Stiles respiró hondo varias veces antes de llamar a la puerta.
Unos segundos después, fue el propio David quien abrió.
Podría haberle extrañado un poco más el hecho de que, teniendo en cuenta que era el Alfa de la ciudad, y que tenía a decenas de hombres trabajando para él; se dedicase a hacer cosas tan mundanas como abrir la puerta de su Suite a invitados sorpresa.
Pero en el fondo, sabía que no debía extrañarle tanto. Por el comportamiento que había visto del hombre en las pocas veces que habían coincidido, sabía que no era alguien al que le gustara alardear de posición. Y que, por el contrario, prefería comportarse como uno más, y ser él mismo quien recibiese a sus visitas.
David tenía el pelo mojado, señal de que acababa de salir de la ducha. Pero le había dado tiempo a ponerse unos sencillos vaqueros y una camiseta blanca bastante desgastada.
Nadie que le viera ahora, pensaría que era el hombre lobo más poderoso de la ciudad. Pero sí que admitiría, sin dudarlo, que era uno de los hombres más atractivos de la ciudad.
No por primera vez, Stiles se reprochó a sí mismo por ser tan absurdamente inocente.
En qué mundo cabía que Derek le elegiría a él por encima de alguien tan perfecto como David. Con ese cuerpo firme, fuerte, un par de centímetros más alto que él. Con ese pelo castaño que apostaba tenía que ser tan suave como parecía. Y con ese rostro tan hermoso, digno del mejor de los escultores.
Pero por encima de todo, lo más impactante del hombre seguían siendo aquellos ojos azul oscuro, como el color del mar profundo, que uno era incapaz de dejar de mirar.
- Hola – saludó al fin.
- Stiles. Que sorpresa.
David se apartó de la puerta en una clara invitación para que pasara, pero Stiles sólo dio un paso dentro de la habitación. No tenía intención de estar mucho tiempo.
- Venía a despedirme y… Bueno. Supongo que a darte las gracias por todo.
El hombre torció un poco el gesto. Pero no fue un gesto amenazante.
- Uno de mis Betas te hizo daño. No es normal dar las gracias por algo así.
- Ya… - Stiles estaba cada vez más incómodo. Sobre todo cuando David no dejaba de ser tan amable, y atento, y asquerosamente perfecto - Eso no fuiste tú y… Siento haberte causado problemas.
- No te preocupes – aseguró con una tímida sonrisa - Y el castigo ha servido como advertencia para aquel al que se le ocurra desobedecer mis órdenes. Así que, en cierto modo, soy yo quien debe darte las gracias.
Stiles asintió, y miró de reojo a la puerta.
- Si vas al aeropuerto puedo pedir que…
- No hace falta. Cora me va a llevar. Me está esperando abajo.
- Como quieras.
David inclinó levemente la cabeza, a modo de despedida, visto que Stiles había guardado silencio. Pero cuando Stiles no dio media vuelta en dirección a la puerta, sino que se quedó mirando al hombre en silencio, el Alfa intuyó que la conversación no había acabado todavía.
- ¿Querías algo más?
- Sé que debería odiarte – respondió Stiles con calma. Con demasiada calma para lo que había dicho, la verdad - Es por ti que Derek volvió a Nueva York, cuando todo se fue a la mierda – explicó, mirando fijamente al Alfa - Que esta ciudad se ha convertido en su nuevo hogar, y que nunca volverá a Beacon Hills.
- ¿Y no me odias por ello? – preguntó David asombrado. Más asombrado por las palabras, que por el hecho de que un humano tuviera el valor de hablarle así.
- No sabes lo que me gustaría – guardó silencio unos segundos, eligiendo las palabras - Si tú no existieras, tal vez Derek se habría fijado en mí de un modo totalmente distinto… Tal vez así no me vería como el crío hiperactivo que acabó colado por el hombre más increíble que jamás había conocido; sino que me vería como el chico que haría lo que fuera para demostrárselo.
El hombre asintió serio. Pero su expresión era relajada.
- Lo dices como si Derek no tuviera una opinión. Como si fuera incapaz de decidir por sí mismo con quién quiere estar.
- Y en parte es así.
- ¿Ah, sí? – preguntó con dudas.
- Sé lo de Kate. Y lo de Paige.
- ¿Y?
- No fue Derek quien me lo contó. - David le miró sorprendido, y Stiles sonrió con dolor – Yo no tuve esa suerte. Tuve que averiguarlo por mí mismo para intentar entenderle… Para intentar ayudarle lo poco que él me dejaba.
- ¿Y piensas que si yo no hubiera existido, sí que te lo habría contado?
- Necesitaba a alguien en quien confiar – tragó con dificultad - Después de todo lo que le había pasado. De todo el daño que le habían hecho… Necesitaba confiar en alguien – se mojó los labios - Y ese fuiste tú.
David dudó en responder durante unos segundos.
Al final optó por admitir la verdad.
- Así es.
- Ojalá me hubiera dado la oportunidad de demostrarle lo que sería capaz de hacer por él – se encogió levemente de hombros - Con un poco de suerte, a lo mejor habría podido enamorarse de mí.
- Y, sin embargo, no has venido a decirme que me odias.
Stiles negó.
- No puedo odiar a alguien que quiere a la persona por la que yo daría la vida.
El hombre soltó aire lentamente.
- Entiendo. Has venido para advertirme que aparecerás en cuanto no le dé todo lo que me pida.
- No.
- Entonces por qué estás aquí.
- Para pedirte que cuides de él.
David se quedó sin palabras.
- Y que no le hagas daño – Stiles se mordió el labio unos segundos - Sé que no lo harás pero… Derek puede ser complicado a veces y… - soltó una risa amarga - Y todo eso ya lo sabes, porque le conoces desde mucho antes que yo.
- Cuidaré de él – prometió el Alfa con una dulzura y sinceridad infinita - No te preocupes.
Stiles volvió a asentir.
- Gracias – musitó, apretando los labios al final para frenar el sollozo – Eres muy afortunado por tenerle a tu lado.
- Lo sé.
El humano avanzó medio paso en dirección a la salida, pero en el último instante dio media vuelta.
- Me alegro de haberte conocido.
- ¿En serio?
- Claro que sí – trató de sonreír, pero le salió un sollozo roto – Yo… Nunca pude tenerle. Desde el momento en que vino aquí y te conoció, nunca podría haber sido nada más que el amigo simpático de uno de sus Betas – tragó con dificultad - Pero saber que te tiene a ti… Hace que sea menos doloroso.
- ¿Seguro?
- Lo será… Cuando llegue a casa, piense en él – suspiró con dolor - y recuerde que aunque no volveré a verle, siempre estará con alguien que le quiere tanto como yo.
David asintió con pesar.
- Pero ahora no.
- No - musitó con una sonrisa rota – Ahora no – dio media vuelta, y esta vez sí consiguió salir al pasillo - Adiós, David.
- Adiós.
David cerró la puerta, pero permaneció en la misma posición durante medio minuto. Hasta que oyó las puertas del ascensor cerrándose e iniciando su descenso.
Sólo entonces recorrió el salón principal de la Suite, y abrió la puerta del dormitorio.
Derek estaba sentado en la cama. Acababa de salir de la ducha, y aún no había terminado de secarse. Tan sólo llevaba una toalla anudada a la cintura, sin importarle que las gotas de agua cayeran desde el pelo hasta su pecho y espalda.
En cualquier otra ocasión, semejante visión habría hecho que David ya se hubiera quitado la ropa. Arrancándola si fuera preciso… Y no dejaba de ser lo mismo que hicieron anoche, cuando Derek se presentó en su habitación.
Pero ahora era totalmente distinto.
Porque ahora los ojos de Derek estaban llenos de remordimientos.
A estas alturas, David ya tendría que estar acostumbrado a ver esa expresión en el hermoso rostro de su mayor aliado y amigo… Pero cada nueva vez, dolía como si fuera la primera.
El Alfa recorrió la distancia que le separaba de la cama en silencio, y se sentó justo al lado del moreno. Sus rodillas se rozaron al hacerlo.
- ¿Lo has oído? – preguntó al Beta.
- Sí.
- ¿Y qué piensas?
Derek levantó la vista del suelo, donde tenía clavada la mirada desde que David entró, y soltó aire por la nariz. No tenía ningunas ganas de afrontar esa conversación ahora… Tal vez nunca.
La visita de Stiles… Sus palabras… Habían sido tan sorprendentes como devastadoras.
Derek tenía la sensación de que aquel chico había vuelto su mundo del revés.
Y lo triste, es que no sería la primera vez.
Finalmente, se atrevió a mirar al castaño a los ojos, y no le sorprendió encontrarse con una mirada de consuelo, teñida con un poco de tristeza.
- Que tiene razón.
David asintió lentamente, y colocó una mano sobre la rodilla desnuda del hombre. En cualquier otra ocasión, ahora mismo estaría subiendo la mano por el muslo hasta llegar a su entrepierna… Pero ahora no era el mejor momento para eso.
Apenas hablaron en el viaje al aeropuerto.
Por mucho que intentó disimularlo, mojándose la cara antes de encontrarse con Cora, no había dudas de que había llorado. Y Cora, siendo la persona más increíble que había en esos momentos en el mundo, no dijo absolutamente nada. Se limitó a poner la radio en una emisora de música de los 80, y condujo sin mirar a su acompañante una sola vez.
Pero cuando aparcó el coche en el parking de las salidas del aeropuerto, y tuvieron que emprender el camino hasta la facturación de American Airlines, todo cambió.
El aire parecía pesar mucho más. La maleta que Stiles llevaba en la mano resultaba más pesada que antes, y el pasillo del aeropuerto le resultaba muchísimo más largo en comparación a cuando llegó, hacía una semana… Lo cual no dejaba de resultar extraño. Porque se suponía que no quería marcharse todavía. Con lo que lo lógico sería que el tiempo pasara más deprisa, en vez de insoportablemente lento.
Stiles suspiró por lo bajo, pensando que ni siquiera lo más cliché de las despedidas funcionaban con él… Porque lo lógico sería que la última persona a la que viera, antes de marcharse de la ciudad sabiendo que no iba a volver, tendría que haber sido Derek. La persona por la que realmente fue allí.
Pero en vez de ello, habló con la persona a la que Derek había elegido (se negaba a usar la palabra novio, porque resultaba absurdo y porque aún no estaba preparado para pensar en eso), y con la hermana de Derek. Alguien que, la verdad, no era justo que tuviera como hermano al tío que le había roto el corazón… Porque las ganas de mandarla a la porra a ella y a todo lo relacionado con los Hale eran insoportables.
Pero entonces le miraba a la cara y veía que ella estaba llorando. Y no podía pensar en otra cosa que en abrazarla.
Y eso fue lo que hizo. Dejó la maleta en el sitio, y abrazó a Cora con todas sus fuerzas. Y por mucho que se prometió que no iba a llorar, ya lo estaba haciendo cuando aún seguía estrechándola entre sus brazos. Lo hizo a moco tendido, sin intentar siquiera parecer una persona normal, y no un crío de esos tan emotivos. De reojo vio a gente pasar, y mirarles con una mezcla de lástima y cariño.
Sabía que desde fuera parecía que se estaba despidiendo de su novia, o del ligue de verano que había conocido estando de vacaciones.
Si sólo supieran…
En realidad, estaba despidiéndose de una de las pocas amigas que había tenido jamás. Y una a la que le hubiera encantado llamar también familia.
Pero no podría ser lo segundo, y casi tampoco lo primero… Porque en cuanto la viera, pensaría irremediablemente en ese otro Hale que ya no formaba parte de su vida.
Y eso era asquerosamente injusto. Que porque fuera un crío insoportablemente emocional que lo relacionaba todo con la persona a la que siempre querría, tampoco podría tenerla a ella.
Porque sería demasiado doloroso.
Cora le susurró que no se preocupara. Que lo entendía perfectamente (pese a que nunca llegó a decirle esas palabras en voz alta) y que el tiempo lo curaría todo. Que seguiría estando cuando él la necesitara, y que incluso podría ir a visitarle el año que viene. Cuando hubiera pasado el tiempo suficiente para que las heridas se hubieran curado un poco… Los dos sabían que nunca cicatrizarían.
Stiles asintió con ganas, deseando que ocurriera así. Que cuando hubiera terminado de aceptar del todo que Derek formaba parte de su pasado, podría disfrutar de los que sí estaban en su presente. Un número que, a estas alturas, sólo sabía que era escaso, pero sin conocer realmente su número exacto.
Quería pensar que la semana transcurrida en Nueva York, pese a que no habían sido ni mucho menos unas vacaciones, al menos habría servido para relajar los ánimos… Para todos. Y que cuando llegara a California, Scott, Allison y prácticamente todo el mundo, hubieran sacado sus cabezas de dentro de sus culos, y habrían empezado a comportarse como Dios manda. Como los amigos que se suponía que eran.
Cora le aseguró que le escribiría todos los días, aunque sólo fuera para contarle cualquier estupidez que no tuviera nada que ver con el mundo de los hombres lobo. Y que si Stiles necesitaba un tiempo para responder, y que al principio sólo se limitaría a leer los e-mails, que por ella estaba bien. Que lo único que quería, era saber que Stiles estaba bien.
Stiles le prometió que al menos lo intentaría.
Era lo único que podía prometerle.
Cuando tuvo que cruzar la puerta de seguridad, dejando atrás a Cora, los dos tenían la cara empapada. Pero Stiles no se la limpió, casi prefiriendo que la gente tuviera claro que no estaba en el mejor de los momentos, y que no estaba para charla social. Algo a lo que siempre se apuntaba, pero no cuando emprendía el humillante regreso a casa. Después de no sólo no haber conseguido lo que quería, sino además habiendo estropeado lo poco que había entre Derek y él.
Se sentó en su asiento asignado, abrochó el cinturón de seguridad, y sacó el libro que había comprado en las tiendas del aeropuerto. Ni siquiera sabía de qué iba. Sólo que era el más grueso de todos, y que iba a necesitar algo así para superar las ocho horas de vuelo.
Porque estaba claro que no iba a dormir.
No tanto por el estado de depresión que tenía ahora, sino porque no podía: No era nada recomendable despertarse en un avión, a diez mil pies de altura sobre el suelo, gritando como un loco después de haber tenido otra pesadilla.
Y Stiles sabía que eso es lo que ocurriría en cuanto cerrara los ojos.
