Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .
Hola a todos(as)!.
Seré breve: Muchas gracias a las por estar leyendo de nuevo esta historia. En verdad les agradezco. Me gusta ver las reacciones que tienen. Sé que todo es sobre el personaje.
Les mando un cálido saludo hasta donde se encuentren.
Capítulo 26. Haciendo planes.
El par de enamorados seguía disfrutando de una bella tarde. Estaban caminando por la orilla del hermoso lago del parque cuando Albert pensó que era buen momento para contarle a Candy sobre Nicolette, no le gustaba para nada la idea mencionar ni siquiera su nombre pero la seguridad de ella era primero. Entonces, detuvo sus pasos y quedó frente a ella, la tomó delicadamente de las manos y mirando sus ojos le dijo:
—Pequeña hay un tema sobre el que tenemos que hablar.
Candy sólo miró la preocupación latente en esos hermosos ojos azules.
—¿Qué sucede Bert? Me estás asustando…
—Hoy me enteré por George que Nicolette puede volverse un problema y necesito que estés enterada de todo. No quiero que existan secretos entre nosotros.
Con evidente preocupación en su rostro la rubia le contestó.
—Pues dime de una vez que fue lo que te dijo George, sea lo que sea encontraremos la manera de enfrentarlo estando juntos Bert.
En ese momento fue el turno de Albert para contarle a Candy todo lo relacionado con Nicolette. Cuando terminó con una clara mirada de asombro ésta le respondió.
—Ya alguna vez había escuchado sobre esa enfermedad (TEI). Es muy peligrosa, los pacientes pueden desestabilizarse ante cualquier situación de estrés y pueden llegar a ser muy agresivos. Realmente puede ser una amenaza, pero no solamente para mi sino también para ti Bert, quien te asegura que no quiera hacerte daño.
—Estamos custodiados todo el día pequeña y le he pedido a George que haga una denuncia para levantar una orden de restricción para que no pueda acercarse a ti, en cuanto a mi no me reportó que me estén vigilando pero si llegase a acercarse para hacerte daño la orden nos sirve de testimonio para refundirla en la cárcel o bien en una institución mental, pero esperemos no llegar a esos extremos. De cualquier manera George me sugirió algo pero no sé realmente como lo vayas a tomar.
—Si lo que me vas a pedir es que regrese a la mansión la respuesta es sí, creo que es lo más conveniente en estos momentos, ya que al quedarme sola en mi departamento solo me estoy exponiendo más. Hoy en la noche hago una pequeña maleta y me voy contigo.
Albert estaba impresionado porque literalmente su pequeña le estaba leyendo el pensamiento, iba a decir algo más pero ella continuó hablando.
—¿Sabes que creo que sería buena idea Bert?
—Dime pequeña.
—Bueno ya que me comentas que todo un personal de seguridad anda a mis espaldas porque tienes una ex novia desquiciada que podría si quiere matarme el día que se le antoje, estaba pensando que tengo todo el derecho de saber por lo menos quienes son, así que necesito que le pidas a George que me entregue una lista que indique la cantidad de personas que están protegiéndome, quiero sus nombres, los turnos que manejan y los modelos de los autos en los que se mueven ya que creo conveniente conocerlos y ubicarlos por si hay peligro, así sabré a quién acudir. También sería bueno tener algunas fotografías de esas que han conseguido de los hombres que trabajan para Nicolette, ya que ando por toda la ciudad sin saber si quiera quien me está acosando, al igual que una de ella con y sin peluca, realmente la vi solo una vez, bueno dos veces, pero no la puedo recordar del todo bien y no sé si lograría reconocerla disfrazada. Otra cosa que se me viene a la mente sería la posibilidad de que alguno de tus hombres entre a trabajar como guardia de seguridad en el pabellón pediátrico del hospital en la que estoy todo el día, no sabemos hasta donde llega la locura de esa mujer y no tengo a nadie que vea por mi una vez que comienzo a trabajar. Sé que esto último no será difícil de obtener, podrías mandar a George a hablar con el Dr. Leonard o hacerlo tú mismo si quieres, estoy segura que no te negará nada ya que eres uno de los principales benefactores del hospital.
Es por demás describir lo impresionado que se encontraba Albert. Jamás había visto una actitud así en su pequeña, tal parecía que no tenía miedo de lo que pudiera hacer Nicolette, o más bien lo estaba tomando con toda la seriedad que todo aquello implicaba. No cabía duda que a veces podía subestimar a su pequeña porque era evidentemente capaz de soportar muchas cosas.
—¿Estas segura de todo lo que me estas pidiendo amor?
—Por supuesto Bert, esa mujer estará loca, pero si piensa que me va a quitar del camino está totalmente equivocada y no es que no me preocupe, pero recuerda que soy una mujer fuerte, he pasado por muchas situaciones difíciles en mi vida y más de una vez me ha tocado defenderme sola, así que no puedo arrinconarme y dejarme vencer por mis miedos. No puede ser peor que todo lo que pasé cuando me llevaron a México y tuve que escapar de unos maleantes, cuando lidie con terribles situaciones al trabajar en una mina o cuando cruce el océano como polizonte en una pequeña embarcación. –Dijo al momento en que le guiñaba un ojo pícaramente —
El alto rubio estaba hinchado de admiración por aquella pequeña y aparentemente frágil mujer.
—Pues muy bien amor, pero creo que nos falta una cosa más.
—¿Qué sería Bert?
—Bueno… no quiero que te asustes, tampoco que pienses que te quiero imponer nada, pero consideraría prudente que cargues en tu bolsa una pistola.
Candy de inmediato abrió asombrada sus grandes ojos verdes.
—¿Una pistola dices Bert?, pero creo que eso no puedo hacerlo, son muy grandes y pesadas, además de que nùnca he utilizado una y no la podría transportar fácilmente en mi bolso.
—Eso tiene solución princesa. Lo que te propongo es en efecto que cargues una pistola, pero éste modelo es diferente. Se trata de una "Derringer Remington". Fue inventada desde 1866. Era una popular arma de porte oculto de la época, pero aún en nuestro tiempo es muy frecuente su uso como protección para las damas dado su diseño ligero de bolsillo. Tiene un modelo de dos cañones y es de un mecanismo fácil de utilizar porque es el arma semiautomática más pequeña que existe en el mundo, así que solamente te tienes que preocupar por disparar si esto llegará a ser necesario. Solo ten cuidado de que el seguro esté puesto porque te la entregaré cargada. Lo siento pequeña pero necesito que tengas con qué defenderte. Sólo es precaución.
Candy no pudo reprimir una ligera sonrisa y le comentó.
—¿También me pedirás que haga el entrenamiento militar que hicieron los guardaespaldas como si fuera a cuidar al presidente?. ¡Señor sì Señor! –Dijo Candy burlándose de la seriedad de Albert—
Al rubio no le quedó más remedio que relajarse y reír con ella, mientras le dijo.
—No es para tanto pequeña jaja, pero bueno se hace tarde, regresemos a tu departamento para que Dorothy te ayude a guardar algunas pertenencias y regreses con nosotros a la mansión.
Así lo hicieron. Dorothy ayudó a Candy y momentos más tarde se encontraban en la mansión en dónde una tía abuela los saludaba amablemente.
—¡Candy que gusto verte hija!
Entonces Albert fue directo y se dirigió a su tía quien lo miraba extrañada por las maletas de que sostenía en sus manos.
—Tía sé que hizo prometer a George no decirnos nada, pero tanto Candy como yo estamos enterados de lo sucedido con Nicolette, así que decidimos que lo mejor es que no esté sola en su departamento, por eso a partir de hoy vivirá de nuevo con nosotros.
La cara de la tía abuela era de sincera preocupación, pero los veía tan calmados que un poco del peso que cargaba se aligeró.
—Bien muchachos que bueno que estén enterados. Admito que en un principio me preocupé de tu reacción William, pensaba que irías corriendo a reclamarle a esa mujer que nos dejara en paz y la verdad fue por temor a tu seguridad que le prohibí a George ponerlos al tanto, pero aún hay algo de lo que no están enterados, así que creo que es mejor que vayamos al despacho para que les cuente.
En ese momento Albert le entregó las maletas de Candy a Dorothy y ésta las llevó a su habitación para acomodar todas sus pertenencias.
Cuando estuvieron en la salita del despacho Albert se pronunció.
—Pues bien tía díganos que es lo que sucede.
—Bueno…esto que les comentaré también es delicado y más para ti Candy. Hace un rato vino a verme George, como ya saben le pedí un informe semanal de las actividades de Nicolette y pese a que vino ayer platicar conmigo hoy regresó porque sus contactos le reportaron que ella tuvo una entrevista al medio día con… con..
La tía abuela no tenía cara para decirle a Candy que la mujer que estaba posiblemente pensando en traicionarla era aquella a la que llamaba "hermana", pero respiró, iba a seguir hablando cuando Albert la interrumpió.
—¿Con quién se entrevistó Nicolette tía?
Entonces la anciana solamente lo soltó.
—Con Annie Britter.
—¡Quèeeee! –Dijo el par de rubios al unísono—
La tía abuela ya se encontraba soplándose con su característico abanico.
—Pues al parecer así fue, se vieron a las 12:00 p.m en el restaurante Avec.
No puedo imaginar que tiene que ver Annie con esa mujer. –Dijo Candy visiblemente afectada—
—Cálmate hija. Mira yo no lo veo tan difícil de creer. Siento tener que ser yo quien te diga estas cosas, pero a mi parecer la amistad que ella te ofrece no es sincera. –Dijo calmada pero decisivamente la matriarca—
—Pero ¿por qué dice eso tía? –Preguntó Candy conteniendo unas lágrimas que amenazaban con formarse—
—Candy hace algún tiempo cuando estábamos en Lakewood Annie y su madre tuvieron una estadía en una de sus casas allá y todos los días iban a vernos para platicar pero me pareció de lo más extraño que siempre lo hacían justo a la hora en que llegaba William y ella se portaba muy atenta con él.
Entonces Candy volteó a mirar a Albert y le cuestionó.
—¿Tú te diste cuenta de algo insinuante en su comportamiento Bert?
—Pues la verdad no amor, yo siempre la traté normal.
—Sí hijo, pero tú no viste nada porque solo mirabas a Candy, pero entonces explícame ¿qué tenía que hacer esa niña ahí cuando Archie no estaba?, además todavía falta algo más. –Dijo la cansada anciana—
La cara de los rubios era de total desconcierto.
—¿Qué podría ser peor que relacionar a Annie con esa terrible mujer tía? –Dijo Candy—
—Uno de los hombres de George la siguió y la descubrió engañando a Archibald. Dice George que estaban en un automóvil retirados de la ciudad con actitudes "demasiado atrevidas" para una dama comprometida. Se estaban besando y más.
—No puedo creer lo que me dice tía –Dijo Albert bastante alterado mientras se ponía de pie y comenzaba a caminar por todo el despacho— No le puede estar haciendo esto a Archi, no después de todos los años que llevan juntos y del compromiso que tienen.
Entonces la tía lo miró y con su voz bastante afectada le dijo.
—Que tenían hijo…
—¿Cómo dice tía? –Habló Candy con los ojos muy abiertos—
—Que no habrá boda hija. En cuanto George se marchó marqué a donde Archi para comentarle lo sucedido. No podía permitir que esta mujer le siguiera viendo la cara y que fuera la burla de todo Chicago. Tu primo viene en camino, piensa enfrentarla y dar por terminado ese compromiso frente a sus padres.
Candy escuchaba todo atentamente pero seguía sin poder creer que hablaban de la misma Annie, era cierto que la había notado un tanto extraña las últimas veces en las que se habían visto pero jamás imagino que se atreviera a engañar a Archi si decía amarlo tanto desde que era casi una niña. Entonces solo atinó a decir.
—Pobre Archi…
—No hija fue lo mejor. Pobre de él si se hubiera casado con una mujer así, lo habría hecho muy infeliz y tu primo ya ha sufrido mucho, también se merece una buena mujer, que lo ame y lo respete siempre.
—Sí pequeña, sé que es doloroso para ti porque quieres mucho a Annie y la considerabas tu "hermana" pero no anda en buenos pasos por lo visto.
—Logró enterarse George que la relaciona con Nicolette tía? –Dijo Albert mientras se servía un vaso de escoces doble—
—No hijo pero dice que lo averiguará pronto. Vamos a estar también al pendiente de ella. –Dijo mientras suspiraba hondo— Solamente espero que ya pronto se acaben los problemas.
Entonces en un arranque cual niña pequeña Elroy Andrew se manifestó.
—¡Es que acaso es mucho pedir que de una buena vez se casen y me den un bisnieto! ¡Piensan que voy a vivir toda la vida y les aseguro que eso no será así!
Los dos rubios se miraron en complicidad y no pudieron evitar sonreír ante la tremenda actitud de la seria matriarca. Entonces Albert contestó.
—Nos casaremos pronto tía.
Candy tan dulce como era se acercó a la tía y mientras la abrazaba le dijo.
—No se preocupe tanto tía. Le prometo que Dios mediante nos casaremos y en cuanto a los bebes sé que usted vivirá muchos pero muchos años más para cargarlos a todos.
Albert solamente miraba con inmensa ternura a su pequeña hechicera, mientras que pensaba internamente que con ella siempre era así, iba por la vida entregando amor como ya alguna vez le había dicho su tía, entonces en silencio agradeció al cielo por regresarle a su ángel una vez más.
Después que la tía se hubo calmado, comenzaron a platicarle sobre los planes que Candy había hecho con Albert horas atrás. A la tía todo le pareció muy bien, pero cuando llegaron a la parte de la pistola no pudo evitar fruncir el ceño y preguntarle al rubio.
—¿Estás seguro de que eso es muy necesario hijo? Si te soy sincera me da un poco de miedo de que mi niña ande por la calle con cargando una pistola.
—Tía usted más que nadie sabe que no estoy a favor de las armas, pero en este caso creo que lo mejor es que Candy esté preparada por si algo sucede.
—Si tía no se preocupe, además Albert me explico que es muy pequeña y ligera así que no debo de tener problemas para manejarla, si se ofrece claro. –Dijo una muy decidida y segura Candy—
—Bueno…pues si ya lo decidieron pues ya está. No hay más que decir. Ahora hijos los dejo, ya saben que estoy grande y estas emociones siempre me desgastan, así que necesito irme a descansar. Disculpen mi ausencia en la cena.
—No se preocupe tía. –Dijeron al mismo tiempo, cosa que hizo sonreír a la tía—
—Por favor ya no se junten tanto que parecen gemelos hablando igual. –Habló mientras se despedía de cada uno con un beso—
Albert y Candy cenaron tranquilamente y después de platicar un momento le dijo.
—Te acompaño hasta tu habitación hermosa.
—Claro Bert.
Cuando llegaron Candy entró a la habitación, pensaba darle a guardar a Albert su llave del departamento porque sentía que la podía perder y era mejor que la tuviera con él, entonces se dirigió a una de sus maletas para buscarla pero una mano no le permitió llegar. Dos segundos le tomó a cierto rubio cerrar la puerta y antes de que Candy se diera cuenta ya había tomado su mano, la trajo hacia su cuerpo y la encerró entre sus brazos, para después decirle seductoramente al oído.
—Casémonos Candy. Hagámoslo esta semana. Te amo, no concibo mi vida sin ti, ya no puedo estar alejado de ti, te necesito y mi corazón pide a gritos poder llamarte "mi esposa". No tenemos por qué esperar más.
Candy no podía creer lo que estaba escuchando. Sentía que el corazón iba a salírsele del pecho, sus piernas no le respondían y sentía que desfallecería en cualquier momento. Albert la estaba mirando con sus preciosos ojos azules llenos de súplica y ella solo pudo decir.
—Sí Bert. También muero por unir mi vida a la tuya, quiero estar a tu lado siempre y que nada nos separe nùnca más. –Dijo apenas con un hilo de voz—
Esa respuesta lo convirtió en el hombre más feliz que podía existir en el mundo. Se dejó llevar y la tomó por el mentón para mirarla con sus ojos oscurecidos. Estaba ligeramente ruborizada y por instinto se estaba mordiendo levemente el labio inferior, lo cual se le antojo delicioso y entonces le dijo con su masculina y profunda voz:
—¿Por qué te sonrojas pequeña? Si aún no te he hecho nada…
Candy lo miraba embelesada sintiendo como poco a poco trazaba con su dedo una delicada línea sobre la piel de su cuello, pero después de unos momentos Albert dejó de torturarla para con su pulgar rozar suavemente esos labios rojos que unos segundos antes habían sido mordidos. Cuando los entreabrió, se acercó un poco más, tan exquisitamente lento y de una forma casi felina hasta unir sus labios con los de ella. Entonces Candy reaccionó inmediatamente y comenzó a besarlo, cada toque de su piel le provocaba una descarga eléctrica tan diferente pero a la vez deliciosa. Subió sus manos hasta su cuello y comenzó a jugar con su cabello, ésta acción provocó que Albert suspirara, le encantaba la forma en que ella lo tocaba, entonces la tomó y la pegó más a su cuerpo y en un instante el beso se profundizó cuando Candy permitió que explorara su boca con su tibia lengua, la sensación era cálida, húmeda pero exquisitamente placentera, entonces ella decidió hacer realidad su sueño y poco a poco mientras besaba esos labios de tentación comenzó a desabrochar cada botón de la camisa de Albert. Por su parte el sentir como las pequeñas manos iban cobrando vida propia era una tortura, un delicioso martirio, le parecía una eternidad que terminara con la tarea pero a la vez no quería que acabara para seguir sintiendo el enardecido placer de sentir su tacto sobre su piel semidesnuda. Cuando finalmente terminó y la estorbosa prenda cayó al suelo Candy pudo apreciar a placer la piel desnuda de su perfecto y bien definido torso, comenzó entonces a besar su cuello mientras Albert apretaba sus caderas y la estrechaba aún más hacia él, sentía como las pequeñas manos de ella recorrían inquietas su espalda y éste se estremecía ante cada caricia, entonces volvió a besarla intensamente, mordiendo y succionando una y otra vez hasta que sus labios se tornaron hermosamente hinchados. Los besos fueron subiendo de tono y Albert comenzó a bajar uno de los tirantes de su vestido para besar libremente su cuello y sus hombros; así lo hizo y un suspiro salió delicadamente de la boca de Candy, entonces con esos fuertes brazos la cargo a horcajadasy la recargó contra la pared, ella sentía que podía tocar el cielo con cada beso y en cada caricia que el rubio le daba provocando en ella un creciente calor en su vientre que le pedía más. Un suspiro más grande que fue como música para Albert salió de su boca cuando delicadamente deslizó su mano por una de sus piernas expuestas y nuevamente Candy sintió como el calor de su vientre crecía. La posición en la que se encontraban le permitía a Candy darse cuenta de la creciente excitación de la que Albert padecía, él pudo notarlo y le dijo con voz entrecortada y ronca.
—Debo detenerme ahora hermosa de lo contrario no podré hacerlo después y tendremos nuestra luna de miel aquí mismo.
Seguían en la misma posición, prensados uno del otro, entonces una exaltada y ruborizada Candy le dijo.
—No quiero que te detengas, quiero ser tuya. Hazme el amor mi vida.
Esa respuesta fue suficiente para que Albert, entonces la bajo y comenzó a besarla nuevamente, pero esta vez lo hizo lentamente, sin prisa, deposito besos dulces y húmedos en su cuello, en su clavícula, mientras muy despacio iba desabrochando los botones del frente de su vestido, cada uno al ceder iba mostrando la delicada y cremosa piel de una preciosa rubia que mantenía sus ojos cerrados. Cuando Albert terminó con la torturante tarea y el vestido cayó al suelo tenía ante sí la imagen más hermosa que había visto en su vida. Candy estaba semidesnuda ante él, solo en ropa interior ya que no utilizaba corsé, lo que le pareció extraordinario al rubio ya que entonces se daba cuenta de que cada curva de su delicado cuerpo era real. Entonces con voz enronquecida le dijo mientras alzaba su mentón.
—Mírame pequeña, quiero ver tus preciosas esmeraldas. No tengas miedo yo te cuidaré.
Entonces llevó sus manos hasta el pantalón de Albert y poco a poco empezó a retirarle el cinturón, cuando su mano tocó su vientre para desabrochar el único botón sintió claramente como la piel de su amor se erizaba por completo y al instante se sintió poderosa. El pantalón cayó y ahora fue turno de Albert para terminar de despojarla de sus ropas, entonces se acercó y deslizó sus manos por dentro de la camisola de Candy y la alzo delicadamente suave por su torso, ella por instinto subió sus brazos y le ayudó a desprenderse de ella. El mirarla era una visión, sus pechos firmes y llenos eran maravillosos, se dirigió hacia uno de ellos y lo beso, Candy ante este contacto no pudo reprimir otro suspiro, entonces el regresó a sus labios pero delicadamente iba bajando sus pantaletas hasta que estas cayeron al suelo, entonces la estrecho entre sus brazos, el calor de su cuerpo junto al de ella era enloquecedor pero se detuvo un instante para admirarla y le dijo:
—Eres hermosa pequeña
Entonces Candy lo besó a él, sabía que era lo que seguía pero no tenía miedo, amaba a ese hombre con toda su vida y estaba segura que ninguna loca se lo iba a quitar, sus besos se tornaron demandantes y pasionales, succionaban, mordían una y otra vez. Sus manos recorrían ansiosa su ancha espalda y su marcado abdomen, De repente se estremeció cuando sintió como él la tomaba por el trasero y la pegaba a su cuerpo para que pudiera sentirlo, entonces sintió como la parte baja de su cuerpo comenzaba a palpitar, estaba llena de deseo y el sentirlo a él acariciar y apretar sus senos, sus caderas, su pequeña cintura era una completa locura, como una espiral de la que estaba cayendo y no quería parar. Finalmente Albert la tomo en brazos y la llevó hasta su cama. La acomodó suavemente en ella y comenzó otra ronda de besos, tomó su cuello y lo beso para después bajar lentamente sobre su blanca piel hasta llegar a uno de sus senos que se mostraba reclamante, entonces lo beso succionándolo y jugando con su cálida lengua en él, mordiendo ese botón de rosa exaltado, mientras que Candy se arqueaba de placer ante esta caricia y más suspiros salían de su boca. Siguió besándola e hizo lo mismo con su otro seno y se complació totalmente al ver el placer que producía en su pequeña, así que fue bajando con sus besos hasta llegar hasta su vientre y cuando toco uno de los pliegues de esa parte tan íntima de ella no pudo evitar gemir grandemente por el calor que le producían las caricias de su amor. Albert pudo notar que se encontraba lista, dispuesta para él, entonces lentamente y con pequeños besos fue separando las piernas de Candy hasta posicionarse en medio de ella. Volvió a besarla en los labios, en su cuello, cuando de repente escucho entre jadeos de ella:
—Hazlo ahora amor, hazme tuya.
Albert sabía que era su primera vez, así que intentaría ser lo más delicado posible, así poco a poco fue introduciendo su masculinidad entre los cálidos pliegues de Candy, ella por su parte sentía que lo necesitaba, lo anhelaba y en un movimiento encerró sus caderas entre sus piernas acercándolo a su cuerpo, Albert avanzó un poco más y pudo sentir la barrera de su virginidad que le impedía entrar por completo en ella, así que acercándose con tiernos besos le dijo: solo te dolerá un momento amor pero yo te cuidaré, entonces entró delicada y decididamente de una sola vez. Candy dio un gemido de dolor y Albert se quedó inmóvil unos segundos en lo que ella se acostumbraba a él. Mientras besaba tiernamente sus labios rojos. Cuando Candy estuvo lista comenzó a moverse dentro de él, entonces Albert inició aquel baile ancestral que se da en la comunión de dos cuerpos que se entregan al amarse para formar un mismo ser. Sus embestidas fueron lentas y suaves, no quería lastimarla, pero no sabía cuanto podría resistirse porque ella era sumamente estrecha y eso le causaba un placer incomparable. Por su parte Candy sentía que tocaba el cielo, sentirlo tan unida a él, tan suyo, era la sensación más plena y excitante que había tenido. Sentía como lentamente entraba y salía de su cuerpo cuando de repente comenzó a sentir nuevamente como un calor en su vientre crecía a tal punto que sintió su cuerpo explotar mientras toda ella se arqueaba, en ese momento Albert la vio y grabó en su memoria eternamente la preciosa visión de la mujer que amaba llegando a su clímax, entonces segundo después el también terminó. Seguían recostados uno encima del otro, empapados en sudor, él la besó tiernamente y poco a poco se separó de ella, se recostó a su lado y la abrazó mientras le decía;
—Te amo pequeña. Te prometo que nunca nadie nos va a separar, para mi ya eres mi esposa, mi mujer y eres solamente mía.
—Ella lo abrazó por la cintura y le dijo.
—Yo también te amo amor y tampoco permitiré que nadie se interponga entre nosotros.
Abrazados uno del otro lentamente los venció el sueño y se quedaron profundamente dormidos.
Continuar
