enajenado y cubriéndose la esquina superior izquierda del rostro con una o ambas patas. Aprovechó, buscó y encontró rápidamente a Mangle con la mirada, estaba reincorporarse al fin; lenta y pesadamente, sus patas flaquearon y terminó nuevamente sobre el suelo, haciendo que abriera los ojos; preocupado, pero solo por un momento, frunció el ceño; decidido y furioso y volteo hacia la hiena, se hallaba nuevamente de pie, dándole la espalda.
Tiberius realizó una nueva curva en el aire; balanceando su cuerpo hacia la derecha y a la izquierda, se elevó con un aleteo y evitó al halcón peregrino; quién se le acercó velozmente por la izquierda. Norman jadeaba con agitación y pesadez, tenía los 3 animales que fueron a darle caza; ante él, hubo deslices, saltos, agachadas, rodadas, giros, desplazamientos, eludió mordidas, coletazos, se liberó de enroscamientos, evitó las negras y delgadas patas; de la viuda, las pinzas y el letal aguijón del escorpión, pero cada vez le costaba más y más.
La víbora reptó hacia él, él retrocedió y esquivó la tacleada; con un salto pequeño y corto, la viuda y el escorpión pasaron por encima del cuerpo escamoso de la serpiente, la araña se le acercó y saltó hacia él tan rápido como un rayo, nunca supo cuándo ni cómo; pero logro hacerse a un lado y evitarla, retrocedió rápidamente con un deslice cuando el aguijón del escorpión salió disparado hacia él; logrando alejarse lo suficiente. La serpiente se enroscó y salió disparada hacia él como un resorte, solo para ser jalada súbitamente hacia la derecha por una fuerza que le pasó por encima; y que generó una breve ráfaga de aire, Norman volteo y reconoció a la figura voladora que se la llevó.
Tiberius la atrapó entre una de sus patas con un agarre de hierro y hundió las garras de sobre su piel escamosa, sintió la húmeda y fría sangre corriendo por sus falanges; y los movimientos espasmódicos y ondulantes de su cuerpo, al sacudirse y retorcerse.
El corazón de Norman se sobresaltó y la sangre se le heló; al voltear, la viuda negra ya se hallaba ante él; con las mandíbulas abiertas. Dejó escapar grito y pegó un violento respingo que lo levantó del suelo por un segundo, cuando una enorme pata; de pelaje marrón y blanco cayó justo ante él, el cuerpo de la araña quedó prensado bajo ella, sobre un charco verdoso lo que él suponía era sangre, sus ocho patas sobresalían de alrededor, algunas se sacudieron con un par de movimientos espasmódicos; y se sumergieron eternamente en una inerte rigidez.
Al dirigir su atención hacia el escorpión, Atlas lo vio yendo rumbo a él a toda velocidad, levantó su pie del cadáver aplastado de la araña y se giró; alzando una pata que no tardó en balancear hacia abajo, el escorpión lo esquivo con un salto, la retrajo tan rápido como la dejó caer; evitando el aguijón. Comenzó a retroceder; sin quitarle la mirada de encima, apartó rápidamente una pata delantera y luego otra; evitando la arremetida de sus tenazas y otra de su cola, dio un cortó saltó hacía en frente y balanceó velozmente su pata derecha con un movimiento de barrido, el escorpión fue lanzado lejos y rodó sobre los bordes de la grava, cayó tendido sobre el pavimiento, a dos metros o metro y medio de distancia del sabueso.
Tiberius se detuvo y se giró; manteniéndose en el aire, miró en todas direcciones, solo tuvo un segundo para esquivar la negra silueta del halcón; se movió hacia la derecha de un solo movimiento y emprendió vuelo rápidamente; en esa misma dirección.
El galgo no le dio tiempo a reaccionar, salió disparado hacia Chloe, empujándola y derribándola; con una tacleada, la gata rodó sobre su espalda y se forzó a ponerse de pie de un salto, se agachó al nomás voltear, la pata del galgo pasó velozmente por encima de su cabeza, ella lanzó una zarpada, pero él la esquivó sin mucho problema, balanceo su otra pata en dirección a su rostro, ella retrocedió a duras penas; con un pequeño y desganado deslice, pero no fue suficiente, la pata le dio de lleno en el entrecejo, tirándola al suelo. El pecho subía y bajaba al son de sus jadeos, el agotamiento era mucho, se ralentiza y cada movimiento que hace; le exige más y más energía. Se reincorporó, volteo, las carnes de un largo y flácido cuerpo; resonaron como el coletazo de un salmón, y ennegrecieron su visión, se lo quitó y botó al suelo en un instante; con angustia, levantó la mirada y abrió los párpados sorprendida; al ver a Tiberius y otro halcón, luchando encarnizadamente con uñas y dientes sobre el galgo.
El escorpión dorado salió disparado hacia Atlas tras reincorporarse, le dio insistente caza, lo seguía a donde quiera que se movía, concentrando toda su atención y energía en esquivar sus ataques; tenía tantos deseos de picarlo... Atlas lo evitaba; sin parar de moverse de un lado a otro, en determinado punto; decidió ir tras Norman y aprovechar para usarlo en su contra, pero no resultó como esperaba, aquel sabueso era más hábil de lo creyó, no solo se las arregló para siempre quitar a Norman de en medio cuando todo parecía perdido para él; también lograba ponerse a salvo a sí mismo en el proceso con solo uno o dos movimientos, pero no pensaba darse vencido, tarde o temprano se agotará y entonces podrá desquitarse.
Las piernas le temblaban y dolían, el reincorporarse le costó, volteoy vio cómo se abalanzaba a lomos de la hiena, la inmovilizaba con certera velocidad, y le desprendía un trozo de carne de la tráquea con los colmillos; de un solo movimiento. El terror la invadió y congeló otra vez, ¡¿hará lo mismo con ella?!, ¡¿la convertirá en su aperitivo?!; ¡¿se divertirá con su cuerpo antes de?! La hiena cayó desplomada ante él, la sangre goteaba de su mentón y del trozo de carne con pelo que tenía entre los dientes, lo escupió y fue a parar al suelo. El corazón comenzó a palpitarle con fuerza cuando posó la mirada sobre ella, dio un paso en su dirección, haciendo que se diera media vuelta y se echará a correr en dirección contraria. Escuchó unos apresurados pasos; apretó el paso tanto como pudo, y al cabo de unos segundos, algo grande y pesado; cayó sobre su lomo y la derribó, se puso de pie tan rápido como pudo; pero al instante siguiente, ya se hallaba nuevamente sobre el suelo.
— ¡NO! ¡No; por favor! —Gritó, sintiendo como se movía encima de ella, presionando todo su peso contra su cuerpo.
Unas patas llenas de fuerza se cerraron sobre sus antebrazos y comenzaron a tirar hacia atrás, el pánico cundió dentro de ella y comenzó a retorcerse y forcejear; llena de angustia, temiendo lo peor.
— ¡Aléjate!, ¡déjame!; ¡AYUDAAA! —Exclamo, aterrada.
E indispuesta; a ceder, a rendirse.
Sus patas terminaron inmovilizadas justo después, pero no se hallaban torcidas sobre su espalda, sino sujetas a sus costados, atrapadas bajo aquellas patas fuertes color ocre y marrón.
— ¡Cállate!; ¡¿qué haces?! —Le dijo Mario al oído, sin elevar ni bajar la voz. — No quiero hacerte daño ¿me oyes? Solo intentó ayudarte. —
No paraba de retorcerse y forcejear. Su lucha cesó al instante, y abrió los ojos lentamente los ojos. Cuando finalmente tuvo el valor de abrirlos antes, él ya se hallaba ahí; en su lugar, luchando contra la hiena, de no haber sido por él seguramente habría muerto. ¿Fue intencional?, ¿la salvó? ¿Por qué?, si hace tan solo unos minutos ella, Wendy y su hermano lo atacaron, sin buscar nada más que su muerte y no fue solamente él, aquel halcón contra el que peleó también lo hizo. Entonces...¿no estás con ellos? Pensó, volteando a verlo; por encima de su hombro.
Mario vio su incredulidad y asombro, y se relajó. Se le quedó mirando con una expresión seria; que no dejaba entrever nada. La fuerza y el dolor de un ataque arremetió súbitamente contra su costado y lo apartó de ella; con un empujón.
El galgo ladeó la cabeza y comenzó a lanzar feroces mordidas; caían implacablemente sobre la espalda de Tiberius como una lluvia, haciéndolo gritar con fuerza más de una vez. Chloe frunció el ceño y salió corriendo hacia ellos, tomó impulso; juntado sus patas tras un pequeño saltó y se lanzó hacia enfrente con otro; mucho más grande, cayó sobre el halcón peregrino, empujándolo y arrastrándolo lejos.
—¡Chloe! —Tiberius pegó un nuevo grito tras decir esto.
Las largas uñas del perro se hundían sobre sus hombros, los puntiagudos colmillos se abrían pasó profundamente dentro de él, junto con un intenso; casi insoportable dolor. Luchó fervientemente, logrando mover rígidamente una pata, se inclinó y balanceo su peso hacia el frente; al sentir el suelo; el galgo se aferró aún más a él, sus garras chirriaron horrorosamente sobre el pavimento y la lanzó hacia atrás, no dudó en hundirlas sobre la cosa; dura y a la vez blanda, que tenía entre los dedos. Escuchó un grito amortiguado a sus espaldas y logro contener o sofocar uno suyo, apretando fuertemente el pico y los párpados, aquello solo lo motivo a hundir aún más las garras.
Las garras brotaron de sus dedos y Chloe se reincorporo; adolorida, aterrizó apresuradamente la mirada sobre el halcón y se forzó a acercársele tan rápido como pudiera, la tensión de los músculos de sus patas, le impidió correr, apenas si podía trotar, le lanzó un zarpazo ascendente, que él esquivó; inclinándose hacia atrás, retrocedió con un salto corto; eludiendo la otra garra que le balanceo y acortó distancia súbitamente con otro salto, Chloe intentó hacerse a un lado y pegó un breve grito; cuando la punta de su pico cayó pesadamente sobre su omoplato, se llevó una pata a la herida; atenazada; arqueo la espalda con un nuevo grito, se giró y evitó una tercera arremetida con un salto que casi la hizo caer.
Las húmedas y pegajosas líneas de sangre que corrían por sus falanges; aumentaron al estrujar, y no tardó en superar a los colmillos y patas; que tiene a su espalda. Los quejidos amortiguados del galgo fueron aumentando más y más, mientras luchaban por profundizar su mordida y aferrarse a él, al poco rato, su hocico se distanció apresuradamente, sus gritos eran estridentes y cada vez peores. Las afiladas garras se abrían pasó dentro de él; sin piedad.
—¡Wendy; no! —Gritó Mangle.
Algo duro y delgado como un hueso, golpeo a Mario en la nuca y lo tiró al suelo. Wendy cerró un ojo y se quejó con una mueca; retrocediendo torpemente; dando saltitos sobre dos de sus patas, tenía la pata atenazada de dolor, usó demasiada fuerza y tampoco está acostumbrada a golpear algo tan robusto.
— Es-Estoy bien. Vete; yo me encargo. —Le dijo, volteando a verla.
— ¡No!; no es lo que... —
Mario se reincorporó y abalanzó sobre la zorra, antes de que pudiera terminar. El desgarrador alarido de dolor que Wendy soltó; resonó con fuerza a su alrededor.
— ¡NO! —Suplico a la desesperada, al borde del llanto; cuando vio que mostró los colmillos.
...
…
Sin música.
— Espera...te conozco —Lo escuchó decir, tras varios segundos de silencio.
Abrió un ojo; temerosa, y miró con el cuerpo agarrotado y encogido. Las fauces abiertas del perro se hallaban suspendidas a solo milímetros por encima del cuello de Wendy, el ceño fruncido; lleno de fiereza que anteriormente se hallaba dibujado sobre su rostro, era ahora un rostro repleto de intriga.
Wendy entreabrió los ojos adolorida, para luego abrirlos por completo; estupefacta.
— ...¿Tú? —Preguntó.
Desesperado; el galgo se inclinó hacia enfrente, hundió sus garras sobre sus hombros, y tras hacerlo gruñir de dolor, se impulsó hacia atrás; empujándolo con todas sus fuerzas, logrando apartarse con un ensordecedor alarido qué retumbó en los oídos de todo el mundo.
Le taladraba los oídos, aun así; Atlas se las arregló para levantar una pata con esfuerzo y la dejó caer; aprovechando los retorcijones espasmódicos del escorpión, el exoesqueleto del arácnido crujió bajó su pata cuando la giró y lo restregó una y otra vez; contra la grava.
El alarido del galgo se apagó paulatinamente; hasta convertirse en un par de quejidos agónicos, no tardaron en desinflarse y tornarse lastimeros.
El halcón lanzó su zarpa hacia Chloe con un giró, ella la evitó; agachándose y moviéndose hacia un lado; la otra garra del halcón salió disparada hacia ella, tan rápido como le puso nuevamente la mirada encima, retrocedió quejándose; el doloroso ardor de las rajadas le recorrió la mejilla bajo su pata; el halcón acortó distancia velozmente con una zancada, giró sobre su lado izquierdo, Chloe intentó hacerse un lado; pero no pudo, las patas no le respondían, le lanzó nuevamente un zarpazo, que pasó muy cerca de sus ojos, sus patas habían cedido ante tanto esfuerzo; haciéndola perder el equilibrio y balancearse hacia atrás. Una vez en el suelo, el halcón se elevó medio metro con un aleteo y dejó escapar un chillido; alguien saltó desde su derecha y lo arrastró nuevamente a tierra con una tacleada, rodó sobre las piedritas de asfalto, se levantó quejándose del dolor. Atlas alzó la pata derecha más allá de su cabeza y lanzó a Norman hacia él con todas sus fuerzas, cayó sobre su cara.
Intentó quitárselo con premura con sus alas, pero Norman subió a su coronilla y bajó por su espalda aún más rápido, reptó escurridizamente por su cuerpo; de un lado a otro, él intentaba atraparlo y quitárselo de encima a la desesperada, al fin lo logro, cerró fuertemente las garras entorno a él, lo puso ante él, abrió el pico, un instante después; Atlas se le abalanzó, tras inmovilizarlo contra el suelo, sus colmillos cayeron sobre su cuello, el hocico se le tornó rojo, y un chorro de sangre empapó su patas al arrancarle un largo pellejo cubierto de plumas, que no tardó en botar al suelo de un escupitajo. El halcón dejó de moverse y retorcerse casi al instante, sus alas bajaron y bajaron lentamente, mirando sin mirar; hacia su derecha con ojos muy abiertos y una expresión en blanco, ahogándose en su propia sangre. Cuando sus alas tocaron el suelo; abiertas de par en par, cesó todo movimiento y temblor, toda señal de vida.
Norman se le quedo mirando con una expresión en blanco, pero en sus ojos; había desaprobación y cierto temor, jamás le dijo que haría algo así, simplemente le dijo que le siguiera la corriente y lo distrajera. Nada más. Atlas se quedó mirando el cuerpo del halcón por unos segundos, con su pecho subiendo y bajando; tranquilizó su respiración con un gran y hondo suspiro, giró la cabeza hacia Chloe y se le acercó a toda velocidad, Norman se apresuró a seguirlo y se detuvo a su lado. Tenía a Chloe ante a él; a su izquierda, pero mantuvo la mirada en él; desconfiado y preocupado.
— ¿Estás bien? —Preguntó el sabueso, con la mirada sobre ella.
Chloe luchaba por reincorporarse, pero le era demasiado difícil, sus piernas no aguantaban más esfuerzo y tensión, no tardaban en ceder ante su peso cada vez que intentaba levantarse.
— Déjame. Te ayudo. —Atlas se le acercó a un costado y se ofreció a que se apoyará contra su torso.
— No; aléjate. —Sin saber muy bien cómo; Chloe se alejó. Con aire prepotente y orgulloso, solo para colapsar y terminar nuevamente en el suelo. — Yo puedo sola. —Dijo. Sus patas le fallaron, haciendo que maldijera entre dientes y que dejará escapar un gruñido de enojo y molestia.
— Ajá; claro. —Dijo Atlas, no convencido.
Apoyo su costado contra ella, la gata acepto la ayuda está vez y logro reincorporarse, pero su postura era torpe y frágil, un recurrente temblor hacía que las patas le temblarán como gelatina de cuando en cuando.
Mario levantó la cabeza y echó un rápido vistazo a su alrededor.
— No hay tiempo. —Dijo apresuradamente, interrumpiéndola justo cuando abrió la boca para hablar. — Hay que salir de aquí, si viene otra ola o patrulla; se acabó. —Dijo. Volvió inspeccionar a su alrededor con la mirada.
Vio a todos, dispersados en distintos lugares del área, no quedaba ningún animal del grupo que los atacó cerca, pero deben darse prisa, un segundo grupo no tardará en llegar. No los mataron a todos, algunos debieron haberse retirado y seguramente regresarán, con refuerzos. Podrían ocultarse, no; peinarán cada centímetro del lugar, y los encontrarán, podrían correr, correr hasta no poder más, pero los rastrearan; seguirán su aroma o rastro, y si llegan con más halcones o aves; los encontraran al instante y avisarán al resto. También están las alcantarillas, pero sería una locura; un suicidio, bastaría un error, doblar equivocadamente en alguna esquina y eso sería todo. No puede ser, no importa que alternativa usen, tienen todo en su contra, todas las de perder. Entonces... ¿Es el fin?, ¿aquí acabará todo? Pensó, asimilando todavía la noticia.
— ¡Mario! — Aquel gritó de Chloe, lo sacó de sus pensamientos.
Dirigió su mirada hacia enfrente y la vio acercarse, apoyada contra Atlas.
— Ven. Supusimos que algo como esto podría pasar; así que preparamos una ruta de escape, Pops la está vigilando. ¡Vamos! — Le dijo, haciendo un gesto con la cabeza. Y comenzó a darse media vuelta lentamente junto con Atlas.
¿Será verdad?, ¿aquella ruta de la que habla será segura? De igual manera; no tiene otra opción, es eso o quedarse y morir.
— Andando. — Dijo, posando su mirada sobre Wendy. Ella abrió los ojos sorprendida, miró hacia a arriba y a un lado; dubitativa e insegura, Mario vio el miedo en sus ojos. — Tranquila, está conmigo. —
Mario se quitó de encima, solo entonces se percató de su pata destrozada, la miró sorprendido y preocupado y al instante siguiente; la rodeó, posicionándose a su lado, colocándose a su otro lado. ¿Cómo es posible?, ni siquiera él había mostrado semejante fortaleza; nunca, y aún; estando así ¿se decidió a enfrentarlo sin dudarlo?,¿sin ningún temor?, ¿sabiendo que tenía todas las de perder?... ¿Qué pasó con la tímida e insegura zorra qué salvo en ese callejón?, ¿cómo es que cambio tanto, en tan poco tiempo?
— E-Espera. ...T-Tú amigo... —Dijo ella, estirando y deslizando su pata sana por el suelo.
Miró en la dirección en la que señalo y vio a Duke, se hallaba a unos cuantos metros, a sus espaldas; mirando algo en el suelo. Giró la cabeza de regreso a ella y la miró; conflictuado, seguramente ella necesitaba tanta o más ayuda que él, no podía dejarla ahí.
— Ve. —Dijo una voz. Volteo y vio a la husky de pelaje blanco y manchas rosadas. — Yo me encargo de ella. —Dijo y se agachó a un lado de Wendy, la miraba preocupada; esperando, paciente y a la vez inquieta, que se levantará.
Las miró dubitativo unos segundos, antes de darse vuelta y dirigirse hacia Duke. No pudo evitar echar una mirada furtiva hacia atrás, Wendy se incorporaba lentamente y con cautela, tenía aplanadas las orejas y una expresión de temor y zozobra; aún mayor de las que él vio antes, dibujada sobre el rostro. Volvió la vista y se detuvo con premura, ante Duke; el ardor de la fricción recorrió sus almohadillas al derrapar sobre el pavimento.
— Duke, vamos. Tenemos que irnos. —Dijo. Pero ni se inmutó. — Duke. —Llamó nuevamente, no obtuvo respuesta. — ¡Duke, tenemos que irnos!; ¡¿me oyes?! —
El gran perro mestizo simplemente bajo muy sutilmente la cabeza, con aire ausente y melancólico.
— ¡DUKE!, ¡no tenemos tiem... — Se interrumpió cuando lo rodeo por un lado para hacerse notar mejor.
Ahí, en el suelo, frente a él, yacía el cuerpo frío y sin vida de un demonio de Tasmania con el cráneo destrozado. Ahora lo entendía, por eso no reaccionaba; es la primera vez que mata a alguien.
— Duke...e-escucha, sé cómo te sientes, de verdad; créeme, lo sé, pero no es momento para paralizarse; no ahora, no tenemos tiempo, otro grupo mucho más grande; seguramente está viniendo hacia acá justo ahora, si llegan; se acabó, nos matarán ¿me oyes? —
— ¡Mario! —La aguda voz de Norman; lo llamó desde lejos.
— ¡YA SÉ!; ¡YA SÉ! —Exclamo fuertemente, girando la cabeza. Regresó a Duke. — Vamos, no te rindas ahora, eres mejor que esto; lo sé, eres mucho más fuerte de lo que crees, recuerda cuando encontraste la tumba de tu anterior dueño. — Esto último, hizo que Duke espabilará y girará la cabeza para verlo. — A pesar de lo duro e inesperado que fue; supiste sobre llevarlo muy bien, recuerda lo que nos dijiste en la fogata el otro día, tú quieres regresar y volver a visitarlo; ¿no es cierto? —Aquello lo hizo abrir completamente los ojos, estupefacto. —Si te quedas, quizás jamás puedas volver a ver su tumba, ¿es eso lo que quieres? ¿Quieres morir, Duke? —
El gran perro mestizo giró rígidamente la cabeza y se quedó mirando el cadáver que tiene ante sí.
— ¡Mario! —Llamó Chloe, con un estridente grito que brotó desde lo más profundo de su garganta, mirando por encima del hombro.
No vio que reaccionará, por lo que no sabría decir si la escuchó o no.
Luego de que se detuviera unos segundos, Atlas giró la cabeza hacia enfrente y reanudó la marcha.
La gata volteo a verlo.
— No; oye, ¡espera! —Balanceó su peso hacia atrás; resistiéndose a ser arrastrada con él. — No po... —
— Tú puedes hacer lo que quieras ¿entendido? —La interrumpió, girando la cabeza y dedicándole una mirada severa. — Yo no me pienso quedarme aquí; esperando una muerte segura. ¿Qué es más importante?, ¿sus vidas o la tuya? —
Aquello dejó a Chloe pensando, y con los ojos abiertos. Ni siquiera lo conoce, pero debe reconocer; que tiene un buen punto, son sus amigos, pero; debe permitir que la arrastren consigo a una posible muerte; ¿solo por eso? Esto no tenía nada que ver con el hecho de que recapacitaron y decidieron seguir acompañando a Mario; es muy distinto, si Duke va ponerse así cada vez que presencie algo fuerte, lo mejor será que se vaya, que vuelva a casa; o qué... Sacudió la cabeza para evitar pensar en eso último, uno no debe tentar al destino jamás. ...Lo siento. Pensó derrotada.
— Tienes razón. —Admitió sombríamente y con pesar, bajando la cabeza. — Vámonos. —
Sintió que el sabueso la miró por unos momentos, y que giró nuevamente la cabeza, el descolorido asfalto; comenzó a moverse bajo sus patas otra vez.
Norman miró incrédulo, mientras ambos se alejaban lentamente, abrió la boca, quería hablar; pero un apretado nudo en la garganta, se lo impidió. Volteo, faltándole el aliento y posó la mirada sobre Duke y Mario, permanecieron inmóviles y en silencio; mirándose entre sí, apena sí parpadeaban, giró la cabeza de vuelta hacia Chloe y Atlas, quiénes cada vez; se hallaban más lejos, y nuevamente hacia ellos. Bajo la cabeza al final, abrumado y conflictuado, ¿qué debía hacer?, ¿quedarse y esperar?, ¿acercarse a ambos y hacer su mejor esfuerzo para hacerlo volver en sí; junto con Mario?, ¿o alejarse y seguir a esos dos para ponerse a salvo?
— ...No. —Escuchó a alguien decir, con voz queda.
Haciendo que abriera súbitamente los ojos y levantará la cabeza. Sabe muy bien; a quién pertenecía esa voz.
— Tienes razón... No, no quiero. Y tampoco pienso, morir aquí. — Dijo Duke, con un tono solemne: cada más decidido, poniéndose de pie con la mirada sobre Mario.
Aquello hizo que una gran y alegre sonrisa, se dibujará sobre sus labios abiertos.
Mario se puso de pie, mirándolo con una sonrisa inspiradora, llena de orgullo, hizo un asentimiento con la cabeza y se dieron media vuelta, yendo en dirección a él, a paso veloz. Norman hizo exactamente lo mismo, había recobrado el ánimo y sus energías, sentía como algunos de sus músculos se quejaban mientras corría, pero no le prestó importancia; tampoco eran la gran cosa.
Mario echó una rápida mirada hacia su izquierda, haciendo que se retractará y se detuviera; en un abrir y cerrar de ojos. ¡Lo había olvidado!, aquel bulto pequeño que yacía sobre un gran charco de sangre; en la otra acera. Ya no estaba más ahí, una gran mancha reseca, era lo único que quedaba, no lo había visto bien, pero tenía la certeza de que el pequeño bulto; debió de ser un cadáver, algún muerto de hambre se lo ha de haber llevado durante la batalla.
Lo que nos faltaba. Pensó de manera suspirada. Bajando ligeramente la cabeza, con resignación y tristeza.
— ¡Mario! —La llamada de atención de Duke, lo hizo volver en sí.
Y que Norman se detuviera y volteará.
— ¡Vámonos, anda! —
— ...Ehhh, s-sí; voy. —Dijo, sin apartar la mirada de aquel charco oscuro y rojizo.
Dio unos cuantos pasos y posó su mirada sobre las grandes losas grisáceas; alrededor del charco, las paredes de las fachadas y más allá, en búsqueda de la menor señal que le indicará o diera una leve pista; de a donde se llevaron el cuerpo. Pero fue en vano. ¡No! Necesita encontrar algo; lo que sea, para eso vino, es lo mínimo que les debe a Duke y los demás, volvieron y arriesgaron sus vidas para salvarlo, además; volver a encontrar sería como hallar una aguja en un pajal, lo que pondría nuevamente sus vidas en riesgo.
— ¡Mario! —El nuevo grito de Duke lo tomó tan desprevenido; qué dio un pequeño respingo.
Volteo, pero antes de que pudiera posar sus ojos sobre él...
— ¡Oye! —Sintió un empuje sobre su costado izquierdo, se giró y vio a Tiberius de pie ante él. — ¡Reacciona!, ¡tenemos que irnos; ya! —Espetó en su cara.
La miró por un momento; antes de desviar y posar la vista sobre Wendy. Miró más abajo, encontrándose nuevamente con su pata destrozada; de la cual no dejaba de gotear sangre, su estupor se convirtió en tristeza y lástima, y bajó ligeramente la cabeza. Resignado, derrotado. Aún si pudiera encontrar el cuerpo o algo que lo condujera hasta él, ya no tendría caso, tienen que llevarla y a todos los que resultaron heridos; a alguna veterinaria, si la dejan así morirá, no puede hacer algo así, en lugar de seguir luchando entre sí; ella y sus compañeros decidieron aliarse con ellos y ayudarlos cuando la situación empeoró, y los secuaces de Magnus ni siquiera dudaron cuando se lanzaron sobre ellos, por lo que no están con ell...
¡Espera! Se dijo dentro de su cabeza, cortando cualquier otro pensamiento de manera súbita. Tal vez esté mal. Tal vez no sea lo que creo, no la he visto desde la que salvé, tal vez si esté con él; y lo está ocultando. ¿Habrá sido entonces...todo esto un plan? ...No, no lo creo, algo así es demasiado elaborado y complejo; incluso para Magnus, y muy conveniente; además. Sé que tiene espías, pero no había manera de que supiera que regresaría por donde vine cuando termine de registrar esa calle donde me los encontré, debió de ser una casualidad. ...¿O tal vez no?
— S-Sí. —Dijo y se echó a correr junto con los demás. —¡Sigan! —Demandó, agitando la cabeza con un ademán enérgico.
Duke y Norman obedecieron sin rechistar, no demoró en alcanzarlos, dobló en la esquina, y desaceleró bruscamente el ritmo, manteniéndose en el centro de la dispersada formación.
Giro la cabeza y miró por encima del hombro; no había señal de perseguidores a sus espaldas, redujo un poco el paso y corrió a la par de Chloe.
— ¿Y esa ruta de escape de la que hablaste? —Preguntó.
— *Agh*, no falta mucho. —Contestó la gata, quejándose del dolor y el cansancio.
Al poco tiempo, vislumbró un par de manchas en la distancia; en medio de la calle, una era oscura y la otra marrón e informe. La figura de ambas manchas fue perfilándose a medida que avanzaban y entonces las reconoció, era Pops, se hallaba recostado de lado en medio de la calle, una pesada tapa de alcantarilla yacía inclinada sobre él en un ángulo de 45 grados; aplastando las ruedas y las varillas de acero de su silla.
— No hablarás enserio. —Dijo, volteando a verla.
— La inspeccionamos cuidadosamente antes de ir tras de ti, *agh* está libre. —
—Tal vez ya no. ¿Siquiera lo pensaste? —
— No hay opción, Mario. Es eso, *agh* o nada. —
Mario lo pensó un momento. Tenía razón, no tienen de otra más que rezar y esperar; que tengan suerte.
—…*¡Ghhh!* —Se quejó Pops, tensando y arqueando rígidamente el cuello con los párpados y los dientes fuertemente apretados.
Por si el peso de la tapa y el dolor no fueran bastante, el calor del sol convirtió al acero y pavimento; en un horno que lo cocía lentamente, con cada minuto que pasaba; el dolor de cabeza empeoraba, se mareaba y sentía cada vez más débil y somnoliento, luchaba contra ello lo mejor que podía, pero está a punto de llegar al límite. Podría desmayarse en cualquier momento. El ruido de unos pasos débiles y lejanos lo hizo levantar ligeramente la cabeza, tuvo que entrecerrar los ojos y forzar la vista para ver mejor, y entonces los reconoció.
Al fin. Pensó aliviado, exhausto. Reuniendo parte de la poca energía que le queda; se incorporó, las almohadillas se le quemaban sobre la abrasadora negrura del pavimento, pero logro mantenerse sobre sus tensas y temblorosas patas.
—Ya era hora, ¿Dónde esta... —Se interrumpió y abrió los ojos sorprendido y curioso, al ver a Wendy, Atlas y Mangle; entre ellos. — ¡¿Y ellos quiénes son?! —Preguntó, muy a la defensiva.
Su exclamación reverberó a su alrededor.
— ¡Ahora; no! —Contestó Duke.
En cuestión de un parpadeo, ya se hallaban ante él; respirando agitados, Mangle y Wendy se adelantaron para ser las primeras, hicieron caso omiso de Pops y de sus gruñidos de furia; hasta que les lanzó una dentellada que les pegó un buen susto y las obligó a retroceder.
— Pops, está bien; déjalas pasar. — Le dijo Tiberius, aterrizando sobre la cabeza de Duke.
Pero poco o nada le importó, volvió a dirigirles la mirada, y les mostró los pálidos dientes blancos que aún conservaba. Tras un par de exhalaciones e inhalaciones profundas; Mario se le acercó y abrió la boca para hablar.
— Pops. Déjalas, pasar. —Grande fue su sorpresa cuando escuchó a Duke decir.
De manera pausada. Con aire imponente. Lo corroboró al girar la cabeza hacia él, vio con claridad; cómo esas palabras brotaron de sus labios.
El semblante del viejo sabueso se suavizó y clavó la vista en el suelo. Mario volteo y miró detrás de él, angustiado, no veía ni escuchaba nada; pero es mejor darse prisa, nadie sabe cuándo llegarán los refuerzos enemigos. Regresó la mirada a Pops, quién miró a Wendy y Mangle un par de segundos; pensativo, con semblante grave y calmado.
— Bueno ¿qué estás esperando? —Dijo, con sus ojos hundidos y cansados sobre Mario. — ayúdame a quitarme esto de encima. —
Bloodborne OST – Ludwig the Accursed – Extended.
Espabiló; se acercó apresuradamente al otro lado de la tapa y comenzó a empujar con el omoplato. Duke, Tiberius y Atlas no tardaron en unírsele, tras un lento y exigente proceso, lograron levantarla por completo, la tapa rodó y se balanceó sobre su curveado borde por un segundo o dos; y cayó estrepitosamente sobre el pavimento.
— ¡Rápido, rápido! —Dijo con premura.
Al echar un vistazo dentro, Mangle no pudo evitar retractarse, retrocedió un paso y miró a Wendy. ¡Era una locura!, la única manera de llegar hasta abajo; era tras una gran caída, no hay manera de que Wendy pueda, está mal; muy mal.
— ¡AHORA, VAMOS! —El grito de Mario restalló en el aire cómo un látigo; e hizo que el corazón les saltará dolorosa y violentamente dentro del pecho.
— No puede. —Argumentó Mangle, haciendo un gesto hacia Wendy con los ojos.
— Tiene que, o morirá. —
— No resistirá una caída así. —
— ¡Pu...pues entonces déjala; no tenemos tiempo! —
Mangle se le quedó mirando; muda del asombro, al igual que Duke y Tiberius, los demás parecieron no darse cuenta; se hallaban tan intranquilos y nerviosos como él, no paraban de voltear, de posar sus temerosas miradas; sobre él, Wendy, Mangle, y el negro y profundo boquete que da hacia las alcantarillas.
La husky frunció el ceño; furiosa e indignada, pero antes de que pudiera hablar...
— Mangle. —Dijo Wendy cabizbaja, triste y asustada. Haciendo que Mangle y Mario la mirarán en el acto. — Lánzame. —Dijo con desánimo, mirándola a los ojos.
— ¡¿Qué?! —Preguntó estupefacta, con las orejas de punta.
— Arrójame ahí. —Reiteró la zorra, indicando el negro foso que tiene delante.
La husky solo se le quedo mirando; aterrada y en shock. Mario echó un vistazo calle arriba y abrió los ojos, algunas cuantas figuras; cuyos pelajes parecían manchas de distintos colores en la distancia; se hallaban en una de las esquinas de la acera, al otro extremo de la calle, buscándolos.
— Ha...¡Hazlo! —Le dijo, girando la cabeza hacia ellas.
— ¡Tú no te metas! —Espetó Mangle, hirviendo de ira.
— ¡Díselo a ellos! —Exclamo Mario con inquietud y angustia, señalando a la izquierda con una pata.
Mangle giró la cabeza; furiosa y no pudo evitar apanicarse; de un momento a otro.
— Demonios; ¡lánzala! —Rogó Mario.
No tenía opción.
Qué sobreviva. Por favor, qué sobreviva. Suplico dentro de su mente, tras un sobresaltó y un escalofrío. La ayudo a caminar y a posicionarse delante del agujero.
Mario volteo, los animales olisqueaban el suelo y de vez en cuando; giraban la cabeza para intercambiar palabras rápidas y frases cortas. Lo que daría por saber leer los labios. Pensó, la incertidumbre de no saber que se están diciendo; lo carcomía por dentro. Al regresar la mirada, vio a Wendy con el lomo alzado y el cuerpo agarrotado y encogido, tenía las orejas aplanadas y los párpados fuertemente cerrados, temblaba de miedo. Mangle contuvo el aliento y la precipitó hacia adelante; con sus patas delanteras y un fuerte nudo en el estómago, Wendy desapareció rápidamente entre la negrura, un gran y pesado chapoteo llegó a oídos de todos, seguido de un alarido desgarrador que hizo que se retorcieran y encogieran; con muecas de dolor y congoja.
— ¡Rápido; rápido! —Dijo Pops, con la mirada sobre Mangle.
Ella echó un último vistazo hacia atrás y dentro del agujero, para luego lanzarse hacia abajo con un salto.
— ¡El próximo! —
Norman sintió que una garra grande; fuerte y fría, se cerraban sobre él.
— Andando Norman. —Escuchó decir a Tiberius.
Ambos se alzaron en el aire con un aleteo y se precipitaron dentro; tan rápido como una bala. Tiberius abrió las alas, una repentina ráfaga de inercia; lo empujo violentamente hacia atrás, y lo obligó a frenar en el aire, se mantuvo fuera del suelo con los aleteos y descendió lentamente hasta las bajas aguas negras del fondo.
— ¡Wendy! — Exclamo Mangle con preocupación y angustia; mientras se acercaba a una inmóvil y apacible Wendy, que yacía tendida en el suelo.
Colocó la oreja derecha sobre el costado de su pecho y escuchó. Aún respira. Pensó. Solo se desmayó, ¡sí!; debe de ser eso. Se colocó a su lado; apremiante, se agachó y comenzó a empujarla con la cabeza; tratando de colar la nariz y el resto del hocico bajo su cuerpo. Tengo que sacarla de aquí.
Chloe y Atlas se acercaron. Un escalofrío les recorrió el cuerpo junto con la dureza de algo contra sus costillas; cuando dieron un paso más. Voltearon y no pudieron evitar aterrarse; una de sus patas delanteras, colgaba y se balanceaba en medio de aquel ominoso y profundo vacío, mientras un dolor palpitante les recorría la caja toráxica. No había tiempo para dudar; menos para retractarse, Chloe se deslizó por el costado de Atlas hacia adelante y se precipitó en caída libre.
Tiberius salió disparado como una bala de cañón tan pronto se dio cuenta; e intercepto su trayectoria, se llevó un buen golpe y un duro y doloroso aterrizaje; y Chloe un par de caídas, al menos la segunda; no fue tan dolorosa como la primera.
— *¡Aggh!* …*Mhh* Gracias Tiberius. —Dijo adolorida, y aún en el suelo.
Mario se giró hacia sus perseguidores, el corazón comenzó a latirle desbocado; al ver que miraban hacia ellos, tan concentrados y alertas como un ciervo, alguien de fuerza descomunal tomó y tiró velozmente de él. Duke estiró su pata izquierda hacia Pops tanto como pudo, y lo deslizó con un chirrido, dentro del oscuro agujero.
Cayeron pesada y dolorosamente sobre el suelo, entre sonoros chapoteos. Una cascada de luz de forma cilíndrica; se vertía en una extensa y densa caverna oscura, sus quejidos de dolor y esfuerzo; retumbaron por un momento en el lugar.
— ¿Todos están bien? —La voz de Tiberius resonó en la oscuridad.
— Sí. Creo que... —
—¡No!; ¡no es cierto! —Exclamo Mangle con histeria, interrumpiendo y haciendo sobresaltar a Norman; y a varios más. — ¡Wendy se desmayó!, ¡está inconsciente! —
— ¡¿Qué?! —Exclamo Atlas con una voz repleta de pánico.
— Te ayudo. — Se ofreció Mario. — Sigue hablando; intentaré encontrarte. —Dijo, sus patas movían y hacían sonar las aguas.
— Wendy, Wendy resiste. Te vamos ayudar, todo estará bien, te llevaremos de vuelta a casa; ya lo verás, te lo prometo. Solo resiste; por favor, resiste. —
Mario intentó seguir el sonido de voz, pero al poco tiempo se dio cuenta de que era inútil; no podía ver a más de un palmo delante de sus narices y la forma cavernosa de ese lugar producía un efecto de reverberación que hacía imposible encontrar la fuente del sonido. Dejó escapar una especie de chisteo; lleno de indignación y frustración, apretando fuertemente los dientes. ¡Maldición! Pensó, frunciendo el ceño. La luz que entra por el agujero de la tapa no llega hasta aquí, ¡no es suficiente! Si tan solo... ¡Eso es!
Sus ojos se iluminaron por un momento en la oscuridad.
—Chloe, ¿es cierto que los gatos pueden ver en la oscuridad? — Preguntó.
— *Ahh* Sí... —Contestó, cansada; faltándole el aliento. En medio de múltiples ruidos de goteo.
— ¡¿Qué?!, ¡¿y hasta ahora lo dices?! — Retumbó la voz de Atlas, engrosada por la ira.
— ¡Concéntrense! ¡Todos! — Demandó Mario con autoridad. Silenciándolos. — Tenemos que salir de aquí; antes de que... —
Un ruido brotó súbitamente a sus espaldas, haciéndolo callar. Agudizaron el oído y escucharon; bajo el manto de aquella densa negrura, rodeados de un silencio absoluto. Transcurrieron varios segundos tensos, en los que no escucharon nada más.
— Chloe — Dijo con voz ronca. Carraspeó un par de veces. — guíame, ¿dónde están la zorra y la husky? —Su voz resonó con mayor claridad.
—Ahhh... Sigue derecho. —Dijo ella, algo tensa.
Mario obedeció, se topó con un par de objetos que casi lo hicieron tropezar, espontáneos quejidos de protesta brotaron de su boca; pero no dijo nada, no había tiempo para eso.
Norman creyó escuchar nuevamente un ruido a su derecha, volteo por mero instinto, asustado.
— Rápido; por favor. —Dijo, tras escuchar en silencio por unos segundos.
— Alto. —Dijo Chloe. Las pisadas de Mario cesaron. —Gira a la derecha y sigue. Ajá. ...Detente. Ahora a la izquierda. Sigue derecho... Yyy...¡Ahí! —
La pata de Mario sintió algo grande y carnoso, colocó la pata sobre eso y estiró el cuello para ver de cerca, aquello era peludo y suave, ajustó y forzó la vista; y logro vislumbrar; a duras penas, una mancha rojiza y blanca que se hallaba envuelta en tinieblas. En efecto; era ella, no había la menor duda.
Un sonido bajo y grave; hizo que Atlas girará la cabeza con sobresaltó. El corazón comenzó a latir fuerte contra su pecho, cuando una gran cabeza negra con betas rojas, brotó hacia el haz de luz. Abrió tanto los ojos, que parecían estar a punto de salírsele de las orbitas, la anaconda alzó la cabeza; encorvando una parte de su cuerpo como una S. Un silencio sombrío, lúgubre; se adueñó del lugar y los forzó a contener el aliento, la luz del sol arrancaba cientos de destellos y brillos de su cuerpo escamoso, sus miradas temerosas y silenciosas le caían encima; mientras escaneaba detenidamente el nuevo entorno, moviendo la cabeza de lado a lado.
No pudo ver bien, a momentos creía ver algunas firmas de calor; pero está desaparecían, aparecían y fundían, con el frío y húmedo entorno, pero sabe que hay alguien, lo puede sentir, dejó escapar un bajo y grave siseo, abriendo sus fauces, alineó la cabeza y el cuello sobre el agua y comenzó a arrastrarse, no tardó en perderse y fundirse con la oscuridad.
Los ojos de todos, se abrieron desmesuradamente; sintiendo un nudo en el estómago y el corazón en la garganta, las anacondas son mucho más veloces en el agua que en tierra, en un parpadeo; puede llegar hasta ellos, enroscar su cuerpo alrededor y comenzar a triturar sus huesos, solo hacía falta un ruido, un error, el menor descuido; y estarán más que jo****s. Si alguno se mueve siquiera un poco, el agua bajo sus pies los delatará al instante. Y no solo no pueden hablar, ¡tampoco están oyendo nada!, ¡¿cómo es posible?!, el agua debería hacer ruido, indicarles donde está, la muy maldita es tan silenciosa como un ratón; a pesar de su tamaño.
¿Y ahora qué?… ¿Cómo diablos podrán salir de esta?
Pensó y pensó en la oscuridad, seguro no es el único, ¿qué más pueden hacer en un momento como este; al fin y al cabo?, se esforzó tanto en obtener alguna respuesta o tan siquiera una idea; que comenzó a sufrir una terrible jaqueca.
...Nada. ...Eso fue todo. ...Nada. Tenía la mente completamente en blanco. No puede ser. ¿Eso es todo? … Tal parece que sí. Bajar ahí fue la peor equivocación. No hay nada que puedan hacer, solo esperar lo inevitable. Aquel lugar maloliente, oscuro y húmedo...será su tumba...
¿...Por qué esperar? Pensó Atlas, moviendo lenta y ligeramente los dedos de sus patas; bajo el agua, resignado.
Inhalo y exhalo dentro de su cabeza; preparado, pero entonces...
Un fuerte grito retumbó en la oscuridad, por encima de unos apresurados chapoteos y un leve y constante chirrido metálico.
— ¡No! —Aquella exclamación, broto sola; de varias bocas, las voces se entremezclaron tanto; que fue incapaz de reconocer alguna.
Chloe vi a la serpiente detenerse y mirar de un lado a otro; confundida, ¡Pops iba directo hacia ella!, se esforzó por quedarse donde estaba; pero las ansías de intervenir que le corrían por el cuerpo, fueron más fuertes, media docena de voces hablaban desde las penumbras.
—¡No lo hagas! — Decían. — ¡Pops, no!, ¡Detente! — Gritaban y exclamaban.
La serpiente siseo; exasperada, harta, girando la cabeza hacia en todas direcciones, el retumbar de las voces producía un abrumador número de vibraciones a su alrededor, ¡era su oportunidad! Intentó salir disparada, pero sus patas cedieron a medio camino y terminó en el suelo, estiró las patas e intento detener una de sus ruedas cuando pasó delante de ella, pero se quedó corta. Levantó la cabeza; llena de preocupación y dejó escapar un jadeo ahogado, cuando la serpiente reptó hacia él, lo embistió ferozmente y enroscó su enorme cuerpo alrededor de él; tan rápido como el viento, en medio de salpicaduras y chapoteos.
— ¡No! —Exclamo con angustia.
— ¿Qué sucede? —Pregunto Mario; exaltado.
— Lo tiene, ¡lo tiene! ¡necesita ayuda! —Contestó a gritos.
—¿Dónde está? —
— No... — Escucharon decir a Pops. Justo cuando Chloe abrió la boca para hablar. — D...Déjenme... —
— ¡¿Qué?! —Dijeron Chole y Mario al unísono.
El resto, enmudeció de asombro.
— *Ghhh* Váyanse...Les daré tiempo. —Respondió el anciano, con dolor y tensión en su voz.
— No; eso no, no nos iremos de aquí sin ti. —Dijo Mario, con un tono de voz que no admitía discusión. — S-solo resiste. —
— ¡No hay tiempo! —Vocifero el anciano, con esfuerzo. — Es la única forma. *¡Agggh!* —Se quejó, apretando los párpados. — Si no se van ahora, *¡Grrr!* ...Moriremos todos. Chloe...eres la única que, ...*¡Ahhh!* —Aquel grito sofocado grito de dolor, creció de manera paulatina; hasta convertirse en un gran alarido, que les heló la sangre a todos. Escucharon el crujido de los músculos en tensión de la anaconda. — *¡Ah!*... …*Ah* ...Sá.…Sácalos... —Dijo Pops de manera entrecortada y cansada, entre grandes; y pesados jadeos.
Dejando a aquel lugar; bajo un silencio espectral. Nadie movió un solo músculo.
¡Maldición!... Pensó Pops. — ¡LARGO; YAAAAA! —Exclamo, pegando el grito más desgarrador de su vida.
Algunos pegaron pequeños respingos, y espabilaron con ahogados jadeos de asombro. Chloe miró a su alrededor con angustia, todos se hallaban tan abrumados como ella, en sus rostros solo había nerviosismo, confusión y terror, pero; aun así, comenzaron a moverse; a obedecer. No...Ayúdenme. ¡Alguien ayúdeme! Le habría gustado gritar, pero no podía articular el menor ruido.
El ruido de las aguas; moviéndose agitadas, la hizo voltear. Mario no paraba de moverse en su lugar; girando frenéticamente la cabeza de lado a lado, podía ver la lucha interna en sus ojos, la ansiedad comenzaba a demacrarle el rostro. Finalmente se detuvo y miró hacia el suelo; abrumado, desesperado, pensó y pensó...sin que la expresión en blanco sobre sus ojos; desapareciera.
Pops volvió a gritar, llamando nuevamente su atención, fue un grito bajo, sofocado y contenido; que quedó a medio camino de un alarido, rápidamente se apagó hasta casi desaparecer con un suspirado quejido. El corazón de Chloe se llenó de angustia, jamás le había latido así, parecía como si quisiera salírsele del pecho.
— Chloe. —Dijo Mario, con voz atona, cabizbajo. Volteo a verlo. —...Ya lo oíste. —
Aquello la hizo abrir los ojos; como nunca en la vida. ¡¿De verdad va a abandonarlo?!, ¡¿ni siquiera lo va a intentar?!
Uno de los huesos de Pops se rompió con un chasquido y profirió un lamento; sofocado y tensó, broto débilmente de sus labios. Chloe volteo a verlo tan rápido; que estuvo a punto de ganarse una torticolis, una dolorosa y desoladora sensación comenzó a revolotear alrededor de su agitado corazón. No. T-¡Tengo que salvarlo! Pensó. Los dedos le crisparon nerviosos y dudosos, avanzó un paso; su pata estuvo a punto de ceder otra vez, pero lo que sin dudas fue lo peor; fue la demoledora, paralizante; oleada de dolor que escaló rápidamente por su pata y le recorrió el cuerpo, fue si le hubiesen enterrado un clavo en la base de las patas.
— Chloe. ...Ya no hay nada que podamos hacer por él. —Dijo Mario con voz lúgubre. Desganado, resignado.
Ella; nuevamente, solo se negó a aceptarlo. Miró hacia enfrente, sufriendo, un agudo zumbido reverberaba de manera intermitente dentro de sus oídos, la visión se le hacía más y más borrosa, y más difícil de fijar. Dio otro paso al frente, fue lo más duro y dificultoso que haya hecho, no pudo resistir la segunda oleada de dolor que le taladró los huesos, terminó tendida en el suelo con un gran chapoteo.
Mario cerró los ojos con tristeza y negó suave y levemente con la cabeza, la entiende, en verdad que sí; están condenándolo a una muerte lenta, dolorosa y horrible, pero ¿por qué más si no, Pops hizo eso?, no había otra manera. Están acorralados, se sacrificó para salvarlos. Le tiene lástima, quiere hacerla entender, pero no está escuchando, tampoco puede obligarla a nada.
Se giró lentamente hacia Wendy y empezó a empujarla con la cabeza. Mangle se percató de ello gracias al sentido del tacto, desvió la mirada a la derecha, hacia la negrura en la que no puede ver, con un rostro afligido; lleno de pesar. También se siente mal por ella, pero no hay forma de que puedan pelear contra esa anaconda; bajo esas circunstancias, varios de ellos están exhaustos, heridos y no pueden ver en la oscuridad como ella, además; tiene que pensar en Wendy, si no la llevan con veterinario rápido; podría empeorar o morir, quizás aun hallaba oportunidad de salvarla; pero él...
Comenzó a ayudar a Mario, empujando con la cabeza sobre el otro costado de Wendy, gracias a eso, Mario fue capaz de deslizar la cabeza y el cuello bajo el cuerpo de la vulpina, guiándose meramente por el tacto; Mangle lo ayudo a subirla hasta su lomo, una vez ahí, Mario la alzó hacia arriba con esfuerzo y cierta dificultad, pesaba más de lo que creía.
— Todos —Dijo, levantando la cabeza; con algo de vigor en su voz. El ruido de las aguas cesó de repente. — Escuchen, caminen hasta que encuentren una pared y síganla; usen el tacto, es con lo único que contamos. —Volteo y echó un vistazo al gran haz de luz en forma de cilindro, que entraba desde el techo; a sus espaldas. — No caminen hacia la luz que entra del agujero, es probable que la anaconda este cerca de él. Vayan en dirección contraria, adentrémonos en las alcantarillas. Es la única salida, nuestra última oportunidad. —
Hubo un par de segundos de silencio, y nuevamente se produjo el ruido de las ondas sobre el agua; en la oscuridad. Hacia la cual Mario miró absorto, pretendiendo que miraba a Chloe, bajo un poco la cabeza; en un gesto lleno de pesar y comenzó a buscar una pared en compañía de Mangle.
Cuando Chloe abrió nuevamente los ojos; todo era borroso, no podía ver ni distinguir nada, lo único que sentía era dolor y aquel agudo zumbido de aturdimiento se prolongaba ininterrumpido está vez; era lo único que sus orejas escuchaban. Intentó mover una pata; pero no sintió nada, su cuerpo había terminado con ella; no le respondía más, lo único que podía hacer; era luchar contra la pesadez de sus párpados, pero no siempre lograba percatarse de ella, su mente no paraba de pulular somnolienta por lugares recónditos, podría perder el conocimiento en cualquier momento; sin que se diera cuenta. Su mente esclareció momentáneamente por momentos, vio o creyó ver; a Pops, tan tensó como la cuerda de un arco, enroscado del cuello a la ingle; por una familia de enormes anillos que lo aplastaban sin piedad.
Parece...que... Mario...tenía razón. Escuchó a su propia voz decir, dentro de su cabeza. No...hay nada...que... Su voz desapareció y se sumió súbitamente en la nada; cuando sus ojos rodaron hacia atrás dentro de sus cuencas, y quedó tendida sobre el suelo. Inconsciente.
Atlas siguió el sonido del agua y la áspera pared de concreto con una pata en la oscuridad, si tan solo se hubiera desviado un momento hacia la derecha; un par de metros atrás, hacia Chloe...
Un dolor colosal y una asfixia cada vez mayor, eso era todo lo que sentía Pops, sus orejas fueron capaces de escuchar el ruido cada vez más lejano del agua; siendo empujada y movida, a pesar de hallarse atrapadas entre los enormes anillos. Unos pequeños crujidos, reverberaron amortiguadamente entre sus tímpanos; hasta convertirse en un par de tronidos. Sintió cada una de las quebraduras en sus costillas y vértebras, alcanzando un nuevo nivel de dolor, las lágrimas le brotaron solas, las entrañas se aplastaban dolorosamente entre sí, los ojos parecían estársele queriendo salir por las órbitas y tenía el cuerpo tan tenso como un cable, apenas podía mover siquiera un dedo. Un agudo quejido; que más pareció un pitido, brotó de sus labios entreabiertos, fue débil y sutil, como un susurro, los músculos parecían estarse petrificando, ya no le respondían... Tampoco podía respirar, sus fuerzas lo abandonaban rápidamente.
Así qué; así es como se siente... Pensó, mientras aún podía. Miró, débil y exhausto; hacia su derecha, no vio más que una total oscuridad; que a cada momento se hacía más borrosa. Chloe. Todos, Cuídense... Dijo en su mente.
La anaconda realizó un tirón brusco con el cuerpo aún enroscado alrededor de él y le rompió el cuello con un fuerte y grotesco chasquido. Movió la cabeza, posicionándola sobre la suya y se le fue acercando lentamente; abriendo sus fauces, de las que caían grandes y espesos hilos de baba.
