Capítulo 23
Kagome frunció el cejo, quiso entrar de nuevo a la habitación de Inuyasha y explicarle muchas cosas incluyendo las razones por las que no confiaba en él. Eran sus indecisiones y la manera impulsiva de actuar lo que evitó que ella aceptara el amor que le ofrecía.
Se aceró a la puerta unos cuantos centímetros, alzó una mano para tocarla con los nudillos, pero negó, no era lo correcto, después de todo, estaba en frente de la habitación de un hombre soltero y en su casa.
No, tal vez en otro momento, además él no se encontraba en buenas condiciones como para poder hablar. Así que, bajó su mano, giró sobre sus talones y regresó por donde había ido.
Inuyasha abrió los ojos ¿Qué había hecho? Había corrido a la mujer que amaba de su habitación cuando lo único que deseaba era abrazarla y besarla, le había dicho además que retomaría su vida de libertinaje todo para hacerle daño.
Dio media vuelta, abrió la puerta pero el pasillo estaba solo, lo único que flotaba en el aire era el aroma que ella había dejado.
Kagome regresó con su madre, su tía y la anciana Kaede, quienes se encontraban en el jardín, ninguna de las tres le habían interrogado el motivo de su tardanza.
— ¿Cómo sigue su sobrino, Lady Clearwater? — preguntó la condesa Higurashi.
—Bien querida — respondió la dama, dándole un pequeño sorbo a su tasa de té — Es solo una pequeña fiebre. En cuanto se recupere estará como nuevo.
— ¿Y sus demás sobrinos, milady? —preguntó la tía de Kagome.
—Kikyo salió muy temprano con el duque de Canterville, juntos iban a dar un paseo por el Serpentine — esbozó una sonrisa — Creo que por fin mi sobrina ha encontrado el candidato perfecto a ser su marido. Por otro lado, quiero hacerles la cordial invitación a la fiesta de compromiso de mi sobrino Koga con la señorita Ayame que se realizara dentro de varios días. Todo se organizará en la casa de la joven, así lo dispuso el padre de ella. — Miró a la condesa — Para mí sería un honor que asistieran.
—Cuente con ello — asintió la condesa con una sonrisa.
Kagome esbozó una media sonrisa, se alegraba de ella y de Koga, al menos ellos iban a ser felices. Tal vez después de que ella se casara con el Lord De la Rosa sería feliz en España.
Suspiró para sus adentros, ¿A quién pretendía engañar? Ella no deseaba irse a vivir a España, en tal caso prefería regresar a Francia. Faltaban escasos meses para que ella se uniera en matrimonio con el duque. Observó el anillo que él le había dado, era el mismo anillo que había usado Catalina, su antigua esposa, entre ellos si había amor, un amor que pasó más allá de la vida y después, una tragedia que absorbió todo.
Ahora que lo pensaba, él se había mostrado frío después de que regresó de su supuesto secuestro. Ya no la visitaba con más frecuencia, no le mandaba tan siquiera un detalle, no era que le preocupara, él era aún un hombre libre.
Pero, ¿Y si había alguien más en su vida y ella estaba en medio? ¿Tenía el valor suficiente como para romper el compromiso? Tal vez si, lo rompería y se podría ir a Francia donde podría comenzar de nuevo.
Siendo realista, ella no deseaba casarse con él.
¿Él si lo deseaba?
—Te veo muy callada hija ¿Pasa algo?
La voz de la anciana Kaede la regresó a la realidad.
Kagome descubrió que tenía la mirada perdida en el anillo que llevaba en su mano izquierda. Alzó la mirada y se obligó a esbozar una sonrisa.
—No pasa nada Lady Kaede. Son los preparativos de la boda — mintió la joven.
—Espero que mi sobrina se consiga un pretendiente como el tuyo. Lord De la Rosa es un hombre demasiado galán, aparte de ser todo un caballero. Estoy segura que primero esta su honor a que comprometer a una joven dama de buena reputación.
—La verdad es que si — esbozó una pequeña sonrisa — Confío mucho en mi prometido.
En ese momento, se acercó la dama de compañía de Kikyo, Kagura, saludó a las damas y se inclinó ante Lady Clearwater y le susurró al odio:
—Madame ¿Me permite un momento a solas?
La anciana miró a la doncella de su hija y negó con la cabeza.
—Más tarde Kagura, estoy ocupada con las damas. Al menos que sea algo urgente que requiera mi atención.
Al ver los ojos de la joven y que ella asentía con la cabeza, comprendió que era urgente y que necesitaba de toda su atención. Así que, la anciana asintió, se dirigió a sus visitas y con una sonrisa de oreja a oreja dijo:
—En seguida regreso — se levantó de la silla, alisándose la falda de su vestido — Algo necesita esta muchacha.
Y así, siguió a la joven, ella pensó que la iba a guiar hacia la cocina o a la sala, pero nunca se imaginó que la llevaría directo al dormitorio de su sobrina.
— ¿A que me has traído a la habitación de mi sobrina, explícate muchacha? — arqueó una ceja.
La joven se acercó a la cama, tomó un vestido y un camisón que había encontrado esta mañana en el suelo y mal colocados.
—Encontré esto esta mañana — dijo la joven.
— ¿Un vestido… y un camisón? — La anciana arqueó una ceja — ¿Me has traído, sólo para mostrarme la ropa de mi sobrina?
La joven negó y se acercó a ella.
—No sólo es una ropa sucia madame. Sino su esencia, su aroma. No huele a la señorita Kikyo, es de hombre y miré.
A Kaede por poco le da un infarto o un desmayo, se tambaleó de pie y si no hubiera sido por Kagura, hubiera caído al suelo.
Se llevó la mano al corazón, tomó entre sus manos el vestido y el camisón de su sobrina, contempló éste último, desgarrado y manchado de sangre.
¿Qué significaba esto? ¿Qué era? Además, tenía razón la doncella, esa esencia no era de su sobrina, era el perfume de un hombre. Su mente jugó con ella, haciéndole ver un sin fin de imágenes, ella siendo tocada por un hombre en contra de su voluntad, ella entregando lo más preciado que poseía.
Pero era imposible que esto pudiera haber pasado, además, ese no era el vestido que usó la noche anterior para ir a la ópera. Asintió, comenzaba a entenderlo todo, su desesperación por regresar a casa, cuando no le quiso abrir la puerta. Seguramente esa noche se iba a ver con alguien.
¿Pero con quién? ¿Quién había sido el desgraciado infeliz que sedujo a su sobrina?
Alzó la mirada y se encontró con la doncella, se puso de pie y dejó caer las prendas al suelo.
—Cuando mi sobrina llegue, hazla pasar al despacho — observó las prendas —En cuanto a eso, quiero que las lleves a mi habitación, que no sospeche de nada. Si te pregunta por el vestido y el camisón diles que los has mandado a lavar ¿Entendido?
La joven agachó la cabeza, apenada por haberle dicho a la tía de su niña, pero estaba preocupada y temía por ella.
Lady Kaede pasó su vista por la cama de su nieta y sin titubear preguntó.
— ¿Hay algo raro en la cama?
— ¿Cómo qué madame?
—Ya sabes a lo que me refiero — frunció el cejo, sin dejar de observar la cama — Si no hay esencia de ese hombre en la cama de mi sobrina.
—No — negó la joven —Fue lo segundo que averigüe.
—De acuerdo — asintió —Ni una palabra de esto a Koga ni a Inuyasha. Y menos a él, no se te olvide que está enfermo.
—Si milady.
Mientras salía de la habitación y se dirigía al jardín. Había llegado a la conclusión de su sobrina salió de la mansión y quien sabe hasta qué hora había regresado. Todo era cuestión de organizarle una trampa para que ella dijera la verdad. En estos momentos se sentía tan decepcionada de ella, la había tenido en un pedestal muy alto y en un día de tormenta los rayos lo destruyeron.
Regresó al jardín y ocupó el mismo lugar. Con gracia tomó la tasa de té que había en la mesita pero sus manos le flaquearon, haciendo que ésta tambaleara alrededor del plato haciendo que cayera al césped y empapando su vestido.
Kagome se levantó y fue hacía ella, tomó la tasa y la colocó en la mesa. Sostuvo las manos de la anciana entre las suyas y abrió los ojos sorprendida al sentirlas frías.
— ¿Se encuentra bien, Lady Kaede? — preguntó con voz suave.
—No cariño — negó con la cabeza —Si me disculpan, no me encuentro bien y no seré buena compañía en estos momentos — se levantó — Iré a descansar. Discúlpenme por favor.
— ¿Desea que la acompañe?— preguntó Kagome preocupada, nunca había visto a la anciana en estas condiciones.
—No cariño. Gracias. Creo que necesito dormir un poco.
Las tres mujeres observaron como la anciana desaparecía en el interior de la mansión.
— ¿Habrá recibido una noticia desagradable? — preguntó Marian.
—No lo sé — negó con la cabeza la condesa —Estaba bien hace unos momentos, todo fue después de que se fuera con la doncella de su sobrina.
Kikyo bostezó y no era porque tuviera sueño, sino porque el paseo con ese hombre estaba resultando tremendamente aburrido.
Por el Serpentine, paseaban parejas tomadas de las manos, bellas jóvenes que estaban siendo cortejadas por un caballero o simplemente familias disfrutando de una mañana como esta.
— ¿Hace cuánto que regresó de Francia?
Lo oyó preguntar, básicamente no habían cruzado más de treinta palabras, ambos se quedaban en silencio, de haber sabido que así sería el paseo, habría declinado en el primer momento en que él le había hecho la propuesta.
—Hace un mes — respondió secamente, acariciando la cabeza de su caballo.
Entonces, escuchó un caballo atrás de ellos, ambos voltearon al mismo tiempo y se encontraron con un corcel negro, el jinete que lo montaba era alto, de cabello castaño y ojos verdes.
El pulso de Kikyo se aceleró y miró hacia el frente mientras que se acercaba a ellos Lord De la Rosa.
—Un estupendo día ¿No creen? — comentó él, mirando a Kikyo y después a Sesshomaru.
—Lord De la Rosa, que gusto verlo por aquí — comentó con sarcasmo Sesshomaru.
—Lo mismo digo, Lord De Canterville. ¿Interrumpo algo?
—Por supuesto que no — respondió el otro, mirando directamente a su rival.
—De hecho si — intervino Kikyo — Lord De Canterville y yo estábamos dando un paseo hasta que apareció usted, milord — lo miró a los ojos.
La tensión que había entre los tres se podía cortar con cualquier cosa. Lord De la Rosa frunció el cejo al ver a esa pequeña mujer quien le respondía de manera liberal.
—Lord De Canterville — dijo sin perder de vista a Kikyo —Podría permitirme unos minutos con la dama. Necesito decirle algo en privado.
—No creo que ella desee eso — respondió él, negándose a dejarla en sus manos.
—No se lo pregunté — entornó los ojos hacia él, con el cejo fruncido — Se lo estoy ordenando.
Sesshomaru miró a la joven y ésta negó, como pidiendo que no se retirara.
—Está bien. Un minuto, no más.
—Cinco — dijo él — No más.
En cuanto él se marchó, Lord De la Rosa aprovechó para preguntarle por ese hombre, estaba muerto de celos al verlo con ella que temía de su propia reacción.
— ¿Con Lord Canterville? — Preguntó, arqueando una ceja — ¿Era con ese con el que ibas a dar un paseo matutino?
— ¿Qué haces aquí? — ella evadió su pregunta.
—No iba a quedarme con la curiosidad y saber con quién te citabas. ¿Qué pretende ese individuo? ¿Cortejarte?
—La verdad que eso no te incumbe — respondió ella — ¿O yo te he dicho algo sobre Lady Kagome?
—No estamos hablando de ella, estamos hablando de ti. Ahora, dile a ese sujeto que te lleve directo a la casa de tu primo, que no te encuentras bien. Y si se atreve a cortejarte, dile que ya tienes prometido. Que soy yo.
Kikyo frunció el cejo, estaba enfadada ante la prepotencia y la imposición de ese hombre.
—Que yo recuerde, usted y yo no estamos comprometidos, se va a casar con Lady Kagome.
— ¿Qué no estamos comprometidos? ¿Y lo que pasó anoche que fue?
—Nada milord — dijo con furia — No pasó nada. Así que deje las cosas como están. Usted se va a casar con Kagome, mientras que yo soy una mujer libre, en espera a ser cortejada — señaló a Sesshomaru, quien la observaba a varios metros — Y ese hombre pretende hacerlo.
— ¿Se te olvida que te he comprometido en todos los sentidos? ¿Qué incluso puede dejarte embarazada? ¿Esperas que yo acepte que un hijo mío nazca pensando que otro hombre es su padre o que peor aún, sea un bastardo?
—Eso ya es asunto mío — dijo ella.
—No— Lord De la Rosa negó —Es asunto de los dos. — hizo una pausa de unos largos segundos en espera a que ella dijera algo, pero no hacia el menor gesto por hacerlo, así que prosiguió — De acuerdo Lady Kikyo, usted gana. Romperé mi compromiso con Lady Higurashi esta misma tarde y en la noche iré a pedir su mano.
Ella trató de protestar pero lo vio girar su caballo y salir a todo galope.
¿Qué había hecho?
Por su culpa él iba a terminar su compromiso con una dama respetable como era Kagome, no era justo que ella le hiciera eso, pero siendo sincera, la única que se iba a alegrar era la propia Lady Kagome e Inuyasha, ya que ambos se amaban.
Sesshomaru se acercó a ella.
— ¿Todo bien?
Lo oyó preguntar y ella asintió y así, ambos retomaron su paseo, pero la mente de Kikyo estaba perdida en las cosas que iban a pasar esa noche.
El reloj sonaba mientras que ambos se veían el uno al otro. Lord De la Rosa esbozó una nerviosa sonrisa, mientras que ella le respondió de la misma forma. Él no le perdía de vista el anillo que le había dado a la joven, pues era el que había usado su esposa durante el tiempo que la tuvo a su lado.
La verdad era que ambos no tenían un tema de conversación, el silencio era lo único que reinaba entre ellos dos. De hecho, hasta eran indiferentes, como dos seres extraños.
— ¿Cómo le ha ido, Lord De la Rosa? — Kagome fue la primera en hablar.
—Bien, mi bella rosa inglesa — respondió él, mirándola a los ojos.
Había llegado el momento, sólo era cuestión de decir las palabras, sabía que ella amaba a Inuyasha y que él la amaba a ella, así que no sufriría por un compromiso anulado.
—Milady…
— ¿Esta seguro querer seguir con el compromiso?
Él abrió los ojos como platos, después los puso en blanco y se recargó en el respaldo de su asiento.
— ¿A qué viene eso, rosa inglesa? — Preguntó, arqueando una ceja — ¿Acaso usted no desea…
— ¿Y usted? — preguntó, mirándolo a los ojos.
Él se aclaró la garganta, se levantó de su lugar y se arrodilló ante ella.
—Hay algunos que dirán que el matrimonio es únicamente por conveniencia — la miró a los ojos —Yo digo que no es así, que debe ser mutuo, que el único propósito que nos lleve al altar, sea el amor. Sé que usted no me ama, ama a Lord Taisho…
—Yo…
—No trate negarlo mi bella rosa inglesa. Ambos sabemos que nuestro compromiso se hizo a base de un impulso, ahora que sea nuestro impulso es que nos haga tomar una decisión sabia. Si usted, está segura de seguir con el compromiso, adelante. Hagámoslo. Le prometo fidelidad, todo lo que un matrimonio conlleva. Pero me sentiría verdaderamente egoísta, sabiendo que usted ama a otro, mientras que yo, disfruto de su compañía.
Una lágrima resbaló por su mejilla y ella agachó la cabeza.
—Lo siento — fue lo único que pudo responder.
Él entendió que había dado justo en corazón de la joven, sabía que con sus palabras la había hecho recapacitar, así ella, podría ir tras los brazos de Inuyasha y él reparar el daño que había hecho con Kikyo.
—No hay que sentirlo — dijo él, sacando un pañuelo de su saco y limpiando sus lágrimas. La hizo levantar la mirada y verlo —Espero que encuentre la felicidad con el hombre que haya elegido su corazón.
—Pero le había dado mi palabra a usted.
—Mi rosa inglesa. Las palabras salen sobrando cuando está el amor de por medio— le dio un beso en la mano — Deseo que sea feliz y que ese granuja sepa hacerlo, porque se lo merece.
Él se despidió de ella y camino hacia la puerta principal, Kagome reaccionó y fue tras él.
—Espere.
Lord De la Rosa se detuvo en medio de la puerta y espero a que la joven se acercara a él.
—Tome — le entregó el anillo que él le había dado — También deseo de corazón que la persona que usted haya elegido lo haga feliz, milord. Porque realmente usted se lo merece después de lo que ha vivido en el pasado.
—Gracias, Kagome.
Le dio un beso en la mejilla y partió con otro destino diferente.
En cuanto Kikyo llegó a la mansión de su primo, se despidió de Lord De Canterville. La verdad es que no tenía deseos de tenerlo como compañía ni un segundo más. Puso un pie en el escalón pero apreció su doncella, diciéndole que su tía la esperaba en la biblioteca.
La joven frunció las cejas y suspiró, seguramente deseaba saber cómo le había ido el primer día con ese duque y no tenía ánimo para darle todos los detalles.
Llamó a la puerta y escuchó un adelante. La abrió y vio a su tía mirando desde el ventanal, dándole la espalda.
— ¿Me mandaste a llamar, tía?
—Cierra la puerta y toma asiento— respondió sin dejar de contemplar el jardín desde la ventana.
Kikyo cerró la puerta tras sus espaldas, caminó a paso lento y tomó asiento en una de las sillas que estaban frente al escritorio. La actitud de su tía no era la habitual, por lo regular era la primera que se mostraba interesada por algo, en esta ocasión no había ido a recibirla para acosarla con preguntas sobre su paseo de esta mañana.
La anciana no hablaba, simplemente miraba a través de la ventana, con los brazos cruzados por detrás.
—Si te preguntas como estuvo el paseo con el duque De Caterville…
— ¿Dónde estuviste a noche, Kikyo? — la interrumpió de golpe la anciana. Girando sobre sus talones para mirarla de frente.
Kikyo abrió los ojos como platos. ¿Qué donde estuvo anoche? ¿Se habría dado cuenta de que ella estaba fuera toda la noche?
No — negó para sí misma. Esta mañana ella se había mostrado con otra actitud diferente a la que estaba viendo en estos momentos.
—Después de la ópera, me fui a dormir tía — mintió, esperando a que ella creyera eso.
Pero la anciana no era tonta y por más vieja que fuera, más inteligente era. Ella mentía y estaba segura de eso, así que le pondría una trampa.
— ¿En serio? ¿Y por qué a media noche no te encontré en tu habitación?
Kikyo iba a responder algo, pero sólo fue capaz de hacer figuras con sus labios.
—Me dio sed y fui a la cocina a tomar un vaso de agua.
—No me digas — dijo con sarcasmo mientras tomaba asiento en la amplia silla de cuero.
—Si tía.
—Muy bien —la anciana asintió.
Lady Kaede se agachó y le mostró el camisón desgarrado de la joven, Kikyo al verlo palideció, se quedó muda. El camisón estaba rasgado y manchado de sangre. ¿Cómo había olvidado deshacerse de él? Si era la prueba viviente de la noche que había pasado con Lord De la Rosa.
— ¿Alguna explicación para esto, Kikyo?
—Anoche que fue por el vaso de agua, salí a tomar aire fresco por el jardín y la tela se me enredó con uno de los rosales, intenté soltarla pero terminé por desgarrarlo.
La anciana dejó el camisón sobre el escritorio, una y cada una de sus mentiras no se las había creído, su sobrina había estado con un hombre la noche anterior y la iba hacer que confesara así fuera lo último que hiciera.
— ¿Quieres dejar de mentirme? — Dijo la anciana — Sé que estuviste con un hombre. Un rosal no desgarra un camisón o qué ¿También deja la esencia masculina en un vestido? Tú — la señaló — Estuviste con un hombre anoche y exijo saber quién es.
— ¡Tía! — Exclamó la joven — Me ofrendes.
—Me ofendes más tú con tus mentiras. Así que dime de una vez con quien estuviste.
Acorralada y con una tía que la había descubierto, no tenía caso que siguiera mintiendo. Así que se armó de valor, miró a su tía de frente y sin titubear le dijo:
—Sí, estuve con un hombre anoche — alzó la voz — Ahora sé de lo que hablan las mujeres que son casadas, sobre la relación de un hombre una mujer en la intimidad.
La anciana se levantó, fue hasta donde estaba su nieta y sin previo aviso la abofeteó.
— ¿Cómo pudiste? — La tomó de los hombros y la zarandeo — ¿Tienes idea de lo que tu comportamiento ha causado?
—Sí, lo sé — ella se zafó y se levantó de la silla —He provocado mi ruina, nadie se va a querer casar con una mujer que ya no es virgen — esbozó una sonrisa — Y no sabes cuánto me alegro, por lo menos no me voy a casar con ese aburrido duque De Canterville.
—Eres una majadera.
Kaede iba a soltarle otra bofetada, pero Kikyo la atrapó en el aire antes de que se estrellara contra su piel.
—Ni se te ocurra abofetearme de nuevo.
Inuyasha bajó el último peldaño del escalón con el cejo fruncido y al instante se encontró con Koga, quien también tenía una expresión en el rostro de confusión.
— ¿Has escuchado eso? — preguntó Koga.
—Si—asintió él —Desde mi habitación llegan sus gritos.
—Debemos entrar y averiguar qué es lo que pasa — sugirió su primo.
Entraron y encontraron a las dos mujeres: Kikyo sosteniéndole el brazo a su tía en el aire y Kaede intentando soltarse.
— ¿Qué está pasando aquí? — exigió saber Inuyasha.
—No pasa nada — dijo Kikyo — Esto en un problema entre tía y sobrina.
—Desde luego que no — Kaede se soltó y fue con sus sobrinos —Hijos, me temo que Kikyo a deshonrado a la familia.
— ¿De qué hablas? — Koga arqueó una ceja confundido.
—Nada Koga, la tía alucina.
Koga pasó la mirada de su hermana a su tía y ésta le dijo:
—Que alguien ha comprometido a tu hermana en todos los sentidos…
El conde dejó los papeles que estaba viendo sobre su escritorio y alzó la mirada hacia su hija. Quien lo miraba con desesperación.
— ¿Cómo que has roto tu compromiso con Lord De la Rosa?— preguntó.
—Si papá, fue de mutuo acuerdo. Ambos llegamos a la conclusión que éste compromiso era un error.
—Había sido un error desde que aceptaste casarte con él — le hizo ademan de que tomara asiento y una vez que lo hico pregunto: — ¿Por qué llegar a esa decisión faltando dos meses? Tengo entendido que ya habían terminado tu vestido.
Kagome no podía pasar por desapercibida la reacción de su padre, se notaba a simple vista que estaba enfadado, pero se mostraba ante todo comprensivo.
—Padre, ambos nos dimos cuenta que no sentimos nada el uno por el otro. Quiero casarme por amor y no por compromiso.
—Ya veo. Pero aun así, la mayoría de los matrimonios son por compromiso hija, no hay uno que no sea por amor.
—No al menos el de ustedes — haciendo referencia a él y a su madre — Y el de mis tíos.
El conde esbozó una media sonrisa, trataba de controlar su furia, sabía que con gritos no iba a solucionar nada.
—Esa es una excepción. ¿Tienes idea de lo que va a decir de ti todo Londres?
Kagome lo miró y asintió, pero nada de eso le importaba.
—Deberás hacer frente a todos los comentarios que hagan a partir de que se haga público la cancelación de tu compromiso con él. Si no te sientes cómoda, puedes regresar a Francia y…
—De ninguna manera padre — ella alzó la mirada y lo miró a los ojos — No hay nada de lo que me arrepienta. También fui yo quien tomó la decisión.
El conde suspiró y se recargó en la silla, aun sin comprender que había motivado a esos dos a romper el compromiso.
Esbozó una pequeña sonrisa, no podía decirle nada, en el fondo sabía que se alegraba por esa noticia, ya que Lord De la Rosa no era muy de su agrado.
—Sabes que para mí lo más importante es tu felicidad y si no quieres casarte con él, respetaré cualquier decisión que hayas elegido.
Kagome esbozó una sonrisa, se levantó de su silla y fue hacia él para abrazarlo.
—Gracias papá.
