Hola chicas!
Antes que nada una disculpa por tardar en actualizar. Hoy habrá doble capítulo como les prometí.
Estoy pasando por una semana delicada con una lumbalgia y cervicalgia terribles. Pero me he escapado para poder escribir
Pensaba que en dos capítulos terminábamos, pero me falta el "Felices por siempre" jaja, pero ese ya en los próximos días lo escribo. Prometo que antes de lo que esperan.
Ese si ya serpa el último.
¡Espero les guste!.
Saludos!
Moon
Capítulo 23
Narra Albert
Una semana había transcurrido desde nuestra llegada a Chicago. Y este día en especial era un momento muy importante y decisivo, pues en menos de dos minutos entraríamos a junta con el consejo.
George —bajo nuestro plan— solicitó una audiencia sin la presencia de mi tía, argumentando que había cometido el mayor acto de traición al clan, más otros delitos. Ante esta petición no pudieron negarse siempre y cuando tuviese pruebas.
Cuando entramos los doce ancianos me miraban con cara de asombro.
No los culpo.
—¡Pero cómo es esto posible!. —Pronunciaron al unísonos dos o tres al tiempo en que todos se levantaban de sus lugares.
—Señores por favor tomen asiento. —Intervino George con esa ecuanimidad tan característica suya—. Bien… como pueden darse cuenta todos los aquí presentes, el patriarca del clan Andrew está vivo.
El silencio reinaba. Todos continuaban estupefactos pues parecían observar a un fantasma.
George prosiguió con su explicación.
Supongo que tienen dudas y yo se las voy a esclarecer para que sepan de una vez a quien han estado confiando su "bienestar".
Hace algunos años como ya saben, el señor Andrew tuvo un terrible accidente que lo dejó incapacitado.
—Eso lo sabemos a la perfección señor Johnson. La misma Elroy Andrew nos mantuvo informados. Además de pedirnos estricta confidencialidad sobre el tema y un lapso de tiempo para la recuperación del patriarca.
—Entiendo. Pero debo esclarecer aquello que por evidentes motivos no les dijo.
"Elroy Andrew provocó el accidente de William Albert Andrew"
Aquellas palabras retumbaron por las sobrias paredes del gran salón en donde nos encontrábamos.
El murmullo de todos los ancianos no tardó en hacer acto de presencia.
—¡Pero como puede decir semejante acusación!. ¡Madame Elroy ha mantenido siempre una conducta intachable!.
—Solo estoy diciendo los hechos. Aquí están las pruebas. —Extendió una serie declaraciones de las personas implicadas, así como los documentos correspondientes a la compra de los terrenos colindantes en el lugar del accidente. Todos a nombre de la misma persona que accedió a participar como cómplice del intento de homicidio de William. —Respiró un par de veces—. Si esto no les convence he traído a un testigo.
En esos momentos un muchacho no mayor de veinte años entró en la sala.
—Les presento a Christian Smith. Tiene algunas palabras que decirles.
—Buenas tardes. Estoy enterado de toda esta penosa situación, pero debo confesar que todo lo que el señor Johnson les pudo decir es cierto. En ese tiempo mi familia pasaba por una situación económica muy difícil, y aunque era un poco más chico, recuerdo perfectamente a mi padre hablando con la señora Andrew. Cualquiera la podría reconocer siendo tan popular en la ciudad. Mis ojos se abrieron de una manera enorme al mirar la cantidad de dinero que le entregaba, pues era por mucho, más de lo que había observado en toda mi vida. Poco tiempo después regresó para entregarle las escrituras que tienen ahí y que están a nombre de mi padre. En un principio pensé que todo era una obra de extrema generosidad y no dije nada, pues él tampoco lo hizo. En ese tiempo creí que por pena. Más a los pocos meses fue terriblemente golpeado por unos vándalos en una ocasión que bajó a la ciudad. Evidentemente terminó hospitalizado y fue ahí que me contó toda la verdad y escribió esa declaración para que yo la guardara. Sabía que la causante de todo era esa señora aunque no tuviera pruebas, pero como todo en la vida se paga, aceptó el precio de su proceder contra el señor Andrew ya que provocó su accidente, aunque también llamara por órdenes de madame a la ambulancia. Misteriosamente un par de días después de su ingreso al hospital mi padre falleció dejándome a mi con esta responsabilidad. Reconozco que por mucho tiempo preferí evadirla. Sin embargo, cuando el señor Cornwell-Andrew comenzó a buscar terrenos que estuvieran a nombre de "madame" por indicaciones del "Señor Johnson" sentí la necesidad de confesarles toda la verdad, por muy vergonzosa que fuera.
Pronto con la vergüenza a cuestas me miró y dijo:
—Señor Andrew sé que no sirve de nada, pero le pido disculpas en nombre de mi padre. Dejo a su disposición las escrituras a su nombre y pueden proceder conmigo como guste. Finalmente aunque joven, fui cómplice al quedarme callado.
—No pienso levantar cargos en su contra joven Smith.
—¡Pero señor Andrew! —Se escuchó una voz con tono acusatorio.
—Sigo siendo el patriarca de este clan y mis decisiones no han de cuestionarse. Es cierto que este joven ocultó la verdad, pero supo ayudar a mi sobrino cuando investigaba a mi "querida tía Elroy" ayudándonos así a desenmascarar este premeditado intento de homicidio, así que le estoy agradecido. —Tomé las escrituras que se encontraban sobre la gran mesa y se las regresé a su ahora dueño—. No me debe nada, ni yo a usted. Puede regresar a trabajar sus tierras en paz joven Smith. Gracias por cooperar.
Cuando estuvimos solos de nuevo George prosiguió.
Ese es el primer motivo que la hace merecedora del más feroz de los castigos, sin embargo el siguiente es aún peor y ustedes los saben. Así que respondan a esta pregunta: ¿Cuántos años pidió de prórroga madame Elroy para que William retomara por completo su responsabilidad ante el clan y en el consorcio?.
—Tres años —Se escuchó en un constante murmullo.
—Bien… Ahora como todos sabemos el plazo no se cumplió. ¿Me quieren decir la razón?.
La agresividad pasiva en las palabras de George se manifestaba en todas las miradas temerosas de los ancianos.
Ante el silencio instalado, una amenaza se hizo presente.
—Si no me responden puedo encontrar métodos muy efectivos para castigarles por su falta. Ustedes formaran parte de clan, pero el accionista mayoritario con un 75% de las acciones es William, y como su asesor financiero, bien puedo sugerir que reduzca las ganancias que reciben sin trabajar o mover un dedo, digamos —se llevó la mano a la barbilla pensando. Sabía que lo estaba disfrutando— ¿un año?. Eso les generaría grandes pérdidas. Así que repito: ¿Me quieren decir la razón por la cual madame interrumpió el tiempo de la prórroga?.
—Nos informó que el patriarca se había quitado la vida. Y nos propuso no exponer un tema tan delicado a los medios. Era vergonzoso.
—¿Y ustedes le creyeron así tan fácil?.
—Estamos hablando de la matriarca. Su palabra no podía ponerse en tela de juicio.—Respondió otro anciano nervioso.
Interrumpí.
—Gracias George.
Repasé con una fría mirada a cada uno de los ancianos que de una u otra manera siempre se confabularon para manejarme cual títere desde que cumplí la mayoría de edad. Esta vez nada sería como ellos deseaban.
—El hecho de que mi tía me haya declarado muerto es una falta imperdonable y ya me encargaré de su castigo pues no la quiero cerca de mi. Más debo comunicarles que también en este par de años estuvo desviando fondos, perdón, nuestros fondos para comprar terrenos por toda América, además de abrir una cuenta con demasiados millones para mi gusto en un banco que evidentemente no pertenece a nuestro corporativo. Por lo tanto su puesto, jerarquía y respeto dentro de este clan queda desde este momento anulado. Quien no esté a favor de mi propuesta puede retirarse junto con sus acciones, si es que tanto la apoyan. Así que señores los que voten a favor levanten la mano.
Ninguno sonreía más que yo y de forma discreta. En su interior saben que las cosas sin mi tía cambiarán radicalmente. Sin embargo ninguno la apoyó.
—Que bueno que nos entendemos. Solo queda un tema por aclarar señores. Es necesario que sepan que mientras mi tía me dio por finado, yo estaba en una clínica suiza rehabilitándome y en el proceso me casé. —Otra ola de murmullos se dejó escuchar como protesta.
—¡Pero William no debiste hacer eso!
—¿Es de buena familia?.
—¿Su alianza es conveniente para los intereses del consorcio?
Esas y más preguntas me bombardearon. Pero al notar la evidente molestia en mi rostro poco a poco en salón se hundió en el más profundo de los silencios.
—Primero que nada les estoy avisando solo por cortesía, una que no se merecen por cierto, pero de igual forma lo hago. Ahora, la mujer con la que me casé es la más pura criatura que la vida me pudo mandar, y su linaje rico o pobre poco me importa, por lo tanto a ustedes menos. Nuestra alianza no se ha realizado bajo ningún tipo de tratado económico. Simplemente nos enamoramos y como es debido unimos nuestras almas ante Dios. Su nombre les sonará conocido: Candice Britter. Enfermera de profesión y excelente ser humano. Ahora, quien tenga algo que objetar, como bien lo dijo George hace un momento, soy el accionista mayoritario de este consorcio, así que les invito a pensar dos veces antes de pronunciar una palabra en contra de su nueva matriarca, porque les prometo que dejaré caer toda mi ira sobre quien se atreva.
La energía del ambiente era asfixiante, pero estaban doblegándose aunque de mala gana a mis palabras.
Me levanté y George me siguió.
—Bien. Es todo lo que se les tenía que avisar. Pronto se les convocará a otra reunión para establecer algunas reformar en los estatutos que nos rigen y me parecen obsoletos. Sin más me retiro.
Nadie dijo nada mientras abandonábamos el lugar.
Cuando salimos…
—Sé que mi tía ha hecho demasiado, pero culparla de mi muerte falsa George…
Por primera vez lo miré reír sin culpa por lo realizado.
—Es lo menos que te debe William. Intento matarte. No te lamentes. De no haber sido por Archie que se encargó de investigar todo a fondo, jamás habríamos descubierto nada.
—Tienes razón… jamás hubiera creído que siendo mi propia sangre pudiera cometer tal atrocidad.
—Animo porque aun falta. ¿Estás listo para realizarle una visita a tu tía?.
—Lo estoy George. Es duro pero ya quiero que esto termine. Necesito ofrecerle tranquilidad a mi esposa y deshacerme toda la ponzoña que nos ha rodeado.
—Pues bien, vamos. Todo está cuadrado. Además, abajo nos esperan los Britter. Quedaron en llegar a las doce y son las doce con veinte.
Cuando bajamos mi pequeña hada esta junto a su familia. Por más que trataba de esconder los nervios tras esa fachada de seguridad, la conozco perfectamente y sé que no la está pasando bien.
Saludamos a todos y después de eso George, Archie, Ella y yo nos subimos a mi automóvil. Mis suegros y Marta se fueron en el suyo.
Cabe mencionar que en cuando nos acercamos a la reja de entrada no querían darnos acceso, pero al bajar la ventanilla develando mi rostro las puertas no tardaron en abrirse.
Al bajar y después de algunos años sin verla —acostumbrado a la villa— me parece de lo más opulenta. De inmediato busqué la mirada de mi esposa: aun había temor en esos pozos de jade.
Le ofrecí mi mano y tras dejar un beso en su frente le dije muy quedo:
—Sé que será difícil pero todo va a estar bien hermosa. Animo.
Ella se aferró a mi y junto con los demás entramos al recibidor.
El mayordomo que tomo nuestros abrigos no podía quitar la mirada de asombro ante mi presencia. Más con una seña le pedí tranquilizarse y en voz baja pregunté: ¿Mi tía está en la oficina o salió?.
Él respondió casi en un susurro.
—Se encuentra en el despacho con la señorita Annie.
Tras escuchar eso no encaminamos al lugar. Cuando estaba por abrir la puerta pude escuchar risas y algo más…
—¿Quién iba a pensar que el inútil de mi sobrino nos facilitaría tanto las cosas?. Gracias a su depresión pude desde hace años tomar su puesto y favorecernos con el poder que esto conlleva. Además, tras su muerte todo fue más sencillo. Las dos familias se han visto beneficiadas. Solo te voy a pedir por favor que tu padre no vuelva a meterse en este tipo de asuntos con gente de dudosa reputación, porque no pienso arriesgarme por él de nuevo. Es mejor que trabaje conmigo. Soy una mujer ambiciosa pero nada me ha salido mal.
—No se preocupe tía —Rió— con el capital que tenemos en el banco en Alaska es más que suficiente. ¿Qué piensa hacer con las propiedades?.
—Las construcciones están en camino para los negocios de lavado de dinero. Ese no será problema. Y lo mejor de todo, es que los ridículos ancianos del clan creen tan ciegamente en mi que no sospechan en lo absoluto.
Esa fue la pauta para entrar junto con los demás.
Abriendo las puertas de par en par e irguiéndome cuan alto soy, hablé fuerte y claro mientras Elroy Andrew me miraba infartada.
—Lamento interrumpirlas señoras… pero nada de lo que he escuchado podrá realizarse. Lo sé todo tía. Es tiempo de que acabes con este teatro.
Ella se levantó de su asiento impactada.
—¡Pero William! ¡Como es que estas vivo!.
No pude evitar reír.
—¡Tanto te urgía deshacerte de mi que jamás reclamaste un acta de defunción!. Yo solo dije lo que tanto querías escuchar.
Por un momento su semblante cambió por otro compungido y agobiado. ¿Pretendía manipularme como lo hizo en el pasado?. Que absurdo…
—Le repito que estamos enterados de todo. George y Archie se han encargado de monitorear sus pasos desde hace algunos meses. Estamos enterados del desfalco al consorcio, así como de los muchos terrenos que ha comprado y como si eso fuera poco… —inspiré profundamente— sé que usted me mando a matar hace poco más de tres años.
—¡Nada de eso es cierto!. ¡Me estas blasfemando!. ¡Aun soy tu tía William!.
—Le pido que no me grite, pues en ningún momento lo he hecho yo. Y perdóneme tía pero tenemos todas las pruebas justo aquí. —Terminé dejando caer un sobre justo en el escritorio.
Ella ojeó rápidamente todos los documentos y la declaración del finado Smith. Después, montada en cólera rompió todo frente a nosotros.
—Yo no veo ninguna prueba que me inculpe. ¿Qué harás ahora querido sobrino?. No tienes forma de evidenciarme y cuento con todo el apoyo del clan.
—En eso está equivocada. Hemos convocado una junta extraordinaria en donde quedaste totalmente expuesta. Tratar de matar al patriarca del clan más poderoso de América y Escocia es alta traición por si no lo sabías. Has sido despojada de cualquier beneficio y jerarquía en esta familia.
—¡Eso no es posible!. ¡Sigo siendo la matriarca!.
—¡La matriarca soy yo!.—De la nada sentí como Candy me tomaba del brazo y se aferraba a mi.
—¡Pero qué has hecho!. ¿Cómo es que te casaste con esta… esta…
—¡Guarda tus palabras Elroy!. ¡No te atrevas a ofender a mi sobrina de nuevo!. Ya todos saben tu secreto.
—¡Eres solo una anciana loca nadie te hará caso!.
—Una anciana sí, pero loca jamás. Hace años cuando tu primo Maxwell Andrew me cortejaba tú lo engatusaste y te metiste entre sus sábanas. Me dijiste que todo fue culpa de él, que te obligó. Algo en mi interior me decía que no fue así. Pero traté de no juzgarte pues éramos las mejores amigas, aunque ya nada volvió a ser igual. Al final te casaste con él pero en el trayecto te embarazaste de tu caballerango. ¿Y qué hiciste?. Viniste corriendo con la única amiga que creías tener pidiéndome ayuda para conseguir a una persona que te sacara a ese bebé, pero obviamente no lo hice. Al poco tiempo anunciaste tu estado, orgullosa, como si fuera de Maxwell, pero misteriosamente él falleció de un ataque cardíaco semanas después. Por azares del destino hace un par de años me enteré que "Los Legan", esta familia ligada a los Andrew de forma "lejana" es realmente "Tú familia", pero que nadie pudo enterarse de esto, puesto que al fallecer tus padres decidiste mantenerlos en un bajo perfil para no ser cuestionada de la falta de parentesco entre Sara, Maxwell y tú, ya que ella heredó todos los genes del amante.
—¡Quien te dijo semejante mentira!.
—Mi fuente es confiable y ha trabajado en esta casa por muchos, muchos años. Pero quien iba a pensar que la hija cometiera los mismos errores que su madre.
—¡Lárgate de mi casa!
Marta continuó estoica, en su lugar. Mientras Elroy Andrew se acercaba a ella tratando de intimidarla.
—No me voy a ir hasta que sepas que estoy enterada de que Annie es tu nieta y que por eso siempre estuviste renuente en aceptar a Candy como esposa de William.
—¡Que ha dicho!.
La voz de Annie fue de sincero asombro.
—¿No te ha dicho nada querida?. Pues bien. Para que lo sepas tu madre siempre ha sido Sara Legan, pero al tener un amorío de recién casada con el novio clandestino que tu abuela no autorizo, se embarazó, puesto que no amaba Raymond y su matrimonio fue concertado ya que sin virtud nadie la quería desposar. Así que antes de que se notara su estado se la llevó de viaje por cinco meses en lo que nacías. Raymond no tenía dinero ni apellido, así que no pudo objetar nada. Fue así como terminaste abandonada en el hogar de Pony y adoptada por tu propia madre años después, pero solo como mero objeto de para los intereses de "tu abuela". Por eso te quiso comprometer con William. Que tú te hayas adelantado y te hicieras la fácil con Archie fue un extra.
La ira de Annie se podía ver en sus ojos azules.
—¡Es cierto todo lo que está diciendo esta anciana! ¡Contéstame! —Le gritó a Elroy.
—¡Todo es cierto!. ¿Esta bien?. ¡Todo!. Deja de hacer tanto drama si al final terminaste viviendo con tu propia madre. —Respondió con fastidio.
—¡Pero nunca me sentí realmente parte y todo fue tu culpa!.
—¿Mi culpa?. Por favor… de saber que serías tan inútil como para no engatusar a un inválido jamás le habría pedido a Sara que te adoptara.
—¡Te odio! —Respondió llorando y abandonó el lugar corriendo.
—Mira William sé que he cometido errores pero puedo cambiar…
—Es increíble lo hipócrita que es… cómo le dice esas palabras a mi esposo después de todo el mal que le ha hecho. Que nos ha hecho. ¿o acaso ya se le olvido la humillación que me hizo pasar?.
—No estoy hablando contigo. William…
—No vuelva a dirigirse de esa manera a mi esposa o no respondo…—sentencié—. Y lo siento tía… pero no puedo hacer nada por usted. Realmente no sé qué pretendía queriendo adjudicarse tanto poder y dinero. No puedo entender tanta ambición y avaricia. —Respiré profundo, pues lo que le diría no sería fácil—. Afuera la espera un oficial de policía. Esta usted acusada de homicidio en segundo grado, desfalco y falsificación de firmas.
—¡Piensas meterme a la cárcel!. ¡Por Dios William por favor recapacita!.
Sus ajados ojos soltaban lágrima tras lágrima. No puedo creer que fueran por arrepentimiento, más bien por la vergüenza a la que estaría expuesta.
—La otra opción que puedo ofrecerle es…
—Tomaré lo que sea menos la cárcel…
—Déjeme terminar por favor. Puedo ofrecerle el exilio. Una pequeña casa en Escocia sin sirvientes y con una mesada apropiada pero nada ostentosa. Como cualquier persona de clase media. Por supuesto que con un guardia para reportarme sus hechos. No puedo dejarla sola sin más.
—¡Pero William! ¡Eso es igual que la cárcel!. ¡Cómo voy a mezclarme con el pueblo y a vivir sin una mucama, una cocinera o una doncella que me ayude a vestir!. ¡Por favor ten un poco de piedad!.
—Soy el patriarca y créame que estoy siendo más que piadoso. Usted decide: lo toma o lo deja. Si acepta necesito que suba ahora mismo y empaque lo más necesario pues partirá con un guardia de mi entera confianza esta misma noche. Si no acepta el oficial la espera para arrestarla sin derecho a fianza.
La frustración, el coraje, la ira y la impotencia eran reflejadas en el rostro de mi tía, pero no se merecía una segunda oportunidad.
—No pondré un pie en la cárcel. Iré a hacer mi equipaje. En un momento bajo.
—Una cosa más tía.
—Tu dirás…
—Necesito que le pidas perdón a mi esposa y que le entregues el anillo que solo la matriarca del clan puede portar.
—Pero…
—Es eso o no hay trato. —Respondí inflexible.
—No es necesario Bert… creo que ya fue suficiente…
—Te lo debe Candy… Tía…mi esposa está esperándola. —Mi voz sonaba cada mes más autoritaria.
—Perdóname… —Masculló entre dientes mientras entregaba la prenda solicitada.
Posterior a esto, sin más salió presurosa del despacho.
Sus pisadas podían escucharse apresuradas.
George se acercó hasta donde estaba con Candy. Y después de palmear mi hombro me dijo:
—Calma muchacho. Lo peor ha pasado.
—Sí… No pensé que lo aceptara tan rápido. —Dije dejando escapar ese aire pesado que sentía en los pulmones.
Pero el sonido de un fuerte disparo nos alertó a todos.
Nos miramos consternados y corrimos escaleras arriba.
George y yo llegamos antes que todos encontrando así la penosa escena.
Elroy Andrew se había suicidado con un arma de fuego.
No pude ni siquiera llorar al verla, pues aunque no la odiaba tampoco albergaba ningún tipo de sentimiento por ella…
No dejamos que la vieran así. Era impresionante la destrucción que una pequeña pistola podía ocasionarle en la cabeza a una persona a tan corta distancia.
Todo se manejó sobre un bajo perfil. No había necesidad de incentivar el morbo de las personas en la ciudad. Los periódicos de Chicago solo supieron que Elroy Andrew había muerto tras un infarto masivo al miocardio.
Respecto a los Legan fueron repudiados por la familia y al no tener un solo peso en su cuenta bancaria, regresaron al pueblo de Raymond, donde trabajarían en la granja de sus padres. Sin lujos ni excentricidades. Años después nos enteraríamos de que Sara tuviera el mismo final de su madre.
Cada cual en su lugar…
Continuará…
