DRABBLES
Oyuki se encontraba en el típico claro de siempre observando como la madrugada comenzaba a transformarse en el mañana. Se abrigó un poco más, no era que tuviese frío pero sentía una fuerte presión en el corazón, extrañaba a sus pequeños hijos, a su marido y a la gente del palacio. Nunca se había separado tanto de ellos pero sabía que estarían bien, volvió la vista hacía la cabaña donde su pequeña Rin aún descansaba con los demás. Se había levantando solo para poder sentirse más libre ante el mundo, más vulnerable, más en paz y tranquilidad, en armonía con su entorno. Recordó sus tiempos cuando era una conocida ladrona, a sus trece años ya solía asaltar las tiendas del pueblo en busca de comida. Su familia la reprendía siempre de eso, pero ella no entendía, eran pobres, ninguno de sus hermanos menores habían sobrevivido, ella fue la única que quedó. Sus padres eran de grandes corazones pero de bolsillo pequeño, ella solo quería sobrevivir, reír y conocer el mundo. Eran épocas difíciles cuando ella nació pero por algo ella estaba ahí.
Cuando cumplió 523 años en una trifulca de ebrios youkais, se abrió camino como astuta zorra mágica y alcanzó a llevarse todo el dinero de los pobres demonios que solo peleaban por un sorbo más de alcohol. No logró llegar lejos, una cuadrilla de soldados llegaron a la escena, estaba casi segura de que no la habían visto, a excepción por un soldado que la alcanzó a ver que salía sin hacer ningún ruido, no dio aviso a sus superiores y la siguió. Era un joven soldado de la misma naturaleza que ella, a excepción de que él era un zorro de pelaje dorado y ojos azules, sus orejas dieron aviso de que se encontraba cerca su presa. Creyendo que era un varón, cuando estaba a punto de tirarle una flecha a Oyuki, ella alcanzó a girarse y en ese momento... Cayó en la trampa más sucia puesta para alguien que solo vivía de lo ajeno. Le habían robado, le robaron el corazón.
Aquél soldado que no tuvo el corazón de arrestarla, varios años después se transformó en su esposo.
-Dejaras de hurtar.
-¿Y quién lo va a evitar?.-Decía retadora, no estaba para que nadie le diera ordenes aunque fuese el hombre al que amaba.
-Porque yo te daré todo.-Le dijo Carionte. Ella se sonrojo de sobremanera. ¿Todo?
-Haré lo que sea por que seas feliz, te daré mi corazón, cuerpo, alma... Y ya no tendrás que buscar tu felicidad en nadie más, solo me necesitaras a mi.
Oyuki no respondió, nadie así le había hablado, con tanta firmeza en su mirada azul.
-Carionte...
Un beso fue lo que selló el trato, tras un tiempo y una herida de guerra Carionte dejó el ejército y se encargó de los hijos, Oyuki no permitiría que terminarán como lo fue su familia, por eso se unió al trabajo del palacio del gran Daiyoukai. Ahora se miraba ahí sentada, su vida no había comenzado de la mejor manera, pero ahora no podía sentirse más satisfecha.
Un ruido la hizo salir de su ensoñación, observó unos arbustos moverse y frunció el ceño, pero enseguida relajó la mirada al ver que esos arbustos ¿tenían cola?...
-¿Shippo?.-Preguntó ella, la cola se paralizó en ese instante, parecía que el pelaje se le frunció del susto, un pequeño niño salió por entre las ramas.
-B-buenos días Oyuki.-Dijo saliendo del arbusto con varias ramas enredadas en su cabello. Oyuki lo miró sonriente.
-¿Qué haces ahí?
-Ammm pues yo... Solo estaba por aquí, tu sabes, entrenando.-Decía nervioso.
-¿Me tienes miedo?
El pequeño se paralizó en ese instante.
-¿Y-yo?.-Tartamudeaba, Oyuki ya había notado que desde su llegada el pequeño kitsune casi no le hablaba, pero la miraba constantemente.
-¡No, pero que cosas dices!.-Esto no parecía convencer a la kitsune, quien se levantó y caminó hasta el niño el cual solo se quedo paralizado en el mismo lugar. Lo miró seriamente y tras unos segundos lo tomó en brazos, regresó al lugar donde estaba y se sentó con el en sus piernas.
Aquello le parecía tan repentino a él, pero a la vez... Tan familiar. Comenzó a llorar.
-¿Lloras shippo?
-No, es que tengo una basurita en el ojo...-Decía frotándose contra la manga de su haori. Oyuki ya no dijo nada, solo comenzó a acariciarle la cabeza.
-Oyuki ¿alguna vez has conocido a alguien que jurarías que lo conoces desde hace mucho tiempo?
Ella lo meditó un poco.
-Si, ¿por qué?
Shippo la miró y sus ojos parecían que se derretirían en ese momento.
-¿Qué me dirías... si te dijera que me recuerdas mucho a mi mamá?
El corazón de Oyuki comenzó a latir rápidamente, pero su rostro no se inmutó. En ese momento una brisa sacudió los árboles y Shippo tembló un poco, acto seguido la kitsune lo arropó mejor entre sus 5 colas.
-Diría que tu madre era una kitsune muy hermosa.-El comentario hizo reír a Shippo quien ya no lloraba, momentos después el le contó la trágica historia de su familia, a momentos sonreía y después volvía a llorar para permanecer en silencio. Oyuki lo abrazó más.
-Sabes, yo tengo hijos, muchos pequeños algunos mayores y otros menores que tu.
Shippo la escuchaba.
-Cuando termines tu entrenamiento de zorro mágico, ven a visitarme.
Esto pareció alegrar de sobremanera al pelirojo quien no dudo en abrazarle cariñosamente con otro par de lágrimas en sus ojos.
-Muchas gracias.-Le dijo. Oyuki sintió una calidez en su corazón, se sentía tan identificada con el pequeño, ella jamás tuvo con quien desahogarse de la misma manera en la que él lo estaba haciendo, de niña hubiese deseado que alguien hubiera estado allí para consolarla cuando estaba sola, las cosas eran distinta pero, no dejar solo al niño, no se lo permitía, en esa mirada de felicidad se marcaba una gran herida de tristeza, pero ella sabía que eso solo era transitorio, pero eso era algo que el infante iba a descubrir por su cuenta.
.:.:.O.O.O.O.:.:.
La tarde se hacía presente, por fin se habían terminado las labores en la aldea, la gente comenzaba a pasar tiempo de calidad con sus familias y amigos. Los niños corrían por todos lados y las risas se escuchaban a lo lejos. En un claro se divertía la familia más emblemática del lugar. Un niño hanyou corría detrás de un par de gemelas.
-¡señorita Rin, no las puedo alcanzar!.-Exclamaba el niño, parecía que sus ojos se llenarían de lágrimas pero un par de brazos lo alzaron y Rin coloco al pequeño en sus hombros.
-¡Vamos, así es más rápido!
-Eso es trampa.-decían las niñas al unísono.
-Madre, mira soy muy alto.-Le gritaba el niño con haciendo movimientos con los brazos para llamar la atención de la meiko que conversaba animadamente con la mujer exterminadora.
-¡Excelente Inutenshi, tan alto como tu padre!
Se divertían en grande, no había nada que perturbara ese lugar de verdadera diversión. Oyuki observaba todo desde una colina muy cerca de allí, no era que no quisiera estar con ellos, pero sentí nostalgia de aquél lugar, ella de niña había crecido en un ambiente parecido, recordaba a sus padres y una sonrisa surcaba su rostro. Miraba el cielo y volvió su vista hacía su joven muchacha quien era tema de discusión de los pequeños.
-¡No, me toca jugar con ella!.-Decía Miroku hijo que halaba la mano derecha de Rin y del otro lado Inutenshi con las gemelas.
Ahora ella también formaba parte de su circulo de la familia. Sonrió y caminó para encontrarse con ellos. En el camino alcanzó a ver al joven Inuyasha que caminaba en compañía del monje. El segundo al ver a su esposa fue con ella y el semi demonio solo permaneció de pie mirando el atardecer. Oyuki se acercó.
-Buenas tardes joven Inuyasha...-Dijo amablemente.
-Hola Oyuki.-Respondió el mencionado.
-Es bastante agradable esta atmósfera ¿no crees?.-Preguntó ella buscando un tema de conversación. El medio hermano del amo era un misterio para ella.
-Si, eso parece... Es bastante agradable estar con la familia.-Se limitó a decir.
Oyuki siguió mirando la divertida convivencia de los jóvenes y se sentó en el césped, acto seguido del hanyou. Al verlo sentado pareció verle un rostro realmente apacible, por lo regular el joven mantenía el ceño fruncido como si siempre estuviera molesto. Una duda asaltó a la kitsune.
-¿Sueles pasar mucho tiempo con su familia?
-Lo más que puedo, aunque claro, no se alimentarán solos, también ocupo mucho tiempo en el trabajo...
Esto era algo que ella comprendía completamente.
-Lo entiendo.
-Si, después de todo. Vivir tanto tiempo sin una y después comenzar a ver pequeños niños por todos lados, llamándote papá o tío Inuyasha es algo a veces difícil pero agradable para acostumbrarse.
-¿Tanto tiempo sin una? Joven Inuyasha, a pesar de su desagrado por mi amo ¿nunca tuvo con quien compartir el tiempo?
Esta pregunta pareció desconcertar al muchacho quien solo movió una oreja en ademán de confusión, puede que su rostro se haya teñido de tristeza pero habló.
-Mi madre al ser humana... Su estancia aquí fue efímera, mi padre nunca tuvo el tiempo de dejarle la marca de pertenencia. Ella se encargó de mi pero el tiempo hizo lo suyo, después de eso me quedé solo aprendiendo a vivir, solo tenía 3 años cuando la perdí...
Oyuki estaba apunto de interrumpirlo, en realidad creyó que había tocado un tema que no era necesario hablar, así que se sintió mal por la pregunta, pero Inuyasha siguió.
-Antes de cumplir cuatro años, conocí a Sesshomaru...
Esto dejó boquiabierta a la kitsune, siendo su hermano tan pequeño ¿no lo asesinó? Ella aguardó.
-¿Cómo lo conoció?
-Pues...
.:FLASHBACK:.
El sol se abría paso en esa pequeña comarca, se escuchaban las carcajadas sonoras de dos personas y el oído agudo del gran Sesshomaru se agudizó y caminó hacía donde venían esas fastidiosas risas. Se encontró en un campo de plantación, había un anciano y un joven en él. Un olor muy particular lo llevó a ese lugar, desde hacía ya un par de meses que estaba buscando algo, más bien a alguien...
-Ustedes dos...-Dijo y los dos varones se voltearon, su tono de voz era todo menos amigable. No toleraba a los humanos, pero siendo su hermano mitad humano creyó que a través de ellos podría encontrarlo, después tal vez los mataría.
-¿Han visto a un niño bestia con orejas de perro?.-No iba a decir el nombre del pequeño, aún el solo pensarlo le daba algo de repugnancia. Estaría dispuesto a acabar con su miserable existencia, sin importarle más.
-¿Orejas de perro?.-Dijo el anciano pensándolo.
-¡Sí abuelo, el hanyou ladrón!.-Exclamó el muchacho.
-¡ah cierto! Empezó a vivir cerca del campo el verano pasado, creo que es huérfano. Aunque le hemos dado un par de palizas simplemente no se larga.
Esto pareció molestar al gran demonio, ¿era tan débil ese chiquillo? ¡Que vergüenza! Aún así, era un hijo del gran general perro, y que unos simples humanos le dieran una tunda era más que una vergüenza ¿qué dirían los demás demonios? ¡Pensarían lo mismo de él, que era un debilucho! No, eso era inconcebible.
Sus pensamientos lo llevaron a fruncir el ceño e hizo que los humanos sintieran un escalofrío. En cuanto volvieron a verlo se aterrorizaron tanto que salieron corriendo lejos de él. Se disponía a irse, no iba a seguir perdiendo el tiempo de esa manera... pero.
-¡Hey tu!.-Un chillido le llamó la atención, su precisa mirada lo llevó a ver una pequeña figura tras un árbol.
-¿¡Cómo es qué me conoces!?
Su increíble velocidad lo hizo llegar en menos de un segundo hasta donde estaba el niño. Lo miró mejor, el niño tenía el cabello plateado aunque algo sucio. Sobre su cabeza sobresalían dos pequeñas orejas además de un chichón, tal vez producto de los anteriores aldeanos.
¿Podrá ser?
-¡N-no te acerques más!.-Chilló de nuevo el infante, se había sobresaltado por el rápido movimiento del hombre extraño.
-¡Te lo advierto, no te acerques! ¿Quieres que te dé una paliza o qué?
¿Qué clase de manera era esa de hablarle a él? Se molestó de sobremanera y bueno, el no se conocía por ser muy paciente, se escuchó el golpe seco donde golpeó al hanyou en la cabeza en donde le salió un segundo chichón.
-Presta atención cuando la gente te habla.-Le regaño mientras le niño permanecía en el suelo por el golpe.
-¿Eres Inuyasha?.-El niño aún berreaba en el suelo.
-¿Qué edad tienes?
El niño pareció recomponerse enseguida y con una de sus pequeñas manitas comenzó a contar, aunque esto le parecía un trabajo muy difícil, el mayor observó las garras en sus dedos.
-¡Tres!.-Exclamó el niño sonriente.
-Ya veo, tres.
Bueno, no sería gran pérdida, no había mucho que pudiera recordar el pequeño, lo mataría enseguida... En ese momento preparó sus garras pero algo le llamó la atención, miró en su cintura. La inútil espada de su padre estaba vibrando.
¿Colmillo sagrado?
No se detendría pero miro de nuevo el niñito, sintió de nuevo la vibración de la espada y bufó cansado.
Te odio padre.
-¿Y tú quien eres? No pareces un enemigo ¿dé donde vienes?
El pequeño no dejaba de hacer preguntas y comenzaba a irritar al más grande, volvió a mirar a su espada.
Era un hecho, su hermano menor... Era un estúpido.
Tomó al niño desde los brazos y lo miró molesto, pero Inuyasha no parecía estar asustado. Sesshomaru apretó la mandíbula, esa mirada... Era idéntica a la de su padre, ¿cómo era que se parecían tanto? Estúpida sangre humana... Lo dejó caer y se sentó cerca de un árbol, Inuyasha no se desanimo y se acercó hasta el extraño y se sentó sobre sus piernas. Sesshomaru estaba a punto de atraversarlo pero lo miró de nuevo con una sonrisa... Se odiaría por lo que iba a hacer.
-¿Sesshomaru?
-Así es, por sangre somos medios hermanos... Lamentablemente.-Esto último lo dijo mascullándolo.
-¿H-hermano? ¿Cómo una familia?.-Preguntó Inuyasha con un sonrojo casto en su rostro. Sesshomaru puso una mano sobre la cabeza de él. Quería mirarlo para saber en que parte de ese pequeño cuerpo estaba esa 'cosa' que lo hacía detenerse al tratar matarlo.
Inuyasha se sintió muy feliz y se sentó más tranquilo en el regazo de su hermano. Bufó cansado pero feliz, pero solo fueron unos instantes pues algo asaltó su mente.
-¡Es cierto!.-Exclamó y se levantó.
-¡Sígueme!.-Le exclamó y se echó a correr. Por muy extraño que pareciera Sesshomaru lo siguió, aún no sabía muy bien el por qué... Se internaron un poco en el bosque hasta que llegaron a una parte donde Inuyasha se detuvo, su hermano solo observó un pequeño montículo de tierra con un hueco, podría ser un iglú.
¿Qué es eso?
El estúpido hanyou lo miró con arrogancia y con una sonrisa de medio lado le dijo:
-¡Contempla! ¿No es fantástico? Es mi casa, aquí vivo por mi cuenta. P-pero haré una excepción y dejaré que Sesshomaru entre.
El rostro del mencionado se torció aquello le parecía sumamente ridículo, se acercó un poco más para ver la susodicha "casa"
-Yo no entro por ahí.-Dijo refiriéndose a que el no se doblegaría a semejante ridiculez, pero el niño lo entendió como "Es muy pequeño, no entro". Inuyasha en ese momento apretó sus pequeños puños.
-¡Espera un minuto!.-Rápidamente comenzó a cavar más en esa pequeña casa sin tomar en cuenta que toda la tierra que salía de sus manos se estrellaba contra las ropas y rostro de su hermano de poca paciencia, el cual sintió una venita salir de su frente, mantenía unos 800 años y aquello lo estaba sacando de sus casillas más que cualquier cosa.
Unos momentos después...
-¡Listo! Se... S-sesshoma
Se dio la vuelta pero su rostro se rompió al ver que no había nadie junto a él.
-...ru?.-Suspiró cansado.
Su carita estaba llena de tierra y sus ojos comenzaban a inundarse, su labio inferior temblaba lastimosamente, un segundo después se tiró al suelo a llorar como un bebé (técnicamente aún lo era)
-¡¿A dónde te fuiste?! ¿P-por qué todos me abandonan? ¡Buaaaa!... ¡Madre, te extraño tanto! ¡Desearía que estuvieras aquí, regresa por favor!
En realidad el hermano mayor se había movido detrás de la casita de arena para evitar seguir siendo ensuciado por su hermano menor, solo permanecía mirándolo con desdén.
¿Cómo es que no se da cuenta? Supongo que como hermano... Me va a tocar enseñarle muchas cosas.
-¿Por cuanto más seguirás llorando?.-Le dijo mientras se levantaba para caminar hacía el.
-¡No estoy llorando!.-Gritó pero las enormes gotas en sus ojos decían otra cosa. Su orgullo estaba lastimado, rápidamente subió por la cosa peluda que Sesshomaru tenía en su brazo llegando hasta su hombro.
-¡estas equivocado! Lo que pasa que me entró tierra en los ojos.
Alcanzó a abrazarlo del cuello, sus brazos apenas y lograban cerrar el círculo, Sesshomaru parecía bastante molesto pero algo más aparte de su espada lo detenían para deshacerse del mocoso.
-Mis ojos tienen una fuga, es todo... Snif, snif.
-Bien.-Solo dijo eso antes de bajarlo al suelo, ya no aguantaba los berridos del chiquillo, contra su voluntad intentó meter su cabeza en "la mejorada casa", pero aún así no entraba más allá de su cuello.
-Sigo sin poder entrar.-Sentenció. Los pelos se le pusieron de punta al hanyou.
-¡N-no te preocupes!.-Decía exaltado, no quería que su invitado se molestara más.
De nuevo subió sobre su hermano y se secó sus lágrimas.
-Oye...¿Dónde está la casa de Sesshomaru?
El mencionado ya no entendía que más podía pasar así que simplemente le respondió en modo automático.
-Detrás de esa montaña, sobre las nubes.
El niño intentó ver más de cerca, pero solo veía la punta nevada de la gran montaña, no concebía como podía vivir alguien allí.
-Desearía ir.-Susurró, pero al estar tan cerca del hombre se sintió avergonzado por la expresión, se abrazó más a la peluda estola de su hermano intentando evitar que lo viese.
-Deja los berridos... Vamos.-El brilló inundó la mirada del hanyou.
-Tu lugar debe ser gigantesco si es que caben dos personas ¡es fantástico! ¿De qué está hecha?
La inocencia rayaba en la estupidez.
Mi hermano menor es un idiota, no hay manera de ayudarlo.
Sesshomaru aún no tenía su inmenso palacio, solo lo llevó a una pequeña mansión abandonada, lo dejó jugatear por un momento más, lo mataría, pero hasta que fuese lo suficientemente fuerte como para enfrentarlo de manera decente, no era un maldito bastardo aprovechado de infantes, no tenía chiste cuando tu presa cree que un montículo de tierra puede ser una casa. Le enseñaría la parte más despiadada de la vida... Cuando llegó la tarde lo dejó en el mismo campo donde lo encontró.
-Será mejor que crezcas fuerte...
-¡Así lo haré!.-Le dijo sonriente.
-Cuando lo hagas... Te mataré...
Y tras esa declaración se dio media vuelta para alejarse por el bosque. Inuyasha se sintió tan confundido a su corta edad, pero aún no sabía que ese encuentro sería el primero de los intentos de asesinato contra él.
.:FIN DEL FLASHBACK:.
-Suena tan típico de mi señor.-Dijo Oyuki aún confundida tras ese relato.
-Si, el bastardo siempre ha intentado matarme desde ese momento...
Oyuki observó de nuevo ceño fruncido en el hanyou y sonrió. Había servido tras muchos siglos a su señor, no dudaba en que si el hubiera decido matar a su hermano como el mismo cuenta, ya lo hubiera hecho. Pero el hecho de que siguiera vivo solo daba evidencia del lazo que compartía con su padre; compasión. Aunque él lo negara... Río de nuevo y siguió observando la escena de juegos que ahora había acabado.
-Sera mejor regresar, ya esta anocheciendo.-Dijo Inuyasha quien se levantó y ayudó a la kitsune a hacer lo mismo.
N/A: El relato de Inuyasha lo saqué casi en un 98% de un dounjinshi que está en youtube en inglés se llama "First Meeting (Brothers Dounjinshi) (InuxSess)" Le quité unos cuantos detalles y le agregué otros, me pareció muy tierno y quise exponerlo en este drabble, los diálogos son los mismos.
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Una mariposa azul surcaba el cielo crepuscular y en sus brazos mantenía a un pequeño sonriente.
-¡Todos se ven como hormigas!.-Decía observando su casa desde los cielos. Rin había accedido a darle un paseo solo por el que niño se lo había dicho casi con dos canicas de lágrimas en sus ojos. Inuyasha simplemente observaba desde el típico claro a un lado de Ah-Un. Los demás aún se encontraban en sus labores.
Llevaban ya un par de horas sobrevolando el lugar, la chica tomó esto como entrenamiento, no quería perder la constancia de sus poderes. Era algo que no le agradaría ni a ella ni a su suegra. Ya no le eran tan difíciles los retos de combate, había alcanzado a obtener una gran fuerza sumada a su creciente expansión de sentidos y esto le dio gran ventaja, todas las mañanas tomaba pequeños combates contra Sango, los cuales ya en su mayoría ganaba y por las tardes con el joven Inuyasha quien aún no podía ganarle. Todos estaban sorprendidos, Rin podía cargar a Inutenshi de un brazo y a Miroku hijo con el otro, era asombroso para una chica con el complejo físico de ella, tan delgada y fina.
En ese momento absorta en sus pensamientos sintió un temblor proveniente del niño.
-¿Inutenshi?.-Preguntó deteniéndose en seco en pleno aire. Inuyasha se levantó alarmado y miró hacía el astro rey que comenzaba a esconderse. Entrecerró los ojos y gruñó.
-Rin, baja, es luna nueva.-Dijo Inuyasha cansado. La mencionada tomó en brazos al pequeño que seguía temblando, mudo.
-Tranquilo pequeño.
Parecía que el tiempo corría sin medida y casi en unos minutos la oscuridad invadió el lugar. Inuyasha tomó en brazos a su hijo.
-¿Estas bien?
El pequeño agitó su cabeza en símbolo de que sí, pidió que lo bajaran y así lo hizo su padre. En ese instante los cabellos plateados de Inuyasha se tornaron negros y sus ojos perdieron el brillo ambarino. Su pequeño casi al mismo tiempo perdió su par de orejas y el mismo color ámbar desapareció.
Caminaron tranquilamente hasta su cabaña donde ya se podía oler la cena lista.
-¡Comida!.-Exclamó el niño dando un salto, pero... Aún creía que conversaba sus habilidades demoníacas, y aquél hábil salto lo hizo caer con el rostro. Rin iba a correr hacía el pero su padre la detuvo.
-Tranquila... Mira.
Pasaron unos segundos y alcanzaron a escuchar unos gemidos de dolor, pero tras unos instantes el pequeño se levantó y se limpió el rostro con su yukatita azul.
-Vamos Inutenshi... Entra.-El trío entró y la fiesta empezó enseguida, la familia de Miroku se había reunido también para cenar y las pláticas no se hicieron esperar.
Tras la cena todos se despidieron cordialmente y partieron a su cabaña.
Rin estaba ayudando a Oyuki y a Kagome con los platos pero la distrajo la mirada perdida del pequeño hanyou en la puerta. Se preguntaba que tanto observaba hacía el cielo, en eso notó que era observada por Inuyasha, sus cabellos negros se perdían en la oscuridad donde las velas no alcanzaban a alumbrar.
-A veces siento que ya no es el pequeño que dejé hace ya casi un año.-Dijo Rin calmadamente.
-No lo es, cada día crece más y más... Debe ser porque porta más sangre humana que de demonio.
Esto lo hizo hacer una mueca de preocupación.
-¿Por qué esa cara larga, joven Inuyasha?
El mencionado no respondió enseguida, solo volvió a observar a su hijo y habló.
-Al principio era idéntico a mi... Cuando cumplió los tres años parecía que terminaría siendo igual que Kagome pero ahora...
Rin lo escuchaba atentamente.
-Cada vez... Me recuerda más a mi madre...
Inuyasha no solía hablar mucho de ella, solo relatos cortos y varias veces lo acompañó a dejar flores a una tumba cerca del río del otro lado de la montaña, su rostro denotaba una latente tristeza, se sentaba y observaba la lápida varias horas, como si estuviera conversando con su madre, después simplemente hacía una reverencia, se levantaba y emprendía el regreso a casa. Con el tiempo permitía que más gente lo acompañase hasta que las ocasiones en las que iba ya no eran mudas sus visitas, contaba un poco más de ella y de su sentir.
-Entonces debió ser una mujer extraordinaria.
El semi demonio la miró de soslayo, le agradaba escuchar buenas palabras sobre su madre.
-Si, ella también solía observar mucho las estrellas. Cuando era niño me contaba que siempre por las noches más oscuras observaba las estrellas desde su habitación, decía que la hacían relajarse, además... Decía que las noches en las que más brillaban era cuando veía a mi padre, siempre le traía obsequios y permanecía con ella temporadas, hasta que el partía en nuevas ocupaciones bélicas.
Rin sintió un apretón en el corazón, ella sabía lo que era perder a su familia, lo vivió en carne propia, entendía el sentir del joven, antes, todas las noches despertaba exaltada por la misma pesadilla que la acosaba. Hasta el día que conoció a su señor; cuando volvían las pesadillas siendo niña, el se acercaba para acariciarle el rostro, acto seguido volvía a un sueño placentero, era como mágico. Ese era su presente; su familia, sus amigos y el corazón de su amo, amante, compañero y amigo.
-Estoy segura, que ella debe estar muy feliz observando como crece su familia joven Inuyasha...
El mencionado se volteó a verla algo sorprendido por las palabras de solidaridad de la niña, ella le sonrió y el solo le correspondió. Cuando regresaron su vista hacía la puerta vieron al pequeño Inutenshi que dormía al borde la cabaña, Inuyasha se acercó y lo tomó en brazos para después llevarlo a un futon donde lo abrigó y se recostó a su lado. Rin observaba con gran ternura la escena; una familia... Lo que ella tenía... Pero, ahora tenía una nueva sensación en su pecho. El amo Sesshomaru siempre había estado solo, no parecía congeniar mucho con la bruja Irasue, con su hermano solo lo miraba con desprecio (aunque era una fachada) y con su padre, pues aunque ella sabía que era el gran ejemplo a seguir de su señor, el ya no estaba aquí en este mundo. ¿No se sentirá solo?... Sesshomaru... ¿Sesshomaru querrá tener una familia? Así como Rin la encontró después que la tragedia marcara su vida y sellara su voz. Una familia, una familia con el gran Lord del Oeste ¿será posible?
.:.:.O.O.O.O.:.:.
-¡De nuevo, por favor!.-Chilló Inutenshi mientras se prensaba de la yukata de Rin.
-¡No, es mi turno de volar!.-Miroku hijo peleaba por el lugar del hanyou.
-Niños ya basta. Deben dejar descansar a Rin, no es agradable cargar a dos niños chillones.-Les regañó Sango ante la discusión de los menores.
-Aún me es increíble creer lo que me contó Kagome.-Gruñía Inuyasha cruzando los brazos y con el ceño fruncido. Rin se sentó junto a Oyuki quien le entregaba una taza de té.
-¿Sobre qué joven Inuyasha?.-Preguntó ella.
-Sobre que Sesshomaru aceptará a un hanyou como hijo.
Rin casi devuelve el té y trató de conservar la calma. La verdad era que desde que compartió el lecho íntimo con u señor, los encuentros maritales se repetían TODAS las noches en un modo más allá de lo pasional pero sin ser vulgar, pero aún así no era algo sencillo de hablar.
-¿Le molesta?.-Preguntó Oyuki amablemente.
-¡Claro que sí! Yo vi como esta niña me llegaba apenas a la cintura y fue creciendo hasta que ese idiota se la llevó.-Lo decía de un modo exaltado, apretando la mandíbula.
Kagome sonrió con la escena, su marido no era muy expresivo, pero le guardaba gran cariño a la niña, el cual fue con el tiempo creciendo. Se imaginaba toda esa situación desde otra perspectiva.
-.-.-
-¡No hija no puedo permitir que te vayas con ese vándalo!.-Decía un Inuyasha con un enorme mostacho café con un periódico en la mano agitándolo por todos lados.
-Pero padre ¡Le amo!.-Exclamaba Rin con la mirada cristalina y su casto sonrojo.
-No, no lo permitiré
-Rin ya vámonos y deja al anciano esté.-Un Sesshomaru miraba cansado la escena, vestía una chaqueta de cuero negro afelpado en el cuello y unos jeans rasgados de la rodilla con un par de grandes botas negras. Rin se abrazaba él.
-¡No te atrevas Rin Juana Cecilia Yaretzi!
-¡No padre, lo amo te agrade o no! Estoy enamorada...
-¿¡Qué dirá tu madre!?.-Gritaba el pobre Inuyasha mientras una Kagome se asomaba desde la cocina.
-¡Que seas muy feliz hija!
-¿¡Qué has dicho mujer!?.-Inuyasha ya lloraba en suelo rogando porque ese martirio acabase.
-.-.-.
Se carcajeó mentalmente ante su imaginación.
Inuyasha la veía correr por las tardes acompañada de la difunta anciada Kaede, cuidar a su pequeño demonios y la recordaba sobre todo en aquellas tardes de 'visita' donde Sesshomaru se aparecía a las afueras de la aldea, Inuyasha percibía su aroma, cuando lo ubicaba no le decía nada, simplemente compartían contacto visual y el giraba sobre sus talones para volver a la aldea buscando a la pequeña, siempre se asombraba del brillo que inundaba la mirada cuando le daba la noticia, una inmensa sonrisa se dibujaba en su rostro y en meno de un segundo salía disparada hacía el bosque. Bufaba cansado y se retiraba maldiciendo a su hermano mayor.
-Sigo diciendo que es un pedófilo.
-Inuyasha, compórtate.
Oyuki siempre se atacaba con unas inmensas carcajadas tras esos comentarios.
-Entonces puedes incrementar tus sentidos y además materializar alas ¿de quién fue la idea?.-Decía Sango uniéndose a la conversación mientras Miroku jugaba con los niños.
-De mi suegra
Era extraño ese sobrenombre.
-Que espanto un Sesshomaru versión mujer.-Masculló Inuyasha imaginándose a su medio hermano con pechos... Tal vez tendría que golpearse la cabeza varias veces para olvidar esas imágenes.
-¿Te imaginas? Sería muy guapa.-Añadió Kagome.
-¿Estas diciendo que te parece atractivo?.-Le hirvió la sangre a su marido, pero ella no le prestó atención.
-Y que usará maquillaje, si bien se ven muy bien sus marcas sobre sus ojos, piénsalo con los labios pintados de un rojo pasión.
-Jaja que ridículo, tal vez Naraku lo hubiera perseguido más que nada por su belleza.-Decía Rin burlándose de su señor.
-Jaja deja tu eso, ¡que Miroku le hubiera pedido un hijo!
-.-.-.-.-
-Hermosa youkai ¿me haría el favor de tener un hermoso hijito conmigo?.-Decía el monje con semblante serio mientras tomaba la mano pálida de la chica. Un sonrojo asaltó a la demonio, pero enseguida afiló sus garras.
-.-.-.-.-
Las risas se volvieron más altas que de costumbre, incluso Inuyasha tuvo que taparse sus orejas.
-Ya no podré verlo seriamente.-Dijo Oyuki secándose las lágrimas de la risa.
Las carcajadas continuaron hasta que sus estómagos avisaron que había llegado la hora de la comida. Todos se levantaron para reunirse a comer.
-Dime Rin ¿qué deseas comer hoy?.-Le dijo Kagome tomándola de las manos con Oyuki a su lado.
-Bueno en realidad, me siento un poco mal, tengo muchas náuseas, tal vez sea por estar cargando tanto tiempo a los niños en el aire.
-¿Náuseas?.-Dijo Sango que había alcanzado a escuchar la conversación, los hombres siguieron su camino.
-Si, le decía a la señorita Kagome que probablemente sea por es-
El rostro de Rin palideció y se llevó la mano a su boca, pero tras unos segundos salió corriendo hacía el árbol más cercano y ... vomitó.
-¡Rin! ¿Te encuentras bien?.-Decía Oyuki sujetándole el cabello para que no se ensuciara.
-No, la verdad es que no. Creo que dejaré eso de los entrenamientos después de comer.-Dijo ella con el rostro pálido intentando recobrar la vertical.
-Creo que si, después de todo te comiste las raciones de dos personas más las sobras de los niños.
-¿Tanto?.-Exclamó Sango acercándose.
-Creo que por lo entrenamientos ahora tengo... mas apetito.
-Rin ¿desde cuando te sientes así?.-Preguntó Kagome colocando su palma sobre la frente de la mencionada.
-Poco después de que llegué aquí...-Dijo.
-Eso fue como hace ya semana y media.-Susurró Oyuki. En ese instante una ramita de un árbol se rompió y el rostro se les iluminó a las tres mujeres, las cuales se sonrojaron de la emoción.
-¿Qué sucede?.-Preguntó Rin confusa.
-Dime Rin ¿cuando fue la última vez que tuviste tu período?
Kagome le había enseñado como contar los meses y días para así que el famoso "San Ándres" (el que viene cada mes) no le llegara de sorpresa. Rin contó con sus dedos y repitió el proceso un par de veces para corroborar.
-¡Cielos, en realidad creo que tengo un atraso de más de un mes!.-Exclamó Rin volviendo la palidez a su rostro. Las féminas se alejaron un poco creyendo que volvería a vomitar, al ver que no era así se acercaron de nuevo.
Oyuki comenzó a llorar.
-¿Oyuki, pero qué sucede? ¿Por qué lloras?.-Decía Rin acercándose a ella, le extraño que en el rostro de su nana hubiese una sonrisa ¿estaba llorando por algo bueno?
Rin no entendía que pasaba.
-Le dará el ataque a Inuyasha.-Río Kagome. Esto cada vez era más confuso.
-¿Podría alguien decirme que pasa? Creo que no entiendo el chiste...-Comenzaba a irritarse.
-Rin, ven siéntate.-La invitó Sango a sentarse en el césped mientras Kagome consolaba a Oyuki.
-¿Te gustan los niños, Rin?
-¡Claro son preciosos y muy cariñosos!.-Decía Rin sonriente.
-Mi pequeña, ¿alguna vez te has imaginado que alguno de esos "preciosos y cariñosos" niños corriera hacía ti gritándote: mamá?
Esa pregunta era realmente confusa.
-Pues no, la verdad no...
Sango sonrió pícaramente.
-Pues será mejor que te hagas a la idea.-Tras decir esto colocó su mano sobre el vientre de la joven.
-Rin, estamos casi seguras de que... ¡Estas embarazada!.-Esto último lo gritaron las tres mujeres al unísono.
-Y que también se haga a la idea el amo.-Añadió Oyuki...
-¡Muchachas, la comida está lista!.-Gritó Inuyasha con Miroku a su lado.
-¿Qué hacen con esa estatua de piedra?.-Preguntó Miroku viendo como su mujer abrazaba a alguien o algo, pero por su carente movimiento podría pasar por una roca.
