Indulgencia

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Llevaba allí dos días completos, presa tras las rejas de metal en aquella celda solitaria. Custodiada día y noche como si se tratase de un importante enemigo. Más aún habían instalado sellos en su abdomen y brazos los cuales inhabilitaban su chakra y cualquier acto Shinobi a realizar.

En aquel lúgubre espacio destaca una cama pegada a la pared y un baño totalmente carente de privacidad. Ni una sola ventana, ni una sola rendija que le permitiera observar la luz en el exterior. Parecía encarcelada en el subsuelo de un edificio. Durante la mayor parte del tiempo la oscuridad reinaba a su alrededor mientras el frio calaba sus huesos, nunca sabía si fuera de aquel concreto transcurría pasada la medianoche o tal vez estaba amaneciendo.

Fijó su vista en el techo de la prisión, húmedo con musgo en cada rincón parecía más bien una cloaca húmeda producto de la transpiración de los cientos de presos a su alrededor. Fuera de su celda un pasillo la separaba del siguiente condenado, un hombre en peores condiciones que ella. Atado de manos y pies únicamente podía consumir alimentos en popotes, no se le permitía liberar ni los dedos.

Mio prefería no dirigir su mirada hacia los demás reclusos aunque aquella fuera su única distracción. Ya tenía suficiente con el miedo que le provocaba imaginar una vida completa en aquel fúnebre lugar.

De pronto el sonido de unos pasos resonó a lo largo de toda el calabozo. Alguien se acercaba lentamente, tal vez tres hombres, pensó Mio luego de escuchar detenidamente el compás a su alrededor.

El sonido se detuvo súbitamente ante las rejas de su celda.

- No pensé que vendría… – susurró la mujer inclinando vagamente su cabeza - … Hokage – Sama.

El séptimo la observó expectante, analizándola de entre las sombras sin pronunciar palabra alguna. Era una mujer realmente atractiva, poseía unos ojos verdes casi tan hermosos como los de Sakura y un cuerpo armonioso rayando en lo provocador. Pese a lo apoteósico de su atrayente, solo le pareció una mujer como tantas otras. Más aún, parecía combina bastante bien con aquella celda.

- ¿hay algo en lo que pueda servir? – pronunció la castaña luego de algunos minutos en silencio.

Naruto entrecerró los ojos aún con la mirada fija en los orbes frente a su rostro, curioso.

- ¿Qué esperabas encontrar? ¡¿he cumplido con vuestras expectativas?! –soltó la chica con un amago de irritación en su voz – me observas como cualquier otro hombre.

- Eso es porque la mayor parte del tiempo soy un hombre como cualquier otro – confesó el rubio sincero.

- Y yo la mayor parte del tiempo soy una mujer como cualquier otra.

- De eso estoy seguro– condescendió introduciendo una mano dentro del bolsillo de su pantalón- Bien, verás… - dudó el Séptimo sin despegar su vista de la mujer- mañana firmaré tu sentencia pero antes quería venir aquí y tratar de entender ciertas acciones…. ¿quién está hoy frente a mí? ¿Una mujer bonita y amable o la manipuladora hija olvidada de un asesino en retiro?

- Haces muchas preguntas Séptimo. Dime ¿Qué prefieres oír? de cualquier forma las dos mujeres en mi están igual de involucradas con la razón de tus preocupaciones.

- Siempre prefiero la verdad – soltó el rubio cortante.

Mio rió irónica.

- Si me sacas de aquí, en este momento puedo ser lo que quieras que sea – habló melódica.

Naruto exhaló llevando esta vez ambas manos dentro de sus bolsillos.

- No necesitas caer en esos juegos. En realidad pareces una mujer inteligente, aunque bueno, en este lugar están solo las personas más inteligentes. –agregó el muchacho.

- Si fuésemos tan perspicaces no estaríamos aquí encarcelados – susurró irónica.

- Tienes razón… principalmente tú, porque de ser más inteligente habrías acudido a mi desde un inicio – habló en calma- te habría ayudado. Sasuke te habría ayudado. Pero imagino que eso ya lo has notado.

La chica mordió su lengua intentando contener las lágrimas inminentes fruto del enfado consigo misma y la impotencia que le provocaba rememorar los hechos pasados.

- Reconozco mi error. – confesó apretando los dientes- la falta de convicción en mis decisiones, me hacen una villana bastante pobre ¿no es así?

El joven exhaló negando con la cabeza.

- No… tus acciones nos han recordado la existencia de una oscuridad que creímos enterrar en el pasado – habló Naruto manteniendo la solemnidad en su voz- ha sido una bofetada en la cara que hayas salido desde la boca de una serpiente blanca.

La muchacha bajó la mirada sin intentar ocultar la vergüenza.

- Dime ¿hasta qué punto eres un shinobi? Es una técnica muy difícil de realizar. –agregó el rubio.

- Me temen, por eso han bloqueado mi chakra – mencionó la castaña.

- A esta altura no sabemos absolutamente nada de ti. Somos cautelosos. – respondió prudente.

Mio resopló manteniendo la compostura pese a su inestabilidad.

- Ni yo misma puedo asegurar quien soy realmente ¿Cuánto de mi padre hay en mí? ¿Qué podría ser capaz de lograr si tan solo la desesperación volviera a nublar mi mundo? Mis capacidades provienen de un don heredado que jamás quise. Tal vez permanecer aquí sea lo mejor para este mundo.- la mujer calló ya sin poder contener el llanto- ¡Como si jamás hubiese nacido! – exclamó enardecida.

El rubio negó con la cabeza entrecerrando los ojos.

- No respondes directamente ninguna de mis preguntas y es que creo, ni tu misma conoces las respuestas – dedujo el líder en un tono de voz tan bajo que apenas llegó a los oídos de la mujer- Sasuke siempre pensó que existía algo mejor para ti que vivir a la sombra de un criminal.

- Él siempre ha sido más buena persona de lo que aparenta, aunque por fuera parezca inflexible – susurró la muchacha.

- Lo sé – habló Naruto soltando una sonrisa.

- Me hubiese asesinado… si no fuera por Sakura – replicó la castaña- Lo que sea que dictaminen puedo asegurar que lo merezco absolutamente.

Naruto la observó unos instantes antes de girarse para regresar por el pasillo hasta la salida.

- Creo que no lo podemos culpar por desear tu muerte.- habló sereno- Hasta luego Mio –añadió antes de continuar con su camino en completo hermetismo dejando a la muchacha aún más sumida en la incertidumbre de su futuro

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La herida en su costado había sido más difícil de curar de lo pensado, incluso frente al ninjutsu medico requería más reposo del acostumbrado, sobre todo debido a la profundidad de la lesión y la gran pérdida de sangre, por lo mismo Sakura había sido absolutamente clara en nada de esfuerzo físico ni emociones fuertes; Sin embargo mentiría si reconocía que aquella situación lo mantenía en calma, la inquietud reinaba constantemente en sus pensamientos, no es que le importase el destino de Mio, tenía claro que sin duda la hubiese asesinado. Mas bien se debía a su propia actitud frente a ella y ante aquel hombre decapitado, sus pasos resonaban bastante como un espejismo de lo que fue en el pasado, un lado de él que prefería mantener bien alejado de su presente.

Sin embargo ciertamente si algo había aprendido a lo largo de su vida era sin duda la inutilidad de la venganza. Asesinarla no hubiese calmado su espíritu, simplemente hubiese doblegado nuevamente su humanidad.

- ¿A qué ha venido Naruto? –cuestionó la pelirosa recostándose junto a él bajo la cama.

- Mañana será la sentencia – confesó desinteresado.

- Oh...– susurró mientras apoyaba sus manos en el pecho del pelinegro.

Sasuke meditó un momento antes de continuar aquella conversación.

- ¿confías en mí?– suspiró tomando las manos de Sakura entre sus dedos

- ¿Qué crees tú? – replicó con completa vehemencia.

El hombre cerró los ojos apoyando su peso completamente sobre la cama, intentando relajar su semblante.

- Sé de algo que te animará – susurró Sakura montándose sobre las caderas del Uchiha- en realidad ya no necesitas hacer reposo.

- Lo sé – respondió el muchacho apoyando su mano sobre el trasero de su mujer- han pasado dos días -susurró roncamente abriendo los ojos – empiezo a pensar que me evitas.

- no… - meditó la pelirosa- no me he sentido muy bien estos días, lo ocurrido en aquella cueva… he sentido mi cuerpo algo … incomodo – confesó titubeante mientras apoyaba su cabeza en el pecho del pelinegro.

El cuerpo de Sasuke se tensó contrayendo cada músculo ante tan sólo la imagen de esos hombres queriendo abusar de su mujer.

- Y con Sarada aquí en casa, yo simplemente… lo siento, tal vez exageré con lo del reposo – agregó entristecida.

- Está bien, han sido semanas difíciles – condescendió el Uchiha- puedo esperar por ti todo el tiempo que sea necesario.

Para Sakura durante aquel tiempo había existido innegablemente una incomodidad mezclada con preocupación. Por una parte se sentía ultrajada y nerviosa, cuando al fin la adrenalina descendió comprendió lo que aquel hombre había estado a punto de hacer, comprendió que las sucias manos de aquel sujeto habían insistido bajo su blusa y entre sus pechos, percibiendo que desde aquel instante Sasuke no sería el único en haber traspasado su intimidad. Sin embargo trascurridos los días y ya habiendo sopesado lo acontecido no permitiría que aquello le afectara, aún más cuando tenía otras preocupaciones en mente, llevaba impregnada en su retina los acontecimientos de aquella noche, podía visualizar nítidamente el instante en que el Uchiha había decapitado a aquel sujeto, hace años no evidenciaba una demostración tan profunda de frialdad, una desestimación por la vida ajena en la que desconoció al tierno hombre que afloraba en la intimidad de su lecho; por otro lado, ajeno a sus problemas íntimos, se encontraba una impaciencia por el destino de Mio. Mientras intentaba despreciarla no podía evitar sentir piedad, una profunda lástima por aquella muchacha. Su corazón no era tan frio como para odiar, incluso si aquella mujer era la culpable de la pérdida de su pequeño, ella jamás permitiría que el rencor se apodere de sus acciones.

De cualquier forma, escuchar que Naruto decidiría una sentencia final y que aquello no quedaría en manos de un jurado inclemente, le parecía en cierto modo reconfortante, no quería más muertes, no deseaba más cargos en su consciencia ni en la del hombre bajo su cuerpo, no, tras todo lo acontecido únicamente anhelaba paz. La cual solo sería posible si las decisiones del Uzumaki y la mano de Sasuke se encontraba involucradas en pro de un desenlace digno.

La muchacha elevó su mirada confrontando aquellos ojos que tanto amaba. Lo observó exhalar dejado entre ver una sensación de excitación que ella conocía muy bien, aquel ambiente que provocaba un hormigueo en su vientre.

Se aferró a las sabanas para subir sin vergüenza hasta la distancia mínima entre sus rostros, dispuesta a besarlo como anhelaba hacerlo desde hace tantas horas; lo devoró entre sus labios esperando sentir únicamente sus caricias sobre su cuerpo, esperando que solo sus dedos acaricien su piel. Tembló ante aquel intimo contacto, bajo la presión de los gruesos dedos del hombre sobre el espacio sobre su cuerpo, dedos ásperos y experimentados, capaces de recorrer su entidad una y otra vez como si de un nuevo mapa de tratase, descubriendo en cada cruzada un continente sensible al tacto, demostrándole que en un abrir y cerrar de ojos volvía a ser la mujer sucumbida al abismo del amor irracional, aquella que extrañaba en sus días solitarios, porque era un hecho, durante los años lejos de su amado, se cuestionó duramente si aún existía en su interior algo de la pequeña Sakura del pasado, aquella que temblaba nerviosa ante la imperceptible mirada del Uchiha. Sin embargo allí estaba, comprobando una vez más, que tras su aparente lucidez, continuaba ingenua ante el descubrimiento de sus cuerpos, siendo arrasada con completa devoción, deseosa por continuar siendo objeto de pecado, anhelante por permanecer en la mente del muchacho trascendiendo a través de los kilómetros, de los días, de los años; incapaz de imaginar cómo había sido capaz de coincidir tan perfectamente con la personalidad de Sasuke, sobre todo porque existieron más oportunidades en las que dudó de su destinación, razonando su destinos más bien sentenciados a existir en diferentes sintonías. Años en los cuales ni una sola vez se conformó con aquel pensamiento, teniendo la seguridad de que solo se marcharía al ser rechazada en solitario, encerrados entre cuatro paredes en las que no existiera escape para un cobarde corazón. Un momento que jamás sucedió, él nunca la rechazó, nunca tuvo la suficiente pachorra pana negar la inequívoca química entre sus mentes, aquella que combinaba a la perfección con sus cuerpos jóvenes y alborotados. Obligándolo a olvidar cualquier mujer existente antes del instante mismo en que su mirada se cruzó con la verde esmeralda de su futuro. Desde aquel momento todo en la vida del muchacho comenzó a florecer de rosa, la primavera comenzó a tener un nuevo significado, los arboles comenzaron a ser todos distintos al cerezo en flor, el verde tenía tonalidades diversas en las cuales el brillo de aquellos ojos no se hallaban con ligereza, y por supuesto, su hogar comenzó a encontrarse en el espacio donde Sakura considerara apropiado posicionar su anatomía.

Ella lo prefería así, optaba contar la historia de su amor mediante aquella forma romántica en la cual el sufrimiento vivido parecía parte de un detalle conmovedor y necesario para la obtención de su felicidad, porque de otra forma parecía parte de una película de drama masoquista, de una mala cinta de amor, en la cual el final feliz no era más que una condecoración a la espera, una confirmación irrefutable de lo que la soledad provoca en las personas, la mera validación de la flexibilidad de un hombre ante la posibilidad de encontrar amor entre las tinieblas; pero Sakura prefería hacer oídos sordos a las bocas mal habladas en las cuales su relación se tornaba parte de aquella sátira burlesca, porque ellos, a través de un simple cruce de miradas, podría torcer la opinión de cualquier espectador curioso, era la confirmación misma de su poderoso amor.

El chico la giró posicionándola ferozmente bajo su cuerpo, añorando poseerla como había querido desde la noche misma en que regresaron desde la encrucijada en que se convirtió aquella fatídica cena en casa de Mio; pero había sido paciente, podía serlo los días que fuesen necesarios, podía ser el pilar que ella necesitase cuando flaqueasen sus fuerzas, podía ser el impulso que ella exigiera para despertar por las mañanas, él allí, aprovecharía su tiempo en casa transformándose en todo lo que ella demandara para nuevamente estar dispuesta a continuar con su vida tal cual la habían dejado varada hace ya tantos meses.

Recorrió el pequeño cuerpo bajo su humanidad, apoyado en sus rodillas para sostener el peso de sus extremidades, apretó su abdomen ante aquel esfuerzo físico que bien valía la pena si con aquello dejaba su mano libre para recorrer el cuerpo de su mujer, un cuerpo que podía describir sin la necesidad de utilizar su vista, mediante aquella textura que irracionalizaba sus sentidos, en otras condiciones siempre alertas; se deshizo de la ropa interior de la muchacha, rompiéndola de un suave tirón, sorprendiendo favorablemente a la pelirosa, quien excitada por lo evidenciado no dudó en bajar los pantalones del pelinegro para luego descubrir completamente sus cuerpos, ante lo cual el Uchiha sostuvo su brazo contra el colchón dejando a la muchacha guiar el espacio entre sus sexos hasta el punto culmine en el cual se encontraron unidos soltando un silencioso alarido, cautelosos por la presencia de su hija en la habitación a junto, Sasuke subió su mano hasta la marquesa de la cama sujetándose en ella para embestir a su mujer con total propiedad, tomando vuelo para atravesarla sin demoras, con una ferocidad majestuosa, gozando a la par con cada arremetida, ahogándose mutuamente entre suspiros sigilosos apaciguados por el sonido de sus pieles al rozar entre la humedad de su intimidad y el vaivén vagamente estrepitoso de los resortes de la cama ante la fricción de sus cuerpos. Los mismos que sudados resbalaban en un baile armónico, escondiendo alaridos de placer producidos por el roce pecaminoso de sus extremidades. Ella absolutamente perdida en el desliz entre sus abdómenes, y el vuelto loco tras la visión de aquellos pechos mecidos conforme entraba y salía saturando sus pensamientos de únicamente la existencia de ese momento. Inhalando el aroma desprendido por la chica mientras ahogaba en su garganta los bufidos excitados tras la imagen maravillosa de aquellas hebras rosas revueltas sobre la almohada.

Sakura colmada en el mismo fervor sostuvo entre sus palmas la espalda baja del muchacho, obligándolo a desprenderse del cuidado por no hacerle daño, ella era fuerte, podría soportar la fuerza de sus arremetidas; lo empujó aún más profundo dentro de su cavidad logrando un sonido ronco imposible de mantener sosegado en la garganta del azabache. La mujer sonrió triunfante sin olvidar la prudencia para no ser oídos por Sarada, sin embargo no desechó aquel movimiento repitiéndolo cada ciertos instantes provocando nuevamente el gruñido en su compañero, hasta un punto en el cual Sasuke dejó a un lado su tenas agarre contra la marquesa para posicionar a la pelirosa boca abajo contra el catre, esta vez él retribuiría aquel placer que tanta satisfacción le proporcionaba; la penetró ferozmente mientras sujetaba con su mano el monte de venus húmedo ante la excitación. Lo rozó una y otra vez descendiendo con sus dedos por la hendidura hasta la unión de sus sexos, tocando aquel espacio e introduciendo sus dedos siguiendo el compás de su miembro hasta lograr la contracción misma de la mujer bajo su cuerpo. Ella a duras penas sujetó las sabanas mordiendo apasionadamente el hombro del muchacho, mientras una ola orgásmica recorría su cuerpo instaurándose en una zona tras su nuca donde resoplaba la respiración del Uchiha, agitada y caliente, demasiado explicita y tan completamente perfumada que no dudo en explotar nuevamente en un nuevo orgasmo más débil pero igualmente satisfactorio, tras el cual sintió dentro de ella escurrir el ardor del fervor desprendido desde el cuerpo del hombre desatando en ella toda la locura que habitaba en su persona.

Se volvió loca, movió sus caderas al son de su goce hasta que el hombre la apretó contra su cuerpo ya sin contener ninguno de los sonidos provenientes de su boca. Se meció hasta que en tres embestidas profundas el muchacho se desplomó sobre ella mientras intentaba controlar su respiracion rogando por no haber sido lo suficientemente ruidoso para ser oído tras aquellas débiles paredes.

- Te he mordido muy fuerte… - susurró la pelirosa escondiendo entre sus brazos la oscura melena de su acompañante, a lo que él refunfuñó maliciosamente mientras atraía aún más a la mujer contra su cuerpo.

- No ha sido nada– comentó Sasuke perdido en el espacio entre los pechos de su mujer- solo espero que Sarada se encuentre bien dormida.

Una risa de felicidad inocente resonó en la habitación antes de yacer perdidos en un abrazo revitalizante, en el cual sus energías se encontraban reducidas a la magnificencia de su complicidad.

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Despertó en la madrugada del tercer día, recientemente había vivido una apasionante sesión de sexo con quien podría jurar era la mujer más hermosa de todo el mundo, sin embargo allí estaba, vestido dispuesto a dirigirse hasta aquella prisión tal cual se lo había señalado Naruto.

Su conversación había sido clara, si él no deseaba cooperar la sentencia para Mio sería una vida eterna tras las rejas entre aquellas cuatro paredes de concreto o bien, si ella lo prefería, su destino sería la inevitable muerte. Bien sabían que en aquellas celdas de alta seguridad tarde o temprano todos los reclusos añoraban la muerte. Él mismo se había encontrado recluido allí durante algunos días posteriores a la guerra, cuando sus heridas eran aún muy graves como para liberarse por si mismo y cuando más aún su espíritu estaba tan destrozado que no se atrevió a recriminar aquella medida. En aquel entonces Naruto había ido a visitarlo cada día durante su estadía tras las rejas, asegurándole que pronto Kakashi lo sacaría de allí cuando pudiera convencer al mundo de sus buenas intenciones. Él resignado a su suerte, bien podría haber deseado permanecer encerrado la eternidad misma, sin embargo fue precisamente Sakura quien tras unas incomodas visitas le llevó cientos de volúmenes en los cuales aparecían rincones del mundo que jamás pensó que existirían. Inexcusablemente aquello se transformó en una obsesión, redescubrir cada camino recorrido mientras expiaba sus culpas. Pero aquella era una historia bien conocida, más bien lo que lo mantenía inquieto era lo observado dentro de aquella prisión, hombres y mujeres abatidos, nauseabundos, deseosos esperando la muerte hundidos en su propia escoria, reclusos peligrosos que se negaban a preferir la muerte ante el mero orgullo de su ego. Algo que tenía en claro Mio aceptaría indudablemente.

Y no es que le importase. Se lo repitió una y otra vez los minutos antes de adentrarse en aquella prisión.

El Uzumaki lo había dejado a su escrutinio, libre albedrió para su decisión. Se lo había dicho rotundamente, aquellas palabras resonaban en su cabeza como una campana aguda. "visítala, si aún esperas que la venganza satisfaga el daño provocado, destinándola a perecer como a una criminal cualquiera entonces solo vuelve a casa y continua con tu vida, que yo me encargaré de firmar su sentencia" el rubio sin duda se había convertido en el Hokage que una vez había prometido ser, y aquellas palabras habían sido cuidadosamente expresadas con la clara intención de sembrar en él la piedad.

Y lamentablemente, lo había logrado.

El Uchiha caminó por aquel pasillo deteniéndose súbitamente frente a una celda oscura, la vio allí sentada en el suelo frente a las rejas, con la mirada perdida en el espacio entre sus piernas.

La chica levantó la vista fijándola en la oscuridad del hombre frente a ella; se limpió las lágrimas con el dorso de su mano y sin cambiar de posición lo observó ingresar en el cuarto plantándose estático no muy lejos de los barrotes.

Los guardias retrocedieron dejándolos solo, cerrando las herméticas puertas tras él.

- Sasuke… -susurró incapaz de mover sus músculos.

- Párate– ordenó tras chasquear su lengua ante la incomodidad que le producía estar allí- escúchame porque lo que sea que crees que pasa por mi cabeza, estas equivocada, créeme, porque es mucho peor de lo que imaginas.

La muchacha tragó saliva obedeciendo silenciosamente.

- Si existiera una forma de volver en el pasado ¿Cuánto en ti mantendrías? – cuestionó el pelinegro.

- Nada, si eso fuese posible yo… yo no conservaría nada – respondió en un hilo de voz.

- ¿ni a tu familia? – cuestionó nuevamente el Uchiha.

- Haru no me conoce realmente y Zuki ella… de cualquier forma nunca he sabido cómo ser una buena madre. ¿Por qué me preguntas esto? –respondió titubeante mientras su cuerpo temblaba.

El hombre caminó dando zancadas por la habitación mientras la muchacha se paraba inestable frente a sus ojos.

- Sabías la importancia de Sakura en mi vida y aun así continuaste con tus planes, más aún pretendías despojar a Sarada de su madre, ¡convirtiéndola en lo que fuimos nosotros mismos! –habló el pelinegro clavando cada palabra como si fueran estacas en el pecho de la muchacha.

- Estarías tú para ella – replicó la chica logrando la final exasperación en el hombre.

- Yo no podría jamás ocupar el lugar de Sakura en la vida de Sarada. – contradijo tras exhalar profundamente irritado- jamás esperes mi perdón – concluyó dispuesto a salir de aquella celda.

- No me atrevería a siquiera mencionarlo – susurró la mujer limpiando nuevamente las lágrimas en sus mejillas.

- Lo que me tengas que decir, este es el momento –soltó el Uchiha posicionadose frente a las rejas. A solo un paso de acabar con todos los vestigios de los lazos posibles entre ellos.

Mio calló ante el acumulo de sentimientos amenazando con salir, se sentía mareada, tambaleante. Ya no recordaba con claridad el discurso que tenía preparado, ya no necesitaba hablar, todos sus adornos se habían agotado dejándola sumida a la vil sabandija en que se había convertido tras traicionar al único hombre que a pesar de conocer sus errores había creído en ella a ojos cerrados.

Cayó en la cama, con desgano latente en cada movimiento, e introdujo su mano bajo la almohada atrayendo hasta sus piernas un pañuelo rojo de ceda. Lo sostuvo unos instantes antes de atreverse a rebelar su contenido.

- He pedido a un guardia que trajera esto desde mi habitación en el hostal… - relató mientras descubría el envoltorio- siempre pensé que me pertenecía, si había alguien en este mundo que lo merecía era yo indudablemente… lo merecía por persistir a tu lado en aquellos momentos difíciles… pero ahora comprendo que persistir nunca fue suficiente – elevó su mirada fijándola en los sorprendidos ojos de su interlocutor- después de conocer a Sakura intuyo que una persona realmente trascendental no es aquella que permanece, sino aquella que incluso en la ausencia, repercute a través del significado de su existencia misma, algo que yo… nunca estuve cerca de lograr en ti.

Ofreció el contenido del pañuelo a Sasuke, cerrando los ojos para ocultar las lágrimas. Escuchando resonar a su lado los pasos del muchacho acercándose hasta la escueta marquesa unida a la pared.

El hombre se detuvo observando el contenido de aquel pañuelo, impasible, ahogado en sus propios pensamientos.

De pronto un vacío se instauró en su estómago despojándolo de cualquier acto irracional, atrayendo a su corazón una punzada de nostalgia.

- Nunca regresé por ellos… – susurró perturbado.

- Y aunque hubieses vuelto jamás los habrías hallado. Tras la supuesta muerte de mi padre ellos allanaron cada rincón de la guarida, no quedó nada. - aclaró la muchacha.

Sasuke abrió la boca para hablar pero las palabras no salieron de su garganta, en el instante mismo en que sus ojos se posaron sobre una fotografía antigua, dañada por la inclemencia de los años, donde continuaba brillando la sonrisa de su madre y la felicidad en los ojos de Itachi. Su familia volvía a resplandecer ante sus mirada; tomó entre sus dedos el medallón de plata y el anillo de diamantes, apretándolos contra su palma como objetos de un valor incalculable.

Apartó la vista dubitativo mientras se giraba hasta la oscuridad de la celda tras ellos intentando opacar la emoción en su semblante. Sin embargo por supuesto que la chica fue capaz de captar en aquel instante la vaga fractura en su estoicismo.

El silencio reinó durante largos minutos antes de que el pelinegro decidiera guardar sus pertenencias dentro de su bolsillo, disponiéndose a permanecer allí unos minutos más, esta vez con más misericordia en su actuar.

- Gracias – habló finalmente recobrando su severa parsimonia.

El silenció reinó durante unos instantes, más frió que el invierno mismo.

- Naruto ha propuesto una indulgencia para tus actos. –declaró el pelinegro tras maldecir mentalmente, consciente de su posible arrepentimiento futuro.

El rostro de Mio expresó absoluta sorpresa mientras sus ojos enunciaron el completo estupor en el cual se hallaba.

- ¡¿por qué?! No lo aceptaré – habló la castaña elevado el tono de su voz.

- Escucha – dictó perdiendo la paciencia nuevamente- Si aceptas, reescribiré tus recuerdos de una forma en la que jamás recordarás nada relacionado con Orochimaru, permanecerán tus conocimientos médicos y tendrás la oportunidad de un nuevo comienzo, elegir una nueva historia en un pequeño pueblo del País del fuego, jamás volverás a recordar a tu familia y por supuesto, desapareceré absolutamente de tu vida.

La mujer apoyó sus manos sobre la cama aferrándose a las sabanas en un intento por mantener el equilibrio ante el desconcierto de lo oído, comprendiendo que de aceptar aquella misericordiosa oferta, de cualquier forma todo lo que fue y todo lo que era, sucumbiría a la nada, en cierta forma su final sería, inevitablemente la muerte.

- ¿por qué él me querría perdonar? –cuestionó incrédula.

- Porque tu madre debió acudir a Konoha y no donde Orochimaru, te hubieses convertido en un miembro de esta aldea y no te habrías perdido en el camino – relató monótono- es la forma de componer una cadena de errores provocados por un enemigo poderoso, un asesino que hoy prácticamente ha sido exonerado de sus crímenes. Un peso que lo creas o no, carga Naruto sobre sus hombros sin poder hacer nada para revertirlo.

La muchacha meditó aquellas palabras comprendiendo el sentido en ellas.

-¿Cómo podría una persona comenzar de cero sin la incertidumbre de lo olvidado? – cuestionó en un susurro.

- Aquello no es mi problema – respondió el azabache antes de bufar exhausto por lo que significaba aquella conversación- contra menos conozca de tu nueva vida será mejor para todos. Naruto se encargará de los detalles.

- Él ... es un buen tipo – susurró aún asombrada.

- Es más que eso, desde hoy le deberás todo en lo que te convertirás - decretó cortante- Escucha – ordenó el hombre girándose para caminar nuevamente rumbo a la salida- tienes hasta mañana para decidir…

- Acepto – interrumpió Mio impertinentemente - acabemos con esto de una vez, me he convertido en el manipulador reflejo de mi padre, cegada por el ego de mi ambición… cual vibóra- apretó los dientes para tranquilizar el llanto- sería una estúpida si no aceptara vuestra proposición.

- Por supuesto que aceptarás, no te dejarás a ti misma desfallecer en este lugar, aquello sería un gesto demasiado abnegado de tu parte – habló el pelinegro monótono.

- Me odias y cargar con ello es incluso peor que existir en una eternidad de privaciones. – corrigió la mujer.

Sasuke caminó hasta la cama posicionándose nuevamente frente a ella.

La observó desde su posición, analizado aquella mirada suplicante, lastimada por el llanto. Se cruzó en su mente la fugaz imagen de una pequeña que corría por un pasillo iluminado por antorchas, una niña que tras chocar con él cayó hasta el suelo arrastrándose hasta la pared en un intento por ocultarse de su captor, aquella vez, pensó, él podría haberla ayudado, aquella vez podía haber acabado con aquel sujeto sin mover un solo dedo, sin embargo había seguido con su camino sin perturbarse por lo observado, cegado por sus objetivos, arruinado en la irá proporcionada por la venganza.

Un sentimiento que aún afligía su ser, un pequeño rencor contra él mismo que nunca lograría remediar ni aún en un millar de viajes en los que buscara la completa redención para su errores. Porque así como había hecho oídos sordos a las suplicas de Mio en aquella noche, había pasado por alto un sin número de actos inhumanos, cuando buscando poder se había pasado al bando de la crueldad apagando la compasión en su persona.

Más aún, tras mantener una relación con aquella muchacha ni una sola vez había pensado realmente en los sentimientos de ella, dando por hecho que su corazón se encontraba tan apagado como el de él mismo.

- Soy responsable de tu confusión porque nunca supe delimitar nuestros roles. – declaró sublime- hace años erróneamente te pretendí dar una segunda oportunidad, cuando lo correcto hubiese sido traerte hasta Konoha en cuento hubo acabado la guerra, aquí hubieses permanecido a salvo… ellos te hubiesen aceptado… y jamás habrías llegado a poner en riesgo la vida de Sakura.

La mujer cerró los ojos empuñando una de sus manos en el espacio entre sus pechos.

- Ya basta de culparte por mis errores... - susurró la muchacha consternada pero fue interrumpida vorazmente.

- Esto Mio, aunque no lo merezcas, será lo último que haré por ti, la segunda oportunidad que prometí hace tantos años – declaró sincero.

- Ya no existiré… Lo que soy desaparecerá – meditó la castaña aferrándose a las sabanas- Sasuke, nosotros aquí, en este lugar oscuro y tan frio... Parece como si fuésemos los mismos de antes ¿no crees? – susurró antes de atreverse a mirar la inmensidad del Camín frente a sus ojos- creo que pese a todo, jamás fui tan feliz como en aquellos años junto a ti… no sabes cómo siento haberte traicionado, no sabes cómo lamento haber ofrecido a Sakura ante esos hombres.

- Mañana nada de eso importará – habló el pelinegro apresurado por acabar de una vez con todo aquello.

- No la hubiese lastimado si hubiese sabido que estaba embarazada – confesó en un susurro mientras apretaba aún más las sabanas entre sus manos ubicadas a cada lado de su cuerpo- lo lamento, por favor… lo lamento tanto – rogó con desesperación en sus ojos.

El hombre contrajo los músculos de su mandíbula ante el profundo rencor que sintió al recordar aquel suceso.

- Dile que es la mujer más increíble que he conocido en mi vida, la forma en la que se defendió … incluso creo que me estaba dispuesta a perdonar ¿Cómo es posible que en su corazón albergue aquella posibilidad? - agregó la muchacha mientras sus ojos observaron suplicantes al Sharingan frente a ella- después de todo… ahora parece lúcido que la ames.

Sasuke intentó tranquilizar su mente antes de emitir palabra alguna. Suspiró rendido analizando el desequilibrio en la chica frente a sus ojos.

- Dime Sasuke ¿crees que ella logre superar vuestra pérdida?... ¿estarás bien? - cuestionó híper ventilada

- Estaré bien – confesó sincero- ella te perdonará tarde o temprano, no lo dudo, es demasiado generosa incluso con quienes no merecen su bondad.

La mujer asintió.

- Hazlo – solicitó la castaña mientras su pecho subía y bajaba desenfrenado enfrentando la inmensidad del rojo- Buenas noches – pronunció rememorando las palabras que había pronunciado durante tantas noches en el pasado, cuando ellos aún mantenían cierta inocencia en sus acciones y eran tan solo niños abandonados en un mundo de odio y poder.

Sus ojos verdes se fijaron en el hipnotismo de la mirada que la confrontaba impasible; de su nariz se desprendió un hilo de sangre mientras sus ojos se tornaban rojos por la presión del mareo mental inminente, hasta que de pronto sobresaltada desconoció al hombre inclinado sobre ella. Removiéndose en su posición, Sasuke debió sujetarla desde la cabeza para mantener sus miradas imperturbables. Aquello duró tan solo un segundo antes de caer desplomada sobre el supuesto extraño.

- Adiós Mio –respondió el muchacho manteniendo la serenidad en cada sílaba. Consciente de que el día en realidad, estaba recién comenzando.

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Hola !

Me ha gustado tanto escribir este capítulo! Así que bueno espero que lo disfruten tanto como yo !

GRACIAS POR LEEER !!!

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Necesito saber sus opiniones / críticas / odio / amor

Un abrazo inmenso a tod@s las que están pasando o hayan pasado por momentos difíciles producto del covid. Les envío toda mi energía y mi amor para que recobren la tranquilidad!!

L@s quiero ! Gracias por acompañarme hasta aquí! aún queda tanto por mejorar Me han ayudado montones

Queda un epílogo jiji