Los Amamiya

Capítulo 28: Príncipe Oscuro

-¿Estás segura de esto Yoko?- Preguntó Touya mientras bajaba la maleta por las escaleras antes de que esta se marchara. Anteriormente ella le había contado acerca de sus intenciones de irse a partir de aquella tarde a pasar parte de las vacaciones con su madre y hermana, pero con aquella nueva circunstancia que se planteaba ante ellos definitivamente no estaba seguro de si era una buena idea.

-No te preocupes, voy a estar bien. Estaré más segura estando con más personas en casa que aquí sola. ¡Y no me digas que puedes quedarte conmigo!- Solicitó mientras colocaba un dedo sobre sus labios para detener lo que seguramente diría. -Ambos sabemos que eso solo te va a complicar las cosas. Solo serán unos días, los suficientes para completar la primera falta, así que cuando regrese podremos saber si… tendremos un hijo.

Al sentir la manera en cómo su estómago se comprimió con la simple mención de aquella posibilidad se dio cuenta de que en verdad la solución de Yoko era la mejor. Había conseguido mantener la calma toda aquella mañana para que ella no volviera a llorar de puro milagro, la verdad es que se estaba volviendo loco con la simple idea. Lo que menos necesitaba era una mudanza forzada que agitara las cosas en su casa, había mucho que resolver, que arreglar y sobretodo debían esperar el tiempo necesario para confirmar si aquello era o no una falsa alarma.

-De acuerdo. Pero si pasa algo debes llamarme enseguida. Ya buscaré la forma de ir por ti.

-De hecho… ¿te molesta que te llame de vez en cuando? Se que puedo ser algo intensa en ocasiones pero con los nervios que tengo seguramente necesitaré alguien con quien hablar a menudo y aquí entre nos mi hermana es algo boca floja, así que no puedo contarle de esto hasta que no esté confirmado.

-No hay problema.- Aseguró mientras abría la puerta del taxi, recibiendo un abrazo de parte ella quien ahora había escondido su cabeza en su pecho mientras sonreía.

-Gracias… por todo. La verdad me siento algo asustada pero si esto iba a pasar, me alegro mucho que sea contigo. Me haces sentir que las cosas marcharán bien.

-Lo estarán. Pero debes cuidarte mucho.

-Si, lo haré. – Aseguró ella sin borrar la sonrisa a la vez que cerraba la puerta al verla entrar y dando un par de palmadas al vehículo indicó al chófer que arrancara a la vez que se quedaba ahí ausente mirándola mientras se alejaba. Si antes se sentía fatal con todo esto después de oírla expresarse de esa manera con respecto a él se sentía aun mas miserable, ella era demasiado dulce, demasiado confiada. ¿En que rayos estaba pensando cuando inició aquel peligroso juego? ¿Cómo le decía que no era tan amable como ella creía, que si aquello había pasado era justo por ser la persona menos indicada para lidiar con las situaciones adversas?

¡Rayos! Ni siquiera era capaz de reconocerse. Siempre había sido bueno ocultando sus sentimientos, fingiendo ante las ocasiones en que no quería mostrar su verdadero yo, pero jamás se imaginó que usaría aquella habilidad suya para engañar a alguien que le había abierto las puertas de su casa y su corazón. ¿Qué demonios iba a hacer ahora?¿Acaso tendría que tragarse aquello mientras rezaba por que terminara por no ser real?

Regresó a su casa mientras meditaba en aquello, mientras sentía su corazón al borde del colapso, mientras reprendía así mismo por todo aquello y para su bienaventuranza o desdicha su hermana no estaba en casa, según su padre esta había quedado tan encantada con la visita de los recién llegados que había decidido dormir aquella noche en casa de ellos y que de hecho aquella noche haría lo mismo para aprovechar el resto del fin de semana y que tanto ella como Tomoyo pudiesen ayudarla con los planes de la boda que se efectuaría en menos de dos semanas. Aquello la verdad fue como un balde de agua fría para él. Si hubiese actuado un poco como él mismo a esas alturas estaría celebrando aquello junto con ellos, tal vez haciendo alguna broma a Yukito acerca de las desgracias que le acarrearía tal decisión mientras miraba con disimulo la cara de felicidad de la amatista mientras hacía aquello que más le gustaba en el mundo, pero no sólo no podía aparecerse por ahí por haber herido a Yukito y haber enojado a Nakuru, si no por las lágrimas que Tomoyo había derramado al hacerle aquella pregunta en el supermercado era obvio que había cometido un terrible error o más bien las últimas semanas solo habían sido una secuencia desafortunados desaciertos que la vida terminaría por cobrarle muy caro.

-Hey, ¿estás dormido?- El ligero golpecito en la puerta junto al sonido de la amable voz de su padre lo sacaron de sus cavilaciones. La verdad llevaba tanto tiempo tirado en la cama mirando a la nada que no se había dado cuenta que ya había anochecido. Tal vez su padre llevaba un buen tiempo llamándolo para que bajara a la cena y ante su falta de respuesta había decidido ir el mismo a buscarlo, aunque a decir verdad no tenía animo de llevar nada a su boca aquel día.

-Hace días he estado pensando en hacer alguna cena especial para que traigas a la señorita Nakagawa. Creo que no sería mala idea que tu hermana ya la conozca, es cada vez más difícil sostener sus sospechas.- Había comentado su progenitor mientras se acercaba a la cama y se sentaba en el borde tras su espalda. Sabía que en el fondo su padre quería reprocharle lo irresponsable que había sido al quedarse en casa de ella el día anterior pero si por algo era famoso aquel señor con el pelo salpicado de canas era por ser un hombre diplomático y perspicaz que jamás decía nada que fuese a provocar una pelea de las que últimamente eran comunes en esas cuatro paredes.

-Tal vez otro día. Ahora está de vacaciones.

-Entiendo. Pues tal vez ella pueda conocerla en la boda de Yukito, así puedes presentársela a todos.

-No iré. No seré bienvenido en ella.

-Si lo dices por la señorita Nakuru, ya se le pasará el mal humor. Solo está algo descolocada por la sorpresa pero no es nada que no pueda remediarse con un enorme pastel.

-No todo se resuelve con comida, padre.- Había replicado mientras continuaba en la misma posición arrepintiéndose a los pocos segundos de que su voz hubiera subido un par de tonos. Últimamente no hacía más que gritarle a todo mundo.

-Aun tienes los zapatos puestos, estas dormido de costado y las venas de tus manos están bastante alteradas de tanto apretar los puños por demasiado tiempo. Según parece estás metido en algo muy complicado y eso es mucho decir considerando todas las cosas que han pasado últimamente.

Su padre esperó alguna respuesta de su parte pero al ver que aquello no era suficiente para hacerle hablar continuó con su análisis.

-Según parece esto es mas grande que lo de Yukito, más grande que lo de Tomoyo. Es tan grande que crees que voy a alarmarme en cuanto lo sueltes.

Tampoco recibió ninguna respuesta.

-No crees que voy a alarmarme… crees que me voy a enojar más de lo que jamás me enojado. De hecho, tu estás enojado, no conmigo, si no contigo mismo. Al parecer tu…

-Embaracé a Yoko. No está confirmado pero… estoy casi seguro de que así fue y… yo… - Soltó casi en un sollozo agobiado por la manera tan exacta en que su padre le estaba leyendo y aunque este se quedó en silencio por segundos que parecieron eternos pronto lo sintió acariciar su cabeza intentando conseguir que dejara de temblar. No hubo gritos, no hubo reproches, ni siquiera la abstinencia a tener algún contacto con él, solo había ese suave toque de unos dedos que estaban temblando tanto o más que él.

-No importa lo que ocurra o lo que hagas, yo nunca voy a dejar de amarte hijo. Solo quiero que seas feliz. -Lo escuchó decirle y aunque solo fue apenas un susurro, fue suficiente para sacar de él todas aquellas ganas de ceder al llanto que tenía. ¿Por que rayos él tenía aquella facilidad para pasar por alto sus errores cuando ni el mismo conseguía perdonarse por ser tan idiota? ¿Por qué su padre seguía siendo tan bueno con él cuando él no hacía más que desquitarse todo con personas inocentes?

-Lo sé padre. Lamento si te hecho sentir que no lo comprendía. O si he sido malo contigo o si no he valorado lo suficiente lo comprensivo que has intentado ser. Soy un desastre, no hago más que darte problemas.

-Solo eres el hijo de Nadeshiko, Touya. ¡Ni te imaginas en los líos que se metió por ser tan impulsiva! Yo también me metí en muchos problemas por querer resolver todo solo, así que, ya no nos imites más ¿si?

Touya asintió sin mirarlo en ningún momento mientras lo sentía seguir acariciando su cabeza aunque sinceramente aun no hallaba ningún parecido con ellos. Sus padres se amaban y por eso terminaron teniéndolo a él, eso no se comparaba a tener un hijo con alguien queriendo a otra persona.

-Te traeré algo de comer. Espero no te moleste que cene aquí contigo. Hace mucho que no hablamos.

Sintió a su padre levantarse de la cama y caminar hasta la puerta, y entonces se permitió girarse y colocar su brazo contra su frente mientras miraba al techo. Con todo contarle aquello a su padre había desaparecido el nudo en su estómago. Yoko en serio era una buena chica y hasta ahora se habían llevado bastante bien, tal vez aquello no tenía porque ser del todo malo, en realidad tampoco es como si él o ella fueran críos o no tuviesen las condiciones de tener un hijo. Tal vez… con un poco de esfuerzo y algo de paciencia al final podía acostumbrarse a esa idea y tener una familia con ella.

Cerró los ojos mientras pensaba en ello y al abrirlos escuchó el repique insistente de su teléfono. Había una bandeja sobre la mesita junto a su cama por lo que seguramente su padre la había colocado allí al ver que se había quedado dormido y junto a ella la luz de la pantalla del aparato brillaba constantemente. Extendió su mano y atrayéndolo a él contestó la llamada con un soñoliento "hola" que estaba seguro iría dirigido a Yoko quien como había prometido lo estaba llamando, pero no pudo evitar incorporarse de golpe al escuchar aquella algo insegura voz preguntarle si le había despertado. La verdad es que solo fue capaz de soltar un escueto no mientras procuraba determinar si su mente le estaba traicionando y miraba la pantalla para confirmar si en verdad se trataba de la amatista.

-Perdóname que te llame a esta hora pero… quería saber si te molestaría que nos viéramos mañana a eso de las cuatro de la tarde. Creo que sería bueno que habláramos en persona de lo que me preguntaste esta mañana.- Propuso ella y sin duda su voz sonaba algo más baja de lo habitual como si intentara evitar que la persona a su lado le escuchara. Su mente intentó pensar que se trataba de aquel sujeto pero afortunadamente su cabeza estaba lo suficientemente fría como para recordar lo de la reunión con Nakuru para las cosas de la boda. Lo más probable es que esos ligeros ronquidos que oía fueran los de Sakura y lógicamente ella intentara no despertarla.

-Si. Está bien. ¿Dónde nos encontramos?

-Te recogeré en el parque pingüino, iré en una furgoneta negra. Pasaré de camino a comprar algunas cosas para la boda así que espero no te moleste el desvío.

-No. No tengo nada que hacer.

-Bien, pues nos vemos entonces.

-Si.

-Touya… - Su voz suave y ligeramente temblorosa por alguna razón le causó un ligero escalofrío. Hacía mucho que no la escuchaba decir su nombre con tanta timidez, murmuró un ¿Si? que estaba seguro se oyó también distinto a lo normal y juraba que escuchó cuando su respiración se detuvo unos segundos. Casi podía verla del otro lado de la línea colocando un puño contra su pecho mientras sus mejillas se sonrojaban y apretaba el teléfono un poco mas de lo habitual. No sabía si era su idea pero podía escuchar el latido de su corazón, aunque tal vez sólo se trataba del suyo que estaba destrozando sus tímpanos por la fuerza de su palpitar.

-Trate de dormir bien hoy. Se veía realmente cansado esta mañana.

-Gracias. Lo mismo digo.

-Lo intentaré. Nos vemos.

Aunque el sonido de la llamada finalizada se escuchó fuerte y claro, él continuó con su teléfono justo allí, situado en su oído. Tal vez sólo estaba alucinando pero casi podía jurar que había escuchado un suspiro suyo del otro lado de la línea un milisegundo antes de que ella colgara.

Sus manos estaban sudando y su corazón aun no había parado de latir con descontrol. Tal vez sólo estaba demasiado sensible después de tantas emociones en un solo día. Su mano apartó el teléfono de su oído al escuchar un corto repique muy distinto al anterior y al mirar la pantalla pudo leer un mensaje que acababa de llegar a su teléfono.

"Perdona por no haberte avisado de mi llegada. Aquí no me han dejado el chance ni de respirar. He estado bien toda la tarde aunque sentí un poco de náuseas cuando estaba de camino. Mañana intentaré llamarte más temprano.

Descansa bien. Te quiero."

El nudo en su estómago volvió a aparecer como si jamás se hubiera esfumado. Lo sabía, lo presentía. Había cometido otra vez un error.


Se puso de pie al escuchar el sonido de aquel vehículo deteniéndose frente al parque y abrió los ojos sorprendido al ver a la persona que descendió de aquella furgoneta con unas gafas oscuras, un diminuto sombrero tejido y una chaqueta oscura cubriendo una pieza de ropa amarilla que llevaba hasta un poco por encima de las rodillas. La verdad al principio pensó que se trataba de alguna mujer perdida que se había equivocado de planeta, pero no tardó en reconocer aquel andar pausado y vocecilla cantarina dándole las buenas tardes algo temblorosa, concluyendo así que era una broma de la delgada chica que quería iniciar aquello sacándole una sonrisa o algo así.

-¿Por qué viniste en esas fachas Tomoyo?- Preguntó casi al borde de la hilaridad mientras se acercaba a ella con las manos en los bolsillos, pensando en que si bien siempre iba bien vestida a todos lados, aquel día se había pasado de desaliñada y casi sintió la tentación de morderle un dedo al verla cubrirle la boca con la mano mientras miraba a todos lados con suspicacia.

-¿No ves que estoy de incógnita? Media Tomoeda nos conoce, no podemos andar juntos sin que uno de los dos esté disfrazado.

-¿Y eso como por qué? Ni que fueras a secuestrarme.

-No quiero que tengas problemas con tu novia.- Su voz se tornó algo melancólica al decir aquello y sus dedos abandonaron su cara mientras ella miraba fijamente al que fue el lugar de muchas de sus aventuras cuando era niña. La verdad es que sintió la tentación de decirle que Yoko no era su novia pero a esas alturas al menos debía tener la dignidad de otorgarle aquel título.

-Ya no es el parque pingüino ¿no lo crees?- Comentó ella cambiando de tema por completo y al mirar al lugar a sus espaldas Touya no pudo evitar asentir. Los columpios estaban destruidos y la mayoría de las pequeñas estatuas de pingüino estaban arruinadas y sin color. Solo el enorme pingüino rey seguía en pie y solo porque era demasiado pesado para que alguien hiciera algo en su contra, aunque eso no evitaba que lo vandalizaran un poco colocando un par de cejas enojadas que servían para asustar a los pobres niños que ni siquiera se acercaban allí.

-El tiempo puede ser cruel con algunas cosas. Pero siempre podemos atesorar los buenos recuerdos que tuvimos aquí. – Murmuró ella mientras suspiraba profundamente casi como si reprimiera las ganas de llorar al ver aquel tesoro hecho pedazos y dándose la vuelta caminó hacia el vehículo dejando allí no solo su nostalgia sino su efímera familiaridad. – No quiero quitarle mucho tiempo así que vámonos Joven Touya.

Aquella última frase en serio le amargó el estomago. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que ya no agregaba aquel título para referirse a él, desde que se había acostumbrado a la forma tan agradable en que su nombre sonaba viniendo de sus labios?

-¿Y tu novio? ¿Estás segura de que está de acuerdo con que nos veamos?- Preguntó sin poder evitar fruncir el ceño mientras la ayudaba a subir al algo elevado vehículo y la escuchaba decir que Kurogane no era su novio.

-No es lo que pareció en el supermercado.

-Supongo que tampoco he tenido el valor para decírselo con claridad.- Reconoció ella mientras se ponía el cinturón y colocaba las manos en el volante, a la vez que Touya daba la vuelta al vehículo y se colocaba en el asiento del pasajero. La verdad es que conociéndola no se la imaginaba rechazando a alguien de manera directa, seguramente intentaba disimular tanto aquello que terminaba por dejar lugar para posibles dudas de parte de la otra persona. Eso explicaría porque el insoportable aquel seguía intentando meterse entre ellos a pesar de que su padre aseguraba que ella le había rechazado ya. De hecho la verdad es que a estas alturas no estaba seguro de que era o no cierto en todo aquello.

Levantó la mirada al escuchar el motor del vehículo encenderse y por primera vez en todo aquel tiempo cayó en cuenta de que él no estaba en el asiento del conductor.

-¿Tu vas a llevarnos?- Preguntó algo descolocado y casi quiso reírse del "¿crees que voy a matarnos?" que se dibujó en su la cara de la amatista que ahora se veía bastante indignada por su falta de fe. – Lo que quiero decir es que no sabía que conducías.

-Lo hago desde los quince, es solo que me parece más cómodo dejar que otro conduzca. No soy buena rebasando ni mucho menos defendiendo mi lugar en la carretera.

-En otras palabras eres una tortuga.

-Solo soy cuidadosa. No se usted pero yo espero llegar a vieja.

-Si, lo que digas. Esto va a ser muy interesante.- No pudo evitar colocar sus manos detrás de su cuello después de ponerse el cinturón mientras la veía fallar en el primer intento por poner la marcha. Seguramente ella había visto su sonrisa burlona pues un "no me mire que me pongo nerviosa" al borde de la histeria salió de su boca antes de iniciar su segundo intento.

-Vale. Me despiertas cuando lleguemos entonces. Espero no abrir los ojos en el cielo, ¿de acuerdo?

La verdad es que aunque permaneció con los ojos cerrados y los brazos entrecruzados no pudo contener aquella risita al sentirla golpear su brazo mientras hacía un puchero visiblemente indignada. La verdad es que Tomoyo siempre era compuesta y respetuosa con todo el mundo pero casi podía jurar que él era el único que se había ganado sus indoloros golpes. Hacerla enfadar le causaba mucha ternura y la verdad ya casi había olvidado lo bien que se sentía estar a solas con ella, lo que hacía aún más doloroso pensar en que aquella podía ser la última vez que hablaran con tanta familiaridad, después de todo no podía darse el lujo de seguir cerca de ella cuando lo distraía tanto de sus posibles nuevas responsabilidades. La verdad es que había ido a su encuentro porque quería que todo terminara de la manera mas amigable posible para al menos estar tranquilo en ese sentido.

La radio comenzó a sonar al ella encenderla y su melodiosa voz compitiendo con la de la cantante original casi lo hizo suspirar. Era una chica en serio talentosa y la verdad su voz le traía tanta calma cómo no había sentido desde hacía semanas.

-Bueno, ya llegamos. Solo compraremos unas telas aquí y a dos cuadras suvenires y adornos. – Anunció ella mientras estacionaba el vehículo haciendo que él, quien sin querer si se había quedado dormido despertara algo azorado. Definitivamente ya no estaban en Tomoeda. Lo sabía porque aquella era un área mucho más urbana y más allá de eso porque ella había abandonado sus gafas y chaqueta dejando a la vista un sencillo vestido amarillo y su cabello algo ondulado por la presión del sombrero que hasta ese instante había cubierto su cabeza y aquellos ojos tan llamativos que lo miraban con una sonrisa traviesa esperando que la felicitara por su buena conducción. Gusto que se negó a darle saliendo del vehículo mientras bostezaba, se estiraba y colocaba sus brazos detrás de su nuca.

-¿No deberías haber pedido a la novia que te ayude con todo eso? Es su boda no la tuya.

-Nakuru tiene un par de bebés que atender y yo ahora que no estoy trabajando tengo mucho tiempo libre. Además este es el paraíso, siempre me pone de buen humor venir a este lugar.- El brillo de sus ojos y aquella enorme sonrisa que se dibujó en sus labios hizo evidente para él que no bromeaba, más aún al entrar y salir tienda por tienda cargando de cada una miles de telas y elementos de costura, además de muchísimos adornos para bodas. A esa chica en serio le gustaba organizar fiestas y coser atuendos o solo era una desparramadora empedernida de dinero.

-Eres muy extraña. – Aseguró mientras cargaba un nuevo par de enormes bolsas hasta la parte trasera del vehículo y la veía colocar un par más un poco mas pequeñas donde ya de por si había un montón de cajas selladas haciendo que ella lo mirara algo extrañada. -Te encanta estar celebrando y haciendo cosas para todo el mundo y nunca he escuchado que hayas celebrado siquiera un cumpleaños, mucho menos que te hayas hecho un vestido y ni hablemos de grabarte o hacerte fotos.

-Es más divertido cuando es para otra persona. Además… no soy tan especial como para andar perdiendo el tiempo en cosas para mi.

-Hey…- Murmuró el mientras colocaba su par de brazos a cada lado de sus hombros haciendo que ella no tuviese más opción que mirarlo mientras el sol se ocultaba en el horizonte. -Tienes un concepto muy malo de ti misma.

-No tengo un concepto malo, es solo… siempre he pensado que soy algo rara… físicamente.

-¿Físicamente?

-Bueno, la verdad siempre he odiado mi color de piel, es decir, ¡parezco un papel de lo blanca que soy!, no es raro que me pregunten si estoy enferma y bueno… cuando ando por la calle la gente se queda mirando mis ojos como si hubiera salido de un cuento de terror. De hecho… - Habló muy bajito mientras colocaba su mano cerca de su oído.- cuando acabo de levantarme te juro que me parezco a la chica del aro.

-¡¿Qué disparate es ese?!

-¡Es de verdad! Científicamente probado.

-No me refiero solo a eso. Todo lo que dices de ti misma… es como si hablaras de alguien más.

Ella bajo la mirada algo avergonzada por sus palabras y después de masajear su frente con sus dedos se le ocurrió la única solución posible a ese problema.

-De acuerdo. Ven conmigo.- Solicitó mientras la tomaba de la muñeca y casi la arrastró por la calle mientras la mayoría de las personas se quedaban mirándolos fijamente mientras ella parecía querer meter la cabeza debajo de la tierra para evitarlo. La verdad es que jamás se había dado cuenta de la cantidad de personas que la miraban con embeleso a cada paso que daban y si ella tenía aquella idea equivocada de si misma desde niña eso explicaba porque se sentía tan insegura.

Miró a su alrededor intentando determinar quienes eran los mejores candidatos y localizando a cinco ancianos que estaban sentados en un par de bancas alimentando palomas, la arrastró hasta ellos colocando sus manos sobre sus hombros para que no escapara.

-Disculpen… ¿les parece que está jovencita es rara?- Preguntó para sorpresa de Tomoyo quien no pudo evitar levantar la mirada hacía él sorprendida. Tiñéndose de rojo al sentir las miradas del quinteto examinándola con cuidado.

-¿A que se refiere?

-En mi opinión. Su piel es tan blanca que parece que está enferma y sus ojos la hacen ver como una alienígena.- Aseguró Touya con seriedad provocando que los ancianos se pusieran a discutir entre ellos bastante incómodos con la descripción.

-Se equivoca jovencito, a mi más bien me parece una linda muñeca.

-Oh si. Una delicada muñeca de porcelana.

-¡Sus ojos son bellísimos!

-¡Ojalá y hubiera sido tan bonita en mi juventud!

Comenzaron a opinar ellos a coro y aun aquella que no dijo nada, no dejaba de mirarla y sonreírle al notar lo nerviosa que estaba con la cercanía del moreno quien dándole las gracias a todos, volvió a tomarla de la muñeca mientras caminaba un poco más adelante para seguir con el interrogatorio.

-¡Oye! Eso fue muy vergonzoso.

-Es que si te lo decía yo seguro ibas a seguir con lo mismo.

-Pero no era necesario. La manera en cómo me vea no es importante.

-¡Claro que lo es!- El volvió a colocar sus manos sobre sus hombros y girándola ligeramente la hizo mirarse en la ventana de cristal de una de las tiendas. -Tienes que saber todo lo que vales si quieres que los demás lo sepan. Debes pararte frente al espejo y darte cuenta de que habría personas que pagarían por verse como tú. Es cierto que la gente se te queda mirando cuando pasas pero no es porque halla algo malo en ti, sino porque eres distinta a todo lo que han visto antes. De hecho yo creo que eres muy especial.

La manera en cómo su piel se tiñó de rosa al escucharlo decir todo aquello le indicó que se le había pasado un poco la mano con los halagos. Obviamente no se arrepentía de lo dicho, pero no parecía estar intentando terminar allí aquella historia entre ellos, de hecho nada de lo que habían hecho aquel día lo parecía. De hecho en cada una de las tiendas en que habían entrado las vendedoras los habían confundido con el novio y la novia de la boda que planeaban, sin mencionar que la había tomado de la mano un par de veces cuando algún tipo intentaba coquetear con ella.

-Bueno, regresemos a la furgoneta. Ya casi va a anochecer y si no me equivoco es probable que llueva en unos minutos.- Propuso mientras se daba la vuelta y al intentar avanzar sintió como sus delgados y níveos brazos se ataban a su cintura mientras colocaba su frente contra su espalda y la sentía tan cerca que el calor que emanaba su cuerpo casi le quemaba.

-Te amo. Esa es la respuesta a tu pregunta de aquel día. Te seguí porque quería decírtelo, quería que lo supieras.- La escuchó asegurar en medio de un ligero balbuceo y su corazón se detuvo unos segundos, mientras su mente le gritaba que la detuviera antes de que fuera demasiado tarde. No se suponía que aquello iría por aquel rumbo, solo quería que ella no le viera como un enemigo cuando asumiera su nueva vida, solo quería dejar todo claro. Aquello solo amenazaba con quebrar su voluntad ahora que estaba intentando aceptar aquel momento de inflexión en su vida.

-Tomoyo yo…

-Se que sales con ella ahora y aunque no entiendo del todo tu decisión la respeto.- Le interrumpió ella mientras apretaba aun mas el agarre alrededor de él y su voz comenzaba a partirse. - Solo… quería decírtelo porque siento que no hemos sido lo suficientemente sinceros el uno con el otro y no quería que fuese a resultar que perdíamos algo que pudo haber sido bueno solo porque alguno de los dos no dijo lo que tenia que decir. Pero… - Sus manos abandonaron su posición y al sentirla dar unos pasos hacia atrás decidió girarse para mirarla. Sus ojos se habían cristalizado y torpemente ella intentaba limpiar las lágrimas que traicioneramente caían de ellos, mientras su voz sonaba cada vez más acongojada. -No es como si espere que esto cambie nada, solo quería asegurarme de que no tenía de que arrepentirme, se que no puedo pedir que me quieras como la quieres a ella. Así que solo…

Sus ojos se abrieron de manera inconmensurable mientras lo sentía colocar sus manos a los lados de su rostro y fundir sus labios con los de ella en un contacto que solo duró unos segundos, tras lo cual apoyó su cabeza de su hombro mientras sus brazos rodeaban su cuello y podía escuchar su errática respiración en su oído junto con su voz ligeramente enronquecida.

-Jamás podría quererla como te quiero a ti. Yo… no puedo dejar de pensarte a cada momento, cada vez que la toco, no puedo evitar intentar encontrar en ella la suavidad de tu piel, la dulzura de tus labios. Yo… realmente me arrepiento de cada segundo que he perdido lejos de ti. Aunque intente pensar que te olvidaré algún día, que dejaré de inventarte en ella, se que no voy a conseguirlo. Se que no dejaré de pensarte. Yo… jamás querré a nadie como te he querido a ti. Pero…

-No, no lo arruines por favor.- Suplicó ella mientras colocaba sus brazos alrededor de su cuerpo y cerraba los ojos. -Déjame vivir este instante aunque sea mentira. Déjame… déjame sentir que esto es real aunque sea un momento más.

-Es real… yo… de verdad te amo Tomoyo.- aseguró él mientras levantaba su mirada hasta ella y la veía sonreír sin poder ocultar su alegría por escucharlo. Estaba tan satisfecha que ni siquiera reparó en las gotas de lluvia que comenzaban a caer sobre ellos ni en las personas que corrían a su alrededor buscando guarecerse de la inminente lluvia y sus labios empezaron a acercarse otra vez mientras ella cerraba los ojos y casi sus bocas se rosaron, pero el repentino y copioso aguacero comenzó a caer sobre ellos empapándolos por completo mientras ambos dirigían su mirada al cielo que se había tornado increíblemente oscuro.

A decir verdad solo tuvieron tiempo de tomar la mano del otro y salir corriendo hacía la furgoneta mientras él la sostenía con fuerza para que no fuese a resbalar en las inundadas aceras y la escuchaba reírse presa de una extraña fusión de gozo y adrenalina. La verdad es que su risa aunque suave y recatada por alguna razón le curaba el alma, casi tanto para hacerle olvidar el problema en el que se estaba metiendo. Sabía que ella era la que había insistido en que no le dijera la verdad pero aquello no era algo que simplemente pudiese ignorar, aunque aún así su cuerpo se negaba a soltar su mano. Intentó abrir la puerta del conductor para que ella fuese la primera que se resguardara de la lluvia pero entonces la sintió tirar de él mientras le decía que esa no era buena idea.

-Antes usaba esta furgoneta para transportar los atuendos que creaba, seguro y hay algo que podamos usar para cambiarnos.

Él se miró y la miró a ella y se dio cuenta de que en serio estaban realmente empapados y cubiertos de gotitas de barro. Si regresaban así era seguro que alguno de los dos terminaría resfriado. Asintió seguro de que aquello era lo mejor y abriendo la compuerta la ayudo a subir mientras cerraba la puerta tras de ellos pues el aguacero se estaba metiendo dentro y amenazaba con arruinar todo lo que acababan de comprar. Pronto aquel lugar que había estado completamente oscuro se iluminó y solo entonces se dio cuenta de el mundo de cosas que había dentro y que la amatista no tardó en explorar. La verdad es que se trataba de una furgoneta con un espacio enorme, el simple hecho de que pudiese estar en el de pie en el interior lo demostraba, además de que hubiera un enorme armario en una de las esquinas y un espejo en el que podían verse dos personas a cuerpo completo.

-¡Eureka! – Exclamó ella mientras sacaba de uno de los armarios lo que parecía ser un traje de hombre y él no tardó en soltar un rotundo no al reconocer el atuendo.

-No voy a usar eso.

-Vamos Touya, solo es el traje de príncipe que usó Shaoran en nuestro café medieval. Puede que le quede algo ajustado pero no se morirá de frío.

-Uno, no usaré nada que haya usado ese mocoso infernal, y dos no soy uno de tus conejillos de indias.- La manera en que elevaba sus dedos enumerando las razones por la que no se pondría aquello resultaba algo cómica, pero contrario a reírse la amatista parecía más que resuelta a obligarlo a ello.

-Vamos… no sea malo. No le tomaré más que una diminuta foto.

-Ni hablar.

-Touya… no tenemos cinco años así que colabore. – Replicó ella mientras se acercaba a él después de soltar un suspiro y llevaba sus dedos a los botones de su camisa desabrochándolos uno a uno para demostrarle que no jugaba, provocando que de repente el aire se hiciera pesado y él se mantuviera extrañamente quieto sin protestar ni un poco más.

La verdad es que no se había dado cuenta de que le estaba desnudando sin permiso hasta que apenas quedaban dos botones que aunque comenzó a ponerse nerviosa no dudó en retirar. La lluvia seguía cayendo afuera y ya sea solo idea de ellos o que los sonidos se habían tornado más agudos desde que sus respiraciones se habían hecho más pesadas afuera llovía cada vez más fuerte.

Touya intentó bajar la mirada hacía ella mientras detenía sus inquietas manos diciéndole que él continuaría pero contrario a hacerla parar aquello la había animado a ponerse de puntillas y besarle mientras despacio sacaba de sus brazos aquella camisa de mangas cortas completamente empapada.

-Su camiseta también está húmeda así que es mejor que se la quite también. – Había sugerido ella mientras se separaba de él y bajaba la mirada pero al intentar alejarse dando un paso hacía atrás comprendiendo que lo que había estado haciendo no era del todo adecuado había tropezado en el intento a lo que Touya en un movimiento de reflejo tomó su muñeca atrayéndola hacía él, provocando que ahora no sólo sus rostros estuvieran demasiado cerca sino que cada uno pudiera sentir el calor que desprendía el cuerpo del otro por la manera en que estaban unidos. Touya pudo notar como los labios de la amatista temblaban de lo nerviosa que aquello la había puesto y por ello inevitablemente los mordía ligeramente para evitar que aquello siguiera sucediendo, cosa que, contrario a calmar su temblor solo logró hacerla ver extrañamente atractiva, tanto que sentía ganas de acercarse un poco más y…

Sus labios fueron más rápidos que sus pensamientos y antes de darse cuenta se hallaba besándola con una pasión tal que ella no tuvo otra opción que aferrarse a su cuello para no caer al suelo por la manera en cómo sus piernas comenzaron a flaquear.

Se separó de ella para tomar aire un segundo pero Tomoyo se acercó a sus labios y comenzó a besarle mientras él algo inseguro intentaba contenerse al notar que no era sólo él quien estaba fuera de sí. Era cierto que la deseaba, la deseaba muchísimo, pero también tenía el suficiente autodominio para controlarse por su bien, para intentar contener sus impulsos. O al menos eso quería pensar. Con cada roce de sus labios su mente se nublaba cada vez más, podía sentirla deslizando su mano por su espalda en una tímida y suave caricia mientras su otra mano se enredaba en sus cabellos y jugueteaba con la línea de su cuello.

Derrotado la envolvió con sus brazos mientras profundizaba el beso y la sentía ahogar un suspiro por sentirlo presionar su cabeza contra de él para sentir la dulzura de su paladar, y colocándola sobre una de las sólidas cajas tras ella y situarse entre sus piernas mientras apenas la escasa y húmeda tela de su ropa era lo único que los separara de la piel del otro intentó no ir tan aprisa, solo roces y caricias, pero ella parecía tan imbuida en aquello, tan entregada a aquellas sensaciones que sus manos ansiosas no pudieron tolerar la tentación de tomarla con ansiedad y acariciar su humedo cuerpo.

La verdad no sabía si aquello había sido su iniciativa o la de ella pero era obvio que se estaba aventurando a un lugar sin retorno. Lo sabía por el calor que ambos emanaban y que parecía ir a abrasarlos, por la forma en que su cuerpo estaba reaccionando al roce leve pero constante de el cuerpo de ella y a que aquellos besos que al principio eran breves y tímidos y que ahora recorrían su cuello y hombros cuando no se hallaban explorando todos los rincones de su paladar. La escuchó gemir al rosar sus manos por sus piernas y supo que debía detenerse en ese instante o si no aquello se haría peor de lo que de por si era.

-No vayamos tan aprisa.- Soltó casi en un gruñido que le hizo ver que él mismo tampoco había sido inmune a todo aquel roce y la había sentido colocar su cabeza contra su pecho mientras asentía y su respiración aun sonaba errática y forzada.

Sus labios estaban hinchados y húmedos, su rostro estaba completamente rojo, y sus piernas temblaban sin control. Ella parecía realmente avergonzada de su conducta, por haberse entregado con tanta facilidad a aquello. Tanto que no pudo evitar hacer aquella pregunta que mil veces había surcado su mente en aquellos minutos en que se habían entregado a ese tipo de caricias y que le confirmaba que jamás había estado tan cerca de un hombre. La sintió asentir sin levantar la mirada, murmurando bajito que se había besado con Ryu muchas veces pero que siempre paraba después de varios minutos pues nunca se sintió lo suficientemente cómoda para dejarle llegar mas allá, confirmando así que aquella vez en la playa era la única en que había estado tan cerca de tener aquel tipo de contacto.

-¿Tampoco has estado con el doctorcito?- Le preguntó meramente para confirmar y la mirada desconcertada que recibió fue una respuesta aun más convincente que él "claro que no" que le siguió a su pregunta.

Lo sabía, era un estúpido. Claro que ella era demasiada inocente para haber tenido antes un contacto similar. Había sido un idiota por sólo acariciar la idea de que hubiese traicionado sus sentimientos. Al fin y al cabo el único que había traicionado todo aquello crasamente era él con sus dudas y desconfianza. Ella solo había sido una víctima más de aquel juego, una agraviada de su falta de comunicación y su miedo a resultar herido.

Tomó sus manos mientras ella continuaba mirándolo confundida por su repentino silencio y la manera en cómo su rostro se había llenado de pesar y depositando un beso en ellas intentó buscar las palabras para contarle lo ocurrido, para hablarle del dilema en el que ahora se encontraba, pero al final el teléfono de ella había comenzado a sonar y con sólo leer el nombre de su madre esta había saltado de su asiento disparada mientras intentaba obligar a su voz a no sonar tan afectada.

Dejó salir un hondo suspiro persibiendo que aquel tal vez no era el mejor momento para hablarle de aquello, levantando la mirada al sentirla darle un corto beso en la frente mientras cubría el auricular y después de sonreír caminaba hasta la puerta para darle privacidad mientras se cambiaba, cosa a la que esta vez no se resistió demasiado.

La sintió halarle del brazo emocionada al darse la vuelta y ver su apariencia y después de colocarlo frente al espejo para que se observara volvió a sentir aquel nudo en el estómago.

La verdad colocarse aquel disfraz de príncipe no le causaba nada de comodidad, y no porque lo hubiera usado Shaoran o por qué como ella había augurado le quedaba algo más ceñido de lo que estaba acostumbrado a usar, sino porque… si un príncipe se suponía era la persona que debía proteger y ofrecer a su princesa un felices para siempre. ¿Qué clase de villano se suponía que era él en aquella historia?


Es corto lo sé pero les dije que tuvieran paciencia, que todo tenia una razón. No voy a hablar mucho, besos para quienes confiaron en que no enloquecí y también para los que tuvieron un colapso nervioso y dejaron de seguir la historia.

Esto es solo un medio de libre expresión para entretenernos y no hay porque sentirse mal por lo que digan o hagan los demás (aunque la verdad a mi me pone muy triste así que no me traten tan mal :( )

En fin hasta la próxima.